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El invento de la Literatura caribeña




Literatura caribeña, literatura oral y escrita de los países del Caribe, desde el periodo anterior a la llegada de los europeos en el siglo XV hasta la actualidad. Surge dentro de un contexto de culturas y lenguas plurales —francés, inglés, español, holandés. El criollo y los patois (lenguas criollas) se desarrollaron a partir de la mezcla de las lenguas europeas con las de los nativos americanos (el caribe y el arawak sobre todo) y las de los esclavos africanos. Los orientales, de la India, China y Oriente Próximo principalmente, han contribuido también a la diversidad cultural del Caribe.
Los tópicos de la literatura caribeña abarcan temas como la esclavitud, la emigración forzosa, el colonialismo y la descolonización, además de los aspectos culturales y sociales de la tradición, el paisaje y la comunidad o cuestiones tan universales como la identidad, la sexualidad, la familia, el dolor y la alegría o los usos de la imaginación.
Limitar el dominio de la literatura del Caribe a sus islas significa excluir una parte fundamental. Su origen está también en las costas caribeñas de América Central y de Surinam, Guyana, la Guayana Francesa y partes de la costa colombiana. Incluso la literatura de ciudades estadounidenses como Miami, Florida o Nueva Orleans comparte ciertos aspectos de la cultura caribeña. También se consideran parte de la literatura del Caribe obras de autores con ascendencia caribeña que viven en el extranjero, sobre todo en Europa y en los grandes centros urbanos de Estados Unidos.
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LITERATURA ORAL
Es la forma más antigua en la literatura del Caribe, muy rica en tradiciones folclóricas, mitos, leyendas, canciones y poemas populares. Aún hoy pervive en músicas populares como el calipso, el son cubano o la bomba de Puerto Rico; en las narraciones sobrenaturales de la santería, el lucumi, el vudú, o los relativos a Shango y otras religiones africanas. En la literatura oral del Caribe abundan los refranes y dichos que reinterpretan tradiciones africanas, europeas e incluso de las Indias Orientales en fábulas de animales, Anansi o Añangá, historias fantásticas, relatos de la vida en la aldea y discursos y arengas retóricas.
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PRIMERAS MANIFESTACIONES ESCRITAS
Durante la época en que los europeos esclavizaron a los pueblos indígenas americanos y africanos, entre los siglos XVI y XIX, la poesía y la autobiografía fueron los géneros más desarrollados en el Caribe. Las obras de este periodo introdujeron temas que se hicieron comunes en la literatura caribeña: el exilio, la emigración, el desplazamiento y la búsqueda de una identidad. La más significativa de las escritas en inglés es The History of Mary Prince, a West Indian Slave, Related by Herself (La historia de Mary Prince, una esclava de las Indias Occidentales, contada por ella misma, 1831).
Entre las primeras obras escritas en español deben citarse los poemas y la autobiografía que el esclavo Juan Francisco Manzano de Cuba redactó en las décadas de 1820 y 1830. Se reconoce a José María Heredia como uno de los primeros escritores románticos anticolonialistas. El esclavo Plácido, ejecutado en 1844 por su participación en un levantamiento de esclavos, publicó Poesías en 1838 y Poesías escogidas en 1842. Biografía de un cimarrón (1966) del escritor cubano Miguel Barnet, una novela basada en el relato de la vida de Esteban Montejo, un antiguo esclavo de 104 años, se considera también parte de la tradición narrativa de los esclavos a pesar de su fecha de publicación. Max Henríquez Hureña, de la República Dominicana, escribió varias obras nacionalistas en el siglo XIX. A Manuel de Jesús Galván se le considera uno de los creadores de la moderna literatura dominicana. Nacionalista e independentista, su obra Enriquillo (1882) evoca una sublevación indígena contra los españoles en los primeros momentos de la colonización. Las primeras novelas del Caribe francófono aparecieron en Haití a mediados del siglo XIX: Stella (1859) de Eméric Bergeaud, y Francesca, les jeux du sort (Francesca, los juegos del destino, 1873) y Le damné (El maldito, 1877), ambas de Demesvar Delorme.
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LITERATURA DEL SIGLO XX
Alejo Carpentier
Alejo Carpentier es el escritor cubano que, a pesar de su corta producción literaria, está considerado como uno de los artífices de la renovación de la literatura latinoamericana. Con un lenguaje rico, colorista y majestuoso incorpora todas las dimensiones de la imaginación -sueños, mitos, magia y religión- en su idea de la realidad caribeña, de raíces africanas.

Todavía al iniciarse el siglo XX, muchos países caribeños no habían alcanzado su independencia, por lo que el desarrollo de tradiciones literarias nacionales no había comenzado. Así, por ejemplo Jamaica se independizó en 1962, Guyana en 1966, Granada en 1974, Bahamas en 1973, Dominica en 1978 y Belice en 1981.
4.1
Comienzos de siglo
En el ámbito del Caribe de habla francesa destaca la novela Batouala (1921) del antillano René Maran, ganadora del Premio Goncourt. En su llamada a la identificación con la cultura negra anticipa el término de la negritud, un movimiento de la década de 1930 que exalta la cultura y los valores africanos. Otro precedente de esta corriente es el estudio de la cultura haitiana Ainsi parla l’oncle (Así habló el tío, 1928) de Jean Price-Mars. Aunque la negritud nació en Francia, Léon-Gontran Damas, de la Guayana francesa, y Aimé Césaire, de Martinica, se cuentan entre sus fundadores. El poema de Césaire Regreso a la tierra natal (1939) está considerado uno de los textos clásicos de esta tendencia.
El movimiento negrista del Caribe de habla hispana recoge temas africanos que presenta de forma exótica buscando la inspiración en la identidad africana y negra. Entre sus autores se encuentran el portorriqueño Luis Palés Matos y Emilio Ballagas, de Cuba. Los poemas que el cubano Nicolás Guillén escribió en la década de 1930 comparten también ciertos aspectos de la negritud. Su obra, a menudo centrada en la lucha contra el colonialismo, incluye títulos como Motivos de son (1930), Sóngoro cosongo. Poemas mulatos (1931), West Indies, Ltd. (1934), Cantos para soldados y sones para turistas (1937) o El son entero (1947). Otro cubano, Alejo Carpentier, alcanzó gran reconocimiento con las novelas El reino de este mundo (1949) y Los pasos perdidos (1953), una exploración de la historia y las fuentes de la cultura caribeña.
El Caribe anglófono cuenta entre sus escritores más conocidos con los novelistas jamaicanos Tom Redcam (seudónimo de Thomas Macdermot), autor de Becka’s Buckra Baby (El hijo de Becka Buckra, 1904) y Herbert G. Lisser, autor de Jane’s Career (La carrera de Jane, 1914), The White Witch of Rosehall (La bruja blanca de Rosehall, 1929) y Under the Sun: A Jamaican Comedy (Bajo el sol: una comedia jamaicana, 1937). Pero tal vez sea el poeta de origen jamaicano Claude McKay el escritor más conocido de esta generación. Se trasladó a Nueva York tras escribir sus Constab Ballads (Baladas de Constab, 1912). Allí se convirtió en uno de los autores más importantes del movimiento negro del renacimiento de Harlem (véase Literatura estadounidense) durante las décadas de 1920 y 1930 con obras como Home to Harlem (De vuelta a Harlem, 1928) o Banana Bottom (1933). C. L. R. James, de Trinidad, autor de la novela Minty Alley (1936) y el ensayo histórico The Black Jacobins (Los jacobinos negros, 1938), protesta contra el colonialismo y ayuda a definir la política anticolonialista y los conflictos culturales de su época. Tuvo una participación decisiva en la fundación de las revistas literarias Trinidad en 1929 y The Beacon en 1931, ambas importantes para el desarrollo de la tradición literaria del Caribe. Destacan también en este periodo Alfred Mendes y Ralph de Boissière, ambos de Trinidad, que publicaron artículos, poemas y cuentos cortos en las mencionadas revistas.
4.2
Hasta 1960
En este periodo, en el que todavía muchos países no habían conseguido su independencia política, aparece una generación de escritores que dan voz en sus obras al deseo de liberación y presentan un retrato característico de la cultura caribeña. La novela New Day (Nuevo día, 1949) del jamaicano Vic Reid refleja el anhelo del “nuevo día” de la independencia. El también jamaicano Roger Mais retrata la población urbana desplazada y oprimida del Caribe en las novelas The Hills Were Joyful Together (Las colinas estaban alegres juntas, 1953) y Brother Man (Hermano hombre, 1954), con un lenguaje inspirado en los ritmos del jazz.
La poeta Una Marson convoca cadencias del blues en Tropic Reveries (Ensueños tropicales, 1930) y otras colecciones de poesía. En la novela A Morning at the Office (Una mañana en la oficina, 1950) Edgar Mittelholzer hace un retrato colorista del campo y la sociedad de Guyana. George Lamming, de Barbados, publicó en 1953 In the Castle of My Skin (En el castillo de mi piel) una de las primeras y más importantes aproximaciones de la literatura caribeña al mundo de la infancia y la adolescencia en un contexto colonial. La novela se centra en el enfrentamiento de tres muchachos con la pobreza, la educación colonial, el cambio social y la búsqueda de la identidad, cuyas esperanzas residen en la emigración a centros urbanos. Wilson Harris, de Guyana, resalta en su novela Palace of the Peacock (El palacio del pavo real, 1960) elementos de la mitología africana y de los indígenas americanos. Poems of Resistance from British Guiana (Poemas de resistencia de la Guayana británica, 1954) de Martin Carter introduce un tono de esperanza en la lucha contra el gobierno colonial.
El panameño Joaquín Beleño reflejó la humillación que padecían en su propio país los braceros que trabajaban en la Zona del Canal en obras como Luna verde (1951) o Gamboa Road gang o Los forzados de Gamboa (1960). El dominicano Manuel del Cabral trató de desarrollar una poesía afroantillana a través de la cual se consiguiera una identidad supranacional en obras como Doce poemas negros (1935) y Trópico negro (1943). El escritor puertorriqueño René Marqués afirma su nacionalismo frente a la hegemonía estadounidense en La víspera del hombre (1962).
En esta época aparecen también un numero significativo de escritoras. Beryl Gilroy, de Guyana, escribió varias novelas, cuentos de literatura infantil y una autobiografía. Algunas de sus obras fueron publicadas años más tarde, como Frangipani House (La casa de Frangipani, 1986), Boy-Sandwich (Chico-sandwich, 1989) o Steadman y Joanna (1991). Sylvia Wynter incorpora elementos de la cultura popular en The Hills of Hebron: A Jamaican Novel (Las colinas de Hebron: una novela jamaicana, 1966). Jean Rhys obtuvo gran éxito de crítica con sus novelas sobre mujeres atrapadas en situaciones que no pueden cambiar, entre ellas, Después de dejar al señor Mackenzie (1930), Buenos días, medianoche (1939) y Ancho Mar de los Sargazos (1966).
Julia de Burgos luchó por la independencia de su país y fue una rompedora de moldes tradicionales, a la manera de la pintora mexicana Frida Kahlo. De su vida hizo su tema de inspiración literaria como demuestran sus poemarios Poemas en veinte surcos (1938) y Canción de la verdad sencilla (1939). Otra puertorriqueña independentista y luchadora fue Dolores Rodríguez de Tío, autora de la letra del himno de Puerto Rico.
4.3
Por la independencia total
Derek Walcott
El poeta y autor teatral Derek Walcott recibió el Premio Nobel de Literatura en 1992. La mayor parte de su obra se centra en la vida y cultura de los pueblos caribeños. Su obra teatral más conocida es Sueño en la montaña del mono (1970), y entre sus libros de poesía, valorada por lo creativo y musical de su lenguaje, se cuentan El reino de la manzana estrellada (1979) y Omeros (1990).

Con la independencia aparecen dos poetas fundamentales en el Caribe anglófono: Derek Walcott, de Santa Lucía, y Edward Kamau Brathwhite, de Barbados. Walcott, premio Nobel de Literatura en 1992, es tal vez el escritor caribeño más conocido internacionalmente, no sólo por su obra poética, sino también por obras teatrales como Sueño en la isla del mono (1970). Entre sus libros de poemas destacan En una noche verde (1962), Otra vida (1973), El reino de la manzana estrellada (1979) y Omeros (1990).
En los mismos años Edwars Kamau Brathwaite desafió las estructuras formales de la poesía europea adoptando ritmos, referencias y giros lingüísticos de las tradiciones afrocaribeñas. En The History of the Voice: The Development of Nation Language in Anglophone Caribbean Poetry (La historia de la voz: el desarrollo del lenguaje nacional en la poesía caribeña anglófona, 1984) ensaya una definición de la mixtura lingüística del Caribe. En su obra poética y ensayística, con títulos como Rights of Passage (Derechos de pasaje, 1967), Masks (Máscaras, 1968) o Islands (Islas, 1969), Brathwhite amplia las posibilidades del lenguaje para escritores posteriores, los poetas orales jamaicanos Mutabaruka, Linton Kwesi Johnson y Jean Binta Breeze entre ellos.
V. S. Naipaul
Este escritor británico, nacido en Trinidad y de origen indio, es un escritor brillante que en sus novelas mezcla la sátira y el humor para plantear conflictos entre cultura tradicional y moderna.

V. S. Naipaul y Earl Lovelace son autores también notables en el ámbito caribeño de habla inglesa. Naipaul, nacido en Trinidad de familia india, es conocido por novelas como Una casa para el señor Biswas (1961) o Guerrillas (1975), que reflejan la vida de los indios en el Caribe. Su obra posterior, novelas y ensayos, está cada vez más centrada en países de Asia y África. Lovelace, también de Trinidad, trata la educación, la pobreza y la vida en las aldeas en novelas como The Schoolmaster (El maestro, 1968), The Dragon Can’t Dance (El dragón no sabe bailar, 1979) o Salt (Sal, 1996), con la que obtuvo el Commonwealth Writers Prize.
En la literatura caribeña francófona contemporánea destacan Daniel Maximin, de Guadalupe, y los martiniqueños Édouard Glissant y Patrick Chamoiseau. Maximin explora aspectos de la identidad negra en L’isolé soleil (El sol solo, 1981) y Soufrières (Minas de azufre, 1987). Las novelas de Glissant se adentran en la herencia afrocaribeña. Chamoiseau publicó en 1989 Éloge de la Créolité (Elogio del criollismo) un examen de la identidad cultural criolla escrito con Jean Bernabé y Raphaël Confiant, y, en 1992, ganó el Premio Goncourt con la novela Texaco.
La guadalupeña Maryse Condé está considerada una de las voces más importantes de la literatura femenina. Su novela Ségou (1984) obtuvo varios galardones en Francia. Simone Schwarz-Bart, también de Guadalupe, escribe sobre la búsqueda de una identidad en la novela considerada su obra maestra: Pluie et vent sur Télumée Miracle (Lluvia y viento sobre Télumée Miracle, 1972). Nancy Morejón es una de las voces poéticas más poderosas de Cuba, su Cuaderno de Granada (1984) es un homenaje a los que participaron en la revolución de 1983.


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