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Guerra de Crimea





Los inventos de los hombres
Guerra de Crimea

Guerra de Crimea, conflicto bélico que enfrentó en la península de Crimea a Rusia y a una coalición formada por Gran Bretaña, Francia, el reino de Cerdeña y el Imperio otomano desde 1853 hasta 1856. Esta contienda tuvo una importancia decisiva en la historia política de la Europa posterior a las Guerras Napoleónicas.
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LA CUESTIÓN ORIENTAL
Guerra de Crimea
Rusia se enfrentó en esta guerra a las fuerzas aliadas de Gran Bretaña, Francia, el Imperio otomano y el reino de Cerdeña. El conflicto se inició en la península de Crimea en 1853. Los aliados deseaban impedir la expansión del poder ruso en el mar Negro y la captura de territorios del Imperio otomano. Rusia fue derrotada en 1856.

Las raíces de esta lucha se hunden en la denominada Cuestión Oriental (el problema internacional planteado a consecuencia del declive del Imperio otomano), una situación cargada de implicaciones negativas para el equilibrio del poder en Europa. Desde finales del siglo XVIII, Rusia se había mostrado cada vez más impaciente por aprovechar esta circunstancia para incrementar su influencia en la península de los Balcanes y arrebatar a los turcos el control de los pasos marítimos situados entre el mar Negro y el mar Mediterráneo. Rusia optó por el establecimiento de un protectorado unilateral sobre el Imperio otomano, tras alcanzar la victoria en la Guerra Turco-rusa (1828-1829) y, especialmente, después de la firma en 1833 del Tratado de Unkiar Skelessi.

Florence Nightingale
Florence Nightingale estableció las bases de la enfermería moderna con el trato dispensado a los enfermos y heridos durante la guerra de Crimea (1853-1856). Incitada por las noticias sobre la insuficiencia de los cuidados médicos en los cuarteles británicos, ofreció sus servicios al secretario de Guerra. Se dirigió a Crimea con 38 voluntarias y asumió la dirección del servicio de enfermería del frente. La eficacia y efectividad de sus métodos dio origen a la enfermería moderna.

Gran Bretaña y Francia consideraban como una amenaza para sus propios intereses en Oriente Próximo la posibilidad de que Rusia dominara esta zona, y muchos de los pueblos de estos países rechazaban a esta potencia por ver en ella al despótico enemigo del liberalismo. También el Imperio Austriaco, pese a su larga tradición de cooperación internacional en asuntos diplomáticos con los rusos, se mostraba recelosa ante un aumento de su influencia en los Balcanes. Las potencias europeas y el Imperio otomano consiguieron sustituir en 1841 el acuerdo de Unkiar Skelessi por un protectorado general europeo.
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LA CRISIS
A comienzos de la década de 1850, el zar ruso Nicolás I, ante el recelo de las restantes potencias a su plan anterior, encontró una nueva posibilidad de aumentar su influencia mediante la injerencia en los asuntos otomanos. Creía contar con el apoyo del Imperio Austriaco, como recompensa por la ayuda que había proporcionado a la Casa de Habsburgo durante las revoluciones ocurridas desde 1848 hasta 1850. Asimismo, se equivocó al considerar que el gobierno británico presidido por George Hamilton, conde de Aberdeen, respaldaría la división del territorio de los Balcanes controlado por los turcos.
La causa inmediata de la intervención de Rusia fue el conflicto surgido entre la Iglesia católica y la Iglesia ortodoxa por el dominio de los lugares sagrados de Palestina, que en esta época pertenecían al Imperio otomano. El sultán otomano Abdülmecid I, presionado por Francia, decidió en favor de la Iglesia católica en diciembre de 1852. Nicolás I, el protector de la Iglesia ortodoxa, envió sin demora una comisión a Constantinopla (actualmente Estambul, perteneciente a Turquía) encargada de negociar un nuevo acuerdo favorable a la Iglesia ortodoxa y un tratado que garantizara sus derechos dentro del Imperio otomano. A su vez, el Zar se reunió con el embajador británico en Rusia y ofreció la posibilidad de dividir los Balcanes y de que Rusia ocupara 'temporalmente' Constantinopla y los estrechos del Bósforo y de los Dardanelos.
El embajador británico destinado en Constantinopla, el vizconde Stratford de Redcliffe, ayudó a negociar un acuerdo amistoso sobre los lugares sagrados palestinos, pero persuadió a los turcos de que rechazaran las restantes demandas rusas alegando que representaban una amenaza para su soberanía. Rusia respondió el 1 de julio de 1853 con la ocupación de los principados turcos de Moldavia y Valaquia (en gran medida, la actual Rumania). Las potencias europeas intentaron establecer un compromiso, pero su esfuerzo resultó infructuoso. El Imperio otomano, que confiaba en contar con el apoyo británico y francés, declaró la guerra el 4 de octubre siguiente a Rusia.
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LA GUERRA
Carga de la Brigada de Caballería Ligera
La guerra de Crimea enfrentó en la península ucraniana homónima desde 1853 hasta 1856 a Rusia y a una coalición formada por Gran Bretaña, Francia, el reino de Cerdeña y el Imperio otomano. El 25 de octubre de 1854, las tropas rusas combatieron contra las fuerzas combinadas británicas, francesas y otomanas en la ciudad de Balaklava (que en la actualidad forma parte de Sebastopol). Los rusos pretendían poner fin al sitio a que era sometida Sebastopol. Repelido el ataque de las fuerzas rusas sobre el cuartel general británico, aquéllas precipitaron su huida. La Brigada de Caballería Ligera británica (encabezada por James Thomas Brudenell, conde de Cardigan) acometió al enemigo replegado, cargó contra él y sufrió una enorme cantidad de bajas tras caer sobre ella el fuego cruzado desde tres direcciones distintas. De los 661 soldados que participaron en la carga, 118 fueron aniquilados, 127 resultaron heridos y 45 de ellos acabaron prisioneros de las tropas rusas. Aunque supuso una decisiva victoria de las fuerzas aliadas, la batalla acabó por popularizarse debido a tan heroica y desafortunada carga de la caballería británica.

Los rusos destruyeron la flota turca situada en el puerto de Sinope (en la actualidad, Sinop), en el mar Negro, el 30 de noviembre de 1853, lo que provocó una enérgica protesta de Gran Bretaña y Francia. Rusia ignoró la demanda por la que ambos países reclamaban la evacuación de Moldavia y Valaquia, y las dos potencias europeas le declararon la guerra en marzo de 1854, confiando en que su supremacía naval les proporcionaría una victoria rápida. El reino italiano de Cerdeña se unió poco después a esta coalición anglo-francesa con la esperanza de ganar su favor y obtener su ayuda para expulsar a los austriacos del territorio de la península Itálica y así acelerar su deseada unificación italiana. El 3 de junio, Austria amenazó con declarar la guerra a Rusia, que quedó consternada al recibir la noticia, a menos que desocupara Moldavia y Valaquia. Rusia cumplió esta petición el 5 de agosto y las tropas austriacas ocuparon ambos principados.
Fue en este momento cuando los aliados decidieron emprender una campaña contra Sebastopol (en la actualidad, en el sur de Ucrania), donde se encontraba el cuartel general de la flota rusa emplazada en el mar Negro; sus fuerzas alcanzaron Crimea en septiembre de 1854. La guerra se prolongó, a pesar de las cruentas derrotas que sufrieron los rusos en el río Alma y en las batallas de Balaklava y de Inkerman, debido a la negativa de Rusia a aceptar las condiciones de paz propuestas por los aliados. Finalmente, Sebastopol cayó el 9 de septiembre de 1855, pero Rusia aceptó firmar la paz sólo después de que Austria amenazara con intervenir en la guerra.
El Tratado de París, firmado el 30 de marzo de 1856, supuso para Rusia un enorme contratiempo en lo concerniente a su política en Oriente Próximo. Los rusos se vieron obligados a devolver el sur de Besarabia y la zona de la desembocadura del Danubio al Imperio otomano; Moldavia, Valaquia y Serbia quedaron supeditadas a un acuerdo internacional, en lugar de estar sometidas al control de Rusia. El sultán otomano Abdülmecid I se limitó a ofrecer vagas promesas con respecto a los derechos de todos sus súbditos cristianos y, por último, se prohibió a Rusia mantener una fuerza naval en el mar Negro.
Desde el punto de vista militar, esta guerra representó un acontecimiento desafortunado e innecesariamente costoso. Los comandantes de ambos bandos demostraron claramente su ineptitud desperdiciando vidas en combates absurdos, tales como la famosa carga de la Brigada de Caballería Ligera, en la que una unidad británica sufrió graves pérdidas durante la batalla de Balaklava. La ineficacia y la corrupción de las administraciones obstaculizaron el abastecimiento de alimentos, ropa y municiones en ambos ejércitos, y los servicios médicos no recordaban una situación tan atroz. La enfermera británica Florence Nightingale adquirió fama por los esfuerzos que realizó para mejorar el cuidado de los enfermos y heridos, pero fueron las enfermedades y no los combates las que provocaron el mayor número de víctimas. La opinión pública británica también fue adquiriendo una actitud más crítica ante la guerra a medida que leía las crónicas enviadas al periódico The Times por el corresponsal de guerra irlandés W. H. Russell, el primer periodista que relató un conflicto bélico por medio del telégrafo. Asimismo, el británico Roger Fenton tomó en 1855 las primeras imágenes fotográficas que ilustraban de forma impactante una guerra.
La guerra de Crimea fue un acontecimiento de gran repercusión en la historia de Europa. Supuso el fin del acuerdo por el cual los vencedores de las Guerras Napoleónicas (Gran Bretaña, Rusia, Austria y Prusia) habían cooperado para mantener la paz en Europa durante cuarenta años. El mito del poder ruso quedó enterrado y la ruptura de la antigua coalición permitió a Alemania e Italia liberarse de la influencia de Austria y emerger como naciones independientes en la siguiente década. Por último, cabe señalar que las consecuencias de la derrota sufrida en Crimea fueron el factor desencadenante de la aplicación de un programa de profundas reformas internas en Rusia, llevado a cabo por el sucesor del zar Nicolás I, Alejandro II.

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