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El invento del Partido Liberal de España




Partido Liberal 

Práxedes Mateo Sagasta
Junto con el conservador Antonio Cánovas del Castillo, el liberal Práxedes Mateo Sagasta ejerció una de las mayores influencias políticas durante el último cuarto del siglo XIX español. Desde 1870 hasta 1902, accedió a la jefatura del gobierno en nueve ocasiones. Este retrato al óleo, de 1877, se encuentra en el Congreso de los Diputados (Madrid, España).


Partido Liberal (España), formación política española creada a partir de 1880 por Práxedes Mateo Sagasta y cuya existencia llegó a su fin en 1923, después de haber sido protagonista del bipartidismo propio de la época de la Restauración, junto con el otro partido dinástico, el Partido Conservador de Antonio Cánovas del Castillo.
Su aparición tuvo lugar durante el reinado de Alfonso XII, en 1880, cuando Sagasta unificó las corrientes políticas liberales no republicanas, procedentes del Sexenio Democrático (1868-1874) y herederas del Partido Progresista, en el Partido Fusionista, también conocido como Partido Liberal Fusionista y más tarde únicamente como Partido Liberal. Sus fundamentos ideológicos postulaban la creación de un Estado liberal de derecho, en el que se estableciera la libertad de asociación religiosa, se implantara el sufragio universal, se concediera independencia al poder judicial y se promovieran los servicios sociales y la educación. Durante su primera etapa en el poder (febrero de 1881-enero de 1884), con los gobiernos presididos respectivamente por el propio Sagasta y por José Posada Herrera, se asentaron las bases de la reforma legislativa que se pondría en práctica a lo largo de su segundo mandato (noviembre de 1885-julio de 1890), periodo en el que, bajo una nueva presidencia gubernamental de Sagasta, el Partido Liberal llevó a cabo lo principal de su programa político modificador de la esencia conservadora de la propia Restauración: instituyó el sufragio universal y la libertad de asociación, pensamiento, reunión y expresión.
En noviembre de 1885, durante la enfermedad que llevaría a la muerte al rey Alfonso XII, el turnismo (alternancia en el poder) de los dos partidos dinásticos quedó refrendado con la firma del denominado Pacto de El Pardo. El funcionamiento de dicho sistema fue posible gracias a las redes del caciquismo que los parlamentarios de ambas formaciones políticas poseían por todo el territorio nacional. El siguiente turno de gobierno liberal (diciembre de 1892-marzo de 1895), ya durante la regencia de María Cristina de Habsburgo-Lorena, facilitó la recuperación de la cohesión interna del partido, logrando además la adhesión al sistema de las principales figuras políticas no conservadoras, incluida la del ex presidente de la I República Emilio Castelar.
Los liberales, siempre encabezados por Sagasta, accedieron al poder nuevamente en octubre de 1897, pero tuvieron que abandonarlo en marzo de 1899 debido a los graves problemas coloniales, militares y sociales que han pasado a conocerse bajo la denominación de ‘desastre de 1898’, básicamente derivados de la derrota en la Guerra Hispano-estadounidense que tuvo lugar en ese año. Precisamente, durante ese fatídico año de 1898, en el seno del Partido Liberal tuvo lugar la significativa escisión del grupo liderado por el ex ministro y segunda figura de la organización, Germán Gamazo, tras cuyo fallecimiento tres años más tarde dicho grupo, encabezado ya por Antonio Maura, pasó a integrarse en el Partido Conservador.
La muerte de Sagasta a principios de 1903, declarada ya la mayoría de edad del rey Alfonso XIII, agudizó los enfrentamientos y divisiones en el seno del partido, el cual no supo decidirse por uno de sus posibles sucesores, Eugenio Montero Ríos y Segismundo Moret. El asesinato en 1912 del presidente del gobierno y jefe de los liberales desde cinco años antes, José Canalejas, acentuó la lucha por la hegemonía dentro del Partido Liberal entre Álvaro de Figueroa y Torres, conde de Romanones, Manuel García Prieto y Santiago Alba. Tras la crisis de 1917 se aceleró la disgregación del partido, desapareciendo éste definitivamente con la llegada en 1923 de la dictadura del general Miguel Primo de Rivera, que vino a sustituir definitivamente al sistema político, ya crítico, creado desde el retorno de la Casa de Borbón al trono.

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