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El Pareado




Pareado, combinación de dos versos rimados entre sí que pueden constituir estrofa o insertarse en una estructura mayor. La rima más frecuente es la consonante, aunque puede haber asonancia, sobre todo en algunos refranes (“piedra sobre piedra, a las nubes llega”). Puede haber pareados de versos de arte menor que, por influencia de la poesía didáctica francesa, aparecen en ciertos textos de los siglos XII y XIII en la literatura española: Razón de amor con los denuestos del agua y el vino “Qui triste tiene su coraçón / benga oyr esta razon”, Vida de Santa María Egipcíaca “Perdió las carnes e la color, / que eran blancas como la flor”, Elena y María “que el mio defende tierras / e sufre batallas e guerras, / ca el tuyo yanta e yaz / e siempre está en paz”. Raramente aislado, salvo en proverbios, sentencias, aleluyas o moralejas, se puede encontrar el dístico en los estribillos que, en los villancicos, comprenden un verso suelto y el pareado propiamente dicho: “Más vale trocar / Placer por dolores, / Qu´estar sin amores”. En el siglo XX, Jorge Guillén recurre al dístico propio de las aleluyas y también practicado por Góngora. En su poema Amor a una mañana dice, por ejemplo: “Hacia toda tu hermosura / Mi palabra se apresura”. Como variante del pareado de versos de arte menor debe citarse el perqué, llamado “aquelindo” en Cervantes, que incluye, antes y después de cada pareado octosilábico, versos sueltos.
Hay también pareados de arte mayor. El pareado de endecasílabos (o de endecasílabo y heptasílabo) suele aparecer en la estrofa final de la canción petrarquista (“con sus blandas querellas / que nunca día ni noche cesan de ellas”, Garcilaso). El pareado de alejandrinos se encuentra en autores como Baudelaire, Verlaine y, en la literatura española, en Iriarte, Rubén Darío y Antonio Machado, por ejemplo en el poema Orillas del Duero: “Se ha asomado una cigüeña a lo alto del campanario. / Girando en torno a la torre y al caserón solitario, / ya las golondrinas chillan. Pasaron del blanco invierno, / de nevascas y ventiscas los crudos soplos de infierno”.


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