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Guerra de la Independencia española





Guerra de la Independencia argelina
Guerra de la Independencia española

Los fusilamientos del 3 de mayo
El levantamiento del pueblo madrileño el 2 de mayo de 1808, que produjo los fusilamientos de los sublevados ese mismo día y durante la mañana del día siguiente, marcó el inicio de la guerra de la Independencia española. Contagiadas del espíritu de resistencia alentado desde Madrid, diversas Juntas Provinciales se fueron constituyendo con el fin de dotar al país de un entorno institucional legítimo. Goya plasmó de forma dramática estos acontecimientos en su obra El 3 de mayo de 1808 en Madrid: los fusilamientos en la montaña del Príncipe Pío (1814, Museo del Prado, Madrid).

Guerra de la Independencia española, conflicto entablado en territorio español contra la invasión francesa, perteneciente a una de las fases de las conocidas como Guerras Napoleónicas, que abarcó el sexenio que media entre el 2 de mayo de 1808 y el 4 de mayo de 1814, fecha ésta en la que el rey Fernando VII retomó el gobierno absoluto. También denominada por la historiografía no hispana como guerra de España o, si se hace extensible la conflagración al caso portugués, como Guerra Peninsular, su duración transcurrió durante años no sólo de enfrentamiento bélico para expulsar a los franceses, sino también, pese a las fuertes resistencias, de profundos cambios sociales en una línea liberal burguesa.
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EL LEVANTAMIENTO
Joachim Murat
Nombrado en 1808 rey de Nápoles por su cuñado, el emperador Napoléon I Bonaparte, Joachim Murat había mandado pocos meses antes los ejércitos franceses que invadieron España. Siete años más tarde combatió infructuosamente contra el Imperio Austriaco y perdió el trono napolitano. Este retrato suyo es obra del pintor francés de la primera mitad del siglo XIX François Gérard y se encuentra en el palacio de Versalles.

Napoleón Bonaparte había pactado con el rey español Carlos IV, mediante el Tratado de Fontainebleau, firmado el 27 de octubre de 1807 —a través del valido de éste, Manuel Godoy—, la ocupación de Portugal, a fin de hacer efectivo el bloqueo comercial contra Gran Bretaña (el denominado Sistema Continental). De esta manera, las tropas francesas del emperador Napoleón I (compuestas por 24.000 hombres al mando del general Pierre-Antoine Dupont) entraron en España como aliados, pero aquél decidió enseguida controlar militarmente el país para, ante las desavenencias reales entre Carlos IV y su heredero Fernando VII, desbancar a la Casa de Borbón y sustituirla por su propia familia, concretamente por su hermano, quien pasaría a ser el rey José I.
Para asegurarse la menor resistencia posible, Napoleón, mediante la argucia de actuar de árbitro entre padre e hijo, consiguió que ambos se trasladasen hasta la ciudad de Bayona, situada en el suroeste francés. El objeto era paralizar al Estado español. Ambos tuvieron que abdicar a favor de Napoleón entre el 5 y el 6 de mayo de 1808. Para completar el descabezamiento se pretendía trasladar a toda la familia real hacia el cautiverio, incluido el infante don Antonio, que había quedado al frente de una Junta de Gobierno.
Cadáveres de Daoíz y Velarde
Dos de los principales héroes madrileños de la resistencia antifrancesa durante el 2 de mayo de 1808 fueron los capitanes Luis Daoíz y Pedro Velarde. En esta pintura de José Nin y Tudó (Museo Municipal de Madrid) aparecen los cadáveres de ambos en la cripta de San Martín.

El levantamiento contra los franceses tuvo lugar de forma espontánea en Madrid en la mañana del 2 de mayo. España estaba sin gobierno y buena parte ocupada militarmente. De las viejas autoridades únicamente se podía contar con los capitanes generales de Zaragoza, José de Rebolledo Palafox, y de Valladolid, Gregorio García de la Cuesta. El pueblo recuperó la soberanía: por todas partes surgían juntas provinciales, las cuales crearon a su vez una Junta Central (25 de septiembre de 1808). Entre mayo y junio toda España se había levantado en armas.
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FASES DE LA GUERRA
Batalla de Bailén
La victoria lograda por el general español Francisco Javier Castaños sobre el francés Pierre-Antoine Dupont en la estratégica localidad de Bailén permitió a los ejércitos españoles abrirse camino hacia Madrid, de donde hubo de salir el hermano de Napoleón I, José Bonaparte, quien había sido coronado rey de España por los invasores.

En cuanto a los efectivos iniciales, los franceses contaban con unos 100.000 hombres que ocupaban buena parte de la mitad norte de España, salvo Asturias y Galicia. El Ejército español disponía de unos efectivos similares, aunque con un material obsoleto.
El duque de Wellington
El duque de Wellington fue un general británico célebre por su victoria sobre Napoleón en la batalla de Waterloo en 1815. También ayudó a la causa española en la guerra de la Independencia contra las fuerzas napoleónicas. Además de militar, fue dirigente del Partido Tory en el Parlamento británico.

Desde junio hasta octubre de 1808 tuvo lugar la primera fase de la contienda, cuyo hecho de armas más relevante fue la inesperada victoria española en Bailén por parte de Francisco Javier Castaños (19 de julio).
Sir John Moore
El británico John Moore recibió el mando de 10.000 hombres que debían servir como refuerzos para el ejército que desde 1808 combatía en la península Ibérica en los primeros momentos de la Guerra de la Independencia española. En octubre de ese año, recibió la orden de apoyar a los españoles en su lucha contra los franceses; Moore avanzó hacia Valladolid desde Lisboa. Tras capitular Madrid, tuvo que retirarse ante la amenaza de las fuerzas napoleónicas. El ejército de Moore, compuesto por 20.000 hombres, recorrió más de 300 km atravesando montañas y soportando la nieve y la lluvia hasta detenerse en La Coruña para proteger el embarque. Las tropas francesas de Nicolas Jean de Dieu Soult lo atacaron el 19 de enero de 1809, pero fueron derrotadas y perdieron a más de 2.000 hombres. Sin embargo, Moore, herido de metralla, falleció en el transcurso de la batalla. Su heroica muerte inspiró el famoso poema de Charles Wolfe (1791-1823): "Le enterramos en secreto en plena noche, con nuestras bayonetas mirando al suelo".

Napoleón, sorprendido por la derrota que echaba por tierra el mito de su imbatibilidad, decidió emplearse a fondo. Vino personalmente a España al frente de un impresionante Ejército de 150.000 hombres. Daban comienzo las campañas de 1809, con suerte adversa para las tropas españolas y sus aliadas luso-británicas. En este contexto surgió la guerra de guerrillas, invención española a fin de hostigar continuamente y a través de los medios más diversos a los franceses. El resultado fue que buena parte del Ejército francés tuvo que realizar asimismo labores de policía. Era la guerra total que provocó una sofisticada guerra de nervios.
Nicolas Soult
Nicolas Jean de Dieu Soult fue uno de los más destacados militares franceses durante las Guerras Napoleónicas. Combatió en numerosas batallas al frente de los ejércitos de Napoleón I, al lado del cual también estuvo durante el periodo de los Cien Días. Aunque tras la batalla de Waterloo sufrió destierro, posteriormente fue rehabilitado y ejerció diversos cargos diplomáticos y gubernamentales en los regímenes posteriores.

En 1810, los franceses llevaron a cabo un redoblado esfuerzo para acabar con la contienda española. Las fuerzas desplazadas se aproximaron a los 270.000 hombres. Sin embargo, cosecharon un doble fracaso: no pudieron tomar Cádiz (sede de las Cortes) ni tampoco Lisboa, la capital portuguesa.
Durante 1811 y 1812 tuvo lugar una guerra de desgaste. El papel de la guerrilla fue decisivo. Además, Napoleón se vio obligado a sacar tropas de España para el frente ruso. De todas formas, aún permanecían en territorio peninsular unos 200.000 hombres. Fue el momento en que el general británico Arthur Colley Wellesley, más tarde duque de Wellington, consiguió los primeros éxitos: Salamanca y Arapiles (junio-julio de 1812). José I se vio obligado a abandonar Madrid y trasladar la corte a Valencia. Andalucía quedaba definitivamente liberada.
La última fase comprendió los años 1813 y 1814. Los franceses conservaban un Ejército de 100.000 hombres. Los españoles contaban con 130.000 más los 70.000 de los ejércitos anglo-portugueses mandados por Wellington. En la primavera de 1813, José I fijó la corte en Valladolid. Pronto tuvo que retirarse ante el Ejército aliado que avanzaba por el valle del Duero. Los franceses fueron derrotados en Vitoria (junio), Pamplona (agosto), San Marcial y San Sebastián (septiembre). Las tropas aliadas anglo-españolas consiguieron penetrar en territorio francés, llegando a Tarbes y Toulouse en marzo y abril de 1814.
Fernando VII ya había sido liberado por Napoleón tras la firma del Tratado de Valençay (11 de diciembre de 1813). El Rey cruzó la frontera el 24 de marzo de 1814. El 11 de abril se firmó el armisticio con el jefe de las tropas francesas en la península Ibérica, Nicolas Jean de Dieu Soult, lo que puso fin a una dura guerra de casi seis años, si bien ésta puede darse definitivamente por acabada cuando, semanas más tarde, Fernando VII volvió a asumir el gobierno tras su regreso al trono.
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GUERRA Y REVOLUCIÓN
Las Cortes de Cádiz
Las reuniones de las Cortes establecidas en la ciudad española de Cádiz tras la invasión napoleónica de la península Ibérica culminaron con la redacción, aprobación y promulgación de la primera Constitución de la historia de España. Esta pintura, La promulgación de la Constitución de 1812, obra de Salvador Viniegra que actualmente se encuentra en el Museo Histórico Municipal de Cádiz, ilustra el momento en que tuvo lugar tal acontecimiento.

Al mismo tiempo que se estaba llevando a cabo una guerra de independencia, tenía lugar una soterrada revolución liberal. Los cambios protagonizados tanto por la Junta Central (desde el 25 de septiembre de 1808 hasta el 29 de enero de 1810), las Regencias (del 29 de enero de 1810 al 4 de mayo de 1814) y, sobre todo, por las Cortes de Cádiz fueron decisivos.
Se llevó a cabo una profunda reforma política (de entre cuya legislación cabe destacar el origen del constitucionalismo español, es decir, la Constitución de 1812, y toda otra serie de leyes, como la de Libertad de prensa de 1810), el desmantelamiento de la sociedad estamental (reforma de la Iglesia, reforma militar, abolición del régimen señorial, libertad industrial y comercial) y muchas otras medidas de signo liberal.
Por otra parte, el país quedó materialmente destrozado y la sociedad desvertebrada, pero aún con gran presencia de las fuerzas estamentales (como da prueba el denominado Manifiesto de los Persas) que pronto, con el regreso de Fernando VII (4 de mayo de 1814), recondujeron la situación hacia los viejos moldes, volviendo a un más férreo absolutismo.

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