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Guerras de Marruecos





Guerras de Marruecos

Guerras de Marruecos, también denominadas guerras de África, largo conflicto bélico mantenido entre España y el sultán y las kabilas (grupos de tribus) norteafricanas del territorio marroquí, especialmente álgido en el siglo XIX y que no finalizó hasta 1927.
La presencia de España en el norte de África se remonta cuando menos al reinado de los Reyes Católicos (a finales del siglo XV); sin embargo, es a partir de mediados del siglo XIX cuando se pasó de la etapa de las escaramuzas a la confrontación abierta (1859). Las guerras se acrecentaron a partir de 1898, con momentos críticos en 1909 (desastre del Barranco del Lobo), 1921 (desastre de Annual) y 1925 (desembarco de Alhucemas).
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INICIOS DE LA PRESENCIA ESPAÑOLA EN EL NORTE DE ÁFRICA
La acción española desde el principio se centró sobre dos núcleos costeros: Melilla y Ceuta. Después de haber sido conquistada por fenicios, romanos, bizantinos y árabes, los Reyes Católicos incorporaron Melilla (1497). En cuanto a Ceuta, con similar pasado colonial, fue ocupada por los portugueses (1415). Al unirse España y Portugal (con Felipe II), la ciudad se españolizó. Tras la separación de ambas coronas (a partir de 1640), Ceuta se quedó en manos hispanas.
A lo largo de la edad moderna, se produjeron varios momentos de hostigamiento por parte de las kabilas del Rif: los más destacados de los cuales tuvieron lugar en 1556 y en los años 1774 y 1775.
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EL CONFLICTO DURANTE EL SIGLO XIX
Batalla de Tetuán
El 5 de febrero de 1860 tuvo lugar, un día después de la conocida como batalla de Tetuán, la conquista de dicha ciudad marroquí a manos de las tropas españolas mandadas por el general Leopoldo O'Donnell, entonces presidente del gobierno. O'Donnell obtuvo por ello el título de duque de Tetuán, y el general Juan Prim el de marqués de Castillejos por su victoria en la batalla homónima que facilitó la mencionada conquista. Aquí podemos apreciar un detalle de una reproducción en blanco y negro de la obra La batalla de Tetuán, óleo de Mariano Fortuny (1863) que se conserva en el Museo de Arte Moderno (Barcelona).

Dichos hostigamientos continuaron durante la primera mitad del siglo XIX y se multiplicaron en las décadas de 1840 y 1850. Entre 1843 y 1844, tanto Ceuta como Melilla sufrieron crónicos ataques. Ramón María Narváez consiguió del sultán Muley Solimán la firma de los convenios de Tánger (1844) y Larache (1845), por los que se restituyeron los antiguos límites. Ante nuevos ataques, España reaccionó apoderándose de las islas Chafarinas en 1848.
Durante la década de 1850, se produjo un aumento permanente de la tensión, que desembocó en guerra abierta. Tenía lugar así un salto cualitativo, al pasar de la fase de hostigamiento a la de guerra declarada.
La guerra, que habría de transcurrir desde 1859 hasta 1860, sobrevino cuando parecía que la situación se normalizaba, después del Convenio de Tetuán (1859). El ataque se produjo por parte de los moros de Anghera (Anyera) a las defensas ceutíes. Ante la mirada benévola de las potencias —la más reticente fue Gran Bretaña—, Leopoldo O’Donnell, aprovechando la proclamación de un nuevo sultán, Sidi-Muhammad, declaró la guerra en octubre de 1859. Participaron unos 40.000 hombres, divididos en cuatro cuerpos, al mando de Juan Zabala y de la Puente, Rafael Echagüe y Antonio Ros de Olano; en tanto que el de reserva se le encomendó a Juan Prim y Prats. Como general en jefe actuó el propio presidente del gobierno, el general O’Donnell.
Abd-el-Krim
Desde su encarcelamiento por orden francesa, en 1915, hasta su definitiva derrota a manos españolas, en junio de 1926, Abd-el-Krim fue el principal insurgente marroquí contra el dominio europeo en su país. En 1958, no aceptó el ofrecimiento del rey Muhammad V para que regresara a su patria, tras nombrarle 'héroe nacional', y, cinco años más tarde, falleció en El Cairo (Egipto).

En enero de 1860, después de varios combates en las inmediaciones de Ceuta, se inició el avance hacia Tetuán. En el valle de los Castillejos, las tropas de Prim estuvieron a punto de sufrir un serio revés. El comportamiento de este militar y la llegada de Zabala salvaron la situación. Prim recibió a cambio el título nobiliario de marqués de los Castillejos. Tras una serie de escaramuzas, se logró una nueva victoria en el Monte Negrón. La toma de Tetuán tuvo lugar el 5 de febrero de 1860. El sultán, retirado a Wad-Ras, fue derrotado el 23 de marzo y obligado a pedir la paz el 26 de abril de ese año.
Por el Tratado de Wad-Ras, el sultán cedía a España todo el territorio comprendido desde la costa mediterránea hasta el barranco de Anghera, y desde la atlántica hasta Santa Cruz de Mar Pequeña (Ifni); o sea, el mismo que España había tenido en otro tiempo. Figuraba también la ratificación de los convenios preexistentes sobre las plazas de la ciudad de Melilla y de los peñones de Vélez de la Gomera y de Alhucemas, así como el pago de una indemnización de guerra que nunca se hizo efectiva. Mientras tanto, las tropas españolas ocuparon la ciudad de Tetuán. Por último, España pasó a ser considerada como nación más favorecida comercialmente.
Como la guerra victoriosa había tenido gran impacto en la opinión española, la paz se consideró menguada, precisamente por las expectativas neoimperialistas desatadas. Con los cañones arrebatados se fundieron los leones que pasaron a ‘guardar’ las puertas del edificio de las Cortes (Congreso de los Diputados).
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EL CONFLICTO DURANTE EL SIGLO XX
Alfonso XIII
El reinado de Alfonso XIII supuso una nueva etapa dentro del periodo de la historia de España que recibió el nombre de Restauración. En la grabación podemos escuchar al soberano, en 1921, alabando a las tropas españolas que combatían en Marruecos. La imagen reproduce un óleo de Fernando Álvarez de Sotomayor, pintado hacia 1920 y conservado en el Museo Naval de Madrid, en el que aparece el monarca vestido de almirante.

Durante la década de 1890, volvieron a surgir una serie de incidentes aislados. Sin embargo, las cosas cambiaron después del desastre colonial de 1898. España, perdido el imperio ultramarino (Cuba, Puerto Rico y Filipinas), se volcó en Marruecos. Lo primero que se imponía era delimitar con precisión entre Francia y España las respectivas zonas de influencia, para evitar posibles roces suplementarios. Distintos acuerdos (suscritos en 1902 y 1904) redujeron progresivamente la zona de influencia española, hasta que en 1912 se fijaron las fronteras definitivas. Oficialmente, se estableció la figura de Derecho internacional del Protectorado; sin embargo, hasta 1927, en que se consiguió pacificar el territorio, no se puede hablar realmente de dicho régimen.
Primo de Rivera en la guerra de África
Aunque él mismo se declaró 'abandonista' (partidario de la retirada de los objetivos españoles en el norte de África), el general Miguel Primo de Rivera acabó finalmente por actuar en el conflicto marroquí, dirigiendo personalmente el desembarco que tuvo lugar al oeste de la bahía de Alhucemas, en 1925. Este monumento a Miguel Primo de Rivera, obra de Mariano Benlliure, se encuentra en la plaza de los Reyes Católicos de la ciudad natal del dictador, Jerez de la Frontera (Cádiz).

Los rifeños de la zona de Melilla volvieron, en 1909, a desencadenar la guerra. El conflicto tuvo dos frentes: uno social, con epicentro en Barcelona (Semana Trágica), y otro militar, en la zona denominada Barranco del Lobo, donde las tropas españolas sufrieron un revés notable, que a duras penas se pudo enderezar al final.
Desembarco de Alhucemas
El 8 de septiembre de 1925, el general y dictador español Miguel Primo de Rivera dirigió personalmente el desembarco que tuvo lugar al oeste de la bahía de Alhucemas (en la costa mediterránea marroquí). Un año después, el líder rifeño Abd-el-Krim resultaba derrotado definitivamente. En 1927, José Moreno Carbonero pintó este óleo, titulado Desembarco de Alhucemas.

El momento culminante de la confrontación militar tuvo lugar en julio de 1921: el llamado desastre de Annual. Fue un momento crítico cuyas repercusiones abrieron el camino hacia la dictadura de Miguel Primo de Rivera.
Después de una fase de titubeo, el dictador se decidió a acabar con la conflictiva situación marroquí. Tras una serie de preparativos, tuvo lugar el desembarco de Alhucemas (1925), lo que supuso, en un par de años (1927), que las largas guerras de Marruecos llegaran a su fin.

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