El invento de la Iglesia de Escocia






Iglesia de Escocia, iglesia nacional escocesa, formada durante la Reforma; también recibe el nombre de Auld Kirk (en escocés, 'iglesia antigua'). Esta iglesia, cuya doctrina es calvinista y su política presbiteriana, cuenta entre sus miembros con la gran mayoría de los escoceses presbiterianos.
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HISTORIA
John Knox
En diciembre de 1560 John Knox convocó la primera asamblea de la Iglesia de Escocia en Edimburgo. Knox introdujo los estrictos códigos de la doctrina presbiteriana en Escocia. En oposición a la importancia que Juan Calvino otorgó a la burguesía, Knox predicó la idea de los ‘elegidos’ para los campesinos de la Escocia del siglo XVI. Su credo protestante se convirtió en un símbolo del nacionalismo escocés.

El primer paso para lograr establecer una fe protestante en Escocia fue dado a raíz de la creación de la Primera Alianza, conocida también como la Congregación del Señor, firmada en Edimburgo el 3 de diciembre de 1557. En 1560, después de la destitución de María de Guise, la regente católica de Escocia, el Parlamento escocés abolió el sistema de culto católico, ratificando la llamada Confesión Escocesa, confesión de fe creada en gran parte por el reformador escocés John Knox, y de gran semejanza con las confesiones adoptadas por todas las otras iglesias reformadas de Europa. Knox también fue un adelantado al crear el esbozo del Primer Libro Disciplinario (1560), una exhaustiva constitución creada para la Iglesia Reformada escocesa.
El 20 de diciembre de 1560 se convocó la primera asamblea general de la Iglesia de Escocia, en Edimburgo. Como resultado de los esfuerzos de Knox y de Andrew Melville, otro reformador religioso, el calvinismo presbiteriano fue reconocido como la religión oficial de Escocia. El Segundo Libro Disciplinario fue adoptado en 1577. En 1592, el rey escocés Jaime VI, quien más tarde sería el rey Jaime I de Gran Bretaña, dio su consentimiento para que el Parlamento escocés aprobara la llamada Acta Dorada, con la que se les otorgaba una posición legal a las cortes eclesiásticas presbiterianas, y se revocaba el poder absoluto que hasta entonces el rey había tenido sobre el gobierno de la Iglesia. Después de la unión (1603) de las coronas de Escocia y Gran Bretaña, el rey Jaime tomó medidas para volver a imponer su autoridad episcopal en una Escocia subyugada. Sus sucesores Carlos I, Carlos II y Jaime II siguieron su misma política.
Durante la Guerra Civil inglesa, los presbiterianos escoceses e ingleses unieron sus fuerzas. En 1643, un grupo de clérigos presbiterianos escoceses e ingleses, conocidos como la Asamblea de Westminster, formularon las Normas de Westminster, que comprendían las Confesiones de Westminster y los Catecismos de Westminster que son una exposición clara y autorizada de la teología calvinista y del gobierno de la Iglesia Presbiteriana. El sistema episcopal de la iglesia de Escocia fue restablecido en 1661, después de que Carlos II recuperara el trono británico; como parte del Acta de Asentamiento, fue reemplazado nuevamente por el presbiterianismo (1701), adoptándose las normas de Westminster.
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FORMACIÓN DE LA IGLESIA MODERNA
Un número importante de grupos disidentes se separaron de la Iglesia durante los siglos XVII y XVIII; se oponían a su sistema de elecciones y a la mundanería de algunos de sus funcionarios. Entre ellos estaban los cameronianos, quienes se separaron en 1681, siendo conocidos más tarde como la Iglesia Presbiteriana Reformada de Escocia. El Presbiterio Asociado, otra entidad disidente, se retiró en 1733 y fue reorganizada en 1745, lo mismo que el Sínodo Asociado que fue refundado en 1842 con el nombre de Sínodo de los Disidentes Originales Unidos. La mayor parte de sus miembros se afiliaron en 1852 con la Iglesia libre de Escocia. Un tercer grupo que se autodenominaba Presbiterio del Consuelo (llamado más tarde el Sínodo del Consuelo), en 1761 se separó.
En 1847, el Sínodo del Consuelo se unió a la Secesión Unida, una coalición de sectas separatistas, para formar la Iglesia Presbiteriana Unida de Escocia. En 1900, la Iglesia presbiteriana unida se unió con la Iglesia libre, formando la Iglesia libre unida de Escocia, que 29 años más tarde se unió a la Iglesia de Escocia.


El invento de la Iglesia anglicana





Iglesia anglicana o Iglesia de Inglaterra, nombres que recibe la Iglesia nacional surgida en Inglaterra tras la Reforma protestante. Por la segunda de las acepciones también se reconoce a la antigua Iglesia cristiana inglesa, cuyos orígenes se remontan a la propia llegada del cristianismo a este país.
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PRIMITIVA IGLESIA CRISTIANA DE INGLATERRA
La evidencia histórica más antigua e indiscutible de la existencia de una Iglesia cristiana en Inglaterra se encuentra en escritos de los primeros años del siglo III, pertenecientes a padres de la Iglesia latina, tales como Tertuliano y Orígenes, a pesar de que lo más probable es que las primeras comunidades cristianas se establecieran algunas décadas antes. Se sabe que hubo tres obispos ingleses presentes en el Concilio de Arlés (314). Otros asistieron al Concilio de Sardica (actual Sofía) en el 347, y al de Ariminum en el 360. También fueron hallados en los escritos de los padres del siglo IV un gran número de datos referentes a la Iglesia de la Bretaña romana.
La disciplina y los ritos de la Iglesia primitiva de Inglaterra fueron introducidos principalmente por misioneros y monjes celtas y galos, hasta la llegada de san Agustín de Canterbury y de su grupo de misioneros de Roma en el 597. A partir de esa fecha, se uniformaron las prácticas del culto de los celtas y de los romanos, especialmente en el método para calcular la fecha de la Pascua, respecto de la organización de los monasterios y de las responsabilidades del clero. Estos asuntos fueron resueltos en el Sínodo de Whitby (664), cuando se tomó la crucial decisión de incrementar la unión con la Iglesia de Irlanda y de someter la organización de la Iglesia inglesa a la disciplina romana. Durante los cuatro siglos siguientes, la Iglesia inglesa sajona mostró los mismos niveles de crecimiento y de desarrollo que caracterizó, en toda Europa, a la Iglesia altomedieval. Después de la conquista normanda (1066), la influencia continental en Inglaterra hizo que se estrechara la unión entre la Iglesia y el Papado. Tanto en Inglaterra como en el resto de Europa se dejaron sentir las fuertes manifestaciones de poder del Papado, entre finales del siglo XI y comienzos de XIII (desde el papa Gregorio VII hasta Inocencio III), y la influencia y los privilegios del clero se extendieron, incluso a asuntos de tipo secular. Durante el periodo medieval, muchas veces los reyes ingleses pretendieron limitar el poder de la Iglesia y exigieron su independencia del Derecho canónico, sin haber logrado éxito alguno hasta que subió al trono el rey Enrique VIII.
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IGLESIA NACIONAL
Las acciones del Parlamento entre 1529 y 1536 marcaron el inicio de la Iglesia anglicana como iglesia nacional, independiente de la jurisdicción papal. El gran contratiempo que le provocó al rey Enrique VIII la negativa que recibió de parte del papa Clemente VII con respecto a la anulación de su matrimonio con Catalina de Aragón, indujo al Parlamento inglés a crear una serie de estatutos que rechazaban todo poder y jurisdicción papal sobre la Iglesia de Inglaterra. El rey reafirmó el antiguo derecho de los príncipes cristianos a ejercer la supremacía sobre los asuntos de la Iglesia que estaba dentro de sus dominios. Citó precedentes respecto de las relaciones entre la Iglesia durante el Imperio romano de Oriente y hasta el siglo IX, bajo Carlomagno. A pesar de que su actuación resultó convulsiva, Enrique VIII fue apoyado de forma abrumadora por los ingleses, tanto clérigos como laicos. Principalmente, porque no se introdujeron cambios drásticos ni en la fe católica ni en las prácticas religiosas a que estaban acostumbrados los ingleses. Después de la muerte del rey Enrique VIII, en Inglaterra se hizo sentir con más fuerza la influencia de la Reforma, y en 1549 se publicó el primer libro de oraciones anglicanas, estableciendo la obligatoriedad de que fuera usado por los clérigos ingleses; el hecho quedó refrendado por el Acta de la Uniformidad. El segundo libro de oraciones, que refleja con más fuerza la influencia del protestantismo continental, fue editado en 1552, seguido al poco tiempo por la publicación de los Cuarenta y dos artículos, un estatuto doctrinal de similares características. Con el ascenso al trono de María I Tudor en 1553, ambos libros fueron suprimidos. Esta reina hizo que Inglaterra volviera a someterse de modo oficial a la obediencia al papado, situación que duró hasta 1558, año en que murió.
En 1558 surgió una controversia religiosa en Inglaterra, cuando la reina Isabel I sucedió en el trono a María I. Fueron reimplantadas la mayoría de las leyes eclesiásticas de Enrique VIII, y con el Acta de Supremacía se definió en forma más específica la autoridad de la Corona sobre la Iglesia. En otra Acta de Uniformidad, se estableció el uso de un libro de oraciones habituales que evitaba los excesos permitidos por el segundo libro de oraciones protestantes. Durante el reinado de Isabel I creció mucho el poder de los puritanos, se volvieron más insistentes sus demandas con respecto a nuevas reformas dentro de la Iglesia anglicana y se orientaron más hacia el protestantismo de Ginebra y de otros centros religiosos de la Europa continental. Con el ascenso al trono de Inglaterra del primer monarca de la familia de los Estuardo, Jacobo I (1603), la inquietud en torno a los cambios religiosos se asoció muy directamente con los conflictos que existían entre el Parlamento y el absolutismo de los Estuardo. Alrededor de 1645, el partido del Parlamento tuvo la suficiente fuerza para declarar como fuera de la ley el uso del libro de oraciones; en 1649, Carlos I, rey de Inglaterra, fue ejecutado, y quedó derrocada así, aunque sólo temporalmente, la monarquía inglesa.
En 1662, tras la llegada al poder de Carlos II, una tercera Acta de Uniformidad volvió a solicitar la utilización del libro de las oraciones, edición en la que venían revisados y corregidos los puntos esenciales. Surgió un nuevo problema en la Iglesia anglicana cuando el rey Jacobo II trató de reimplantar la práctica del catolicismo romano en Inglaterra. Sin embargo, se vio obligado a ceder su trono tras la revolución de 1688 a Guillermo III y a María II.
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MOVIMIENTOS POPULARES
Ordenación de mujeres
Mujeres diáconas esperando ser ordenadas, las primeras de la Iglesia anglicana. Estas 32 mujeres fueron ordenadas en marzo de 1994, durante una ceremonia celebrada en la catedral de Bristol.

Desde el siglo XVII, los sucesivos movimientos dentro de la Iglesia anglicana la han ampliado considerablemente, tanto en el plano espiritual como en el eclesiástico. En el siglo XVIII, y con el renacimiento evangélico, se infundió a la religión popular de la Iglesia oficial un nuevo sentido de piedad y de consagración personal, logrando así que la gente entendiera más en profundidad la responsabilidad que recae sobre el cristianismo con respecto a las misiones, a la educación religiosa y a los males morales y sociales de la época. Lo que impulsó este movimiento fueron los escritos de John Wesley y de sus seguidores, muchos de los cuales se alejaron de la Iglesia anglicana para convertirse al metodismo. Durante el siglo XIX, un grupo de clérigos de la Universidad de Oxford inició un movimiento cuyo propósito fue reincorporar a la herencia espiritual de la Iglesia anglicana elementos del catolicismo que habían sido respetados durante los años de la Reforma. Los miembros de la Iglesia baja, considerando que su piedad y sus prácticas religiosas eran muy similares a las principales características del protestantismo, temieron una tendencia excesiva hacia las creencias y prácticas del catolicismo, por la influencia de los miembros de la alta Iglesia (que preferían que existiera una mayor adhesión a los sacramentos y a la liturgia católicos). A pesar de este temor, el Movimiento de Oxford de la Iglesia alta prosperó, y transformó la imagen de la Iglesia anglicana. Dio un nuevo énfasis a la belleza y dignidad de las prácticas religiosas y a los centros donde se llevaba a cabo el culto. Más tarde, el movimiento amplió su preocupación a los asuntos teológicos de la Iglesia, al antiguo catolicismo, al carácter apostólico del ministerio, a los sacramentos, a la pastoral y al significado de sus principales credos. El hecho de que dentro de la Iglesia anglicana pudieran prosperar tanto el movimiento evangélico de la Iglesia baja como el Movimiento de Oxford de la Iglesia alta, ilustra la amplitud y la flexibilidad de la fe y de las prácticas de la tradición anglicana, en la que siempre se ha dado la verdadera coexistencia, a lo largo de los años, de las tendencias de las dos iglesias, la alta y la baja. Durante los últimos años del siglo XIX existió también el movimiento de la Iglesia tolerante. Estaba formada por aquellos anglicanos que se sentían en una posición intermedia entre los partidarios de la alta y de la baja Iglesia. Formaba parte de este movimiento, entre otros miembros eminentes de la Iglesia, el educador británico Thomas Arnold. Esta integración de tendencias tan divergentes, ha ocasionado controversias y tensiones dentro de la Iglesia anglicana, pero muchos anglicanos tienen la firme convicción de que el carisma de esta Iglesia es el espíritu de comprensión con que mantiene unidos puntos de vista tan distintos.
La fundación de una Iglesia episcopal protestante independiente en Estados Unidos data de la época de la guerra por la independencia, cuando los miembros de la Iglesia anglicana de las primeras colonias no pudieron continuar su adhesión a la Iglesia madre, cuya sede central estaba al otro lado del océano. Se establecieron así otras iglesias, formadas todas en torno a la Iglesia anglicana, movimiento que recibió el nombre de Comunión anglicana. Independientes y separadas de la Iglesia anglicana, de Irlanda y Gales, y de la Iglesia episcopal de Escocia, estaban las iglesias anglicanas de Canadá, Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda, África occidental, África Central, República de Sudáfrica, India, China, Japón, y de las Antillas. Estas iglesias, y sus muchas misiones, se distribuyen por casi todo el mundo, entre personas de distinto origen, pero que se han asimilado a la cultura anglosajona. Constituyen una comunidad unida en torno a una fe y prácticas religiosas comunes.
Uno de los puntos de discusión más críticos dentro de la Iglesia anglicana contemporánea se refiere al de la ordenación de mujeres. A pesar de que existían precedentes de sacerdotisas dentro de la Iglesia americana episcopal, el que se oficializara esta práctica contaba con la oposición de uno de cada diez sacerdotes y miembros de la comunidad laica. El estatuto que establecía que “no existen objeciones fundamentales para la ordenación de mujeres” fue aprobado por primera vez durante el sínodo general de la Iglesia de Inglaterra en 1975; las primeras mujeres diáconos fueron ordenadas en 1987. El sínodo general finalmente otorgó su aprobación para la ordenación de mujeres en 1992. La aprobación parlamentaria fue votada el año siguiente, y el 12 de marzo de 1994 fueron ordenadas las primeras 22 sacerdotisas de la Iglesia anglicana. Sin embargo, un grupo de sacerdotes que no estaban dispuestos a aceptar la decisión, y que por lo general sostenían las posiciones de la Iglesia alta, se retiraron de ésta, siendo recibidos por la Iglesia católica. Se organizó un sistema de visitadores episcopales provinciales para regir las parroquias que se negaban a aceptar a las mujeres sacerdotes.
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DOCTRINA
Catedral de Canterbury
La catedral de Canterbury, uno de los más ilustres ejemplos de la arquitectura gótica en Gran Bretaña, guarda el sepulcro de santo Tomás Becket y es también el centro administrativo de la Iglesia anglicana. El arzobispo de Canterbury es el primado de toda Inglaterra y el primer prelado de la comunión anglicana. La estructura eclesiástica de la Iglesia anglicana, junto con su teología protestante, es una de sus mayores características.

La doctrina de la Iglesia anglicana se basa en el libro de oraciones habituales que contiene los antiguos credos de un cristianismo no dividido. En segundo lugar, se basa en los Treinta y nueve artículos, que son interpretados según el libro de las oraciones. Hacen un llamamiento a los primeros cuatro concilios generales de la Iglesia cristiana, las Sagradas Escrituras interpretadas por “los padres de la Iglesia y los antiguos obispos”. La Iglesia anglicana difiere de la Iglesia católica principalmente en su rechazo del Papado, tanto en el aspecto de su jurisdicción sobre la Iglesia como en relación a su infalibilidad a la hora de promulgar la doctrina cristiana y la verdad moral, y en su rechazo de doctrinas y modos característicos de Roma. Como se ha dicho, y también a diferencia de la Iglesia católica, la Iglesia anglicana autoriza la ordenación femenina. La Iglesia anglicana difiere muy poco de la Iglesia ortodoxa oriental. Por otro lado, la Iglesia anglicana y sus iglesias hermanas en la Comunión anglicana difieren de la mayoría de las iglesias protestantes porque exigen que los obispos sean los que ordenen al clero, pastores y diáconos; en la estructura y matices de sus servicios litúrgicos, que son traducciones y versiones revisadas de los servicios que celebraba la iglesia antes de la Reforma, y en la orientación espiritual, en la que la herencia católica sacramental se combina con el énfasis bíblico y evangélico que acentuaron con la Reforma.
En agosto de 2003 la Iglesia anglicana estadounidense, que agrupa a dos millones y medio de feligreses, dio un paso histórico al nombrar el primer obispo públicamente homosexual de la historia de la cristiandad. Una semana después autorizaba a sus párrocos, en otro gesto sin precedentes, la celebración de matrimonios entre personas del mismo sexo. Ante el fuerte rechazo del resto de diócesis anglicanas repartidas por el mundo, el arzobispo de Canterbury convocó un concilio para abordar este conflicto. A comienzos de 2005, y por este motivo, la Iglesia anglicana exigió a las diócesis de Estados Unidos y Canadá que retirasen voluntariamente a sus miembros del Consejo Consultivo Anglicano.

El invento de la Iglesia católica apostólica romana





Iglesia católica apostólica romana, denominación de la iglesia cristiana de mayor importancia e implantación en el mundo. En cuestiones de fe, sus componentes reconocen la autoridad suprema del obispo de Roma, el papa. La palabra católico (del griego katholikos, ‘universal’) se utiliza para designar a esta Iglesia desde su periodo más temprano, cuando era la única cristiana. Gracias a una sucesión episcopal ininterrumpida desde san Pedro hasta nuestros días, la Iglesia católica apostólica romana se considera a sí misma la única heredera legítima de la misión que Jesucristo encomendó a los doce apóstoles así como de los poderes que les otorgó. Ha ejercido una profunda influencia en la cultura europea y en la difusión de los valores de ésta en otras culturas. Tiene gran importancia numérica en Europa y América Latina, aunque también es considerable su influencia en otras partes del mundo. Al comenzar el siglo XXI, contaba con 1.083 millones de seguidores (un 17% de la población mundial).
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ORGANIZACIÓN Y ESTRUCTURA
De acuerdo con la tradición cristiana primitiva, su unidad fundamental de organización es la diócesis, asignada a un obispo. La Iglesia católica está integrada por aproximadamente 1.800 diócesis y 500 archidiócesis, las cuales, en la actualidad, no son más que sedes más distinguidas sin la jurisdicción especial que mantenían antaño sobre los obispos cercanos. La iglesia más importante de una diócesis es la catedral, donde el obispo preside la misa y otras ceremonias. La catedral contiene la cátedra (del latín cathedra, ‘silla’) episcopal, desde donde el obispo predicaba a la comunidad en los primeros tiempos.
2.1
El obispo
El obispo posee el oficio litúrgico más importante de la diócesis. En síntesis, se distingue de un sacerdote en la capacidad de conferir las órdenes sagradas y de otorgar de forma habitual el sacramento de la confirmación. El obispo también ostenta el más alto poder jurídico: tiene derecho a admitir sacerdotes en su diócesis y a prohibirles el ejercicio dentro de ella; se encarga asimismo de asignar parroquias u otras tareas a los sacerdotes que están a su cargo. Por lo general, el obispo delega los problemas administrativos en su vicario, su canciller u otros funcionarios. En diócesis muy amplias puede recibir la ayuda de obispos auxiliares.
2.2
El clero
El clero secular y regular se encuentra bajo la directa jurisdicción del obispo. No se compone de miembros de órdenes o congregaciones religiosas, sino de los que han sido incorporados de una forma permanente a la diócesis bajo la autoridad del obispo local. Lo forman los sacerdotes de las parroquias y los que en ellas se encuentran destinados.
Sin embargo, el clero regular se debe ante todo a sus órdenes o congregaciones, que generalmente van más allá de las fronteras de una sola diócesis. Mientras trabajen en ella deben respetar las decisiones del obispo en las cuestiones públicas referidas al culto, pero disfrutan de una gran libertad en el ejercicio de sus funciones. Lo mismo puede decirse de las monjas (y también, en su caso, las hermanas) y de los monjes, que pertenecen a una congregación pero que no forman parte del clero. Su tarea principal suele consistir en la atención a las escuelas, los hospitales y otras instituciones de caridad de la diócesis. Desde el Concilio Vaticano II, los laicos, es decir, los miembros de la Iglesia que no pertenecen a ninguna orden religiosa, han asumido un papel cada vez más importante ayudando a los sacerdotes y a los obispos, en especial en temas prácticos e incluso en el ejercicio pastoral, como la catequesis (formación religiosa).
2.3
El papa
Logia del palacio papal de Viterbo
Construido entre 1225 y 1267, el palacio papal de Viterbo representa uno de los más notables ejemplos de la arquitectura gótica conservada en esa ciudad italiana, capital de la provincia homónima y situada en el norte de la región del Lacio. Viterbo fue a menudo residencia papal durante la edad media. La logia palaciega (en la imagen), erigida en 1267, está sostenida por una amplia arcada y cuenta con una serie de estilizadas columnas sobre las que vuela una cornisa ornamentada con bajorrelieves.

El rango de mayor autoridad de la Iglesia católica apostólica romana es el papa, cuyas resoluciones son decisivas en cualquier materia. El papa asigna o traslada de diócesis a los obispos. Aunque éstos ejercen sus poderes gracias a su condición, no pueden hacerlo de una forma legítima sin el permiso del pontífice. El 15 de septiembre de 1965, Pablo VI instituyó el Sínodo de los Obispos, un cuerpo representativo de obispos y otros cargos que puede ser consultado por el papa sobre asuntos importantes. El primer sínodo se reunió en la Ciudad del Vaticano en 1967 y desde entonces se ha vuelto a reunir en varias ocasiones. Los sínodos no deben confundirse con los concilios ecuménicos, solemnes reuniones de todos los obispos del mundo. La Iglesia católica sólo ha celebrado 21 concilios de este tipo en toda su larga historia. El último fue el Concilio Vaticano II (1962-1965). Mientras se reúnen con el papa, los concilios ejercen la autoridad suprema dentro de la Iglesia.
2.4
Los cardenales
Santiago Luis Copello
El religioso argentino Santiago Luis Copello (en la imagen, en una fotografía de 1961) se convirtió, en 1935, en el primer cardenal de origen hispanoamericano de la Iglesia católica.

Los cardenales son los más altos dignatarios de la Iglesia después del papa. Son nombrados por el sumo pontífice y forman el Sacro Colegio Cardenalicio. Al morir el papa eligen a su sucesor en un cónclave. La mayoría de los cardenales son obispos de diócesis situadas por todo el mundo y otros son jefes de congregaciones sagradas de la administración papal. El Sacro Colegio Cardenalicio estaba limitado a 70 miembros (6 obispos cardenales, 50 sacerdotes cardenales y 14 diáconos cardenales). En 2005 el número de cardenales era de 183, y la mayoría había sido nombrada por el papa Juan Pablo II.
2.5
La curia
Al papa le ayuda en la administración de la Iglesia una compleja burocracia denominada curia. De orígenes remotos, la curia reside en la Ciudad del Vaticano. Hoy está dirigida por el secretario de Estado, al que informan diferentes oficinas que son actualmente el Consejo para los Asuntos públicos de la Iglesia y otras 10 congregaciones, tres tribunales, tres secretarías y otros despachos.
2.6
Iglesias de rito oriental
Casi todos los miembros de la Iglesia católica siguen una disciplina, un ritual y un canon tradicionales que se desarrollaron en los primeros años de la diócesis de Roma. Sin embargo, otros siguen sus propias tradiciones seculares. Éstos pertenecen a las Iglesias de rito oriental o Iglesias uniatas, como la maronita, la caldea, la rutena o la ucraniana. Algunas de estas Iglesias practican la comunión con vino y pan, el bautizo por inmersión y permiten que el clero contraiga matrimonio.
3
DOCTRINAS DISTINTIVAS
Concilio Vaticano II
El Concilio Vaticano II (1962-1965) cambió el rumbo de la Iglesia católica apostólica romana en muchos sentidos. Durante el transcurso de sus sesiones, el Concilio modernizó algunas creencias, subrayó el reconocimiento de la importancia del movimiento ecuménico y afirmó algunas de las viejas doctrinas católicas, como la de la transubstanciación. Convocado por el papa Juan XXIII, que murió poco antes de la primera sesión y a quién sucedió Pablo VI, el Concilio produjo numerosos documentos que recogieron los debates.

Aunque la Iglesia católica mantiene algunas doctrinas que la distinguen de otras iglesias cristianas, su característica más acusada es la amplitud y universalidad de su tradición doctrinal. La Iglesia católica fija sus orígenes en las primeras comunidades cristianas y no reconoce ninguna ruptura decisiva en su historia, con lo que se considera heredera de todo el legado teológico apostólico, patrístico, medieval y moderno. Aunque pueda parecer que esta universalidad doctrinal carece de coherencia interna, ayuda a legitimar el término “católico” (universal) que la Iglesia se atribuye incluso en cuestiones de doctrina. En principio la Iglesia no excluye ningún enfoque teológico y desde la encíclica Divino afflante spiritu (1943) de Pío XII ha reconocido de forma oficial los métodos modernos de exégesis en la interpretación de la Biblia. Su participación en el movimiento ecuménico desde el Concilio Vaticano II ha hecho que muchos católicos aprecien el punto de vista doctrinal incluso de los protestantes, que rompieron con la Iglesia en el siglo XVI.
3.1
La Biblia
Como las otras iglesias cristianas, la católica tiene en la Biblia el pilar de sus enseñanzas. Este punto nunca ha sido cuestionado y grandes teólogos como santo Tomás de Aquino sostienen que “sólo las Escrituras” son la fuente de la teología. Pero incluso desde este punto de vista muchos teólogos mantuvieron que algunas verdades o ritos (como el bautismo de los niños), aunque no se describen en las Escrituras, son válidos por su tradición dentro de la Iglesia. Acordaron además que las decisiones de la Iglesia, en especial las que toman los concilios ecuménicos, son interpretaciones auténticas de la doctrina cristiana y por tanto vinculantes para toda la Iglesia de Cristo.
3.2
La tradición
Como reacción a la insistencia protestante durante la Reforma sobre el principio de las Escrituras como única fuente, el Concilio de Trento afirmó en su cuarta sesión que la verdad cristiana se encuentra en los “libros escritos” y en las “tradiciones no escritas”. Aunque en esta decisión se habla sobre todo y casi en exclusiva de la Biblia, la inserción de la expresión “tradiciones no escritas” se interpretó hasta hace poco tiempo como la existencia de “dos fuentes” para iluminar la doctrina. Hoy se debate sobre su sentido, pero su importancia ha sido reducida al haberse llegado a un acuerdo entre los estudiosos católicos y protestantes: se admite que los libros del Nuevo Testamento son por sí mismos fruto de varias tradiciones o escuelas de la Iglesia primitiva.
3.3
La sucesión apostólica
En relación con el concepto teológico de tradición se encuentra la doctrina referente a la sucesión apostólica, es decir, la transmisión sin interrupción de la función religiosa desde los tiempos de Jesús hasta la actualidad. La doctrina se encuentra ya en las Epístolas a los corintios, pero es atribuida, según la tradición, al papa Clemente I. Existe también en una versión revisada dentro de algunas confesiones protestantes, pero se sostiene con mayor intensidad dentro de la Iglesia católica. Se la considera como la fuente de la sucesión de los obispos en su ejercicio, y de su autoridad y liderazgo. El ejemplo más evidente es que el papa es el sucesor de san Pedro, elegido por Jesús como la máxima autoridad de su Iglesia (Mt. 16,16-18). Por tanto, el catolicismo le otorga la misma autoridad y los mismos dones espirituales en la Iglesia de hoy que en las primeras comunidades apostólicas.
Implícita en estas creencias está la idea de que la Iglesia tiene el derecho y el deber de enseñar la doctrina y la moral cristianas de forma autorizada. La corrección de estas enseñanzas viene asegurada por la presencia continuada del Espíritu Santo en el seno de la Iglesia. A efectos prácticos, la teología católica atribuye esta autoridad a los obispos, al papa y a los concilios ecuménicos. En ciertas circunstancias, sus enseñanzas se consideran infalibles; la autoridad de la Iglesia en sus enseñanzas se denomina de modo global como magisterio de la Iglesia desde el siglo XIX.
3.4
La Iglesia
Dado el énfasis que la doctrina católica pone en la presencia del Espíritu Santo en la Iglesia, la teología católica se ha ocupado más de los estudios eclesiásticos que la teología de otros credos cristianos. Para corregir una concepción demasiado jurídica de la Iglesia, el Concilio Vaticano II denominó misterio a esta presencia y favoreció expresiones como “pueblo de Dios” para describirlo. Una creencia fundamental de la Iglesia católica a lo largo de todos los tiempos es que el amor y la gracia divina sólo pueden ser transmitidos al mundo a través de la Iglesia.
3.5
Los santos
Virgen con el Niño
El papel de la Virgen María y de los santos en el cristianismo ha sido a menudo un motivo de controversia en las distintas organizaciones e iglesias cristianas. Aunque el Nuevo Testamento reconoce la santidad de María y su importancia, su papel en la fe y liturgias cristianas se desarrolló con posterioridad. La Iglesia católica apostólica romana ha sido a menudo criticada por las distintas religiones protestantes por la importancia dada a María en el calendario eclesiástico (los días de la Anunciación, de la Purificación y de la Asunción son importantes en el calendario de la Iglesia católica apostólica romana) y en las ceremonias. El arte religioso pinta a menudo a María con Jesús, como se muestra aquí. Virgen con el Niño, del artista y monje italiano Fra Filippo Lippi, se pintó en 1455.

La Iglesia católica favorece la veneración de los santos y de la Virgen María con más entusiasmo que otras iglesias occidentales. En 1854, el papa Pío IX proclamó la doctrina de la Inmaculada Concepción de María y en 1950 el papa Pío XII proclamó su Asunción. Debido a las críticas que recibe la Iglesia católica por dejar que la veneración a los santos oscurezca la adoración debida a Dios, la Iglesia ha intentado limitarla reduciendo el número de santos con días señalados en la liturgia. Los católicos también creen que pueden ayudar a través de sus rezos y sus buenas acciones a quienes han muerto sin haber sido purificados de sus pecados. Esta creencia está muy relacionada con las doctrinas del purgatorio y de la indulgencia.
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CULTO Y COSTUMBRES
El culto católico está sin lugar a dudas centrado en la misa, a la que deben asistir los creyentes todos los domingos y en algunas celebraciones importantes del año. La misa se celebra a diario en la mayoría de las iglesias y es una parte esencial de los matrimonios, los funerales y otros ritos católicos.
4.1
La misa
La misa se compone de varias partes. Las más importantes son la liturgia del mundo y la eucaristía, durante la cual se realiza la comunión. Dentro de esta estructura puede haber muchas variantes en la utilización de la música, la pompa u otros métodos para hacer el servicio más apropiado a cada oportunidad.
Este potencial para la variación está ilustrado de forma gráfica en la historia de la misa y en las diferencias que existen hoy entre el rito romano y el oriental. Los cambios más radicales realizados en el rito romano fueron los que instituyó el Concilio Vaticano II en su Sacrosanctum concilium (4 de diciembre de 1963). La tendencia general de estas modificaciones era la de extirpar las complejidades litúrgicas de la misa que enturbiaban su objetivo y su estructura general. De todas las novedades del Concilio ninguna fue más espectacular que la traducción de la liturgia y de los ritos de la Iglesia del latín original a las lenguas vernáculas modernas.
4.2
Sacramentos
La eucaristía es uno de los siete sacramentos, que son los ritos simbólicos más importantes que la Iglesia dispensa a sus miembros. Los católicos creen en la presencia real de Cristo en la eucaristía a través del pan y el vino convertidos en su cuerpo y su sangre (transubstanciación) y se los anima a recibir la eucaristía en todas las misas a las que asistan. Los otros sacramentos son el bautismo, la confirmación, la penitencia, las órdenes sagradas, el matrimonio y la extremaunción. La teología católica enseña que estos símbolos, instituidos por Cristo, tienen un efecto espiritual beneficioso sobre el que los recibe al margen de la fe o la virtud del que los administra (ex opere operato).
La reforma litúrgica del Concilio Vaticano II modificó el sacramento de la penitencia, restándole importancia respecto a la confesión de una detallada lista de pecados para subrayar la naturaleza benefactora del perdón divino obtenido a través del sacramento. Para enfatizar este propósito, se optó por el término alternativo ‘sacramento de reconciliación’. Además de revisar otros sacramentos, el Concilio determinó que la extremaunción debe administrarse a cada enfermedad grave o al llegar a una avanzada edad con el objeto de que no se posponga hasta el momento de la muerte. Por tanto, ya no deberá llamarse extremaunción, sino en puridad, unción de los enfermos.
Pese a lo que se cree, el oficiante del sacramento del matrimonio no es el sacerdote, sino cada uno de los contrayentes. Según la teología católica, la unión que este sacramento crea entre dos personas bautizadas no puede ser rota. Sin embargo, existen numerosas condiciones para que una unión sea válida, por lo que a veces es posible que la Iglesia declare, tras estimarlo, que un matrimonio ha sido nulo y sin efecto desde el principio. La anulación, a veces considerada el equivalente católico del divorcio, se basa en diferentes principios. La Iglesia enseña que el propósito del matrimonio es el amor mutuo y la procreación.
4.3
Otras prácticas
Jubileo: recorrido por las siete basílicas
Uno de los actos finales de la peregrinación a Roma con motivo de un año jubilar es visitar las siete basílicas que muestra esta ilustración. Para ello, los peregrinos siguen un recorrido que fue trazado por san Felipe Neri en el siglo XVI.

Los católicos expresan su fe de muchas maneras además de asistiendo a la misa y recibiendo los sacramentos. El rosario de la Virgen María, por ejemplo, aún es muy popular. En las últimas décadas, la obligación de ayunar y de no comer carne en algunas fechas se ha hecho opcional, pero aún es respetada por muchos fieles. Aunque ha desaparecido la insistencia histórica de los obispos acerca de que los niños deben estudiar en centros dirigidos por la Iglesia católica, muchos católicos lo siguen haciendo, por lo que la Iglesia mantiene una importante red de escuelas primarias y secundarias, y financia un gran número de universidades en todo el mundo y un número aún mayor de cátedras de teología. La Iglesia católica es responsable de forma directa o indirecta de un gran número de publicaciones que comprenden desde periódicos populares hasta estudios muy complejos.
4.4
Cuestiones contemporáneas
La Iglesia católica se ha caracterizado en los últimos tiempos por mantener posiciones inflexibles en cuestiones polémicas. Desde la encíclica Rerum novarum (1891) del papa León XIII, los pontífices han denunciado la injusticia de las condiciones sociales y económicas creadas por las sociedades industrializadas modernas, y han propuesto soluciones. Han denunciado la guerra nuclear, solicitado de modo reiterado el final de la carrera armamentística e intentado detener la explotación de las naciones pobres por las ricas. La protección a los derechos humanos en el campo social, económico y político ha sido la guía de estas declaraciones. La llamada teología de la liberación, articulada y defendida por numerosos intelectuales católicos latinoamericanos, ha intentado encajar estas preocupaciones en un marco de análisis menos tradicional, apelando incluso a ideas marxistas.
Desde el Concilio Vaticano II, la Iglesia ha animado a los católicos a trabajar con miembros de otras confesiones para alcanzar fines comunes y para reunir a las diferentes iglesias cristianas. Aunque la Iglesia católica nunca se ha adherido al Consejo Mundial de las Iglesias, mantiene contactos con esta institución. En reconocimiento a los valores espirituales de otras religiones, las misiones católicas posteriores al Concilio han pasado del proselitismo disciplinario y excluyente a la práctica de un diálogo más respetuoso con esos valores.
En otras cuestiones la Iglesia ha sido más conservadora y no menos inflexible. La prohibición de los métodos artificiales de control de natalidad fue reiterada por el papa Pablo VI en su encíclica Humanae vitae (1968). Este documento levantó objeciones en círculos teológicos e incluso episcopales, algo insólito para el pontificado moderno. Aunque su importancia aún se debate, es desde luego la afirmación más autorizada al respecto dentro de la Iglesia católica, cuya frontal oposición a las leyes de liberalización del aborto ha provocado respuestas políticas en contra de la voluntaria interrupción del embarazo en algunos países occidentales. Aunque la Iglesia permite que las mujeres administren la eucaristía y realicen otras funciones en circunstancias extraordinarias, prohíbe que sean ordenadas sacerdotes o diáconos. Para los sacerdotes del rito romano el matrimonio está prohibido de forma taxativa. El pontificado de Juan Pablo II no contribuyó a un cambio de postura en estas materias.
5
HISTORIA
Hasta la ruptura con la Iglesia oriental en 1054 y con las Iglesias protestantes en el siglo XVI resulta imposible separar la historia del catolicismo de la historia del cristianismo en general. Sin embargo, la visión de su historia para la Iglesia está basada en lo que considera su continuidad sin interrupciones desde la Iglesia del Nuevo Testamento y, en consecuencia, acepta la legitimidad de la evolución de su doctrina y de su estructura desde entonces. Los grandes cambios culturales, teológicos y disciplinarios de la historia cristiana no se estiman por tanto desviaciones de una norma absoluta de la Iglesia apostólica. Se consideran más bien como la expresión de una forma diferente y más elaborada de impulsos que ya existían desde su principio.
5.1
La Iglesia primitiva
San Clemente I
Clemente I, papa desde aproximadamente el 92 hasta el 101, fue también el primero de los denominados padres Apostólicos.

El primer gran cambio en la historia cristiana fue su expansión desde Palestina hasta el resto del Mediterráneo en las décadas que siguieron a la muerte de Jesús. En poco tiempo, el cristianismo adquirió el idioma y el vocabulario filosófico del mundo grecorromano para expresar y difundir su mensaje, así como los procedimientos y la organización del Imperio romano. Sin embargo, la característica figura del obispo ya había aparecido a mediados del siglo II. El reconocimiento de la Iglesia por el emperador Constantino I el Grande en el 313 consolidó esta evolución y proporcionó apoyos a la Iglesia en las grandes polémicas doctrinales de los siglos IV y V que determinaron su ortodoxia. En el siglo V, el papa León I, obispo de Roma, reclamaba y ejercía hasta cierto punto la primacía sobre congregaciones cristianas de otros lugares.
5.2
La Iglesia medieval
Gregorio VII y la Querella de las Investiduras
La fase más cruenta de la denomina Querella de las Investiduras, que enfrentó al emperador Enrique IV y al papa Gregorio VII, concluyó con el asedio al castillo de Sant'Angelo donde se refugió el Papa (1083) y la conquista de Roma (1084) por las tropas imperiales. Las fuerzas normandas de Roberto Guiscardo liberaron a Gregorio VII pero, tras expulsar al Emperador, saquearon la ciudad. Gregorio VII tuvo que huir y murió en Salerno en 1085. En esta miniatura del siglo XIII se representaron el ataque del Sacro Imperio al Papa (escena superior) y el fallecimiento de éste (escena inferior).

La caída del Imperio romano de occidente y la incorporación de los pueblos germánicos a la Iglesia tuvieron un gran impacto en todos los aspectos de la vida religiosa general, incluida una disminución del poder episcopal entre los siglos VII y XI. Bajo la dirección de un Papado reformado a finales del siglo XI se restauraron los derechos episcopales en medio de la amarga Querella de las Investiduras que los papas sostuvieron frente a varios emperadores. Como resultado de esto, el Papado emergió como el dirigente reconocido de la Iglesia de occidente. El papa disponía además de una curia cada vez más centralizadora y eficiente. El Derecho canónico fue revitalizado y puesto en práctica, enfatizando el papel del pontífice en el gobierno de la Iglesia. Estas transformaciones, sumadas a las Cruzadas, hicieron que la reconciliación con la Iglesia oriental, después del Gran Cisma de Occidente (1054), fuera más difícil.
5.3
El periodo moderno
Calixto III
En esta pintura, La Virgen encomendando Siena al papa Calixto III (Pinacoteca Nacional de Siena, Italia), el artista italiano Sano di Pietro representó a dicho pontífice, el cual, durante su papado (1455-1458), intentó recuperar Constantinopla (en poder otomano desde 1453) para la cristiandad.

En parte como reacción a los cambios que nacieron de la Querella de las Investiduras, la Reforma protestante estalló en pleno siglo XVI. La Iglesia católica respondió con la Contrarreforma, reafirmando las tradiciones que se habían implantado con el tiempo y en particular los elementos más atacados, como la teología escolástica, la eficacia de los sacramentos y la primacía del papa.
Los ataques que la Iglesia recibió de la Ilustración y de la Revolución Francesa condicionaron la posición defensiva que el catolicismo mantuvo hasta mucho tiempo después. El Concilio Vaticano II intentó suavizar esta actitud. Aunque los cambios que este Concilio introdujo originaron una considerable confusión durante algunos años, la Iglesia católica mantiene su estabilidad y se expande en muchas regiones del mundo.

Papas y sus pontificados

PAPA
AÑO
San Pedro
42-67
San Lino
67-79
San Anacleto (Cleto)
79-92
San Clemente I
92-101
San Evaristo
101-105
San Alejandro I
105-15
San Sixto I
115-25
San Telesforo
125-36
San Higinio
136-40
San Pío I
140-55
San Aniceto
155-66
San Sotero
166-75
San Eleuterio
175-89
San Víctor I
189-99
San Ceferino
199-217
San Calixto I
217-22
San Hipólito1
217-35
San Urbano I
222-30
San Ponciano
230-35
San Antero
235-36
San Fabián
236-50
San Cornelio
251-53
Novaciano
251
San Lucio I
253-54
San Esteban I
254-57
San Sixto II
257-58
San Dionisio
259-68
San Félix I
269-74
San Eutiquiano
275-83
San Cayo
283-96
San Marcelino2
296-304
San Marcelo I2
308-9
San Eusebio
309
San Melquíades
311-14
San Silvestre I
314-35
San Marcos
336
San Julio I
337-52
Liberio
352-66
Félix II 3
355-65
San Dámaso I
366-84
Ursino
366-67
San Siricio
384-99
San Anastasio I
399-401
San Inocencio I
401-17
San Zósimo
417-18
San Bonifacio I
418-22
Eulalio
418-19
San Celestino I
422-32
San Sixto III
432-40
San León I
440-61
San Hilario
461-68
San Simplicio
468-83
San Félix III (II) 3
483-92
San Gelasio I
492-96
Anastasio II
496-98
San Símaco
498-514
Lorenzo 4
498; 501-5
San Hormisdas
514-23
San Juan I
523-26
San Félix IV (III) 3
526-30
Bonifacio II
530-32
Dióscoro
530
Juan II
533-35
San Agapito I
535-36
San Silverio
536-37
Vigilio
537-55
Pelagio I
556-61
Juan III
561-74
Benedicto I
575-79
Pelagio II
579-90
San Gregorio I
590-604
Sabiniano
604-6
Bonifacio III
607
San Bonifacio IV
608-15
San Deodato I
615-18
Bonifacio V
619-25
Honorio I
625-38
Severiano
640
Juan IV
640-42
Teodoro I
642-49
San Martín I
649-55
San Eugenio I
654-57
San Vitaliano
657-72
Deodato II
672-76
Donino
676-78
San Agatón
678-81
San León II
682-83
San Benedicto II
684-85
Juan V
685-86
Conón
686-87
Teodoro
687
Pascual
687
San Sergio I
687-701
Juan VI
701-5
Juan VII
705-7
Sisinio
708
Constantino
708-15
San Gregorio II
715-31
San Gregorio III
731-41
San Zacarías
741-52
Esteban (II) 5
752
Esteban II (III)
752-57
San Pablo I
757-67
Constantino
767-69
Felipe
768
Esteban III (IV)
768-72
Adriano I
772-95
San León III
795-816
Esteban IV (V)
816-17
San Pascual I
817-24
Eugenio II
824-27
Valentín
827
Gregorio IV
827-44
Juan 6
844
Sergio II
844-47
San León IV
847-55
Benedicto III
855-58
Anastasio
855
San Nicolás I
858-67
Adriano II
867-72
Juan VIII
872-82
Marino I9
882-84
San Adriano III
884-85
San Esteban V (VI)
885-91
Formoso
891-96
Bonifacio VI
896
Esteban VI (VII)
896-97
Romano
897
Teodoro II
897
Juan IX
898-900
Benedicto IV
900-03
León V
903
Cristóbal
903-04
Sergio III
904-11
Anastasio III
911-13
Landón
913-14
Juan X
914-28
León VI
928
Esteban VII (VIII)
928-31
Juan XI
931-35
León VII
936-39
Esteban VIII (IX)
939-42
Marino II9
942-46
Agapito II
946-55
Juan XII
955-64
León VIII7
963-65
Benedicto V7
964-66
Juan XIII7
965-72
Benedicto VI
973-74
Bonifacio VII
974; 984-85
Benedicto VII
974-83
Juan XIV
983-84
Juan XV
985-96
Gregorio V
996-99
Juan XVI 3
997-98
Silvestre II
999-1003
Juan XVII3
1003
Juan XVIII
1004-9
Sergio IV
1009-12
Benedicto VIII
1012-24
Gregorio VI
1012
Juan XIX6
1024-32
Benedicto IX8
1032-44
Silvestre III
1045
Benedicto IX8 (2ª vez)
1045
Gregorio VI
1045-46
Clemente II
1046-47
Benedicto IX8 (3ª vez)
1047-48
Dámaso II
1048
San León IX
1049-54
Víctor II
1055-57
Esteban IX (X)
1057-58
Benedicto X
1058-59
Nicolás II
1059-61
Alejandro II
1061-73
Honorio II
1061-72
San Gregorio VII
1073-85
Clemente III
1080-1100
Beato Víctor III
1086-87
Beato Urbano II
1088-99
Pascual II
1099-1118
Teodorico
1100
Alberto
1102
Silvestre IV
1105-11
Gelasio II
1118-19
Gregorio VIII
1118-21
Calixto II
1119-24
Honorio II
1124-30
Celestino II
1124
Inocencio II
1130-43
Anacleto II
1130-38
Víctor IV 3
1138
Celestino II
1143-44
Lucio II
1144-45
Beato Eugenio III
1145-53
Anastasio IV
1153-54
Adriano IV
1154-59
Alejandro III
1159-81
Víctor IV 3
1159-64
Pascual III
1164-68
Calixto III
1168-78
Inocencio III
1179-80
Lucio III
1181-85
Urbano III
1185-87
Gregorio VIII
1187
Clemente III
1187-91
Celestino III
1191-98
Inocencio III
1198-1216
Honorio III
1216-27
Gregorio IX
1227-41
Celestino IV
1241
Inocencio IV
1243-54
Alejandro IV
1254-61
Urbano IV
1261-64
Clemente IV
1265-68
Beato Gregorio X
1271-76
Beato Inocencio V
1276
Adriano V
1276
Juan XXI
1276-77
Nicolás III
1277-80
Martín IV9
1281-85
Honorio IV
1285-87
Nicolás IV
1288-92
San Celestino V
1294
Bonifacio VIII
1294-1303
Beato Benedicto XI
1303-4
Clemente V
1305-14
Juan XXII
1316-34
Nicolás V
1328-30
Benedicto XII
1334-42
Clemente VI
1342-52
Inocencio VI
1352-62
Beato Urbano V
1362-70
Gregorio XI
1370-78
Urbano VI
1378-89
Bonifacio IX
1389-1404
Inocencio VII
1404-6
Gregorio XII
1406-15
Clemente VII
1378-94
Benedicto XIII
1394-1423
Alejandro V
1409-10
Juan XXIII 3
1410-15
Martín V
1417-31
Eugenio IV
1431-47
Félix V 3
1440-49
Nicolás V
1447-55
Calixto III
1455-58
Pío II
1458-64
Pablo II
1464-71
Sixto IV
1471-84
Inocencio VIII
1484-92
Alejandro VI
1492-1503
Pío III
1503
Julio II
1503-13
León X
1513-21
Adriano VI
1522-23
Clemente VII
1523-34
Pablo III
1534-49
Julio III
1550-55
Marcelo II
1555
Pablo IV
1555-59
Pío IV
1559-65
San Pío V
1566-72
Gregorio XIII
1572-85
Sixto V
1585-90
Urbano VII
1590
Gregorio XIV
1590-91
Inocencio IX
1591
Clemente VIII
1592-1605
León XI
1605
Pablo V
1605-21
Gregorio XV
1621-23
Urbano VIII
1623-44
Inocencio X
1644-55
Alejandro VII
1655-67
Clemente IX
1667-69
Clemente X
1670-76
Beato Inocencio XI
1676-89
Alejandro VIII
1689-91
Inocencio XII
1691-1700
Clemente XI
1700-21
Inocencio XIII
1721-24
Benedicto XIII
1724-30
Clemente XII
1730-40
Benedicto XIV
1740-58
Clemente XIII
1758-69
Clemente XIV
1769-74
Pío VI
1775-99
Pío VII
1800-23
León XII
1823-29
Pío VIII
1829-30
Gregorio XVI
1831-46
Pío IX
1846-78
León XIII
1878-1903
San Pío X
1903-14
Benedicto XV
1914-22
Pío XI
1922-39
Pío XII
1939-58
Juan XXIII3
1958-63
Pablo VI
1963-78
Juan Pablo I
1978
Juan Pablo II
1978-2005
Benedicto XVI
2005-
* Los nombres de los antipapas aparecen en cursiva.

Beato es el segundo título que se confiere en el proceso de canonización, en el que se declara que a dicha persona puede rendírsele culto.

1 San Hipólito (217-35) fue antipapa bajo Calixto I, Urbano I y Ponciano. Exiliado a Cerdeña por Ponciano, se reconcilió con dicho papa y murió martirizado.

2 Existe una brecha de cuatro años entre Marcelino (296-304) y Marcelo I (308-9). Algunos historiadores sostienen que ambos papas fueron en realidad la misma persona. Otros, por su parte, disienten afirmando que Marcelo I dirigió la Iglesia desde 304 a 309.

3 Antiguamente, el antipapa Félix II (355-65) fue considerado un papa legítimo. Los dos numerales que siguen al nombre de Félix III (II), quien reinó desde 483 a 492, y Félix IV (III), que reinó desde 526 a 530, indican que Félix II fue legítimo (el primer numeral) o no (el segundo numeral). El uso de uno u otro refleja la aceptación o no del antiguo punto de vista. Considerando que Félix V (1440-49), que fue un antipapa, no se llamó a sí mismo Félix IV, es evidente que consideraba ilegítimo a Félix II. La lista de papas no es coherente en esta cuestión. Así, Juan XVI (997-98) fue un antipapa, y con todo el papa siguiente que adoptó ese nombre se llamó a sí mismo Juan XVII (1003). No obstante, también ha ocurrido lo contrario. Juan XXIII (1410-15) fue un antipapa; el moderno Juan XXIII (1958-63) lo ignoró y adoptó el mismo nombre y numeral.

4 El antipapa Lorenzo lo fue en dos ocasiones: en 488 y nuevamente en 501-5.

5 Esteban (II) fue elegido papa legítimo en 752, pero murió antes de su consagración episcopal. Debido a ello, no fue considerado como tal. No obstante, una doctrina más reciente del papado ha revertido esta opinión, y el Anuario Pontificio lo incluye como papa desde 1961. Por ello, los dos conjuntos de numerales de los últimos Esteban (entre paréntesis) reflejan esta nueva opinión.

6 Juan XIX: debido a algunos errores cometidos durante la edad media, algunas listas antiguas le atribuyeron el ordinal XX.

7 Las fechas del pontificado de Benedicto V (964-66) se superponen con las de su predecesor, León VIII (963-65), y con las de su sucesor, Juan XIII (965-72). No obstante, Benedicto es considerado un papa legítimo.

8 Benedicto IX (1032-44, 1045, 1047-48) fue elegido legítimamente tres veces y depuesto dos.

9 Martín IV (1281-85); no existe ni un Martín II ni un Martín III. Marino I (882-84) y Marino II (942-46) fueron incluidos por error como Martín II y Martín III, respectivamente. Por ello, en 1281 el papa electo Martín optó por ser llamado Martín IV.

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