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El invento de la Literatura vasca





Literatura vasca, literatura que se diferencia de otras del Estado español por expresarse en lengua vasca.
La lengua ha determinado decisivamente su historia desde sus orígenes. La falta de una tradición escrita, el debate filológico, los condicionantes históricos y la religión, han sido tres aspectos extraliterarios muy presentes en su desarrollo.
El primer libro en euskera que se conserva es Linguae Vasconum Primitiae, de 1545, cuyo autor es Bernard Dechepare. Se trata de una colección de poemas autobiográficos, religiosos y amorosos. En ocasiones se le ha comparado al Arcipreste de Hita. La mayor parte de las obras de los siglos XVI al XVIII se ocupan de la propia lengua vasca o de temas religiosos como los textos de Leizarraga (que tradujo al vasco el Nuevo Testamento), Axular (Gero, 1643) o A. A. Oihenart (Oihenarten gastaroa neurthitzetan, 1657).
Durante la ilustración se acentúa la preocupación por la lengua, lo que da lugar a la publicación de un gran número de diccionarios y gramáticas, como los de Etxeberri de Sara y el padre Larramendi.
Ya en pleno romanticismo, el bertsolarismo vive su momento de mayor auge y destacan obras de transmisión oral como las de Etxahun e Iparraguirre. En este periodo sobresalen también Eusebio Mª de Azkue y J. Hiribarren, este último con su obra épica Euscaldunac (1853).
De la sensibilidad romántica nacería un fenómeno decisivo en la historia del País Vasco, el nacionalismo, que encuentra su máxima expresión en el hecho diferencial de su lengua y se hace patente en su literatura.
En 1919 se crea la Academia de la Lengua Vasca, dirigida por Resurrección Mª de Azkue. Este periodo, hasta 1936, está marcado por el nacionalismo, y un idealismo simbolista en el que predominan los temas rurales y marineros, desde una visión idílica y religiosa. La generación de la República busca una mayor modernidad del lenguaje literario, aunque todavía tiene gran influencia el peso de la tradición. Entre los autores más importantes están: Jose María Aguirre, renovador de la lírica vasca, Nicolás de Ormaetxea (Orixe), con su poema épico Euskaldunak (1935) y Esteban Urkiaga (Lauaxeta), que experimenta algunas de las corrientes de vanguardia y tiene cierto paralelismo con la Generación del 27, y era amigo de García Lorca.
En lo que se refiere a la narrativa, se considera que la novela vasca nace en el siglo XX y antes de la Guerra Civil española apenas se publican media docena de obras. En todas ellas predomina un cierto costumbrismo decimonónico de exaltación de la historia y las costumbres vascas. Domingo Aguirre, considerado su fundador, publicó obras como Auñemendico Iorea (1898), Kresala (1906) y Garoa (1912). Otros autores son L.M. Etxeita, A. Anabitarte y J. Barbier. Las mismas tendencias se reproducen en el teatro con Toribio Alzaga, Avelino Barriola o Antonio Mª Labayen.
La decepción histórica tras la Guerra Civil española, la represión contra el euskera y el exilio hacen que las letras vascas sufran un auténtico vacío hasta la década de 1950, en que comienzan a aparecer algunas publicaciones, en las que se aprecia ya una dura reacción contra el idealismo. En esta época también surgen grandes escritores vascos en castellano, como Blas de Otero y Gabriel Celaya, en los que, al margen de la lengua, se da un fuerte contenido social y político. En el ámbito del euskera se sigue defendiendo la lengua y es en esta época cuando se fija el euskera batua (vasco unificado), por encima de las variantes dialectales, se crean las ikastolas y aumentan las publicaciones periódicas en vasco. En esa reacción contra la literatura tradicional va a ser asimismo decisiva la aparición del paisaje urbano y el entorno industrial. La poesía es el género que predomina, desde el simbolismo rebelde de Jon Mirande, a la poesía social de Gabriel Aresti, el surrealismo de Juan Mari Lekuona, el intimismo de Arantxa Urretabizkaia o el experimentalismo de Bernardo Atxaga; progresivamente se van alejando del compromiso social y político y buscan la autonomía de lo literario.
La narrativa ha vivido un proceso similar y, tras la guerra civil, encontramos diversas tendencias, todas ellas con unos planteamientos alejados del costumbrismo nacionalista, así, el existencialismo de Txillardegui, el conceptualismo de Saizarbitoria, el mundo imaginario de Anjel Lertxundi o el realismo mágico de Bernardo Atxaga, u otros autores como Arantxa Urretabizkaia, Patri Urkizu o Xabier Gereño.


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