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Peluquería




Peluquería
Peluquería, disciplina que consiste en arreglar o modificar el pelo para realzar la belleza, con fines prácticos o para indicar la categoría social. El proceso puede implicar cortar, entresacar, rizar, alisar, trenzar, aclarar, oscurecer, teñir, engrasar o añadir cabellos falsos (como pelucas o postizos) o adornos. Desde tiempos prehistóricos los diferentes estilos del peinado han desempeñado un importante papel en la identidad cultural de hombres y mujeres.
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ESTILOS ANTIGUOS
Los miembros de la nobleza de Mesopotamia y Persia, rizaban, teñían y trenzaban sus largos cabellos y barbas, en ocasiones aplicándoles polvos de oro y plata. Los egipcios se afeitaban la cabeza para tener menos calor. A veces se ponían pesadas pelucas negras y, a menudo, un cono de aceites perfumados en la parte superior de la cabeza. Los hebreos tenían prohibido por ley bíblica cortarse el cabello o la barba. De este modo, siguiendo la antigua tradición, los varones judíos ortodoxos de hoy llevan el pelo y la barba largos como han hecho a lo largo de los siglos. A partir del siglo I a.C., cuando las mujeres ortodoxas contraían matrimonio se recortaban mucho el cabello y utilizaban pelucas, costumbre que todavía hoy practican.
Los muchachos menores de 18 años de la antigua Grecia solían llevar el pelo largo, excepto los espartanos, que iban totalmente afeitados y llevaban el pelo muy corto y rizado con pequeños bucles. Las mujeres griegas se peinaban con raya en medio y estiraban el cabello hacia atrás recogido en un moño (chongo, rodete). En ocasiones se lo teñían de color o se hacían trenzas con cintas. El rizado del cabello se hizo tan popular en Atenas que dio lugar a la aparición de los primeros peluqueros profesionales. También en Roma los hombres llevaban el pelo corto y no se dejaban barba. Durante la República las mujeres romanas llevaron unos peinados muy sencillos, por el contrario, las de la época del Imperio adoptaron estilos muy complicados, con rizos y trenzas rellenados, a veces con pelo rubio tomado de los prisioneros de guerra germanos. Las tribus celtas y germanas del norte de Europa lucían largas barbas y melenas, ya que el pelo corto era señal de esclavitud o castigo. En las culturas maya, incaica, huasteca y azteca, además de los cortes de pelo y el afeitado de la cara, se realizaban tonsuras, trenzados, recogidos o cortes a distintas alturas. En las figuras de barro más antiguas se pueden observar numerosas variantes de tocados femeninos.
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PEINADOS NO OCCIDENTALES
Peinados femeninos japoneses
En la cultura japonesa tradicional el peinado podía indicar el lugar de nacimiento, la edad, la clase social, el estado civil o la profesión de una persona. Durante el periodo Edo este arte alcanzó su más alto grado de refinamiento. Los estilos Tate-Hyojo y Kushi-maki eran frecuentes entre la clase media. El Shimada-mage se hizo popular entre las mujeres jóvenes y el Icho-gaeshi y el Maru-mage entre las casadas. El estilo Taregami fue adoptado por la aristocracia y las familias de samuráis durante el periodo Heian.

En los países islámicos, tanto los hombres como las mujeres continúan la tradición de cubrir su cabello en público con pañuelos, turbantes, gorros o velos. Los varones de la tribu sij de la India no se cortan el pelo y lo llevan recogido por encima de la cabeza, bajo el turbante. Tradicionalmente las mujeres hindúes se hacen largas trenzas. Los hombres en China y Japón se afeitaban la parte delantera de la cabeza y se hacían una coleta con el cabello de atrás. Las mujeres chinas se peinaban hacia atrás con un recogido bajo y las japonesas de antes del siglo XVII lucían sueltos sus largos cabellos. En épocas posteriores se recogían el pelo encima del cuello, arreglado con cremas fijadoras y adornado con cintas, horquillas, pasadores u otros objetos. Las mujeres del África subsahariana adornan sus cabellos con complejos diseños de trenzas y abalorios; a principios de la década de 1980 una adaptación de este estilo se puso de moda entre las mujeres de varias partes del mundo.
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MODA OCCIDENTAL
Los miembros de las órdenes religiosas cristianas europeas adoptaron hacia el siglo VIII la tonsura, una pequeña calva circular en la coronilla para indicar su dedicación al servicio de Dios. Los sacerdotes católicos continuaron llevando la tonsura hasta 1972. Hacia el siglo IX, entre la nobleza europea, los hombres llevaban el pelo corto hasta el cuello, mientras que las mujeres lo tenían largo y por lo general trenzado. Las mujeres casadas de la nobleza, siguiendo las directrices de la Iglesia sobre el recato, cubrían sus trenzas con un velo. A finales de la edad media y durante el renacimiento el hombre llevaba el cabello corto y recogido detrás del cuello o encima de las orejas. Las mujeres elegantes de los siglos XIII y XIV se enrollaban las trenzas encima de las orejas o detrás de la cabeza, en ambos casos cubriéndolas con redecillas doradas o con telas de lino y coronada por un velo. En las cortes de Francia y de los Países Bajos en el siglo XV, las damas se peinaban el pelo de la parte frontal hacia atrás para parecer más altas y el resto lo ponían debajo de unos enormes griñones (piezas de tela blanca que caían sobre el cuello y el pecho) drapeados con un velo. Las italianas de la época adornaban sus cabellos trenzados, rizados o recogidos, con bandas o gorros adornados con joyas. Las nobles inglesas isabelinas ondulaban y empolvaban sus flequillos con rulos o rizadores y almohadillas, y recogían con una redecilla el pelo de atrás.
A principios del XVII los europeos elegantes se peinaban con mechones sueltos, a menudo rizados, apelmazados y perfumados. Se pusieron de moda los bigotes recortados y las barbas cortas y en punta al estilo Van Dyck, llamadas así por la modalidad que mostraba en sus retratos el pintor flamenco Anthony van Dyck. Las mujeres elegantes lucían flequillos sobre la frente y mechones de pelo o tirabuzones a los lados y a veces se colocaban postizos y trenzas con cintas y perlas. El pelo de atrás se llevaba recogido. A finales del XVII, los hombres comenzaron a ponerse largas pelucas rizadas sobre el pelo corto. Esta moda fue introducida por Luis XIII para ocultar su calvicie y continuada por Luis XIV, que usaba una peluca altísima para aparentar mayor estatura. A finales de siglo los tocados de las mujeres, que consistían en grandes estructuras de alambre, volantes, encajes y cintas, se copiaron de las pelucas de los hombres.
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LA ERA DE LOS PEINADOS
En el siglo XVIII las pelucas masculinas, más pequeñas, se blanqueaban con polvos y se sujetaban en la parte posterior con un lazo negro. Al principio, las mujeres solían llevar el pelo muy corto, empolvado y rizado u ondulado. Hacia 1770 adoptaron los recogidos muy altos, que se sostenían con la ayuda de alambres, almohadillas y postizos. Estos peinados se empolvaban y decoraban con adornos como flores, cintas, plumas, joyas, sombreros o réplicas en miniatura de objetos como carrozas, molinos de viento o barcos de guerra.
Con la llegada de la Revolución Francesa los peinados se hicieron más sencillos. Como consecuencia, los hombres comenzaron a usar el cabello corto, con algunos periodos en los que la barba se ponía de moda. Las modas femeninas evolucionaron desde la sencillez del estilo imperio, con adornos de cintas en el pelo a la usanza de la antigua Grecia, hasta la complejidad victoriana con rizos, bucles, flequillos y recogidos.
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ESTILOS MODERNOS
Después de la I Guerra Mundial se hizo popular entre las mujeres llevar el pelo corto y a menudo ondulado. Desde entonces, un número creciente de mujeres van con regularidad a una peluquería para cortar, peinar, rizar y teñirse los cabellos acorde con los estilos de moda. Para los hombres el corte casi al cero, que por razones prácticas se puso de moda durante la II Guerra Mundial, dio paso al cabello largo y a la barba sin recortar. En la actualidad ambas tendencias conviven, y en muchas ocasiones se han convertido en símbolo de identidad de determinados grupos sociales. En algunos pueblos aislados del mundo todavía se siguen llevando tocados ancestrales, como el mastamal de Puebla, en México, que consiste en 20 o 30 cordones de lana gruesa y teñida de morado y verde, que se enrollan junto con el cabello, se lleva hacia adelante y se remata con un gran nudo doble a modo de corona en lo alto de la frente.

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