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El invento del Instituto Caro y Cuervo




Instituto Caro y Cuervo, institución cultural colombiana consagrada a la investigación científica y a la docencia en los campos de la lingüística, la filología, la literatura, las humanidades, la historia de la cultura y, muy especialmente, al estudio de la lengua española, del español de América y de las lenguas autóctonas americanas. Fundado en 1942 por iniciativa del Estado, su precedente había sido el Ateneo Nacional de Altos Estudios. Éste fue constituido dos años antes para completar el Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana, obra iniciada por Rufino José Cuervo, el cual, cuando falleció en 1911, sólo había culminado y publicado dos volúmenes de la misma. El Instituto recibió su nombre a partir de los respectivos apellidos de esta insigne figura de la cultura colombiana y de su compatriota, y también filólogo, Miguel Antonio Caro. Su sede principal está ubicada en la hacienda Yerbabuena, a 30 km de Santafé de Bogotá, mientras que sus oficinas, aulas y bibliotecas radican sus respectivas sedes en otros edificios más modernos.
El Instituto está integrado por nueve departamentos: Lexicografía, Lingüística General, Dialectología, Historia Cultural, Bibliografía, Biblioteca, Filología Clásica, Lingüística Indígena y Literatura Hispanoamericana. Posee, además, una de las más completas bibliotecas de Latinoamérica en obras referentes a los campos de la filología y la lingüística. El Seminario Andrés Bello, el Laboratorio de Fonética y las secciones de Imprenta y Publicaciones, también forman parte de este auténtico complejo cultural, así como su Museo Etnográfico, que muestra el modo de vida y las costumbres de las comunidades indígenas y campesinas colombianas. Además del ya mencionado Diccionario (finalizado en 1994 y que en sus 8 volúmenes recogía 9.500 voces), el Instituto Caro y Cuervo ha publicado más de 1.500 títulos que suponen todo un recorrido por la historia lingüística y etnográfica de Colombia. En 1999 fue galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades por su 'extraordinaria labor dirigida al conocimiento, estudio y difusión del español, muy especialmente en sus variedades americanas', por 'la extensión de sus fecundas investigaciones en los campos de la filología, la etnografía y las lenguas indígenas, cuya coexistencia con el español ha producido siempre un fecundo bilingüismo', y por su contribución a la 'cohesión social y cultural' en Latinoamérica. En 2001 recibió el Premio Bartolomé de las Casas y en 2002 el Premio Elio Antonio de Nebrija.


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