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El invento de los Partidos comunistas




Partidos comunistas
Partidos comunistas, organizaciones políticas adheridas al comunismo, en teoría máximos representantes de la clase trabajadora y en general creados a raíz del éxito bolchevique en la Revolución Rusa de 1917, que provocó la división de varios partidos socialistas. La mayoría de los partidos comunistas han sido totalitarios y monolíticos, tanto en espíritu como en la práctica.
La existencia de los partidos comunistas tuvo mucha trascendencia en la política mundial durante el siglo XX. En la década de 1980, más de una cuarta parte de la población mundial vivía en un país gobernado por un partido comunista. Dos de las naciones más pobladas del planeta, China y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), tenían gobiernos comunistas, y también controlaban el poder en Afganistán, Albania, Bulgaria, Camboya, Cuba, Checoslovaquia, Alemania Oriental, Etiopía, Hungría, Laos, Mongolia, Corea del Norte, Polonia, Rumania, Vietnam y Yugoslavia. Durante los últimos años de esa década y principios de la de 1990, sin embargo, los levantamientos políticos y económicos que tuvieron lugar en Europa del Este, la URSS y otros lugares produjeron el derrumbamiento de numerosos regímenes comunistas, minando de forma muy considerable la influencia de estos partidos en el panorama político internacional.
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LA URSS
Durante toda la década de 1980 el Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) fue el partido político legal dominante en la URSS. Su organización matriz fue el Partido Obrero Socialdemócrata Ruso (POSDR), fundado en 1898, que se dividiría en 1903 en dos facciones, bolcheviques (‘la mayoría’) y mencheviques (‘la minoría’), aunque en realidad los bolcheviques, dirigidos por Lenin (Vladímir Ilich Uliánov), no fuesen, después de 1904, más que un grupo minoritario dentro de los miembros del Partido. En 1912 los bolcheviques se escindieron del POSDR para formar un partido independiente que, en 1917, tomó el control del movimiento revolucionario ruso y, tras el triunfo revolucionario, fundó en 1922 la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.
En 1918 los bolcheviques adoptaron el nombre de Partido Comunista Ruso (bolchevique), que en 1925 pasó a llamarse Partido Comunista de los Bolcheviques de la Unión para adoptar por fin, en 1952, su definitivo nombre de Partido Comunista de la Unión Soviética.
2.1
Organización y composición
Por tradición la estructura del PCUS fue pareja con la estructura administrativa de la URSS. En la base del Partido existían unas 400.000 organizaciones primarias. Por encima, en orden jerárquico, había un número mucho menor de comités rurales, urbanos, de distrito, regionales y nacionales. En la cúspide de la pirámide se encontraban el Congreso de la Unión, el organismo directivo supremo del Partido, el Comité Central, elegido por el Congreso, la Oficina Política (el Politburó), cuyos componentes eran nombrados por el Comité Central, y la Secretaría. El secretario general del PCUS, el miembro de más rango dentro del Partido, ejercía el poder político efectivo en la URSS. La composición del Politburó y la Secretaría reflejaban por regla general la preponderancia de los grupos étnicos rusos en el Partido.
2.2
El liderazgo del Partido
La Constitución de 1977 reconocía al PCUS como “fuerza principal y guía de la sociedad soviética, y núcleo de su sistema político, así como de todas las organizaciones estatales y públicas”. Como tal, impregnaba todas las facetas de la vida cultural, política y militar soviética. Entre las organizaciones de masas que ejecutaban de manera regular la política del PCUS se hallaban la Liga de las Juventudes Comunistas (Konsomol), de la que se reclutaba casi el 75% de los miembros del Partido, y el Consejo Central Unificado de Sindicatos, con más de 100 millones de afiliados. Los órganos principales del PCUS eran el periódico Pravda (La Verdad), con una tirada de casi 10 millones de ejemplares, y la revista Kommunist.
Hasta finales de la década de 1980 el PCUS lideró el movimiento comunista internacional en virtud del poder y prestigio de la URSS, a pesar de los cambios efectuados bajo la glasnost y la perestroika. Su autoridad se hacía en particular evidente en las relaciones con los partidos comunistas de Europa del Este y con el resto de partidos comunistas. En Cuba las directrices dadas por la URSS en los años 1980 dieron como resultado la retirada de las tropas cubanas de Angola, pero no consiguieron que Fidel Castro efectuara reformas en concordancia con la perestroika soviética; es más, Castro acentuó la presión contra la disidencia interna. Resulta paradójico que, después de recibir más presiones del exterior, iniciara una reforma constitucional que le otorgó más poder como jefe de gobierno y del Estado. Aunque algunos partidos de Europa occidental, y en especial el Partido Comunista Chino, desafiaron la primacía del PCUS, este siguió siendo durante mucho tiempo la organización política comunista más poderosa del mundo.
2.3
El PCUS en crisis
A principios de la década de 1990, la agitación social y económica que se extendió por Europa del Este y la URSS obligó al PCUS a renunciar a su papel director tanto en el ámbito nacional como internacional. De los 19,5 millones de miembros con los que contaba el Partido en 1988, pasó a tener 15 millones en 1991. La URSS legalizó a los partidos de la oposición en febrero de 1990, y una nueva propuesta en julio de 1991 apartaba al Partido de la ortodoxia marxista-leninista. Al mes siguiente, la línea dura de los comunistas intentó restablecer su autoridad derribando al líder soviético Mijaíl Gorbachov. El fallido golpe de Estado supuso una desastrosa derrota para el PCUS. En cuestión de pocos días se disolvió su Comité Central, se suspendieron sus actividades, se requisaron sus archivos y se nacionalizaron sus propiedades. Para finales de 1991 la URSS ya se había disuelto y lo que quedaba de los comunistas se encontraba en el caos más absoluto. A pesar de que el presidente Borís Yeltsin ilegalizó el PCUS, los comunistas siguieron activos en Rusia tras la disolución de la Unión Soviética. Nuevos partidos políticos comunistas vieron la luz, como fue el caso del Partido Comunista Unificado de los Bolcheviques (PCUB), la Unión de los Comunistas, el Partido Comunista Obrero Ruso (PCOR) y el Partido Popular de la Rusia Libre. Estos partidos estaban integrados sobre todo por ciudadanos rusos que se oponían a las reformas de mercado de Yeltsin, aunque el Partido Popular había sido fundado y estaba encabezado por el vicepresidente Alexander Rutskoi. Estos partidos crecieron rápidamente gracias a la incorporación a sus filas de antiguos miembros del PCUS, tras decretar Yeltsin su ilegalización. En abril de 1992 el PCOR decía contar con 150.000 afiliados, lo que lo habría convertido en el mayor partido ruso en ese momento. Estos partidos organizaron numerosas concentraciones públicas para protestar contra la política nacional e internacional del gobierno, acabando algunas de estas manifestaciones en violentos altercados.
El decreto de Yeltsin por el que se prohibía al PCUS fue impugnado en el Tribunal Constitucional de Rusia. La decisión del Tribunal, hecha pública en noviembre de 1992, apoyaba la prohibición de la organización nacional del PCUS, aunque se pronunciaba contraria a la prohibición de este en el ámbito local. Como resultado de dicha decisión, los vestigios locales del PCUS se unieron para formar el Partido Comunista de la Federación Rusa (PCFR), que creció muy rápidamente. En abril de 1993 el PCFR decía tener 600.000 miembros. Estableció relaciones con otros partidos comunistas rusos y con grupos comunistas de otras repúblicas de la antigua Unión Soviética. En febrero de 1993 el Tribunal Constitucional asestó otro golpe político a Yeltsin rechazando la prohibición decretada por este del Frente de Salvación Nacional, organización nacionalista comunista opuesta a la política gubernamental. La paulatina recuperación del partido, aunando descontentos por la política económica de Yeltsin y el estallido bélico en Chechenia, culminó en las elecciones a la Duma (cámara baja del Parlamento ruso) celebradas en diciembre de 1995. En ellas, el PCFR, dirigido por Guennadi Ziugánov, obtuvo más del 35% de los escaños, siendo así el partido más votado. Casi una década después, en los comicios del 14 de marzo de 2004, el Partido Comunista se situó como segunda fuerza parlamentaria con un 12,7 por ciento, perdiendo la mitad del apoyo que había cosechado en los comicios legislativos de 1999.
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EUROPA DEL ESTE
El drástico declive del PCUS se produjo poco después del derrumbamiento de muchos de los partidos comunistas de Europa Oriental, vinculados históricamente al PCUS. Tras más de 40 años de dominación, todos los gobiernos comunistas de la Europa del Este fueron entregando el monopolio del poder político entre 1989 y 1991. La República Democrática Alemana empezó por destituir a sus líderes comunistas para después disolverse y pasar a formar parte de la reunificada República Federal de Alemania. Los regímenes comunistas dieron paso a gobiernos multipartidistas en Albania, Bulgaria, Checoslovaquia, Hungría, Yugoslavia y Polonia. El dirigente comunista rumano Nicolae Ceausescu fue ejecutado en un sangriento golpe de Estado.
A excepción del Partido Comunista del Trabajo de Albania (fundado en 1941), todos los partidos comunistas de Europa del Este nacieron tras el triunfo bolchevique en la Revolución de 1917. La mayoría fueron prohibidos durante la década de 1920 y funcionaron en la clandestinidad hasta el final de la II Guerra Mundial. Su llegada al poder a finales de la década de 1940 se produjo después de la ocupación militar soviética de los países de Europa Oriental. Hasta 1948, fecha en que el Partido Comunista Yugoslavo (desde 1952 rebautizado como Liga de los Comunistas de Yugoslavia) se apartó de la tutela soviética, todos los partidos comunistas de la Europa del Este estuvieron casi por entero subordinados al PCUS. En la República Democrática de Alemania el Partido Socialista Unificado de Alemania (SED), siempre estuvo aliado al PCUS, como también lo estuvieron el Partido de los Trabajadores Húngaros y el Partido Obrero Unificado Polaco. El PCTA albanés continuó manteniendo el estalinismo incluso después del proceso de desestalinización acometido por el propio PCUS en la URSS a finales de la década de 1950. Sus resultados electorales, como PKSH, le situaron con una representación del 41,5% a comienzos del siglo XXI. En Rumania, el Partido Obrero Rumano, aunque organizado de forma estricta según la línea soviética, desarrolló una política exterior bastante autónoma.
Empujadas por las nuevas realidades políticas de la década de 1990, algunas organizaciones comunistas de Europa oriental intentaron enmascarar sus orígenes cambiando sus nombres. El Partido Comunista Búlgaro pasó a denominarse Partido Socialista Búlgaro y en coalición obtuvo 24 escaños en las elecciones de 1998. Los comunistas que permanecieron en el poder en Rumania adoptaron el nombre de Frente de Salvación Nacional. En Polonia, los comunistas se escindieron en facciones socialdemócratas rivales; actualmente, el partido político Unión del Trabajo es la alternativa para los partidos políticos postcomunistas. En Alemania, la unificación hizo de las organizaciones herederas del antiguo SED algo casi residual, aunque pervivan hoy en día agrupadas bajo las siglas KPD. En varias elecciones legislativas durante la década de 1990, los herederos del comunismo soviético lograron triunfos, caso de Bielorrusia, Bulgaria o Polonia. En la República Checa, el Partido Comunista de Bohemia y Moravia consiguió 24 escaños, el 11,3% del total de los votos, en el proceso electoral celebrado en 1998. En la vecina Eslovaquia, el KSS obtuvo el 6,3% del escrutinio total. En Hungría, el Partido de los Trabajadores logró cierta representación en las elecciones celebradas en abril de 2002.
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CHINA
Congreso del Partido Comunista Chino
El Congreso del Partido Comunista Chino se reúne con una periodicidad quinquenal en la Gran Sala del Pueblo, en Pekín, para formular sus políticas y elegir delegados. En sus sesiones están muy presentes los principales iconos del movimiento comunista.

A diferencia de las organizaciones comunistas de Europa del Este y la URSS, el Partido Comunista Chino (PCCh) fue capaz de contener la corriente de protestas democráticas que tuvo lugar a finales de la década de 1980. Fundado en 1921 y vinculado ideológicamente al maoísmo, es el mayor partido comunista del mundo: cuenta con más de 67 millones de militantes. Desde el establecimiento de la República Popular China en 1949, ha sido el único partido legal del país. Los partidos comunistas chino y soviético estuvieron en un tiempo muy unidos, aunque un conflicto ideológico provocó su separación durante la década de 1960, tras lo cual se convirtieron en rivales acérrimos.
El principal órgano del PCCh es el Congreso Nacional del Partido, que elige el Politburó y al Comité Permanente de este, además del presidente y vicepresidente del Comité Central. El Comité Central cuenta con 189 miembros de pleno derecho y 130 suplentes. Los primeros secretarios de las 30 divisiones administrativas principales —provincias, regiones autónomas y municipios— son miembros de pleno derecho.
Por debajo del Comité Central se extiende una red de comités de partido en el ámbito provincial, de distrito, de condado y municipal. Las organizaciones primarias del Partido, o delegaciones, se reparten por fábricas, minas, empresas, comunas populares, oficinas, escuelas, tiendas y barrios.
Debido a la inestabilidad política que sobrevino a la muerte de su presidente Mao Zedong (Mao Tsé-tung), el PCCh decidió evitar la repetición de excesos —asociados con el difunto presidente— como la Revolución Cultural (1966-1969), por lo que intentó reducir el monopolio del poder que tenían algunos líderes individuales. Así pues, de acuerdo con la Constitución adoptada en el mes de diciembre de 1982, el órgano superior del poder estatal lo integra el Congreso Popular Nacional, y lo ejerce a través de su Comité Permanente, ante el que es responsable el Consejo del Estado, o gobierno.
Igualmente, los nuevos dirigentes del PCCh intentaron también destruir el poder de los ‘comités revolucionarios’ que Mao había utilizado durante la Revolución Cultural para eliminar a sus adversarios. Al mismo tiempo resucitaron organizaciones de masas que habían sido disueltas durante dicho periodo, siendo las más importantes la Federación Unificada China de Sindicatos, la Liga de las Juventudes Comunistas de China y la Federación Unificada China de Mujeres. A partir de 1979, el PCCh favoreció el desarrollo de una economía de mercado, pero sin conceder reformas democráticas. Así, en 1989 un grupo de estudiantes se concentró en la plaza de Tiananmen (Pekín), como culminación a una serie de manifestaciones estudiantiles en favor de la democracia. La respuesta del gobierno no se hizo esperar. El Ejército Popular de Liberación aplastó a los manifestantes, matando, según las estimaciones, entre 5.000 y 8.000 estudiantes.
La influencia del PCCh en el movimiento comunista internacional fue perdiendo fuerza tras la muerte de Mao, aunque continúa aún vinculado a los intereses de varios partidos comunistas de Asia y África, todos los cuales compartían una oposición común a la hegemonía del PCUS dentro del movimiento comunista internacional. En la actualidad el PCCh continúa siendo el partido gobernante en China, quien representa los intereses de todo el pueblo y, al mismo tiempo, el núcleo dirigente de la causa socialista de China. El Partido, interpretando la voluntad del pueblo, da forma a sus planteamientos y políticas, los cuales se transforman posteriormente en leyes y decisiones estatales por medio de los procedimientos legales con que cuenta el Estado y decisiones de la Asamblea Popular Nacional. Las funciones del Partido Comunista chino no reemplazan a las del gobierno dentro del sistema de dirección del Estado, ya que actúa en el marco prescrito por la Constitución y las leyes, sin tener poder alguno superior a ellas.
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OTROS PARTIDOS COMUNISTAS ASIÁTICOS
Los distintos partidos comunistas asiáticos en el poder, como el Partido Comunista de Vietnam, el Partido (Comunista) Revolucionario Popular Laosiano y el Partido Obrero Coreano de Corea del Norte han seguido la línea rusa o china según las circunstancias políticas locales. En Vietnam, la creación del Partido Comunista de Vietnam fue el resultado de la combinación entre el marxismo-leninismo y los movimientos obrero y patriótico de Vietnam; hoy está a la cabeza del país. Lo mismo ocurre con el Partido Revolucionario del pueblo de Laos y con el Partido de los Trabajadores de Corea del Norte, dirigido férreamente por Kim Jong Il. La mayoría son totalitarios; algunos se esfuerzan en desigual medida por asimilar la nueva concepción encaminada a la institución de un libre mercado global y unos pocos adoptaron métodos sangrientos, como fue el caso del Jemer Rojo en Camboya. Los partidos comunistas han sido también significativos en muchos países asiáticos no comunistas. El Partido Comunista tuvo un importante papel en la lucha de la India por su independencia del Imperio Británico, y el Partido Comunista de Indonesia (PKI) fue un elemento político determinante en la República de Indonesia hasta su brutal supresión en 1965. En Corea del Sur, las células comunistas clandestinas aplicaron durante mucho tiempo una política a favor de Corea del Norte, en oposición a los sucesivos gobiernos militares de derechas que precedieron al régimen democrático, y en Japón los comunistas orquestaron la oposición al establecimiento de vínculos militares con Estados Unidos.
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FRANCIA
El Partido Comunista Francés (PCF) fue fundado en 1920 por los sectores más radicales de la Sección Francesa de la Internacional Obrera (SFIO, nombre que recibía entonces el partido socialista francés). Desde principios de la década de 1960 el PCF siguió una política de alianzas electorales con partidos no comunistas de la izquierda y el centro. Aunque nunca haya contado con una mayoría de votantes, el PCF era, a finales de 1970, el mayor de todos los partidos franceses, con un número que rondaba los 700.000 afiliados. La proporción de mujeres miembros, un 36% del total, era una de las más elevadas del mundo. Cerca de un 50% de sus miembros pertenecían a la clase trabajadora. Cuatro comunistas ocuparon puestos ministeriales en el gobierno presidido por Pierre Mauroy, siendo presidente de la República François Mitterrand, entre junio de 1981 y julio de 1984, momento en que el Partido se retiró de la coalición gubernamental a causa de las diferencias existentes con los socialistas en temas de política económica.
El PCF fue organizado a imagen y semejanza del PCUS. En su apogeo el Movimiento de las Juventudes Comunistas llegó a contar con más de 100.000 miembros, incluidos los que pertenecían a la Unión de Estudiantes Comunistas, organización universitaria del Partido. La Confederación General del Trabajo, con más de un millón y medio de afiliados, era la principal organización sindical en el ámbito de influencia comunista. Otras organizaciones de masas dominadas por los comunistas han sido el Sindicato Nacional de Educación Superior, el Sindicato Nacional de Profesores de Secundaria y la Unión de Mujeres Francesas, con una marcada militancia feminista.
El PCF mantiene un activo programa de prensa y publicaciones. Su principal periódico, L’Humanité, llegó a tener una tirada de más de 110.000 ejemplares diarios. Durante la década de 1970 el PCF se unió a sus homólogos español e italiano para reivindicar una forma más liberal y pluralista de comunismo: el eurocomunismo. La proporción de votos que el Partido ha recibido en las elecciones nacionales ha ido disminuyendo hasta quedar rebajado a niveles inferiores al 15 por ciento. En las elecciones legislativas de 2003, liderada por Marie George Buffet, la formación consiguió 16 escaños.
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ITALIA
El Partido Comunista Italiano (PCI) fue establecido en 1921 por un grupo radical del Partido Socialista Italiano. Fue ilegalizado por el régimen fascista, aunque reapareció como elemento importante del panorama político italiano en 1944. A nivel local el partido ha gobernado en muchos municipios desde el final de la década de 1940, compartiendo además con el Partido Socialista Italiano el control de todos los núcleos urbanos importantes del país desde mediados de la década de 1970. Ha tenido un papel nacional significativo como parte integrante de una mayoría gubernamental, aunque no ha ocupado ningún ministerio.
El PCI fue organizado de forma parecida al PCUS con sólo algunas ligeras variaciones en función de las necesidades específicas. La organización básica del Partido es la sección. Varias secciones forman una federación, que suele coincidir con el área de una provincia italiana. Las federaciones, a su vez, están agrupadas en comités regionales. A mediados de la década de 1980 el PCI contaba con un millón y medio de afiliados, de los que un 40% eran obreros. El número de mujeres miembros es inferior al de los hombres y entre los jóvenes italianos la popularidad del partido ha disminuido. El PCI lleva a cabo una activa labor de publicación. El periódico oficial, L’Unità, llegó a tener una tirada de 300.000 ejemplares diarios.
En la década de 1970 y principios de la de 1980 el PCI se sintió muy identificado con el llamado eurocomunismo y fue el principal opositor de aquellas políticas del PCUS consideradas como represoras de los derechos humanos. Esta postura apenas contribuyó a conseguir un mayor apoyo de la clase media y de los campesinos italianos, que siguieron viendo con escepticismo la viabilidad del eurocomunismo y la ruptura con el PCUS, aunque en los comicios europeos de 1984 fue el partido más votado. Tampoco ejerció una gran atracción sobre algunas facciones radicales de izquierda, que decidieron optar por el terrorismo. Como respuesta a los levantamientos producidos en Europa del Este y la URSS, el PCI intentó redefinir su programa para la década de 1990, momento en el que quedó escindido en varias tendencias entre las que destacaron el Partido Democrático de la Izquierda y el Partido de la Refundación Comunista. Integrado en la coalición progresista del Olivo, en la actualidad cuenta con una representación parlamentaria testimonial.
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OTROS PARTIDOS COMUNISTAS DE EUROPA OCCIDENTAL
Todos los partidos comunistas de Europa occidental fueron fundados entre 1918 y 1923, tras la Revolución Rusa. Su evolución ha estado muy condicionada por las diversas vicisitudes de las relaciones internacionales, y todos participan en mayor o menor grado en el poder político de sus respectivos países. Entre los partidos comunistas de menor significación están los de Austria, Dinamarca, Alemania, Irlanda, Países Bajos y Suiza, todos por lo general sustentados por el PCUS hasta la desaparición de este. Los partidos comunistas de Suecia, Noruega, Bélgica y Gran Bretaña tampoco son muy relevantes, aunque han tenido, en algún momento a lo largo de su historia, representación en el Parlamento de sus respectivos países y han participado en el gobierno tanto a nivel local como central. Los partidos comunistas occidentales con más peso, aparte del francés e italiano, han sido los de Grecia, Finlandia, Portugal y España. En su mejor momento, los partidos finlandés y portugués obtuvieron en torno al 20% de los votos en las elecciones nacionales. En términos generales, el partido finés mantuvo una postura de neutralidad con respecto al PCUS, mientras que los partidos griego y portugués manifestaron una más clara tendencia prosoviética.
9
ESPAÑA
En marzo de 1921 fue fundado el Partido Comunista de España (PCE), como escisión del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) ante la negativa de este a acudir a la III Internacional Socialista convocada por Lenin. Su importancia fue mínima hasta el estallido de la Guerra Civil española (1936-1939), momento en que su colaboración militar en defensa de la II República le permitió aumentar notablemente sus afiliados.
Desde el final de la contienda civil y hasta la primavera de 1977 el PCE fue ilegal, por lo que sus dirigentes estuvieron exiliados, lo que no impidió que aglutinara a la parte más reivindicativa de la oposición al régimen del general Francisco Franco, en especial a través del sindicato Comisiones Obreras (CCOO) y de organizaciones populares de base, tales como las asociaciones de vecinos.
En política internacional, fue uno de los pilares del eurocomunismo, que le permitió ser bastante crítico con el PCUS, en especial desde la ocupación de Checoslovaquia por tropas soviéticas.
Legalizado de nuevo en 1977, su aceptación de la Constitución de 1978 fue fundamental para la consolidación de la reforma política de la que vino acompañada el proceso de transición hacia la restauración de la democracia en España. Su primer candidato en las elecciones a la presidencia del gobierno español que ganó Adolfo Suárez fue Santiago Carrillo.
Sus resultados electorales siempre han estado por debajo de lo esperado por su presencia social. En 1979 alcanzó más del 10% de los votos, resultado que igualó en las elecciones de 1996. Desde 1986 se presenta en coalición con otros partidos integrados en la federación de Izquierda Unida, que tras alcanzar buenos resultados y una notable influencia política durante la década de 1990 se sumió en una crisis de identidad. En los comicios celebrados en marzo de 2004, la coalición, con Gaspar Llamazares al frente, obtuvo una escasa representación parlamentaria: 5 diputados.
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AMÉRICA LATINA
Los partidos comunistas en América Latina surgieron al final de la I Guerra Mundial, como consecuencia de la ruptura del movimiento socialista, tanto en Europa como en otros continentes y la exigencia soviética, formulada por Lenin en 1920, del cumplimiento de las 21 condiciones que los partidos socialistas tenían que aceptar para formar parte de la III Internacional.
En la casi totalidad de los países los partidos comunistas aparecieron, en forma de escisiones, entre 1917, fecha de creación del partido comunista en Argentina y 1926, cuando se creó el de Ecuador, con excepción de Venezuela y Centroamérica, donde tuvieron un nacimiento más tardío.
En el surgimiento de los partidos comunistas latinoamericanos influyeron las dos revoluciones populares más recientes, la Revolución Mexicana iniciada en 1910 y la Revolución Rusa de 1917. Su desarrollo nunca fue espectacular y, en general, se mantuvieron como organizaciones de cuadros, minoritarias, pero que supieron penetrar y dominar las organizaciones obreras, los sindicatos estudiantiles y los grupos de intelectuales y artistas. Uno de estos grupos era el APRA (Alianza Popular Revolucionaria Americana) de Perú, fundado por Víctor Raúl Haya de la Torre. Su teoría, que intentaba rescatar del olvido a los indígenas andinos, se presentaba como una combinación del marxismo con las ideas de Einstein y con un fuerte influjo de Sun Yat-sen y de los revolucionarios mexicanos. El APRA había logrado aglutinar a buena parte de la juventud anticivilista que participaba en las movilizaciones estudiantiles a favor de la reforma universitaria. Las líneas principales sobre las que se basaba la ideología del partido era la peruanidad de sus planteamientos, su consecuente denuncia del imperialismo norteamericano, la lucha antiimperialista, la nacionalización de la tierra y la solidaridad entre las clases. La vocación de Haya de la Torre era convertir al APRA en un partido supranacional, que defendiera los intereses populares en toda 'Indoamérica'.
Otros comunistas latinoamericanos notorios fueron Aníbal Ponce, argentino; José Carlos Mariátegui, peruano; Lombardo Toledano, mexicano; Pablo Neruda, chileno; Nicolás Guillen, cubano; David Alfaro Siqueiros, mexicano, entre otros. Sometidos muy pronto a la disciplina de Moscú, a través de su pertenencia a la Internacional Comunista, sufrieron los impactos sucesivos de las crisis del comunismo internacional; la ruptura de Stalin y Trotski; la necesidad de establecer una política de Frente Popular, como consecuencia de la llegada al poder de Adolf Hitler en Alemania; el cambio de táctica a que les obligó la alianza de Hitler con Stalin en 1939; el inmediato cambio de orientación tras la invasión de la URSS por los alemanes, y el apoyo a los aliados occidentales de la URSS.
Al finalizar la II Guerra Mundial, los partidos comunistas latinoamericanos, siempre minoritarios pero fuertemente implantados en los movimientos estudiantiles y en el mundo de la cultura y las artes, aprovecharon todas las oportunidades para apoyar las consignas de Moscú, logrando un gran desarrollo en favor de las ‘campañas por la paz’, la firma del Manifiesto de Estocolmo y las movilizaciones populares, en pleno ambiente de Guerra fría, en favor de la URSS y en contra del imperialismo.
Sufrieron frecuentes escisiones y en casi todos los países, como México, coexistieron dos o tres partidos comunistas. Con los años y la crisis profunda del comunismo, decayeron en la década de 1980 hasta su práctica desaparición o su incorporación a grupos guerrilleros o de contestación más difusa.
Entre los años 1951 y 1954 formaron parte del gobierno izquierdista de Guatemala de Jacobo Arbenz Guzmán, y a partir de 1959 lograron penetrar y dominar el movimiento castrista en Cuba, transformando la Revolución Cubana, inicialmente una reivindicación campesina y popular, en un régimen comunista. El Partido Comunista de Cuba es el único partido comunista en el poder en Latinoamérica.

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