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Teatro contemporáneo




El invento del Teatro contemporáneo


Peter Handke
La narrativa de Peter Handke se caracteriza por un atento estudio psicológico de los personajes, a menudo inmersos en situaciones de raíz autobiográfica en las que se entrecruzan miedos, inquietudes, desatinos.

Aunque el realismo puro dejó de dominar la escena popular después de la I Guerra Mundial, el teatro realista continuó vivo en el ámbito comercial, sobre todo en Estados Unidos. Sin embargo, el objetivo parecía ser el realismo psicológico, y se emplearon para este fin recursos dramáticos y escénicos no realistas. Las obras de Arthur Miller y Tennessee Williams utilizaban, por ejemplo, escenas basadas en la memoria, secuencias sobre sueños, personajes puramente simbólicos, proyecciones y otros recursos similares. Incluso los trabajos tardíos de O'Neill (obras claramente realistas como Largo viaje de un día hacia la noche, producida en 1956) incorporan diálogos poéticos y un fondo sonoro cuidadosamente orquestado para suavizar el realismo crudo. La escenografía era más sugerente que realista. El teatro europeo no se hallaba tan mediatizado por el realismo psicológico y su preocupación se centraba más en los juegos de ideas, tal y como evidencian las obras del dramaturgo italiano Luigi Pirandello, los autores franceses Jean Anouilh y Jean Giraudoux y el belga Michel de Ghelderode.

Tom Stoppard
Tom Stoppard, dramaturgo inglés de origen checo, es célebre por el ingenio y complejidad de sus obras, así como por incorporar con suma naturalidad una apabullante diversidad de ideas en sus argumentos cómicos. Este pasaje pertenece a Rosencrantz y Guildernstern han muerto, obra basada en dos personajes secundarios de Hamlet, de Shakespeare. Stoppard lleva al escenario aquello que debería estar sucediendo entre bastidores, presentando a través de los diálogos una gran variedad de problemas filosóficos.

En Inglaterra, durante la década de 1950, la obra Mirando hacia atrás con ira (1956), de John Osborne, se convirtió en estandarte de la protesta de jóvenes airados en el periodo de la posguerra; en la década de 1970, una trilogía sobre Vietnam del autor estadounidense David Rabe, expresaba la ira y la frustración de muchas personas contra esa guerra. Bajo la influencia de Brecht, muchos dramaturgos alemanes escribieron obras documentales que, basadas en hechos reales, exploraban las obligaciones morales de los individuos con ellos mismos y la sociedad. Un ejemplo es la obra El vicario (1963), de Rolf Hochhuth, que provocó una gran polémica en su época ya que se acusa al papa Pío XII de haberse inhibido ante el exterminio de seis millones de judíos en los campos de concentración nazis.

Jean Giraudoux
La obra del novelista y dramaturgo francés Jean Giraudoux muestra un gran ingenio y un estilo elegante.

Muchos dramaturgos de las décadas de 1960 y 1970 —Sam Shepard en Estados Unidos, Peter Handke en Austria, Tom Stoppard en Inglaterra— creaban obras en torno al lenguaje: el lenguaje como juego, el lenguaje como sonido, el lenguaje como barrera, el lenguaje como reflejo de la sociedad. A veces, en sus obras, el diálogo puede leerse como un mero intercambio racional de información. Muchos autores teatrales reflejaron también la frustración del individuo social frente a un mundo destructivo aparentemente incontrolable.

Dennis Potter
Dennis Potter fue uno de los dramaturgos ingleses más ingeniosos y controvertidos. Sus obras para televisión eran provocadoras y trataban temas moralmente complejos, con montajes donde mezclaba clichés visuales, canciones populares, realismo y secuencias oníricas con gran efectividad.

Entre 1970 y 1990 se produjo un retorno al naturalismo que se hacía eco de un movimiento artístico conocido como hiperrealismo, ejemplificado por obras como American Buffalo (1975), de David Mamet, donde la acción es mínima y el centro de interés se sitúa en personajes mundanos y en los hechos que los circundan. El lenguaje es fragmentario, como la conversación cotidiana. Los escenarios no se distinguen de la realidad. El énfasis sobre fragmentos de realidad en apariencia sin significado propicia una cualidad de absurdo, semejante a la pesadilla; podemos encontrar características similares en autores como Stephen Poliakoff. Un osado realismo social combinado con un humor negro ha sido asimismo muy popular; esta corriente puede observarse en trabajos muy diferentes como los de Alan Ayckbourn, Mike Leigh, Michael Frayn, Alan Bleasdale y Dennis Potter.

Tennessee Williams
En esta escena de la obra de Tennessee Williams Un tranvía llamado Deseo, Blanche intenta convencer a su hermana Stella de que abandone a Stanley, su rudo marido. Stella se niega diciendo que ama a Stanley y Blanche le responde con estas palabras sobre el Deseo, nombre del tranvía en el que Blanche acababa de llegar a Nueva Orleans. La conversación de las hermanas continúa con una gran carga de simbolismo y toca los temas característicos de Tennessee Williams: el deseo, la culpa, la sexualidad reprimida y la angustia espiritual.

Pero lo más destacado de estos años es la consolidación de los grupos teatrales que aparecieron en la década de 1960. El grupo español La Fura dels Baus se inició con espectáculos sorprendentes en los que la música cumplía un papel fundamental por la ausencia de texto y el espectáculo se montaba en grandes espacios sin separación entre actores y público.
4.6.9
Musical
Escena de A Chorus Line
Esta escena pertenece a uno de los musicales de Broadway de más éxito, A Chorus Line, y está tomada en el teatro Shubert de Nueva York, el 28 de abril de 1990, último día en el escenario, después de 6.137 representaciones.

Muchas formas tradicionales de entretenimiento han sido absorbidas por la televisión en los últimos treinta años. De las fórmulas populares, sólo el musical parece haber florecido. En la década de 1920 los musicales surgieron a partir de una libre asociación en forma de serie de canciones, danzas, piezas cortas cómicas basadas en otras historias, que algunas veces eran serias, y se contaban a través del diálogo, la canción y la danza. Un grupo a cargo de Richard Rodgers y Oscar Hammerstein II perfeccionó esta forma en la década de 1940. Ya durante la década de 1960 gran parte del espectáculo había dejado el musical para convertirse en algo más serio, incluso sombrío. A finales de la década siguiente, sin embargo, posiblemente como resultado de crecientes problemas políticos y económicos (de los que el público deseaba escapar), volvieron los musicales (muchos de ellos reposiciones) bajo un signo de desmesura y lujo, haciéndose hincapié en la canción, el baile y la comedia fácil. La tendencia de espectacularidad continuó durante la década de 1980 con musicales como los de Andrew Lloyd Webber y producciones como Cats (1981) y El fantasma de la ópera (1986). El West End de Londres, punto de referencia teatral, no ha dejado de ver pasar musicales por sus salas, ya que muchos de ellos se han convertido en grandes éxitos de taquilla.

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