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El Neoclasicismo en la literatura española






Durante el reinado del ilustrado Carlos III (1759-1788), la influencia francesa en España condujo a la adopción de formas artísticas neoclásicas y a una nueva manera de ver e interpretar el mundo. Estas tendencias, que no llegaron a ser aceptadas por el pueblo, fueron introducidas en la literatura dramática española por Nicolás Fernández de Moratín y más tarde por su hijo Leandro Fernández de Moratín, cuya obra más famosa es El sí de las niñas (1806). Por otra parte, don Ramón de la Cruz continuó la tradición española con sus sainetes (comedias de un solo acto sobre temas populares).
Los neoclásicos españoles demuestran por lo general un conocimiento muy limitado del arte del siglo de oro; su poesía lírica refleja influencias tanto extranjeras como de ciertos poetas renacentistas españoles, en especial fray Luis de León, y emplean la métrica tradicional española.
Las contribuciones más duraderas a la literatura durante este periodo se encuentran en las obras de Nicolás Fernández de Moratín y de su hijo Leandro, de Gaspar Melchor de Jovellanos y de Juan Meléndez Valdés. José Cadalso destaca tanto por su poesía y su obra dramática como por sus ensayos, entre los que se incluyen las Cartas Marruecas (publicadas sueltas en el Correo de Madrid de 1788 a 1789 y en volumen en 1793), que ofrecen una visión crítica de la sociedad española. Un género característico de este siglo y que alcanzó cierta relevancia es la fábula, narración en verso o prosa con fines didácticos, cultivado entre otros por Félix María Samaniego y por Tomás de Iriarte. En esta época merece también destacarse los nombres de Diego de Torres Villarroel, en cuya obra se nota un claro influjo de Quevedo; Nicasio Álvarez de Cienfuegos, poeta de la escuela de Menéndez Valdés; José Francisco de Isla, autor de la novela Historia del famoso fray Gerundio de Campazas, y el dramaturgo Vicente García de la Huerta.
La invasión napoleónica (1808) y el régimen absolutista (1814-1833) de Fernando VII coartaron la actividad literaria durante las tres primeras décadas del siglo XIX. Los mejores poetas de este periodo, como Manuel José Quintana, expresaron actitudes románticas en obras de forma clásica.

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