El invento de la Iglesia de Sant Climent de Taüll





Iglesia de Sant Climent de Taüll, Lleida
Templo cristiano situado en Taüll, provincia de Lleida, uno de los ejemplos más notables que se conservan del grupo de iglesias de cubierta de madera del vall de Boí, pertenecientes al románico catalán de comienzos del siglo XII. Se trata de una pequeña iglesia de tres naves y cabecera triabsidal escalonada. La torre, de influencia lombarda, es uno de los más hermosos campanarios románicos catalanes.


Iglesia de Sant Climent de Taüll, templo cristiano situado en Taüll, provincia de Lleida (España), uno de los ejemplares más notables que se conservan del grupo de iglesias de cubierta de madera del vall de Boí, pertenecientes al románico catalán de comienzos del siglo XII.
Se trata de una pequeña iglesia de tres naves y cabecera triabsidial escalonada. La separación entre la nave mayor y las laterales se hace por medio de arquerías de medio punto que apoyan sobre columnas sencillas en las que se observa una leve línea de taqueado en lo que podría ser la huella de un inexistente capitel. Al exterior, el tratamiento de la cabecera es sobrio: se acusa el relieve de líneas verticales en la piedra para articular la fachada semicircular de los ábsides. La imposta superior de arranque de la cubierta se marca con una sucesión de pequeños arcos con ligeras dobladuras. Es de destacar, entre los rasgos sobresalientes de esta pequeña ermita, la torre que se alza desde uno de los laterales de la cabecera. De influencia lombarda, se trata, probablemente, de uno de los más hermosos y delicados campanarios románicos catalanes. La composición de los lienzos de fachada de la torre presenta seis cuerpos horizontales, que parecen tallados en la piedra, articulados también con pequeñas línea de arquerías. En cada uno de ellos se abre una composición de uno o varios huecos gemelos de medio punto con delicados intercolumnios. Se observa su distinto tratamiento, creciendo la huella del hueco en altura, como buscando aligerar la pesantez pétrea de la torre según se aleja de su base. En la decoración interior merecen destacarse los frescos sobre temas bíblicos del ábside central, que en la actualidad se exhiben en el Museo de Barcelona.


El invento de la Iglesia de San Martín de Frómista





Planta de San Martín de Frómista
La iglesia de San Martín de Frómista es uno de los ejemplos más antiguos de la arquitectura románica española. En planta se organiza en tres naves divididas en cinco tramos rematadas por tres capillas. A sus pies se elevan dos pequeñas torres cilíndricas. El transepto no sobresale como corresponde a una planta de tipo salón.



San Martín de Frómista
La iglesia de San Martín es la primera obra maestra del románico en Castilla y Frómista la más importante villa palentina del camino francés a Santiago. Fundada en 1035 por doña Mayor, viuda de Sancho el Mayor, como parte de un monasterio benedictino, su homogeneidad y unidad de estilo es total. Consta de tres naves terminadas en ábsides de tambor y crucero, que no destaca en planta. La decoración, tanto interior como exterior, es riquísima y de lo mejor del románico peninsular.

Iglesia de San Martín de Frómista, uno de los ejemplos más característicos de la arquitectura románica en España en lo que podría considerarse su mejor periodo, el denominado románico castellano-leonés. Dentro de este estilo también se enmarcan templos tan señalados como la catedral de Jaca y San Isidoro de León.
La iglesia de San Martín de Frómista (Palencia), hermosa pieza de arquitectura sobria y serena, se empezó a construir con anterioridad a la de San Isidoro. Fundada como templo monástico por doña Mayor, viuda de Sancho el Mayor de Navarra, se cree que las obras empezaron hacia el 1060. Su estructura en planta muestra tres naves, crucero alineado y cabecera triabsidial escalonada. Las tres naves son de igual altura, quedando ciega la central. Los ábsides acometen directamente al crucero. Los soportes que articulan la separación entre las naves son del característico tipo románico: un núcleo central al que se adosan medias columnas a los lados. De estos pilares arrancan arcos fajones que articulan la cubierta de cañón. Frómista tiene una cúpula con un gran tambor octogonal que preside volumétricamente todo el conjunto. En la decoración exterior de los ábsides destacan las molduras de tacos características jaquesas y las columnas tangentes de refuerzo. Al exterior se alzaban contrafuertes hoy eliminados por sucesivas restauraciones. La fachada principal está enmarcada por sendas torres de planta circular de sobriedad extrema. La decoración arquitectónica de San Martín ofrece elementos característicos como capiteles figurados, taqueado en la línea de arranque de las ventanas típicamente abocinadas, columnillas de articulación y arquivoltas en portadas.

El invento de la Iglesia de San Miguel de Lillo





San Miguel de Lillo
La iglesia de San Miguel de Lillo, en las afueras de Oviedo, formaba parte del conjunto palaciego del Naranco, construido por el rey Ramiro I. En la actualidad tan sólo se conserva una parte del edificio original, debido al derrumbe, en la edad media, de la nave oriental. En la imagen se observan las proporciones verticales características de la arquitectura prerrománica asturiana.

Iglesia de San Miguel de Lillo, iglesia localizada en el monte del Naranco, en las proximidades de Oviedo (España), que formó parte de un conjunto palatino construido por el rey asturiano Ramiro I en el año 848 (véase Prerrománico: arte y arquitectura).
Inicialmente la iglesia estaba dedicada a santa María, según reza una inscripción encontrada en un ara que se conserva actualmente en el Museo Arqueológico de Oviedo. Según las crónicas de la época, como la Crónica a Sebastián, debió de existir algún edificio anterior en el mismo lugar, que Ramiro I mandó renovar desde los cimientos. En el siglo XII, según la Crónica silense, el templo cambia de advocación, dedicándose al arcángel san Miguel, tras un derribo de gran parte del edificio. Del primitivo templo sólo ha llegado hasta nuestros días la parte occidental: el pórtico con dos cámaras laterales y el primer tramo de las tres naves de la iglesia.
Parece ser que la planta original derivaba de la usada en el templo de Santullano de los Prados, en Oviedo, siguiendo el modelo basilical habitual. Existen sin embargo algunas novedades constructivas: en primer lugar, la nave central se divide en cuatro tramos y se cubre con una bóveda de cañón seguido, mientras que las laterales, más bajas, se cubren con cañón perpendicular; por otro lado, las naves se separan con columnas y no con pilares rectangulares, que era lo habitual en la arquitectura astur de la etapa anterior.
Un elemento sobre el que se ha discutido largamente es la tribuna real que se sitúa sobre el portal en la parte occidental, y a la que se accede por dos escaleras ubicadas en las cámaras laterales. En la parte central de esta tribuna está el palco, y en los laterales, otras dos cámaras de función todavía desconocida. La tribuna se cubre con una bóveda de cañón longitudinal y se abre a la nave central a través de un arco toral.
La decoración del edificio se concentra en las jambas de la puerta de acceso bajo la tribuna real, las basas de las columnas (de las cuales sólo se conservan cuatro in situ; el resto se encuentra en el Museo Arqueológico de Oviedo), los fustes estriados, los capiteles y las celosías.
En la iglesia de San Miguel de Lillo son de gran importancia las celosías que cierran los vanos, y que funcionan como tamizador lumínico. Existen muchas en todo el edificio, con formas geométricas y con disposiciones radiales, que encuentran su precedente en el arte visigodo.
La decoración de las jambas parece inspirarse en el mundo clásico, concretamente, en los dípticos que los cónsules romanos enviaban cuando comenzaba su mandato: en este caso, se trata del díptico consular de Aerobindus, del año 506 d.C., que se conserva en San Petersburgo. En el centro de la imagen aparece el cónsul sedente, rodeado de dos funcionarios, e indicando el inicio de los juegos con su cetro. En la otra jamba aparece una escena circense: el domador enfrentándose al león, y al otro lado, un saltimbanqui saltando con la pértiga. Ambas jambas están profusamente decoradas en los bordes, y aunque la técnica es bastante ruda, se consideran uno de los primeros exponentes de portada historiada altomedieval.
También las basas presentan decoración: bajo arquerías sogueadas se pueden ver las cabezas de los cuatro evangelistas en sus pupitres y con su iconografía habitual, heredada del mundo visigodo. Se presenta pues una alegoría entre las basas como soporte del edificio y los evangelistas como soporte de la iglesia.
Por último, es importante aludir a la decoración pictórica que aún conservan los muros de San Miguel de Lillo. Además de restos aislados, se conserva en el muro sur una figura humana sentada en un trono color púrpura, de dudosa identificación, acompañada de otra figurilla de menor tamaño. La escena se enmarca con una magnífica cenefa a base de motivos geométricos.

El invento de la Iglesia de San Juan de Baños





Planta de San Juan de Baños
La iglesia de San Juan de Baños presenta en planta una curiosa estructura basilical a la manera visigótica: tres naves separadas por arquerías de herradura sobre columnas, ábside cuadrado y pórtico de acceso. En los extremos del crucero se alzan sendas capillas de planta cuadrada.


Iglesia de San Juan de Baños, iglesia cristiana situada en Baños de Cerrato, provincia de Palencia (España), uno de los más hermosos y originales templos visigodos por su estructura en planta. Según reza una inscripción en la parte superior del arco triunfal, fue fundada por el rey visigodo Recesvinto el 3 de enero del año 661, y recibe su nombre por la cercanía a un manantial de aguas, que, según la leyenda, curaron al monarca de una litiasis renal (véase Arte visigodo).
Las medidas de la iglesia son: 20 m de largo por 13 m de anchura máxima; el ábside central mide 3,90 m de ancho por 4,30 m de largo. Restaurada a principios del siglo XX, muestra en planta una curiosa estructura basilical a la manera visigótica: pórtico de entrada cuadrangular en correspondencia con la nave central; tres naves separadas por arquerías de herradura sobre robustas columnas; ábside central recto enmarcado por un gran arco en la cabecera con dos habitaciones no contiguas en ambos laterales, al que en una remodelación gótica se le añadieron otros dos espacios laterales que anularon este espacio libre y que constituyeron así la planta de la iglesia en un aula rectangular de tres naves y una cabecera tripartita recta. También es de época posterior la espadaña, añadida en el siglo XIX.
La cubierta de las naves es de estructura de madera y abovedada en la cabecera. Los fustes son de fábrica romana reutilizados, y los capiteles muestran una incipiente esquematización y el tosco intento de aproximación a los cánones romanos, siguiendo el modelo del orden corintio. Algunos de los cimacios muestran ornamentaciones geométricas típicamente visigodas.
La única decoración que se conserva es una serie de frisos utilizados en ocasiones como impostas, con ornamentación geométrica labrada a bisel: se trata de círculos secantes que forman florones de cuatro pétalos, y en cuyos espacios romboidales se insertan botones circulares. Destacan también sendas cruces patadas (cuyos extremos se ensanchan un poco), inspiradas en obras de orfebrería, en las claves del arco de entrada y del toral.
El conjunto de San Juan de Baños se presenta como un ejemplo de la enraizada tradición romana, a la que se unen las novedades visigodas propias de las formas arquitectónico-religiosas del reino visigodo de Toledo. Esta iglesia se aparta de los demás modelos visigóticos conocidos en España, y acusa un cambio respecto de la arquitectura del siglo VI. Se podría decir que es la que refleja más fielmente el arte de la capital toledana en la primera mitad del siglo VII.


El invento de la Iglesia de San Baudelio de Berlanga





Iglesia de San Baudelio de Berlanga
La iglesia de San Baudelio de Berlanga (provincia de Soria), es un edificio mozárabe que sobresale por sus pinturas murales y por el curioso pilar central sobre el que descansa el peso de la cubierta (en la imagen), del que salen ocho nervios a modo de palmera, en clara alusión al paraíso terrenal.

Iglesia de San Baudelio de Berlanga, tardío ejemplo de arquitectura mozárabe ubicado en Soria (España), construida a finales del siglo XI sobre una gruta eremítica, que probablemente custodiara las reliquias de san Baudelio, santo galorromano del siglo IV (véase Prerrománico: arte y arquitectura).
Presenta una curiosa organización espacial que se aparta un tanto de las primeras trazas mozárabes: la planta es un cuadrado que configura una única nave, de la que sobresale la cabecera, que es rectangular. Los muros tienen más de un metro de espesor.
Las grandes dimensiones del espacio principal, demasiado amplio para una única bóveda, generan una solución constructiva de cubierta un tanto ingeniosa: un robusto pilar cilíndrico central del que afloran, a modo de palmera (con una clara simbología religiosa, tanto cristiana como musulmana, del paraíso), ocho nervios en forma de arco de herradura, que se apoyan sobre ménsulas, y que van a parar unos en los ángulos, y otros en los comedios de los muros. En la parte superior del machón central se abre una diminuta cámara en nicho circular (una linterna cilíndrica), con una pequeña bóveda califal cordobesa de seis nervios, y cuyo destino se ignora.
A los pies de la iglesia se dispone, en dos plantas, lo que podría entenderse como una especie de pequeña mezquita por su estructura espacial: en la parte inferior alberga una columnata con 18 columnillas, sobre las que descansan arcos de herradura, y que da acceso a una cueva eremítica que posiblemente dio origen a la iglesia. En la parte superior se encuentra una tribuna, a la que se accede por una escalera adosada al muro, con una capilla de planta cuadrada, cubierta con una bóveda de medio cañón, y que probablemente fuera un espacio destinado a la comunidad monástica.
Los frescos de los muros, que datan del siglo XII, eran el único elemento decorativo de San Baudelio. Fueron realizados al temple sobre un ligero enlucido de yeso y con poca variedad de colores. Esta serie de frescos se deben a la mano de tres artistas locales: el primero, el llamado maestro de Maderuelo o primer maestro de Casillas, realizó todos los temas decorativos de bóvedas, arquerías y ábside, es decir, todas las escenas religiosas. En el ábside se sitúa la figura del cordero (alegoría de Cristo), el pantocrátor y otras escenas religiosas. El cuerpo central, realizado también por este primer maestro, se divide en dos series: la zona superior, donde se localizan motivos del ciclo de la Natividad, como la adoración de los Magos o la huida a Egipto, y la parte central, con escenas de la vida pública de Jesús, como la resurrección de Lázaro.
El segundo de los maestros que intervinieron es el llamado maestro de San Baudelio, que fue el encargado de realizar las escenas cinegéticas y de combate de la zona baja. Quizá sea esta la parte más original del conjunto, constituyendo un raro ejemplo de pintura medieval dedicada a temas profanos, con una profunda influencia orientalizante. Un tercer maestro, mucho más modesto, llevó a cabo las pinturas del interior del coro.
En 1922 veintitrés de los frescos, hasta entonces propiedad de los vecinos de Casillas, fueron adquiridos por el anticuario Leon Levi en nombre del americano Gabriel Dereppe. Las protestas fueron numerosas, pero en 1926 las piezas más importantes fueron arrancadas y fijadas en lienzos, y después, exportadas a varios museos de Estados Unidos. Tras muchas vicisitudes, finalmente fueron depositadas en el Museo del Prado, cedidas indefinidamente por el Metropolitan Museum de Nueva York.

El invento de la Iglesia de la Compañía de Guanajuato





Iglesia de la Compañía (Guanajuato), templo erigido por la Compañía de Jesús en la localidad mexicana de Guanajuato y una de las mayores iglesias jesuíticas de Nueva España.
Las obras comenzaron en 1746 bajo la dirección de Felipe de Ureña y finalizaron en 1765. En planta, el edificio se divide en tres naves separadas por pilastras. El principal interés del conjunto reside en sus cuatro portadas, tres en la fachada principal y una en la lateral, rematadas por frontones mixtilíneos. En ellas, hace su aparición el estípite, uno de los elementos característicos del barroco mexicano introducido en Nueva España por el arquitecto español Jerónimo de Balbás.
Sobre el vano central de la fachada principal se encuentra representada la Santísima Trinidad y, más arriba, sobre la ventana del coro, el fundador de la Compañía, san Ignacio de Loyola. El programa iconográfico de las otras dos portadas lo componen, entre otras, las imágenes de san Francisco de Borja, san Francisco Javier, san Luis Gonzaga y san Estanislao de Kotska. Sobre el crucero se eleva una altísima cúpula neoclásica que contrasta con el resto del conjunto.

El invento del Bautismo





Bautismo
El bautismo es el rito de iniciación en el cristianismo.

Bautismo (en griego, baptein, sumergir), en las iglesias cristianas, rito universal de iniciación, administrado con agua, normalmente en el nombre de la Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo) o en el nombre de Cristo. Las iglesias ortodoxas y baptistas administran el bautismo mediante la inmersión total. En otras iglesias, verter (afusión) y rociar (aspersión) son los ritos más comunes. La mayoría de las iglesias consideran el bautismo como un sacramento, o un signo de gracia; algunas lo consideran simplemente como una orden o rito mandado por Cristo.
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ANTECEDENTES DEL BAUTISMO
El agua se utilizaba como símbolo de purificación en muchas religiones desde fechas muy lejanas. En el mundo antiguo, las aguas del Ganges en India, del Éufrates en Babilonia, y del Nilo en Egipto se utilizaban para baños sagrados. El baño sagrado era también conocido en cultos mistéricos helenos.
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BAUTISMO JUDÍO
La ley judía establecía la utilización del agua como limpieza ritual (Lev. 11,25-40; 15,5-7); y Elisha ordenó al dirigente sirio Naaman que se sumergiera en el río Jordán para ser limpiado de lepra (Re. 2,5). Antes del siglo I d.C., se pedía a los conversos al judaísmo que se bañaran (o bautizaran) ellos mismos como signo de aceptación de la alianza (tebilath gerim). Algunos de los profetas consideraron más tarde que los exiliados judíos que volvían a casa cruzarían el río Jordán y serían rociados con su agua para ser limpiados de sus pecados antes del establecimiento del reino de Dios (Ez. 36,25). En esta tradición, el contemporáneo de más edad que Jesús, Juan Bautista, urgió a los judíos a bautizarse en el Jordán para la remisión de sus pecados (Mc. 1,4).
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BAUTISMO CRISTIANO
Jesús fue bautizado por Juan al principio de su ministerio público (Mac. 1,9-11). Aunque no está claro que el propio Jesús bautizara, el Cristo resucitado ordenó a sus discípulos que predicaran y bautizaran a los pueblos (Mat. 28,19) como señal de la venida de la ley de Dios. Así, desde el principio, el bautismo se convirtió en el rito cristiano de iniciación (He. 2,38).
Al igual que el bautismo de Juan, el bautismo cristiano se realiza para la remisión de los pecados. Muy influido por la doctrina de san Pablo, vino a ser entendido también como participación en la muerte y resurrección de Cristo (Rom. 6,3-11). Es también el camino sacramental por el que los conversos reciben los diferentes dones del Espíritu Santo (He. 19,5-6; 1 Cor. 1,12). El bautismo era con frecuencia llamado iluminación en la Iglesia primitiva. Vino a ser considerado también como la renuncia al mundo, al demonio y la carne, así como un acto de unión a la comunidad de la Alianza.
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DESARROLLO DEL RITO
El rito del bautismo se fue adornando gradualmente. Los primitivos escritos cristianos, tales como el Didaké, describen un servicio muy sencillo. Alrededor del siglo III, sin embargo, el bautismo se convirtió en una liturgia elaborada. La Tradición Apostólica (c. 215), del teólogo san Hipólito, describe, como parte del rito, un ayuno preparatorio y de vigilia, una confesión de los pecados, la renuncia al demonio y un lavado con agua, seguido de una imposición de manos o unción con aceite. En la Iglesia occidental, la imposición de manos y la unción evolucionaron hacia un sacramento diferente de la confirmación.
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BAUTISMO DE NIÑOS
Bautismo infantil
A finales del siglo IV y comienzos del V, san Agustín sentó las bases de la liturgia del sacramento del bautismo administrado a los recién nacidos. Según él, las personas nacen con inclinación hacia el pecado ya que, como descendientes de Adán y Eva, comparten el pecado original. En la Iglesia católica, al neocristiano se le echa agua bendita sobre la cabeza para limpiar su alma y prepararle para imitar a Cristo, que también recibió este sacramento de san Juan Bautista.

Probablemente los niños eran bautizados en la Iglesia primitiva, siguiendo la filosofía judía de que incluso los niños más jóvenes pertenecen a la comunidad de la alianza. La Tradición Apostólica habla explícitamente de ello. Sin embargo, puesto que los pecados eran considerados como imperdonables (o podían ser perdonados sólo una vez), el bautismo era con frecuencia pospuesto todo lo posible. Sin embargo, entre los siglos IV y VI, debido a que la actitud con respecto a los pecados cometidos después del bautismo fue más tolerante (por el desarrollo de la costumbre de la penitencia) y a que aumentó el miedo a morir sin ser bautizados, el bautismo de los niños se convirtió en una premisa obligatoria.
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BAUTISMO EN IGLESIAS PROTESTANTES
La mayoría de las iglesias protestantes adoptaron puntos de vista y prácticas tradicionales con respecto al bautismo, aunque con frecuencia, haciendo hincapié en su carácter de alianza más que en su relación con el pecado. Baptistas y anabaptistas, sin embargo, insisten en el bautismo en la edad adulta, apoyándose en la doctrina de que sólo los adultos pueden ser culpables de actos pecaminosos, de arrepentimiento, y la comprensión de la doctrina de la salvación, punto de vista también adoptado por las iglesias pentecostales y los grupos neopentecostales.

El invento de la La iglesia urbana





La llegada de los misioneros españoles a la América colonial y su trabajo como difusores de la fe católica en el Nuevo Mundo tuvo una importancia decisiva en el desarrolló de la arquitectura religiosa y de las diferentes tipologías asociadas a ella, como el convento, el monasterio o la iglesia. En este fragmento se analizan las principales características de las iglesias urbanas durante el periodo neoclásico.
Fragmento de Arquitectura y urbanismo en Iberoamérica.
De Ramón Gutiérrez.
Capítulo XI.
A través de lo señalado la iglesia se presenta como un complejo arquitectónico que a su vez adquiere diversos rangos y categorías.
Las Leyes de Indias jerarquizan la ubicación urbana de la iglesia Mayor, base de la parroquia inicial (Matriz) y eventualmente de la sede episcopal (cátedra). Indican su localización en la Plaza Mayor o de Armas y con carácter aparente es decir privilegiando su imagen arquitectónica dentro del conjunto.
Las catedrales tenían generalmente adyacente una iglesia más pequeña, bajo la advocación del Sagrario, a veces de planta central (México, Quito) y generalmente paralela al templo catedralicio (Bogotá, Lima), aunque no faltan diseños perpendiculares (Concepción, Chile).
El intento de jerarquizar el templo dentro del conjunto que rodea la plaza se nota tanto en el otorgamiento de mayor volumen de tierras (hasta la manzana en algunos casos) como en su ubicación sobreelevada en gradas que le confiere un aspecto dominante.
No faltarán aún soluciones de este tipo en pueblos de formación orgánica y de topografía quebrada donde la iglesia se coloca en alto aprovechando cerros o morros (Taxco, México, Nuestra Señora de Gloria de Outeiro, Río, Brasil). Finalmente un caso paradigmático lo constituirán las iglesias del Paraguay ubicadas en el centro de la plaza, exentas y por ende con posibilidad de ser vistas y recorridas exteriormente en su totalidad (Yaguarón, Emboscada, Capiatá, etcétera).
La inserción del templo matriz dentro de la trama urbana no constituirá la única expresión posible. En general el sistema de parroquias periféricas a la original se sustentará en las iglesias conventuales ubicadas en muchos casos en solares equidistantes a la plaza mayor desde el trazado fundacional.
Además de la utilización de iglesias conventuales, en aquellos núcleos de gran población indígena se estructura una constelación de iglesias parroquiales que sirven a los barrios periféricos y que diferencian los centros de «españoles» y «naturales». Podemos sumar a este cuadro otros tipos de iglesias, incorporadas al ámbito urbano: las iglesias de hospitales y beaterios, las ermitas colocadas en las afueras del poblado, las capillas de cementerios y los oratorios instalados en las viviendas urbanas, todas ellas con sus propios partidos arquitectónicos demostrando a la vez la permanente presencia de lo religioso en el urbanismo colonial. La proyección de la fachada-retablo es un complemento.
Dentro de la trama urbana lo usual es que la iglesia presente una fachada dominante hacia un atrio y eventualmente una cara lateral; la catedral de Panamá, Lima, o de Córdoba (Argentina), ejemplificarían este último caso.
Casos similares con adición de iglesias podemos indicar con las Ordenes Terceras Franciscanas en Bahía (Brasil), Arequipa (Perú) o Buenos Aires (Argentina) o de capillas específicas para el adoctrinamiento de indios tal como vemos en los templos jesuíticos de Bogotá, Cusco y Córdoba.
Notable era el de San José de los Naturales en México cuya planta se aproximaba a la de una mezquita.
Todo ello nos enfrenta con una gran variedad de tipologías urbanas a las que deberíamos sumar en los primeros tiempos de la conquista la tendencia a ocupar todo un frente de la plaza mayor con la iglesia colocada en sentido longitudinal, criterio adoptado frecuentemente en el virreinato del Perú (Quito, Cuenca, Checacupe, Huaracondo, Chucuito, Arequipa).
Fuente: Gutiérrez, Ramón. Arquitectura y urbanismo en Iberoamérica. Madrid: Ediciones Cátedra, 1984.

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