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El invento del Congreso de Viena




Congreso de Viena

Congreso de Viena
Reunido desde septiembre de 1814 hasta junio del año siguiente, el Congreso de Viena fue una de las convenciones de mayor trascendencia en la historia de las relaciones internacionales. En la imagen podemos apreciar, entre otros, al canciller austriaco Metternich-Winneburg (el séptimo por la izquierda, de pie) y al representante francés Talleyrand-Périgord (a la derecha de aquél, sentado, con el brazo apoyado sobre la mesa).

Congreso de Viena, conferencia internacional convocada, según los acuerdos adoptados mediante el Tratado de París del 30 de mayo de 1814, con el objeto de restablecer las fronteras territoriales de Europa una vez concluidas las Guerras Napoleónicas con la abdicación de Napoleón I Bonaparte. La reunión se celebró desde el 1 de noviembre de 1814 hasta el 8 de junio de 1815 en Viena, capital del Imperio Austriaco, y los pactos a los que se llegó tuvieron una vigencia casi inamovible en los territorios orientales y centrales europeos hasta el final de la I Guerra Mundial, en 1918.
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LOS PRINCIPALES DELEGADOS
Los representantes de todas las potencias europeas, excepto del Imperio otomano, acudieron al Congreso, que se interrumpió brevemente a partir de que en febrero de 1815 Napoleón huyera de su exilio en la isla mediterránea de Elba. El más destacado de los monarcas asistentes fue el zar de Rusia Alejandro I, que defendió causas tan impopulares para el resto de los reunidos como la unificación de los estados alemanes y la implantación de un gobierno constitucional en Polonia. Pero también contó el Congreso con la presencia del emperador de Austria, Francisco I (que había sido el último emperador del Sacro Imperio Romano Germánico con el nombre de Francisco II), y la del rey de Prusia, Federico Guillermo III.
El diplomático que desempeñó el papel más destacado en las negociaciones fue el príncipe Klemens Metternich, el ministro austriaco de Asuntos Exteriores, que presidió la conferencia. Aunque las principales potencias —Gran Bretaña, Rusia, Prusia y Austria— habían decidido que Francia, España y las potencias de segundo orden no intervinieran en ninguna de las principales decisiones, el diplomático francés Charles Maurice de Talleyrand-Périgord, que actuaba en representación de Luis XVIII (el monarca francés restaurado en el trono en 1814) consiguió que Francia tomara parte en las deliberaciones en igualdad de condiciones. Gran Bretaña se halló representada por su ministro de Asuntos Exteriores, Robert Stewart, vizconde Castlereagh, y por el general Arthur Colley Wellesley, duque de Wellington. El principal delegado de Prusia fue el príncipe Karl August von Hardenberg.
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LAS DECISIONES MÁS RELEVANTES
Como resultado de las negociaciones sostenidas en el Congreso, Francia perdió todos los territorios conquistados por Napoleón; se ratificó la fundación del reino de los Países Bajos, gobernado por la dinastía Orange y con Guillermo I como primer titular; Noruega y Suecia permanecieron unidas bajo la corona de Carlos XIII; y se garantizó la independencia y neutralidad de los cantones suizos, reorganizados en el marco de una Confederación Helvética. Asimismo, Rusia recibió la mayor parte del suprimido gran ducado de Varsovia, convertido en reino de Polonia, con Alejandro I como monarca; Prusia recibió la Prusia Occidental, Posen (en la actualidad la provincia polaca de Poznań), la mitad norte de Sajonia y gran parte de las provincias del Rin y del extinguido reino de Westfalia; Hannover consiguió nuevos territorios y pasó a ser un reino; se le restituyeron al Imperio Austriaco la mayoría de las zonas que había perdido frente a Napoleón y se le concedieron otras nuevas en territorio bávaro (Tirol y Salzburgo) e italiano (Lombardía y el Véneto) para compensar la privación de los Países Bajos austriacos.
La antigua región veneciana de Dalmacia (en la actualidad, Croacia) también pasó a manos de Austria; Gran Bretaña se anexionó la Colonia de El Cabo en Sudáfrica, Ceilán (en la actualidad Sri Lanka), isla Mauricio, Helgoland, Malta, las islas Jónicas, Trinidad y Tobago y la Guayana; el reino de Piamonte-Cerdeña recuperó el condado de Niza y Saboya y recibió Génova; Fernando I de Borbón fue restaurado en el trono del reino de las Dos Sicilias, y los ducados de Parma, Plasencia (Piacenza) y Guastalla le fueron otorgados a la esposa de Napoleón, la archiduquesa de Austria María Luisa de Habsburgo-Lorena (hija del emperador austriaco Francisco I). La comisión territorial que se reunió en Frankfurt del Main decidió en 1819 la creación de la Confederación Germánica, una unión de 39 estados soberanos —entre ellos Prusia— presidida por el Imperio Austriaco. Aunque el rey de España Fernando VII tuvo cierto apoyo de carácter moral, no consiguió que las potencias reunidas en Viena le ayudaran en sus deseos de recuperar los dominios españoles en América, entonces en proceso de independencia.
El Congreso tomó la importante decisión de condenar el comercio de esclavos y permitió la libre navegación sobre los ríos que atravesaban varios estados o representaban una frontera interestatal. Su principal logro fue el restablecimiento del equilibrio de poder entre las potencias europeas.
No obstante, la paz sólo se consiguió mediante el establecimiento del absolutismo como principio básico de la política internacional, impuesto desde la organización de la Santa Alianza, que a partir de septiembre de 1815 y mediante periódicos congresos eliminó todas aquellas manifestaciones que pudieran suponer la implantación en Europa de regímenes liberales o la independencia nacional de aquellos pueblos integrados en las potencias hegemónicas.

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