Censo




El cuadro de la imagen, El censo, obra realizada por el español Isidoro Martín Gares a finales del siglo XIX o principios del XX, permite reflexionar sobre las características de los censos en dicho momento de la historia, cuando los funcionarios tenían que visitar cada casa del país, para obtener información sobre la población de éste.

Censo (en latín censere, 'evaluar'), término que en un principio se refería al recuento oficial y periódico de la población de un país o de una parte de un país. Designa también el registro impreso de dicho recuento. En nuestro días se llama así a la información numérica sobre demografía, viviendas y actividades económicas de una demarcación.
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HISTORIA
Los primeros censos conocidos fueron elaborados con carácter fiscal o para proceder al reclutamiento militar. Los fragmentos de tablas de arcilla hallados en la antigua Babilonia indican que ya en el año 3800 a.C. se llevaban a cabo para hacer un cálculo aproximado de los futuros ingresos proporcionados por los impuestos. También se sabe que las antiguas civilizaciones china, hebrea, egipcia y griega elaboraban censos. Sin embargo, las enumeraciones no se efectuaron con regularidad hasta que los romanos comenzaron el recuento de los habitantes de su Imperio. Los censos romanos corrían a cargo de los censores locales. Se efectuaban cada cinco años y al principio sólo se llevaban a cabo en Roma, pero en el año 5 a.C. se extendieron hasta cubrir todo el Imperio. Además de ocuparse del registro de la población y de la recaudación de impuestos, el censor se ocupaba también de mantener la moral pública.
Con el predominio del feudalismo durante la edad media, ya no era necesaria la información para la recaudación de impuestos ni el reclutamiento militar, aunque el libro inglés Domesday Book de 1086 se asemejaba a un censo. Hubo que esperar hasta el siglo XVII para que un Estado volviera a intentar realizar un recuento fidedigno de su población. Suecia ha sido mencionada a menudo como país precursor en recoger información sobre sus habitantes. La ley obligaba a sus iglesias a mantener un registro permanente de los nacimientos, muertes y matrimonios de todas las personas que habitaban dentro de los límites parroquiales. Aún se sigue manteniendo esta especie de registro estadístico en Escandinavia, Finlandia, los Países Bajos y Bélgica.
No obstante, el primer censo verdadero de una época más reciente fue elaborado en la colonia de Nueva Francia (actual Quebec), donde el recuento de individuos comenzó en 1665. El aumento de gobiernos democráticos tuvo como consecuencia un nuevo aspecto en el proceso censal: en Estados Unidos el censo de 1790 tenía el propósito concreto de determinar la representación en el Congreso de acuerdo con la población. Este fue el primer censo en el que se expusieron con carácter público las listas con la información recogida.
El año 721 el valí Amheser envió al califa de Damasco una detallada descripción numérica de la península Ibérica. En tiempo de Al-Hakam II y bajo el califato de Abd-el-Numen se realizaron empadronamientos censales. Alfonso VII de Castilla concedió a los mozárabes de Toledo permiso para la formación de un catastro. Las actas de las Cortes de Alcalá de 1348 mencionan diversos empadronamientos. Las de Valladolid de 1351 dispusieron que se redactara el Becerro de las Behetrías, especie de catastro de los señoríos de las villas importantes de Castilla. En 1482 los Reyes Católicos realizaron un censo de sus reinos al que siguió otro después de la conquista de Granada. Años más tarde se llevaría a cabo un recuento de hogares en Cataluña, Navarra, Vascongadas y Valencia.
Felipe II, además de los empadronamientos generales de 1587 y 1594, emprendió bajo la dirección de Ambrosio de Morales una gran obra estadística que al cabo de siete años reunió solamente 636 relaciones de los 13.000 pueblos que existían a la sazón en la península y que se conservan en la biblioteca del monasterio de El Escorial. Tras varios empadronamientos incompletos durante los reinados de Carlos III y Carlos IV, en 1802 se creó una oficina de estadística. El primer censo demográfico de características modernas es el efectuado en 1857 por la Dirección General de Estadísticas. A partir de entonces se realizaría un censo general de población los años terminados en cero, tarea confiada al Instituto Nacional de Estadística (INE) desde su creación en 1945. El INE se encarga también de hacer los censos electorales, de la vivienda y los correspondientes a diversas actividades económicas.
En América Latina, en la época de los monarcas borbones Carlos III y Carlos IV, movidos por un impulso de control burocrático y administrativo, se procedió al levantamiento de censos de población en los virreinatos. Constituyen un importante antecedente histórico de la preocupación censal de los gobiernos nacionales tras la independencia, que tuvieron que enfrentarse a grandes carencias y dificultades.
En la actualidad han mejorado los métodos y formas de realización de los censos en la mayoría de los países.
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EL CENSO MODERNO
Durante el siglo XIX y la primera mitad del XX la práctica del censo se fue extendiendo a todo el planeta. Organizaciones internacionales como las Naciones Unidas han animado a todos los países a adoptar un sistema similar a la hora de efectuar sus censos. Dentro de la larga lista de criterios recomendados por la ONU para elaborar un censo se encuentran: lugar de residencia, estado civil, sexo, edad, hijos, lugar de nacimiento, empleo o situación laboral, ciudadanía, lengua materna, origen étnico o adscripción religiosa, nivel de estudios, población total, distribución de la misma y características de la vivienda familiar. Los censos modernos se suelen llevar a cabo en intervalos de 5 a 10 años, quedando limitada la frecuencia por el coste y el esfuerzo requeridos para la recogida y verificación de los datos. Los cuestionarios son uno de los medios preferidos para recoger información. Los censos se refieren de forma habitual a un hipotético momento del censo, pues algunos de los datos pueden haber cambiado durante el periodo de recogida de información. El uso de las modernas técnicas mediante ordenador permite que la clasificación y la evaluación de los datos sea muy rápida, y muchos censos se publican ahora en CD-ROM, de ahí que la parte que lleva más tiempo en los censos actuales sea la de recogida y procesado de datos.


Cartografía




Mapa mundial del siglo XV
En Génova, probablemente a finales del siglo XV, Paolo Toscanelli realizó este mapa del mundo conocido. Representa el alcance del conocimiento europeo antes del inicio de las grandes exploraciones de la última década del siglo XV. Se puede observar que no se había realizado ningún progreso en la geografía europea desde el siglo II, fecha en la que el geógrafo griego Tolomeo recopiló la información que sirvió de base a este mapa. La línea de la costa mediterránea se reconoce fácilmente, pero la costa del océano Índico resulta inexacta y el interior de Asia y África no va más allá de una mera conjetura. Parece que Toscanelli fue el primero en lanzar la idea de llegar a Asia navegando hacia el oeste, idea que siguió con entusiasmo Cristóbal Colón.

Cartografía, arte y ciencia de trazar mapas.
Fotografía aérea de una ciudad
Las fotografías aéreas sirven para estudiar el terreno y permiten a los ingenieros y arquitectos planificar sus proyectos de construcción futura. También los cartógrafos las utilizan para elaborar precisos callejeros.

“La cartografía es la más científica de las artes y las más artística de las ciencias” (Paul Theroux). “La humanidad ha inventado tres grandes formas de comunicación: el idioma, la música y los mapas. Pero la más antigua de las tres es la cartografía” (Editorial de The Times, 14 de octubre de 1992).
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¿QUÉ ES LA CARTOGRAFÍA?
Estereoscopio de finales del siglo XIX
Este instrumento óptico binocular nos permite observar dos imágenes planas de un mismo objeto que han sido tomadas desde puntos de vista diferentes como si fueran una imagen única en relieve. Los estereoscopios crean una ilusión de profundidad en fotografías bidimensionales llamadas estereogramas. Un estereograma consta de dos fotografías de una misma escena, tomadas desde ángulos ligeramente distintos. Al ser vistas a través de un estereoscopio, ambas imágenes se funden en una única imagen tridimensional. El estereoscopio que se muestra en la fotografía es de finales del siglo XIX, una época en la que los estereoscopios constituían un entretenimiento muy popular en Europa y América del Norte.

La cartografía o trazado de mapas es, al mismo tiempo, un conjunto de técnicas y una materia de estudio académico. La realización de mapas requería tradicionalmente:
1) Saber encontrar y seleccionar la información sobre diferentes aspectos de la geografía a partir de fuentes diversas, para después sintetizar los resultados en un único grupo de datos consistente y preciso.
2) Técnicas y habilidades de diseño con el fin de crear un mapa final que consiga representar con fidelidad la información, para que los lectores, que poseen diferentes grados de habilidad en la lectura de mapas, puedan interpretarlo correctamente.
3) Destreza manual y técnicas de diseño gráfico para simplificar y dibujar la información mediante símbolos, líneas y colores, de modo que el amontonamiento o el desorden sean mínimos y el mapa resulte legible.
Pero los mapas no sólo son creaciones artísticas que muestran las habilidades de sus creadores, sino que son, al mismo tiempo, documentos históricos y sociológicos. Así, los primeros mapas producidos por instituciones cartográficas oficiales, a comienzos del siglo XIX, suponen un archivo de información de vital importancia sobre la evolución del paisaje hasta nuestros días, ya que muestran industrias olvidadas y antiguas líneas de ferrocarril o caminos hoy abandonados. Estos mapas proporcionan pruebas sobre tierras que pueden estar contaminadas debido a la utilización que de ellas se hizo en el pasado. Otro ejemplo en esta línea, aunque más siniestro, es la utilización que se hizo de los mapas en la Alemania nazi con fines propagandísticos, donde los mapas servían para demostrar la ‘amenaza’ que suponían los polacos y los europeos orientales, que estaban “superando en número y rodeando” al pueblo alemán. La realización de mapas y las circunstancias en que se efectuaron son temas de estudio académico, ya que pueden explicar ciertos aspectos de la mentalidad de esa época histórica.
No existe un modo correcto de trazar mapas. El modo depende de las herramientas de las que dispone el cartógrafo, del propósito del mapa y de la base de conocimientos. Sin embargo, sí existen diversos métodos empíricos que pueden servir de guía al cartógrafo.
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DIFERENTES TIPOS DE MAPAS
Información del mapa topográfico
Los mapas topográficos permiten conocer la topografía del terreno a través de sombreados, curvas de nivel u otros sistemas de representación gráfica. Asimismo señalan localizaciones generales, límites administrativos y las características especiales de un área. Este tipo de mapas ofrece muchas ventajas. Por ejemplo, algunos excursionistas utilizan los mapas topográficos para orientarse y planificar sus rutas conscientes de los obstáculos y las señales principales. En la leyenda de cada mapa se indican la escala y los símbolos específicos (ferrocarril, escuelas, carreteras, puentes...) que se emplean en él. Generalmente, el color verde indica la presencia de vegetación, mientras que el blanco se emplea para su ausencia; el azul suele referirse a masas y corrientes de agua. Una serie de isolíneas o líneas que unen igual altitud (en color sepia) reflejan el relieve, por ejemplo las montañas o los valles. Las líneas o curvas de nivel muy juntas indican que el terreno es muy escarpado. Si, por el contrario, las líneas están muy separadas, significa que el terreno tiene poca diferencia altitudinal.

Hay que tener en cuenta, también, que los diferentes tipos de mapas requieren un tratamiento distinto y diferentes técnicas para su realización.
La subdivisión más corriente es la que se realiza entre los mapas topográficos y los mapas temáticos. Los primeros muestran la distribución y asociación espacial de varios rasgos naturales o artificiales del paisaje, como las fronteras, las redes de transporte (carreteras, líneas de ferrocarril, canales, senderos y aeropuertos), los cursos y masas de agua (ríos y lagos), los asentamientos humanos (pueblos y ciudades), la forma y altitud del terreno y otros.

El mapa topográfico

Frente a los mapas topográficos o generales, los mapas temáticos se centran en las variaciones espaciales y en la fisonomía que presenta un solo atributo o en la relación existente entre varios. No hay límites en cuanto al contenido de los mapas temáticos, los cuales pueden reflejar tanto la geología de una zona como el porcentaje de población escolarizada en un tiempo determinado o el resultado de las últimas elecciones generales. Pero esta distinción no tiene mucho sentido, ya que el mapa topográfico es en sí mismo un mapa temático y muchos mapas temáticos podrían incluirse en la categoría de topográficos.
Una distinción más sustancial es la que se realiza entre los mapas de gran y pequeña escala. Los mapas temáticos se realizan generalmente a pequeña escala, donde la exactitud en el posicionamiento del elemento que se representa no es tan importante como reflejar correctamente las características estructurales básicas de distribución de ese elemento en el espacio. Pero cuando el área de estudio es un espacio más concreto, como el de una ciudad, los mapas suelen tener una escala relativamente grande. Éstos muestran un detalle mayor, reflejando, por ejemplo, el tipo de terreno y las propiedades de las fincas. Estos mapas suelen realizarse a escalas entre 1:500 y 1:5.000 y no se necesita generalizar o simplificar mucho la información recogida. El usuario sólo necesita poseer una ligera noción sobre el tipo de proyección que se ha utilizado.

El globo terráqueo

Por el contrario, los mapas de pequeña escala suelen aparecer con unos niveles elevados de generalización o simplificación. Las carreteras y otros elementos pueden llegar a moverse de sitio, con el fin de evitar el amontonamiento de información y facilitar la legibilidad del mapa, siempre que los diferentes elementos que lo componen se hallen a la misma distancia entre sí. En los casos más extremos (mapas de escala 1:1.000.000 y más pequeñas) el resultado es, a menudo, una caricatura que tiene más el valor de una ilustración, ya que resulta muy imprecisa la información cuantitativa que se puede obtener de este tipo de mapas (como, por ejemplo, la distancia entre dos lugares).
La diferenciación entre mapas de pequeña y gran escala es arbitraria y, así, algunos países consideran gran escala a partir de 1:10.000, mientras que para otros sería a partir de 1:25.000.
Los mapas también pueden clasificarse en función del tipo de proyección utilizada. Éste determina tanto la apariencia como las propiedades y fiabilidad del mapa.
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EL NACIMIENTO DE LA NUEVA CARTOGRAFÍA
La antigua cartografía floreció tras la invención de la imprenta. Durante cinco siglos los cartógrafos diseñaron los mapas sobre papel. Los métodos con los que creaban la imagen que iba a ser impresa evolucionaron, desde el grabado sobre arcilla y cobre hasta los trazados en plástico y la creación de las máscaras de color por medio de sofisticadas técnicas fotográficas.
En los últimos treinta años, y sobre todo desde 1990, la situación de la cartografía ha cambiado de forma radical debido a la introducción de ordenadores (computadoras). Los primeros trabajos de este tipo los realizaron meteorólogos y biólogos en Suecia, Gran Bretaña y Estados Unidos. Pero los trabajos más importantes los llevaron a cabo británicos y estadounidenses durante el periodo de 1968 a 1973, extendiéndose más tarde a todo el mundo.
Toda esta labor de investigación dio lugar a cambios significativos que han transformado definitivamente la cartografía. Podemos señalar los siguientes:
1) Los mapas se realizan ahora, generalmente, a partir de las bases de datos informatizadas. El ordenador (computadora) ya no se utiliza sólo para automatizar las técnicas cartográficas de trazado tradicionales, sino que se ha convertido en un instrumento que controla la cantidad y calidad de los datos, los fusiona, selecciona aquellos que puedan resultar de mayor interés y refleja los resultados del modo en que desea el usuario.
2) La adaptación de los resultados a las demandas de los clientes potenciales es algo corriente. Así, en algunos países se ha conseguido que el cliente pueda seleccionar en la pantalla de una computadora un área que le interese y que el mapa adopte la forma que él desee. El mapa se imprime en papel y su contenido dependerá de la elección del usuario y de la escala que escoja entre unos límites aproximados de 1:100 a 1:5.000.
3) Los mapas virtuales son algo común hoy en día. Estos mapas se visualizan en la pantalla y no pueden imprimirse en papel.
4) Los programas de ordenador (computadora) y los datos para realizar este tipo de mapas son cada vez más accesibles al público. Debido a todas estas razones existen ahora más mapas que nunca, y estos mapas los realizan a menudo personas que no tienen ninguna preparación cartográfica.
Algunos de estos mapas se alejan mucho del antiguo estilo de mapa lineal. Las distorsiones geométricas de la fotografía aérea y de las imágenes de satélite pueden corregirse ahora con programas informáticos y obtener una resolución excelente para algunos lugares en los que los mapas anteriores se habían quedado anticuados, por no reflejar los cambios producidos, o para ciertos tipos de paisajes como estuarios y otros humedales.
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SISTEMAS DE INFORMACIÓN GEOGRÁFICA
Receptor GPS
Un receptor GPS (Sistema de Posicionamiento Global) está conectado a una red de satélites artificiales para poder dar al usuario del receptor su localización mediante coordenadas. Algunas unidades GPS pueden cargarse con mapas georreferenciados (basados en un Sistema de Información Geográfica o SIG) con el fin de conocer mejor el lugar donde estamos o trazar rutas a seguir.

En el periodo anterior a 1985 las diferentes funciones de los profesionales de la cartografía topográfica estaban claras. Los geodestas realizaban lecturas detalladas con instrumentos y computaban los elementos que definían la forma básica del paisaje. A partir de esta información, los topógrafos completaban los detalles en el terreno y los operadores de fotogrametría proporcionaban un mapa previo utilizando la fotografía aérea. Los cartógrafos reconducían sus esfuerzos y presentaban todos estos datos de manera atractiva, al tiempo que comunicaban la información de forma efectiva evitando cualquier tipo de ambigüedad. Otros especialistas, como los geólogos, utilizaban estos mapas como base sobre la cual volcaban aquellos detalles que tenían interés para ellos.
Sin embargo, en la última década esta estructura se ha visto trastocada por la utilización de las nuevas tecnologías; la mayor parte del trabajo que exigía un cierto nivel de destreza ha ido desapareciendo debido a la información proporcionada por los satélites del Sistema de Posicionamiento Global (GPS) y debido a los nuevos equipos de medición geodésica. Se han construido bases de datos en los programas de las computadoras que les permiten producir mapas con una calidad, legibilidad y rapidez superiores a las que se obtenían con antiguas técnicas.
El uso generalizado de los ordenadores o computadoras ha dado paso al desarrollo de un nuevo grupo de instrumentos denominados Sistemas de Información Geográfica o SIG. El primero se creó en Canadá en 1965 con el fin de realizar un inventario sobre la fauna y flora de todo el país. Actualmente, existen muchos miles en funcionamiento en el mundo y su número está creciendo aproximadamente un 20% anual.

Imagen de satélite de Europa
En esta imagen, captada desde un satélite, se aprecia con claridad la variada orografía del continente europeo, así como los numerosos entrantes creados por los mares que bañan sus costas.

La información que se puede pedir o a la que puede responder un SIG es infinita, si se consideran todos los aspectos relacionados con la realidad física y las diferentes actividades humanas. Sin embargo, sería útil resumir sus posibilidades diciendo que es capaz de responder a los siguientes tipos de preguntas:
1) Preguntas puntuales, ¿qué hay en...?: por ejemplo, ¿qué tipo de suelo existe en la latitud X, longitud Y? o ¿cuál es la población de un distrito o circunscripción electoral?
2) Dirección, ¿cómo puedo ir desde... hasta...?: por ejemplo, dame instrucciones detalladas para ir conduciendo desde la calle Alcalá, en Madrid, hasta la Place de la Concorde, en París.

Imagen SIG
Un Sistema de Información Geográfica (SIG) es un sistema informático que sintetiza, analiza y representa muchos tipos diferentes de datos geográficos de una forma comprensible. Esta imagen generada por SIG muestra las localizaciones de las industrias que emiten productos químicos tóxicos en el condado de Los Ángeles en Estados Unidos (representadas por puntos negros). Esta imagen se ha combinado con otra que posee datos de las regiones censadas (coloreadas con un código de color acorde con la distribución y tamaño de los distintos grupos étnicos y raciales del área) según los datos de la oficina del censo de Estados Unidos. La imagen se creó como parte de un estudio llevado a cabo por la Universidad de California en Santa Bárbara para examinar las relaciones entre la contaminación, raza y modelos residenciales. La imagen ilustra cómo un SIG puede combinar y representar claramente muchos tipos de información para una determinada área geográfica.

3) Localización, ¿dónde está... verdadero/falso?: por ejemplo, ¿en qué parte del país o del mundo puedo encontrar cultivos del tipo A que crezcan en los suelos de tipo X?
4) Evolución, ¿qué ha cambiado desde...?: por ejemplo, ¿cuánto ha cambiado la extensión de la selva en los últimos 20 años?
5) Condición para localización, ¿qué pauta espacial existe?: por ejemplo, ¿dónde se produce la mayor concentración de mortalidad infantil debida a un tipo de cáncer determinado?
6) Previsiones, ¿Qué pasaría si...?: por ejemplo, ¿qué pasaría si añadimos otra carretera secundaria a la autopista que rodea la capital?, ¿cuánto se incrementaría el tráfico y dónde tendrían lugar los cambios?
Pero la verdadera ventaja de los SIG es que son los únicos instrumentos que pueden juntar la información geográfica que se han recogido de forma independiente por diferentes instrumentos (digitalizando, con bases de datos, escáner, etc.) y desde diferentes organizaciones, que tradicionalmente elaboraban esa información sólo para sus propios fines. Los SIG superponen capas con un tipo de información determinada en cada una de ellas, registrando las características de áreas comunes. Si existen dos grupos de datos de un país, como por ejemplo suelos o productividad de los cultivos, tenemos una combinación. Sin embargo, si existen 20 grupos de datos diferentes tendríamos 120 pares de combinaciones y más de un millón de combinaciones en total. Gracias a estos sistemas podemos fusionar todas las capas en una sola y, así, utilizarse para muchos más fines que si estuvieran recogidos en bases de datos independientes.
Pero, ¿qué supone esto para la cartografía? En primer lugar constituye un verdadero desarrollo para las organizaciones cartográficas estatales, ya que asegura que sus datos se utilizarán con mayor amplitud. Pero los efectos del SIG van mucho más allá. Por ejemplo, el mapa tradicional, aunque contiene grandes cantidades de información y es más apto para la utilización sobre el terreno, presenta dificultades a la hora de extraer de él diferentes tipos de información y de combinar ésta para darle un sentido y adaptarse a las necesidades individuales. Por otro lado, el mapa sigue siendo el mejor método de representar las variaciones geográficas de un modo que pueda ser comprendido con rapidez por diferentes personas. La combinación de un SIG, “instrumento para explorar, seleccionar y analizar la información”, con la cartografía automatizada está asegurando la rápida expansión de los mapas, aunque la mayoría de éstos ni los realizan los cartógrafos ni se realizan ya sobre papel. 


Clasificación Biológica





Clasificación, en biología, identificación, denominación y agrupamiento de organismos en un sistema establecido basado en las similitudes anatómicas, tanto internas como externas, y fisiológicas, así como en la composición genética y en las relaciones evolutivas. La diversidad de seres vivos es enorme y se estima que entre 10 y 13 millones de especies viven en nuestro planeta. Por ello, para poder estudiar los distintos seres vivos y sus características, resulta más fácil agruparlos en categorías basadas en características compartidas.
La clasificación biológica permite organizar la diversidad de seres vivos existentes sobre la Tierra. Se trata de un proceso dinámico que refleja la propia naturaleza de los organismos, los cuales han estado sujetos a cambios y modificaciones a lo largo de muchas generaciones a través de la evolución. Desde que la vida apareció sobre la Tierra, hace unos 3.800 millones de años, nuevos grupos de organismos se fueron desarrollaron. Muchos de esos organismos se extinguieron, mientras que otros evolucionaron y dieron lugar a la fauna y flora que actualmente pueblan nuestro planeta.
Las numerosas formas de vida que existen deben ser nombradas y organizadas de manera ordenada, de modo que los biólogos de todo el mundo puedan estar seguros de que conocen el organismo exacto que es objeto de estudio. La definición de los grupos de organismos debe basarse en la selección de características importantes, o rasgos compartidos, responsables de que los miembros de cada grupo sean semejantes entre sí, y diferentes de los otros grupos. Para clasificar los distintos organismos, los científicos estudian un amplio rango de características, incluidas aquellas que son visibles a simple vista, aquellas que pueden detectarse con ayuda de un microscopio o incluso aquellas que se pueden determinar únicamente mediante pruebas químicas. Los científicos comparan la forma externa y el tamaño de los organismos, la anatomía y las funciones internas de órganos y sistemas como el sistema digestivo o el reproductor, así como las reacciones químicas que tienen lugar en los organismos para crecer, crear y almacenar energía y reproducirse. Los primeros estados de desarrollo de un organismo, estudiados por la embriología, así como el comportamiento de los mismos, estudiado por la etología (véase Conducta animal), también resultan útiles para agrupar y clasificar a los organismos. Incluso el papel que un organismo desempeña en el hábitat puede ayudar a situarlo en un grupo concreto. Los científicos utilizan también los registros fósiles para conocer cómo los organismos han ido cambiando y evolucionando a través de la historia de la Tierra, lo que también resulta de ayuda para su clasificación.
Más recientemente, los científicos han utilizado técnicas de biología molecular para comparar los genes de organismos distintos. Los científicos estudian el ácido desoxirribonucleico, de manera que los organismos que comparten una estructura de ADN similar están más estrechamente relacionados. La mayoría de los estudios genéticos han apoyado la clasificación de organismos que se había realizado de forma más tradicional; sin embargo, en algunos casos, la evidencia de los estudios genéticos ha puesto de manifiesto que ciertos organismos debían reclasificarse.
Por tanto, todas las ramas de la biología contribuyen al reconocimiento y a la interpretación de las similitudes y las diferencias existentes entre los organismos, pero las especialidades que están implicadas directamente en los estudios de clasificación son la taxonomía y la sistemática. Aunque las dos disciplinas se superponen, la taxonomía está más centrada en la nomenclatura (denominación) y el establecimiento de los sistemas jerarquizados, y la sistemática en las relaciones evolutivas.
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CLASIFICACIÓN JERÁRQUICA
Los métodos actuales de clasificación tratan de reunir los grupos en taxones o categorías, de modo que estos reflejen los procesos evolutivos que subyacen bajo las similitudes y diferencias que existen entre los organismos. Dichas categorías forman un tipo de pirámide, o jerarquía, donde los distintos niveles representan los diferentes grados de relación evolutiva.
Los biólogos clasifican a los organismos individuales en el nivel básico de especie, que es la única categoría de esta índole que puede ser considerada en la naturaleza. Las categorías superiores son reuniones de grupos de especies. Una especie está compuesta por organismos que comparten muchas características importantes. Además, en los organismos con reproducción sexual, las especies están formadas por poblaciones entremezcladas, que de forma ideal no pueden tener descendientes fértiles con miembros de ninguna otra especie.
Carl von Linneo
Aunque era médico, Carl von Linneo sentía un vivo interés por la botánica, e ideó un método de clasificación de las plantas conocido como nomenclatura binomial. Este sistema simplificó de forma radical la identificación y clasificación de animales y plantas, que a partir de entonces empezaron a organizarse en grupos significativos basados en la semejanza de sus características. Aunque sus primeras obras están dedicadas a la nomenclatura y clasificación de las plantas, Linneo también describió y clasificó varias especies animales. Sus descripciones son tan precisas, que muchas se han mantenido sin cambios hasta nuestros días.

Las especies que no se cruzan con otras pero que están claramente relacionadas con ellas por compartir características importantes, se agrupan en un género. Para construir la clasificación jerárquica, los géneros se agrupan en familias, las familias en órdenes, los órdenes en clases, las clases en filos, y los filos en reinos. Los grupos de organismos incluidos en estas siete categorías principales, en cualquier nivel de jerarquía, reciben el término de taxones, y cada taxón recibe una definición que abarca las características más importantes compartidas por todos los miembros de un taxón.
Para permitir una subdivisión mayor, se pueden añadir los prefijos sub- y super- a cualquier categoría. Además, en clasificaciones complejas, pueden utilizarse categorías intermedias especiales como rama (entre reino y filo), cohorte (entre clase y orden) y tribu (entre familia y género).
En cualquier nivel, un taxón indica una base evolutiva común. Todos sus miembros se han desarrollado a partir de un antecesor común. Entonces se dice que el taxón es monofilético. En los casos en los que en un taxón determinado confluyen dos o más miembros que tienen características en común pero que derivan de líneas ancestrales diferentes, se dice que el taxón es polifilético. Generalmente se intenta dividir y redefinir el taxón de modo que se obtenga una línea monofilética.
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HISTORIA DE LOS SISTEMAS DE CLASIFICACIÓN
Clasificación de los organismos
La clasificación de los seres vivos es motivo de controversia desde hace mucho tiempo. Arriba: El sistema aristotélico solo reconocía plantas y animales, que se diferenciaban por el movimiento, el mecanismo de alimentación y la forma de crecimiento. Este sistema agrupa procariotas, algas y hongos con las plantas, y protozoos móviles capaces de alimentarse con los animales. Centro: El perfeccionamiento de las técnicas y los materiales de laboratorio puso de manifiesto las diferencias entre células procariotas y eucariotas y determinó una nueva clasificación que las reflejaba. Abajo: En época más reciente se han admitido cinco reinos que tienen en cuenta la organización celular y la forma de nutrición.

La taxonomía es una de las ciencias más antiguas y sin embargo aún es un campo dinámico, repleto de nuevos descubrimientos y métodos. Como en otros ámbitos de la ciencia, los grandes pensadores han dado forma al desarrollo de las clasificaciones. Uno de los primeros sistemas de clasificación fue establecido por el filósofo griego Aristóteles, que vivió en el año 300 a.C. Aristóteles pensaba que la complejidad de la vida podía incluirse en un orden natural basado en dicotomías o polos opuestos. Así, por ejemplo, Aristóteles dividió los animales en aquellos que tenían sangre y aquellos que carecían de ella, una forma de clasificación que se aproxima a la división en vertebrados e invertebrados, utilizada en los actuales sistemas de clasificación.
Aristóteles escribió extensamente sobre plantas y animales, pero sus escritos sobre plantas se perdieron. Afortunadamente, Teofrasto, uno de sus alumnos, aplicó la taxonomía de Aristóteles en sus trabajos sobre plantas. Teofrasto subdividió las plantas, basándose en su forma, en categorías muy amplias: árboles, arbustos y hierbas. El médico griego Dioscórides desarrolló una forma de clasificación más pragmática que separaba, por ejemplo, las hierbas medicinales de aquellas que se utilizaban para elaborar perfumes.
Para unificar la denominación de los organismos y poder comunicar de forma más precisa el creciente número de especies que eran descubiertas, los estudiosos de la edad media (entre el siglo V y el siglo XV d.C.) tradujeron los nombres comunes de los organismos al latín –que era entonces la lengua de los eruditos. Con frecuencia esos nombres eran largos y engorrosos, e incluían numerosos términos descriptivos. Entre mediados del siglo XVI y mediados del siglo XVII, un grupo de naturalistas simplificó ese complejo método convirtiéndolo en un sistema binomial, un sistema de nombramiento en el que se utilizaban solo dos palabras.
En el siglo XVI el botánico italiano Andrea Cesalpino fue el primer científico que clasificó las plantas de acuerdo, principalmente, a sus características estructurales, como sus frutos o semillas. Cesalpino desarrolló un método de ponderación del carácter en el que definió ciertas características clave que eran importantes para identificar los grupos de plantas. Ese método fue adaptado por el botánico suizo Caspar Bauhin, quién catalogó un amplio listado de plantas. Además, Bauhin fue el primero en organizar las plantas en un sistema rudimentario que recuerda a la moderna clasificación en géneros y especies.
La clasificación de los animales también progresó durante el siglo XVI. El naturalista francés Pierre Belon realizó un amplio estudio y clasificación de las aves. Belon fue el primero en utilizar la adaptación al hábitat para dividir las aves en acuáticas, zancudas, de presa, paseriformes y terrestres, categorías que todavía se utilizan hoy en día de manera informal. En el siglo XVII, el naturalista inglés John Ray fue el primero en aplicar el método de ponderación del carácter para las características estructurales en animales. Ray utilizó características claves, como la forma y el tamaño del pico, para clasificar las aves.
A mediados del siglo XVII, el naturalista sueco Carl von Linneo desarrolló normas formales que proporcionaron consistencia al sistema que se utilizaba habitualmente, el sistema binomial de nomenclatura en el que se empleaban dos nombres en latín. La primera palabra es el nombre del género y la segunda es habitualmente un adjetivo que describe el organismo, su localización geográfica o la persona que lo descubrió. Utilizando este sistema el perro doméstico recibe el nombre de Canis familiaris. Canis es el nombre del género para el grupo de animales que comprende los perros, los lobos, los coyotes y los chacales. El término familiaris tiene carácter descriptivo para diferenciar el perro doméstico de sus parientes salvajes.
Antes de Linneo, los biólogos habían establecido categorías de clasificación al azar, como la categoría de género para agrupar varias especies. Linneo fue el primero en formalizar el uso de taxones mayores en su libro Systema Naturae (1735), estableciendo la taxonomía jerarquizada estándar que todavía se utiliza hoy día. Además, Linneo creó reglas para clasificar las especies que fueron utilizadas por los científicos durante más de doscientos años.
Antes del siglo XIX, Linneo y otros taxonomistas clasificaron los organismos de una manera arbitraria, aunque lógica, que facilitó la comunicación de la información científica. Pero con la publicación, en 1859, del libro El origen de las especies por medio de la selección natural, escrito por el naturalista británico Charles Darwin, el propósito de la clasificación adquirió un nuevo significado. Darwin sostenía que los sistemas de clasificación deberían reflejar la historia de la vida, esto es, las especies debían relacionarse basándose en los antecesores que compartían. Darwin definió las especies como grupos que habían divergido de un antepasado común lejano en la historia. Sin embargo, llevar a cabo una historia evolucionista compatible con los sistemas de clasificación ya establecidos no era una tarea fácil. Los críticos argumentaron que la clasificación debía ser coherente con la filogenia, pero no basarse exclusivamente en la historia evolutiva. Ellos propugnaban el empleo de otros factores, como la conducta o la anatomía, junto con la filogenética, para mejorar la clasificación de los organismos. Esta controversia sobre la mejor manera de abordar la clasificación se mantiene hoy en día.
El desarrollo y uso de los microscopios, a finales del siglo XVI, reveló la existencia de una enorme diversidad de organismos unicelulares. Esos organismos originaron nuevos problemas de clasificación para la comunidad científica, que aún se basaba en un sistema de clasificación en dos reinos. Al principio, los organismos unicelulares que realizaban la fotosíntesis fueron clasificados en el reino Plantas y los organismos que ingerían alimentos se catalogaron en el reino Animal. En el siglo XIX, los científicos habían identificado una amplia variedad de organismos microscópicos con anatomías celulares diversas, estructuras internas especializadas llamadas orgánulos y patrones de reproducción que no encajaban con facilidad en el sistema de clasificación de plantas y animales. Esa gran diversidad animó al biólogo alemán Ernst Haeckel a proponer la creación de un tercer reino, Protoctista, para agrupar esas formas unicelulares.
Haeckel ubicó las bacterias dentro del reino Protoctista en un grupo separado que él llamó Móneras, reconociendo que esos organismos diferían de todas las otras células porque carecían de núcleo. Conforme los biólogos aprendían más sobre las bacterias, se dieron cuenta de otras diferencias entre esos organismos y todas las demás formas de vida. Además de la ausencia de núcleo, las bacterias diferían de otros tipos de células en que carecían de orgánulos energéticos, como las mitocondrias, las estructuras celulares implicadas en el metabolismo. En la década de 1930, esas diferencias condujeron al biólogo marino francés Edouard Chattón a realizar una distinción fundamental entre procariotas, organismos como las bacterias que carecían de núcleo, y eucariotas, organismos más complejos que tienen núcleo. En 1938 el biólogo estadounidense Herbert Copeland argumentó que la distinción entre procariotas y eucariotas era tan importante que los procariotas merecían disponer de un cuarto reino propio llamado reino Móneras (también denominado reino Procariotas).
En la década de 1950, el biólogo estadounidense Robert H. Whittaker propuso añadir un quinto reino, el reino Hongos, basado en el método exclusivo de los hongos de obtener alimento. Los hongos se habían clasificado previamente dentro de las plantas, pero Whittaker expuso que los hongos no elaboran su propio alimento, como hacen las plantas, y que tampoco lo ingieren, como hacen los animales. Los hongos secretan enzimas digestivas alrededor de los alimentos, fragmentándolos antes de que sean absorbidos por sus células.
En la década de 1970, los avances en biología molecular proporcionaron nuevos hallazgos respecto a la relación entre los organismos y pusieron de relieve imperfecciones en los sistemas de clasificación vigentes. Las nuevas técnicas de biología molecular, como la reacción en cadena de la polimerasa, que permite analizar y comparar el ácido desoxirribonucleico (ADN), permitieron al microbiólogo estadounidense Carl Woese determinar que un grupo de organismos clasificados hasta entonces como bacterias pertenecían en realidad a un taxón independiente. Se observó que el grupo Archaea, que comprende las arquebacterias, tenía características fisiológicas y estructuras moleculares únicas. Archaea está representado por un grupo relativamente pequeño de organismos unicelulares que viven principalmente en medios anaerobios extremadamente calurosos, salados o ácidos. Woese propuso inicialmente un sistema de clasificación en seis reinos, en el que separó los organismos procariotas en dos reinos Arquebacteria y Eubacteria o bacterias verdaderas, con la inclusión de los organismos eucariotas en los reinos Plantas, Animales, Hongos y Protoctista. Posteriormente, recomendó el uso de una nueva categoría llamada dominio. En su nuevo sistema, todas las formas de vida están agrupadas en tres dominios: Bacteria, Archaea y Eukarya.
Otros científicos proponen un sistema de ocho reinos. Además de los reinos Plantas, Animales y Hongos, este sistema también incluye otros dos reinos procariotas, Archaea y Eubacteria, y divide el reino Protoctista en tres reinos separados.
Con independencia del método de clasificación que se utilice para clasificar un organismo, su lugar en la jerarquía de la vida no es inamovible. Los científicos continúan descubriendo nuevas evidencias en los fósiles, y los estudios de biología molecular y de otros campos de la ciencia pueden variar la posición de un microorganismo en la jerarquía de la clasificación.

Talidomida





Talidomida

Talidomida, fármaco que produce malformaciones fetales graves si es administrada durante el embarazo. Introducida en 1957, la talidomida es un hipnótico o sedante no barbitúrico que, se pensaba, era muy seguro, incluso en sobredosis. Fue comercializado como fármaco que podía ser empleado durante el embarazo y cuyo uso era recomendado en este periodo. En 1961, se produjeron varios registros simultáneos en Sydney (Australia) y Hamburgo (Alemania) de bebés recién nacidos que presentaban focomelia, una malformación muy rara. La palabra deriva del griego para describir las extremidades de las focas y consiste en una deformidad en la que los brazos y las piernas no presentan huesos largos. Se comprobó que la causa de estas deformidades era la talidomida y que las madres de estos niños la habían tomado durante los tres primeros meses de embarazo. Más tarde, los experimentos en animales confirmaron que la talidomida era la causa de estas deformidades. Sin embargo, no se realizaron experimentos en hembras durante el periodo de gestación antes de autorizar el uso del fármaco, porque en la década de 1950 se pensaba que estos experimentos no eran necesarios.
La talidomida fue retirada del mercado en 1962 y se produjo un descenso a los niveles normales previos en el número de niños con focomelia. El desastre de la talidomida ha tenido un profundo efecto sobre las pruebas con medicamentos nuevos en todo el mundo. En la actualidad se prueban todos los fármacos nuevos para descartar la existencia de efectos secundarios graves durante el embarazo. También se recomienda que durante el embarazo sólo se utilicen los fármacos que lleven mucho tiempo en el mercado y que, en la medida de lo posible, las mujeres embarazadas intenten evitar cualquier tipo de medicamento durante el primer trimestre.
La talidomida es un teratógeno. La teratogénesis es el nombre que se le da a la formación de anomalías estructurales graves durante el desarrollo fetal. Los factores teratogénicos (otros ejemplos son la rubéola y los rayos X) actúan durante el periodo de la gestación denominado organogénesis, que va desde el día 17 hasta el 60 de embarazo y es el periodo en el que el embrión experimenta la organización estructural. El esqueleto y todos los órganos se forman durante la organogénesis. El tipo de malformaciones causadas por la talidomida depende del momento exacto y del número de días que se administra. Entre los días 21 y 22 de gestación la talidomida produce malformaciones en los oídos y en los nervios craneales; entre los días 24 y 27 focomelia en los brazos; entre los días 28 y 29 focomelia en los brazos y piernas; y entre los días 30 y 36 produce malformaciones de las manos y estenosis (estrechamiento) rectal. Véase Desarrollo.

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