Forma, función y significación de la palabra




Forma, función y significación, rasgos o cualidades que caracterizan una palabra o elemento cualquiera distinguiéndolo de otros.
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FORMA
En general, la forma de la palabra está determinada por un lexema o semantema más una serie de morfemas, en los verbos, pronombres, sustantivos...; en los adverbios sólo un semantema, pues carece de morfemas constituyentes, aunque puede llevar, de manera muy limitada, algún morfema que introduzca un matiz ligado al afecto, por ejemplo un sufijo diminutivo (“callandico”, “ahorita”). Generalmente forma y función coinciden: a determinadas formas corresponden siempre las mismas funciones y determinadas funciones son siempre cumplidas por las mismas formas. Sin embargo, el lingüista Edward Sapir considera que no siempre existe un vínculo claro entre forma y función: en el caso de la negación y de la posibilidad (o imposibilidad), se dan procedimientos formales muy diferentes, porque la lengua española puede acudir al adverbio no y al verbo poder: “No puedo verlo”, o al prefijo in- y al sufijo –ible: “Es invisible”.
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FUNCIÓN
La función es el rasgo que adopta un signo o un sintagma cuando se realizan lingüísticamente. Los lexemas, morfemas y sintagmas sólo se dan aislados, como abstracción a posteriori. Cuando existe un acto lingüístico, estas unidades cobran vida en una organización gramatical, revisten una función, cumplen un oficio, por ejemplo: el oficio de carpintero puede estar desempeñado por Luis, Daniel, Sergio. Cambia en cada caso la forma, pero la función es la misma. La función de un elemento o constituyente en una oración es la relación que éste mantiene con los restantes. Las funciones más estudiadas por la tradición gramatical han sido las funciones sintácticas en los distintos niveles jerárquicos de análisis: sujeto, predicado, complemento, determinantes, nexo, que hoy se tienden a establecer al margen de consideraciones de significado.
Un plano distinto lo constituyen las relaciones de significado, que subyacen en cada caso a una construcción determinada, y que permiten realizar otro nivel de análisis en el que se establecen esta vez funciones semánticas independientemente de la estructura sintáctica, bajo la cual pueden aparecer funciones lógico-semánticas, como la articulación del enunciado en tema, es decir, el tópico, asunto o sujeto del discurso y rema, también llamado “comento”, que equivale al predicado, aquello que se dice acerca del sujeto. También se puede señalar la función privativa, función sintáctica ligada estrechamente a ciertas palabras, que constituye, precisamente, el criterio para establecer a qué clase pertenecen.
La función de sujeto es privativa del sustantivo. Si otra clase de palabras la desempeña, se dice que ha experimentado una sustantivación. El sintagma sujeto es el que señala quién cumple la acción del verbo, o, desde el punto de vista semántico, la persona o cosa de la que se dice, predica o comenta algo. En la oración: El niño corre,el niño’ es el sujeto de corre, ya que se puede cambiar este sintagma y colocar otro de la misma categoría (un sustantivo o pronombre) en su lugar: el gato, el río, el rumor, eso, el hombre..., corre. Por tanto, estos sustantivos cumplen también la función de sujeto, la cual no varía aun cuando se le añada una serie de elementos: Corre el niño de fácil sonrisa.
El estudio de la gramática puede realizarse desde dos ángulos diferentes: el de las categorías (sustantivo, adjetivo, pronombre...) y el de la relación de funciones (sujeto, predicado, complementos...). En realidad, un análisis completo debe abarcar ambos aspectos: relación de las categorías en las que se agrupan los signos, sistema y funciones típicas de estas categorías.
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SIGNIFICACIÓN
La significación es el plano del contenido de un signo; se identifica con el concepto, en oposición al significante, que corresponde a la imagen. Se distingue el significado léxico y el significado gramatical. El primero es el que poseen los signos lingüísticos que, a su vez, remiten a la realidad extralingüística. El segundo, puramente lingüístico, es el que poseen determinadas unidades lingüísticas que, a su vez, remiten a la organización del discurso: perro, casa, amar, poseen significado léxico. Los pronombres, las conjunciones, los morfemas de género o de tiempo poseen significado gramatical.
Las palabras evolucionan y, a veces, modifican su significado; no obstante, hay palabras cuyo sentido es permanente: los números, los días de la semana, los puntos cardinales..., pero puede decirse que se trata de casos excepcionales, pues lo habitual es que el sentido se transforme a través del tiempo y de las circunstancias de los hablantes. Si se analizan algunos términos como burgués, país, velocidad, y se los compara con el significado que tenían hace algunos siglos, se comprueba que éste se ha transformado. Por otra parte, cada palabra especifica su sentido en relación con las asociaciones conceptuales que proporcionan otras palabras del contexto, así: el término campo, puede ser de batalla, de fútbol, magnético, de minas, de concentración, de patatas, de investigación... Cada palabra cuenta con un significado-base que viene a ser la acepción primera con la que cada palabra es definida en el diccionario. Se trata del sentido más común y generalizado de cada palabra. Ese significado primario se denomina denotación, conjunto de semas unidos de forma constante y estable a cada unidad léxica. La palabra artefacto, por ejemplo, significa en su primera acepción “máquina o aparato”. Pero hay unos valores léxicos secundarios que se van integrando a las unidades léxicas: son los valores connotativos, unidos a asociaciones subjetivas. La palabra artefacto, además de su acepción como “aparato explosivo” o, en el lenguaje médico, “alteración producida artificialmente en un examen con aparatos registradores”, es usada con intención despectiva para indicar tosquedad, rareza o tamaño excesivo. Pensando en el valor connotativo de las palabras, no habría que olvidar la explicación etimológica: compuesto derivado del latín, la palabra artefacto significa “cosa hecha con arte, sujeta a técnica o habilidad”.
Razones de índole psicológica, social y hasta política son determinantes en la definición de los valores connotativos. El fundamento de la connotación está vinculado a la polisemia del lenguaje, de modo que si cada unidad léxica tuviera relaciones biunívocas con un solo significado, no prosperarían los valores connotativos. Hay valores connotativos diversos y aun contradictorios en una misma palabra, en función del grupo social o de la tradición literaria que lo haya desarrollado; así, la palabra asno connotativamente remite a la noción de torpeza, según la fábula del burro flautista, pero también de constancia y sobriedad. En El asno de oro, de Lucio Apuleyo, el animal es el resultado de la metamorfosis del protagonista Luciano quien, bajo su nueva apariencia, puede observar y satirizar las costumbres ajenas. De esta manera, denotación y connotación son conceptos que se manejan como opuestos y a la vez complementarios.


La Palabra




La palabra se puede definir como segmento del discurso unificado habitualmente por el acento, el significado y las pausas.


Palabra, secuencia de sonidos compuesta por uno o más monemas, susceptible de ser aislada por conmutación.
La palabra es una unidad que: a) desde el punto de vista fonológico está delimitada por pausas virtuales, que no aparecen en la elocución normal, representadas gráficamente por dos espacios blancos o un espacio blanco y un signo de puntuación; b) morfológicamente es aislable, ya que puede ser conmutada por otra de su paradigma; c) sintácticamente es identificable por la función que desempeña; d) desde el punto de vista léxico-semántico, es portadora de significado.
La gramática tradicional las ha agrupado en diferentes clases o partes de la oración: nombre sustantivo, nombre adjetivo, artículo, pronombre, verbo, adverbio, preposición, conjunción e interjección. Esta clasificación no es en la actualidad aceptada por todos los gramáticos; algunos opinan que el artículo es un morfema del sustantivo y que las preposiciones y las conjunciones son morfemas relacionantes. Para estos últimos, cuando una palabra (sustantivo, adjetivo, verbo o adverbio) posee un lexema, su significado es léxico, pero si está formada por uno o varios morfemas (preposición, conjunción o artículo), su significado es relacional o gramatical.
Por su origen, las palabras pueden ser:

primitivas, las que han dado origen a otras surgidas de ellas: pan, leche,
derivadas, formadas a partir de una primitiva: panadero, lechería,
simples, formadas por un solo lexema o morfema: mano, de, él,
compuestas, las que tienen dos o más lexemas o, aunque no es muy frecuente, dos morfemas: carricoche, sacacorchos, porque,
parasintéticas, las formadas por composición y derivación: tele - comunic - ado, radio  - aficion - ado.
El español utiliza también otros procedimientos para la creación de palabras nuevas, como siglas, acrónimos o simbolos, además de incorporar a su léxico préstamos de otras lenguas. Véase Abreviación.
Atendiendo a la morfología, se clasifican en variables, las que admiten flexión, como los sustantivos o adjetivos, e invariables, las que no la admiten, como los adverbios o las preposiciones.
Por su contenido pueden ser: conceptuales, sustantivos, adjetivos, verbos y adverbios, y de relación: artículo, pronombre, preposición y conjunción.
Por el número de sílabas: monosílabas y polisílabas (bisílabas, trisílabas, cuatrisílabas, pentasílabas, exasílabas...)
Por el acento: llenas y vacías. Agudas, graves o llanas, esdrújulas y sobresdrújulas (véase Acento).


Fonología




Fonología, nivel de descripción de la gramática que estudia los sistemas de sonidos de las lenguas naturales y la naturaleza de tales sistemas. A diferencia de la fonética, que estudia la producción y percepción de los sonidos, la fonología ve los sonidos como unidades discretas o segmentos, llamados fonemas.
Un hablante podría producir una amplia gama de sonidos del habla; sin embargo, las lenguas utilizan tan solo un subconjunto de ésta. A su vez, existen varias realizaciones acústicas de un determinado sonido que un hablante percibe como si se tratara del mismo segmento. La fonología intenta, pues, clasificar estos segmentos en matrices o conjuntos de rasgos, con objeto de reducir las unidades lingüísticas al mínimo posible e identificar los rasgos que deben permanecer invariables para que se establezca la identificación de un sonido como un fonema. Estos rasgos se llaman “rasgos distintivos o pertinentes”, y se incorporaron al análisis fonológico a partir de los estudios del Círculo de Praga.
El procedimiento básico para identificar los fonemas es la sustitución o conmutación, que se realiza sobre palabras para mayor claridad. Así, sustituyendo los sonidos que forman la palabra más por otros, se forman palabras diferentes: vas, mes y mar. La caracterización física y articulatoria de los sonidos que forman cada una de estas palabras produce matrices de rasgos distintas para cada par de fonemas: /mas/ es distinto de /bas/ en función de los fonemas /m/ y /b/, que se definen, /m/ como [+bilabial +nasal +sonoro], y /b/ como [+bilabial –nasal +sonoro]; el único rasgo que los diferencia es la condición de nasalidad. Lo mismo podría hacerse al comparar /a/ y /e/, /s/ y /r/. Un par de palabras que se diferencian por un solo rasgo distintivo se llama un “par mínimo”. Este par muestra que la nasalidad puede distinguir una palabra de otra y que el par de sonidos [m b] puede distinguir palabras.
Por otra parte, cuando estudiamos diferentes tipos de [b], por ejemplo en español, observamos que puede presentar modos de articulación distintos: es oclusiva unas veces y fricativa otras. No existen dos palabras en español que se diferencien únicamente por contener una bilabial oclusiva o una bilabial fricativa. Así, mientras la oclusiva es observable en posición inicial o tras consonante, la fricativa aparece en posición intervocálica. Es decir, la distribución de estos dos sonidos se rige por una regla o principio por el cual existen contextos reservados para cada uno de ellos. Cuando se produce este patrón de aparición, se dice que ambas realizaciones del fonema se encuentran en distribución complementaria, el fenómeno que determina esta variación en la pronunciación se conoce como alofonía o variación alofónica y cada variante del fonema implicado es un alófono de dicho fonema. La distinción entre alófonos y fonemas diferentes puede, potencialmente, variar entre lenguas, de manera que un par de alófonos en una lengua pueden comportar cambio de significado en otra y producir por tanto un par mínimo.


La Fonética




Sistema vocálico del español
El español tiene cinco fonemas vocálicos, en un sistema triangular en que los rasgos pertinentes son el grado de abertura de la cavidad oral y la disposición de los órganos que intervienen en la producción del sonido, en este caso la lengua y los labios.

Fonética, rama de la lingüística que estudia los sonidos del lenguaje en su realización concreta, la producción, naturaleza física y percepción de los sonidos en su aspecto material, prescindiendo del significado. Sus principales ramas son: fonética experimental, fonética articulatoria, fonemática y fonética acústica.
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FONÉTICA EXPERIMENTAL
Es la que estudia los sonidos orales desde el punto de vista físico, reuniendo los datos y cuantificándolos, la que analiza la emisión y producción de las ondas sonoras que configuran el sonido articulado. Utiliza instrumentos para la grabación y el análisis acústico de la señal, como los rayos X, el espectrógrafo y el quimógrafo, que traza las curvas de intensidad. El conjunto de los datos analizados al medir los sonidos depende únicamente de la precisión del instrumental así como de otros conocimientos conexos. También se han descubierto diferencias importantes en cada sonido oral.
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FONÉTICA ARTICULATORIA
Es la que estudia los sonidos de una lengua desde el punto de vista fisiológico, es decir, describe qué órganos intervienen en su producción, en qué posición se encuentran y cómo esas posiciones varían los distintos caminos que puede seguir el aire cuando sale por la boca, nariz o garganta, para que se produzcan sonidos diferentes. No se ocupa de todas las actividades que intervienen en la producción de un sonido, sino que selecciona sólo las que tienen que ver con el lugar y la forma de articulación. Los símbolos fonéticos y sus definiciones articulatorias son las descripciones abreviadas de tales actividades. Los símbolos fonéticos que se usan más frecuentemente son los adoptados por la Asociación Fonética Internacional en el alfabeto fonético internacional (A.F.I.), y se escriben entre corchetes.
Los órganos que intervienen en la articulación del sonido son móviles o fijos. Son móviles los labios, la mandíbula, la lengua y las cuerdas vocales, que a veces reciben el nombre de órganos articulatorios. Con su ayuda el hablante modifica la salida del aire que procede de los pulmones. Son fijos los dientes, los alveolos, el paladar duro y el paladar blando. Los sonidos se producen cuando se ponen en contacto dos órganos articulatorios, por ejemplo el bilabial (p), que exige el contacto entre los dos labios; también cuando se ponen en contacto un órgano fijo y otro articulatorio, y el sonido se nombra con los órganos que producen la juntura, o punto de articulación, como por ejemplo el sonido labiodental (f), que exige el contacto entre el labio inferior y los incisivos superiores. Cuando es la lengua el órgano móvil no se hace referencia a ella en la denominación del sonido, así el sonido (t), que se produce cuando la lengua toca la parte posterior de los incisivos superiores, se llama dental.
El modo de articulación se determina por la disposición de los órganos móviles en la cavidad bucal y cómo impiden o dejan libre el paso del aire. Esta acción puede consistir en la interrupción instantánea y completa del paso del aire para las implosivas; en dejar abierto el paso nasal pero interrumpido el oral para las nasales; en producir un contacto con la lengua pero dejar libre el paso del aire a uno y otro lado para las laterales; en producir una leve interrupción primero y dejar el paso libre después para las africadas; en permitir el paso del aire por un paso estrecho por el que el aire pasa rozando para las fricativas, y en permitir el paso libre del aire por el centro de la lengua sin fricción alguna para las vocales.
Se emiten diferentes clases de vocales según varíe la posición de la lengua, tanto a partir de su eje vertical (alta, media y baja), como a partir de su eje horizontal (anterior, central y posterior). Por ejemplo, en español son vocales altas las vocales de la palabra huir, es decir, la [i] y la [u]. Son vocales medias la [e] y la [o], es decir las vocales de la palabra pero y es vocal baja la [a] de la palabra va. Así, la lengua va de abajo arriba para pronunciar las dos vocales seguidas de la palabra aire, pero desciende a una posición media para pronunciar su última vocal. Hace el camino contrario de arriba abajo para pronunciar puerta. Son vocales anteriores del español la [i] y la [e], es decir las vocales seguidas de la palabra piel; las vocales posteriores son la [o] y la [u], es decir las vocales de la palabra puro; la [a] es la vocal central. La lengua se mueve de atrás hacia adelante para emitir las vocales de la palabra totales, hace el camino contrario para emitir las vocales de la palabra piélago. Las posiciones que mantiene la lengua para emitir las vocales u, i y a constituyen los vértices del llamado esquema vocálico uai.
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FONEMÁTICA
Es el estudio de los sonidos en el discurso, es decir, de los fonemas que son las unidades mínimas distintivas.
Por ejemplo, entre las palabras las y los sólo existe una diferencia de significado y de forma que es la que representa la distinción entre los fonemas [a] y [o]. Lo mismo sucede entre pala, para, paga, pana y pasa, las diferencias de significado se apoyan en los diferentes fonemas que las distinguen, esto es, [l], [r], [g], [n] y [s]. Los fonemas están configurados también por unidades mínimas que los diferencian entre sí y son los llamados rasgos distintivos. La única diferencia que existe entre el fonema [p] que corresponde a una consonante bilabial, oclusiva, sorda y el fonema [b] que corresponde a una consonante bilabial, oclusiva sonora, es su modo de articulación: sorda la primera, frente a la segunda que es sonora. No siempre se mantienen como fonemas distintos las diferencias que proceden de un solo rasgo distintivo, por ejemplo la primera d de la palabra dedo corresponde a una consonante dental oclusiva sonora, y la segunda es dental fricativa sonora. En este caso no estamos ante dos fonemas sino ante dos valores del mismo fonema; a veces dos fonemas diferentes en una lengua dada son el mismo en otra, por ejemplo el español mantiene la diferencia fonética entre los sonidos [r] y [l], pero el japonés no ni el habla andaluza tampoco. De acuerdo con todo esto hay que distinguir entre fonemas y letras, aunque existen muchas coincidencias también hay desacuerdos muy importantes que apoyan esta diferencia. El fonema es un concepto ideal que está representado por unos signos escritos, las letras, aunque no todas representan un fonema. La letra v del español actual corresponde al fonema /b/ que es una consonante bilabial, oclusiva, sonora; pero el fonema /v/ que corresponde a una consonante labiodental, fricativa, sonora ha desaparecido en el sistema fonético actual, aunque estuvo presente en la historia de la lengua hasta el siglo XVIIII, y todavía hoy se usa en algunos países de América del Sur. Además hay letras que no representan fonema alguno como es el caso de la letra h que es muda en nuestra lengua. La escribimos como recuerdo histórico de una aspiración o de una f inicial del latín, pero no tiene valor fonético. Por otro lado, algunas letras expresan distintos fonemas, como la c, [z] y [k] en España, y [s] y [k] en Latinoamérica y zonas de Andalucía.
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FONÉTICA ACÚSTICA
Es la que estudia la onda sonora como la salida de un resonador cualquiera; esto es, equipara el sistema de fonación con cualquier otro sistema de emisión y reproducción de sonidos. En la comunicación, las ondas sonoras tienen un interés mayor que la articulación o producción de los sonidos; para un determinado auditorio recibe y descodifica la impresión a pesar de que haya sido emitida por medio de una articulación oral, o por medio de un determinado aparato emisor de sonidos o incluso por medio de una cotorra. Para grabar las características más significativas de las ondas sonoras y para determinar el resultado de las distintas actividades articulatorias se puede emplear el espectrógrafo. De forma experimental, para poder llegar a saber cuáles son los rasgos necesarios y suficientes que identifican los sonidos de la lengua, se suprimieron partes de la grabación de la onda sonora y se reprodujeron otras.
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HISTORIA
Los primeros estudios de fonética se realizaron hace más de 2.000 años y los llevaron a cabo quienes estudiaban el sánscrito, como el gramático Panini, que se ocupó de la articulación fonética para establecer la pronunciación inalterable de los libros sagrados en las ceremonias y los ritos. El primer fonetista del mundo moderno fue el danés J. Matthias, autor del tratado De Litteris (1586). El matemático inglés John Wallis, que era maestro de personas con sordera, fue quien primero clasificó las vocales según su punto de articulación (1653). El alemán C. F. Hellwag inventó el triángulo vocálico en 1781. Diez años más tarde el físico austriaco Wolfgang von Kempelen inventó una máquina que producía sonidos. El médico alemán Hermann Helmholtz, que escribió Sensaciones del tono (1863), inauguró el estudio de la fonética acústica; el abad francés Jean Pierre Rousselot fue el primer investigador de la fonética experimental y escribió Principes de phonétique experimentale, que se publicaron entre los años 1897-1908. También en el siglo XIX se empieza a estudiar la fonética desde otro ángulo y se esboza la teoría del fonema por Jan Baudouin de Courtenay, que luego formula el fundador de la escuela estructuralista el suizo, Ferdinand de Saussure. En la escuela de la fonética descriptiva y articulatoria trabaja el español Tomás Navarro Tomás, que escribe Manual de pronunciación española; su discípulo Samuel Gili Gaya publica en 1961 Elementos de fonética general. En Estados Unidos el lingüista Leonard Bloomfield y el antropólogo Edward Sapir contribuyen de forma decisiva a la teoría fonética, mientras el creador del Círculo de Praga, Roman Jakobson, desarrolló la teoría de las características universales de todos los sistemas fonémicos. La escuela española de Fonética tiene dos líneas de trabajo: la estructuralista, que representa Emilio Alarcos con su obra Fonología española, publicada en 1969, y la acústica, representada por Antonio Quilis, colaborador del fonetista danés Betil Malmberg, que publica Fonética y fonología del español en 1963.


La Semántica




Semántica (del griego semantikos, 'lo que tiene significado'), estudio del significado de los signos lingüísticos, esto es, palabras, expresiones y oraciones. Quienes estudian la semántica tratan de responder a preguntas del tipo '¿Cuál es el significado de X (la palabra)?'. Para ello tienen que estudiar qué signos existen y cuáles son los que poseen significación —esto es, qué significan para los hablantes, cómo los designan (es decir, de qué forma se refieren a ideas y cosas), y por último, cómo los interpretan los oyentes—. La finalidad de la semántica es establecer el significado de los signos —lo que significan— dentro del proceso que asigna tales significados.
La semántica se estudia desde una perspectiva filosófica (semántica pura), lingüística (semántica teórica y descriptiva) así como desde un enfoque que se conoce por semántica general. El aspecto filosófico está asentado en el conductismo y se centra en el proceso que establece la significación. El lingüístico estudia los elementos o los rasgos del significado y cómo se relacionan dentro del sistema lingüístico. La semántica general se interesa por el significado, por cómo influye en lo que la gente hace y dice.
Cada uno de estos enfoques tiene aplicaciones específicas. En función de la semántica descriptiva, la antropología estudia lo que entiende un pueblo por importante desde el punto de vista cultural. La psicología, sustentada por la semántica teórica, estudia qué proceso mental supone la comprensión y cómo identifica la gente la adquisición de un significado (así como un fonema y una estructura sintáctica). El conductismo aplicado a la psicología animal estudia qué especies animales son capaces de emitir mensajes y cómo lo hacen. Quienes se apoyan en la semántica general examinan los distintos valores (o connotaciones) de los signos que supuestamente significan lo mismo (del tipo 'el manco de Lepanto' y 'el autor del Quijote', para referirse los dos a Cervantes). La crítica literaria, influida por los estudios que distinguen la lengua literaria de la popular, describe cómo las metáforas evocan sentimientos y actitudes, entroncándose también en la semántica general.
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LA PERSPECTIVA FILOSÓFICA
A finales del siglo XIX, el lingüista francés Jules Alfred Bréal propuso la 'ciencia de las significaciones', avanzando un paso más en los planteamientos del suizo Ferdinand de Saussure, que había investigado de qué forma se vincula el sentido a las expresiones y a los demás signos. En 1910 los filósofos británicos Alfred North Whitehead y Bertrand Russell publicaron los Principia Mathematica (Principios matemáticos), que ejercieron una gran influencia en el Círculo de Viena, un grupo de filósofos que desarrollaron un estudio filosófico de gran rigor conocido por positivismo lógico. (véase Filosofía analítica y lingüística).
2.1
Lógica simbólica
Una de las figuras más destacadas del Círculo de Viena, el filósofo alemán Rudolf Carnap, realizó su más importante contribución a la semántica filosófica cuando desarrolló la lógica simbólica: sistema formal que analiza los signos y lo que designan. El positivismo lógico entiende que el significado es la relación que existe entre las palabras y las cosas, y su estudio tiene un fundamento empírico: puesto que el lenguaje, idealmente, es un reflejo de la realidad, sus signos se vinculan con cosas y hechos. Ahora bien, la lógica simbólica usa una notación matemática para establecer lo que designan los signos, y lo hace de forma más precisa y clara que la lengua; esta notación también constituye por sí misma un lenguaje, concretamente un metalenguaje (lenguaje técnico formal) que se emplea para hablar de la lengua como si de otro objeto se tratara: la lengua es objeto de un determinado estudio semántico.
Una lengua objeto tiene un hablante (por ejemplo una francesa) que emplea expresiones (como por ejemplo la plume rouge) para designar un significado (en este caso para indicar una determinada pluma —plume— de color rojo —rouge—). La descripción completa de una lengua objeto se denomina semiótica de esa lengua. La semiótica presenta los siguientes aspectos: 1) un aspecto semántico, en el que reciben designaciones específicas los signos (palabras, expresiones y oraciones); 2) un aspecto pragmático, en el que se indican las relaciones contextuales entre los hablantes y los signos; 3) un aspecto sintáctico, en el que se indican las relaciones formales que existen entre los elementos que conforman un signo (por ejemplo, entre los sonidos que forman una oración).
Cualquier lengua interpretada según la lógica simbólica es una lengua objeto que tiene unas reglas que vinculan los signos a sus designaciones. Cada signo que se interpreta tiene una condición de verdad —una condición que hay que encontrar para que el signo sea verdadero—. El significado de un signo es lo que designa cuando se satisface su condición de verdad. Por ejemplo la expresión o signo la luna es una esfera la comprende cualquiera que sepa español; sin embargo, aunque se comprenda, puede o no ser verdad. La expresión es verdadera si la cosa a la que la expresión o signo se vincula —la luna— es de verdad una esfera. Para determinar los valores de verdad del signo cada cual tendrá que comprobarlo mirando la luna.
2.2
Semántica de los actos de habla
La lógica simbólica de la escuela positivista intenta captar el significado a través de la verificación empírica de los signos —es decir, comprobar si la verdad del signo se puede confirmar observando algo en el mundo real—. Este intento de comprender así el significado sólo ha tenido un éxito moderado. El filósofo austriaco nacionalizado británico Ludwig Wittgenstein la abandonó en favor de su filosofía del 'lenguaje corriente' donde se afirmaba que la verdad se basa en el lenguaje diario. Puntualizaba que no todos los signos designan cosas que existen en el mundo, ni todos los signos se pueden asociar a valores de verdad. En su enfoque de la semántica filosófica, las reglas del significado se revelan en el uso que se hace de la lengua.
A partir de la filosofía del lenguaje diario la teoría ha desarrollado la semántica de los actos de habla (donde habla es una realización concreta del lenguaje, según fue definida por Saussure). El filósofo británico J. L. Austin afirma que, cuando una persona dice algo, realiza un acto de habla, o hace algo, como enunciar, predecir o avisar, y su significado es lo que se hace en el acto de habla por medio de la expresión. Dando un paso más en esta teoría, el estadounidense John R. Searle se centra en la necesidad de relacionar las funciones de los signos o expresiones con su contexto social. Afirma que el habla implica al menos tres tipos de actos: 1) actos locucionarios, cuando se enuncian cosas que tienen cierto sentido o referencia (del tipo la luna es una esfera); 2) actos ilocucionarios, cuando se promete o se ordena algo de viva voz, y 3) actos perlocucionarios, cuando el hablante hace algo al interlocutor mientras habla, como enfurecerlo, consolarlo, prometerle algo o convencerlo de algo. La fuerza ilocucionaria, que reciben los signos gracias a las acciones implícitas en lo que se dice, expresa las intenciones del hablante. Para conseguirlo, los signos que se empleen tienen que ser adecuados, sinceros y consistentes con las creencias y conducta del hablante, y así mismo tienen que ser reconocibles por el oyente y tener para él significado.
La semántica filosófica estudia la distinción entre la semántica organizada sobre los valores de verdad y la semántica de los actos de habla. Las críticas a esta teoría mantienen que su verdadera función es analizar el significado de la comunicación (como opuesto al significado del lenguaje), y que por consiguiente se convierte en pragmática, es decir, en semiótica, y por tanto relaciona los signos con el conocimiento del mundo que muestran los hablantes y los oyentes, en lugar de relacionar los signos con lo que designan (aspecto semántico) o de establecer las relaciones formales que hay entre los signos (aspecto sintáctico). Quienes realizan esta crítica afirman que la semántica debe limitarse a asignar las interpretaciones que corresponden a los signos, independientemente de quién sea el hablante y el oyente.
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PERSPECTIVA LINGÜÍSTICA
Básicamente se distinguen dos escuelas: la semántica descriptiva y la teórica.
3.1
Semántica descriptiva
Desde esta perspectiva, las investigaciones se centran en examinar lo que significan los signos en una lengua concreta. Por ejemplo, investigan lo que constituye un nombre, un sintagma nominal, un verbo o un sintagma verbal. En algunas lenguas como el español, el análisis se hace a través de la relación sujeto-predicado. En otras lenguas, que no tienen claras las distinciones entre nombres, verbos y preposiciones, se puede decir lo que significan los signos cuando se analiza la estructura oracional. En este análisis, un signo es un operador que se combina con uno o más argumentos, signos también, —a menudo argumentos nominales (o sintagmas nominales)— o bien relaciona los argumentos nominales con otros elementos de la expresión (como los sintagmas preposicionales o los adverbiales). Por ejemplo, en la expresión: El árbitro señaló falta al delantero, señaló es un operador que relaciona los argumentos 'el árbitro', 'al delantero', con el operador 'falta'.
Tanto si se hace el análisis basándose en la relación sujeto-predicado, como si se realiza partiendo de la oración, la semántica descriptiva fija las clases de expresiones (o clases de unidades que se pueden sustituir dentro de un mismo signo) y las clases de unidades, que son las partes de la oración, como se llaman tradicionalmente (como nombres y verbos). Así pues, las clases que resultan se definen en términos sintácticos, que además poseen papeles semánticos; planteado de otra manera, las unidades que constituyen las clases realizan funciones gramaticales específicas, y cuando las realizan, establecen el significado por medio de la predicación, la referencia y las distinciones entre entidades, relaciones y acciones. Por ejemplo 'mojar' pertenece a una determinada clase de expresión que contiene otras unidades como 'modificar' y 'curar', y también pertenece a la parte de la oración que se conoce por verbo, donde forma parte de la subclase de operadores que necesitan dos argumentos, uno agente y otro paciente. En La lluvia moja las calles, el papel semántico de 'moja' es el de relacionar dos argumentos nominales ('lluvia' y 'calles'), por lo tanto su papel semántico es el de identificar un tipo de acción. Desgraciadamente no siempre es posible establecer una correlación exacta entre clases semánticas y papeles semánticos. Por ejemplo, 'David' tiene el mismo papel semántico —el de identificar a una persona— en las siguientes oraciones: No nos parece fácil querer a David y No parece fácil que David nos quiera. Sin embargo el papel sintáctico de 'David' es diferente en las dos oraciones: en la primera 'David' es paciente y receptor de la acción, en la segunda es agente.
La antropología, llamada etnolingüística, se sirve de la semántica lingüística para determinar cómo expresan los signos de una lengua las percepciones y creencias del pueblo que habla dicha lengua, y esto es lo que se realiza por medio del análisis semántico formal (o análisis de componentes). Se entiende por signo una palabra, con unidad propia en el vocabulario, a la que se llama lexema. El análisis de componentes demuestra la idea de que las categorías lingüísticas influyen o determinan la visión del mundo que tiene un determinado pueblo; esta hipótesis, llamada por algunos 'hipótesis de Whorf', la han formulado varios autores y ha sido muy debatida a principios del siglo XX por otros autores como Sapir, Vendryes o Menéndez Pidal. En el análisis de componentes, los lexemas que pertenecen al mismo campo de significación integran el dominio semántico. Éste se caracteriza por una serie de rasgos semánticos distintivos (componentes o constituyentes) que son las unidades mínimas de significado que distinguen a un lexema de otro. Un análisis de este tipo fija, por ejemplo, que en español el dominio semántico de asiento abarca básicamente los lexemas silla, sillón, sofá, banco, taburete y banqueta que se distinguen entre sí por tener o no respaldo, brazos, número de personas que se acomodan en el asiento, y altura de las patas. Pero todos los lexemas tienen en común un componente o rasgo de significación: algo sobre lo que sentarse.
Con el análisis de componentes, los lingüistas esperan poder identificar el conjunto universal de los rasgos semánticos que existen, a partir de los cuales cada lengua construye el suyo propio, que la hace distinta de otra. El antropólogo estructuralista francés Claude Lévi-Strauss ha aplicado la hipótesis de los rasgos semánticos universales para analizar los sistemas de mito y parentesco de varias culturas. Demostró que los pueblos organizan sus sociedades e interpretan sus jerarquías en ellas de acuerdo con ciertas reglas, a pesar de las aparentes diferencias que muestran.
3.2
Semántica teórica
Esta escuela busca una teoría general del significado dentro de la lengua. Para sus seguidores el significado forma parte del conocimiento o competencia lingüística que todo humano posee. La gramática generativa, como modelo de la competencia lingüística, tiene tres componentes: el fonológico (sistema de sonidos), el sintáctico y el semántico. Este último, dado que forma parte de la teoría generativa sobre el significado, se entiende como un sistema de reglas para decidir cómo hay que interpretar los signos susceptibles de interpretación y determina qué signos carecen de interpretación aunque sean expresiones gramaticales. Por ejemplo, la frase Los gatos impresionistas pintaron una escalera carece de significado aunque sea una oración aceptable desde el punto de vista de su corrección sintáctica —no hay reglas que puedan interpretarla porque la frase está semánticamente bloqueada—. Estas mismas reglas también tienen que decidir qué interpretación es la adecuada en algunas oraciones ambiguas como: Tropezó el burro de Sancho que puede tener al menos dos interpretaciones.
La semántica generativa surgió para explicar la capacidad que tiene el hablante para producir y entender expresiones nuevas donde falla la gramática o la sintaxis. Su finalidad es demostrar cómo y por qué una persona, por ejemplo, comprende en seguida que carece de significado la oración Los gatos impresionistas pintaron una escalera aunque está construida según las reglas de la gramática española; o cómo ese hablante decide en cuanto la oye, qué interpretación dar, dentro de las dos posibles, a Tropezó el burro de Sancho.
La semántica generativa desarrolla la hipótesis de que toda la información necesaria para interpretar semánticamente un signo (generalmente una oración) está en la estructura profunda sintáctica o gramatical de dicho signo. Esa estructura profunda incluye lexemas (que hay que entender como palabras o unidades del vocabulario que están formadas por rasgos semánticos que se han seleccionado dentro del conjunto universal de los rasgos semánticos). En una estructura superficial (esto es cuando se habla) los lexemas aparecerán como nombres, verbos, adjetivos y otras partes de la oración, es decir, como unidades del vocabulario. Cuando un hablante produce una oración, asigna a los lexemas los papeles semánticos (del tipo sujeto, objeto y predicado); el oyente escucha la oración e interpreta los rasgos semánticos que significan.
Dentro de esta escuela, se ha discutido si son distintas la estructura profunda y la interpretación semántica. La mayoría de los generativistas afirma que una gramática debe generar la serie de expresiones bien construidas que sean posibles en cada lengua, y que esa gramática debería asignar la interpretación semántica que corresponda a cada expresión.
También se ha discutido si la interpretación semántica debe entenderse que está basada en la estructura sintáctica (esto es, procede de la estructura profunda de la oración), o si debe estar basada sólo en la semántica. De acuerdo con Noam Chomsky, el fundador de esta escuela —dentro de una teoría de base sintáctica— puede que la estructura superficial y la profunda determinen conjuntamente la interpretación semántica de una expresión.
4
SEMÁNTICA GENERAL
Se centra en responder a la cuestión que plantea cómo los pueblos valoran las palabras y cómo influye en su conducta esa valoración. Sus principales representantes son el lingüista estadounidense de origen polaco Alfred Korzybski y el también lingüista y político de la misma nacionalidad S. I. Hayakawa, quienes se esforzaron en alertar a la gente de los peligros que conlleva el tratar las palabras sólo en su condición de signos. Estos autores usan en sus escritos las directrices de la semántica general para invalidar las generalizaciones poco rigurosas, las actitudes rígidas, la finalidad incorrecta y la imprecisión. No obstante, algunos filósofos y lingüistas han criticado la semántica general porque carece de rigor científico, razón por la cual este enfoque ha perdido popularidad.


Sintaxis




Sintaxis, parte de la gramática que se ocupa de las reglas mediante las cuales se combinan las unidades lingüísticas para formar la oración. Las relaciones entre las unidades lingüísticas pueden ser diferentes de una lengua a otra. El enfoque y definición de sintaxis varía entre las distintas escuelas lingüísticas. La semiótica interrelaciona la relación de las palabras con su significado, es decir, con la semántica y, por lo tanto, el modelo lógico de análisis será la pragmática en la que el contexto es importante, mientras que para la gramática generativa la sintaxis es el único componente de una oración y su método de análisis fundamental.


La Morfología




Morfología, nivel de descripción de la gramática que estudia la estructura y la forma de las palabra tanto en su flexión como en los procesos de formación de nuevas palabras.
A diferencia de la sintaxis, que toma las palabras como unidades para construir oraciones agrupándolas según su función en la estructura oracional, la morfología se interesa por la estructura interna de las palabras, e intenta descubrir las reglas que gobiernan la formación de palabras a partir de unidades menores. Las unidades básicas con que trabaja la morfología son los morfemas, las unidades lingüísticas más pequeñas con significado. Los morfemas son entidades abstractas que expresan rasgos básicos de tipo gramatical o semántico (véase Morfema; Lexema). Su realización como parte de una palabra se denomina morfo. Habitualmente, morfema y morfo se encuentran en una relación uno a uno; sin embargo, en algunas ocasiones un morfema puede realizarse con diferentes morfos, extremo que se conoce como alomorfía. Así, por ejemplo, -s, -es, -Ø son alomorfos del morfema de plural en español, como puede observarse en hombre/hombres, par/pares, crisis/crisis, respectivamente.
2
RAMAS DE LA MORFOLOGÍA

2.1
Morfología flexiva
La morfología flexiva estudia la variación de las formas de las palabras al combinarse un lexema con diferentes morfemas flexivos tales como el número, el tiempo, la persona, etcétera. Así, amo, amas, ama, por ejemplo, son formas flexivas del verbo amar, y a su vez esta palabra es la forma canónica que, por convención, las representa a todas. Las formas distintas de una forma canónica constituyen su paradigma. La morfología flexiva estudia la estructura semántica y la forma de los paradigmas.
2.2
Morfología léxica
La morfología léxica se ocupa de los recursos que poseen las lenguas para formar nuevas palabras a partir de las formas ya existentes. Habitualmente, los procesos de formación de palabras se dividen en derivación y composición.
2.2.1
La derivación
Se entiende por derivación el procedimiento de formación de palabras por medio de la adición de afijos o morfemas derivativos a una palabra primitiva. La palabra primitiva se considera la base de la derivación. Existen dos tipos de derivación: la apreciativa, en la que el término derivado tiene el mismo valor designativo que la base y la única diferencia entre ellos es de carácter apreciativo (perro/perrito) y la significativa, en la que base y derivación tienen denotaciones, es decir, se refieren a entidades, distintas (perro/perrera). La derivación apreciativa no constituye, sin embargo, un procedimiento de formación de palabras nuevas, si bien algunos apreciativos pueden especializarse en su significado convirtiéndose en palabras nuevas: caña/cañón, mesa/mesilla, bomba/bombilla, codo/codazo.
Los afijos utilizados por la derivación incluyen prefijos, infijos y sufijos. En español, la prefijación y la infijación no modifican nunca la categoría léxica de la base (unir/desunir; aviso/preaviso; estatal/paraestatal; picar/picotear), mientras que la sufijación significativa puede modificar esta (comparar/comparable/comparabilidad) aunque no siempre lo haga (toro/torero). La derivación apreciativa, debido a la identidad de designaciones de primitivo y derivado, no modifica nunca la categoría de la base (véase Afijos).
La derivación puede aplicarse a palabras previamente derivadas: culpa/culpar/culpable/culpabilizar/culpabilización.
Es motivo de debate entre los lingüistas la consideración de palabras como producir o inferir bien como palabras derivadas o bien como primitivas, tomadas directamente de otra lengua, en este caso del latín. Su consideración como derivados, siempre muy cuestionada, implica aceptar que formas no existentes en la lengua (*ducir, *ferir) pueden ser bases para la derivación. Asimismo, distinguir entre prefijos y lexemas no siempre es fácil, como lo prueban los siguientes ejemplos: subsecretario, endocardio, fotografía. Mientras que la primera se considera una palabra derivada, por incluir un prefijo (latino) productivo todavía en español, las dos últimas contienen sendos elementos compositivos griegos (endo-, `dentro’; foto-, `luz’) que sitúan estas palabras a mitad de camino entre la derivación y la composición.
2.2.2
La composición
Se entiende por composición el procedimiento de creación de nuevas palabras por medio de la concatenación de dos o más lexemas: limpia-cristales, roji-blanco, hoja-lata, barbi-lampiño, mala-sombra. Estos ejemplos dan cuenta de las combinaciones categoriales más productivas en español actual: verbo-nombre, adjetivo-adjetivo, nombre-nombre, nombre-adjetivo y adjetivo-nombre; lo cual no significa que no existan otras (mal-vivir, va-i-vén), especialmente en el lenguaje publicitario (abrefácil).
Junto a los compuestos morfológicos, existen en español múltiples sintagmas de significado unitario que son considerados por muchos autores también como compuestos: diente de león, ojo de buey, cabello de ángel, escalera de caracol, llave inglesa, montaña rusa. No todos estos sintagmas muestran el mismo grado de opacidad en su denotación. Así, mientras que una escalera de caracol es un tipo de escalera, un diente de león o un ojo de buey no son (en el significado en el que se quieren ver como compuestos) sino un tipo de planta y un tipo de ventana circular, respectivamente. Cuanta menor relación exista entre las denotaciones del primer sustantivo del sintagma y la del sintagma completo (es decir, cuanto mayor sea el grado de lexicalización del sintagma), mayor será el acuerdo entre lingüistas, en el sentido de considerar dicho sintagma un elemento léxico, enumerable en el diccionario, quizá con el carácter de compuesto.
2.2.3
Otros procedimientos de formación de palabras
Parasíntesis: Algunos autores consideran que la parasíntesis es una forma de derivación que incluye prefijación y sufijación a la vez (rojo/enrojecer; largo/alargar), si bien, en su sentido más estricto se trata de un procedimiento que combina derivación y composición (ropa y vieja/ropa-vej-ero).
Acronimia y siglas: Ambos procedimientos implican el uso de una o varias letras de las palabras que forman una unidad de significado para formar una nueva palabra (véase Abreviación).
Acortamiento: Consiste en formar palabras eliminando parte del material fónico de una palabra que se percibe como excesivamente larga: cine (cinematógrafo), foto (fotografía), zoo (parque zoológico). Su empleo es frecuente en el nivel coloquial: cole (colegio), bici (bicicleta).


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