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El invento del Cine chino





Zhang Yimou
El director de cine Zhang Yimou es uno de los realizadores chinos más conocidos de su generación. Su película La semilla del crisantemo (1990) se convirtió en la primera producción china nominada al Oscar en la categoría de mejor película extranjera.








Chen Kaige
Sentado en la imagen en su mesa de edición, el director Chen Kaige está considerado como uno de los miembros destacados de la denominada quinta generación de realizadores chinos. Su obra maestra, Adiós a mi concubina (1993), mezcla el drama con delicadas caracterizaciones y con una intensa emoción.


Cine chino, evolución histórica del cine en China (incluidos los territorios de Hong Kong y Taiwan).
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EL CINE CHINO HASTA 1949
Aunque la cosmopolita ciudad portuaria de Shanghai ya proyectaba películas de compañías occidentales en 1896 y 1897, en Pekín, su capital, tuvieron que esperar hasta 1902 para conocer el nuevo medio. La emperatriz Ci Xi ya había intentado sin éxito proyectar películas en la Ciudad Prohibida en 1904. La primera producción china conocida es Dingjun Shan (La montaña Dingjun, 1905), una grabación en la que la estrella de la ópera de Pekín Tan Xinpei aparece en escena y que fue realizada por el laboratorio fotográfico Fengtai de dicha ciudad. La comedia corta Tou Shao Ya (El robo del pato asado), también basada en una ópera, fue rodada en Hong Kong en 1909 por el director de teatro y en ocasiones actor Liang Shaobo, con el apoyo financiero del empresario estadounidense Benjamin Polaski.
En 1920, Shanghai se convirtió en el centro de las producciones cinematográficas de China, aunque en Hong Kong se mantuvo una modesta actividad auxiliar. No obstante, el mercado chino de películas era sorprendentemente reducido (un delegado comercial del gobierno de Estados Unidos observó que en 1922 había menos de 100 salas de cine, la mayoría de ellas en las ciudades portuarias de la costa este), y el índice de bancarrota entre las compañías cinematográficas era alto. Por aquel entonces, del 80 al 90% de las películas proyectadas en China y Hong Kong se importaban de Estados Unidos. La producción propia de China en la década de 1920 se dividía claramente en dos tipos de películas: las que copiaban el modelo de Hollywood (principalmente melodramas, comedias y romances), y las que se basaban en la cultura popular China (principalmente narraciones sobre acontecimientos históricos y legendarios, así como fantasías de artes marciales sacadas de novelas baratas). Muy pocas cintas de este periodo han llegado hasta nuestros días.
El cine chino alcanzó cierto grado de creatividad durante la década de 1930. Por un lado, el medio comenzó a atraer a artistas e intelectuales jóvenes, como el escritor y director educado en Estados Unidos Sun Yu y el guionista comunista educado en Japón Xia Yan. Además, la creciente amenaza de una invasión japonesa proporcionó el impulso necesario para realizar películas patrióticas y nacionalistas. Las novedades estéticas, generalmente derivadas de la experimentación con el cine mudo de Hollywood y de la Unión Soviética, se combinaron con una serie de temas inspirados en el comunismo, incluyendo los derechos de la mujer, la desigualdad social y la defensa nacional. La técnica, sin embargo, se quedó atrás, y hasta 1935 se siguieron produciendo películas mudas junto con híbridos que incorporaban algunos sonidos.
La escasa inversión unida a la mala distribución y a la censura política ejercida por el partido en el poder, Guomindang (en chino, Partido Nacional del Pueblo), provocaron la quiebra de muchas productoras cinematográficas. No obstante, la industria estaba dominada por dos grandes compañías en la década de 1930: una similar a la estadounidense Metro Goldwyn Mayer, la Star Company (Mingxing, fundada en 1922 por los directores pioneros Zhang Sichuan y Zheng Zhengqiu) y la United Photoplay Service (Lianhua, fundada en 1930 por Luo Mingyou). Ambas empresas estrenaban una media de una película al mes. La United, que tenía contratada a la estrella Ruan Lingyu (“la Garbo de China”), hizo películas tan sobresalientes como Shennü (La diosa, 1934), del director Wu Yonggang, sobre el tema de la prostitución, y el sorprendente thriller patriótico y erótico Da Lu (La autopista, 1934), del director Sun Yu. La Star sobresalió con películas sofisticadas como Malu Tianshi (El ángel callejero, 1937), de Yuan Muzhi, una estampa dura aunque romántica de la vida, el amor y la injusticia social ambientada en los bajos fondos de Shanghai.
Esta edad dorada del cine de Shanghai se vio repentinamente truncada cuando la ciudad cayó bajo el dominio japonés en 1937. Pocos directores permanecieron trabajando bajo la supervisión japonesa; la mayoría huyó a Hong Kong y a Wuhan, donde se vieron obligados a realizar películas de propaganda política de bajo presupuesto a causa de la guerra. Cuando la producción se reanudó en Shanghai en 1946, las cosas habían cambiado. La inminente guerra civil entre las tropas del Guomindang y los comunistas por el control de Manchuria (Dongbei Pingyuan) agravó el clima político y forzó a todos los productores de cine a tomar partido por uno u otro bando. Algunos realizadores de tendencia izquierdista se trasladaron a Hong Kong huyendo de una posible persecución y muchos de los directores del ala nacionalista les siguieron tras la victoria comunista en 1949. Los filmes realizados en Shanghai a finales de la década de 1940 poseen un estilo más teatral, centrado en los diálogos, que las películas anteriores a la guerra. Entre aquéllos se incluyen una serie de títulos reconocidos ahora internacionalmente como clásicos, entre ellos el análisis de la depresión sufrida tras la guerra de Fei Mu titulado Xiao Cheng zhi Chun (Primavera en una ciudad pequeña, 1948) y la parábola de solidaridad con la clase trabajadora Wuya yu Maque (Cuervos y gorriones, 1949), de Zheng Junli.
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EL CINE EN LA REPÚBLICA POPULAR CHINA
Con el establecimiento de la República Popular en 1949, el Partido Comunista decidió reinventar el cine como un entretenimiento popular para los habitantes de las vastas áreas interiores que no habían visto ninguna película hasta entonces. La mayor parte de la producción se convirtió en un vehículo de propaganda gubernamental que desafiaba las tradiciones feudales y las supersticiones y ofrecía educación ideológica y divulgaba los movimientos y campañas nacionales. Poco después de 1949, las importaciones de cine extranjero se limitaron a los títulos de otros países comunistas. Se abrieron nuevos estudios de propiedad estatal en muchas regiones y la distribución y proyección de películas se expandió hasta alcanzar las áreas más remotas del país. Se produjeron más de 600 películas entre 1949 y 1966, año que marcó el comienzo de la Revolución Cultural proletaria y el forzoso cierre de la industria cinematográfica durante seis años. Algunas películas de los primeros 17 años del régimen comunista intentaron reavivar las viejas tradiciones de Shanghai en lo que se refiere a espectáculo, estilo y sofisticación; entre las mejores destacan Xin Juzhang Daolai zhi Qian (Antes de la llegada del director nuevo, 1956), una sátira de Gógol dirigida por el ex actor Lü Ban, y Wutai Jiemei (Dos hermanas de escena, 1964), un lujoso melodrama sobre el mundo del teatro dirigido por Xie Jin.
La retirada de los nacionalistas del Guomindang a Taiwan en 1949 sentó las bases para la producción de películas en la isla. La compañía cinematográfica del partido, la Central Motion Picture Corporation (CMPC), fue la primera y durante años la más importante productora, especializada en películas de propaganda anticomunista, en dramas históricos y en melodramas con la clase media como protagonista. El ejemplo de esta compañía atrajo a otras productoras y se creó una floreciente subcultura de bajo presupuesto en dialecto taiwanés junto con prestigiosas producciones en chino mandarín. Sin embargo, los directores más destacados —Li Hanxiang, King Hu y Li Xing— procedían todos de la China continental y se dedicaron a conservar las tradiciones culturales anteriores al comunismo.
Después de 1949, Hong Kong se convirtió en el centro más prolífico en lo que a producción de películas se refiere. Allí se unieron las compañías que producían películas en dialecto cantonés con las que lo hacían en mandarín. Las producciones en cantonés siguieron siendo numerosas hasta la llegada de la televisión en 1967, y pasaron de las 125 películas al año durante la década de 1950 hasta alcanzar las 200 películas al año en 1960 y 1961. Las producciones en mandarín, aunque tuvieron un comienzo inseguro (6 películas en 1946, 15 en 1950), lograron alcanzar la cifra de 80 películas al año en la década de 1970. Aunque ambas industrias cinematográficas contaban con facciones de disidentes comunistas partidarios de realizar un cine que mostrara temas sociales, la mayor parte de su producción estaba centrada en filmes de estilo hollywoodiense con un cierto aire chino. El género más popular fue el de las películas de artes marciales. En 1970, con la aparición de las películas de kung fu, China consiguió su primer éxito cinematográfico internacional y Bruce Lee se convirtió en la primera estrella china famosa en todo el mundo.
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LA LLEGADA DE LA NUEVA OLA
Las principales compañías cinematográficas chinas (la Shaw Brothers y la Golden Harvest de sir Run Run Shaw, en Hong Kong, y la CMPC, en Taiwan) no pudieron seguir el ritmo de los cambios sociales y económicos de la década de 1970 y entraron en crisis. La estructura formalista de sus producciones y la indiferencia mostrada por la audiencia crearon las condiciones idóneas para la aparición de un movimiento de renovación cinematográfica a principios de la década de 1980. El cambio se inició en Hong Kong en 1979, cuando Ann Hui, Hark Tsui, Ho Yim, Allen Fong y otros directores jóvenes (la mayoría de ellos formados en escuelas de cine estadounidenses y europeas) pasaron de la televisión a la realización cinematográfica, fundando compañías productoras independientes y tratando temas sociales y culturales de actualidad. Su ejemplo se copió rápidamente en Taiwan, donde la CMPC comenzó a producir películas portmanteau (filmes que narran varias historias unidas por un hilo conductor), realizadas por directores sin experiencia como Edward Yang, Hou Hsiao Hsien, Wang Tong y Ren Wan.
La nueva ola llegó a la República Popular China en 1984, cuando los recién graduados por la Academia de Cine de Pekín comenzaron a dirigir películas con estructuras y pautas innovadoras que formulaban preguntas en vez de ofrecer respuestas políticas fáciles. Los largometrajes Tierra amarilla (1984), de Chen Kaige, Dao ma Zei (Ladrón de caballos, 1986), de Tian Zhuangzhuang, y Sorgo rojo (1987), de Zhang Yimou, establecieron temas totalmente nuevos para el cine chino y éste ganó audiencia en todo el mundo por primera vez. Estos directores y sus contemporáneos (un grupo que los críticos de cine chinos apodaron “la quinta generación”) han convertido el cine chino en uno de los más interesantes de la década de 1990. Películas como La semilla del crisantemo (1990) y La linterna roja (1991), de Zhang Yimou, Lan Fengzheng (La cometa azul, 1993), de Tian Zhuangzhuang, y Adiós a mi concubina (1993), de Chen Kaige, han obtenido grandes premios en festivales importantes, como Cannes, nominaciones a los premios Oscar, al tiempo que han conseguido grandes éxitos de taquilla. Además, han atraído la atención de productores de Hong Kong, Taiwan y otros lugares, ayudando así a reunificar los tres centros de realización de cine chino de la posguerra.
Aunque los niveles de creatividad han seguido siendo altos, especialmente en Taiwan, el público chino ha vuelto la espalda a la producción nacional en la década de 1990. La disminución en la recaudación de taquilla ha ocasionado crisis financieras en las tres industrias cinematográficas y muchos realizadores de cine de Hong Kong se han trasladado a California. Estos problemas se han visto agravados en China por el incierto ambiente político; las normativas cinematográficas gubernamentales publicadas en 1996 imponen nuevos y más estrictos controles tanto para los realizadores independientes autorizados por el estado como para los “ilegales”.

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