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El invento de la Literatura francesa




Jean Baptiste Racine
Considerado como uno de los más grandes dramaturgos franceses, el poeta y escritor Jean Baptiste Racine llevó a cabo a lo largo de toda su obra adaptaciones de personajes heroicos y temas trágicos de la antigüedad griega y romana. Entre sus obras más conocidas se encuentra Fedra (1677), una de las siete tragedias que conforman lo mejor de su producción. En esta obra, que recrea un mundo de dioses malvados e inmorales, la protagonista se encuentra envuelta en un drama de pasión extrema que acaba en tragedia a causa de su amor incestuoso.

Literatura francesa, literatura escrita en lengua francesa desde aproximadamente finales del siglo XI hasta el presente. Antes del siglo IX, el latín era la lengua literaria de Francia.
2
LITERATURA PRECLÁSICA
A finales del siglo XI florecieron en Francia las primeras formas poéticas en francés, las canciones de gesta.
2.1
Edad media
Roman de la rose
El Roman de la rose es un poema medieval francés escrito por Guillaume de Lorris y ampliado más tarde por Jean de Meun. En esta obra alegórica, un joven poeta sueña con el amor ideal y en su sueño la dama a la que adora aparece simbolizada por un capullo de rosa. El poema influyó enormemente en la literatura europea durante varios siglos. Este cuadro titulado Roman de la rose (1864, Tate Gallery, Londres) fue obra del pintor y poeta inglés Dante Gabriel Rossetti.

Las canciones de gesta son poemas largos que relatan las proezas de los caballeros cristianos compuestas posiblemente por trovadores errantes, conocidos como juglares, para entretener a peregrinos o a las cortes feudales. Los autores de las canciones se inspiraban en tres fuentes principales, por lo que los poemas se clasifican en tres grupos: los ciclos francés, bretón y clásico.
El ciclo francés trata principalmente de héroes franceses que ponen sus armas al servicio de la religión. La figura central es Carlomagno, que se convierte en el héroe del cristianismo. El poema épico más famoso de este grupo, compuesto a finales del siglo XI y principios del XII, es la Canción de Roldán.
El ciclo bretón está basado en su mayor parte en el folclore celta. El poeta principal fue Chrétien de Troyes, que vivió a finales del siglo XII. Sus poemas versan principalmente sobre el semilengendario rey Arturo de Inglaterra y sus nobles caballeros.
El ciclo clásico es el menos original y por lo tanto, el menos importante. Utilizando material de los clásicos, los escritores cristianizaron a Agamenón, Aquiles, Ulises, y a los héroes de Tebas, Troya y Roma. La obra más conocida de este ciclo es el Roman d'Alexandre.
Al mismo tiempo existía una literatura más popular basada en historias breves en verso. Al principio estas obras trataban sólo temas religiosos, que indicaban la preponderancia de la Iglesia sobre la vida y el arte. Pero poco a poco estos textos fueron haciéndose cada vez más profanos. Los fabliaux florecieron en los siglos XII y XIII, y aparecieron en este periodo las sátiras Le Roman de Renart y Le Roman de la Rose.
Le Roman de Renart es una alegoría animal de unos 32.000 versos (después aumentaron a 100.000), en la que se critica cautelosamente a ciertas clases de la sociedad medieval francesa, incluyendo al clero y a la nobleza. Este tipo de literatura se gestó a partir de antiguas colecciones de fábulas de animales, especialmente de una traducción en verso de fábulas de Marie de France del siglo XII.
La corriente didáctica y alegórica llegó más lejos aún, en el siglo XIII, con el Roman de la Rose, una obra de unos 22.000 versos en la que la rosa simboliza el amor y la amada; el deseo del poeta es entrar en el jardín y conseguir la rosa. Los primeros 4.000 versos los compuso Guillaume de Lorris, y Jean de Meun (o Meung; entre 1240 y 1305) más tarde escribió el resto del poema. La influencia de este texto se extendió por toda Europa hasta el siglo XVII.
Influida por la poesía árabe y por los ritos precristianos, se cultivó en la corte de los condes de Toulouse y de Leonor de Aquitania una poesía trovadoresca que instauró una concepción del amor integrada en el sistema de valores feudal (véase Amor cortés). La poesía de los trovadores provenzales hizo su aparición a principios del siglo XII y tuvo en la figura de Guillermo de Aquitania su primer gran representante. Esta poesía alcanzó su plenitud expresiva en los poetas Bertran de Born, Arnaud Daniel y Guiraut de Bornelh.
Durante los siglos XIV y XV se desarrollaron nuevas formas poéticas. Guillaume de Machaut, aunque fiel a las formas poéticas del amor cortés, introdujo muchas novedades, sobre todo en el plano formal. La poesía del siglo XV francés tiene a sus más destacados representantes en Charles d’Orléans y François Villon. Este último compuso sus dos obras importantes, Le petit testament (1456) y Le grand testament (1461), a modo de escritos burlescos. Le grand testament está formado por baladas. Estas obras, que abarcan un total de no menos de 2.500 versos, toman forma de confidencias de un hombre consigo mismo con un gran afán de vivir, aunque compartido con el sentido medieval del pecado y la preocupación por la muerte. Debido a su expresividad e individualismo, los poemas de Villon han ejercido influencia sobre la poesía lírica que se ha prolongado incluso hasta el siglo XX.
La evolución de la literatura medieval francesa, de religiosa a profana, se ve más claramente en el teatro. Los dramas litúrgicos del siglo XI estaban compuestos de pasajes extraídos de la Biblia en prosa latina. Trataban siempre del nacimiento y la pasión de Cristo. Con la aparición de actores aficionados en el siglo XII, se adoptó el francés en el drama profano o secular, que empleaba aún temas bíblicos. En el siglo XIII se amplió el temario con milagros sobre los santos y la Virgen María. De este periodo datan también la primera obra pastoral y ópera cómica, El juego de Robin y de Marion. Los milagros de la Virgen María fueron el tema favorito durante el siglo XIV, y más adelante fueron adaptadas, como representaciones sueltas, las canciones en estas obras religiosas. En el siglo siguiente, el interés popular por el teatro aumentó, y las producciones teatrales se liberaron de la influencia eclesiástica.
Excepto por su interés histórico, la prosa no tuvo mucha importancia en la literatura francesa antes del siglo XVI. Los relatos de aventuras consistían meramente en versiones en prosa de las canciones.
Son dignos de mención tan sólo unos pocos historiadores, entre ellos Godofredo de Villehardouin y Jean de Joinville, cronistas de las Cruzadas; Christine de Pisan, autora de crónicas de la corte en elegantes versos; y Alain Chartier, cronista en verso de la desastrosa batalla de Agincourt. Todos ellos fueron eclipsados por Jean Froissart, cuyas crónicas describían intensamente el mundo de las órdenes de caballerías. Las Memorias (1524) de Philippe de Comines, que contenían ideas similares a las de su coetáneo italiano Maquiavelo, aportaron el primer relato francés de los sucesos políticos, desde el punto de vista de un hombre de Estado.

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