El invento del Dinero





Dinero, cualquier medio de cambio generalmente aceptado para el pago de bienes y servicios y la amortización de deudas. El dinero también sirve como medida del valor para tasar el precio económico relativo de los distintos bienes y servicios. El número de unidades monetarias requeridas para comprar un bien se denomina precio del bien. Sin embargo, la unidad monetaria utilizada como medida del valor no tiene por qué ser utilizada como medio de cambio. Durante el periodo en que América del Norte era una colonia, por ejemplo, la moneda española era un importante medio de cambio mientras que la libra esterlina británica era el patrón de medida del valor.
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DINERO Y ECONOMÍA
Las funciones del dinero como medio de cambio y medida del valor facilitan el intercambio de bienes y servicios y la especialización de la producción. Sin la utilización del dinero el comercio se reduciría al trueque o intercambio directo de un bien por otro; éste era el método utilizado por la gente primitiva y, de hecho, el trueque se sigue empleando en algunos lugares. En una economía de trueque, una persona que tiene algo con lo que comerciar ha de encontrar a otra persona que quiera eso mismo y que tenga algo aceptable para ofrecerle a cambio. En una economía monetaria, el propietario de un bien puede venderlo a cambio de dinero, que se acepta como pago, y así evita gastar el tiempo y el esfuerzo que requeriría encontrar a alguien que le ofreciese un intercambio aceptable. Por lo tanto, el dinero se considera como la pieza clave de la vida económica moderna.
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CLASES DE DINERO
Primeros tipos de moneda
Antes de que el papel y las monedas se convirtieran en las formas más usadas de dinero se utilizaron una gran variedad de objetos como medio para cambiar bienes. Los primeros tipos de moneda (algunos de los cuales aparecen en la imagen) fueron el arroz (China), dientes de perros (Papúa-Nueva Guinea), pequeños utensilios (China), guijarros de cuarzo (Ghana), fichas de juegos (Hong Kong), conchas de cauri (India), discos metálicos (Tíbet) y discos de piedra caliza (isla de Yap).

Las clases más importantes de dinero son el dinero material, el dinero crediticio y el dinero fiduciario. El valor de un bien considerado como dinero material es el valor del material que contiene. Los principales materiales utilizados en esta clase de dinero han sido el oro, la plata y el cobre. En la antigüedad varios artículos hechos con estos metales, así como con hierro y bronce, eran utilizados como dinero, mientras que entre los pueblos primitivos se utilizaban como medio de cambio bienes tales como las conchas, las perlas, los colmillos de los elefantes, las pieles, los esclavos y el ganado. El dinero crediticio consiste en un papel avalado por el emisor, ya sea un gobierno o un banco, para pagar el valor equivalente en metal. El papel moneda no convertible en ningún otro tipo de dinero y cuyo valor está fijado meramente por decreto gubernamental es lo que se conoce como dinero fiduciario. La mayoría de las monedas en circulación son también un tipo de dinero fiduciario, porque el valor del material con el que están hechas suele ser inferior a su valor como dinero.

Billetes del mundo
A pesar de su primordial función utilitaria, a menudo se diseñan monedas y billetes para conmemorar acontecimientos o personas ilustres, o para expresar un sentimiento. Los billetes y las monedas son símbolos culturales e históricos que reflejan importantes elementos de comunidades de todo el mundo a lo largo de la historia. En esta foto se puede ver una colección de billetes europeos, en su gran mayoría desaparecidos tras la llegada del euro.


Tanto el crediticio como el fiduciario son formas de dinero que generalmente se han aceptado tras un decreto gubernamental según el cual todos los prestamistas tienen que aceptar el dinero como pago de lo que se les debe; el dinero se denomina entonces medio de curso legal. Si la oferta de papel moneda no es excesiva en relación con las necesidades del comercio y tanto la industria como la gente confían en la estabilidad de la situación, es probable que la moneda se acepte generalizadamente y mantenga relativamente estable su valor. Sin embargo, si esa moneda se emite en exceso para financiar las necesidades del gobierno, se destruirá la confianza en la moneda y ésta perderá rápidamente su valor. Esta depreciación de la moneda suele venir seguida de una devaluación formal o reducción del valor oficial de la moneda mediante un decreto gubernamental.
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PATRONES MONETARIOS
El dinero básico de un país, al cual pueden convertirse otras formas de dinero y que determina el valor de otros bienes, se denomina patrón monetario. El patrón monetario de una nación hace referencia al tipo de dinero que se utiliza en el sistema monetario. Los patrones modernos han sido o un bien, principalmente oro o plata, o patrones fiduciarios, consistentes en papel moneda no convertible. Las principales clases de patrones oro han sido la moneda de oro, los lingotes de oro con una determinada cantidad de oro y el patrón de cambio oro bajo el cual una moneda puede convertirse en la moneda de otro país en base al patrón oro. Los lingotes de oro fueron utilizados en Gran Bretaña desde 1925 hasta 1931, aunque una serie de países latinoamericanos han utilizado el patrón dólar. El patrón plata ha sido utilizado en nuestro tiempo principalmente en Oriente. También existe el patrón bimetálico; el sistema de bimetal se ha utilizado en varios países en los que las monedas podían ser tanto de oro como de plata. Estos sistemas raramente funcionaban, fundamentalmente debido a la ley de Gresham, que demuestra que la moneda barata tiende a desplazar y expulsar de la circulación a la moneda cara.
En la actualidad la mayor parte de los sistemas monetarios del mundo son fiduciarios, en los cuales no se permite la libre convertibilidad de la moneda en metales y el dinero tiene valor gracias a un decreto gubernamental y no por su contenido en oro o plata. Los sistemas modernos también se describen como sistemas de dinero gerencial, porque el valor de las unidades monetarias depende, en gran medida, de la gestión gubernamental y de las políticas económicas. Existe un problema recurrente en torno a la cuestión de si el valor de la moneda no convertible puede mantenerse a un nivel suficientemente estable durante largos periodos de tiempo.
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IMPORTANCIA ECONÓMICA
El crédito, o la utilización de una promesa de pago futuro, es un complemento valiosísimo del dinero en la actualidad. La mayor parte de las transacciones económicas se hacen mediante instrumentos crediticios más que con monedas. Los depósitos bancarios se introducen generalmente en la estructura monetaria de un país; el término ‘oferta monetaria’ refleja el dinero en circulación más los depósitos bancarios.
El valor real del dinero queda determinado por su poder adquisitivo, que a su vez depende del nivel general de precios. Según la teoría cuantitativa del dinero, los precios se determinan, en gran parte o en su totalidad, por el volumen de dinero en circulación. Sin embargo, la evidencia empírica demuestra que a la hora de determinar el nivel general de precios es igualmente importante la velocidad de circulación del dinero y el volumen de producción de bienes y servicios. El volumen y la velocidad de circulación de los depósitos bancarios también son relevantes.
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HISTORIA DEL DINERO
Ya en el año 1100 a.C. circulaban en China miniaturas de cuchillos de bronce, hachas y otras herramientas utilizadas para reemplazar a las herramientas verdaderas que servían de medio de cambio. Las monedas hechas con una aleación de oro y plata aparecieron por primera vez en el siglo VI a.C. en el distrito de Lidia, en Asia Menor, que era en aquella época un importante país industrial y comercial. Este dinero era genuinamente dinero material, cuyo valor venía determinado por su contenido en metales preciosos. Las monedas proliferaron rápidamente en todos los países desarrollados del mundo. Tanto los monarcas como los aristócratas, las ciudades y las instituciones empezaron a acuñar dinero con su sello identificativo para certificar la autenticidad del valor metálico de la moneda.
Algunas de las primeras monedas tenían una composición muy estable, como es el caso del dracma emitido en Atenas en el siglo VI a.C. y cuya composición era bastante estable, con un contenido en torno a los 65-67 granos de plata fina, o como la redonda qian moneda china de cobre aparecida en el siglo IV y que se mantuvo como moneda oficial durante dos mil años. Sin embargo, las monedas siempre se limaban o recortaban para sacar el metal precioso que contenían, por lo que las autoridades que las emitían estaban tentadas a rebajar la acuñación asegurándose beneficios a corto plazo al reducir el contenido de metales preciosos. Las monedas de baja calidad de bronce o cobre eran, de hecho, dinero fiduciario, cuyo valor dependía principalmente del número de monedas de oro o cobre por las que se podían intercambiar. Las monedas de oro y plata solían circular fuera del país que las emitía dado su valor intrínseco; así, el peso de plata español, cuyo material provenía de las minas del Perú y de México, se convirtió en una moneda de uso corriente en China a partir del siglo XVI.
Una vez creadas, las monedas originaron un sistema monetario cuyas características han permanecido, en esencia, constantes durante milenios; uno de los cambios que ha perdurado fue la introducción, en las monedas europeas del siglo XVII, de las ranuras en los bordes con el fin de evitar que se limasen. El papel moneda fue introducido por primera vez en China, en torno al siglo IX, como dinero en efectivo intercambiable por certificados emitidos para el gobierno de la dinastía Tang por los bancos privados. Respaldado por la potente autoridad del Estado chino, este dinero conservaba su valor en todo el imperio, evitando así la necesidad de transportar la pesada plata. Convertido en monopolio del Estado bajo la dinastía Song, el papel moneda ha pervivido durante toda la historia china a pesar de las perturbaciones causadas por los cambios políticos y de que la emisión del papel moneda no estaba respaldada ni por plata ni por otras reservas. El problema de la depreciación hizo que, a partir de entonces, se mantuviera la plata como patrón de cambio chino para las transacciones importantes. El papel moneda apareció por primera vez en Occidente en el siglo XVI, cuando se empezaron a emitir pagarés por parte de los bancos para respaldar los depósitos monetarios de sus clientes. Estos medios de cambio proliferaron y las autoridades coloniales francesas de Canadá utilizaban cartas de juego firmadas por el gobernador como promesa de pago desde 1685, ya que el envío de dinero desde Francia era muy lento.
El papel moneda se fue haciendo popular a lo largo del siglo XVIII, pero seguía siendo dinero crediticio que se emitía para respaldar los depósitos de oro o plata. El dinero fiduciario, cuando surgió, era normalmente una medida de urgencia para tiempos de guerra, como los papiros (greenback) americanos. Los bancos privados fueron sustituidos paulatinamente por bancos centrales como autoridades emisoras de papel moneda. A finales del siglo XIX la caída del valor del oro acarreó la creación de un patrón oro internacional en el que todas las monedas podían intercambiarse por oro, y el valor del dinero (más que los precios) estaba fijado por la paridad de la moneda con el oro. Casi todos los gobiernos suspendieron la convertibilidad de sus monedas durante la I Guerra Mundial, perdiéndose todo el interés por volver a introducir el patrón oro internacional tras la Gran Depresión. Gran Bretaña abandonó el patrón oro en 1931, y la transformación de las monedas mundiales a dinero fiduciario con valores fijados totalmente por la demanda del mercado culminó con el abandono de la vinculación del dólar estadounidense en 1971.
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DINERO REAL Y FIDUCIARIO
El dinero real se corresponde con la cantidad de metal precioso que incorpora a la moneda. El dinero fiduciario tiene un valor muy superior a su valor metálico o intrínseco; en este sentido es análogo al papel moneda. Las monedas suelen ser aleaciones de metales preciosos y metales básicos. Durante el siglo XIX casi todos los países acuñaban tanto dinero real como dinero fiduciario pero con el abandono generalizado del patrón oro entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial las monedas con valor real han desaparecido de la circulación en casi todo el mundo.
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ACUÑACIÓN E IMPRESIÓN
La moderna acuñación implica varios procesos diferenciados. Primero se funde el metal que se va a utilizar para hacer lingotes, que después se convierten en láminas de un determinado espesor y calidad. Estas láminas pasan a través de unas máquinas que con golpes y cortes sacan pequeños discos circulares de metal, denominados plaquetas. Se verifica que las plaquetas tengan el peso adecuado, y si son demasiado pesadas se les rebajan los bordes, si son demasiado ligeras se vuelven a fundir en lingotes. Los bordes de las plaquetas válidas se ruedan de forma que sobresalgan por encima de la superficie y protejan las monedas del desgaste. Después se limpian las plaquetas y, en la última etapa del proceso, se imprime mediante un troquel el dibujo que irá en la moneda terminada. Muchas monedas tienen también los bordes rayados para evitar que se limen o rellenen, en el caso de las monedas oficiales, y para facilitar su uso. A la hora de diseñar las formas y tamaños de las moneda se suele considerar cómo facilitar su identificación a las personas con deficiencias de visión.
Los billetes bancarios, que a menudo suelen ser imprimidos por empresas privadas por subcontratas, están fabricados con un papel especial de alta calidad, con marcas de agua, tiras metálicas y otros mecanismos que evitan la falsificación. Se utilizan también técnicas de impresión muy sofisticadas para evitar la falsificación y los diseños de los billetes bancarios suelen incluir elementos que intentan ser especialmente difíciles de copiar y las dos caras se imprimen por separado para después añadir los números de serie y tachar con estrellas la numeración de aquellos billetes dañados durante el proceso de producción.


El invento de las Unidades monetarias





Monedas del mundo
A pesar de su primordial función utilitaria, a menudo se diseñaban monedas para conmemorar acontecimientos o personas ilustres, o para expresar un sentimiento. Las monedas son símbolos culturales e históricos que reflejan importantes elementos de comunidades de todo el mundo a lo largo de la historia, constituyéndose en atractivas y preciadas obras de arte.

Unidades monetarias, término utilizado en Economía para referirse a todos los medios legales de pago en circulación existentes en un país. En este sentido, el término se refiere tanto a las monedas como al dinero en billetes. A veces también se incluyen los instrumentos de crédito. Normalmente, las monedas son la unidad monetaria metálica, y los billetes e instrumentos de crédito se denominan papel moneda. Dentro de este último tipo podemos distinguir entre la deuda del Estado, los billetes bancarios y los cheques contra depósitos bancarios. La utilización del término unidad monetaria es reciente, pues surgió a partir de la I Guerra Mundial. En el pasado se utilizaba el término en sentido estricto. En aquellos países en los que el gobierno no emitía dinero, el término papel moneda se aplicaba únicamente a los billetes de banco. Por el contrario, en otros países, el término unidad monetaria se aplica en exclusiva para designar el dinero emitido por el gobierno. La ampliación de su primera acepción a la segunda se debió, en parte, al enorme crecimiento de los instrumentos de crédito que siguió a la I Guerra Mundial.
La cantidad de dinero que necesitan los negocios de un país está determinada, principalmente, por la cantidad de bienes y servicios en circulación. Normalmente, cuanto mayor es el volumen de bienes y servicios, mayor cantidad de unidades monetarias se requiere. Durante los periodos de expansión de la producción, la cantidad de unidades monetarias en circulación tiende a aumentar, mientras que durante las recesiones disminuye.
Para facilitar el comercio internacional se utilizan determinadas unidades monetarias. Por ejemplo, todo el comercio de petróleo se realiza en dólares estadounidenses; en el seno de la Unión Europea (UE) se emplea el euro, moneda resultado de la fusión de distintas divisas nacionales de sus países miembros.

El invento de la Moneda española





Moneda española, medida común para fijar el precio de los bienes y facilitar el intercambio de los mismos, cuyo desarrollo histórico en los territorios que han terminado por configurar España ha dado origen a una serie de distintas unidades monetarias. Aunque la acuñación de moneda en la península Ibérica se remonta al siglo III a.C., el presente artículo analizará exclusivamente las diferentes unidades monetarias a partir de la edad media.
La universal utilización y demanda de monedas de oro y plata se debe a que satisfacían perfectamente las necesidades de un sistema monetario práctico mejor que cualquier otro artículo. Estos metales preciosos, limitados y con altos costes de extracción, siempre tuvieron una elevada equivalencia en mercancías. El alto valor de cambio del oro y la plata significaba que el volumen físico de una cantidad de valor muy elevada sería mínimo, lo que contribuiría a facilitar el transporte y almacenaje, y aumentaría su utilización en el comercio internacional o entre regiones muy distantes. Para su mejor conservación comenzaron a hacerse aleaciones con otros metales; así, la ley de una moneda es la proporción de metal precioso que contiene en relación con su peso total. Junto a las monedas de oro o plata se desarrollaron las de metal vil, como el cobre, cuya aleación con plata recibirá el nombre de vellón. Naturalmente, el vellón era una moneda cuya validez se limitaba, en principio, al territorio en que era acuñado. Entre diversos países se utilizaba exclusivamente la moneda de oro o plata, lo mismo que ocurría, dentro de un mismo reino o territorio, cuando se trataba de cantidades importantes. Las monedas de vellón dominaban en cambio las transacciones menudas, que eran las habituales entre la población.
La existencia de dos tipos básicos de moneda: la de metal precioso y el vellón, compuesto fundamentalmente de un metal vil, como era el cobre, hacía que, mientras las monedas de oro o plata, con independencia de su valor de cambio, se aceptaban por su valor intrínseco, las de vellón se cambiaban con las otras en la medida en que la cantidad circulante no fuera excesiva y la ley de las monedas de vellón se mantuviera estable. Si no ocurría así y se acuñaba mucho más vellón o se reducía su cantidad de plata, o su peso, tales monedas se depreciaban en relación con las otras, y aparecía el llamado ‘premio’ o cantidad adicional que el poseedor de moneda de oro o plata exigía por cambiarla por las de vellón. Desde la baja edad media, con los comienzos del capitalismo, comenzaron a utilizarse medios de pago no monetarios, como las letras de cambio, que en las grandes transacciones mercantiles evitaban el transporte continuo de oro o plata y los riesgos inherentes al mismo.
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MONEDA MEDIEVAL

Monedas califales
El califato de Córdoba supuso el periodo de mayor apogeo de al-Andalus y, a lo largo de un siglo de existencia, desde el 929 hasta el 1031, marcó el cenit de la influencia del islam andalusí dentro y fuera de la península Ibérica. La fotografía que aquí aparece muestra unas monedas acuñadas durante el gobierno del califa Hisam II (a finales del siglo X), que, en la actualidad, se encuentran en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid (España).

Durante la alta edad media, y debido a su economía primordialmente autárquica, apenas hubo circulación monetaria. La evolución hacia una economía de carácter comercial permitió el desarrollo de los intercambios, lo que exigió una mayor acuñación de metales preciosos.
Durante los siglos VIII y IX, la circulación monetaria fue escasa. Los reyes de Asturias y los de León no hicieron acuñaciones propias y en los condados catalanes se adoptó el sistema monetario Carolingio basado en la plata. A partir del siglo XI, el desarrollo económico que se produjo en los reinos cristianos peninsulares, al igual que ocurrió en toda Europa, permitió un incremento de las actividades comerciales y la utilización de la moneda como medio de pago comenzó a ser frecuente. Además, la sustitución del califato de Córdoba en 1031 por los reinos de taifas facilitó a los reinos cristianos un sistema de explotación financiera basado en las parias, tributos que pagaban los musulmanes en moneda de oro (dinares o metcales) y de plata (dirhemes). A partir de ese momento, todos los príncipes hispanocristianos comenzaron a acuñar moneda propia.
En los reinos de Castilla y León, el sistema monetario utilizado se inspiró en el de al-Andalus. El monarca castellano-leonés Alfonso VI fue probablemente el primer rey que acuñó moneda propia. Este monarca fundó una ceca o casa de la moneda en Toledo y otra en León, donde se acuñaba moneda regis o denarios regis, moneda de vellón acuñada con la plata procedente de las parias musulmanas mezclada con una cierta cantidad de cobre. Sin embargo, lo normal era imitar la moneda musulmana, de forma que durante este reinado circularon también los dirhemes de plata. Aunque la acuñación de moneda era un derecho regio, algunos grandes señores, como el obispo de Santiago de Compostela, Diego Gelmírez, obtuvieron por privilegio del Rey, en 1107, el derecho de acuñación.
A partir de la cuarta década del siglo XII, el papel del oro almorávide fue decisivo. El sistema monetario musulmán, basado en el oro, fue el que se adoptó en Castilla y León, donde el dinar almorávide pasó a ser la base del sistema monetario cristiano. Fue Alfonso VIII quien, a partir de 1172, acuñó la primera moneda de oro autóctona castellana, el maravedí de oro, que imitaba los dinares almorávides. También durante el siglo XII continuó la acuñación de dineros de vellón, lo cual facilitó la utilización de la moneda por un mayor número de individuos.
Durante el siglo XIII, el maravedí de oro dejó de acuñarse y fue Fernando III el Santo (en cuya persona tuvo lugar la definitiva creación de la Corona de Castilla) quien emitió una nueva moneda de oro, la dobla o castellano, basado en el dinar acuñado por los almohades. A partir de este momento, el maravedí de oro se convirtió en moneda de cuenta o imaginaria, y la dobla fue la pieza básica del sistema castellano. Esta moneda se acuñó abundantemente durante los siglos XIV y XV con una calidad excelente, llegando a equivaler en 1480 a cuatrocientos ochenta maravedís. Por su parte, desde el siglo XIII los intercambios menores se realizaron con moneda de vellón o con monedas acuñadas en plata. Con este último metal, Alfonso IX acuñó pepiones y Fernando III los llamados ‘dineros burgaleses’. Alfonso X el Sabio, en un intento de mejorar su situación financiera, acuñó en plata el ‘maravedí blanco’ y en vellón los llamados ‘dineros prietos’ y ‘dineros alfonsíes’. Pedro I intentó convertir la plata en patrón del sistema monetario y acuñó el ‘real’. Enrique III emitió la ‘blanca’, moneda de vellón de la que existieron numerosas variantes.
En definitiva, durante los siglos XIII y XIV no hubo escasez de metales preciosos, aunque ello no impidió una inestabilidad monetaria, sobre todo entre 1252 y 1286, a consecuencia de la conquista andaluza, lo que provocó fuertes devaluaciones monetarias. Desde 1350 hasta el reinado de los Reyes Católicos, el sistema monetario en la Corona de Castilla se basó en las doblas (oro), reales (plata) y las diversas monedas de vellón.
En el ámbito navarro y catalanoaragonés se adoptó el sistema Carolingio, basado en el monometalismo de la plata. La unión de los reinos de Navarra y Aragón en 1076 incrementó la percepción de las parias procedentes de los musulmanes y aumentó la circulación monetaria. Durante los siglos XI y XII, la unidad de cuenta fue el ‘sueldo’, mientras que se usó como moneda efectiva el denario o dinero. El oro se acuñó esporádicamente en el condado de Barcelona con los condes Berenguer Ramón I y Ramón Berenguer I, recibiendo el nombre de ‘mancus’.
Una vez creada la Corona de Aragón, la apertura de los comerciantes catalanes hacia el Mediterráneo necesitó de una moneda fuerte. Fue Jaime I el Conquistador quien acuñó en plata el ‘denario grossos’ o ‘gros’, que equivalía a doce denarios y medio. Inspirado en esta moneda, Pedro III acuñó un nuevo dinero cuya marca característica era una cruz y que se conocía como el ‘croat’. El croat se convirtió en el símbolo monetario de un periodo de brillantez económica, pero pronto fue necesario introducir el oro en el sistema monetario catalán y emplear una moneda aceptada en los circuitos comerciales mediterráneos. Por ello, Pedro IV cambió el patrón plata por el oro y acuñó el ‘florín de oro’, que imitaba la moneda de Florencia. Las crisis de la segunda mitad del siglo XIV provocaron numerosas devaluaciones de dicha moneda, por lo que la burguesía catalana volvió a recuperar su confianza en el croat, revaluándose la plata. Durante el siglo XV, lo más característico de estos núcleos orientales de la península Ibérica fue la fuga de moneda de oro y plata al extranjero, junto con una invasión de moneda francesa, fundamentalmente escudos y blancas.
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MONEDA MODERNA
Monedas de los Reyes Católicos
La foto muestra diversas monedas acuñadas en la época del reinado de los Reyes Católicos (cuyas respectivas efigies podemos observar en tres de ellas), hacia finales del siglo XV, que recibieron el nombre de excelentes y en la actualidad se encuentran depositadas en la Casa de la Moneda (Madrid, España).

Con los Reyes Católicos, en el arranque de la edad moderna, se inició la homogeneización del sistema monetario peninsular, a partir del modelo aportado por la economía más fuerte: la de la Corona de Castilla. Cada uno de los reinos no castellanos continuó teniendo sus monedas. Pero, en 1497, el patrón básico del sistema se fijó en torno al ‘excelente’ (de oro y llamado ducado desde 1504), el real (plata) y la blanca (vellón). La unidad de cuenta castellana, el maravedí, establecía la relación entre los diferentes tipos de monedas: el ducado valía 375 maravedís, el real 34 y la blanca 2’5. A partir de tales equivalencias, se acuñaron monedas diversas: de dos, cuatro o más ducados; los reales y sus múltiplos —el mayor de los cuales era el real de a ocho— o fracciones, como los medios reales; y otra serie de monedas de vellón. En 1535, se introdujo una nueva moneda de oro de menos peso y ley que el ducado, con la finalidad de igualar la moneda de oro castellana con la de otros países y evitar su fuga al exterior. Dicha moneda fue el ‘escudo’ o ‘corona’ (350 maravedís), con lo que el ducado dejó de acuñarse y se convirtió en moneda de cuenta. Los Reyes Católicos fijaron un límite máximo a la cantidad de vellón circulante, con lo que establecieron un sistema estable, que funcionó prácticamente durante todo el siglo XVI.
La acuñación de oro o plata era libre. La monarquía fijaba el peso, ley y valor de las monedas, y cualquier particular podía acudir a las diversas cecas existentes en Castilla y acuñar su oro o plata, de la misma forma que podía hacer fundir sus monedas y utilizar dichos metales preciosos para cualquier otro fin. A medida que avanzaba el siglo XVI, la plata, que llegaba en cantidades crecientes de las colonias americanas, principalmente de las minas de Potosí, fue imponiéndose como moneda de metal precioso más utilizada, mientras que el oro redujo su circulación. Centrándonos en Castilla, desde mediados del siglo XVI, la situación monetaria se caracterizó por una inflación importante, lo que incentivó la exportación de metales preciosos. La monarquía realizó múltiples esfuerzos para impedir la salida de metales preciosos del reino. No obstante, dichos intentos fueron inútiles, y la plata americana se dispersó rápidamente por toda Europa.
Entre las causas de este proceso destacaban las siguientes: la abundancia de metal en Castilla incidía en que el valor de la plata, expresado en bienes, fuese muy inferior al resto de Europa, por lo que aquí los precios eran muy superiores, lo que favorecía las importaciones y dificultaba las exportaciones de productos, y así el metal salía para hacer frente a los pagos del déficit. Al mismo tiempo, la propia infravaloración del metal en España respecto de cómo corría en las plazas extranjeras, favorecía directamente su salida hacia otros países (pues las cecas aplicaban tarifas muy bajas y el contenido de metal fino en las monedas castellanas era superior al de las extranjeras). A todo ello se añadían las licencias de exportación que la monarquía concedió a los prestamistas extranjeros, de quienes dependía financieramente, y la enorme salida de remesas monetarias para financiar la política internacional y los continuos enfrentamientos bélicos. En ese contexto, las bancarrotas oficiales fueron frecuentes.
En el siglo XVII, se agravó la situación. Al conocido como ‘siglo de la plata’ siguió una reducción de su cantidad y la consiguiente carestía de la misma, además de utilizarse, sobre todo, para saldar el déficit crónico de la balanza de pagos. Las necesidades dinerarias llevaron a la Monarquía Hispánica a abusar de las acuñaciones de vellón, con las que obtenía un beneficio inmediato, gracias a la reducción de su peso y a la eliminación de la plata que existía en el vellón anterior. Fue ‘la era del cobre’. Lógicamente, el ‘premio’ de la plata aumentó, pero este metal precioso seguía huyendo, puesto que la paridad oro-plata castellana continuaba siendo más alta que la francesa o inglesa. Esta situación de penuria y desorden monetario, que duró hasta la década de 1680, nacía de la crisis crónica de la Hacienda bajo el gobierno de la Casa de Austria.
Durante el siglo XVIII, no hubo novedades importantes en el sistema, aunque aparecieron nuevas monedas y correlaciones entre ellas. La nueva dinastía, la Casa de Borbón, trató de estabilizar el sistema monetario español, pero la tendencia inflacionista de la segunda mitad del siglo provocó las devaluaciones acometidas por Carlos III y por Carlos IV, así como la rebaja del contenido de metal fino y de la ley de las nuevas monedas. Sin embargo, tuvo una mayor trascendencia la abundante emisión de papel moneda, en forma de títulos de deuda pública (los vales reales) y la creación del Banco de San Carlos en 1782.
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MONEDA CONTEMPORÁNEA
Pesetas
La imagen muestra algunos de los últimos billetes y monedas de peseta que han estado en circulación. En el Estado español, la peseta ha sido la única moneda de curso legal desde 1868 hasta el 1 de enero del año 2002, día en el que empezaron a circular monedas y billetes de euro.

En el siglo XIX, apareció por primera vez un sistema monetario español. El comienzo del siglo se caracterizó por el mantenimiento de las unidades monetarias anteriores, a las que se unió la circulación de monedas inglesas o francesas. En 1848, se implantó el sistema decimal; las unidades serían el doblón o centén isabelino de oro (igual a 100 reales o 10 escudos de plata); el medio duro de plata (10 reales o un escudo), el duro (20 reales), la peseta (4 reales), la media peseta y el real, así como una serie de monedas menores de cobre. Por decreto de 1854, se extinguió la unidad de cuenta tradicional: el maravedí, y se estableció como unidad efectiva el real, dividido en 100 partes o céntimos.
Finalmente, el sistema monetario español, bajo el influjo de la Convención Monetaria Latina (1865), consumó este proceso de simplificación al inicio del Sexenio Democrático, en 1868, con el Decreto Figuerola (así conocido por haber sido obra del ministro de Hacienda, Laureano Figuerola, durante la presidencia de gobierno del regente del reino Francisco Serrano, duque de la Torre), que fijó como unidad la peseta de plata de 100 céntimos, sobre la que habría varias monedas múltiplos, en oro y plata, y otra serie de ellas fraccionarias, las menores de las cuales eran de bronce, de 10, 5, 2 y 1 céntimo. En 1874, se concedió el monopolio de emisión al Banco de España.

Monedas de euro
En la imagen, aspecto de las distintas monedas de 1 euro que circulan en diez de los países de la Unión Europea. En el extremo inferior derecho, el euro "español", con la efigie del rey Juan Carlos I.

A partir de ese año, se consolidó el sistema monetario que habría de servir de base al utilizado en España durante el siglo XX, el cual se vio afectado por las fluctuaciones del sistema monetario internacional. En dicho siglo, fueron desapareciendo las monedas hechas con metal precioso para utilizarse metales de escaso valor, como el níquel, el cobre o el aluminio. Dicha evolución, unida al desarrollo del papel moneda para los valores más altos, se basa en la existencia a escala internacional de un patrón oro, cuyos depósitos en el banco emisor de cada país respaldan la moneda circulante.
Como consecuencia del proceso de Unión Económica y Monetaria, la sustitución de la peseta por la moneda única de la Unión Europea, el euro, culminó definitivamente el 1 de marzo de 2002.

El invento de la Libra esterlina





Libra esterlina, unidad monetaria del Reino Unido, representada por el símbolo £. Basándose en su contenido en oro, la libra, representada por una moneda de oro, el soberano, contiene 113,001 granos, o 7,32238 gramos, de oro puro. Debido a la posición que tradicionalmente ha tenido el Reino Unido en el comercio mundial, y como principal centro financiero y de banca internacional, la libra ha sido una de las principales unidades monetarias o divisa utilizada a escala internacional. La expresión de 'área esterlina' o 'zona esterlina' se refiere a aquellos países que pertenecieron al Imperio Británico, o pertenecen a la Commonwealth, o países cuyo comercio exterior se realiza con el Reino Unido, y por lo tanto mantienen muchas libras esterlinas en reservas. En mayo de 2007, una libra esterlina se cambiaba por 1,98 dólares estadounidenses.
En la historia, el término libra y libra esterlina apareció en la Bretaña anglosajona en el siglo VIII cuando la principal unidad monetaria, denominada 'esterlina' se hizo equivalente a 1/240 de una libra de plata y 240 esterlinas se conocían bajo el nombre de 'una libra de esterlinas'. La libra se pudo convertir en plata hasta el año 1717, siendo sustituida por oro por el gobierno británico. En 1797 el gobierno abandonó el patrón oro durante las guerras napoleónicas; el patrón oro fue restaurado en 1816; se abandonó de nuevo este sistema durante la I Guerra Mundial, y se volvió a restaurar en 1925, para abandonarlo definitivamente en 1931. Los intentos de mantener un tipo de cambio fijo de la libra esterlina con otras monedas fracasaron por primera vez en 1972, cuando los acuerdos monetarios derivados de la Conferencia de Bretton Woods dejaron de ser efectivos, y de nuevo en 1992 cuando la libra esterlina abandonó el Sistema Monetario Europeo de la Unión Europea. En la actualidad, su valor se fija mediante el mecanismo de la oferta y demanda.
El 15 de febrero de 1971, la equivalencia de la libra pasó al sistema decimal, y en vez de dividirse en 20 chelines se dividió en cien peniques, reemplazándose los chelines y peniques tradicionales utilizados desde el siglo XI y durante la época anglonormanda.

El invento de los Sindicatos en España y Latinoamérica





Sindicatos (España y Latinoamérica), organizaciones y asociaciones que a lo largo de la historia han luchado por mejorar la situación de la clase obrera en España y en los países de Latinoamérica.
El movimiento obrero organizado se inició en Gran Bretaña y Francia durante el siglo XVIII y principios del XIX, extendiéndose con gran rapidez por todo el mundo. En España y Latinoamérica aparecen las primeras organizaciones de trabajadores a mediados del siglo XIX, adquiriendo pronto una destacada importancia. La pobreza, las malas condiciones de vida, el bajo nivel de vida, y la explotación capitalista del proletariado del continente sudamericano hicieron que surgiesen multitud de organizaciones de trabajadores. Sin embargo, la inestabilidad política y las dictaduras militares, tanto en España como en el entorno latinoamericano, han dificultado la supervivencia de estos movimientos. Algunos han logrado sobrevivir en la clandestinidad, otros han desaparecido, y algunos han renacido con el restablecimiento de la democracia.
La descripción de los sindicatos en el mundo de habla hispana viene dificultada por la ingente cantidad de organizaciones de este tipo existentes, puesto que no sólo aparecen sindicatos generales a los que se pueden adscribir todos los trabajadores por cuenta ajena, sino también sindicatos específicos para cada rama de actividad, industria, o incluso empresa concreta.
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SINDICATOS EN ESPAÑA
El movimiento obrero y las asociaciones sindicales en España han tenido una fuerza predominante desde mediados del siglo XIX. Durante las años anteriores a la I República española aparecieron numerosas organizaciones sindicales adscritas a todo tipo de corrientes políticas. Entre 1839 y 1867 debieron existir en España unas 30 sociedades obreras, siendo la más conocida la Sociedad de Tejedores de Barcelona, fundada en 1840. Poco después se formó la Federación de las Tres Clases de Vapor. En 1855 el capitán general de Barcelona disolvió las llamadas ‘sociedades de resistencia’ de los trabajadores. La revolución de 1868 facilitó la aparición de nuevas organizaciones y la llegada a España de los primeros enviados de las organizaciones obreras internacionales. La Federación Regional española, adherida a la Asociación Internacional, de tendencia anarquista, se fundó en 1870. Dos años más tarde, en 1872, se produjo una escisión y un grupo de trabajadores de orientación marxista creó la Nueva Federación Madrileña, embrión inicial de la Unión General de Trabajadores (UGT), creada en Barcelona en 1888.
Por su parte, los núcleos obreros anarquistas, seguidores de Mijaíl Alexándrovich Bakunin, sobrevivieron en medio de grandes dificultades, hasta que lograron establecer la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), a finales de 1910.
Las organizaciones obreras españolas participaron, junto con los partidos de izquierdas, en los diferentes procesos revolucionarios que jalonaron las primeras décadas del siglo XX, el enfrentamiento o la colaboración con la dictadura del general Primo de Rivera, las huelgas generales nacionales o regionales, la represión militar y el advenimiento de la II República, que apoyaron inicialmente con todo entusiasmo.
Sus diferentes actuaciones durante el periodo republicano, especialmente las protagonizadas por la Federación Anarquista Ibérica (FAI), el sector más radical de la CNT, llevó a los sindicatos a un enfrentamiento suicida del que supieron salir cuando el levantamiento del 18 de julio de 1936 volvió a unirlos en la lucha contra el fascismo, durante la Guerra Civil. El movimiento asociativo obrero sufrió una grave crisis durante el franquismo, cuando se prohibió la libre sindicación, por lo que los sindicatos obreros tuvieron que pasar a la clandestinidad.
En la actualidad, los dos sindicatos con mayor representación son Comisiones Obreras (CCOO) y la UGT. Las Comisiones Obreras surgieron a raíz de las huelgas mineras asturianas de 1962 y 1963 (siendo su primer antecedente las comisiones de fábrica del País Vasco de 1956 y la comisión obrera de 1958 en Gijón). Respaldadas por el Partido Comunista de España (PCE) lograron una rápida difusión y se caracterizaron por luchar, desde su interior, contra el sindicalismo vertical de la Central Nacional de Sindicatos (CNS). Declaradas ilegales en diciembre de 1966, perdieron parte de su influencia durante el periodo de clandestinidad, aunque volvieron a ser el principal sindicato tras ser declaradas legales en 1977. En las elecciones sindicales de 1978 tenían una posición superior a la de UGT, predominio que perdieron en las elecciones sindicales de 1986 recuperándose posteriormente. En 1987 Antonio Gutiérrez sustituyó en la presidencia a su líder histórico, Marcelino Camacho.
La UGT experimentó un crecimiento espectacular durante la II República, a la que defendió en las grandes ciudades tras el alzamiento de 1936. Fue declarada ilegal durante el franquismo, por lo que perdió gran parte de su influencia. Tras la muerte del general Francisco Franco en 1975, recuperó la legalidad y a partir de 1986 afianzó su liderazgo dentro del movimiento sindical español. Creó una plataforma de acción sindical con CCOO en 1988 para protestar, en la opinión de estos sindicatos, por la política social-liberal del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), convocando una huelga general en toda España el 14 de diciembre de 1988, con una respuesta de apoyo masivo por parte de la población. En 1992 volvieron a convocar otra huelga general, esta vez de media jornada, que tuvo menos repercusión que la anterior. Durante el XXXVI Congreso de la UGT (1994), el que había sido su secretario general desde 1976, Nicolás Redondo, fue sustituido por Cándido Méndez.
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SINDICATOS EN LATINOAMÉRICA
Luiz Inácio Lula da Silva
Luiz Inácio da Silva, el político brasileño más conocido como Lula, se convirtió en la década de 1970 en uno de los sindicalistas más destacados de Latinoamérica. En 1980 participó de forma decisiva en la fundación del Partido de los Trabajadores (PT). Esta imagen suya, de 1994, fue tomada poco antes de ejercer su segunda candidatura presidencial y sufrir la primera derrota ante el socialdemócrata Fernando Henrique Cardoso.

Los primeros movimientos sindicales organizados aparecieron en América latina a mediados del siglo XIX. En 1847 se crearon en Chile las primeras Sociedades de Socorro Mutuo que entre 1850 y 1860 convocarían las primeras huelgas de trabajadores. Argentina inició sus relaciones con la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT) en 1870. En Uruguay se creó en 1876 la Federación Regional de Montevideo que dio lugar a la Federación Obrera Local Uruguaya de 1885. En 1901 surgió la Federación Obrera Argentina, antecedente de la socialista Unión General de Trabajadores (UGT) argentina (1903), y sociedades similares aparecieron en Paraguay (1906), Bolivia (1908) y México (1912). En la actualidad los sindicatos más destacados de la región son: la Confederación de Trabajadores de Chile (CTCh), creada en 1936, y que en 1952 se convirtió en la Central Unificada de Trabajadores Chilenos (CUTCh); la Confederación de Trabajadores de México (CTM), en cuya fundación (1936) destacaron Vicente Lombardo Toledano (su principal organizador y primer secretario general) y Fidel Velázquez (que la dirigió desde 1941 hasta 1997), y que forma parte de la estructura orgánica del Partido Revolucionario Institucional (PRI); la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV), disuelta tras el golpe de Estado de 1948, y reorganizada en 1959; la Confederación General del Trabajo de Argentina (CGTA) creada en 1943 y la Unión General de Trabajadores (UGT) de Argentina (1903). A escala interregional funcionó la Confederación de Trabajadores de América Latina (CTAL), organización sindical (cuyo primer presidente fue también Lombardo Toledano) fundada en México en 1938 a la cual se afiliaron la mayoría de las organizaciones sindicales de los países latinoamericanos y que en la década de 1950 daba a conocer la cifra de ocho millones de afiliados, en el momento de mayor apoyo a las políticas sindicales de la órbita comunista, razón de su constante decadencia en los años siguientes. Más importancia tuvo, a partir de 1951, la conversión de la Confederación Latinoamericana de Trabajadores (CLT) en la más amplia y democrática Organización Regional Interamericana de Trabajadores (ORIT), rama latinoamericana de la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres (CIOSL), que se había creado en Londres en 1949 y cuya sede en México se estableció en 1952. Desde sus inicios mantuvo excelentes relaciones con los sindicatos democráticos del mundo occidental.


El invento del Dólar




Dólar. (Del ingl. dollar, y este del b. al. daler). m. Unidad monetaria de los Estados Unidos de América, el Canadá, Australia, Liberia, Nueva Zelanda y otros países del mundo. || 2. Moneda de plata de los Estados Unidos de América, el Canadá y Liberia.


Moneda de dólar
Moneda de dólar de oro cuya emisión comenzó a comienzos de 2000. En su anverso se representa a Sacajawea y a su pequeño hijo Jean Baptiste. Sacajawea fue la indígena que guió durante muchas jornadas a Lewis y Clark en su famosa expedición, desarrollada desde 1804 hasta 1806 por gran parte del territorio norteamericano.
Cortesía de la Casa de la Moneda de los Estados Unidos de América
Dólar, denominación de varias monedas en vigor en diversos lugares de Europa, África, Asia, Oceanía y en el hemisferio occidental. Es la unidad de cuenta de los sistemas monetarios de Australia, Canadá, Hong Kong, Nueva Zelanda, Singapur, Estados Unidos y otros países. El término dólar proviene del alemán Daler o Taler, abreviatura de joachimsthaler, nombre de una moneda de plata que llevaba impresa la efigie de San Joaquín, acuñada por primera vez (1519) en lo que hoy es Alemania. Con posterioridad, se acuñó una gran moneda de oro en España denominada peso duro que fue muy utilizada en las colonias españolas e inglesas del Nuevo Mundo.
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DÓLAR AUSTRALIANO
Australia adoptó el sistema decimal para sus monedas en 1966, reemplazando el anterior sistema imperial británico de la libra esterlina. El dólar australiano se divide en cien céntimos. En mayo de 2007, un dólar australiano equivalía a 0,61 euros.
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DÓLAR CANADIENSE
Canadá adoptó el sistema decimal para sus monedas en 1867. Dólares, céntimos y milésimas fueron definidos para ejercer de moneda oficial canadiense: un dólar de 2,58 gramos de oro sería el valor normal de la moneda oficial. En mayo de 2007, un dólar canadiense equivalía a 0,66 euros.
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DÓLAR NEOZELANDÉS
La ley sobre la Moneda Decimal de 1964 sancionó el sistema decimal en Nueva Zelanda que entró en vigor en 1967, sustituyendo a la libra neozelandesa. El dólar neozelandés está dividido también en cien céntimos. En mayo de 2007, un dólar neozelandés equivalía a 0,54 euros.
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DÓLAR ESTADOUNIDENSE
Tras la guerra de la Independencia de Estados Unidos, el Congreso Continental adoptó el sistema decimal. Los primeros dólares estadounidenses se acuñaron en Filadelfia, por el Gobierno federal, en 1794, tras aprobarse la ley Monetaria de 1792. Esta ley establecía dos patrones de valor: un dólar de plata que contenía 371,25 gramos de plata pura y un dólar de oro que contenía 24,75 gramos de oro puro. El dólar de oro, que era muy pequeño, sólo circuló entre 1849 y 1889. A lo largo de la historia se ha revisado varias veces la proporción de oro y plata contenida en los dólares.
Una ley del Congreso de 1900 fijó el dólar de oro como patrón monetario de Estados Unidos, estableciendo también el valor del papel moneda de uso legal en función del valor de la moneda de oro. Hasta 1934, el papel moneda estaba respaldado por las monedas de oro o plata: se podían intercambiar los billetes por monedas fabricadas con oro o con plata. Tras la aprobación de la ley de las Reservas de Oro de 1934, el contenido de las monedas se redujo a 13,71 gramos; todas las monedas de oro y todos los billetes respaldados por oro, salvo los de los coleccionistas, fueron retirados de la circulación a cambio de otras monedas con el mismo valor facial, pero con menor valor real; la acuñación de monedas de oro se suprimió. En aquel entonces, había en circulación en torno a 311 millones de dólares en monedas de oro. Desde entonces, los dólares en circulación, tanto billetes como monedas, han sido fiduciarios: su valor viene dado por su poder adquisitivo, y no por su valor de intercambio por metales preciosos. El dólar estadounidense, desde que se aprobó la ley de Reservas de Oro, ha sufrido varias devaluaciones. Durante la década de 1970 el valor del dólar cayó en relación con otras monedas más estables, mientras que el valor del oro aumentaba. La recuperación económica estadounidense de principios de la década de 1980 cambió esta tendencia. Sin embargo, en 1986 se intentó reducir el enorme déficit comercial estadounidense devaluando el dólar frente a otras monedas, un proceso que tuvo un enorme éxito frente al marco y al yen.
Los dólares de plata siguieron en circulación hasta 1965, fecha en que estuvieron a punto de desaparecer porque su valor facial era muy inferior a su contenido en plata. A principios de 1975, se permitió que los estadounidenses tuvieran, compraran y vendieran oro como cualquier otro bien, pero las monedas de oro no circulaban como dinero.
El dólar es la primera moneda de reserva internacional, aunque se observan claros signos de decadencia desde la década de 1990, agudizados con la aparición del euro en 2002. Sin embargo, más del 60% de las reservas de divisas mundiales se conservan en dólares hoy día, y también más de la mitad de la riqueza privada mundial; la mitad del comercio mundial se sigue negociando en dólares. En mayo de 2007, un dólar estadounidense equivalía a 0,74 euros.

El invento del Sector público





Planta de ENSIDESA, Asturias
El obrero que aparece en la imagen trabajaba en un horno de coque de la planta de lo que fue ENSIDESA (Empresa Nacional Siderúrgica, Sociedad Anómina), empresa pública española dedicada a la producción de hierro y acero y situada en el concejo de Avilés, en el sector central del Principado de Asturias. Hoy, una vez privatizada, la empresa se llama Aceralia.


Sector público, empresas e instituciones que dependen del Estado en una economía nacional. La actividad económica del sector público abarca todas aquellas actividades que el Estado (Administración local y central) y sus empresas poseen o controlan. El papel y el volumen del sector público dependen en gran medida de lo que en cada momento se considera interés público; ello requiere definir con antelación el ámbito de ese interés general. Lo normal es que el sector público constituya un elevado porcentaje de la economía de un país e influya sobre la actividad económica global. Por ejemplo, el Gobierno puede limitar el crecimiento de los salarios de los funcionarios para evitar aumentos de la inflación, realizando así una política de precios y rentas extraoficial o informal.
A partir de la II Guerra Mundial, muchos países fomentaron el crecimiento del sector público en detrimento del sector privado, pero a partir de la década de 1980 esta tendencia cambió. Se favoreció la privatización de empresas públicas, revirtiéndose así la anterior política de nacionalizaciones. Este fenómeno se ha generalizado en Latinoamérica e incluso en los antiguos países comunistas de Europa del Este y Estados poscomunistas como China. Esta política presupone que el sector privado, debido a la competencia entre empresas, es capaz de producir con mayor eficacia y con menores costes que el sector público, cuya flexibilidad para reaccionar ante los cambios del mercado está limitada por la burocracia. Sin embargo, en algunos casos los gobiernos pueden preferir el mantenimiento de empresas públicas, aunque sean menos eficientes, por temor a las consecuencias políticas que podría ocasionar una apertura del sistema, como ocurre en China, que ante el peligro de la inestabilidad social que provocaría una alta tasa de desempleo mantiene empresas públicas ineficientes que incurren en enormes pérdidas año tras año. En Latinoamérica, las empresas del sector público tuvieron un papel estabilizador y regulador durante las décadas de posguerra e inclusive en la década de 1960. A partir de esa fecha, y debido a varios factores internos y externos, las empresas públicas comenzaron a generar enormes pérdidas, a lo que se sumó una galopante hiperinflación relacionada con la emisión descontrolada de moneda. A principios de la década de 1990 la mayoría de los gobiernos optó por privatizar gran parte de estas empresas, en su mayoría relacionadas con las telecomunicaciones, la banca y la energía.


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