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El invento de los Castillos




Castillo

Castillo de Bodiam
El castillo de Bodiam (Gran Bretaña), construido en el siglo XIV, es una de las primeras fortalezas que contemplaron la comodidad de sus habitantes. En la actualidad tan sólo se conservan sus ruinas.

Castillo, vivienda fortificada del rey o de un señor feudal y de los miembros de su corte, habitual durante toda la edad media. Durante este periodo, Europa se encontraba en constante pie de guerra, de modo que se hizo necesaria una construcción capaz de resistir los ataques y los asedios (véase Fortificaciones). Además de servir de refugio para el rey o el señor y sus gentes, los castillos también cumplían otros cometidos, como prisión, custodia de riquezas, arsenales de armamento y máquinas de guerra o centros de administración local.
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MOTA Y BASTIDA

Esquema de un castillo
Este esquema presenta algunas de las partes principales de un castillo medieval. La zona más destacada es la torre del homenaje, una fortificación que servía como último bastión defensivo. La mayoría de los castillos estaban rodeados de un foso, que sólo se podía cruzar a través de un puente levadizo.

Los castillos más primitivos consistían tan sólo en una torre de madera construida sobre un terreno elevado y rodeada de una zanja. Al nivel del suelo se construía un montículo escarpado llamado mota. Como los métodos de asedio a los castillos se fueron perfeccionando, se hicieron necesarios uno o varios recintos de murallas o empalizadas, situados a cierta distancia de la mota. El espacio contenido dentro de estos recintos se conoce con el nombre de bastida o patio de armas. Hasta el siglo XI el sistema de defensa de mota y bastida fue el habitual en la mayoría de los castillos. Los muros exteriores se fueron haciendo cada vez más gruesos y se coronaron con galerías almenadas desde las que los defensores podían arrojar flechas o lanzar otro tipo de proyectiles.
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LA TORRE DEL HOMENAJE
El siguiente paso en la evolución de las fortificaciones fue la inclusión de la torre del homenaje dentro del patio de armas. Se trataba de una construcción fortificada, que se convirtió en el reducto central del castillo: si el enemigo conseguía romper la línea de defensa de las murallas exteriores, los habitantes del castillo se refugiaban en la torre. Esta edificación solía alcanzar los 12 o 15 m de altura y estaba rodeada por un grueso muro al que tan sólo se abrían saeteras (pequeños vanos abiertos en el muro desde donde se lanzaban flechas). La introducción de la torre del homenaje se asocia con los castillos normandos. Al principio ésta se levantaba sobre una planta rectangular, pero evolucionó hacia una planta circular cuando se comprobó que estas construcciones eran más sencillas de defender.
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EL FOSO
Las pequeñas trincheras o zanjas que servían como primera defensa de los castillos primitivos se reemplazaron con el tiempo por fosos más anchos y profundos, que en ocasiones se llenaban de agua. Un puente levadizo, que se podía bajar o subir desde el interior del castillo, franqueaba el paso por encima del foso. El punto débil del muro que ocasionaba el acceso a través del puente se defendía mediante un rastrillo, que consistía en una compuerta o reja de hierro que al subirse se alojaba en el muro y podía bajarse rápidamente para bloquear la entrada.
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EMPLAZAMIENTOS ESTRATÉGICOS

Castillo de los Mendoza, Manzanares el Real
Diego Hurtado de Mendoza mandó construir en el siglo XV un castillo en la localidad de Manzanares el Real, en la comunidad de Madrid. Su autor fue el arquitecto Juan Guas, quien diseñó una fortaleza de planta cuadrada con torres de planta circular en sus ángulos. Se trata de uno de los edificios militares mejor conservados de España.

Los castillos se solían construir al borde de un precipicio inexpugnable o junto a un río, sobre una colina que dominara el entorno. Uno de los ejemplos más característicos lo ofrece el Château Gaillard, construido por Ricardo Corazón de León en Les Andelys, Francia. En este mismo país se construyeron otros castillos importantes, como el del Louvre en París o el de Vincennes. Entre los castillos más imponentes de Gran Bretaña destacan los de Caernarvon y Edimburgo, construido sobre el saliente natural de un peñón. Un caso particular es el de la corona de Castilla, donde la influencia de las alcazabas musulmanas (como la Alhambra de Granada) se transmitió a la construcción de castillos, entre los que destacan el de La Mota y, especialmente, el de Coca, en Segovia, de estilo mudéjar. También se deja sentir esta influencia en la decoración de los castillos navarros, como se puede comprobar en Olite.
Los castillos medievales se construyeron para resistir los envites de arietes y de proyectiles lanzados con catapultas, y para proteger a sus habitantes de las flechas lanzadas con ballestas. La evolución de la artillería y el empleo de la pólvora en las armas de fuego quebraron definitivamente la inexpugnabilidad de los viejos castillos medievales, que se dejaron de construir a partir del siglo XVI y fueron sustituidos por las fortalezas renacentistas.

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