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Migración




Inmigrantes ucranianos en Suecia
La foto muestra a un grupo de inmigrantes ucranianos después de su llegada a Suecia, en 1929.

Migración, término que designa los desplazamientos de población que conllevan cambios de residencia más o menos permanentes, por lo común debidos a factores económicos, laborales, sociológicos o políticos. El desplazamiento turístico no es considerado migración. En los movimientos o flujos migratorios debe distinguirse la emigración de la inmigración; la emigración mira el fenómeno desde el lugar (país, región, ciudad…) que abandona la persona para establecerse en otro diferente, y la inmigración lo contempla desde la perspectiva del lugar de acogida.
Desde mitad del siglo XIX ha sido considerado el derecho a emigrar como algo que deriva de la propia concepción del ser humano como ser racional y libre, y así aparece consagrado en la Declaración Universal de Derechos Humanos y en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), abierto a la firma en 1966, o en la Carta Social Europea de la Unión Europea, que entró en vigor en 1965. Además, gran parte de las constituciones y leyes nacionales reconocen el derecho de los ciudadanos a salir voluntariamente del territorio en que han nacido. Sin embargo, examinada la cuestión desde el punto de vista del país de acogida, los derechos de los inmigrantes extranjeros no siempre son en realidad los mismos que los derechos de los nacionales, dada la existencia en numerosos estados de normas y leyes restrictivas en materia de inmigración internacional y derecho de extranjería.
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TIPOS DE MIGRACIONES
La diferencia entre el número de emigrantes y de inmigrantes en un territorio se denomina saldo migratorio, que es igual al total de inmigrantes menos el cómputo de emigrantes en una unidad administrativa dada. El saldo migratorio es positivo cuando llegan a un lugar más personas de las que se van, y es negativo cuando hay más emigrantes que inmigrantes. Esta tasa está relacionada con el crecimiento real de una población.
Los movimientos migratorios se suelen clasificar en función de diversos criterios:
1. Según el lugar de destino. Las migraciones son interiores o nacionales (si de producen dentro de las fronteras de un país o región) o exteriores o internacionales (si las personas se desplazan fuera del país o región). Las migraciones transoceánicas suponen un traslado en el que se cruzan océanos; las migraciones continentales se producen dentro del mismo continente. El éxodo rural es el desplazamiento de la población campesina a las ciudades, y normalmente se considera un tipo de migración interior.
2. Según la duración del desplazamiento. Pueden ser temporales (si se vuelve al lugar de origen) o definitivas (si se permanece en el lugar de destino para siempre). Algunas migraciones temporales son estacionales, como las que se realizan en determinadas épocas del año para trabajar (recolección de la fresa, durante la vendimia…), y su duración es corta (unas pocas semanas).
3. Según el número de personas que emigran. Las migraciones pueden ser individuales o familiares.
4. Según el carácter. Las migraciones pueden ser voluntarias o forzadas. La emigración española a las Indias fue de carácter voluntario. Los refugiados y desplazados se ven obligados a abandonar su país por causas forzosas: persecución, guerra, catástrofes naturales, diferencias ideológicas o religiosas... Un refugiado es una persona que se encuentra fuera de su país de origen, quiere retornar a él y no puede hacerlo porque allí es perseguida por motivos de religión, nacionalidad, opinión política o pertenencia a un determinado grupo social. Un desplazado interno es víctima de situaciones similares a las de los refugiados, pero que ha permanecido en su propio país en lugar de traspasar una frontera estatal.
Los nómadas se desplazan de un lugar a otro sin establecer residencia fija. También se realizan desplazamientos demográficos de larga duración después de la jubilación, y normalmente tienen como destino las zonas costeras de clima apacible.
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CAUSAS Y CONSECUENCIAS DE LAS MIGRACIONES
Desde su origen el ser humano ha realizado movimientos migratorios en busca de alimento. Actualmente, las personas migran por motivos muy diferentes: en ocasiones por causas naturales, como inundaciones, terremotos o malas cosechas, pero la mayor parte de las veces sus traslados de residencia se deben a causas sociales, entre las que se pueden apuntar las razones políticas (persecuciones, guerras, falta de seguridad personal…), religiosas y económicas (búsqueda de un mejor salario y calidad de vida, de sistemas educativos y sanitarios superiores...). Las mejoras y avances en los medios de comunicación y de transporte, más rápidos, accesibles y baratos en la actualidad, permiten los desplazamientos masivos.
Los movimientos migratorios generan una serie de consecuencias demográficas, económicas y sociológicas, tanto en los lugares de origen o emisores como en los de destino o receptores. En los lugares (países, regiones, ciudades) de origen, los efectos beneficiosos más evidentes son la aportación económica que reciben las familias de los emigrantes, el descenso del paro al reducirse la población en edad de trabajar (que es la que suele emigrar) y la reducción de las tensiones sociales. Las consecuencias negativas pueden ser, entre otras, los desequilibrios que se producen en la estructura demográfica al disminuir la población joven, tanto masculina como femenina (dependiendo del país), e incrementarse la tasa de envejecimiento demográfico; la pérdida de mano de obra cualificada y del interés por invertir en tecnología, educación, sanidad e infraestructuras básicas; y el desmembramiento del núcleo familiar en caso de ser migraciones individuales.
En los lugares de destino, algunas de las consecuencias positivas más importantes son: el aumento de la población joven y de la natalidad; la aportación de mano de obra, necesaria para mantener el desarrollo económico y aumentar la población activa y los ingresos en seguridad social; y el enriquecimiento cultural. Entre los efectos negativos cabe mencionar la difícil integración social y absorción laboral ante excesivos flujos migratorios; los conflictos y tensiones sociales provocadas por actitudes xenófobas y racistas; y el aumento de la inmigración ilegal o irregular.
La expresión ‘fuga de cerebros’ se refiere a la emigración de personas con un elevado nivel educativo o profesional hacia otro país, generalmente para conseguir mejores condiciones de trabajo, vida o salario. Este hecho tiene consecuencias diversas: negativas en los países de salida si la persona que emigra no regresa nunca, puesto que el país ha gastado una elevada cantidad de dinero en su formación inicial, y positivas siempre para los países de acogida, que pueden contar con personas altamente cualificadas sin haber gastado nada. Durante el siglo XX Estados Unidos fue el principal destino de la fuga de cerebros.
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MIGRACIONES INTERNACIONALES A PRINCIPIOS DEL SIGLO XXI
Un nuevo muro fronterizo en América
Soldados estadounidenses colaboran en la construcción del muro fronterizo EEUU-México, cuyas obras se iniciaron en 1994; en 2006, el Congreso estadounidense autorizó una elevada partida de dólares para levantar sus más de 1.000 kilómetros. Su objetivo original fue impedir la inmigración ilegal procedente de la frontera mexicana.

Según el Informe sobre las Migraciones en el Mundo en 2005, presentado por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), a principios del siglo XXI entre 185 y 192 millones de personas (casi el 3% de la población mundial) vivían en un país distinto al de su origen; una de cada 35 personas era un emigrante internacional, y la mayoría emigraba a los países desarrollados y, además, trabajaba en tareas poco cualificadas y mal pagadas. Se estima que las migraciones internacionales irán en aumento a lo largo del siglo y son uno de los indicadores más fiables de la globalización y la existencia del sistema mundo. Además, en este informe se afirmaba que el 49% de los emigrantes internacionales en 2005 eran mujeres, siendo también más numerosas que los hombres en los países desarrollados.
Los resultados y análisis confirman que las corrientes migratorias han cambiado en pocas décadas: en 1970, el porcentaje de emigrantes internacionales era mayor en el mundo en vías de desarrollo, un 53% frente al 47% del mundo desarrollado; en el año 2000, el porcentaje de estos últimos había superado al de los países en desarrollo y alcanzó la cifra del 63,1%. En 2005, seis de cada 10 emigrantes internacionales vivían en países desarrollados, siete de cada 100 eran refugiados y las tres cuartas partes estaban concentradas en solo 28 países.
Asia es el continente donde se observaron los mayores contingentes internacionales de emigrantes a principios de siglo: ha registrado un incremento en el número, que pasó de 28,1 millones en 1970 a 43,8 millones en 2000, aunque ello constituya una disminución del 34,5% al 25% a escala planetaria en el mismo lapso de tiempo; en 2005, el número había ascendido a 53,3 millones; además, se observa que cada vez son más los asiáticos que encuentran oportunidades de trabajo dentro de su propio continente. La migración internacional en África, generalmente, se realizaba a principios de siglo dentro del propio continente y ha disminuido, pasando del 12% en 1970 al 9% (17 millones) del contingente global en el año 2005. Solo dos regiones del mundo registraban en ese periodo un incremento en el número de emigrantes: América del Norte (23,3%) y los países de la antigua Unión Soviética (17%). En Europa, el porcentaje de emigrantes sobre el global planetario era de 36,6% en el año 2005 (64 millones), en Latinoamérica y el Caribe, del 3,5% mundial (6,6 millones), y en Oceanía, del 2,6% (5 millones). Entre 1990 y 2005, los países desarrollados absorbieron prácticamente todo el incremento del número de emigrantes internacionales (33 millones de un total de 36). Uno de cada cinco emigrantes internacionales vivía en Estados Unidos.
La reunificación de las familias sigue siendo la piedra angular de la admisión de inmigrantes en muchos países desarrollados: por ejemplo, durante el periodo 1990-2002, el 65% de los inmigrantes permanentes en Estados Unidos y el 70% de los que llegaron a Francia fueron admitidos en virtud de la preferencia familiar.
La migración da lugar a muchos más beneficios que costes, e indica que en Europa occidental prácticamente nunca hay competencia directa entre los empleos que realizan los inmigrantes y los de los trabajadores locales, pues los emigrantes ocupan puestos en todos los niveles laborales, concentrándose en los extremos inferior y superior del mercado, y desempeñando empleos que, a menudo, los nacionales no pueden o no quieren asumir. Asimismo señala que los emigrantes regulares probablemente no constituyen una mayor carga que la población nacional para los servicios sanitarios y de bienestar social puesto que pagan impuestos, mientras que los irregulares rara vez recurren a la atención médica.
La migración irregular es muy difícil de estimar y con frecuencia se debe a que los canales para la migración legal no están bien desarrollados. Datos como el número de personas con el visado vencido da una idea de las cifras de migración irregular; por ejemplo, según estimaciones, en 2001 había unas 225.000 personas con el visado vencido en Japón. Se desconoce cuántos emigrantes están en situación irregular en el mundo; según estimaciones para 2005, se barajan cifras que oscilan entre los 7 y los 8 millones de personas, aunque estas cantidades presentan fluctuaciones como resultado de los diversos programas de regularización.


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