El Texto dramático




Lope de Vega
El dramaturgo español y creador del teatro nacional, Lope de Vega (1562-1635), abruma en su grandeza; Miguel de Cervantes le llamó "monstruo de la Naturaleza" con cierta envidia y desprecio aunque también reconoció que había logrado "el cetro de la monarquía teatral". La fecundidad literaria de Lope de Vega es impresionante; cultivó todos los géneros vigentes en su tiempo, dando además forma a la comedia. Escribió unas 1.500 obras teatrales, muchas de ellas perdidas, entre las que se encuentran auténticas joyas de la literatura universal como El caballero de Olmedo. El fragmento leído corresponde al final del acto III, cuando Tello encuentra a su señor moribundo.

Texto dramático, escrito cuya finalidad es convertirse en espectáculo y ser representado ante un público. En él se recogen los diálogos que deben ejecutar los actores y las didascalias o acotaciones que sirven para organizar la puesta en escena. Por lo común, en las acotaciones aparecen detallados el tono y ritmo de los parlamentos, los gestos y movimientos de quienes componen el reparto, la estructura espacio-temporal de la pieza, las cualidades y modificaciones del decorado, el vestuario, el maquillaje, los efectos sonoros y la iluminación.
Esa división convencional entre diálogos y didascalias no es una regla fija. Hay piezas protagonizadas por un solo personaje donde no hay diálogo, sino monólogo. Asimismo hay textos que carecen de acotaciones, si bien tal apreciación suele olvidar que los nombres de los personajes también corresponden a la parte didascálica del texto.
2
ESTRUCTURA DEL TEXTO DRAMÁTICO
La construcción del texto dramático se plantea mediante una secuencia de unidades, delimitadas generalmente por un intervalo en la representación, especificado en el escrito. Siguiendo un esquema general, las unidades textuales básicas en el teatro occidental (véase Teatros del mundo) son los actos, las escenas y los cuadros. Su número y disposición han ido variando a lo largo de la historia.
La escena es un fragmento de la pieza teatral determinado por la salida o entrada de los personajes en el espacio escénico. De este modo, el momento que delimita una escena puede ser aquel en que alguno de los actores hace mutis o se incorpora a la acción. No obstante, esa división es rechazada por algunos autores que fijan el cambio de escena de acuerdo con el desarrollo de la acción dramática, sin tener en cuenta los movimientos del grupo de intérpretes. En cualquier caso, a la hora de definir esta unidad en el teatro clásico, se suele aludir a una configuración determinada de personajes.
Compuestos en general por una sucesión de escenas, los actos quedan separados por un descanso (entreacto), indicado habitualmente con un oscuro, una bajada de telón o un signo similar. Este fraccionamiento interno del texto dramático puede atender a un clímax en el desarrollo de la acción o a un cambio de escenario.
Un cuadro, compuesto para reflejar cierta actitud temática o estética, se diferencia del cuadro precedente por un cambio escénico, realizado ocasionalmente a la vista de los espectadores. Autores como Bertolt Brecht privilegiaron la idea de un cuadro entendido como sistema autónomo cuya peculiaridad ha de ponerse de manifiesto cuando el texto es representado.
3
TEXTO Y REPRESENTACIÓN
En líneas generales, un texto teatral se caracteriza por el uso del diálogo, escrito en prosa o verso para producir el efecto de una conversación real. Su naturaleza es literaria y perdurable frente a la teatralidad propia de la representación, siempre pasajera. A diferencia de la obra textual, plenamente lingüística, la representación ofrece un juego de signos verbales y no verbales (visuales, proxémicos, acústicos, musicales) que por escrito se reducen a didascalias. En esta línea semiológica, Anne Ubersfeld considera que un texto de teatro 'se dice diacrónicamente y su lectura es lineal, en contraste con el carácter materialmente polisémico de los signos de la representación'. De ahí que, a su juicio, la percepción de lo representado suponga en el espectador 'la organización espacio-temporal de signos múltiples y simultáneos'.
Tal estructura de signos plantea una diferencia entre el texto del autor y el texto del director, puesto que el responsable de la escenificación debe traducir las didascalias, formulando cuanto éstas no aclaran. Su cualidad mediadora entre la obra y los receptores (reparto y público) subraya la potencia de sentido del texto, escrito en función de su puesta en escena.
Cuando en 1969 Tadeus Kowzan detalló los trece sistemas de signos que operan en la representación, quedó de manifiesto que el primero de ellos, la palabra, correspondía al texto dramático. Su descodificación se concreta en el ejercicio interpretativo de los actores, protagonistas de un conjunto también caracterizado por la visualidad, la plástica y el dinamismo.
4
EVOLUCIÓN DEL TEXTO DRAMÁTICO
Aristófanes
El dramaturgo ateniense Aristófanes escribió comedias satíricas que han mantenido su popularidad a través de los siglos. Fue autor de más de 40 obras, de las que sólo se conservan 11.

A la hora de proponer una trayectoria del texto teatral, los historiadores hallan los documentos más antiguos en la cultura helénica. En síntesis, las manifestaciones teatrales griegas tuvieron su raíz en un tipo de ceremonias que reactualizaban la esencia del mito. El cambio en el lenguaje y la progresiva articulación de las secuencias aparecen unificados en una línea común que arranca en el ditirambo (véase Teatro y arte dramático) y acaba en el primer desdoblamiento entre las voces del coro y su corifeo. La Poética (330 a.C.), de Aristóteles, propuso un primer análisis de la tragedia, género que experimentó una serie de cambios en su estructura y reparto cuando Esquilo introdujo el segundo actor y Sófocles aumentó el número a tres. Otro cambio decisivo en el texto se dio en Roma, donde Livio Andrónico suprimió el coro.
Máscaras de la Commedia dell'arte
Las máscaras que vemos en este cuadro cubren la mitad del rostro y eran utilizadas por los actores de la Commedia dell’arte, forma teatral italiana muy popular durante el siglo XVI en la que los personajes y sus caracterizaciones eran muy exagerados.

Lejos de aquella experiencia, la liturgia eucarística altomedieval derivó hacia formas teatrales articuladas. Tiempo después, la preceptiva dramática del Renacimiento elaboró y enriqueció la teoría aristotélica de las tres unidades (acción, tiempo y lugar, de las que Aristóteles sólo abordó la primera). En todo aquel ejercicio tentativo sobre el texto, el canon popular acabó siendo utilizado como medio para remodelar el género clásico. No obstante, la presencia textual fue menor en prácticas como la Commedia dell'arte, en las cuales la improvisación del actor modificaba de forma substancial las sinopsis argumentales.
Pedro Calderón de la Barca
El dramaturgo español Pedro Calderón de la Barca (1600-1681) es el máximo representante del auto sacramental, una representación dramática alegórica sobre la Eucaristía, en la que se dramatizan conceptos abstractos de la teología católica convirtiéndolos en personajes, para que al público le resulten más concretos. En escena aparece Dios, la Discreción, la Hermosura y otros entes abstractos. Escribió unos ochenta, entre los más conocidos se encuentra El gran teatro del mundo. Un actor recita un fragmento del conocido monólogo de Segismundo en La vida es sueño.

Los autores del Siglo de Oro español propugnaron una construcción del texto en tres jornadas o actos. Característico del barroco, un progresivo desequilibrio entre texto y representación es la nota común en este tipo de planteamientos escénicos. Escritas en verso, muchas veces por razones mnemotécnicas, aquellas obras mostraban una claridad en el lenguaje a veces oscurecida por efectos de intertextualidad, pues el autor daba por supuesta la comprensión de alusiones bíblicas o mitológicas.
Escena de Kokusenya Kassen
Este grabado de Utagawa Toyokuni ilustra una escena de la obra Kokusenya Kassen, escrita por el dramaturgo japonés Chikamatsu Monzaemon, uno de los más grandes autores de teatro kabuki. Ideada originariamente para el sofisticado teatro joruri de marionetas, fue estrenada con gran éxito en 1715 y un año después fue adoptada por el kabuki.

Frente a la propuesta hispánica, los autores del teatro isabelino se inclinaron por una división del texto en cinco actos. Con esta premisa, los dramaturgos ingleses recurren a cinco vías para estructurarlo: 1) concentran en un personaje el interés del drama; 2) adoptan un enredo menor; 3) juegan con tramas compuestas; 4) proponen un drama dentro del drama; y 5) consiguen crear un clima de suspense, mediante escenas estáticas que anticipan una rápida resolución. Esa estructura, resumida por Marcello Pagnini, permite adivinar un talante normativo que no será exclusivo de los textos británicos.
Henrik Johan Ibsen
El realismo y el simbolismo constituían las características principales de la obra de Henrik Ibsen, dramaturgo y poeta noruego del siglo XIX que se apartó de los temas románticos característicos de la época. Hoy está considerado como uno de los fundadores del teatro moderno.

El siglo XVII fue el primer periodo de apogeo del teatro kabuki en Japón. Al tener que ocupar programas de hasta quince horas, los autores optaron por una división del texto principal que permitiese la inclusión de piezas complementarias. Al igual que en el teatro isabelino, la estructuración textual delataba una serie de momentos bien consolidados, acordes con el género de la pieza. Destacaban entre ellos la escena en el palacio imperial (goten), el suicidio (seppuku), el sacrificio infantil (migawari) la escena de lamento (kudoki), la escena de amor (nureba), la muerte de los amantes (shijû) y la escena de asesinato (koroshiba).
El teatro neoclásico francés del siglo XVII siguió la regla de tres unidades. Las cualidades de este modelo fueron defendidas en 1666 por el inglés John Dryden, al establecer sus teorías sobre el verso en el drama. Posteriormente, las discusiones alrededor del modelo textual se enriquecieron con nuevos esfuerzos. Ya en el siglo XVIII, Denis Diderot defendió la naturalidad en los textos: 'La bufonada, como lo misterioso en grado sumo, está fuera de la naturaleza. Tanto una como otra forma teatral desfiguran la realidad mientras que el drama burgués, de modo veraz y fiel, refleja la vida diaria, real'. Esta formulación servía de precedente a un debate, el del teatro realista y naturalista, que tomó consistencia a mediados del XIX. Coincidía además con el debilitamiento progresivo de la estructura del texto en actos.
Típica de la época, la pieza bien construida (pièce bien faite) era un tipo de texto complaciente con el gusto popular. Entre quienes desdeñaron ese tipo de escritura teatral, destaca el noruego Henrik Ibsen, cuyos efectos dramáticos ahondaron en una línea objetiva que también exploraron Strindberg y Chéjov.
La primacía del texto fue controvertida por una larga sucesión de planteamientos teóricos, establecidos por autores como Stanislavski, V. C. Meyerhold y Brecht. Corrientes novedosas, como el teatro del absurdo, propiciaron un profundo cambio lingüístico en el teatro del siglo XX. El texto libre, e incluso inexistente, expresó la estrategia dramática de los grupos de vanguardia, y los debates acerca de la naturaleza del hecho teatral, cultivados por autores como Grotowski, alentaron esa distinción tentativa entre texto y representación que caracterizó la segunda mitad del siglo. Con la polémica en curso, Peter Handke y otros dramaturgos experimentaron el desafío mediante creaciones que revisaban la matriz enunciativa del texto, jugando con propuestas que liberaban a éste de sus limitaciones académicas.


El Soneto





Joachim du Bellay
Este dibujo anónimo de mediados del siglo XVI es un retrato del poeta Joachim du Bellay. Biblioteca Nacional de Francia, París.


Soneto, palabra de origen italiano (diminutivo de sonus, 'tono', 'sonido') o incorporada en Italia por influencia del provenzal sonet, nombre de una melodía breve y ligera, una cancioncilla. En la literatura italiana antigua llegó a tener el sentido más amplio de canción. La forma canónica del soneto consiste en catorce versos endecasílabos divididos en dos cuartetos —rima ABBA ABBA— y dos tercetos, que pueden tener dos rimas (variantes CDC DCD, CDC CDC, CDD DCC) o tres (variantes CDE CDE; CDE DCE; CDE DEC; CDE EDC).
Las dos fuentes clásicas del soneto son el italiano o petrarquista y el inglés o shakespeariano. El Cancionero de Petrarca incluye 317 sonetos dirigidos a su amada Laura. El soneto petrarquista tuvo seguidores en Italia (Torquato Tasso) y se difundió también en otros países europeos: Portugal (Luís de Camões; Francia (Pierre de Ronsard, Joachim du Bellay y otros miembros del grupo conocido como la Pléyade); España. Fueron Boscán y Garcilaso de la Vega los encargados de arraigar el soneto, aunque ya el marqués de Santillana había escrito 42 sonetos fechos al itálico modo, utilizando en los cuartetos la rima ABAB, con lo que se apartaba de la norma habitual en el soneto petrarquista (ABBA).
En el siglo XVII español se destacan los sonetos de Cervantes, Góngora, Quevedo, Calderón y Lope de Vega, quien en su Arte nuevo de hacer comedias recomendaba el soneto para los soliloquios teatrales: 'el soneto está bien en los que aguardan'. Después de una escasa utilización en el siglo XVIII y en el XIX, el soneto resurge con los poetas modernistas hispanoamericanos y españoles. A la influencia de la forma tradicional, se une el gran impacto de los simbolistas franceses, lo que determinará la introducción de variaciones más o menos heterodoxas. Rubén Darío, por ejemplo, dedica un soneto a Cervantes donde combina endecasílabos y heptasílabos, y otro a Walt Whitman, donde utiliza versos de doce sílabas. Otros autores contemporáneos de sonetos son Amado Nervo, Leopoldo Lugones, Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado y Jorge Guillén.
Entre las principales alteraciones del soneto figuran el sonetillo, compuesto en general por versos octosílabos, aunque también recurren al eneasílabo Rubén Darío, Valle-Inclán, Gabriela Mistral; el soneto con estrambote (sonetto caudato), del que hay ejemplos en Boscán, Cervantes y Antonio Machado ('A un olmo viejo') que añade al soneto normal una coda, una o más estrofas de tres versos, por lo común un heptasílabo y dos endecasílabos; el soneto acróstico; el soneto con eco (Lope de Vega).
El soneto inglés tiene su principal representante en Shakespeare y en los Amoretti (1596) de Edmund Spenser. Su forma, que exige una adaptación a una lengua menos rica en rimas que el italiano, abarca tres cuartetos, cada uno rimado de diferente manera, y un dístico final que cierra el conjunto. El esquema de las rimas es a b a b, c d c d, e f e f, gg. En el siglo XVII, se mantiene la tradición del soneto a través del poeta John Donne (Poemas divinos) y de John Milton, quien se atiene a la fórmula petrarquista y escribe sonetos tanto en inglés como en italiano. Después de casi un siglo de decadencia, el soneto renace con autores románticos como William Wordsworth, Samuel Taylor Coleridge, John Keats. Durante el periodo victoriano, merecen citarse los Sonetos del portugués de Elizabeth Barrett Browning. El escritor argentino Jorge Luis Borges se ha servido a veces de la estructura inglesa del soneto, por ejemplo en 'El otro', cuyo dístico final dice así:

'Suyo (de Dios) es lo que perdura en la memoria Del tiempo secular. Nuestra la escoria'.
Entre otros autores de sonetos dignos de mención figuran el poeta austriaco, nacido en Praga, Rainer Maria Rilke (Sonetos a Orfeo, 1923), los norteamericanos Edwin Arlington Robinson, Elinor Wylie y Edna Saint Vincent Millay. Entre 1936 y 1938 W.H. Auden escribió los Sonetos desde China. En España, además de los ya citados, sobresalen Blas de Otero y Dámaso Alonso. Eduardo Chicharro, en La plurilingüe lengua (1945-1947), ofrece la variante humorística y paródica del soneto, valiéndose en algunos casos del ritmo ascendente y enumerativo y, en otros, de una variante singular del estrambote, como en el nº XLI:

'Ansí, ¿qué seré yo? ¡Tu escupidera!Y tú serás mi sol; yo, tu negrura;mi amor, tu rir; tu rir, mi holgura...(y porque dura)mi amor, morir; te amar, locura'.
El poeta argentino Juan Gelman cumple a veces con el canon ('Llamamiento contra la preparación de una guerra atómica') o mantiene la estructura de dos cuartetos y dos tercetos olvidándose de rima y medición estricta de los versos, como en el poema I de Rostros.


El Romancero




Romancero, conjunto de romances de origen popular y anónimos, que aun siendo un fenómeno común al continente europeo, relacionado con la vigencia de las baladas en otros países, se aplica por excelencia al romancero español por su gran calidad literaria, por su amplia difusión —España, Hipanoamérica, las islas Canarias y regiones como el norte de África o Turquía, por ejemplo, donde se instalaron los judíos sefardíes después de su expulsión por los Reyes Católicos en 1492—; por su permanencia en el tiempo —más de seis siglos—; y, con ella, por el influjo de los romances en géneros literarios como el teatro y en la poesía contemporánea.
2
ROMANCES VIEJOS
Jura de Santa Gadea
Uno de los romances muy difundidos del ciclo de El Cid trata del hecho improbable del juramento exculpatorio que debió afrontar Alfonso VI respecto de la muerte de su hermano, Sancho II, y que, al parecer, Rodrigo Díaz de Vivar, El Cid, se encargó de tomárselo. Este óleo historicista, ocho siglos posterior a los hechos, titulado La jura de Santa Gadea, fue pintado en 1864 por Marcos Giráldez de Acosta (Palacio del Senado, Madrid).

El rasgo característico de los romances viejos es haber sido elaborados y difundidos oralmente. Se los suele clasificar en tres grupos: históricos, épicos y literarios, novelescos o de aventuras. Cualquiera de ellos obedece a una estructura entre lírica y narrativa, originalmente con versos de dieciséis sílabas de rima continua y después divididos en dos hemistiquios octosilábicos con rima asonante en los pares y, por lo general, con los impares sueltos. Véase Versificación.
Los romances históricos, como su nombre indica, se refieren a un hecho contemporáneo, por lo que son los únicos que permiten datar su origen con cierta precisión: el más antiguo narra la rebelión del prior Fernán Rodríguez en 1328. Según Menéndez Pidal, que los llama “noticieros”, existen ya en el siglo XIII. Los romances fronterizos, un tipo especial de los históricos, tratan, por lo común, hechos correspondientes al siglo XV, aunque uno de ellos habla del sitio de Baeza (1368).
Los romances épicos desarrollan temas propios de las canciones de gesta o de otras fuentes literarias y motivos específicos, como el conflicto rey-vasallo, la caída en desgracia de los monarcas, los triunfos del protagonista heroico: El Cid, los infantes de Lara, Fernán González, entre otros. Los novelescos o de aventuras se insertan en una tradición más amplia de leyendas y motivos sentimentales comunes a otros países europeos; cabe citar entre ellos el Romance de la infantina encantada.
Menéndez Pidal, uno de los grandes investigadores del romancero español junto con Jacob Grimm (1816), Agustín Durán (1848), Milà y Fontanals (1853 y 1882), señala cuatro caracteres propios del estilo del romancero: esencialidad e intensidad; naturalidad; intuición, liricidad, dramatismo; e intemporalidad. Son recursos que confirman esos caracteres la utilización del diálogo; el desarrollo de un único evento, con variedad de incidentes, más que una sucesión extensa de hechos; la tendencia a actualizar lo que se narra a través de la invocación al lector y al uso del verbo ver; la fragmentación; la repetición; el paso progresivo de una narración próxima al tema de la realidad elegido al gusto por lo misterioso, inmotivado y fantástico.
Rafael Lapesa ha insistido en la teatralidad (“histrionismo y vivificación”) en los cantares de gesta y en el romancero viejo, analizando la mezcla de los tiempos verbales: pasado y presente (“¿Qué castillos son aquellos / ¡Altos son y relucían!”); el pasado mostrado como futuro (“Allí fabló el conde Arnaldos / bien oiréis lo que dirá”); el imperfecto por el condicional, y así otros. Lapesa concluye que “los juglares hacían con la situación y desarrollo temporales de los hechos lo que los operadores de cine hacen hoy con imágenes y espacios mediante el juego de primeros planos”.
3
ROMANCES NUEVOS
El interés de los poetas cultos por el romancero favorece la aparición, en la segunda mitad del siglo XV, de romances escritos. El romance más antiguo recogido por escrito es Gentil dona, gentil dona, del catalán Jaume de Olesa, en 1421. Con la difusión de las técnicas de impresión y después de la imprenta los romances se divulgan a través de pliegos sueltos y, más adelante, en cancioneros: el Cancionero musical y el Cancionero General, en 1511. La elaboración culta y el gusto de los literatos por una mayor brevedad y concisión, además de las mudanzas en la moda musical, hizo que muchos romances aparecieran abreviados y, en gran medida, enriquecidos por una mayor voluntad literaria. Llegó a sustituirse la rima asonante por la consonante, aunque en el Romancero General de 1600 se vuelve a la asonancia del romance tradicional. Por otra parte, fue desde el siglo XV cuando los romances comenzaron a escribirse en líneas de ocho sílabas, pero en el siglo siguiente los músicos Narváez y Salinas recomendaban volver a la disposición original en versos de dieciséis. El fenómeno de difusión de los romances mediante la lengua escrita dará origen al llamado “romancero nuevo”. A finales del siglo XVI coexisten, aunque con desarrollos paralelos, el romance oral y el romance escrito, y así seguirá ocurriendo hasta nuestros días.
Los romances tienen un gran apogeo durante el siglo de oro. Desde principios del siglo XVI, con el Diálogo del Nascimiento de Torres Naharro, el romance se inserta en el teatro como un intermedio cantado. Ligado a la evolución de la comedia, el romance aparece de manera abundante en las obras de Lope de Vega, quien cultiva sobre todo el de carácter épico. Pero deben tenerse en cuenta, además, los de tema amoroso, pastoril, satírico, caballeresco, villanesco, picaresco, religioso, y otros. Góngora, Quevedo y la mayor parte de los autores del siglo de oro cultivan el romance. Cervantes, en el capítulo LVII de la segunda parte del Quijote, introduce un nuevo tipo de romance, el personal, en el que domina lo individual y autobiográfico. Con la Ilustración, el romance cae en desgracia, considerado forma poética de poco valor, pero el romanticismo lo recupera y, en nuestro siglo, los poetas de la generación del 27 (García Lorca y el Romancero gitano, Jorge Guillén y su Cántico, entre otros) postulan y práctican una síntesis entre las formas cultas y los géneros líricos o lírico-narrativos populares.
Un aspecto interesante es la relación entre los romances y las letras de los juegos de corro. Diego Catalán define como “romancero infantil” al conjunto de esos romances que acompañan los juegos y entretenimientos de los niños. Ana Pelegrín, en La flor de la maravilla. Juegos, recreos, retahílas (1996), enumera y comenta los rasgos propios del romancero infantil, algunos de los cuales coinciden con los propios de la evolución del romance en general: fragmentación, sustituciones léxicas, inclusión de estribillos, adición de series líricas, contaminación con juegos. Como ejemplo de sustitución léxica, valga la que introduce una niña de León recitando el cantar Alfonso XII: “Merceditas ya se ha muerto, ya la llevan a enterrar / cuatro buques la llevaban por las calles de Alcalá”, frente a “cuatro duques la llevaban por las calles de Madrid”.


Los Sistemas de versificación




Los sistemas de versificación clasifican los poemas basándose en la estructura métrica y las características fonéticas. Cada verso tiene un número concreto de sílabas tónicas y átonas. Tal y como se ve en esta tabla, el primer término en un sistema de versificación describe el esquema de acentos dentro del pie (unidad básica de medida silábica), y el segundo término indica cuántos pies contiene el verso.


La Versificación




La Araucana
Esta ilustración corresponde a la edición completa de La Araucana, impresa en Barcelona en 1592. Considerada la epopeya más famosa del renacimiento, es obra del poeta y conquistador español Alonso de Ercilla (1533-1594), quien participó en las luchas por la conquista de Chile (virreinato del Perú). Quedó tan impresionado por el valor de los araucanos que las figuras de los caudillos Caupolicán y Lautaro adquieren en su poema una dimensión heroica extraordinaria. Ercilla siguió el modelo de la épica culta en octavas reales de La Jerusalén conquistada de Lope de Vega, aunque superó a éste en imaginación y retratos coloristas. Fragmento de La Araucana leído por un actor.

Versificación, arte de componer versos, o teoría de la estructura fonética del verso. Esta teoría considera las características fonéticas por sí mismas o en relación con los demás elementos no fonéticos del poema. Teóricamente, cualquiera de las características fonéticas de una lengua, tales como el número de sílabas que se suceden en una emisión, los grados de intensidad o el tiempo utilizado para emitirlas, y hasta su tono, pueden organizarse hasta constituir un modelo ordenado y simétrico. El estudio de la versificación en la poesía de las diversas lenguas y periodos debe tener en cuenta estas posibilidades, sin olvidar que existen diferentes sistemas: el de la métrica griega y latina, basado en criterios cuantitativos; el acentual y el silábico.
2
VERSIFICACIÓN ESPAÑOLA
La estructura del verso español se inserta dentro del ámbito mayor de la métrica románica (en especial provenzal y francesa), aunque con rasgos distintivos. Los elementos más importantes son el acento de intensidad, la pausa métrica (final de verso o de hemistiquio), la cesura y, en última instancia, el número de sílabas. Existen procedimientos variables, aunque no imprescindibles, como la rima, las figuras de repetición fónica o sintáctica o la disposición en estrofas.
3
EL VERSO Y LAS SÍLABAS
Garcilaso de la Vega
El poeta español Garcilaso de la Vega (c. 1501-1536) encarna el ideal cortesano de la época al unir en su persona al poeta y al militar. Escribió una corta producción de versos que además no publicó en vida pero que han bastado para convertirle en un maestro de la lírica amorosa y bucólica española. La transcendencia de la obra garcilasiana procede de haber introducido el verso endecasílabo en España, así como la poesía petrarquista, que no es otra cosa sino la gran poesía lírica del renacimiento.

En la poesía que se rige por rigurosos esquemas métricos, cada verso se define por el número de sílabas que tiene. Para medirlos, hay que saber que existen sílabas fonéticas y sílabas métricas o rítmicas, que no siempre coinciden. En un verso como “Caminante, son tus huellas” (Antonio Machado), hay ocho sílabas fonéticas y métricas. Pero en “al andar se hace camino”, del mismo poema, las nueve sílabas fonéticas se transforman en ocho métricas: se ha producido sinalefa (unión de la sílaba final de una palabra con la inicial de la siguiente) entre se y la sílaba ha. En otros casos, aunque con vacilaciones, si la vocal segunda es tónica o importa destacarla por razones sintácticas, se produce hiato: “Es su//amo un caballero” (Calderón de la Barca).
Pero también dentro de una misma palabra se pueden producir alteraciones de las sílabas fonéticas: hay sinéresis cuando se unen, formando sílaba métrica, vocales que normalmente no forman diptongo (“Trenza, veleta, poesía”, de Dámaso Alonso, donde poesía pierde una de sus cuatro sílabas por sinéresis de po + e); hay diéresis cuando se separan, por licencia métrica, vocales que habitualmente forman diptongo y se expresa mediante un signo diacrítico llamado crema (¨), como en “si me quiero tornar para hüiros” (Garcilaso de la Vega). Otras licencias interesantes, aunque menos frecuentes, son la sinafía (sinalefa entre final de verso llano y comienzo de otro en el que sobra una sílaba), como en “luego la tengo cobrada / y socorrida” (Jorge Manrique), donde gracias a este recurso se recompone la estructura de octosílabo y pie quebrado (tetrasílabo), y la compensación (unión de sílaba aguda final de un verso, terminada en consonante, con la primera sílaba, comenzada en consonante, del siguiente): “Cual nunca tuvo amador / ni menos la voluntad / de tal manera” (Jorge Manrique).
Esta última licencia tiene su explicación en una característica de la versificación española que también afecta al cómputo de las sílabas: la norma del final llano (en el ejemplo anterior de Jorge Manrique, lo que se lee, en realidad, es “voluntade”), lo que implica un acento forzoso en la penúltima sílaba de cada verso. Si éste termina en palabra llana, la medición no se altera: “libre como la mar la vela vuela” (Eduardo Chicharro) tiene 11 sílabas fonéticas y 11 métricas. Si los versos acaban en aguda, como en el siguiente proverbio de Antonio Machado: “Todo hombre tiene dos / batallas que pelear: / en sueños lucha con Dios; / y despierto, con el mar”, para restablecer la norma del final llano, en el cómputo debe añadirse una sílaba. El poema tiene cuatro versos octosílabos (obsérvese el hiato en “todo-hombre”).
Si el final del verso es una palabra esdrújula, la norma llana exige restar una sílaba: “y aquel andar inútil de muñeco mecánico” (Leopoldo Marechal), verso de 16 sílabas fonéticas y en realidad 14 métricas por la sinalefa del comienzo (“ia -quel”) y la terminación esdrújula.
3.1
Versos de arte menor y mayor
Por su número de sílabas los versos pueden ser de arte menor, hasta 8 sílabas, y de arte mayor, entre 9 y 11 por lo general, o más. De los endecasílabos a los de mayor cantidad de sílabas, se entiende que los versos son compuestos de dos o más de arte menor: 6 + 5 o 4 + 7 (endecasílabo), 7 + 7 (alejandrino), que se separan mediante la cesura, que impone una pausa semejante a la de final de verso. Desde el punto de vista métrico no existen en castellano versos monosílabos porque, al ser agudos, deben añadir una sílaba más y se vuelven, por tanto, bisílabos. Ejemplo: “La/cruz/da/luz/sin/fin” (César Vallejo), en el que a la peculiar combinación de bisílabos se unen las rimas agudas en A, U, I.
Cuando los versos adoptan un número fijo de sílabas o se combinan con el verso quebrado equivalente (octosílabo con tetrasílabo, endecasílabo con heptasílabo), lo que no es imprescindible para que el poema posea ritmo, se produce el llamado isosilabismo, frecuente en Francia e Italia. En la edad media española se dio también el fenómeno contrario, el anisosilabismo, que desapareció en los siglos XV y XVI, pero volvió a usarse en el siglo XX en la poesía de corte popular y en experiencias más preocupadas por la intensidad acentual.
4
PIES DE VERSO O CLÁUSULAS RÍTMICAS
El ritmo del verso reside en la sucesión de sílabas acentuadas y no acentuadas. Según el filólogo español Tomás Navarro Tomás, “la línea que separa el campo del verso del de la prosa se funda en la mayor o menor regularidad de los apoyos acentuales”. Los acentos rítmicos pueden caer en el acento propio de la palabra aislada, pero también en sílabas cuyo acento original es débil. Cada grupo de dos, tres o cuatro sílabas, una de ellas tónica, recibe el nombre de pie de verso o cláusula rítmica. El primer nombre proviene de la analogía que suele hacerse con la métrica clásica y sus pies fundamentales:

troqueo: formado por sílaba larga y sílaba breve (—È) o sílaba tónica y sílaba átona (óo);
dáctilo: larga y dos breves (—È È) o tónica y dos átonas (óoo)
yambo: breve y larga (È — ) o átona y tónica (oó)
anfíbraco: breve, larga y breve (È — È) o átona, tónica y átona (oóo).
Estos pies están basados en una sucesión de sílabas largas y breves (sistema cuantitativo) que la métrica española ha asimilado a tónicas y átonas; en el esquema u es una sílaba breve, - una sílaba larga, o una sílaba átona, y ó una sílaba tónica.
Las sílabas que quedan sueltas, al principio del verso, hasta el primer acento, constituyen lo que se denomina anacrusis. Las cláusulas rítmicas reunidas forman el periodo rítmico, que se extiende hasta la última sílaba átona anterior al último acento del verso, el forzoso de la penúltima sílaba. Este último, junto con las átonas que lo siguen y la pausa de final de verso, forma el periodo de enlace con el verso siguiente. El esquema resultante, tomando como ejemplo el verso “Del salón en el ángulo oscuro” de Gustavo Adolfo Bécquer, sería:

Del-sa: anacrusis;
lón-en-el; án-gu-lo(o)s: cláusulas rítmicas dactílicas que constituyen el periodo rítmico;
cú-ro: periodo de enlace.
5
PAUSAS
Existen tres tipos de pausas métricas que, por lo general, deben coincidir con las gramaticales. La pausa mayor es la que se efectúa al final de la estrofa o de un periodo importante de la misma. La pausa media se realiza en la mitad de estrofas simétricas como la octava y exige, por tanto, que el sentido sea completo. La pausa menor señala el final del verso o de cada hemistiquio (cesura) cuando los versos son compuestos. Si existe encabalgamiento, es decir, el sentido de un verso se completa sólo en el siguiente, la pausa de final de verso es menos nítida. También puede existir encabalgamiento entre estrofas, sobre todo si éstas son cortas. La poesía contemporánea ha desafiado no sólo las convenciones de la norma tradicional, sino también, en ocasiones, el propio criterio de la respiración del poema, con lo que se transgreden incluso barreras morfológicas y sintácticas:

En el camino su y siguiendo: sin cesar
y salgo y entro
y siguiendo
su
susúrrame: —lo que está unido
susúrrame: —lo que está entero
y siguiendo...
(Leónidas Lamborghini)
6
RIMAS Y ESTROFAS
Jorge Manrique
El poeta y caballero de la corte de Juan II de Castilla, Jorge Manrique (1440-1479), ha conseguido uno de los lugares más altos de la lírica española con su elegía, escrita en estrofas de pies quebrado, Coplas a la muerte del maestre de Santiago don Rodrigo Manrique, su padre. El renacimiento ya se anuncia en esta obra medieval, pues en una elegía mortuoria, las imágenes plásticas con las que plantea la levedad de la vida se convierten en brillantes ejemplos de exaltación vital, como puede observarse en la estrofa recitada por un actor.

Los versos pueden combinarse en número diferente y vincularse de manera diversa según criterios de resonancia final, consonante o asonante. Hay combinaciones estróficas abiertas o fijas. Las primeras abarcan estrofas de 2, 3, 4, 5, 6, 8, 10 y 12 versos. Las de dos y tres versos (pareado, de rima a-a y terceto, de rima a-b-a) muy raramente aparecen de manera independiente.
La estrofa de tres versos de arte mayor mayor más usada es la terza rima o terceto dantesco, formada por versos endecasílabos con rima ABA BCB CDC... Los seis últimos versos del soneto son dos de estos tercetos encadenados.
6.1
Estrofas de cuatro versos
Redondilla (octosílabos con rima consonante abrazada, abba, o cruzada, abab).
Cuarteta asonantada, también llamada copla o cantar, con rima asonante en los versos pares.
Seguidilla, alternancia de heptasílabos sueltos y pentasílabos con rima asonante o consonante, que abarca algunas variantes.
Cuaderna vía, estrofa de alejandrinos monorrimos, típica del mester de clerecía (AAAA).
Cuarteto, compuesto de endecasílabos con rima cruzada o abrazada (ABBA).
Serventesio, formado por versos mayor con rima ABAB.
6.2
Estrofas de cinco versos
Quintilla, de versos octosílabos cuya rima, consonante, se combina de diversas maneras (ababa, abbab, abaab, aabba).
Quinteto, de versos endecasílabos, que sigue las normas de la quintilla en las rimas.
6.3
Estrofas de seis versos
Sextilla (versos de arte menor semejante a los de tres, cuatro o cinco versos, generalmente aab aab o aab ccb.
Sexteto, endecasílabos, a veces combinados con heptasílabos.
6.4
Estrofas de ocho versos
Copla de arte mayor y de arte menor. Ambas pueden ir en serie o aisladas y, por lo general, se cantan acompañadas de música. Riman los versos pares y quedan libres los impares.
Octava real, de origen italiano está formada por ocho versos endecasílabos con rima ABABABCC. Es la estrofa por excelencia de la épica culta.
6.5
Estrofas de diez versos
Décima antigua, formada por diez versos octosílabos de rima consonante asimétricos 4+6 (abba cddcdc); 6+4 (abcabc dccd) (asimétrica: 4+6 o 6+4).
Copla real, dos quintillas simétricas 5+5 (la rima de cada semiestrofa puede repetirse o no: abaab; cdccd o abbab; cdcdc).
Décima espinela, compuesta de dos redondillas de rima abrazada y dos versos de enlace en el centro: abba - ac - cddc.
6.6
Estrofas de doce versos
La más conocida es la estrofa manriqueña; en realidad se trata de una copla de pie quebrado, que abarca dos semiestrofas de seis versos y éstas a su vez dos tercetos que incluyen dos octosílabos seguidos de un tetrasílabo, según el siguiente esquema: abc abc def def.
6.7
Otras estrofas
Sextina , es una combinación formada por seis estrofas de seis versos y un envío final o contera de tres. La rima está marcada por seis palabras-rima que siguen un movimiento gradual y fijo en todas las estrofas, ascendente descendente. El resultado final es ABCDEF FAEBDC CFDABE ECBFAD DEACFB BDFECA. En los tres versos de la contera, las palabras rima se repiten, tres al final de los versos y tres en el interior.
Lira, con estrofas de cinco versos endecasílabos y heptasílabos que responden al esquema aBabB, introducida por Garcilaso y emparentada con la canción.
Silva, serie continuada de veinte versos como mínimo, con versos de 11 y 7 sílabas, aunque sujeta a muchas variaciones, llamada también canción libre;, y el soneto.
De las combinaciones no estróficas, la más importante es el romance.
7
VALORES FÓNICOS
Además de la rima (consonante y asonante), que no es imprescindible en la poesía moderna, existen otros recursos tendentes a enriquecer la sonoridad del poema, a crear énfasis o atmósferas emotivas. Lo musical del poema reside en gran medida en la frecuencia de los acentos rítmicos, pero también en la repetición de determinados sonidos.
En la aliteración, por ejemplo, pueden repetirse consonantes, vocales y hasta grupos silábicos: “infame turba de nocturnas aves” (Góngora). En la primera estrofa del Cántico espiritual, de san Juan de la Cruz: “¿Adónde te escondiste, Amado, y me dejaste con gemido? Como el ciervo huiste, habiéndome herido; salí tras ti clamando, y eras ido”, es destacable la frecuencia de las íes combinadas con diferentes consonantes.
La onomatopeya, presente en las palabras que imitan voces o ruidos de la naturaleza (‘traqueteo’, ‘ronronear’, ‘chisgarabís’), puede también lograrse mediante el recurso de la aliteración. De nuevo san Juan de la Cruz: “un no sé qué que quedan balbuciendo”.
La paronomasia se produce entre flexiones de una misma palabra y de sus derivados o con palabras de sonido igual o semejante. Por ejemplo: “Granjas tengo en Balafor; / cajas fueron de placer,/ ya son casas de dolor” (Calderón de la Barca); “el otoño eficaz, la primavera,/ el enterrado invierno y la alta hoguera,/ y el activo verano, y ventanales” (Vicente Barbieri).
La rima o asonancia interna influye también en el valor fónico del poema: “En tus manos, ¡oh sueño!, me encomiendo”. Véase también Figuras retóricas.
8
NORMA Y LIBERTAD
El conocimiento de la tradición poética permite admirar los recursos y posibilidades de crecimiento de la lengua a través de las voces individuales de los poetas o de los hallazgos de las escuelas y movimientos. La poesía contemporánea ha experimentado y sigue experimentando con nuevas formas, lo que no implica acabar o negar los avances anteriores sino enriquecer la historia de la poesía. Fórmulas aún no codificadas, interrelación entre la poesía y otras artes (arte conceptual, por ejemplo), cambios en la composición y en los hábitos auditivos musicales (John Cage, Luciano Berio, Luigi Nono), plantean un desafío: enumerar, registrar, elaborar todos esos cambios que implican también una ampliación de la teoría y el arte de componer versos.


La Rima




Rima, igualdad o semejanza de los sonidos vocálicos o consonánticos finales de varios versos entre sí desde la última vocal acentuada; a veces también se da en el interior de los versos. Probablemente surgió como necesidad de la poesía cantada, para marcar el final de verso o del hemistiquio; y servía además como recurso mnemotécnico.
2
RIMA ASONANTE Y CONSONANTE
Hay dos clases de rima: consonante, cuando coinciden todos los sonidos a partir de la última vocal tónica (cal-puñal; Roma-asoma; murciélago-piélago); y asonante, cuando sólo coinciden las vocales a partir de la tónica (cal-procaz; Roma-costra; murciélago-pétalo). Según que la vocal tónica esté situada en la última, en la penúltima o en la antepenúltima sílaba, la rima se llama aguda, llana o esdrújula, respectivamente. Tanto la rima consonante como la asonante admiten matices y excepciones.
La consonancia puede ser perfecta o normal, imperfecta (cuando riman los diptongos ié y ué con la vocal é: miedo/cedo; cueva/lleva) y simulada (entre diptongos decrecientes y la primera vocal de éstos: reina/serena, o sustituyendo una consonante por otra de sonido semejante: árbol/mármol). La asonancia, a su vez, se presenta como perfecta, diptongada o atenuada (entre diptongos o triptongos y la vocal más fuerte: baila/helada, recitáis/voraz; entre diptongos y triptongos diferentes pero con la misma vocal tónica: riacho/cuadro, riendo/cuernos, jueces/vienen; entre diptongos crecientes y decrecientes: riego/feudo; ansiosa/coima) y simulada o equivalente (la que se produce entre palabras bisílabas en cuya sílaba postónica se hacen equivalentes la e, la o y la u: lápiz/clave, cactus/marco). Debe considerarse aparte el caso de la asonancia esdrújula, que tolera la rima con palabras llanas en la vocal tónica y en la de la última sílaba: brújula/duda, prójimo/ogro. También valen, para la asonancia esdrújula, las dos últimas posibilidades de la asonancia atenuada (murciélago/cuerno/deudo) y la simulada (metrópoli/corte).
3
RIMA FINAL E INTERNA
Según la disposición de la consonancia y de la asonancia, la rima puede ser final o interna. La final adopta varias formas: continua (a-a-a-...), como en el caso del romance, en el que riman los versos pares, resultantes de la división del verso original, de 16 sílabas, en dos; pareada (véase Pareado); cruzada o alterna (abab, cdcd...); abrazada (abba, cddc...), la preferida en el soneto de origen italiano. La rima interna, cuando no cae en el vicio de la cacofonía, puede otorgar énfasis y acentuar la sonoridad del poema. Versos sin rima son el verso blanco o suelto y el verso libre.
Véase también Poesía; Lírica; Versificación.


Entradas populares

Me gusta

Seguidores