El invento de la Libra esterlina





Libra esterlina, unidad monetaria del Reino Unido, representada por el símbolo £. Basándose en su contenido en oro, la libra, representada por una moneda de oro, el soberano, contiene 113,001 granos, o 7,32238 gramos, de oro puro. Debido a la posición que tradicionalmente ha tenido el Reino Unido en el comercio mundial, y como principal centro financiero y de banca internacional, la libra ha sido una de las principales unidades monetarias o divisa utilizada a escala internacional. La expresión de 'área esterlina' o 'zona esterlina' se refiere a aquellos países que pertenecieron al Imperio Británico, o pertenecen a la Commonwealth, o países cuyo comercio exterior se realiza con el Reino Unido, y por lo tanto mantienen muchas libras esterlinas en reservas. En mayo de 2007, una libra esterlina se cambiaba por 1,98 dólares estadounidenses.
En la historia, el término libra y libra esterlina apareció en la Bretaña anglosajona en el siglo VIII cuando la principal unidad monetaria, denominada 'esterlina' se hizo equivalente a 1/240 de una libra de plata y 240 esterlinas se conocían bajo el nombre de 'una libra de esterlinas'. La libra se pudo convertir en plata hasta el año 1717, siendo sustituida por oro por el gobierno británico. En 1797 el gobierno abandonó el patrón oro durante las guerras napoleónicas; el patrón oro fue restaurado en 1816; se abandonó de nuevo este sistema durante la I Guerra Mundial, y se volvió a restaurar en 1925, para abandonarlo definitivamente en 1931. Los intentos de mantener un tipo de cambio fijo de la libra esterlina con otras monedas fracasaron por primera vez en 1972, cuando los acuerdos monetarios derivados de la Conferencia de Bretton Woods dejaron de ser efectivos, y de nuevo en 1992 cuando la libra esterlina abandonó el Sistema Monetario Europeo de la Unión Europea. En la actualidad, su valor se fija mediante el mecanismo de la oferta y demanda.
El 15 de febrero de 1971, la equivalencia de la libra pasó al sistema decimal, y en vez de dividirse en 20 chelines se dividió en cien peniques, reemplazándose los chelines y peniques tradicionales utilizados desde el siglo XI y durante la época anglonormanda.

El invento de los Sindicatos en España y Latinoamérica





Sindicatos (España y Latinoamérica), organizaciones y asociaciones que a lo largo de la historia han luchado por mejorar la situación de la clase obrera en España y en los países de Latinoamérica.
El movimiento obrero organizado se inició en Gran Bretaña y Francia durante el siglo XVIII y principios del XIX, extendiéndose con gran rapidez por todo el mundo. En España y Latinoamérica aparecen las primeras organizaciones de trabajadores a mediados del siglo XIX, adquiriendo pronto una destacada importancia. La pobreza, las malas condiciones de vida, el bajo nivel de vida, y la explotación capitalista del proletariado del continente sudamericano hicieron que surgiesen multitud de organizaciones de trabajadores. Sin embargo, la inestabilidad política y las dictaduras militares, tanto en España como en el entorno latinoamericano, han dificultado la supervivencia de estos movimientos. Algunos han logrado sobrevivir en la clandestinidad, otros han desaparecido, y algunos han renacido con el restablecimiento de la democracia.
La descripción de los sindicatos en el mundo de habla hispana viene dificultada por la ingente cantidad de organizaciones de este tipo existentes, puesto que no sólo aparecen sindicatos generales a los que se pueden adscribir todos los trabajadores por cuenta ajena, sino también sindicatos específicos para cada rama de actividad, industria, o incluso empresa concreta.
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SINDICATOS EN ESPAÑA
El movimiento obrero y las asociaciones sindicales en España han tenido una fuerza predominante desde mediados del siglo XIX. Durante las años anteriores a la I República española aparecieron numerosas organizaciones sindicales adscritas a todo tipo de corrientes políticas. Entre 1839 y 1867 debieron existir en España unas 30 sociedades obreras, siendo la más conocida la Sociedad de Tejedores de Barcelona, fundada en 1840. Poco después se formó la Federación de las Tres Clases de Vapor. En 1855 el capitán general de Barcelona disolvió las llamadas ‘sociedades de resistencia’ de los trabajadores. La revolución de 1868 facilitó la aparición de nuevas organizaciones y la llegada a España de los primeros enviados de las organizaciones obreras internacionales. La Federación Regional española, adherida a la Asociación Internacional, de tendencia anarquista, se fundó en 1870. Dos años más tarde, en 1872, se produjo una escisión y un grupo de trabajadores de orientación marxista creó la Nueva Federación Madrileña, embrión inicial de la Unión General de Trabajadores (UGT), creada en Barcelona en 1888.
Por su parte, los núcleos obreros anarquistas, seguidores de Mijaíl Alexándrovich Bakunin, sobrevivieron en medio de grandes dificultades, hasta que lograron establecer la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), a finales de 1910.
Las organizaciones obreras españolas participaron, junto con los partidos de izquierdas, en los diferentes procesos revolucionarios que jalonaron las primeras décadas del siglo XX, el enfrentamiento o la colaboración con la dictadura del general Primo de Rivera, las huelgas generales nacionales o regionales, la represión militar y el advenimiento de la II República, que apoyaron inicialmente con todo entusiasmo.
Sus diferentes actuaciones durante el periodo republicano, especialmente las protagonizadas por la Federación Anarquista Ibérica (FAI), el sector más radical de la CNT, llevó a los sindicatos a un enfrentamiento suicida del que supieron salir cuando el levantamiento del 18 de julio de 1936 volvió a unirlos en la lucha contra el fascismo, durante la Guerra Civil. El movimiento asociativo obrero sufrió una grave crisis durante el franquismo, cuando se prohibió la libre sindicación, por lo que los sindicatos obreros tuvieron que pasar a la clandestinidad.
En la actualidad, los dos sindicatos con mayor representación son Comisiones Obreras (CCOO) y la UGT. Las Comisiones Obreras surgieron a raíz de las huelgas mineras asturianas de 1962 y 1963 (siendo su primer antecedente las comisiones de fábrica del País Vasco de 1956 y la comisión obrera de 1958 en Gijón). Respaldadas por el Partido Comunista de España (PCE) lograron una rápida difusión y se caracterizaron por luchar, desde su interior, contra el sindicalismo vertical de la Central Nacional de Sindicatos (CNS). Declaradas ilegales en diciembre de 1966, perdieron parte de su influencia durante el periodo de clandestinidad, aunque volvieron a ser el principal sindicato tras ser declaradas legales en 1977. En las elecciones sindicales de 1978 tenían una posición superior a la de UGT, predominio que perdieron en las elecciones sindicales de 1986 recuperándose posteriormente. En 1987 Antonio Gutiérrez sustituyó en la presidencia a su líder histórico, Marcelino Camacho.
La UGT experimentó un crecimiento espectacular durante la II República, a la que defendió en las grandes ciudades tras el alzamiento de 1936. Fue declarada ilegal durante el franquismo, por lo que perdió gran parte de su influencia. Tras la muerte del general Francisco Franco en 1975, recuperó la legalidad y a partir de 1986 afianzó su liderazgo dentro del movimiento sindical español. Creó una plataforma de acción sindical con CCOO en 1988 para protestar, en la opinión de estos sindicatos, por la política social-liberal del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), convocando una huelga general en toda España el 14 de diciembre de 1988, con una respuesta de apoyo masivo por parte de la población. En 1992 volvieron a convocar otra huelga general, esta vez de media jornada, que tuvo menos repercusión que la anterior. Durante el XXXVI Congreso de la UGT (1994), el que había sido su secretario general desde 1976, Nicolás Redondo, fue sustituido por Cándido Méndez.
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SINDICATOS EN LATINOAMÉRICA
Luiz Inácio Lula da Silva
Luiz Inácio da Silva, el político brasileño más conocido como Lula, se convirtió en la década de 1970 en uno de los sindicalistas más destacados de Latinoamérica. En 1980 participó de forma decisiva en la fundación del Partido de los Trabajadores (PT). Esta imagen suya, de 1994, fue tomada poco antes de ejercer su segunda candidatura presidencial y sufrir la primera derrota ante el socialdemócrata Fernando Henrique Cardoso.

Los primeros movimientos sindicales organizados aparecieron en América latina a mediados del siglo XIX. En 1847 se crearon en Chile las primeras Sociedades de Socorro Mutuo que entre 1850 y 1860 convocarían las primeras huelgas de trabajadores. Argentina inició sus relaciones con la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT) en 1870. En Uruguay se creó en 1876 la Federación Regional de Montevideo que dio lugar a la Federación Obrera Local Uruguaya de 1885. En 1901 surgió la Federación Obrera Argentina, antecedente de la socialista Unión General de Trabajadores (UGT) argentina (1903), y sociedades similares aparecieron en Paraguay (1906), Bolivia (1908) y México (1912). En la actualidad los sindicatos más destacados de la región son: la Confederación de Trabajadores de Chile (CTCh), creada en 1936, y que en 1952 se convirtió en la Central Unificada de Trabajadores Chilenos (CUTCh); la Confederación de Trabajadores de México (CTM), en cuya fundación (1936) destacaron Vicente Lombardo Toledano (su principal organizador y primer secretario general) y Fidel Velázquez (que la dirigió desde 1941 hasta 1997), y que forma parte de la estructura orgánica del Partido Revolucionario Institucional (PRI); la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV), disuelta tras el golpe de Estado de 1948, y reorganizada en 1959; la Confederación General del Trabajo de Argentina (CGTA) creada en 1943 y la Unión General de Trabajadores (UGT) de Argentina (1903). A escala interregional funcionó la Confederación de Trabajadores de América Latina (CTAL), organización sindical (cuyo primer presidente fue también Lombardo Toledano) fundada en México en 1938 a la cual se afiliaron la mayoría de las organizaciones sindicales de los países latinoamericanos y que en la década de 1950 daba a conocer la cifra de ocho millones de afiliados, en el momento de mayor apoyo a las políticas sindicales de la órbita comunista, razón de su constante decadencia en los años siguientes. Más importancia tuvo, a partir de 1951, la conversión de la Confederación Latinoamericana de Trabajadores (CLT) en la más amplia y democrática Organización Regional Interamericana de Trabajadores (ORIT), rama latinoamericana de la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres (CIOSL), que se había creado en Londres en 1949 y cuya sede en México se estableció en 1952. Desde sus inicios mantuvo excelentes relaciones con los sindicatos democráticos del mundo occidental.


El invento del Dólar




Dólar. (Del ingl. dollar, y este del b. al. daler). m. Unidad monetaria de los Estados Unidos de América, el Canadá, Australia, Liberia, Nueva Zelanda y otros países del mundo. || 2. Moneda de plata de los Estados Unidos de América, el Canadá y Liberia.


Moneda de dólar
Moneda de dólar de oro cuya emisión comenzó a comienzos de 2000. En su anverso se representa a Sacajawea y a su pequeño hijo Jean Baptiste. Sacajawea fue la indígena que guió durante muchas jornadas a Lewis y Clark en su famosa expedición, desarrollada desde 1804 hasta 1806 por gran parte del territorio norteamericano.
Cortesía de la Casa de la Moneda de los Estados Unidos de América
Dólar, denominación de varias monedas en vigor en diversos lugares de Europa, África, Asia, Oceanía y en el hemisferio occidental. Es la unidad de cuenta de los sistemas monetarios de Australia, Canadá, Hong Kong, Nueva Zelanda, Singapur, Estados Unidos y otros países. El término dólar proviene del alemán Daler o Taler, abreviatura de joachimsthaler, nombre de una moneda de plata que llevaba impresa la efigie de San Joaquín, acuñada por primera vez (1519) en lo que hoy es Alemania. Con posterioridad, se acuñó una gran moneda de oro en España denominada peso duro que fue muy utilizada en las colonias españolas e inglesas del Nuevo Mundo.
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DÓLAR AUSTRALIANO
Australia adoptó el sistema decimal para sus monedas en 1966, reemplazando el anterior sistema imperial británico de la libra esterlina. El dólar australiano se divide en cien céntimos. En mayo de 2007, un dólar australiano equivalía a 0,61 euros.
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DÓLAR CANADIENSE
Canadá adoptó el sistema decimal para sus monedas en 1867. Dólares, céntimos y milésimas fueron definidos para ejercer de moneda oficial canadiense: un dólar de 2,58 gramos de oro sería el valor normal de la moneda oficial. En mayo de 2007, un dólar canadiense equivalía a 0,66 euros.
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DÓLAR NEOZELANDÉS
La ley sobre la Moneda Decimal de 1964 sancionó el sistema decimal en Nueva Zelanda que entró en vigor en 1967, sustituyendo a la libra neozelandesa. El dólar neozelandés está dividido también en cien céntimos. En mayo de 2007, un dólar neozelandés equivalía a 0,54 euros.
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DÓLAR ESTADOUNIDENSE
Tras la guerra de la Independencia de Estados Unidos, el Congreso Continental adoptó el sistema decimal. Los primeros dólares estadounidenses se acuñaron en Filadelfia, por el Gobierno federal, en 1794, tras aprobarse la ley Monetaria de 1792. Esta ley establecía dos patrones de valor: un dólar de plata que contenía 371,25 gramos de plata pura y un dólar de oro que contenía 24,75 gramos de oro puro. El dólar de oro, que era muy pequeño, sólo circuló entre 1849 y 1889. A lo largo de la historia se ha revisado varias veces la proporción de oro y plata contenida en los dólares.
Una ley del Congreso de 1900 fijó el dólar de oro como patrón monetario de Estados Unidos, estableciendo también el valor del papel moneda de uso legal en función del valor de la moneda de oro. Hasta 1934, el papel moneda estaba respaldado por las monedas de oro o plata: se podían intercambiar los billetes por monedas fabricadas con oro o con plata. Tras la aprobación de la ley de las Reservas de Oro de 1934, el contenido de las monedas se redujo a 13,71 gramos; todas las monedas de oro y todos los billetes respaldados por oro, salvo los de los coleccionistas, fueron retirados de la circulación a cambio de otras monedas con el mismo valor facial, pero con menor valor real; la acuñación de monedas de oro se suprimió. En aquel entonces, había en circulación en torno a 311 millones de dólares en monedas de oro. Desde entonces, los dólares en circulación, tanto billetes como monedas, han sido fiduciarios: su valor viene dado por su poder adquisitivo, y no por su valor de intercambio por metales preciosos. El dólar estadounidense, desde que se aprobó la ley de Reservas de Oro, ha sufrido varias devaluaciones. Durante la década de 1970 el valor del dólar cayó en relación con otras monedas más estables, mientras que el valor del oro aumentaba. La recuperación económica estadounidense de principios de la década de 1980 cambió esta tendencia. Sin embargo, en 1986 se intentó reducir el enorme déficit comercial estadounidense devaluando el dólar frente a otras monedas, un proceso que tuvo un enorme éxito frente al marco y al yen.
Los dólares de plata siguieron en circulación hasta 1965, fecha en que estuvieron a punto de desaparecer porque su valor facial era muy inferior a su contenido en plata. A principios de 1975, se permitió que los estadounidenses tuvieran, compraran y vendieran oro como cualquier otro bien, pero las monedas de oro no circulaban como dinero.
El dólar es la primera moneda de reserva internacional, aunque se observan claros signos de decadencia desde la década de 1990, agudizados con la aparición del euro en 2002. Sin embargo, más del 60% de las reservas de divisas mundiales se conservan en dólares hoy día, y también más de la mitad de la riqueza privada mundial; la mitad del comercio mundial se sigue negociando en dólares. En mayo de 2007, un dólar estadounidense equivalía a 0,74 euros.

El invento del Sector público





Planta de ENSIDESA, Asturias
El obrero que aparece en la imagen trabajaba en un horno de coque de la planta de lo que fue ENSIDESA (Empresa Nacional Siderúrgica, Sociedad Anómina), empresa pública española dedicada a la producción de hierro y acero y situada en el concejo de Avilés, en el sector central del Principado de Asturias. Hoy, una vez privatizada, la empresa se llama Aceralia.


Sector público, empresas e instituciones que dependen del Estado en una economía nacional. La actividad económica del sector público abarca todas aquellas actividades que el Estado (Administración local y central) y sus empresas poseen o controlan. El papel y el volumen del sector público dependen en gran medida de lo que en cada momento se considera interés público; ello requiere definir con antelación el ámbito de ese interés general. Lo normal es que el sector público constituya un elevado porcentaje de la economía de un país e influya sobre la actividad económica global. Por ejemplo, el Gobierno puede limitar el crecimiento de los salarios de los funcionarios para evitar aumentos de la inflación, realizando así una política de precios y rentas extraoficial o informal.
A partir de la II Guerra Mundial, muchos países fomentaron el crecimiento del sector público en detrimento del sector privado, pero a partir de la década de 1980 esta tendencia cambió. Se favoreció la privatización de empresas públicas, revirtiéndose así la anterior política de nacionalizaciones. Este fenómeno se ha generalizado en Latinoamérica e incluso en los antiguos países comunistas de Europa del Este y Estados poscomunistas como China. Esta política presupone que el sector privado, debido a la competencia entre empresas, es capaz de producir con mayor eficacia y con menores costes que el sector público, cuya flexibilidad para reaccionar ante los cambios del mercado está limitada por la burocracia. Sin embargo, en algunos casos los gobiernos pueden preferir el mantenimiento de empresas públicas, aunque sean menos eficientes, por temor a las consecuencias políticas que podría ocasionar una apertura del sistema, como ocurre en China, que ante el peligro de la inestabilidad social que provocaría una alta tasa de desempleo mantiene empresas públicas ineficientes que incurren en enormes pérdidas año tras año. En Latinoamérica, las empresas del sector público tuvieron un papel estabilizador y regulador durante las décadas de posguerra e inclusive en la década de 1960. A partir de esa fecha, y debido a varios factores internos y externos, las empresas públicas comenzaron a generar enormes pérdidas, a lo que se sumó una galopante hiperinflación relacionada con la emisión descontrolada de moneda. A principios de la década de 1990 la mayoría de los gobiernos optó por privatizar gran parte de estas empresas, en su mayoría relacionadas con las telecomunicaciones, la banca y la energía.


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