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El invento del Juegos de chapas




Chapas
Una vez que han cumplido su función principal, cerrar herméticamente las botellas, las chapas siguen siendo útiles para muchos niños, que las utilizan en sus juegos, y para adultos que las coleccionan.


Juegos de chapas, conjunto de juegos infantiles de amplia tradición, en cuyo desarrollo se utilizan como elementos básicos las chapas o cápsulas superiores de las botellas. Debido a la cotidianidad de este elemento, tan frecuente en la sociedad moderna, así como a que el escenario requerido es también poco exigente en condiciones (una superficie de terreno relativamente pequeña), los juegos de chapas están muy extendidos por todo el mundo.
La preparación de las chapas para poder ser destinadas a tan lúdico fin, tras haber cumplido su objetivo industrial, constituye una auténtica muestra de artesanal pericia por parte de los jugadores. Debido a que al haber sido destapadas pueden haber visto doblado y alterado el ras de su superficie, la primera misión de quien pretenda convertirlas en instrumento de su fantasía debe ser trabajar dicha base hasta adquirir una superficie lo más lisa posible, incluso se puede lijar, para conseguir que su futuro deslizamiento sea limpio y suave. La segunda tarea consiste en dotar a la chapa de cierto peso, que evite vuelcos no deseados (por poder estar penalizados) durante la competición. Para ello, se procede a aplicar en su interior una capa de plastilina que le otorgará la necesaria estabilidad. A continuación, se coloca la imagen del ídolo del deporte (fútbol, ciclismo) cuyas acciones y hazañas serán emuladas durante el juego. Para proteger dicha fotografía, sobre ella se dispondrá una lámina de material transparente. Éste sería el proceso más complejo que habría de seguirse para conseguir una auténtica chapa de competición, pero más frecuente, divertido y práctico suele resultar utilizar la chapa según se ha conseguido en el hogar. Las modalidades de juegos de chapas son variadas, pero hay dos principales que prácticamente todos los niños del mundo han jugado en alguna ocasión: las carreras y los partidos de fútbol.
Las carreras de chapas se desarrollan en un circuito previamente trazado por los jugadores, preferiblemente en la arena de parques y jardines, material que permite modelar terraplenes, obstáculos y recorridos accidentados que incrementan la diversión. Pero también se puede jugar en los firmes de las aceras poco transitadas por viandantes. Desde la línea de salida del circuito, los jugadores proceden a efectuar sus tiros de uno en uno, golpeando la chapa con un hábil movimiento combinado de sus dedos pulgar e índice o corazón (según estilos), procurando no colisionar con las chapas de sus rivales, ni salirse de los límites del recorrido (pues, de suceder esto último, debe retrocederse hasta la posición anterior o, en los reglamentos más estrictos, hasta la de salida). Naturalmente, gana el jugador que cruza con su chapa la línea de meta en primera posición.
Para celebrar partidos con chapas, se traza previamente un campo de fútbol con las mismas líneas que los reales. El protagonista de este deporte, el balón, tiene su perfecto equivalente en una semilla de garbanzo. De la homogeneidad con que lo haya dotado la naturaleza dependerá el devenir del juego: un garbanzo de forma irregular provocará un juego bronco y más deslucido (pero también más proclive a la carcajada infantil) que uno homogéneo y redondeado, que permitirá a los jugadores demostrar su virtuosismo en el control, manejo y dirección del ‘balón’.


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