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El invento de las Instituciones de ahorro




Instituciones de ahorro, sociedades financieras creadas para fomentar el ahorro de individuos, familias y empresas, ofreciendo una forma de incrementar los ahorros al pagar un tipo de interés. Las principales instituciones de ahorro son las sociedades hipotecarias y las cajas de ahorro.
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SOCIEDADES DE CRÉDITO HIPOTECARIO
 Las sociedades hipotecarias tuvieron su origen en la Inglaterra del siglo XVIII. Al principio se limitaban a ofrecer cuentas de ahorro remuneradas con el fin de proporcionar financiación a medio y largo plazo para la adquisición de vivienda. La diferencia principal entre una cuenta de ahorro de una sociedad de crédito hipotecario y una cuenta corriente de un banco comercial reside en que la primera tiene menor liquidez (la disposición del dinero depositado no es ni libre ni inmediata), pero proporciona un tipo de interés superior al de las cuentas corrientes. Es más, cuando aparecieron estas sociedades, las cuentas corrientes de la banca comercial no estaban remuneradas.
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CAJAS DE AHORRO
Las cajas de ahorro son instituciones financieras creadas —en sus orígenes— por los municipios o los gobiernos regionales, residiendo en éstos su ámbito de actuación. El principal objetivo de estas instituciones consistía en reunir los excedentes de pequeños ahorradores (individuos particulares y familias) remunerándolos con tipos de interés reales positivos. Los fondos depositados debían destinarse a préstamos —con menores costes que los ofrecidos por los bancos comerciales— a los residentes del municipio. Por imperativo legal, un importante porcentaje de los beneficios obtenidos debía reinvertirse en obras públicas de interés social para la comunidad. Desde finales de la II Guerra Mundial, la creciente competencia en el sector financiero ha provocado que, tanto las sociedades hipotecarias como las cajas de ahorro, hayan ido ampliando sus actividades para realizar prácticas que en un principio eran exclusivas del sistema bancario: la legislación ha sido reformada para permitir a estas instituciones ofrecer cuentas corrientes remuneradas, emitir talonarios de cheques, tarjetas de crédito, planes de pensiones y otros servicios financieros. De forma análoga, los bancos han ido invadiendo el territorio de las instituciones de ahorro, remunerando sus cuentas corrientes y ofreciendo servicios de hipotecas, cuentas de ahorro y cuentas de ahorro-vivienda.

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