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El invento de la Edición de libros




Fragmento del Libro de los muertos egipcio
El rollo de papiro es el antecesor del libro actual. El Libro de los muertos (c. 1310 a.C.), escrito sobre papiro, era un texto egipcio que contenía oraciones, sortilegios e himnos, cuyos conocimientos serían utilizados por las personas después de muertas para guiar y proteger sus almas en el arriesgado viaje hacia el más allá. Esta parte muestra el juicio final del difunto, en este caso Hu-Nefer el escriba real, delante de Osiris, el dios de la muerte. Los jeroglíficos y las ilustraciones enseñan el ritual en que se pesaba el corazón del difunto antes de serle concedida la vida eterna. Los antiguos egipcios creían que el rollo místico podría asegurar la benevolencia de Osiris, y por ello a menudo lo colocaban junto a los cuerpos momificados en la tumba.

Edición de libros, confección, publicación y distribución de libros. Sus orígenes pueden establecerse en las tablillas de arcilla y piedra y en los cilindros poligonales de los antiguos reinos asirios y babilónicos, o en las tiras de bambú de los primeros escribas chinos. Casi todos los especialistas, sin embargo, prefieren considerar los rollos de papiro como los verdaderos precursores de los libros. Ya en el año 600 a.C., los escribas habían copiado poemas, discursos y oraciones en estos rollos de papiro para venderlos con unos precios muy elevados.
2
HISTORIA
Biblioteca de Alejandría
La más famosa de las bibliotecas de la edad antigua fue la que fundó el rey egipcio Tolomeo I Sóter en la ciudad de Alejandría a comienzos del siglo III a.C. Convertida en el principal núcleo de erudición del periodo helenístico, fue definitivamente destruida a mediados del siglo VII durante la expansión del islam por el norte de África.

Es probable que fuera en Grecia donde por primera vez se vendieron de forma regular obras literarias, gracias a los discípulos de Platón, que vendían o alquilaban la transcripción de sus discursos. En el año 400 a.C. Atenas era la capital literaria de Grecia, y el centro de producción y venta de rollos y papiros. Los primeros vendedores de libros atenienses fabricaban sus propios rollos pero, posteriormente, los empresarios fabricantes de libros empleaban a copistas y no sólo vendían y alquilaban los manuscritos, sino que organizaban lecturas de pago en sus propias tiendas. En torno al año 250 a.C., Alejandría (al-Iskandariya) se convirtió en uno de los mayores mercados de libros del mundo. Las primeras publicaciones y ventas de libros se debieron a la gran biblioteca de Alejandría fundada por Tolomeo I. Gracias a la formación de numerosos escribas y a la explotación de los canales de distribución de las rutas comerciales de la capital, los editores alejandrinos retuvieron el control de la mayor parte del comercio mundial de libros durante más de dos siglos.
En Roma los primeros editores eran hombres ricos amantes de la literatura que podían permitirse costear a los caros esclavos que servían de escribas. A finales del siglo I d.C. floreció el comercio de libros en Roma y en otras grandes ciudades del Imperio. Sin embargo, cuando la capital se trasladó a Constantinopla en el año 328 d.C., las actividades literarias de Roma decayeron en seguida.
La consolidación de China como imperio, llevada a cabo por la dinastía Ch’in (Qin) en el año 221 a.C., creó las condiciones necesarias para un comercio de libros a gran escala, comercio que se vio de nuevo impulsado por la elaboración del papel en torno al siglo I d.C., reemplazando con gran rapidez el bambú, la seda, y la madera como materiales sobre los que escribir. Para entonces ya se habían prodigado las tiendas de libros en la capital del imperio loyang. Para el año 800 d.C. su uso se había difundido hasta la lejana Bagdad. Las necesidades de la enorme burocracia imperial china estimularon la producción y distribución del papel a gran escala; el comercio de libros se benefició del crecimiento de esta industria. Los primeros libros chinos solían tener forma de rollos. Los amuletos budistas de Japón del año 770 d.C. muestran que por esas fechas ya se había desarrollado la técnica de imprimir, aunque seguía sin aplicarse a la producción masiva de manuscritos, que se vendían en los grandes centros comerciales de las ciudades durante la dinastía Tang. La dinastía Song siguió favoreciendo el crecimiento de la industria de los libros, donde se reemplazaron los rollos por libros encuadernados, y se produjeron grandes ediciones de los clásicos impresos en madera. Desde entonces China dispuso de una industria librera destacada por su antigüedad y lo avanzado de su tecnología.
2.1
La edad media
Los evangelios de Lindisfarne
Los evangelios de Lindisfarne (698-721) eran libros ilustrados realizados por los monjes en Northumbria. Esta página muestra la decoración al inicio del Evangelio según san Mateo. Las formas, entrelazadas con criaturas fantásticas, fueron adoptadas del arte vikingo y se convirtieron en motivos irlandeses y anglosajones. Los evangelios de Lindisfarne forman parte de la colección de la Biblioteca Británica de Londres.

En la Europa medieval eran frecuentes los vendedores de libros ambulantes, aunque durante la alta edad media la producción de libros era, en esencia, monopolio de los scriptoria, o habitaciones de escritura de los monasterios. Durante algunos siglos los libros escritos en los monasterios se producían para uso exclusivo de los monjes o de sus discípulos seglares. Por lo tanto, durante siglos, el conocimiento de la lectura y la escritura quedó confinado a los clérigos. Más tarde, debido a que algunos príncipes habían sido educados en monasterios, las bibliotecas de los reyes y los nobles se llenaron con manuscritos de literatura.
En la baja edad media la venta de libros se vio fomentada por el crecimiento de las universidades, sobre todo por las de París (1150) y Bolonia (1200). Las universidades controlaban la preparación de los libros de texto y de obras literarias, y también determinaban la tasa de producción y venta. Los libreros, denominados stationarii, solían ser funcionarios de la universidad o licenciados. Los stationarii de la universidad de París no sólo proveían a la universidad, sino también a casi todos los intelectuales de Europa. Los stationarii de las universidades inglesas de Oxford y Cambridge aparecieron algunos años después de la creación de las universidades de París y Bolonia. Sin las restricciones que éstas sufrían, el negocio floreció deprisa en Inglaterra.
2.2
El comercio de libros en la edad moderna
La publicación y venta de libros se inició en 1440 con la aparición de la imprenta con caracteres móviles. Los primeros impresores solían ser también los editores de las obras que producían, y las vendían directamente a los lectores; contrataban a funcionarios de las universidades para vender en éstas sus libros. Anton Koberger, fue el primer editor que estableció un negocio de estas características (1470) en Nuremberg. Era propietario de 16 tiendas, y tenía representantes en casi todas las ciudades del mundo cristiano. Los editores alemanes Johann Fust, socio de Johann Gutenberg, y Peter Schöffer vendían libros a precios muy por debajo del de los manuscritos.
El editor más influyente de este periodo fue Aldo Manuzio, de Venecia. Fue gracias a los altos ideales intelectuales y a la labor altruista de Manuzio y sus sucesores, así como a la imaginación, sinceridad y persistencia tanto de Gutenberg como de Fust, que Europa, a finales del siglo XV, pudo disfrutar de los grandes valores de la poesía y la filosofía griegas. Para organizar su negocio de publicación y su imprenta, Manuzio tuvo que superar numerosos obstáculos, como fue enseñar a los tipógrafos italianos a imprimir los textos griegos, o el lograr distribuir sus libros desde Venecia hasta lejanos destinos del continente europeo.
También destaca en este periodo el editor-vendedor William Caxton, que montó una imprenta en Westminster, Londres, en 1476 y que fue el primero en imprimir libros escritos en inglés. Caxton publicó sus propias traducciones de obras escritas en latín, francés y holandés. Hay que mencionar también al editor alemán Johann Froben, que fundó una imprenta en Basilea, que destacaba por sus detalles artísticos y la escrupulosa precisión de los libros que publicaba.
En la ciudad de Wittenberg, Sajonia, en el año 1517, funcionaba una pequeña imprenta, con escasa importancia comercial, pero de una enorme influencia en la opinión pública europea, debido a los reformistas religiosos alemanes Martín Lutero y Melanchthon. Los panfletos publicados en esta imprenta, copiados por otros editores que simpatizaban con las ideas de Lutero, aseguraron su amplia difusión.
Durante los siglos XVI y XVII los principales mercados de libros estaban en ciudades de los Países Bajos, pero a finales del siglo XVIII las empresas editoras se encontraban en las principales ciudades de Europa y América, y algunas lograron sobrevivir hasta el siglo XX.
2.3
El inicio de las editoriales modernas
La regenta
Portada de la primera edición de La regenta de Leopoldo Alas Clarín, impresa en Barcelona en 1884. La verdad es que la ilustración del joven mancebo, que parece arrancado de un cancionero tardo medieval del amor cortés, en nada alude a algo que trate esta dura novela realista. Sin embargo, es una bella cubierta de libro.

Las editoriales modernas surgieron en el siglo XVIII, cuando en Inglaterra aparecieron las imprentas que editaban todo tipo de literatura. Durante la primera mitad del siglo XIX el comercio de libros cambió drásticamente al inventarse en Francia la prensa cilíndrica. La tecnología de la imprenta no había sufrido apenas variaciones desde los tiempos de Gutenberg, pero la prensa cilíndrica posibilitaba la impresión de libros y revistas a gran escala y permitió abastecer mercados masivos. Los libros en rústica aparecieron en la década de 1840, primero como suplementos para los periódicos, y después como libros de pequeño formato. Durante la Guerra Civil estadounidense eran tan populares que se llevaban en fardos hasta los campamentos de los soldados. Los vendedores de libros empezaron a publicar libros con tapas duras, y a finales del siglo XIX había centenares de editores que publicaban y distribuían libros en casi todo el mundo. En el siglo XIX las principales tendencias se dirigían al desarrollo de la especialización en la publicación de libros, y a distinguir la publicación de la venta, que se convirtió en el terreno exclusivo de grandes distribuidores y de minoristas individuales o corporativos.
2.4
Avances del siglo XX
La industria de la publicación de libros creció en tamaño y alcance durante el siglo XX. Las primeras asociaciones de libreros se convirtieron en grandes distribuidoras comerciales que vendían libros por correo, mediante suscripciones, a escala nacional. Estas asociaciones sirvieron de prototipo para muchas pequeñas organizaciones, algunas pertenecientes a las imprentas que las creaban para vender sus propios libros.
Los libros en rústica reaparecieron tras la II Guerra Mundial. La promoción masiva y diversas técnicas nuevas hicieron posible la distribución más allá de las fronteras nacionales, a precios asequibles. A principios de 1980 casi el 70% de los inventarios de las librerías eran ediciones en rústica. Otra generación de impresores desarrolló una nueva técnica de comercialización en masa que ha caracterizado al comercio de libros. La distribución sigue siendo el principal escollo de la industria.
En la década de los noventa la edición de libros se ha convertido en una floreciente industria internacional.
3
EL COMERCIO DE LIBROS EN LA ACTUALIDAD
El comercio de libros puede compararse a un iceberg en el que la cúspide, en torno al 20 o 25% del total, son las novelas de ficción o históricas —lo que a veces se denomina libros comerciales— que son los que se anuncian y analizan en los medios de comunicación de masas, y aparecen en las listas de ventas. El restante 70 u 80% abarca libros educativos, de negocios, científicos, técnicos, así como libros de referencias.
Los libros comerciales mantienen la tradición literaria, e incluso crean la imagen pública, de las empresas editoriales. Pueden sufragar los gastos de otras líneas de producción, pero normalmente, los beneficios de las editoriales provienen de los libros de texto, los libros de referencias, o los departamentos de Medicina o Religión, por ejemplo. Sin embargo, muchas editoriales se dedican, casi en exclusiva, a alguna de estas especialidades. Así, la publicación de libros de texto es uno de los aspectos preponderantes de la industria. Algunas se especializan en libros científicos y técnicos, otras en libros religiosos, otras en obras de referencia, etcétera.
Los libros comerciales suelen tener un coste unitario menor al de los libros de texto; por ejemplo, una tirada de libros de texto puede requerir una inversión mucho mayor que la que se necesitaría para la misma tirada de una novela o una biografía. Entre los libros no comerciales, los más importantes son los libros de texto. Además, ciertas obras profesionales, científicas y técnicas se venden como si fueran libros de texto. Desde 1945 el área de la industria que más ha variado ha sido la edición de libros educativos, científicos y técnicos, debido a la denominada explosión cultural que siguió a la II Guerra Mundial y a los enormes cambios sociales que acontecieron durante la década de 1960.
Hoy en día, predomina en la industria la edición de libros para un mercado masivo. Estas ediciones responden al desarrollo y venta de libros, con tapas duras o blandas, dirigidos al gran mercado que acude a las librerías y a los canales de minoristas conocidos. Los volúmenes dirigidos a este mercado masivo también se venden en supermercados, cadenas comerciales, estaciones de servicio, aeropuertos, etcétera. El público está informado con regularidad del enorme éxito de las ediciones de gran tirada cuando recibe noticias del enorme crecimiento de los ingresos por derechos de autor que ofrecen las principales editoriales de libros en rústica para reeditar los best sellers. La competencia ha impulsado el crecimiento de las ediciones en rústica desde principios de la década de 1950; las ediciones de lujo y los libros en rústica originales ya sólo se venden en las grandes librerías, y no en el resto de los canales comerciales de la industria del libro.
3.1
Procesos de edición y producción
Con independencia del libro que se produzca, el proceso de edición es siempre el mismo.
En los casos más corrientes de libros comerciales, la editorial pequeña publicará entre 3 y 5 títulos anuales, mientras que las editoriales poderosas pueden llegar a publicar más de 600 títulos distintos. Algunos de estos se seleccionarán entre los cientos de manuscritos que reciben anualmente, pero la mayoría se seleccionan en agencias especializadas. Una gran proporción de títulos publicados salen de la propia editora, porque los editores contratan a autores para que desarrollen algunas ideas. Éstos reciben un porcentaje de las ventas en concepto de derechos de autor que depende de la cantidad de libros vendidos; cuantos más libros se vendan, mayor es el porcentaje de beneficios, tanto para el editor como para el autor. En el mercado anglosajón, los libros comerciales cubren costes (tanto de producción como de distribución) cuando se venden más de 7500 ejemplares. En el ámbito cultural de España y América Latina, estas cifras oscilan, en cambio, en torno a los 3.000 ejemplares.
Una vez recibido el manuscrito, el editor se hace responsable. Los editores suelen trabajar atendiendo a varios libros a la vez, y en muchas editoriales son responsables de todo el proceso de producción. Las prácticas de edición son muy variadas. Pueden sugerirle al autor que cambie partes del manuscrito, o pueden cambiarlas ellos y revisar después los cambios.
Antes de que el manuscrito definitivo pase a la producción, debe hacerse una primera copia de impresión. Los editores preparan el libro para enviarlo a la composición, corrigiendo las faltas gramaticales y ortográficas, así como los errores de hecho o de contenido, las construcciones sintácticas extrañas y otro tipo de dificultades del texto. Los mejores editores llevan a cabo una cuidadosa investigación, consultando todo tipo de fuentes para asegurar que los hechos relatados por los autores son correctos.
Un nuevo paso en la producción es el diseño, que puede realizarlo la propia editorial o encargarlo a un diseñador independiente. Éste determinará el formato del libro: tamaño de las páginas, número de líneas por página, tamaño y tipo de letra, disposición de las ilustraciones, etcétera. Muchos diseñadores de reconocido prestigio trabajan para las grandes editoriales, y algunas de éstas destacan por sus creaciones.
El primer paso en el proceso de fabricación es determinar la composición del libro. En la década de 1970 el proceso de composición se empezó a realizar con equipos informáticos, y ya a mediados de la década de 1980 se empezó a producir una total automatización de las técnicas de impresión y del proceso de encuadernación. La edición masiva de libros en rústica hizo posible el desarrollo de un nuevo método de encuadernación que reemplazaba la costura de las páginas por su unión mediante cola. Estos avances tecnológicos, que tienden a normalizar el proceso de fabricación, tuvieron un papel determinante al permitir la reducción de costes y el incremento de la producción, ajustándose así a las necesidades del mercado.
3.2
Marketing y distribución
Cuando el libro ya está terminado sólo resta distribuirlo. Los libros comerciales se venden, principalmente, gracias a vendedores especializados que recorren las librerías del país anotando los encargos de éstas. Las dos épocas más favorables para la venta son la primavera y el otoño. Las grandes editoriales tienen sus propios comerciales, asesorados por los editores antes de que los libros salgan a la venta. Las pequeñas editoriales suelen contar con vendedores que trabajan a comisión, que muchas veces operan para varias empresas. Los libros suelen venderse también mediante grandes mayoristas que, junto con las asociaciones de libreros, han pasado a dominar el comercio del libro, por lo que pueden negociar grandes descuentos con las editoriales, mientras que el librero independiente tiene que competir en condiciones económicas desfavorables.
Hasta la década de 1960 los métodos modernos de marketing no se aplicaban a la comercialización de libros. Sin embargo, desde el inicio de la década de 1980 las grandes editoriales han aumentado sus inversiones en marketing, igualmente sus agentes comerciales están aplicando las técnicas de marketing más avanzadas. Los cambios más importantes en la edición de libros durante el siglo XX se han producido en este área y en el de la fabricación.


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