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Cine de los países escandinavos





Ingmar Bergman
El director sueco Ingmar Bergman, una de las figuras más relevantes de la cinematografía escandinava, galardonado en tres ocasiones con el Oscar a la mejor película extranjera por El manantial de la doncella (1959), Como en un espejo (1961) y Fanny y Alexander (1982).

















Jan Troell
El realizador sueco Jan Troell es el autor de la película Hamsun (1996).







Liv Ullmann
En las décadas de 1960 y 1970, la actriz noruega Liv Ullmann protagonizó varias películas del director sueco Ingmar Bergman, a quién le unía una estrecha relación personal. Tras retirarse del cine trabaja para la UNICEF, y ha escrito dos autobiografías, publicadas en 1977 y 1984.


Cine de los países escandinavos, evolución histórica del cine en los países escandinavos (Noruega, Suecia, Dinamarca y Finlandia).
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EL PERIODO MUDO
La productora más antigua del mundo, la Nordisk Films Kompagni, se fundó en Copenhague en 1906. Se hizo famosa en la década de 1920 por sus innovadores dramas de larga duración, la calidad de su cinematografía y sus elevados modelos de producción. Siguiendo el ejemplo de Kosmorama (que produjo El abismo en 1910, haciendo de Asta Nielsen una estrella internacional) la Nordisk estimuló una demanda de películas sensacionalistas y melodramas eróticos que, a través de las ventas internacionales y las salas de cine que poseía la compañía en Alemania, le dio una posición relevante dentro de la industria cinematográfica europea. Sin embargo, al ser colocada en la lista negra por las autoridades de los países aliados, y ser al tiempo obligada a vender sus propiedades en Alemania a la UFA (Universum Film Aktiengesellschaft) en 1917, la Nordisk sufrió un declive económico del que no se recuperaría con la incorporación de Carl Theodor Dreyer a la dirección en 1919. La producción danesa del periodo mudo está representada por el trabajo de Benjamin Christensen (que dirigió El misterioso X, 1913, y Noche de venganza, en 1915, para la Dansk Biografkompagni) y Vilhelm Glückstadt, que dirigió en la Filmfabrikken Danmark. Por su parte, la fama internacional del cine sueco llegó por la obra de Victor Sjöström y Mauritz Stiller, que demostraron su habilidad para adaptar comedias sofisticadas (Erotikon, 1920) y las novelas de Selma Lagerlöf (El tesoro de sir Arne, 1919, La saga de Gunnar Hede, 1922). La adaptación de Stiller de La saga de Gösta Berling (1924) atrajo la atención internacional sobre la joven actriz Greta Garbo. Especializado en películas de género, Georg af Klercker empleó ópticas de gran profundidad de campo para conseguir efectos impresionantes en El prisionero de la fortaleza de Karlsten (1916). En Finlandia y Noruega, la producción muda sólo se distribuyó en el mercado de esos países.
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EL CINE SONORO EN LOS PAÍSES ESCANDINAVOS
Con la introducción del sonido, la producción cinematográfica se centró en los relativamente prósperos mercados nacionales. En Suecia, la actriz Ingrid Bergman se hizo famosa en la película de Gustaf Molander Intermezzo (1936); en Dinamarca, Palladium produjo una serie de comedias musicales muy populares protagonizadas por Marguerite Viby. Las restricciones a la importación durante la II Guerra Mundial estimularon las producciones nacionales, que se concentraron en películas de entretenimiento y en la producción de documentales. La vuelta de Alf Sjöberg a la producción sueca marcó sin embargo el renacer de un cine en que el trabajo de Ingmar Bergman comenzaba a canalizar las inquietudes de una nación que había permanecido neutral durante la guerra. En la posguerra danesa, la producción inevitablemente celebraba una visión heroica de la resistencia local, aunque alguna película, como Vuestra libertad está en juego (1946, de Theodor Christensen) fuera muy crítica con el comportamiento de los políticos durante la ocupación alemana. Carl Theodor Dreyer fue el más grande cineasta danés, independiente a ultranza y sólo coherente consigo mismo, realizó una obra plagada de películas magistrales, entre las que destacan Ordet (La palabra, 1955) y Gertrud (1964). En Finlandia, la producción nacional estaba representada por las películas de Nyrki Tapiovaara y Edvin Liane, mientras que en Noruega el más destacado sería Tancred Ibsen.
El cine más popular durante la década de 1950 seguiría teniendo un tono de evasión, al que siguió, en la década de 1960, una nueva generación de cineastas, influidos por la francesa nouvelle vague, que llevarían el cambio al cine escandinavo. Directores como Palle Kjaerulff-Schmidt demostraron una mayor capacidad de improvisación en Weekend (1962), mientras Hennning Carlsen y Theodor Christensen dieron un nuevo compromiso político a su obra. Una generación de cineastas, aprovechando los cambios en la financiación y la creación de escuelas de cine en Suecia y Dinamarca, aportaron nueva energía a la producción. En Suecia, Bo Widerberg, Vilgot Sjöman, Jan Troell y Jonas Cornell lograron renombre internacional, mientras en Finlandia y Noruega, Risto Jarva, Mikko Niskanen, Jörn Donner y Anja Breien lograban este reconocimiento. La obra de Troell Los emigrantes (1971) y La nueva tierra (1972) harían de Liv Ullmann una estrella internacional.
Aunque en la década de 1980 hubo un enfoque más pragmático de la financiación, las coproducciones escandinavas mantuvieron su presencia internacional a través de la obra del ruso Andréi Tarkovski (Sacrificio, 1986), Gabriel Axel (El festín de Babette, 1987), Oscar de Hollywood a la mejor película extranjera, o Bille August (Pelle, el conquistador, 1987) que también recibió un Oscar de la Academia estadounidense.
En 1996 se dio a conocer en todo el mundo con el melodrama Rompiendo las olas (1995) el realizador danés Lars von Trier, una de las figuras más populares de la moderna cinematografía escandinava. Esta cinta supuso el inicio del movimiento Dogma, denominación que agrupa a una serie de autores daneses, entre ellos Thomas Vinterberg, Søren Kragh-Jacobsen, Kristian Levring y el propio Trier, unidos por el deseo de crear un cine sin artificios estéticos realizado casi exclusivamente en plano secuencia. Esta forma de rodar facilita el trabajo de los intérpretes, que no se ven sometidos a los continuos cortes del plano-contraplano.
Este movimiento ganó pronto numerosos adeptos en todo el mundo y su influencia en otras cinematografías se pone de manifiesto en filmes como Era outra vez (2000), del español Juan Pinzás, o Fuckland (2000), del director argentino José Luis Marques.

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