La Paleografía





Paleografía, en sentido amplio, es el estudio y análisis de los documentos que se escribieron en las edades antigua y media. Cabe entender la paleografía de forma más restringida como el estudio de los documentos que se han escrito sobre materiales perecederos como el papiro, las tablillas enceradas, el pergamino, el cuero y el papel. En otros casos se ha limitado su campo de estudio a los testimonios escritos en griego, latín y lenguas derivadas. Está relacionada con la Epigrafía que es la ciencia dedicada a estudiar las inscripciones grabadas en piedra o metal.
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MATERIALES ANTIGUOS EMPLEADOS EN LA ESCRITURA
Sello antiguo
Durante siglos los sellos y marchamos sirvieron para garantizar tratados, intercambios y documentos. Una de las primeras formas de imprimirlos consistía en presionar sobre arcilla húmeda o cera dos piedras que tenían grabada en relieve una misma figura: una en positivo y otra en negativo, al hacerlo creaban un distintivo que era una marca reproducible. Este sello de un toro procedente de la India es una muestra característica del 2300 al 1750 a.C.

Los materiales más usados en la antigüedad fueron las tablillas enceradas, los rollos de papiro y más tarde los códices o libros de cuero. Los papiros se disponían en unas tiras de seis a nueve metros de longitud y fueron el material más empleado en la época clásica, siendo de uso común en el periodo de tiempo comprendido entre el 500 a.C. hasta más allá del 300 d.C. Presentaban algunos inconvenientes, puesto que había que enrollarlos después de cada lectura, eran de incómodo manejo y, además, el principio y el final de cada rollo solía deteriorarse con mucha frecuencia, lo que ha producido muchas lagunas y huecos en los textos de los autores clásicos.
Se sabe que en la antigua Roma se empleaba el cuero para las obras literarias desde el siglo I d.C. y que en Grecia se había usado mucho antes e incluso de una manera generalizada. En torno al siglo IV, se transfirieron a los códices los textos literarios griegos y romanos, y les dieron forma de libro imitando la configuración de las tablillas enceradas. Los códices eran más manejables y más cómodos para la consulta de obras extensas. No obstante, no se transcribió la totalidad de las obras griegas ni tampoco las de la última época anterior a Cristo, por lo que muchas no han llegado hasta nuestros días.
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LOS ESTILOS ANTIGUOS
Tanto en los rollos de papiro como en los códices, los textos en prosa se escribieron en dos columnas. Las palabras no se separaron hasta el siglo IX, aunque en algunos textos e inscripciones se utilizaron unos puntos y unas marcas que cumplían esa misión. Estas prácticas explicarían los muchos errores de transcripción que cometieron los escribanos, que solían ser personas poco cultas o descuidadas.
Durante mucho tiempo resultó complicado descifrar los manuscritos medievales como consecuencia de estos errores en las copias, así como por el uso de contracciones, abreviaturas y enlaces que se utilizaban por dos motivos, por ahorrar trabajo y por economizar materiales que eran muy caros. Rara vez se usaban las abreviaturas en los primeros manuscritos, pero con el paso del tiempo se fueron haciendo cada vez más frecuentes.
Los escribas de la antigüedad empleaban dos estilos que se conocen como escritura libraria, que se hacía a mano, y otro más rápido, también a mano, que se ha llamado cursiva documental, empleada para los documentos que no eran literarios, sino relacionados con la vida diaria. Los manuscritos que existen de los autores clásicos están escritos bajo la forma libraria o bajo una forma de influencia cursiva que se desarrolló a lo largo de la edad media.
Todos los manuscritos griegos y latinos que se escribieron en la edad antigua y en la medieval, se clasifican bien dentro de la escritura en mayúscula, esto es, de letras grandes, o en minúscula, de letras pequeñas. La escritura en mayúsculas se subdivide en: (1) capitales, ya sea en trazos cuadrados, realizados con mucho cuidado para que sus ángulos recuerden las inscripciones en piedra, o de capitales llamadas rústicas, más alargadas y de trazos oblicuos y pequeños cruces realizados con más libertad; y (2) unciales, que son las capitales modificadas por trazos curvos y ángulos, que eran más fáciles de trazar. La escritura en minúsculas es el resultado de escribir mayúsculas con rapidez y consecuencia de la influencia de la cursiva; las letras cambian de forma y se hacen más pequeñas, pero la escritura en minúsculas es diferente a la cursiva en muchos casos.
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LA ESCRITURA GRIEGA
El primer papiro griego de carácter literario es un fragmento de los Persae del poeta Timoteo, que está escrito en letras capitales, parecidas a las de las inscripciones. Los documentos precursores de la escritura uncial aparecen en el siglo I d.C., y sus características esenciales se pueden seguir en los papiros hasta los siglos VI y VII d.C. En la historia de los papiros griegos se pueden distinguir tres periodos: el tolemaico, desde el 330 hasta el 30 a.C.; el romano, desde el 27 a.C. hasta el 305 d.C., caracterizado por los trazos redondeados y adornados; y el bizantino, desde el 360 hasta la conquista de Egipto por los árabes en el año 640, caracterizado por un estilo decorativo.
Los manuscritos más antiguos son los tres grandes códices unciales de la Biblia: el códice Vaticano, el códice Sinaítico y el códice Alejandrino de los siglos IV y V. Son tres manuscritos en griego del Nuevo Testamento que están escritos básicamente en caracteres unciales y sobre unos rollos de papiro. En torno al siglo VII la escritura inclinada uncial es la más corriente; se caracteriza por los contrastes entre los trazos gruesos y los suaves, y se la conoce como uncial eslavona porque sirvió de base al alfabeto eslavo.
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LA ESCRITURA ROMANA
La paleografía latina comienza con los caracteres en mayúscula, como se comprueba en los manuscritos más antiguos que existen, caso de las obras de Virgilio de los siglos IV al V d.C.; eran caracteres capitales, cuadrados y rústicos. Tanto la forma libraria como la uncial se emplean desde el siglo V al VIII, y están presentes en las obras bíblicas y patrísticas. La forma cursiva se generalizó, y como estaba muy influida por la mayúscula libraria, se creó un estilo nuevo denominado semiuncial, que se convirtió en la forma popular libraria con sus modificaciones. Esta forma clara y hermosa influyó en la libraria medieval. A partir del siglo VII casi toda la escritura libraria era en minúsculas, resultado de una evolución de la cursiva que realizaron los copistas quienes incluyeron rasgos de la uncial y la semiuncial. Los primeros ejemplos del estilo cursivo se encuentran en los letreros de las paredes y en tablillas enceradas que se han encontrado bajo las ruinas de la ciudad de Pompeya, escritas todas ellas antes del año 79 d.C. A partir de las letras cursivas se han desarrollado las letras minúsculas y se han convertido en los llamados estilos nacionales que aparecen en la edad media, donde cada nación adoptó su propio estilo.
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EVOLUCIÓN DE LOS ESTILOS NACIONALES
Durante la edad media aparecieron siete grandes estilos caligráficos: el lombardo del sur de Italia, que se practicó en los monasterios italianos de La Cava y Montecassino; también conocido como beneventanocasiense, se empleó entre los siglos IX y XIII. El visigodo, que se utilizó en la península Ibérica entre los siglos VIII y XII. No se puede hablar de una sola forma de escritura, pues en esos momentos los árabes rigen Al-Andalus y surge una síntesis de culturas, a la que no escapa la escritura, que muestra su estilo en los manuscritos mozárabes. Aquí las letras son de menor tamaño que en la escritura uncial y semiuncial. Los códices, que son documentos históricos y textos literarios, dan lugar a toda una escuela de iluminadores o ilustradores (llamados beatos), cuya mejor expresión la representa el Beato de Liébana. Su obra Comentarios al Apocalipsis de San Juan y a la profecía de Daniel está ilustrada con gran riqueza iconográfica e incorpora una forma colorista y brillante de adornar las letras iniciales de cada sección, así como la figura humana. A partir del reinado de Alfonso X (siglo XIII) la escritura recibe la influencia francesa, nunca ausente, del estilo gótico. El llamado estilo insular, presente en Inglaterra e Irlanda es más conservador que el continental y procede de la escritura semiuncial; es de trazos angulares y fue llevada a Irlanda durante los siglos IV y V.
Durante los siglos VII y VIII, en Francia aparece el estilo precarolingio o merovingio, que se modificó durante el reinado de Carlomagno, momento en el que se presta una gran atención a la copia de manuscritos anteriores. Los copistas, que escribían sobre un pupitre, produjeron una caligrafía sencilla y muy hermosa sobre la base de las letras semiunciales que se llamó minúscula carolingia. A partir de ese momento cada nación de Europa crea su propia escritura al reformar esta grafía que todos conocían.
En el siglo XII se extiende el uso de la llamada escritura gótica, o letra negra; era una modificación de la minúscula carolingia que había sustituido las curvas de sus trazos por ángulos. De difícil lectura, no sólo por su carácter angular, sino también por el uso excesivo de contracciones y abreviaturas, aunque en otro tiempo fue la forma elegida para la imprenta, hoy apenas se usa.
El renacimiento del estilo carolingio tuvo lugar en Italia durante el siglo XIV, donde se desarrolló un estilo muy bello y regular, que condujo a la llamada caligrafía humanista del siglo XV, y que triunfó por su claridad y por haber recuperado las letras romanas de la escritura semiuncial del primer periodo. Estas minúsculas son las precursoras de las letras que hoy están vigentes.


La Puntuación




Signos de puntuación
Los signos de puntuación ayudan a comprender el valor y el sentido de las palabras, así como el significado de un texto.

Puntuación, en la escritura, uso correcto de los signos que ayudan a comprender mejor el significado del texto. Los signos de puntuación se emplean, sobre todo, para marcar el énfasis, las pausas naturales del coloquio, el tipo de oración y para hacer más fácil la lectura. La puntuación varía de una lengua a otra, y lo mismo ocurre con la preferencia que muestran los escritores por unos u otros signos dentro de un mismo texto. Aun cuando quepan diferencias estilísticas, siempre hay unas normas que se cumplen y que aseguran la inteligibilidad del discurso. En la actualidad existe la tendencia a simplificar el empleo de los signos de puntuación. Las principales normas que rigen el empleo de los signos de puntuación en español son las siguientes:
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EL PUNTO (.)
Se emplea para indicar el final de una oración, simple o compuesta, y para marcar los millares en las cantidades, como en 15.754.000, aunque se omite en la transcripción de los años, como en el caso de 1492. También se emplea cuando se escriben numéricamente las fracciones de una determinada hora: son las 12.45, por ejemplo. Siempre se coloca detrás de las iniciales, como en Federico G. Lorca, y en las abreviaturas, aunque no es frecuente en el caso de los acrónimos y siglas: SIDA, OTAN.
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LA COMA (,)
Indica una pausa pequeña en el interior de una oración. Separa las categorías léxicas que poseen la misma condición sintáctica, salvo que vayan precedidas de las conjunciones y, o, ni: Los sentidos son vista, oído, tacto, gusto y olfato. Cuando la información principal se interrumpe momentáneamente con otra más breve, ésta se separa por medio de comas. No debe separarse por comas el sujeto del predicado en una oración.
Cuando se coloca al principio de la oración un elemento que debe ir detrás, como los complementos del verbo o una oración subordinada, se pone una coma al final del elemento que se anticipa, por ejemplo: Una vez descubiertos los mensajeros por César, mandó que sus emisarios fueran a su encuentro. Se puede omitir si el elemento anticipado es material léxico breve o de poca entidad como: En 1492 Colón descubrió América; aunque se incluye para enfatizar: En 1492, Colón descubrió América.
Es obligatorio su uso ante cualquier oración subordinada que anteceda a la principal, ante las subordinadas consecutivas (véase Oraciones adverbiales o circunstanciales) y entre las siguientes expresiones: por tanto, por consiguiente, ahora bien, sin embargo, no obstante y algunas más del mismo tipo. También se emplea para escribir cantidades decimales transcritas en cifras como 0,075, es decir, setenta y cinco milésimas.
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EL PUNTO Y COMA (;)
Indica una pausa menor que el punto pero mayor que la coma. Se emplea cuando se quiere separar los miembros de una enumeración larga que ya incluye comas porque contiene información adicional, como el enlace de una serie de oraciones coordinadas dentro de una misma oración. También cuando la oración siguiente es explicación de la anterior o de uno de sus elementos: Dio la victoria a su equipo en el último segundo; y así surgió su fama.
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LOS DOS PUNTOS (:)
Significan la pausa que se establece para explicar cuanto sigue. Se emplea para repetir exactamente lo dicho por alguien y ante una enumeración completa y pormenorizada.
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LOS SIGNOS DE INTERROGACIÓN (¿ ?)
Expresan una información requerida directamente y engloban el objeto de la pregunta. Se coloca uno al principio y otro al final. En otras lenguas sólo existe un único signo, el final, porque el comienzo viene fijado por una alteración sintáctica que el español no precisa, de ahí la necesidad del signo inicial.
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LOS SIGNOS DE ADMIRACIÓN (¡ !)
Son los signos gráficos que encierran una información que significa emoción, sentimiento o sorpresa. Como en el caso de la interrogación, hay un signo inicial y otro final.
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EL APÓSTROFO (´)
Es un signo que no pertenece al inventario de la escritura en español. Se emplea para las transliteraciones de otras lenguas, como por ejemplo para señalar la elisión en francés o el genitivo sajón del inglés. En algunos textos matemáticos indica que cuanto le sigue es un número decimal, como 0’075.
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EL GUIÓN (-)
Sirve para separar las dos partes de una palabra compuesta que aún no está gramaticalizada en la lengua, como por ejemplo chino-estadounidense. Se emplea en la escritura para separar las sílabas de una palabra que no caben en una misma línea, aunque los medios electrónicos de impresión resuelven este problema por procedimientos automáticos.
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EL GUIÓN LARGO O RAYA (—)
Es un signo tipográfico algo más largo que el guión convencional que sirve para encerrar una información adicional dentro de una cláusula y de mayor extensión que la que admite el material encerrado entre comas. Es un procedimiento muy utilizado en el lenguaje periodístico.
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LAS COMILLAS (“ “)
Son los signos que anteceden y cierran una cita exacta; también se incluye entre comillas los nombres de canciones, poemas, cuentos que forman parte de un cancionero, disco o libro.
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EL PARÉNTESIS [()]
Equivale, en el lenguaje de la retórica, a la llamada digresión. Se emplea para aislar una información adicional que está relacionada con el tema principal que se está tratando. Así, suelen incluirse entre paréntesis las fechas de nacimiento y muerte de alguien en una cita: Miguel de Cervantes (1547-1616); la provincia o unidad administrativa a la que pertenece un municipio: Suances (Cantabria), y otros casos semejantes. Su uso es análogo al del guión largo.
Se emplea también el paréntesis cuando hay una acotación más importante que a su vez contiene otras menores.
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LOS CORCHETES ([ ])
Indican un paréntesis especial y se emplean para contener paréntesis, signos y fórmulas de otros sistemas de escritura, como los símbolos químicos, los del alfabeto fonético, una expresión matemática que lleva además funciones expresadas por medio de paréntesis y otras marcas técnicas o científicas como el lenguaje lógico.
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LOS PUNTOS SUSPENSIVOS (...)
Son tres y expresan los términos no incluidos que forman parte de una enumeración. También expresan la elipsis o el anacoluto en un relato (véase Figuras retóricas). Siempre señalan una pausa.


La Ortografía




Ortografía, palabra derivada del griego órthos, correcto, y graphé, escritura, designa la parte de la gramática que fija el uso correcto de las letras y de los signos gráficos en la escritura de una lengua cualquiera en un tiempo concreto.
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ALFABETO Y FONÉTICA
La escritura alfabética es en su origen una escritura fonética, aunque no existe alfabeto alguno que sea una representación exacta de su lengua. Incluso en el caso del español, que es junto al alemán una de las lenguas que mejor representa su fonética, existen 28 letras para representar sus 24 fonemas básicos. Esto demuestra que un solo fonema puede escribirse con más de una letra, como el palatal /y/, que se puede escribir según las normas ortográficas con la letra y o con el dígrafo ll; el fonema velar /x/, que se escribe por medio de las letras g o j (y en México también x); o el fonema /s/ que para los hispanoamericanos en general se escribe con las letras c, s y z, y en algunas palabras de origen náhuatl (véase Lenguas aborígenes de Hispanoamérica) con la letra x. En otras lenguas el desajuste entre la fonética y la ortografía es mayor, como por ejemplo en el caso del inglés, donde sólo un 25% de las palabras se escriben siguiendo una adecuación fonética. Además, hay que tener en cuenta que la pronunciación de una lengua varía de forma notable tanto en el espacio, por lo que aparecen los dialectos, como en el tiempo. Por otro lado, algunas normas ortográficas son de origen gramatical y no fonético, como por ejemplo el escribir con mayúscula cualquier nombre propio, o escribir n ante f o v. Esta exigencia gramatical se aplicará incluso a los neologismos que puedan entrar en la lengua. Con respecto al uso de las mayúsculas, en la lengua alemana éstas son normativas también para los nombres comunes. En el campo de la creación literaria surgen ‘heterodoxos’ de la escritura como Bertolt Brecht, quien escribe su Diario de trabajo usando sólo minúsculas. En España, Juan Ramón Jiménez propuso usar sólo la j para representar el fonema /x/.
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ORTOGRAFÍA Y LENGUA COMÚN
La ortografía no es un mero artificio que pueda modificarse con facilidad. Un cambio ortográfico representa una alteración importante para una lengua. La ortografía es el elemento que mantiene con mayor firmeza la unidad de una lengua hablada por muchas personas originarias de países muy alejados. Esto ocurre con el español, el árabe, el inglés o el francés, por poner algunos ejemplos. Si la ortografía cambiara para ajustarse sólo a criterios fonéticos, el español podría fragmentarse en tantas lenguas como regiones del mundo donde se habla, pues poseen algunos hábitos articulatorios diferentes y, si se representaran en la escritura, aparecerían con el paso del tiempo graves problemas de incomunicación por falta de un código común comprensible para todos. La ortografía no es sólo un hecho estrictamente gramatical, sino que también obedece a motivos claramente extralingüísticos.
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ETAPAS DEL ESPAÑOL ESCRITO
En la escritura del español se observan tres grandes etapas, que coinciden en términos generales con los tres periodos de su evolución histórica. Los primeros documentos que se escriben en castellano no se ajustan a una única norma ortográfica, porque no existía, pero a partir del reinado de Alfonso X sí se detecta una cierta uniformidad; ésta es quizás la escritura más fonética de la historia del idioma, porque intenta reproducir las creaciones recientes de una lengua que pugna por ocupar el lugar del latín como lengua culta. Por ejemplo, en la grafía medieval tienen su lugar consonantes hoy desaparecidas: ss, que correspondería a un sonido sordo de [s] en posición intervocálica, ç para un sonido [ts], que desapareció siglos después y algunos otros.
En el siglo XV Nebrija escribe su Gramática de la lengua castellana y fija en ella la primera norma ortográfica que reproduce y retoca el humanista Gonzalo Correas en el siglo XVII, estipulando que la diferencia entre b y v es sólo ortográfica pero no fonética. De acuerdo con ella, se publican y editan los textos del siglo de Oro.
Los cambios fonéticos de la lengua hablada, que se habían iniciado con el desarrollo y expansión de la lengua española por el mundo, habían concluido y se hacía necesaria una nueva norma ortográfica que los fijara y divulgara a regiones tan extensas como alejadas: por esta razón en 1741 la Real Academia Española publica la Ortographía (en la segunda edición, de 1752: Ortografía) que permanece prácticamente en vigor hasta el siglo XX. En el año 1959 la Academia publica las Nuevas Normas de Prosodia y Ortografía que se distribuyen por las estaciones de radio, por las redacciones de los periódicos y se pactan con las otras academias de la lengua del continente americano, lo que garantiza su cumplimiento y asegura un único criterio para la lengua literaria impresa. Aquí reciben el mismo tratamiento tanto las normas referidas a la escritura de las palabras como las referidas a los demás signos que necesita la escritura. En 1999, la Real Academia Española publica la Ortografía de la lengua española, edición panhispánica revisada por las diferentes academias de la Lengua. Entre otras novedades de esta edición, se encuentra la que admite no acentuar gráficamente formas verbales como ‘fie’, ‘hui’, ‘riais’ y en sustantivos como ‘guion’ o ‘Sion’. La razón es que, aunque la pronunciación parezca indicar hiato, en realidad se trata de diptongos o triptongos y, por tanto, responden a la norma general acerca de la acentuación de los monosílabos. La observación no excluye mantener “las reglas de ortografía anteriores a estas, si quien escribe percibe nítidamente el hiato y, en consecuencia, considera bisílabas palabras como las mencionadas” (véase Diptongos, triptongos e hiatos).
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OTRAS LENGUAS
Noah Webster
La obra de Noah Webster, An American Dictionary of the English Language (1828), fue el diccionario más amplio y con mayor cantidad de vocablos de su tiempo. Fue también el primer diccionario que diferenció el uso estadounidense del inglés.

En otras lenguas, las reformas ortográficas proceden también de hechos relacionados con los cambios fonéticos y gramaticales que cada una sufre a lo largo de su historia; así, el holandés, el francés o el noruego, por citar algunos ejemplos, han sufrido recientes reformas ortográficas que han patrocinado sus gobiernos respectivos, porque durante el siglo XX todas las lenguas adoptan préstamos procedentes de la revolución tecnológica, informativa y científica, están en contacto y se hace necesario fijar con nitidez las características peculiares de cada una. No hay que olvidar, no obstante, la presión ejercida por el inglés, que se está consagrando como una auténtica lengua franca. En esta lengua, la obra de Noah Webster consagró los usos del inglés de Estados Unidos y con ello sus cambios ortográficos frente a las escrituras del inglés europeo. En el caso del francés, la primera fijación de la ortografía coincide también con el siglo XVII y es resultado de la fundación de la Academia Francesa por el cardenal de Richelieu, que fijó y consagró de forma oficial el uso y las normas de la lengua culta. A finales del siglo XVIII había tanta diferencia entre la lengua culta y la popular, que los revolucionarios franceses podían descubrir la condición de los nobles a través de su pronunciación del diptongo oi, correspondiente al fonema /e/ en la lengua culta y al fonema /wa/ en la vulgar y popular. Se impuso por razones políticas este valor fonético, sin que ninguna reforma ortográfica posterior lo haya recogido.
Como queda demostrado, la ortografía no es tan arbitraria como parece y responde no sólo a la representación fonética, sino que, sobre todo, supone un elemento de cohesión que fija una norma escrita única en las lenguas comunes a países diferentes.


La Escritura




Escritura pictográfica
La escritura pictográfica, en la que se usan dibujos para representar objetos, se asocia comúnmente con los jeroglíficos egipcios, pero no es exclusiva del alfabeto de este pueblo.

Escritura, método de intercomunicación humana que se realiza por medio de signos gráficos que constituyen un sistema. Un sistema de escritura puede ser completo o incompleto; es completo el que puede expresar sin ambigüedad todo lo que puede manifestar y decir una lengua determinada por medio de la oralidad.
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SISTEMAS INCOMPLETOS
Los sistemas incompletos se usan para anotaciones, o son mecanismos mnemotécnicos que recuerdan hechos significativos o expresan significaciones generales. Estos sistemas, que también reciben el nombre de subescrituras, incluyen la escritura pictórica (o pictografía), la ideográfica y la que usa objetos marcados y no marcados, como mecanismos mnemotécnicos. Estos sistemas se caracterizan por una gran ambigüedad, dado que no existe correspondencia entre los signos gráficos y la lengua que tratan de representar. La finalidad de un pictograma, un ideograma o un objeto es la de traer a la mente una imagen o una sensación que antes se ha expresado por medio de la lengua oral. Éste y no otro era el procedimiento que seguía la escritura pictórica de algunos pueblos indígenas norteamericanos antes de la colonización, donde cualquiera puede leer aunque no conozca la lengua. De todas maneras, si se trata de interpretar la escritura de un sistema incompleto sin tener conocimiento previo de esa cultura, se corre el peligro de no comprender íntegramente su significado, o de realizar una interpretación errónea. Los pictogramas son los sistemas de escritura más primitivos.
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SISTEMAS COMPLETOS
Un sistema completo es aquel que es capaz de expresar en la escritura todo cuanto formule su lengua. Se caracterizan por una correspondencia más o menos estable entre los signos gráficos y los elementos de la lengua que transcriben. Tales elementos pueden ser palabras, sílabas o fonemas (unidad mínima de una lengua que distingue una realización de otra). Así pues, estos sistemas se clasifican en ideográficos (también llamados morfemáticos), silábicos y alfabéticos. Dado que cada signo gráfico representa un elemento de la lengua, hace falta conocer esa lengua para comprender el significado de lo que escribió su autor. Ahora bien, eso no significa que un sistema de escritura esté ligado únicamente a una sola lengua; de hecho, son fácilmente transferibles de una lengua a otra. Lo único que significa es que, a diferencia del pictográfico, ningún sistema completo puede leerse si el lector no comprende la lengua que allí está representada.
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SISTEMAS IDEOGRÁFICOS O MORFEMÁTICOS
Se caracterizan porque sus signos, que se llaman ideogramas, representan palabras completas. En algunas ocasiones los signos representan toda una serie de palabras derivadas, y en otras un solo signo representa varias palabras separadas y distintas. En un sistema ideográfico puro estas ambigüedades quedan sin resolver. Sin embargo, para deshacerlas existen unos signos determinados que aseguran la lectura correcta. Esos signos se usan como indicadores fonéticos y semánticos, y se suelen llamar complementos fonéticos y determinativos. Los determinativos son los que indican la clase o la categoría gramatical a la que pertenece la palabra que representa el ideograma. Los determinativos son también ideogramas, pero no se leen, sino que sirven para expresar una clase semántica, como dioses, países, pájaros, peces, verbos de acción, verbos que significan proceso, objetos de madera, de piedra, y así sucesivamente. Los complementos fonéticos tienen un uso parecido, pero muestran de forma más específica cómo se pronuncia toda o parte de la palabra que representa el ideograma. Por ejemplo, dentro de la escritura del español, el ideograma 2 se lee dos. Sin embargo, cuando se escribe el ordinal, hay que añadir el complemento fonético o y el ideograma más el complemento 2.º, se lee segundo, si el complemento fonético se combina con el determinativo que expresa femenino ª, el logograma se transforma en 2.ª y se lee segunda. En este ejemplo se emplean los signos con una finalidad fonética (y no ideográfica). En otras palabras, el signo º funciona no para traer a la mente una idea y la palabra con la que se asocie, sino que trae a la mente un sonido que forma parte de la palabra representada por el ideograma completo. Los indicadores fonéticos surgen a partir de unos ideogramas que tuvieron el mismo significado que el sonido que representan. A este procedimiento se le llama transferencia fonética. Los indicadores fonéticos tampoco se leen, sólo sirven para facilitar la lectura de los ideogramas básicos.
Se ha visto hasta aquí un sistema en el que los elementos de una lengua se representan únicamente por medio de ideogramas. Ahora bien, esta escritura resulta adecuada para muchos nombres y verbos simples y primitivos, pero no para los adjetivos y los adverbios que suelen ser palabras derivadas, ni tampoco para los pronombres o los nombres propios, y mucho menos puede representar los matices que añaden las terminaciones de caso o de la conjugación verbal. Por lo tanto, según lo que se definió anteriormente, no es un sistema de escritura completo ya que no transcribe todo lo que expresa su lengua. En resumen, si no cumple con este requisito, un sistema ideográfico no será completo, por mucho uso que haga de los indicadores semánticos y fonéticos.
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SISTEMAS SILÁBICOS
Para superar las deficiencias de la escritura ideográfica, se empleaba el principio de transferencia fonética. Cuando se utilizan signos que representan sonidos, sílabas en este caso, se pueden escribir todas las palabras que no era posible representar con la escritura ideográfica. Además, cuando se añaden los signos silábicos a las raíces, es posible representar morfemas, es decir las terminaciones de caso o las de la conjugación verbal. Hay que destacar que deben leerse e interpretarse porque son elementos de la lengua escrita, frente a los indicadores fonéticos.
Un sistema mixto, el ideosilábico, es el primer paso para uno completo. Una vez alcanzada la capacidad para expresarlo todo, el problema se plantea ante la disyuntiva de reducir la ambigüedad o hacer más económico el sistema de escritura (número de signos necesarios para escribir cualquier realización). El problema reside en que se requiere un elevado número de signos, porque el número de palabras que tiene una lengua es también elevado. El segundo paso consiste en reducir el número de signos imprescindibles, que se puede conseguir si se agrupan en uno solo todas las palabras de significado parecido, o en emplear el mismo signo para palabras distintas, pero aun así, este sistema necesita unos quinientos o seiscientos signos. Además, la ambigüedad es mucha, a menos que se empleen indicadores, lo que significa sacrificar su ventaja principal, que consiste en tener menos signos por cada realización. Por otro lado, el número de signos que precisa un sistema silábico puro pocas veces supera los doscientos. Frente a la escritura ideográfica, la silábica ofrece una ventaja adicional; no hay que interpretarla puesto que las palabras se escriben sin ambigüedad fonética. La desventaja consiste en que, de promedio, el sistema necesita más signos para escribir cada realización. En su forma más sencilla, un sistema silábico está formado por signos de vocal más consonante y signos para las vocales aisladas.
El siguiente paso consiste en reducir la lista de sílabas a signos que representen sólo consonante más vocal, sin diferenciar las vocales. Así se equipara el número de signos al número de sonidos consonánticos de la lengua, pero se aumenta la ambigüedad, porque el lector debe suplir el sonido vocálico correcto. Dado que se trata de escribir sílabas, los signos necesarios para escribir cada realización son tantos como los de la escritura silábica pura, que además expresa cada una de las vocales. El sistema silábico reducido necesita muchos menos signos y cada uno puede ser más sencillo. Sin embargo, mucha gente considera que esta forma de escribir es un sistema alfabético, o más adecuadamente semialfabético, puesto que no indica cada fonema aislado.
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SISTEMAS ALFABÉTICOS
El último paso hacia una escritura completamente alfabética consiste en escribir por separado los sonidos vocálicos y los consonánticos, lo que precisa de unos cuantos signos más, pero elimina la ambigüedad de tener que suplir las vocales al leer. Por tanto hay más signos para escribir cada realización, aunque el sistema completo necesite menos signos y más sencillos. Puesto que cada uno representa un fonema, la palabra así escrita es su transcripción fonética y no hay que sustituir ningún sonido al leerla. Véase Alfabeto.
Estos sistemas trazan la teoría y los procedimientos de escritura, pero hoy por hoy no existen sistemas de escritura que sean una forma pura. Existen elementos de uno y otro tipo incorporados a alguna de las formas que conocemos; un ejemplo de ello es el número de logogramas que son necesarios en los modernos sistemas alfabéticos.
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HISTORIA DE LA ESCRITURA
De la invención de la escritura al libro
El proceso que ha conducido de la tabla de arcilla de Mesopotamia al libro impreso moderno es un recorrido fascinante y lleno de sorpresas que se articula en torno al desarrollo de las grafías, el tipo de instrumentos y soportes empleados en la escritura, y la evolución del libro como objeto a lo largo de su historia.

Los sistemas de escritura tienden a ser conservadores, incluso no faltó en sus orígenes la atribución de ser un regalo de los dioses. Todo cambio o modificación ortográfica plantea grandes dudas, e incluso en los congresos de lingüistas que se plantean la necesidad de reformar la ortografía para eliminar pequeñas incoherencias, existen grandes resistencias para llevar a cabo estas reformas, y es difícil llegar a acuerdos y compromisos. Dado este grado de conservadurismo, la sustitución o las mayores innovaciones de la escritura sólo tienen lugar cuando un pueblo se la presta a otro porque lo domina o lo coloniza. Por ejemplo, los acadios adaptaron a su propia escritura la parte silábica del sistema sumerio que era ideosilábico; no obstante mantuvo sus propios ideogramas y los empleó como si fueran un sistema de taquigrafía (véase Lengua sumeria). Cuando los hititas adoptaron el sistema acadio, eliminaron los signos silábicos ambiguos, es decir, los homofonémicos o sus contrarios, polifonémicos, así como también muchos ideogramas sumerios, pero conservaron la ortografía silábica de los acadios (véase Lengua hitita).
Los moais de la isla de Pascua
La isla de Pascua alberga esculturas gigantes (denominadas moais por los habitantes de la isla) y otros restos arqueológicos de origen desconocido. En estas moles escultóricas hay grabadas unas inscripciones, que combinan quinientos signos, todavía sin interpretar.

El primer escrito que se conoce se atribuye a los sumerios de Mesopotamia y es anterior al 3000 a.C. Como está escrito con caracteres ideográficos, su lectura se presta a la ambigüedad, pero está presente el principio de transferencia fonética y se puede rastrear su historia hasta averiguar cómo se convirtió en escritura ideosilábica. En el caso de los egipcios se conocen escritos que proceden de unos cien años después y también testimonian el principio de transferencia fonética (véase Lengua egipcia; Jeroglíficos). Puede que la evolución de la escritura egipcia respondiera al estímulo de la sumeria.
Casi a la vez, en Elam se desarrolló la llamada escritura protoelamita. Todavía no ha sido descifrada y no se puede decir gran cosa sobre ella excepto que es ideosilábica y el número de signos que tenía. Algo después, surgieron también sistemas ideosilábicos en el Egeo, Anatolia, el valle del Indo y China (véase Lengua china). Otros pueblos tomaron sus silabarios para escribir sus propias lenguas. En la última mitad del segundo milenio antes de Cristo los pueblos semíticos que vivían en Siria y Palestina tomaron el silabario egipcio bajo la forma más sencilla y reducida (esto es, los signos de consonante más cualquier vocal), y abandonaron sus ideogramas y su silabario complejo (véase Lenguas semíticas). Este nuevo silabario estaba prácticamente hecho, porque los egipcios nunca escribieron vocales. El primer documento de escritura semialfabética se ha encontrado en las inscripciones conocidas por protosinaíticas, que están fechadas en torno al 1500 a.C. Otro sistema de escritura parecido data del 1300 a.C., y se ha encontrado en la costa norte de la actual Siria, en Ugarit, pero en este caso los caracteres de la escritura eran unas cuñas como las de la escritura cuneiforme de Mesopotamia. En toda la zona se escribía de forma parecida y fueron los griegos quienes tomaron su escritura de los fenicios. Dieron el último paso, pues separaron vocales de consonantes y las escribieron por separado; así se llegó a la escritura alfabética en torno al 800 a.C. (véase Lengua griega). Todavía no se ha alcanzado una escritura alfabética tal y como aquí se ha descrito al definirla como un sistema completo.


El Yeísmo




Yeísmo, pronunciación de la y en lugar de ll. Se trata de una tendencia fonética natural que convierte un fonema palatal lateral sonoro en el palatal central correspondiente. En su origen surge como resultado de relajar la pronunciación lateral por la central, más sencilla. Es un hecho de larga tradición en español, muy extendido y no proscrito. En España, las zonas más yeístas son Madrid, Castilla-La Mancha, Extremadura, Andalucía y Canarias, aunque cada vez aparecen más zonas contagiadas por la norma no distinguidora. En las zonas bilingües más conservadoras, que mantienen en las dos lenguas la distinción ll frente a y, hay una mayor resistencia al yeísmo, como ocurre en Álava, Lérida, Baleares o algunas regiones gallegas. En América aparece la distinción de forma restringida y el yeísmo es lo más extendido.
Existen otras variedades de pronunciación de la y como el africado sordo, parecido al sonido que se representa por la letra ch, tal y como se da en las provincias de Toledo, Ciudad Real y en el este y sur de Extremadura. En Argentina, Uruguay o Chile es africado sonoro y tiene una especial tensión articulatoria. El yeísmo es sólo fonético, pero no ortográfico. Véase también Y.


Ceceo y seseo




Andalucía
Los habitantes de Andalucía suelen sesear al hablar, es decir, pronuncian la z, o la c ante e, i, como s.


Ceceo y seseo, fenómenos fonéticos que se producen en determinadas zonas donde se habla español y consisten en una pronunciación alterada de la z y la c (de cecina) con la s.
Existe seseo cuando se pronuncia /s/ en lugar de /θ/. En esos casos se conserva la ortografía del fonema, es decir, z ante a, o, u, y c ante e, i, pero no se emite en la lengua hablada. Junto a ello existe una alteración en la emisión de la s, que deja de ser ápico-alveolar para pasar a ser predorsal. Dada la extensión de la pronunciación seseante, ha dejado de ser considerada como errónea o dialectal, ya que sería más sencillo marcar las zonas no seseantes del dominio lingüístico hispano y que corresponderían a las dos Castillas, Madrid, algunas zonas catalano-hablantes, Asturias, Cantabria y el País Vasco. En el resto de los países y comunidades donde se habla español, incluidas las de Hispanoamérica, existe el seseo, aunque no sea la norma dominante.
El ceceo consiste en pronunciar la /θ/ por la /s/. En este caso varía la pronunciación de la z, que no es interdental, sino que la punta de la lengua se apoya sobre los incisivos inferiores. Este fenómeno está poco extendido y no se considera correcto. Pertenece a algunas zonas de Extremadura y Andalucía. Es también un rasgo de la lengua hablada pero no escrita. Los hermanos Álvarez Quintero utilizaron ambos fenómenos en sus obras de teatro costumbristas andaluzas para caracterizar a algunos de sus personajes.


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