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Real Academia Española





Real Academia Española
Real Academia Española
Fachada de la Real Academia Española, en la madrileña calle Felipe IV. El edificio que la sirve de sede fue proyectado para dicho fin por el arquitecto Miguel Aguado de la Sierra y resultó inaugurado como tal el día 1 de abril de 1894. Hasta entonces, esta institución, fundada en 1713, había tenido sus dependencias en distintos lugares.

Real Academia Española, institución cultural española fundada en 1713 por un grupo de ilustrados que, reunidos en torno a Juan Manuel Fernández Pacheco, marqués de Villena, concibieron la idea de crear una academia dedicada, como la Academia Francesa, a trabajar al servicio del idioma español. El rey Felipe V aprobó al año siguiente la constitución de la Academia Española y la colocó bajo su “amparo y Real Protección”.
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FINALIDAD
En la conciencia de que la lengua española había llegado a un momento de perfección suma, fue propósito de la Real Academia “fijar las voces y vocablos de la lengua castellana en su mayor propiedad, elegancia y pureza”. Se representó tal finalidad con un emblema formado por un crisol puesto al fuego, con la leyenda Limpia, fija y da esplendor. Nació, por tanto, la institución como un centro de trabajo eficaz, según decían los fundadores, “al servicio del honor de la nación”. Esta vocación de utilidad colectiva se convirtió en la principal seña de identidad de la Academia Española, diferenciándola de otras academias que habían proliferado en los siglos de oro y que estaban concebidas como meras tertulias literarias de carácter ocasional.
Desde muy pronto vio la Academia reconocida su autoridad en materia lingüística sobreviviendo a los más difíciles avatares históricos; ante todo, porque responde a una necesidad permanente, como es la de regular una lengua de tan amplia extensión como la española; también, porque ha servido a esta necesidad al margen de ideologías políticas; y, sin duda, porque ha ido adaptando su funcionamiento a los tiempos que le ha tocado vivir aunque sin renunciar nunca a lo valioso de la tradición.
Así, en los nuevos estatutos aprobados en 1993, se consideró necesario supeditar el antiguo lema fundacional -Limpia, fija y da esplendor- al objetivo superior de trabajar al servicio de la unidad del idioma. El artículo primero establece, en tal sentido, que la Academia “tiene como misión principal velar porque los cambios que experimente la lengua española en su constante adaptación a las necesidades de sus hablantes no quiebren la esencial unidad que mantiene en todo el ámbito hispánico”.
De esta forma quedaba sancionado un compromiso que la Academia había asumido ya desde el siglo XIX. Cuando se produjo la independencia de las provincias ultramarinas, promovió la Real Academia Española el nacimiento de academias correspondientes en cada una de las jóvenes repúblicas hispanoamericanas. Esta decisión no estuvo motivada por un interés político, sino por una consideración de orden muy superior: el hecho de que los ciudadanos de todas esas naciones tienen por patria común una misma lengua y comparten el patrimonio de una misma literatura.
A las diecinueve academias hispanoamericanas se añadieron la Academia Filipina de la Lengua Española y la Academia Norteamericana de la Lengua Española. Estas veintiuna academias constituyen con la Real Academia Española la Asociación de Academias de la Lengua Española, fundada en 1951 en el marco del I Congreso de Academias celebrado en México. La Asociación es el órgano de colaboración de todas ellas en la promoción de una política lingüística panhispánica. Esta política, plasmada en numerosos proyectos de trabajo conjunto, fue galardonada en el año 2000 con el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia, concedido a la Real Academia Española y a la Asociación de Academias de la Lengua Española.
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COMPOSICIÓN Y FUNCIONAMIENTO
Desde su fundación, la Academia ha estado integrada por relevantes cultivadores de la lengua española en sus distintos ámbitos y ha ido reflejando en su composición la evolución de la sociedad. En la actualidad está formada por cuarenta y seis académicos de número, que ocupan, siguiendo las letras del alfabeto, los sillones de mayúsculas y minúsculas. La corporación elige en España académicos correspondientes que colaboran con ella en los estudios lingüísticos de cada una de las regiones. Existen también académicos correspondientes extranjeros. Además, todos los miembros de las academias hispanoamericanas y de la norteamericana y la filipina, por el mero hecho de serlo, se convierten en correspondientes de la Real Academia Española y pueden participar por ello en las sesiones que esta celebra. En los académicos honorarios se reconoce el mérito de una labor a favor de la lengua española.
La unidad del idioma se sustenta en tres grandes códigos: el código léxico, cifrado en el diccionario; el morfológico y sintáctico, regulado en la gramática, y el ortográfico, que se concreta en la ortografía.
Para mantener actualizados esos tres códigos trabaja la Real Academia Española en estrecha colaboración con las veintiuna academias hermanas, y con el apoyo de casi un centenar de filólogos integrados en el Instituto de Lexicografía. La Academia realiza su tarea lexicográfica de forma colegiada. Todas las cuestiones se estudian en comisiones especializadas -gramática y, en el campo léxico, ciencias humanas, vocabulario científico y técnico, etimologías- y son aprobadas en última instancia por el pleno o sus comisiones delegadas. La Real Academia Española no adopta ninguna decisión en materia lingüística sin el consenso de todas las academias de América y Filipinas, cuya opinión canaliza la Comisión Permanente de la Asociación de Academias de la Lengua Española.
Aunque las distintas comisiones académicas se reúnen a lo largo de la semana, desde los primeros tiempos es el jueves el día académico por excelencia, ya que tiene lugar la sesión plenaria a la que acuden todos los miembros de la corporación. Allí se examinan y deciden todas las cuestiones debatidas y los asuntos generales de la Academia. Muchos de ellos han sido previamente estudiados por la Junta de Gobierno, órgano rector que integran el director, el vicedirector, el secretario, el vicesecretario, el tesorero, el bibliotecario, el censor y dos vocales adjuntos.
Para sostener económicamente toda su actividad cuenta la Real Academia Española con una ayuda presupuestaria del Estado, que se completa con la aportación proveniente de la Fundación Pro Real Academia Española. Esta fue constituida el 20 de octubre de 1993 por iniciativa y con el apoyo de todas las comunidades autónomas del Estado, de muchas empresas y de particulares, y cuenta con la presidencia de honor del rey Juan Carlos I, quien, a su vez, ejerce por mandato constitucional el alto patronazgo de la Academia. La Fundación Pro Real Academia Española tiene como objetivo esencial canalizar la ayuda de la sociedad a la Academia para que esta pueda desarrollar con eficacia la función de servicio a la lengua española que tiene encomendada.
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ACTIVIDADES Y PROYECTOS
La Academia cumplió su propósito primero de hacer un diccionario componiendo en muy poco tiempo los seis volúmenes del Diccionario de autoridades, que vieron la luz entre 1726 y 1739. A pesar del éxito de la obra, de la segunda edición solo llegó a publicarse el primer tomo en 1770, y la corporación optó por editar todo el diccionario en un solo volumen prescindiendo de los textos que documentaban las acepciones. Nació así, en 1780, la primera edición del Diccionario de la lengua española, que ha continuado su andadura hasta llegar a la vigésima segunda actual y que es considerado oficial en todo el mundo hispanohablante.
Además de ese diccionario oficial, la Academia ha publicado cuatro ediciones de un Diccionario manual e ilustrado de la lengua española, dos ediciones del Diccionario escolar, un Diccionario del Estudiante, dos tomos y dos fascículos del Diccionario histórico de la lengua española, así como numerosas ediciones de la Ortografía (desde 1741) y la Gramática (a partir de 1771).
La Real Academia Española vive hoy uno de sus momentos de máxima actividad, debido al profundo proceso de renovación provocado por la aplicación de las técnicas informáticas a todos los trabajos que se desarrollan en su seno.
El núcleo básico de este proceso ha sido la construcción del Banco de datos del español, acometida en 1995 con los métodos más modernos de la ingeniería lingüística. Está formado en la actualidad por más de trescientos millones de registros, susceptibles de ampliación futura, que se estructuran en dos secciones: una, el Corpus de referencia del español actual (CREA), que recoge el español usado en las últimas décadas, con sus variantes en todos los países donde es lengua mayoritaria, y otra, el Corpus diacrónico del español (CORDE), que pretende ofrecer una muestra representativa del español a lo largo de su historia. Además, incorpora un sistema de marcas de codificación que permiten recuperar la información y añaden las características morfosintácticas de cada una de las palabras que aparecen en los textos originales.
En el año 2005 la Academia realizó nuevas versiones de ambos bancos de datos, a las que se puede acceder a través de su página web. En el CREA se incluyeron veinte millones de palabras correspondientes a la última etapa del proyecto (2000-2004), incorporando en este bloque textos procedentes de los llamados ‘cuadernos de bitácora’ (weblogs o blogs, en inglés), un interesante fenómeno de comunicación que se ha desarrollado en Internet durante los últimos años y que proporciona a este trabajo una documentación muy representativa del momento actual. La nueva versión del CORDE contiene unos 180 millones de formas y ha sido objeto de un importante trabajo de revisión y sustitución de algunas ediciones por otras más recientes o adecuadas.
A partir de lo desarrollado para su uso interno, en abril de 2001, la Academia puso a disposición de todos los investigadores, en DVD-ROM, el Nuevo tesoro lexicográfico de la lengua española, que contiene las imágenes digitalizadas de sesenta y ocho obras lexicográficas, desde el siglo XV hasta hoy, entre las que se incluyen todos los diccionarios de la Academia.
La informatización de los procedimientos de trabajo ha tenido dos importantes consecuencias: la reducción del tiempo de preparación de las obras académicas, que ganan, además, en riqueza y precisión documental; y la conexión permanente de todas las academias a través de Internet, que favorece y agiliza el trabajo conjunto.
Buena muestra de ello son la nueva edición de la Ortografía, publicada en 1999 con el consenso de todas las corporaciones hermanas, y la vigésima segunda edición del Diccionario de la lengua española, que ha visto la luz en octubre de 2001. La revisión llevada a cabo durante los nueve años transcurridos desde la aparición de la versión anterior, en 1992, se ha basado en dos conceptos fundamentales. De una parte, la actualización del cuerpo de la obra, ampliando el número de palabras registradas en ella y dando entrada a múltiples voces, acepciones y marcas de uso procedentes de América. Por otro lado, la adaptación de su contenido a la estructura fijada por la Nueva planta que el pleno aprobó en junio de 1997. Por vez primera, aparte de ser editado en papel, el diccionario académico puede ser consultado íntegramente en Internet, con la posibilidad de realizar sugerencias y propuestas para mejorar la obra. Se convierte, de esta manera, en un instrumento cada vez más útil para fomentar la unidad de la lengua española.
Al mismo tiempo, avanzan a buen ritmo, también impulsadas por las modernas técnicas informáticas, la nueva Gramática de la Academia y, como base del futuro Diccionario histórico, la ampliación del Corpus diacrónico del español (CORDE) y la lematización-datación del fichero histórico.
Muchas de estas obras y los materiales en que se cimentan están accesibles para todos los interesados en la página que la Academia tiene en Internet, donde se ofrece, también, el servicio de Consultas lingüísticas o Español al día, que ha permitido conocer las principales dudas que se plantean los hablantes de todo el mundo hispánico. Desde este conocimiento, consciente de la necesidad de establecer un criterio normativo que sirva de referencia, la Academia emprendió, con las academias asociadas, la confección de un Diccionario panhispánico de dudas, que fue presentado en el III Congreso Internacional de la Lengua Española, celebrado en noviembre de 2004 en Rosario (Argentina), y que vio la luz un año después. En este diccionario se pretende recoger todas las dudas que se suscitan en el uso cotidiano del español, brindando una solución unitaria para cada una de ellas. El proyecto contó con la colaboración de los principales medios de comunicación de España y América, con el fin de asegurar la difusión de la norma como garantía de unidad.
Asimismo, en consonancia con el desarrollo de la sociedad de la información y su interés de adaptación constante a las tecnologías actuales, la Academia ha desarrollado una versión del diccionario académico para agendas electrónicas personales (PDA), teléfonos móviles y otros dispositivos portátiles, que incluye, además, un completo sistema de gestión de anotaciones personales.
También con el fin de procurar la unidad de la lengua española, nació en 2001, gracias a un acuerdo con la Fundación Carolina, la Escuela de Lexicografía Hispánica, donde una veintena de becarios hispanoamericanos tienen cada año la oportunidad de recibir una formación que los capacitará para convertirse en colaboradores eficaces de las academias de sus respectivos países.
De manera paralela a sus trabajos normativos, la Academia ha promovido la publicación de obras que considera importantes para el conocimiento general de la lengua y la literatura españolas. Muestra de este afán son, entre otras, diversas ediciones de las obras de Cervantes y Lope de Vega, así como la reproducción facsimilar de textos relevantes y la publicación de obras premiadas en los concursos públicos convocados por la corporación. Actualmente están vigentes los Premios Fastenrath, Álvarez Quintero, Conde de Cartagena, Menéndez Pidal, Rivadeneira y Nieto López. Especial relevancia tienen las publicaciones periódicas de la Academia: el Anuario y el Boletín de la Real Academia Española (BRAE).
Muchas de las fuentes originales para el estudio de la lengua española se encuentran en el selecto fondo de la Biblioteca académica, reunido a lo largo de sus casi tres siglos de historia y que cuenta en la actualidad con 250.000 volúmenes, entre los que destacan más de 400 manuscritos, 40 incunables y abundantes impresos de los siglos XVI y XVII. En 1995 la Academia recibió el legado excepcional del académico Antonio Rodríguez-Moñino y de María Brey Mariño. Consta de unos 17.000 volúmenes, que incluyen 200 manuscritos, 450 impresos de los siglos XVI y XVII y pliegos sueltos, además de casi 4.000 estampas, 1.000 dibujos y una rica correspondencia con escritores e hispanistas. Tres años después, en 1998, fue cedida a la Academia, también por disposición testamentaria, la biblioteca particular de Dámaso Alonso. Sus 40.000 volúmenes incluyen valiosas ediciones de los autores clásicos y de la generación del 27.
El edificio que alberga en la actualidad la institución, situado en la calle Felipe IV, fue construido especialmente para ella, según diseño del arquitecto Miguel Aguado de la Sierra, en un solar del conjunto del Buen Retiro donado por la Corona. Después de tres años de obras, costeadas por la Academia, fue inaugurado el 1 de abril de 1894. En los últimos tiempos se han acometido diversos proyectos de rehabilitación con dos objetivos básicos: restaurar las zonas afectadas por el paso del tiempo y acondicionar nuevos espacios de trabajo para dar cabida a la actividad creciente de la Academia. En todos los casos se ha procurado mantener el equilibrio entre el respeto a la tradición estética y la introducción de novedades funcionales que aseguren el eficaz desarrollo de las tareas en curso. La Academia cuida también, como propia, la casa donde Lope de Vega vivió y murió, hoy convertida en precioso museo.

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