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Vestimenta




Toga romana
La toga utilizada en la Roma antigua consistía en una pieza única de lana drapeada que podía cubrir desde los hombros hasta la parte inferior del cuerpo.


Vestimenta, conjunto de prendas o atuendos personales utilizados en todas las culturas desde la prehistoria.
2
FACTORES DETERMINANTES DE LOS DIFERENTES TIPOS DE INDUMENTARIA
El principal factor determinante del tipo de ropa en las diferentes épocas y lugares es el clima. En la evolución de la indumentaria también han influido los diferentes estilos o modas, los materiales y tecnologías disponibles, los códigos sexuales, la posición social, las migraciones humanas y las tradiciones.
2.1
El clima

Vestido tradicional ecuatoriano
Las mujeres de la zona cercana a la ciudad de Cuenca, Ecuador, llevan las faldas tejidas a mano, sarapes (chales) y sombreros de paja característicos del sur del altiplano.

Probablemente la ropa se desarrolló en un principio para protegerse o adaptarse al medio ambiente. En climas cálidos la ropa tradicional masculina y femenina es una indumentaria suelta y drapeada tipo saya. En los países árabes y africanos esta ropa suelta adopta la forma de túnica. Los habitantes de climas muy cálidos es raro que lleven ropas de más de dos capas. En los climas fríos es tradicional llevar vestidos cosidos y ajustados de varias capas para conservar mejor el calor del cuerpo. Estas dos tradiciones no se diferencian de forma clara al incluir ambas una capa exterior de abrigo como protección contra los elementos.
Indumentarias

El aspecto práctico condiciona las indumentarias. El taparrabos que lleva el hombre de la izquierda es muy adecuado para climas calurosos. La chilaba (túnica suelta con capucha) del dibujo siguiente es una prenda común en Oriente Próximo. Al ser holgada y de color blanco es muy fresca y protege el cuerpo del viento y la arena. La siguiente joven es de un país del norte, donde usan varias capas de ropa para protegerse del frío. El hombre que está a la derecha lleva un traje occidental, prenda idónea para todo tipo de clima. Es especialmente útil para gente de negocios que viaja mucho y tiene que mantener una cierta formalidad.


En la cultura occidental la interacción entre estos dos estilos ha dado lugar a una historia del vestido más variada que en otras partes del mundo. En el mundo no occidental se ha mantenido la tradición antigua hasta la reciente llegada de la era industrial occidental y, con ella, su forma de vestir.
2.2
Tradiciones
El largo dominio de la forma de vestir egipcia y oriental fue sustituido por la ropa más desenfadada de griegos y romanos que dominaron el Mediterráneo durante siglos. Sin embargo, en las tradiciones occidentales solo ha influido de forma decisiva el estilo de vestir oriental.
2.3
Migraciones
En el primer milenio de nuestra era las invasiones del norte y del este de Europa obligaron a los romanos a retirarse de la región mediterránea occidental. A medida que la influencia romana se fue debilitando, las tradiciones romanas (entre ellas las formas de vestir) fueron desapareciendo en Occidente.
Durante la edad media (c. 500-1500 d.C.) los estilos tradicionales grecorromanos se vieron sustituidos de forma radical en el Imperio bizantino (Imperio romano de Oriente) por las ropas más ricas y suntuosas de los musulmanes del Oriente Próximo. En Occidente los estilos de ropas cosidas y ajustadas de los habitantes del norte y este de Europa, que invadieron en sucesivas oleadas los restos del Imperio romano de Occidente, modificaron el estilo de vestir grecorromano de aquella época.
2.4
Asimilación de diferentes tradiciones en Occidente
Con la estabilización en el siglo VIII de las migraciones comenzó en Europa el proceso de asimilación de culturas y formas de vestir. La posterior expansión musulmana hacia el Imperio romano de Occidente y el sur de Europa influyó sobre la forma de vestir occidental. Sin embargo, las Cruzadas cristianas a Oriente Próximo en los siglos XI y XII, que introdujeron nuevos tejidos y nuevos conceptos de lujo en Europa, sí tuvieron un impacto mayor en las formas de vestir occidentales. En Occidente la indumentaria aristocrática y de ceremonia (en cierta medida vigente en la actualidad) se vio influida fuertemente por la ropa eclesiástica romana y la tradicional del Imperio bizantino.
2.5
Estilo y moda
Hasta hace algunos siglos solamente la aristocracia cambiaba de modo habitual su forma de vestir, mientras que la indumentaria del pueblo permanecía prácticamente invariable. Por otra parte, la historia del vestido ha podido reconstruirse en gran parte gracias a retratos, por lo general de personalidades que intentaban dejar constancia de su importancia posando con sus mejores y más impresionantes atuendos. Pero incluso entre la clase alta los vestidos eran lo suficientemente caros como para merecer ser cuidados, modificados y reutilizados de generación en generación. Los cambios radicales en la forma de vestir no eran frecuentes hasta que en los siglos XVIII y XIX la llegada de la Revolución Industrial abarató y simplificó la fabricación de telas y vestidos.
3
ANTIGÜEDAD
El clima cálido e incluso tórrido de la cuenca mediterránea oriental obligó a los pueblos de esta región a llevar vestidos sueltos como los representados en los restos arqueológicos de las culturas de la época.
3.1
Egipto
El vestido básico de los antiguos egipcios era una especie de saya corta de tela alrededor de las caderas y sujeta en la cintura con un cíngulo o cinturón. Un manto, derivado posiblemente de una capa de piel, cubría los hombros. Durante una época se llevó una prenda larga denominada kalasaris que el hombre llevaba como falda sujeta en la cintura y la mujer sujeta al pecho con una tira o como traje largo a veces con mangas. El kalasaris y el manto (con diferentes formas, tejidos y formas de drapeado) se convirtió en el atuendo clásico de los antiguos egipcios. El pueblo llevaba un modelo más corto para trabajar, mientras que los nobles, los sacerdotes y los miembros de la familia real llevaban un modelo más largo que con el tiempo se fue haciendo cada vez más sofisticado en cuanto a pliegues y drapeados. La saya solo sobrevivió como atuendo de ceremonia.
3.2
Creta
Aunque sobre la civilización minoica de la isla de Creta existe poca documentación, se sabe que el traje que llevaba la mujer era único en el Mediterráneo. La saya del hombre era parecida a la de los egipcios, pero las elegantes faldas recogidas y anudadas y los ajustados corpiños de la mujer eran de una sofisticación única en el mundo antiguo, más parecidos a las formas de vestir occidentales de los últimos siglos que a las modas de aquella época en la región mediterránea.
3.3
Mesopotamia
Los primeros trajes sirios y fenicios, que han llegado hasta nosotros a través de las esculturas, evolucionaron en paralelo con el kalasaris del antiguo Egipto. Hombres y mujeres llevaban una gran pieza rectangular de tela, con una profusa ornamentación, que se envolvía alrededor del cuerpo y se sujetaba al hombro. Esta forma rectangular básica perduró durante muchos siglos, aunque existieron algunos modelos que llevaban aberturas para la cabeza y un brazo. La saya corta representada en algunas esculturas recuerda a la de los egipcios. Más al norte se llevaban prendas más complicadas y ajustadas al cuerpo, y mantos y sayas cortas anudadas a la cintura. También se utilizaba el cuero en el traje militar, posiblemente como protección. Los hebreos, asirios y babilonios vestían una especie de camisa hasta los pies cubierta por un manto o una prenda exterior semejante al kalasaris. Estas prendas, de aspecto rígido, estaban adornadas con flecos y borlas en los bordes y presentaban esquinas rectangulares o redondeadas. Una prenda exclusiva de Babilonia (hoy Irak) era el traje sacerdotal confeccionado con un gran triángulo de tela que se colocaba de forma que el borde con flecos quedaba en diagonal a lo largo del cuerpo y recordaba en cierta manera a un zigurat con rampas en espiral.
3.4
Los medas y los persas
Los primeros vestidos conocidos de las zonas más frías del mundo mediterráneo son los de los medas (612 a.C.) y persas (539 a.C.). Los persas llevaban calzones o pantalones con una túnica abierta sujeta con un cinturón. Estas prendas muy ajustadas, tal vez debido al pequeño tamaño de las pieles disponibles, eran llevadas por hombres y mujeres y siguieron utilizándose incluso después de la invasión del Imperio persa por los medas. Estos vestían trajes largos y amplios con mangas de boca ancha. El vestido color púrpura lo utilizó por primera vez en Persia la clase sacerdotal. Los trajes de los sacerdotes también reflejan la influencia de los pueblos conquistados de Mesopotamia, especialmente en cuanto al uso de telas rectangulares con borlas en las esquinas. Los persas también introdujeron en Occidente el gorro frigio de fieltro, a menudo con orejeras. Este tipo de prenda estuvo de moda por última vez en el siglo XVIII durante la Revolución Francesa con el nombre de ‘gorro de la libertad’.
El estudio de la historia del vestido resulta de gran interés. Así, por ejemplo, en el Imperio romano el color púrpura se convirtió en el distintivo de senadores y emperadores y más tarde fue exclusivo de los trajes reales. La tradición de Oriente Próximo de ocultar la cara de la mujer tras un velo tiene su origen en una ley asiria del 1200 a.C. El traje tradicional del Imperio otomano y los vestidos clásicos de los árabes descienden de forma directa de los estilos del mundo antiguo.
3.5
Los griegos y los romanos
El origen del vestido tradicional de griegos y romanos no está claro. Los primeros habitantes de la parte occidental de Asia Menor y de la península griega llevaban una especie de calzas y una túnica con mangas similar al traje persa, lo que indica su origen más norteño. En las civilizaciones griega y romana se desarrolló un traje extremadamente sencillo y cómodo formado por el quitón, la clámide y el peplo. El quitón, la prenda base, era corto en el hombre y hasta los tobillos en la mujer. Estaba formado por un rectángulo de tela sujeto o cosido en los hombros y que se ceñía a la cintura con un cinturón o cíngulo. La clámide era una capa corta doblada o sujeta en un hombro que a menudo se llevaba como única prenda; era sustituida en invierno por un manto más largo, el himatión. La mujer vestía el peplo, la versión femenina de la clámide, que iba sujeto a la cintura y tapaba los tobillos. Con el paso de los años esta prenda se fue haciendo cada vez más suntuosa en cuanto a tejidos, colores y adornos.
Los primeros romanos llevaban la túnica, semejante a una camisa, y la toga, prenda característica de Roma que se mantuvo como traje oficial y de ceremonia a lo largo de la República y hasta finales del Imperio romano de Occidente. La toga, aunque similar a la clámide o al himatión griego, era una pieza de lana de forma oval mucho más amplia que estas, medía aproximadamente tres veces la altura de la persona, se doblaba a lo largo y se drapeaba de forma estudiada. En el Imperio de Occidente esta prenda llegó a quedar finalmente reducida a una tira de tela, la estola. La túnica (que sobrevivió bajo diferentes formas y cada vez con más adornos) y la estola fueron adoptadas por la Iglesia cristiana. La mujer llevaba una túnica larga que en principio era de lana y más tarde pasó a ser de algodón e incluso de seda, cada vez más sofisticada y recargada, y sobre ella, la estola drapeada cubriendo cabeza y cuerpo.
En el Imperio romano (excepto en la ciudad de Roma, donde estaban prohibidas por ley) se adoptó el uso de las calzas que utilizaron los pueblos conquistados del norte de Europa para protegerse del frío y como parte del atuendo militar. En esta época también se introdujeron los pantalones, prenda procedente del norte de Europa.
3.6
India antigua
La forma de vestir en la India, por su vinculación desde un principio a las castas, estaba perfectamente diferenciada. La saya o dhoti y el sari de las mujeres aparecen en esculturas del siglo II a.C. y se cree que ambos sexos llevaban prendas sujetas a la cintura y con la parte superior al descubierto. Los hombres llevaban turbantes y las mujeres lucían largos pañuelos a la cabeza y abundantes joyas. Esta forma de vestir permaneció invariable hasta la conquista musulmana de India en el siglo XII d.C.
3.7
China antigua
La seda, utilizada en China ya en el siglo XXVII a.C., prácticamente fue un monopolio nacional durante siglos. Este material, especialmente adecuado para el clima de Asia oriental de veranos húmedos, podía forrarse con pieles en los meses de invierno. Los escritos de Confucio del siglo VI a.C. incluyen referencias a las normas de vestir para, por ejemplo, recepciones oficiales o periodos de luto. Las primeras representaciones de vestidos chinos, de la dinastía Han (206 a.C.-220 d.C.), muestran trajes largos con amplias mangas y ceñidos en la cintura, así como chaquetas y pantalones para ambos sexos. El estilo chino de trajes cortesanos llegó pronto a Corea y Japón, avalado por el prestigio de esta civilización.
4
HISTORIA DEL VESTIDO OCCIDENTAL
Tradicionalmente la historia medieval comienza con la caída del Imperio romano de Occidente en el 476 d.C. Sin embargo, la transición de la época clásica a la medieval en la historia del vestido se hizo poco a poco. El Imperio bizantino se mantuvo durante otros 1.000 años con una clase alta que mantenía la túnica como prenda básica de vestir. En Occidente, las diferentes invasiones de pueblos del norte introdujeron los pantalones, las túnicas ajustadas y las capuchas, pero pasarían 300 años antes de que surgiese un estilo occidental documentado como resultado de la fusión de la forma de vestir romana y las maneras del norte de Europa. Durante este periodo solo en el Imperio bizantino existía riqueza y estabilidad política, premisas indispensables para que se produjera una continuidad de estilo y un corpus importante de documentación pictórica.
4.1
Bizancio
En el Imperio bizantino del siglo VI el cambio más notable respecto a la forma de vestir romana fue la introducción de los bordados, flecos, orlas y adornos de estilo oriental. Los emperadores romanos se habían convertido al cristianismo y en el Este el máximo poder lo ocupaban la Iglesia y el Estado, por lo que la indumentaria de la corte se hizo más seria y de apariencia cada vez más rígida. La creciente influencia oriental puede apreciarse en los trajes de corte. El cambio más claro fue la introducción del manto semicircular sujeto en el hombro derecho y más tarde el caftán persa y el traje asirio de manga larga. Ambos eran tal vez formas originales de la indumentaria de la corte rusa, que sufrió pocos cambios hasta la occidentalización del país a principios del siglo XVIII realizada por Pedro I el Grande.
La forma de vestir bizantina es única en la tradición occidental por haber evolucionado al margen del atractivo sexual o la utilidad. Los trajes de corte se confeccionaban según las pautas del libro de ceremonias imperial, y todos, desde el emperador hasta al funcionario de rango más bajo, vestían de acuerdo a este reglamento.
4.2
Principios de la edad media
Vestimenta del siglo XIV
En esta pintura del siglo XIV aparecen algunos ejemplos de los trajes que se usaban entonces. El joven en el centro lleva unas calzas ajustadas, puntiagudos zapatos de cuero y un jubón encima de la camisa. Algunos niños llevan calzas multicolores, típicas de la época.

Poco se conoce de los efectos que tuvieron sobre la forma de vestir europea los amplios movimientos tribales de principios de la edad media. Las primeras invasiones teutónicas supusieron la introducción de los pantalones en Roma. Los teutones, a su vez, adoptaron la forma de vestir romana, lo mismo que los galos y los bretones, al menos los más ricos. Las últimas invasiones parece que modificaron profundamente la forma de vestir de aquella época, pero no se conserva ninguna evidencia de ello. Los primeros ejemplares de vestido que se conservan datan de la época en que se sustituyó la costumbre romana de incinerar a los muertos por la de enterrarlos, época que además coincidió con una cierta estabilidad política.
Cuando los carolingios dominaron gran parte de Europa y Carlomagno fue coronado emperador del Sacro Imperio Romano Germánico en el año 800 d.C., parece que se adoptó una forma de vestir relativamente uniforme en Europa. La indumentaria del emperador Carlomagno, importada casi con seguridad de Constantinopla, era muy semejante a la del emperador bizantino. A diferencia de aquel, Carlomagno solo lucía esta ropa en ocasiones oficiales. Su atuendo cotidiano, registrado por sus contemporáneos, consistía en una bajotúnica, una sobretúnica, con un ribete de seda de color, y calzones o pantalones sujetos en la rodilla, así como un manto semicircular sujeto en el hombro y forrado de piel en invierno y un bonete de tela.
Las pinturas de la época muestran a otros monarcas europeos con vestimentas similares. Las damas de la corte llevaban una túnica larga con la cabeza cubierta y encima una sobretúnica sujeta por un cinturón. Esta última a menudo llevaba adornos en el cuello, las mangas y el bajo. Un manto hasta los pies se sujetaba debajo del mentón y un velo ocultaba el cabello.
Estas prendas formaban la indumentaria básica de la aristocracia europea de la edad media e incluso, aunque con algunos cambios, la de las clases bajas hasta el renacimiento a principios del siglo XIV. Carlomagno no utilizaba la capucha, prenda característica del pueblo, cuyos orígenes parece que se remontan a la edad del bronce y que se sigue utilizando hoy día principalmente en ceremonias y en climatologías adversas. A lo largo de los 300 años siguientes parece que la moda no cambió mucho, aunque se aprecia un mayor énfasis en realzar las formas físicas. La primera Cruzada, iniciada en el año 1095, fue el catalizador que produjo el cambio en la forma de vestir que marcaría la división entre principios de la edad media y la época románica.
4.3
Finales de la edad media: época románica y gótica
Con la invasión árabe en España y el suroeste de Francia, y la conquista normanda de Sicilia llegaron a Europa abundantes y diversos materiales orientales. Pero el gran cataclismo de la moda se produjo en el siglo XII con las Cruzadas. Los cruzados, hombres y mujeres, trajeron a su vuelta no solo nuevos tejidos como sedas, damascos y terciopelos de brillantes colores y complicadas tramas, sino también nuevos estilos. Las calzas sustituyeron a los pantalones y las prendas se adornaron con joyas, bordados y pieles.
4.3.1
Indumentaria masculina
Los hombres llevaban calzones y calzas (pantalones cortos y medias). Las longitudes de ambos fueron variando, y a finales del gótico las calzas eran tan largas que casi eliminan a los calzones. Hasta la llegada de los tejidos de punto, prácticamente desconocidos en la edad media, las calzas eran de lino o lana cosidas para que quedaran ajustadas. Resulta increíble que pudieran adoptar el aspecto suave (conseguido posteriormente con los tejidos de punto) que se observa en las pinturas de la época. En el siglo XII las calzas llegaban a la altura de medio muslo por debajo de los calzones cortos. En una época anterior los calzones de las clases altas eran más estrechos, y los de los trabajadores, más amplios, y ambos se sujetaban normalmente por debajo de la rodilla.
A principios del siglo XII la ropa era larga y la sobretúnica fue sustituida por el brial, prenda importada de Oriente. Todo, incluso las mangas, era largo, amplio y con una gran caída. A finales del siglo XII y durante el siglo XIII las prendas masculinas presentaban diferentes longitudes, amplitudes y adornos así como diferentes nombres para lo que básicamente era la misma prenda. Un cambio importante fue que la capucha pasó a ser una prenda independiente.
Más tarde la capucha (con su extremo puntiagudo, el liripipe, y con una capa corta que caía sobre los hombros) se convirtió en sombrero. La abertura, destinada en principio a la cara, se echaba por detrás de la cabeza y el liripipe se pasaba alrededor de la misma a modo de turbante. Posteriormente la capucha se colgó por encima del hombro y se llevaba como emblema; su última manifestación fue la escarapela en el sombrero de librea del siglo XIX. Una derivación todavía más curiosa de la capucha es el apéndice cosido en la espalda de la toga del traje de abogado en Inglaterra, que data de la época en que los clientes dejaban caer monedas en el sombrero si pensaban que el caso podía ganarse.
En el siglo XIV la túnica se estrechó y acortó hasta adquirir un aspecto más ajustado, que evolucionaría hacia la casaca. Sobre ella todavía se llevaba la antigua sobretúnica pero adornada con un cuello, que recibió el nombre de cota. La hopa y la hopalanda, una prenda exterior de cuerpo entero, larga y con mangas anchas y acampanadas, se utilizó hasta finales del siglo XIV y se mantuvo durante los siglos XV y XVI formando parte del traje de los profesionales y de los ancianos e incluso hoy día se utiliza como traje académico y de la abogacía.
La casaca evolucionó hacia una prenda totalmente confeccionada, y a menudo forrada, que sobrevivió bajo diversas formas como la prenda exterior básica masculina durante mediados del siglo XVII. Su derivación moderna es el chaleco.
4.3.2
Indumentaria femenina
Las mujeres también adoptaron el brial y una capa oriental con mangas largas y amplias. El brial, confeccionado con un tejido fino fruncido o plisado, era una prenda amplia y con caída como la de los hombres. Las faldas eran largas hasta los pies, posiblemente como aislamiento del frío. Una nueva invención de esta época fue el corsé para realzar la figura femenina. Al final de esta época también surgió la moda de los vistosos tocados y velos hasta el suelo.
Hasta el siglo XV las prendas de vestir femeninas, menos extravagantes que las de los hombres, eran ajustadas, con falda de campana y mangas estrechas. Por encima del vestido se llevaba una cota y encima una capa sin laterales. El cabello se ocultaba debajo de una toca, pañuelo que se envolvía alrededor de la cabeza y del cuello hasta el mentón. En tiempo frío y en actos oficiales se llevaba un amplio manto de campana o circular. Con el paso del tiempo los tocados se fueron haciendo cada vez más fantásticos y sofisticados. Al principio primó la anchura y más tarde la altura, alcanzándose resultados solo comparables a las altas pelucas y los tocados deliberadamente representativos de finales del siglo XVIII.
En el siglo XIV las prendas de vestir femeninas se hicieron más ajustadas, como las de los hombres, y en el siglo XV, más complicadas y forradas. En este siglo se desarrollaron telares nuevos y más perfeccionados que dieron lugar a toda una nueva gama de tejidos, base de la rica y compleja indumentaria del renacimiento.
4.4
Renacimiento
Vestimenta renacentista
Niña vestida según la moda del renacimiento.

Las prendas típicas del renacimiento se desarrollaron en Italia, de donde, a raíz de la invasión de Carlos VIII de Francia en 1494, se extendieron al resto de Europa. No está claro por qué la moda italiana, bastante más sencilla, se desarrolló de forma independiente al resto de Europa, pero parece probable que esto se debiera a su clima más cálido. La túnica de cuello bajo y la camisa en el hombre, y las capas igual de sencillas y también de cuello bajo en la mujer (denominada capa Julieta) ejercieron un efecto breve pero intenso en la evolución del vestido europeo en general. Hacia 1620 había desaparecido la sencillez, y la línea vertical de las prendas medievales fue sustituida por la línea horizontal del traje del renacimiento. Al tiempo que se producía este rápido cambio de estilo, irrumpió en Europa la moda del ‘acuchillado’. Esta tendencia, que probablemente tuvo su origen en el sur de Alemania y que perduró hasta el siglo XVII, consistía en unas aberturas semejantes a cuchilladas en el tejido exterior que dejaban ver una tela distinta por debajo.
Tal vez el desarrollo más interesante de esta época fuera la utilización, o al menos la exposición, de las camisas por parte de hombres y mujeres. Una vez que la camisa quedaba a la vista, tenía que ser adornada; los ribetes de encajes y volantes en cuello y mangas se convirtieron en menos de 50 años en gorgueras historiadas y almidonadas que estuvieron de moda durante otros 100 años. Estos cuellos, almidonados o no, evolucionaron hacia la chorrera.
Vestimenta femenina renacentista
Estos dibujos (c. 1540) de Hans Holbein, el Joven muestran el vestido femenino durante la primera mitad del siglo XVI. Llevaban un corpiño y falda cosidos en una sola pieza debajo de un vestido, ajustado a la cintura, que llegaba hasta el suelo. Las mangas eran amplias, con puños de piel, y el escote bajo y de corte cuadrado.

Durante el renacimiento el único cambio importante en la indumentaria masculina, aparte de una mayor ornamentación, fue el alargamiento de los calzones, que, como era normal, iban muy adornados por quedar a la vista. Por otra parte, la mujer fue luciendo unas prendas cada vez más restrictivas. A principios del renacimiento apareció un corsé largo y rígido en forma de cono, más largo por la parte delantera, que oprimía la anatomía de la mujer. Antes se había utilizado el corsé para realzar la figura pero nunca para distorsionar de tal manera las formas femeninas, ya que el pecho era obligado a sobresalir por encima del corsé. A partir de la Revolución Francesa (1789-1799) la moda varió enormemente pero la práctica de distorsionar la figura de la mujer persistió. Aunque la rigidez del corsé se vio algo aliviada al sustituirse las guías metálicas por huesos de ballena, la moda se hizo algo más incómoda por la costumbre de dar volumen a las faldas con la adición de armazones que podían ser desde bolsas de salvado hasta complicadas armaduras metálicas.
Aunque en el renacimiento las prendas básicas siguieron siendo las mismas que las de la edad media, el estilo relativamente natural fue sustituido por formas complicadas, encajes y forros que proporcionaban un aspecto de rigidez. Esto era, en parte, consecuencia del extremado formalismo de las cortes tradicionales de los Habsburgo del Sacro Imperio Romano, especialmente de la casa de Austria en España. Los escasos intentos por eliminar esta rigidez en la moda europea no fueron seguidos por la corte española, como lo demuestran las enormes faldas armadas de los retratos de la familia real del pintor barroco Diego Velázquez.
4.5
El siglo XVII
En el siglo XVII no tuvieron lugar otros cambios en la vestimenta femenina que los producidos por los vaivenes de la moda. Se siguió llevando el corsé en forma de cono con el talle más alto o más bajo según la moda. A finales del siglo apareció el traje suelto o mantua (derivado del nombre de la ciudad del norte de Italia) anunciando un cambio que se produciría en el siglo siguiente.
El atuendo masculino sufrió el cambio más radical de la historia moderna. A principios de siglo los hombres seguían llevando las prendas de finales de la edad media (casaca, calzones, calzas y capa) y una capa circular, aunque durante la primera mitad del siglo se impuso la casaca como prenda militar o de viaje. La casaca seguía siendo una capa pero constaba de dos piezas delanteras, dos piezas traseras y dos piezas para los hombros. Las partes delanteras y traseras se abotonaban para formar el cuerpo y las piezas de los hombros formaban las mangas. Este práctico invento dio lugar más tarde al tradicional traje de montar a caballo. En el siglo XVIII, después de algunos cambios, pasó a ser el traje actual y más tarde se convirtió en el chaleco. Hacia 1680 el atuendo masculino ya tenía la apariencia actual excepto en el uso de calzones en lugar de pantalones.
La peluca, excentricidad que alcanzó su máximo apogeo en el siglo siguiente, fue introducida por Luis XIII para ocultar su incipiente calvicie (después de haber puesto de moda su magnífica cabellera rizada) y figuró durante más de un siglo como prenda indispensable en el guardarropa de todo caballero. La peluca, empolvada en blanco o gris, grande y aparatosa o pequeña y sencilla, sustituyó al pelo natural de los caballeros y fue utilizada en los actos sociales hasta la llegada de la Revolución Francesa, en la corte otros treinta años más y en los tribunales de justicia de Gran Bretaña hasta hoy.
4.6
El siglo XVIII
A partir de 1715 surgió el estilo refinado que se conoce con el nombre de rococó, caracterizado por una estética artificiosa que en ocasiones llegaba al exceso y la frivolidad. La corte francesa marcaba la moda y las tendencias, y numerosos pintores captaron este tipo de indumentaria, como Jean-Antoine Watteau o Maurice Quentin de la Tour. En la última década del siglo las tendencias cambiaron como consecuencia del triunfo de la revolución, adoptando una nueva estética como símbolo de los nuevos valores políticos y sociales.
4.6.1
La moda rococó
'Vestido a la francesa'
En este cuadro, realizado por Maurice Quentin de la Tour en 1755 y titulado Retrato de la Marquesa de Pompadour, aparece el típico 'vestido a la francesa' rococó: realizado en seda, con peto triangular decorado con cintas, falda y sobrefalda, además de exquisitos encajes.

El siglo XVIII se caracteriza por la utilización de tejidos ligeros y claros, como sedas fabricadas en Lyon que sustituyen a las italianas que se produjeron durante todo el siglo XVII, en contraposición al aspecto más oscuro y lúgubre de los siglos anteriores y posteriores. Aunque las mujeres seguían llevando largos corsés en forma de cono (de moda durante los dos siglos anteriores), con la llegada de las sedas de colores claros y la capa suelta o mantua desapareció el aspecto plomizo del pasado. Las faldas sobre armaduras parecían flotar y ondear, y los plisados caían de los hombros eliminando la sensación de rigidez; numerosos volantes, encajes, cintas y flores artificiales completaban el conjunto. A principios de siglo aparecieron el ‘vestido volante’ (compuesto por un corpiño con grandes pliegues en la espalda ajustados por el corsé) y el ‘vestido a la francesa’, que fue el traje de etiqueta en la corte francesa hasta la revolución de 1789.
La moda masculina se caracterizó durante este siglo por una mayor estabilidad y, sobre todo, por una menor estridencia en comparación con la moda femenina. El ‘traje a la francesa’ utilizaba prendas de seda y ligeros calzones, anchas casacas y chalecos floreados, que normalmente eran de colores claros. Un suave encaje sustituía a las gorgueras almidonadas y serias del siglo anterior; el conjunto se completaba con camisa blanca con chorrera y pañuelo al cuello.
4.6.2
El periodo revolucionario
Hasta finales de siglo no comenzó a variar el aspecto uniforme de los vestidos. En Francia (abocada a la revolución) la moda se hizo más rígida, más sofisticada y formalista. En Inglaterra, que se dirigía hacia un cambio social más ordenado y un desarrollo industrial explosivo, la moda cambió su tendencia normal y los dictadores de la moda se decidieron por el atuendo más práctico de las clases obreras. Mientras los franceses lucían rígidos brocados, los ingleses adoptaron los tejidos de lana y algodón.
A raíz de la Revolución Francesa se produjeron dos cambios radicales en la moda europea; así, la vestimenta se convirtió en objeto de propaganda ideológica de la nueva era. En el hombre se volvieron a imponer los pantalones después de 600 años; los revolucionarios adoptaron la vestimenta de las clases bajas en lugar de las medias y los calzones usados por la nobleza. Este traje revolucionario, que evolucionaría hasta llegar a ser el estilo ciudadano durante el siglo XIX, se componía de una casaca llamada carmagnole, un pantalón largo llamado sans-culotte, una escarapela tricolor, el gorro frigio y unos zuecos.
En la mujer hubo una vuelta consciente hacia lo que se consideraba el estilo griego clásico. Desaparecieron durante un par de décadas los corsés, los guardainfantes y las armaduras, que fueron sustituidos por tejidos ligeros de aspecto natural, cinturas altas, brazos desnudos y corpiños cortos. Sin embargo, a causa del caótico clima social que se vivía, aparecieron durante el periodo del Directorio tendencias absolutamente radicales o frívolas, como es el caso de los llamados incroyables, hombres que llevaban cuellos altísimos, grandes solapas, corbatas muy anchas, chalecos de colores estridentes y calzones. La exageración también estuvo presente en la moda femenina: las merveilleuses se vestían con tejidos finísimos, casi transparentes. A pesar del miedo a la Revolución que existía en otros países europeos, la moda francesa logró imponerse y afianzarse. Sedas, encajes y brocados desaparecieron del atuendo masculino y, durante un tiempo, también del femenino.
4.7
El siglo XIX
Vestimenta del siglo XIX
En este cuadro del pintor francés James Tissot, titulado Baile a bordo (1874, Tate Gallery, Londres), se puede contemplar la vestimenta femenina típica de la época victoriana. Las principales características de estas prendas eran los armazones o rellenos de crin de caballo que daban volumen a la parte posterior de las faldas y las chaquetas largas ajustadas a talle.

Durante el siglo XIX la vestimenta varió sus modos de producción. En su primera mitad apareció la mecanización en los procesos de estampación y también se produjeron una serie de mejoras en las máquinas de hilatura y tejeduría. En 1851 Isaac Merrit Singer modernizó las máquinas de coser, y en 1856 William Henry Perkin obtuvo la anilina, el primer tinte sintético. Además este siglo fue testigo del nacimiento de la confección tal y como se entiende hoy en día, a gran escala, y de la alta costura, creada por Charles Frederick Worth en 1856, año en que abrió su maison en París, en la que presentaba sus colecciones de temporada.
4.7.1
La primera mitad del siglo
A principios del siglo XIX, durante el Imperio napoleónico, se produjo una vuelta al formalismo y a lo recargado, aunque la moda no varió mucho. El vestido femenino presentaba una cintura excesivamente alta, y pretendía imitar las formas de la Grecia y la Roma antiguas. Se trataba de sencillos vestidos realizados en algodón, muselina, gasa o percal, que no necesitaban corsés o guardainfantes, y que se acompañaban con chales o boleros, muchos de ellos de cachemira, un tipo de tejido importado que supuso una durísima competencia para las sedas de Lyon. La restauración de la monarquía francesa en 1814 produjo una reacción en la moda femenina que trajo de nuevo los corsés, las crinolinas y las armaduras; a partir de la década de 1820 bajó el talle de la cintura, y surgieron las mangas de pernil (ahuecadas desde el hombro hasta el codo y muy estrechas en la muñeca).
En este momento, la moda femenina era dictada por Francia, mientras que en Inglaterra se decidían las tendencias masculinas; Inglaterra contaba además con una maquinaria textil superior, una avanzada industria de la lana y unos sastres más refinados. En cualquier caso, sería la burguesía la que marcaría estas tendencias.
4.7.2
La segunda mitad del siglo
En la década de 1850 surgieron los grandes almacenes, donde se comercializaban productos a precios más asequibles; también las revistas de moda comenzaron a desempeñar un papel importante en el desarrollo de la vestimenta; por último, la evolución de los transportes, con el consecuente crecimiento de las exportaciones, logró una democratización en el vestir.
A comienzos de la década de 1850 surgió el miriñaque, una enagua con aros metálicos (lo más habitual eran los hilos de acero), que sustituyó a la antigua crinolina, realizada con crin de caballo. De este modo las faldas se ensancharon enormemente, y dieron paso, una década después, al polisón. En este caso se trataba de una prenda también interior que realzaba el volumen en la parte trasera de la falda, que se rellenaba con materiales de distintos tipos. La industria de la ropa interior evolucionó notablemente, llegando a la creación del brassiére, el prototipo del moderno sujetador.
4.8
El siglo XX
Coco Chanel
La gran dama de la moda francesa, Coco Chanel, admira uno de los modelos estrella de su colección de verano de 1954, un vestido de volantes para la tarde elaborado en chiffon. Alejándose de los dictados tradicionales de la moda parisina, la diseñadora permitía que fotografiaran sus nuevas propuestas con total libertad.

Las guerras y las revueltas sociales trajeron los últimos cambios radicales de la historia del vestido europeo. Este siglo fue testigo del nacimiento y de la caída de la alta costura, de cómo surgió la confección, del papel decisivo de los jóvenes en la evolución de la moda, y de la transformación de esta en un producto masivo dentro de una sociedad de masas.
4.8.1
Los primeros 30 años
Con la entrada del nuevo siglo desaparece la Belle Époque, y con ella, las indumentarias propias del fin de siglo. En 1902 aparece el trotteur, el nuevo traje de chaqueta femenino, que descubre por primera vez el pie. Quizá el mayor cambio fue la eliminación del corsé en 1906 por los creadores Paul Poiret y Vionnet. Este fue un hecho significativo que acompañó la lucha de la mujer contra las limitaciones sociales y políticas. A partir de aquí comienzan las grandes revoluciones: en 1911 aparecen los primeros trajes de baño y las faldas pantalón.
A partir de la I Guerra Mundial, y después de cinco siglos, reapareció la silueta natural de la mujer con la posibilidad de dejar ver las piernas. Durante la contienda, la incomodidad de trabajar con traje largo impuso un cambio y, como suele ocurrir con todos los cambios repentinos, el ajuste fue brutal, ya que a mediados de 1920 las faldas habían subido hasta la rodilla.
Existieron sin embargo numerosas voces que criticaron estos cambios. En 1914 la Liga de Modistas Alemanas y las damas aristócratas parisinas denunciaron “la inmoralidad del nuevo traje”, molestas por la simplicidad de las nuevas confecciones. En Estados Unidos, donde la batalla fue feroz, la ley especificaba: “Se prohíbe a toda mujer llevar faldas o refajos cuyo borde, hallándose aquella en pie, se levante más de 15 cm del suelo… Serán multadas con 25 dólares las mujeres que, en sociedad, ofrezcan a los ojos del espectador demasiada parte de su cuerpo entre cabeza y cintura.”
La década de 1920 descubre a una nueva mujer que trabaja y que se atreve a mostrar las piernas. Las flappers, las chicas modernas e independientes, acortan las faldas por encima de la rodilla, se cortan y tiñen el pelo, llevan trajes y camisas, y descubren los trajes de baño. Mientras, los hombres se olvidan de la levita y la sustituyen por una chaqueta más ligera, la americana.
En la década de 1930 la modista francesa Coco Chanel revolucionó la forma de vestir de la mujer al incorporar a su guardarropa una prenda que hasta el momento había sido de exclusivo patrimonio masculino, los pantalones; a partir de ese momento cualquier experimento en el vestir ha pasado a ser considerado como moda.
La capital de la moda ya no será solo París: Hollywood comienza también a marcar las tendencias. Surge un nuevo estilo de mujer, definido por actrices como Greta Garbo o Katharine Hepburn: las faldas vuelven a alargarse, y triunfan los trajes de noche con grandes escotes en la espalda. Los hombres, que reciben también esta influencia a través de actores como Clark Gable o Cary Grant, usan amplios abrigos y esmoquin.
4.8.2
Las décadas de 1940 y 1950
En 1945 nace en Francia la revista Elle, dirigida por Françoise Giroud, que recoge todos los cambios de los últimos años. Christian Dior presenta dos años después su colección de la victoria, un intento por recuperar la hegemonía europea perdida, mientras, en Estados Unidos, Claire McCardell une moda y confección en sus ready to wear, versión americana del prêt-à-porter francés. Se trata de un sistema de fabricación y venta de moda realizada en serie y con diversas tallas. Esto supone la plena incorporación del diseño industrial al mundo de la moda, alcanzando pues el nivel de producto de masas.
Dior propone una vuelta a lo superfemenino: mucho glamour, cinturas de avispa y faldas largas. Sin embargo, la tendencia americana comienza su gran expansión, ya no solo desde Hollywood, sino también a través de sus propios creadores y, sobre todo, de la publicidad. La alta costura está guiada por Dior, pero poco a poco se van incorporando otros nombres: Cristóbal Balenciaga y su línea de saco o Chanel y sus trajes de chaqueta ribeteados.
La moda femenina viene marcada por actrices como Audrey Hepburn, Marilyn Monroe o Sofía Loren, sin olvidar la aparición del biquini a finales de la década de 1940. Surge en Estados Unidos como bañador de dos piezas, y se populariza en Europa pocos años después gracias a actrices de Hollywood como Brigitte Bardot. Los jóvenes comienzan a vestir con zamarras de cuero y vaqueros a lo James Dean, o camisetas de algodón a lo Marlon Brando. Italia entra también en la industria de la moda, de la mano de Emilio Pucci y su colección de punto adecuada para cualquier momento.
4.8.3
Las décadas de 1960 y 1970
La llegada de la década de 1960 supone la casi desaparición de la alta costura ante la avalancha de ideas nuevas y el triunfo del prêt-à-porter. Es el momento también del auge de la moda joven y de la aparición de la minifalda. Creada en 1964 por la diseñadora y modista británica Mary Quant, supuso la gran revolución juvenil de la década, que arranca desde un Londres vanguardista y en ebullición. Los hombres visten camisetas, vaqueros, pantalones pata de elefante, cazadoras de piel y trencas, y el traje clásico se renueva.
A partir de ese momento se impone el estilo hippie, la antimoda, los vaqueros, la tendencia unisex, la mini y la maxifalda, la moda espacial, los vestidos metálicos de Paco Rabanne, el pelo de colores, las camisetas con mensaje… La moda recoge el momento histórico de ebullición social que fueron estas dos décadas.
En los últimos años de la década de 1970, el deporte y la música marcan la indumentaria. La música disco y el punk rock influyen fuertemente en la moda y la estética, que se preparan ya para el cambio de la década de 1980.
4.8.4
Las décadas de 1980 y 1990
El inicio de la década de 1980 supone la llegada del yuppie, el prototipo del nuevo triunfador, vestido por Giorgio Armani de día y de Gianni Versace por la noche, y que tiene su réplica en la mujer ejecutiva. Resurge la alta costura, de la mano de Christian Lacroix y Karl Lagerfeld. A partir de este momento la moda se convierte en un espectáculo, con modistos showmen y top models según el modelo de la muñeca Barbie. Volantes, dorados, colorines, lentejuelas…, la moda pasa a convertirse en look, y aparecen las grandes cadenas de ropa barata.
Durante la década de 1990 se impone el estilo juvenil, deportivo e informal. Resurge lo hippie, el reciclado, lo artesanal, la antimoda…, y surge el grunge, el nuevo estilo/antiestilo, donde los vaqueros se desgarran y la ostentación se anula.
5
EL MUNDO NO OCCIDENTAL
Fuera de la esfera de influencia de Europa occidental la forma de vestir tiende a ser tradicional y las pequeñas variaciones locales se deben a la influencia de conquistas o migraciones. Cuando las culturas no occidentales entran en conflicto con las ideas occidentales, a menudo son las ropas tradicionales las que son sustituidas, como en el caso de la ropa precolombina en América Central y del Sur. Sin embargo en África, en Oriente Próximo y en el sur de Asia han sobrevivido muchos aspectos del traje tradicional y se aprecia la influencia, especialmente de las conquistas musulmanas, en la forma de vestir de diferentes áreas.
5.1
África
Vestimenta de Botsuana
El colorido vestido que lleva esta campesina de Botsuana está hecho con diferentes trozos de tela. Algunos de los motivos del estampado están realizados mediante el método tradicional del batik.

La ropa tradicional africana sigue, por lo general, la tradición del drapeado más que la del traje ajustado como cabría esperar del clima de este continente, y varía desde la saya corta al traje de abigarrado diseño. Puede detectarse una influencia oriental a lo largo del norte y en algunos lugares al sur del Sahara, así como en el este de África, donde puede encontrarse el traje cosido con una prenda exterior drapeada o, sobre todo, con un tipo caftán.
5.2
Oriente Próximo
Mujeres iraníes con chador
Estas mujeres iraníes ataviadas con el característico chador visitan un cementerio en Teherán destinado a las víctimas de la guerra Irano-iraquí. Las mujeres iraníes utilizan esta prenda de vestir desde el triunfo de la Revolución Islámica (1978-1979). Las nuevas autoridades obligaron a las mujeres a vestir de forma modesta, bien utilizando el chador o una especie de manto largo denominado manteau.

La indumentaria de Oriente Próximo, marcada por su larga y turbulenta historia, muestra una mezcla de influencias de épocas antiguas. Aunque en algunas regiones se encuentran estilos y formas diferentes, puede decirse que contiene una rica combinación de tradiciones en el vestir adaptadas y ajustadas al clima y a las actividades locales. La indumentaria de Oriente Próximo casi no había variado en muchos años y se seguía utilizando el traje tradicional de los antiguos tiempos en tejidos de seda oriental introducida a principios del Imperio bizantino. En las últimas décadas, la producción industrial de ropa occidental ha sustituido rápidamente a la producción manual del traje tradicional. Sin embargo, han vuelto algunas de las formas básicas del traje tradicional, lo que refleja el apogeo del nacionalismo y la vuelta a los valores fundamentalistas del islam.
5.3
India
Antes de las conquistas del siglo XVI, la ropa india (incluidos la saya y el elegante sari) parece que tuvo su origen en las prendas drapeadas antiguas de países cálidos. La influencia oriental, que llegó con el Imperio mongol, se aprecia sobre todo en la indumentaria de la corte. En realidad la influencia que ejerció este Imperio sobre el traje tradicional indio parece que fue bastante mayor que la influencia que tuvo la occidental del Imperio Británico.
A partir del siglo XII los conquistadores musulmanes reformaron de forma drástica el vestido en el norte de la India. Cubrieron el cuerpo al máximo e introdujeron en el atuendo masculino el jamah (traje de manga larga), el isar (pantalones anchos) y el farji (un traje largo para oficiales y profesores). La religión prohibía la seda para el hombre, por lo que la mayor parte de la ropa era de algodón o de lana. Estos estilos se conservan en la forma de vestir actual de Pakistán y Bangladesh. La mujer se vestía en un principio con pantalones, blusas largas y chaquetas cortas, pero después dieron paso a las faldas (con el sari como prenda exterior) y las blusas cortas, estilo que prevalece hoy día.
En el sur de la India el vestido mantuvo su forma tradicional compuesta por el dhoti y el sari, pero se le añadió la chaqueta larga para el hombre (la denominada chaqueta Nehru) y las blusas y faldas para la mujer. Estos estilos son actualmente los representativos de este país.
5.4
China
La forma de vestir china sigue siendo la tradicional clásica. A partir del siglo VII d.C., bajo la dinastía Tang, los diferentes colores y diseños indicaban el rango de la burocracia estatal. En las pinturas de la dinastías Song y Tang se representan complejos vestidos de oficiales y trajes sueltos de talle alto para la mujer. Las ciudades de estas primeras dinastías parece que fueron importantes centros de moda, especialmente bajo la cosmopolita dinastía Tang, época en la que se traían periódicamente nuevos estilos desde Asia central y otros lugares. Oficiales y profesores llevaban un gorro negro con alas como símbolo de su estatus. Después de 1391 la dinastía Ming introdujo los ‘cuadrados mandarín’ con dibujos de pájaros u otros animales para diferenciar los nueve rangos de la corte. Las mujeres de esta época llevaban, por lo general, faldas plisadas y chaquetas largas.
Los conquistadores manchúes, que en 1644 establecieron la dinastía Qing, introdujeron el estilo característico de los pueblos nómadas de la estepa. Abolieron los trajes tradicionales de corte y en su lugar introdujeron trajes oficiales hasta los pies (chaofu), con mangas largas realizadas en piel para montar a caballo, y trajes menos formales de manga ancha (jifu) y con colores y dibujos según el rango. Un sencillo traje largo (changfu) era el atuendo cotidiano para ambos sexos y para todas las clases sociales. Las mujeres conservaron algunos vestidos de estilo Ming pero solían utilizar trajes sueltos con cuellos altos. Los campesinos llevaban chaquetas de cuello alto y pantalones, que se forraban en invierno.
La prenda más característica del estilo chino moderno es el cheongsam, introducido en la década de 1920 como compromiso entre el estilo tradicional y la influencia occidental. Esta prenda, que podía forrarse en invierno, fue acortándose para adaptarse a la moda occidental. Con la llegada del comunismo en 1949 el gobierno impuso al pueblo el estilo de vestir campesino, imposición que solo comenzó a debilitarse en la década de 1960. La moda china actual tiende a seguir los dictados de las modas occidental, japonesa y china de ultramar.
5.5
Corea
Parece que la chaqueta, el pantalón y el abrigo se comenzaron a utilizar en Corea muy pronto, pero el traje típico de dos piezas (chaqueta ajustada y pantalones cortos casi siempre blancos) surgió probablemente en los primeros siglos de nuestra era. En el siglo VII d.C. los nobles copiaron los estilos de la dinastía Tang china, es decir, trajes amplios, chaquetas (turumagi) y pantalones voluminosos. A partir del siglo XV la mujer coreana comenzó a llevar faldas plisadas (ch'ima), cuyo talle fue subiendo gradualmente hasta acabar en la parte alta del cuerpo. Los campesinos siguieron llevando chaquetas y pantalones. El hombre adoptó el estilo chino con cuadrados mandarín en los turumagi como símbolo de su rango y un gran sombrero negro de ala ancha de pelo de caballo que, junto con los pantalones atados a los tobillos, forma el atuendo típico actual de los ancianos coreanos. El traje nacional de la mujer conserva la chaqueta corta, el corpiño y la falda de talle alto con una cinta ancha en la parte superior.
5.6
Japón
Novia cambiándose el vestido nupcial
En las familias samuráis del periodo Muromachi, después de la ceremonia nupcial la novia se cambiaba tres o cuatro veces al día el vestido blanco que había lucido durante la boda por otro de color. Durante el periodo Edo, este ritual tenía lugar después de una ceremonia llamada San-San-Kudo, durante la cual la futura pareja se intercambiaba la copa nupcial. Hoy día, aún se mantiene esta costumbre en Japón. Este grabado de Utagawa Kuniyoshi ilustra el momento en que una novia se cambia de vestido.
ARS Planning

Los primeros trajes japoneses conocidos son los representados en los haniwa (pequeñas estatuillas funerarias de barro del siglo III d.C.), a saber, chaquetas acampanadas para ambos sexos y pantalones amplios (hakama) para el hombre y falda plisada para la mujer. Durante el periodo Nara la nobleza adoptó el traje de corte chino, y en especial el traje largo, que más tarde pasó a ser el kimono que recuerda especialmente el estilo de vestir de la dinastía Tang china. Durante el periodo Nara el vestido de la nobleza evolucionó hacia complicados trajes de varias capas, con chaquetas amplias hasta la cadera y pantalones anchos para el hombre, y trajes largos para la mujer que ocultaban por completo su cuerpo. Los hombres llevaban diferentes tipos de bonetes de corte y las múltiples capas del traje de la mujer estaban ricamente decoradas con bonitos diseños diferentes en cada una de ellas. Las clases bajas llevaban túnicas cortas o chaquetas y pantalones. En la economía de trueque de la época la ropa sustituía con frecuencia al dinero. Todas las clases sociales llevaban sandalias o zapatos de madera.
La innovación más clara de los daimios y samuráis que dominaron Japón a partir de 1185 fue el kamishimo, una chaqueta sin mangas con hombros amplios que llevaba la insignia del clan. Como traje estándar masculino se adoptó el kimono y encima el hakama plisado, a veces con el kamishimo o el haori, un traje negro corto. Bajo los sogunes Ashikaga, la mujer de la clase alta comenzó a llevar un kimono de manga corta (kosode) con una faja (obi) y encima un kimono más amplio. Esto, junto con otro kimono furisode de mangas más largas para las mujeres más jóvenes y más tarde un traje haori, se convirtió en el atuendo femenino por excelencia. La faja se hizo más ancha y adornada y su lazo a la espalda más grande e historiado, ya que no se utilizaban sillas con respaldo. Con la Restauración Meiji en 1868 Japón se convirtió en el primer país asiático que adoptó oficialmente el traje occidental, especialmente para actos de la corte y militares. Aunque se mantiene el traje tradicional, Japón es uno de los centros y creadores de moda occidental con más éxito, imponiendo tendencias que son seguidas en todo el Este asiático.
5.7
Sureste asiático
Vestimenta tradicional indonesia
Estas ancianas de Dayak, en Indonesia, llevan un sarong y una kebaya, tradicionales del Sureste asiático. El sarong, que consiste en una tela de brillante colorido, se ajusta en la cintura y sirve de falda o vestido. La kebaya es una chaqueta de manga larga. Aunque los diseños y colores son variados, los indonesios por lo general emplean telas de algodón, que se cultiva en las islas.

La indumentaria en el Sureste asiático presenta una enorme gama de vestidos drapeados y pantalones que se asemejan a los de los antiguos persas y que combinan con un traje de mangas abiertas o un chaleco sin mangas. La aristocracia y las familias reales utilizan un traje de ceremonia de una elaboración y ornamentación impresionantes que recuerda a su arquitectura tradicional.

Fuente: Encarta.

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