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El invento de los Libros deuterocanónicos




Libros deuterocanónicos, escritos incluidos en el canon bíblico de la Iglesia católica y también, con algunas excepciones, en el de la ortodoxa, aunque no en el canon hebreo. Fueron incorporados al canon católico por el Concilio de Trento, celebrado en 1546. Su inclusión en la Biblia había sido objeto de disputas durante los 12 siglos precedentes (de ahí procede el término deuterocanónico, derivado de las palabras griegas que significan 'segundo canon').
El Concilio de Trento decretó que el canon auténtico se determinaría por lo que se había incluido en la traducción al latín del Antiguo Testamento, la Vulgata, que hasta esa época había sido la Biblia común de la Iglesia occidental. Se trata de la traducción que hizo san Jerónimo de la versión griega que se realizó en la judería de Alejandría y que se denominó Septuaginta. Ésta incluyó los textos canónicos de la Biblia hebrea, así como determinados libros reconocidos como canónicos por los judíos alejandrinos. Estos son los denominados deuterocanónicos por católicos y ortodoxos, si bien los protestantes los incluyen entre los apócrifos (se enumeran al final de este artículo). Según queda en evidencia a partir de las actas del Concilio, el prefijo deutero no tenía por objeto indicar que esta literatura tuviese un carácter canónico secundario, sino más bien denotar la controversia que se produjo en relación a este material durante el proceso de canonización de la Iglesia.
Los libros deuterocanónicos del Antiguo Testamento son Judit, Sabiduría de Salomón, Tobías, Eclesiástico (Sirá), Baruc, 1 y 2 Macabeos y algunas secciones de Ester y Daniel. La iglesia ortodoxa tiene un canon similar, aunque rechaza el Libro de Baruc y tiende a incluir un tercer libro de Macabeos y un salmo, el 151, que aparece en algunos manuscritos de la traducción griega del Antiguo Testamento.


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