SS organización nacionalsocialista alemana




El invento de la SS
SS, siglas de Schutz-Staffel (‘escuadras de protección’), organización nacionalsocialista alemana encargada, desde 1925, del servicio de seguridad y, además, desde 1941, de los programas de ejecuciones masivas que pusieron en marcha la denominada ‘solución final’, que dejó de existir poco antes de la derrota final de la Alemania nazi, en 1945.
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LA CREACIÓN DE LAS SS
Las SS fueron fundadas por Julius Schreck en abril de 1925 como una guardia personal de Adolf Hitler. Joseph Berchtold, el sucesor de Schreck, amplió el sistema de seguridad de las SS a todo el Partido Nacionalsocialista Alemán del Trabajo durante 1926. En 1927, Berchtold fue reemplazado por Erhard Heiden como reichsführer SS (máximo dirigente nacional de las SS), quien dejó su puesto en 1929 a Heinrich Himmler. Éste organizó en 1932 una unidad de inteligencia, la SD (Sicherheitsdienst RFSS, Servicio de Seguridad de las SS), y entregó su mando a Reinhard Heydrich.
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EL HOLOCAUSTO
Cuando los nazis llegaron al poder en enero de 1933, las SS contaban con 50.000 miembros, entre los que se encontraban los componentes de una nueva unidad de seguridad, la Leibstandarte-SS Adolf Hitler, y el personal del campo de concentración de Dachau, el primero de los veinte que más tarde se crearon. En abril de 1934, las SS se hicieron cargo de todas las organizaciones policiales alemanas, así como de la Gestapo (Geheime Staatspolizei, policía secreta); en el mes de julio, tras haber asesinado a Ernst Röhm, el principal dirigente de las SA (durante la llamada Noche de los cuchillos largos), se les concedió total independencia respecto de las demás instituciones estatales y del partido, y recibieron sus propias unidades militares, las VT (Verfügungstruppe). En 1936, los guardias de los campos de concentración pasaron a formar los TV (Totenkopfverbände, escuadrones de inteligencia) y la Lebensborn (‘Primavera de la vida’) puso en práctica el plan de Himmler para la creación de una ‘raza superior’ mediante técnicas de reproducción selectiva y adopciones forzosas.
Las SD empezaron a organizar la deportación de judíos en enero de 1939. Las SS colaboraron con el dirigente nacionalista eslovaco Jozef Tiso para derrocar al gobierno de Checoslovaquia en el mes de marzo, inmediatamente antes de que los alemanes invadieran los Sudetes. En mayo, sus tropas se reestructuraron en las Waffen-SS, y en septiembre, los miembros de las SD, vestidos con uniformes de soldados polacos, pretendieron hacer creer que tropas de esta nación invadían el territorio alemán, proporcionando así un pretexto para iniciar la invasión de Polonia. Otras unidades de las SS se encargaron de asesinar a nobles, sacerdotes y miembros destacados de la vida política y cultural polaca e internaron en guetos a 2,3 millones de judíos de esa nacionalidad. Asimismo, el oficial de las SS Christian Wirth preparó la ejecución de 100.000 personas, a las que se atribuía incapacidad mental o física en 1939. En esos momentos, las SS contaban con 258.000 hombres, la mayoría de los cuales pertenecía a la RSHA (Reichssicherheitshauptamt, Oficina Central de Seguridad del Estado), un organismo secreto dirigido por Heydrich, con autoridad sobre todos los dominios del partido con excepción de sus miembros.
En octubre de 1939, ya iniciada la II Guerra Mundial, la SS RuSHA (Rass- und Siedlungshauptamt, Oficina Central para la Raza y Repoblación) comenzó la deportación de aproximadamente un millón de polacos, a los que reemplazó por población de habla alemana procedente de los Países Bálticos y de Europa oriental. En mayo de 1940, Himmler, que había enviado a Hitler un memorial en el que solicitaba la deportación de los judíos, el sometimiento a la esclavitud de los pueblos eslavos, y la reubicación de los alemanes en Europa oriental, fue nombrado Reichskommissar für die Festigung Deutschen Volkstums (comisionado del Estado para el fortalecimiento de la ‘raza’ o RKF), y en enero de 1941 las SS se arrogaron el derecho a ejecutar a los ‘enemigos del Estado’ sin previo juicio. Entre marzo y julio de 1941, Hitler puso en marcha la ‘solución final de la cuestión judía en Europa’ —cuya consecuencia fue el denominado Holocausto—, es decir, el genocidio de 6 millones de personas a quienes se consideró judíos en virtud de las leyes nazis de Nuremberg de 1935.
Desde junio de 1941, cuando las tropas alemanas iniciaron la invasión de la Unión Soviética, hasta diciembre de ese año, las SS Einsatzgruppen (destacamentos especiales) asesinaron a unos 300.000 judíos soviéticos; otras unidades de las SS, en las que se encontraban reclutas de Ucrania y de los Países Bálticos, eliminaron a otros 200.000 judíos, y el Ejército ejecutó al menos a 19.000. Hacia 1943, las SS habían asesinado a 400.000 judíos más en el territorio soviético. Después de la Conferencia de Wannsee, organizada por Adolf Eichmann en enero de 1942, Wirth puso en funcionamiento campos de exterminio en Kulmhof (Chelmno), Belzec, Sobibor, Treblinka, Lublin-Majdanek y Auschwitz-Birkenau, en los que murieron al menos 3 millones de judíos. Las SS y otras unidades nazis también ejecutaron a miles de eslavos, activistas de izquierdas, homosexuales y gitanos.
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EL FINAL DEL NAZISMO
Este cuerpo continuó ampliando su esfera de poder sobre otros sectores claves de la economía y la sociedad alemanas. En abril de 1942, la SS WHVA (Wirtschafts-und Verwaltungshauptamt, Oficina Central para la Economía y la Administración), creada en 1940, tomó el control de las Waffen-SS, de los campos de concentración y de los 165 campos de trabajo en los que unos 600.000 prisioneros trabajaban para la empresa de las SS, la Ostindustrie GmbH, así como para numerosas compañías —gracias a acuerdos secretos— que producían material de construcción, armas, tejidos, objetos de piel y artículos de alimentación. Ernst Kaltenbrunner pasó a ser el jefe de la RSHA en 1942, al ser asesinado Heydrich por la resistencia checa. Las SS alcanzaron el punto culminante de su poder cuando Himmler fue nombrado ministro del Interior en agosto de 1943. Durante 1944, mientras las 40 divisiones de las Waffen-SS, compuestas por 910.000 soldados, participaban en las derrotas del Ejército alemán, los dirigentes nazis luchaban entre ellos por la sucesión. Hitler, informado de que Himmler había intentado negociar con los países aliados contra las potencias del Eje, abolió las SS y le expulsó del partido. El 30 de abril de 1945, el Führer se suicidó.

Armada Invencible




Armada Invencible
Armada Invencible, escuadra española formada por Felipe II para la invasión de Inglaterra. La reina británica Isabel I mantuvo siempre una postura contraria a España y de apoyo a los focos conflictivos que surgían en Europa. En 1585, la reina, que había favorecido a los rebeldes de los Países Bajos, firmó con ellos un tratado en el que se comprometía a prestarles ayuda militar a cambio de la presencia de sus tropas en Brill y Flesinga. En ese mismo año el corso se recrudeció y, en mayo, Felipe II ordenó la captura de todas las naves inglesas ancladas en puertos españoles. En septiembre, Francis Drake inició una campaña de ataque sistemático a las colonias del área del Caribe, poniendo en entredicho el sistema defensivo español en el Atlántico.
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CREACIÓN DE LA ARMADA
Conflictos durante el reinado de Felipe II
El reinado de Felipe II (1556-1598) estuvo marcado por una serie de claves de carácter global, pero con unos referentes concretos ineludibles. Por un lado, el enfrentamiento con el Imperio otomano en el mar Mediterráneo, al cual pueden ser adscritos, de forma general, los ataques piráticos lanzados sobre las costas hispánicas desde el norte de África, así como el episodio local de la sublevación de los moriscos de Las Alpujarras (1568-1571). El punto álgido de este frente se alcanzó en 1571 con la batalla de Lepanto. Por otra parte, el enfrentamiento con Inglaterra, con el dominio del océano Atlántico como trasfondo subyacente, cuyo hito crucial se produjo en 1588 con la fracasada acción de la Armada Invencible. Con anterioridad, en 1566, había surgido otro foco que terminaría por convertirse en escenario de conflicto permanente para el Rey Prudente: los Países Bajos, rebelados contra la Corona por cuestiones políticas (búsqueda de la independencia), económicas (la zona era un eje básico del comercio de la época) y religiosas (abrazo del calvinismo frente al catolicismo que representaba la Monarquía Hispánica). Los principales enemigos de Felipe II fueron pues, musulmanes y protestantes (anglicanos ingleses y calvinistas flamencos), un reflejo, no casual, del papel de máximo defensor del catolicismo en que el soberano se erigió. En el plano teológico, este aspecto tuvo su máxima expresión en el Concilio de Trento.

Para entonces el rey de España había recibido ya la propuesta de Álvaro de Bazán, primer marqués de Santa Cruz, de preparar una expedición naval contra Inglaterra, que solventase, a la vez, el problema del control del océano y la revuelta de los Países Bajos. Había consultado también a Alejandro Farnesio, que se había mostrado, aunque cauto, de acuerdo con el proyecto.
En los meses siguientes, la idea de la invasión de la isla tomó cuerpo. Santa Cruz y Farnesio enviaron al monarca sus planes respectivos para la campaña, que resaltaban, sobre todo el del segundo, la necesidad de una gran armada que neutralizara el poder de la inglesa y asegurara el traslado de los tercios de Flandes a Inglaterra. La falta de un puerto con calado suficiente para que atracaran los galeones inclinó a Felipe II hacía la posibilidad de que éstos realizaran la travesía del canal de la Mancha en barcazas, escoltados por la escuadra.
En la década de 1580 los ingresos de la Corona procedentes de las Indias fueron ingentes; estos recursos, junto con los que provenían de la Iglesia y de la fiscalidad castellana, hicieron posible la construcción de algunas embarcaciones y el avituallamiento de una poderosa flota.
Farnesio había fijado la fecha de la invasión para octubre de 1586, pero entonces, los 130 buques y los cerca de 30.000 hombres que compusieron 'La Invencible' no estaban listos, a pesar de que los astilleros aceleraron su actividad y se hicieron toda clase de esfuerzos, económicos y políticos para activar el aprovisionamiento. La ejecución de María Estuardo, en febrero de 1587, precipitó el plan de invasión.
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DERROTA
Derrota de la Armada Invencible
La Armada Invencible es el nombre que recibió una flota española de guerra creada para invadir Inglaterra en 1588. Los ingleses derrotaron a la Armada gracias a ocho pequeñas naves incendiadas que navegaron entre las españolas cuando éstas estaban ancladas frente a las costas francesas cercanas a Calais. Los españoles se vieron obligados a cortar los cables, perdieron las anclas y se sumieron en el caos. Cuando los ingleses atacaron, obtuvieron una victoria decisiva y las naves españolas tuvieron que huir hacia el norte, rodeando el cabo de Escocia.

La Gran Armada debía haber sido mandada por Santa Cruz, un ilustre marino, cuya carrera se había consolidado desde Lepanto hasta el combate de las Azores; pero murió y fue sustituido por Alonso Pérez de Guzmán, séptimo duque de Medinasidonia, capitán general de Andalucía y experto administrador en temas militares y navales, pero sin conocimiento alguno del mar y mucho menos de la guerra naval. El 20 de mayo de 1588 la Armada Invencible salió de Lisboa, bordeando con dificultades la costa hasta La Coruña, donde se pertrechó de agua y alimentos. Hasta el 21 de julio no abandonó este puerto, para entrar, una semana después, en el canal de la Mancha.
El primer enfrentamiento serio con los ingleses ocurrió a la altura de Calais. Poco más tarde, frente a Gravelinas, la flota británica dispersó a las naves españolas. Los vientos impulsaron hacia el Norte a los restos de la escuadra, que, ante la imposibilidad de volver al Canal y acudir al encuentro de Farnesio, optó por un largo y duro regreso rodeando las islas Británicas. Nuevas tormentas, a la altura de Irlanda, remataron el desastre. Aún así algo más del 50% de las embarcaciones (67) logró llegar al puerto de Santander.
La derrota de la Invencible se debió a una serie de factores. Indudablemente, Felipe II calculó mal las posibilidades de invasión de Inglaterra y el apoyo de los católicos ingleses; hubo además una falta de coordinación con la infantería flamenca pero, en lo fundamental, se trató de dos conceptos diferentes de guerra naval. España optó por enviar poderosos galeones equipados con artillería pesada de corto alcance, con la intención de dañar la capacidad marinera de los barcos ingleses y abrir la posibilidad de abordaje. Inglaterra apostó por artillería de largo alcance, con lo que sus buques pudieron mantenerse a distancia de los españoles; su mayor movilidad les permitió huir del enfrentamiento.
España no tuvo pérdidas materiales importantes. En pocos años reconstruyó su potencia naval. Las consecuencias políticas y psicológicas fueron más amplias: la Europa protestante consideró, desde entonces, que el poder español había sido doblegado.

Efecto fotoeléctrico




Efecto fotoeléctrico
Célula fotoeléctrica
Una célula fotoeléctrica se compone, en esencia, de un ánodo y un cátodo recubierto de un material fotosensible. La luz que incide sobre el cátodo libera electrones que son atraídos hacia el ánodo originando un flujo de corriente proporcional a la intensidad de la radiación.

Efecto fotoeléctrico, formación y liberación de partículas eléctricamente cargadas que se produce en la materia cuando es irradiada con luz u otra radiación electromagnética. El término efecto fotoeléctrico designa varios tipos de interacciones similares. En el efecto fotoeléctrico externo se liberan electrones en la superficie de un conductor metálico al absorber energía de la luz que incide sobre dicha superficie. Este efecto se emplea en la célula fotoeléctrica, donde los electrones liberados por un polo de la célula, el fotocátodo, se mueven hacia el otro polo, el ánodo, bajo la influencia de un campo eléctrico.
El estudio del efecto fotoeléctrico externo desempeñó un papel importante en el desarrollo de la física moderna. Una serie de experimentos iniciados en 1887 demostró que el efecto fotoeléctrico externo tenía determinadas características que no podían explicarse por las teorías de aquella época, que consideraban que la luz y todas las demás clases de radiación electromagnética se comportaban como ondas. Por ejemplo, a medida que la luz que incide sobre un metal se hace más intensa, la teoría ondulatoria de la luz sugiere que en el metal se liberarán electrones con una energía cada vez mayor. Sin embargo, los experimentos mostraron que la máxima energía posible de los electrones emitidos sólo depende de la frecuencia de la luz incidente, y no de su intensidad.
En 1905, para tratar de explicar el mecanismo del efecto fotoeléctrico externo, Albert Einstein sugirió que podría considerarse que la luz se comporta en determinados casos como una partícula, y que la energía de cada partícula luminosa, o fotón, sólo depende de la frecuencia de la luz. Para explicar el efecto fotoeléctrico externo, Einstein consideró la luz como un conjunto de 'proyectiles' que chocan contra el metal. Cuando un electrón libre del metal es golpeado por un fotón, absorbe la energía del mismo. Si el fotón tiene la suficiente energía, el electrón es expulsado del metal. La teoría de Einstein explicaba muchas características del efecto fotoeléctrico externo, como por ejemplo el hecho de que la energía máxima de los electrones expulsados sea independiente de la intensidad de la luz. Según la teoría de Einstein, esta energía máxima sólo depende de la energía del fotón que lo expulsa, que a su vez sólo depende de la frecuencia de la luz. La teoría de Einstein se verificó por experimentos posteriores. Su explicación del efecto fotoeléctrico, con la demostración de que la radiación electromagnética puede comportarse en algunos casos como un conjunto de partículas, contribuyó al desarrollo de la teoría cuántica.
El término efecto fotoeléctrico también puede referirse a otros tres procesos: la fotoionización, la fotoconducción y el efecto fotovoltaico. La fotoionización es la ionización de un gas por la luz u otra radiación electromagnética. Para ello, los fotones tienen que poseer la suficiente energía para separar uno o más electrones externos de los átomos de gas. En la fotoconducción, los electrones de materiales cristalinos absorben energía de los fotones y llegan así a la gama de niveles de energía en la que pueden desplazarse libremente y conducir electricidad. En el efecto fotovoltaico, los fotones crean pares electrón-hueco en materiales semiconductores (véase Semiconductor). En un transistor, este efecto provoca la creación de un potencial eléctrico en la unión entre dos semiconductores diferentes.

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