Las Lenguas germánicas




Lenguas germánicas, subfamilia de las lenguas indoeuropeas. Más de 400 millones de personas hablan estas lenguas en el norte y oeste de Europa, en América del Norte, Sur de África y Australia. Se clasifican en tres grandes ramas en función de su estructura y evolución: 

1. Germánica oriental (extinguida): lengua gótica y otras lenguas desaparecidas. Sólo en el caso del gótico ha perdurado alguna información sustancial.
2. Germánica septentrional o escandinava: grupo occidental islandés, noruego, y faroés (intermediario entre el islandés y los dialectos del noruego occidental); grupo oriental danés y sueco.
3. Germánica occidental: grupo anglofrisón, formado por el inglés y el frisón (Véase también inglés); grupo germano-neerlandés neerlandés, o flamenco-holandés (véase lengua holandesa; lengua flamenca o flamenco) dialectos del bajo alemán (Plattdeutsch o bajo alemán), afrikáans, alemán o High German (alto alemán) y yidis.
Las lenguas germánicas se agrupan en función de los parecidos que existen en su fonología, gramática y léxico, y se piensa que pudieran haber derivado de una lengua antigua y común. En el caso de los dialectos regionales no escritos, los escandinavos, dentro de los cuales el danés presenta una divergencia mayor, forman una única área idiomática que mantiene un alto grado de recíproca comprensión (excepto el islandés, que se mantuvo mucho tiempo aislado y conserva muchos arcaísmos).Los dialectos germano-neerlandeses constituyen otra área idiomática. En ambas áreas, la lengua hablada varía gradualmente de un pueblo a otro, y a medida que aumenta la distancia, se acumulan grandes diferencias. Además, en los dos casos existe más de una norma literaria que se corresponde con las determinadas divisiones históricas y políticas. Cuando se habla, por ejemplo, de lengua sueca lo que se está remarcando es su específica norma literaria. Véase también Runas.


Las Lenguas indoeuropeas




Lenguas indoeuropeas, con este nombre se conoce a la mayor familia de lenguas del mundo que está formada por las siguientes subfamilias: albana, armenia, báltica, celta, eslava, germánica, griega, indoirania, itálica (que incluye las lenguas románicas), y las dos subfamilias hoy desaparecidas, la anatolia, que incluye la lengua de los hititas, y la tocaria. En el presente algo más de 1.500 millones de personas hablan lenguas indoeuropeas.
2
FIJACIÓN DE ESTA FAMILIA DE LENGUAS
A partir de la segunda mitad del siglo XVIII y durante todo el siglo siguiente, la lingüística comparada y la llamada neogramática se esforzó en acumular datos que demostraran que este conjunto de lenguas tan aparentemente diversas, formaban parte de una única familia. Los documentos del sánscrito y del griego clásico (los más antiguos de las lenguas indoeuropeas, si exceptuamos los hititas, que por entonces no estaban descifrados), presentan las formas características propias de las lenguas indoeuropeas, lo que demuestra la existencia de una lengua madre común. Las relaciones entre el sánscrito, el griego clásico y el latín se habían comprobado ya hacia principios del XIX. Los gramáticos indios habían realizado una clasificación sistemática de los elementos que constituyeron su lengua en el periodo antiguo. A ello se añadió un estudio igualmente sistemático y comparativo de los sistemas fonéticos y gramaticales de las lenguas europeas. Todo eso condujo a conclusiones muy concretas sobre la existencia de una fonética y una gramática que debió tener la lengua común a todas (el llamado protoindoeuropeo) y apuntaba hacia el momento en que la lengua se fragmentó, dando lugar a otras bien diferenciadas (por ejemplo, hacia el 2000 a.C. el griego, el hitita y el sánscrito eran idiomas distintos, pero las diferencias que mostraban entre sí, prueban que la lengua madre tenía que existir hacia el 3000 a.C., es decir, un milenio antes). Cuando se descifraron los textos hititas (identificados como indoeuropeos hacia el 1915) y en la última década del siglo XIX se descubrió el tocario (indoeuropeo que se hablaba en la edad media en el Turkestán chino), se añadieron datos nuevos sobre la evolución de la familia, así como también sobre las características del indoeuropeo.
La lingüística comparada estableció una serie de principios básicos al trabajar sobre el antiguo indoeuropeo. Entre los más importantes están las leyes de Grimm y Verner que establecieron la correspondencia fonética entre los fonemas de las lenguas que se relacionan entre sí, lo que supone que un determinado sonido se comporta siempre de la misma manera bajo idénticas condiciones en cualquier lengua del mismo grupo. De acuerdo con ello, en ciertas familias indoeuropeas —albana, armenia, indoirania, eslava y en parte de la báltica— un fonema que se presupone perteneciente al protoindoeuropeo /k/ se convierte en las sibilantes /s/. El ejemplo más divulgado de esta regla es el del cambio que se observa de la palabra 'ciento' que en latín se escribe centum y se pronuncia (kentum), mientras que en el avéstico la palabra es satem, lo que atestigua el paso de k a s. Por eso las lenguas indoeuropeas se han clasificado bien por pertenecer a la rama occidental (del centum), o bien a la oriental (del satem). No obstante, muchos lingüistas no aceptaron ese criterio para dividir la familia en dos ramas porque ello significaba que la fragmentación se había producido en épocas muy tempranas y además, porque, aun siendo un rasgo de gran interés, no es el único elemento decisivo que diferencia en dos ramas el grupo indoeuropeo.
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EVOLUCIÓN
En términos generales las lenguas indoeuropeas muestran una pérdida progresiva de la flexión. Por lo que se sabe, el protoindoeuropeo fue una lengua muy flexiva, en la misma medida que muestran otras lenguas clásicas como el sánscrito, el avéstico y el griego; frente a ello, las lenguas modernas, que han sufrido un largo proceso evolutivo, se dirigen hacia una vía analítica, como por ejemplo el inglés, el francés y el persa, usando complementos con preposición y verbos auxiliares en lugar de la declinación nominal y la conjugación verbal. En gran parte, la pérdida de los elementos flexivos ha sido el resultado de un largo proceso que ha conducido a la pérdida de las sílabas finales de las palabras, así muchas de las indoeuropeas eran más breves que las correspondientes protoindoeuropeas. Además en otras lenguas ha tenido lugar el desarrollo de nuevos procedimientos gramaticales, y han ocurrido numerosos cambios de significado en algunas palabras concretas.
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UNA CULTURA ANTIGUA
Es posible establecer con un alto grado de certeza el significado originario de una serie no muy extensa de palabras que pertenecieron al protoindoeuropeo; en casi todas las lenguas indoeuropeas existen palabras derivadas con un significado parecido. Este vocabulario limitado hace pensar que habría existido una cultura, a la que cabe calificar de nueva edad de piedra, que habría estado asentada en la agricultura, tendría animales domésticos y quizá conociera los metales. Se ha especulado mucho sobre su identidad y localización. Ahora bien, los descubrimientos arqueológicos apuntan hacia una cultura prehistórica kurgana que había estado situada en la base de los montes Urales, entre el 5000 a.C. y el 3000 a.C. y en torno al siguiente milenio se habría difundido hacia Europa Oriental y el norte de Persia.


Lenguas aborígenes de Hispanoamérica




Códice Tro-Cortesiano
Escrito sobre papel de fibra de corteza de copó, es una sola tira de 7,15 m de largo doblada a modo de biombo, sobre la que hay pintados jeroglíficos de carácter religioso y mágico. El códice Tro-Cortesiano, también llamado Matritense, contiene fórmulas adivinatorias que utilizaban los sacerdotes mayas para predecir acontecimientos futuros. Fue descubierto en España en dos fragmentos: el más grande pertenecía a Juan de Tro y el menor a José Ignacio Miró, quien lo bautizó "cortesiano" en honor al conquistador de México, Hernán Cortés. Se custodia en el Museo de América de Madrid (España).

Lenguas aborígenes de Hispanoamérica, lenguas que se hablaron o hablan en la América hispánica y que proceden de los pueblos precolombinos.
En Hispanoamérica se han hablado cientos de lenguas y dialectos aborígenes, pertenecientes a numerosas familias (troncos). Muchas ya han desaparecido, por los avatares de las conquistas y colonizaciones; otras han sobrevivido y están, en la actualidad, plenamente vigentes, como, por ejemplo, el náhuatl o azteca, el quiché, el quechua, el aimara, el guaraní y el mapuche. No son en absoluto lenguas “primitivas” —como se ha afirmado sin conocerlas en profundidad—, pues poseen estructuras que permiten a sus hablantes comunicarse expeditamente, al igual que cualquier ser humano del llamado “mundo civilizado”. Incluso, sus gramáticas son, en muchos casos, más elaboradas que las de distinguidas y difundidas lenguas indoeuropeas. En ellas se expresan, desde luego, las culturas que los aborígenes han creado y desarrollado desde hace milenios. No pocas permanecen todavía desconocidas, total o parcialmente, sobre todo las habladas por grupos tribales que habitan en las grandes selvas del continente.
Las lenguas aborígenes de Hispanoamérica han tenido un carácter predominantemente oral, pues sólo unos pocos pueblos (aztecas, mixtecos, mayas) habían logrado crear un sistema de escritura (básicamente pictográfica), el cual, a raíz de la conquista española y la consiguiente transculturación, cayó en desuso. Los misioneros católicos emplearon el alfabeto castellano al elaborar gramáticas (artes) y catecismos (el primero, en náhuatl, apareció en 1528), con el fin de facilitar la evangelización. Tan sólo en época reciente se ha intentado oficializar alfabetos para algunas lenguas (por ejemplo, para el aimara, en 1954 y 1969; para el quechua, en 1975), pero, en la práctica, con poco éxito. Los lingüistas, por su parte, utilizan sus propios sistemas de transcripción.
La población aborigen de Hispanoamérica es de 30 millones según cálculos aproximados. En Guatemala y Bolivia supera el 50% de la población total. México, Ecuador y Perú cuentan con grupos importantes; en cambio, en Panamá, Venezuela y Colombia los grupos son pequeños, tribales. En Chile los mapuches son alrededor de medio millón. En Paraguay predomina la población mestiza, y los aborígenes son, comparativamente, pocos. El único país donde no hay indígenas es Uruguay.

En relación al número de lenguas habladas en cada país, hay variación. Entre los países más multilingües figuran México (alrededor de 50 lenguas, pertenecientes a 10 troncos, como el yuto-azteca, el maya, el otomanque, el mixe-zoque, entre otros; en el pasado se hablaron unas 100), Guatemala (21 lenguas del tronco maya; además se habla caribe y xinca), Colombia (aproximadamente 70 lenguas, de los troncos arahuaco, chibcha, tucano y quechua, principalmente), Perú (66 lenguas, de los troncos quechua, arahuaco, panotacana y otros) y Bolivia (35 lenguas, de los troncos jaqi, arahuaco, panotacana, tupí guaraní y otros). En Chile, por el contrario, se han hablado comparativamente pocas: como máximo, 10 amerindias.
Aunque las lenguas de Hispanoamérica tendrían un origen común, dado que los antepasados remotos de las poblaciones aborígenes podrían haber emigrado a través del estrecho de Bering desde Asia a este continente (según postula la prehistoria de América) actualmente, y como resultado de cambios ocurridos en ellas durante miles de años, son, en la mayoría de los casos, mutuamente ininteligibles. Ello se evidencia, desde ya, en palabras de su léxico fundamental, como por ejemplo, madre se dice nan-tli (en náhuatl clásico), mama (en quechua), sy (en guaraní) y ñuke (en mapuche).
En su estructuración fonológica (véase Fonología), las lenguas presentan una gran diversidad. Al respecto, si se compara, por ejemplo, el quechua, el mapuche y el guaraní, los dos primeros poseen un sistema vocálico sencillo, sólo con vocales orales (cinco y seis, respectivamente); el último posee, además de seis vocales orales, seis nasalizadas, o sea, doce en total. En lo que respecta al consonantismo, el quechua se caracteriza por la presencia de series de fonemas oclusivos aspirados y glotalizados (eyectivos), desconocidos en mapuche y guaraní. Cabe destacar igualmente que en Hispanoamérica existen lenguas tonales, como, por ejemplo, el mixteco, el zapoteco y el otomí de México.
En cuanto a su estructuración morfológica, se registra también variedad, aunque muchas lenguas son polisintéticas y aglutinantes. En términos sencillos: en ellas se suelen formar palabras complejas, largas, constituidas por la unión (aglutinación) de varios elementos (morfemas), con significado léxico (raíces) y gramatical (categorías de número, persona, tiempo, aspecto, y demás; la categoría de género es poco frecuente), las cuales equivalen a oraciones de lenguas indoeuropeas. En ello se asemejan más a las lenguas ugrofinesas (finés, húngaro) y altaicas (turco). Los morfemas que expresan categorías gramaticales pueden prefijarse o sufijarse a la raíz (o raíces). Los infijos son poco frecuentes.
He aquí algunos ejemplos de polisíntesis y aglutinación:
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NÁHUATL HUASTECA
ni-k-on-ita-s: ‘yo lo veré allá’.
Los morfemas constituyentes de la palabra significan:

ni- : 1ª persona singular
-k- : a él, lo
-on- : allá
-ita- : raíz verbal ver
-s : futuro
El náhuatl huasteca es prefijador y sufijador.
3
QUECHUA
jamu-wa-rqa-nki-chu: ‘¿viniste por mí?’
Los morfemas constituyentes de la palabra significan:

jamu : raíz verbal venir
-wa- : tú me, tú a mí
-rqa- : pasado simple
-nki- : 2ª persona singular
-chu : interrogativo
El quechua es sufijador.
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AIMARA
uta-ja-nka-sk-t-wa: ‘estoy (actualmente) en mi casa’.
Los morfemas constituyentes de la palabra significan:

uta- : raíz nominal casa
-ja- : posesivo de 1ª persona singular
-nka- : estar (en)
-sk- : continuativo. Expresa que la acción o estado continúa
-t- : 1ª persona singular
-wa : afirmación
El aimara es sufijador.
5
MAPUCHE
mütrüm-tu-a-fi-ñ: ‘lo/la voy a llamar otra vez’.
Los morfemas constituyentes de la palabra significan:

mütrüm- : raíz verbal llamar
-tu- : iterativo. Expresa repetición, reiteración de la acción
-a- : futuro
-fi- : a él, lo; a ella, la
-ñ- : 1ª persona singular de modo indicativo
El mapuche es sufijador.
6
LENGUAS INCORPORANTES
Es también característica de estas lenguas aborígenes la llamada incorporación, la cual consiste en introducir en una forma verbal el objeto directo de la acción, expresado éste por una raíz o por un afijo. Cuando se dice, en mapuche, katrü-mamüll-me-a-n, ‘voy a ir a cortar leña’, mamüll, ‘leña’ está incorporado. En mütrüm-tu-a-fi-ñ, el sufijo -fi- expresa el objeto directo. En el primer ejemplo en náhuatl huasteca, que se ha visto antes, lo hace el prefijo -k-.
Debido a tal procedimiento, las lenguas son llamadas incorporantes (véase Clasificación de las lenguas).
Desde los primeros momentos del descubrimiento, los españoles entraron en contacto con las lenguas aborígenes de los troncos arahuaco (o arawak) y caribe (o karib). Se hablaban entonces, en las Antillas Mayores, variedades del subgrupo taíno (o nitaíno) del primero. El taíno propiamente dicho era hablado en Cuba y La Española (Santo Domingo y Haití); el borinquén, en Puerto Rico; el yamaye, en Jamaica y, en las Bahamas, se hablaba el lucaya. En las Antillas Menores se hablaban el eyeri (o allouage), el nepuya, el naparina y el caliponau (usado por las mujeres de las tribus caribes). En las Antillas Menores también se hablaban dialectos del caribe. Ninguna de aquellas lenguas ha sobrevivido.
7
TRONCOS LINGÜÍSTICOS
Algunos de los troncos lingüísticos más importantes de Hispanoamérica son:
7.1
Tronco yuto-azteca
Comprende nueve subgrupos y más de 16 lenguas, habladas en Estados Unidos y México. La más importante es el náhuatl o azteca, que cuenta, en el presente, con más de un millón de hablantes. Su nombre proviene del verbo nuhuati, ‘hablar alto’. Náhuatl significa ‘sonoro’, ‘audible’. También ha sido llamada nahua, nahoa, nahualli, mexihca (‘mexicano’) y macehualli (‘campesino’). Posee varios dialectos, como el náhuatl huasteca (en los estados de San Luis Potosí, Hidalgo, Veracruz y en parte de Puebla), el náhuatl septentrional de Puebla (norte del estado de Puebla), el náhuatl tetelcingo (en la ciudad de Tetelcingo y sus dos colonias, Cuauhtémoc y Lázaro Cárdenas, en la municipalidad de Cuautla, Morelos, México). En Guatemala y El Salvador se habla náhuatl pipil. El dialecto que cuenta con más hablantes es el náhuatl huasteca (350.000).
7.2
Tronco maya
Civilización maya
La civilización maya se extendió por toda la península mexicana del Yucatán y zonas de lo que hoy es Guatemala, Honduras, El Salvador y Belice. En todas estas regiones se han descubierto ruinas de ciudades mayas, que son una muestra de la habilidad y altura artística de sus arquitectos. La civilización maya desapareció hacia el 900 d.C. por causas aún desconocidas.

El maya no es una lengua, sino un tronco que comprende alrededor de 30 lenguas, las cuales son habladas desde el istmo de México hasta Honduras. En el occidente de México están vigentes el tzeltal, el tzotzil, el tojolabal, el yucateco y otras. Sin embargo, la mayoría de ellas (21) se habla en Guatemala, de las cuales cabe consignar, en primer lugar, el quiché (la lengua del Popol Vuh); en seguida, el mam, el kakchikel, el pokomam, el k´ekch´i, entre otras. El quiché se habla en el oeste del país, por cerca de medio millón de personas. Presenta, eso sí, muchos dialectos (14). El mam tiene también alrededor de medio millón de hablantes, y el kakchikel, unos 350.000. El conjunto de las lenguas mayas es hablado por más de dos millones de personas.
7.3
Tronco quechua
Quechuas
Los hablantes de la lengua quechua viven hoy en numerosos lugares de la cordillera de los Andes. Sus ancestros constituyeron la clase gobernante del antiguo Imperio incaico, que ejerció su autoridad en el siglo XV. En la fotografía aparece una mujer quechua tejiendo un característico mantón de vivos colores con un telar. Al fondo, se aprecia la ciudad de Cuzco.

Para algunos estudiosos es una sola lengua con variedades dialectales; para otros, un conjunto de lenguas (21), algunas mutuamente ininteligibles. Originario de la región del Alto Apurímaq y del Urubamba, se difundió por un vasto territorio y es hablada desde el sur de Colombia (Intendencia de Caquetá, Comisaría de Putumayo), Ecuador (provincias de Cotopaxi, Tungurahua, Chimborazo, Cañar, Azuay, norte de Loja y Napo y Pastaza), Perú (en la mayoría de los departamentos, exceptuando Tumbes, Piura, La Libertad, Tacna y Madre de Dios), Bolivia (departamentos de Cochabamba, Chuquisaca, Potosí, este de Oruro y norte de La Paz) y Argentina (Santiago del Estero).
Aunque los incas conquistaron Chile y, a la llegada de los españoles, el quechua era comprendido, por ejemplo, en los valles del norte, no logró entronizarse. Atestiguan su presencia los topónimos y algunos préstamos léxicos en el mapuche.
El quechua tiene todavía millones de hablantes. Se estima que, en Ecuador, hay más de un millón y medio; en Perú, más de tres millones, y, en Bolivia, más de un millón y medio. En Argentina son sólo algunos miles. La cifra total debe ser de, aproximadamente, unos siete millones.
7.4
Tronco tupí-guaraní
Comprende alrededor de 40 lenguas y dialectos, hablados también en un vasto territorio, en Brasil, Paraguay, Uruguay (en el pasado), noreste de Argentina y oriente de Bolivia. Muchos ya se han extinguido. La lengua más importante es el guaraní paraguayo, hablado actualmente por la mayoría de la población del Paraguay.
7.5
Tronco arahuaco (o arawak)
Comprende alrededor de 80 lenguas y dialectos, que han sido hablados, en el pasado, en Florida y las Antillas y, actualmente en las Guayanas, Venezuela, Colombia, Brasil, hasta las estribaciones de los Andes peruanos. La mayoría de sus hablantes forma parte de pequeños grupos tribales.
7.6
Tronco caribe (o karib)
Comprende más de 60 lenguas y dialectos, que han sido hablados, en el pasado, en las Antillas Menores y, actualmente, en las Guayanas, en las cuencas del Orinoco y del Amazonas, desde las costas colombianas del Pacífico hasta el Pará en Brasil. También en este caso los hablantes forman parte de grupos tribales.
8
PRÉSTAMOS AL ESPAÑOL
Las lenguas aborígenes han contribuido —y siguen contribuyendo— al español de América principalmente con léxico, a saber:
Del arahuaco de las Antillas: batata, bohío, caimán, caníbal, canoa, carey, colibrí, enaguas, hamaca, iguana, maíz, sabana, tiburón, etc. Por no haber quedado documentadas las lenguas, ya extinguidas, no se puede saber cuál era la forma original de las palabras. Las transcripciones que hicieron los conquistadores no fueron exactas.
Del caribe de las Antillas: cacique, huracán, piragua, tabaco, con respecto a las transcripciones sucede lo mismo que en el caso anterior.
Del náhuatl: aguacate (de yeca-tl), cacaquate (de tlal-cacaua-tl: ‘tierra cacao’), cacao (de cacaua-tl), camote (de camo-tl), coyote (de coyo-tl), chile, ‘ají’ (de chi-li, ‘rojo’), chocolate (de chocola-tl), mole, ‘salsa’ (de mol-li), tamal, ‘empanada de maíz’ (de tamal-li), tiza (de tiza-tl), tomate (de toma-tl), zopilote (de tzopilo-tl).
Del quechua: cancha (de kancha: ‘recinto’, ‘patio’, ‘empalizada’), cocaví (de kokau: ‘provisión’, ‘víveres para el viaje’), callampa (de k´allampa: ‘hongo’), cóndor, (de kuntur), china (de china: ‘hembra de los animales’, ‘sirvienta’), quaqua (de wawa: ‘niño de teta’), humita (de huminta), puma (de puma: ‘león’, ‘gato montés’), vicuña (de wikuña), vizacacha (de wisk´acha).
Del mapuche: cahuín, (de kawiñ: ‘junta’, ‘reunión que terminaba en borrachera’), curiche (de kurü: ‘negro’ y che: ‘gente’), chopazo (de chope: ‘palo puntiagudo’, ‘barreta de madera para cavar la tierra’), pololo (de pülü: ‘mosca’, pülü-lu: ‘quien vuela o zumba como mosca alrededor’).
Del guaraní: ananá(s), jacarandá, jaquar, ñandú, ombú, tapir, tucán, yacaré.


Lengua vasca




Lengua vasca, idioma cooficial con el castellano en el País Vasco español desde el año 1980; también hablan esta lengua en Navarra y en el departamento francés de los Pirineos Occidentales. Desde 1863 el príncipe Luis Bonaparte clasificó los dialectos vascos en dos grandes grupos, los hablados en España: vizcaíno, guipuzcoano, altonavarro septentrional y altonavarro meridional, y los hablados en Francia: suletino, labortano, bajonavarro oriental y bajonavarro occidental. Hoy la Academia de la Lengua Vasca revisa esta clasificación, porque considera que se trata de un solo idioma perteneciente a un pueblo que a lo largo de la historia no ha convivido como comunidad política en un único Estado. Ha habido tantas variedades como pequeñas comunidades se asentasen en los valles que constituyen su territorio. Así, al sur de los Pirineos se reconocen hasta veinte variedades.
De su origen puede afirmarse que se trata de una lengua afincada desde la época prerromana en los mismos confines físicos donde hoy se emplea. Claramente diferenciada de las lenguas indoeuropeas colindantes, posee características aglutinantes como las lenguas laponas, caucásicas y bereberes; además, como otras lenguas del mundo, cuenta con el caso ergativo, que expresa el agente de la acción verbal, lo que contribuyó a elaborar todo tipo de teorías sobre la familia lingüística a la que pertenece. Lo más verosímil es que llegara a la península traída por pueblos invasores en el periodo paleolítico como ya sugirió Miguel de Unamuno por los términos aitz, aitzur, aizkora, que significan 'roca', 'azada' y 'hacha', respectivamente. Su asentamiento en el País Vasco es tan ancestral que puede afirmarse sin exageraciones su carácter de lengua indígena. Convivió con el ibero y tomó muchos préstamos léxicos del latín. Sirvió como sustrato a la configuración del castellano y durante siglos permaneció intacta y reducida al ámbito de la comunicación local y familiar.
El vasco posee cinco vocales, que se corresponden básicamente con las del español. Las vocales e y o presentan grandes diferencias según su entorno fonético; es muy frecuente que en el caso de la e cambie de timbre, desde el fonema /i/ hasta el /a/. En el sistema consonántico la consonante f parece con claridad un préstamo. Posee una sibilante sorda s, otra sonora z, y otra palatal fricativa x, como la francesa, que corresponde al fonema /š/. Otra característica de su sistema consonántico es la articulación africada de los tres fonemas sibilantes bajo las grafías ts, tz, tx. Este último (tx) puede escribirse también como ch en los préstamos entre vasco y castellano ya que tiene el mismo sonido; buena muestra de ello es el apellido Echevarría, que procede de etxe, que significa 'casa', y berri, que significa 'nuevo'. El acento varía su posición en función de la oración, de la frase y de la palabra, de ahí la gran vacilación que se observa en la transcripción de los nombres al castellano. Morfológicamente es una lengua muy rica en partículas y pertenece al tipo aglutinante. Posee un sistema de casos y una compleja conjugación verbal, y sintácticamente mantiene el orden nombre-adjetivo-artículo como en aita gurea (literalmente 'padre nuestro el', donde el sufijo a corresponde al artículo). Su léxico moderno ha tomado numerosas raíces procedentes del castellano y del francés.
La lengua vasca, en otros tiempos llamada vascuence y hoy eusquera, euskera o euskara, como el pueblo que la habló, no sufrió romanización ni el dominio visigodo. Pudo haberse perdido como otras lenguas peninsulares de Galia e Hispania, pero fue precisamente su aislamiento y el hecho de que los imperios invasores se propusieran la conquista de estos territorios en momentos de franca decadencia lo que permitió que sobreviviera. En el siglo IX estaba ya consolidada aunque como lengua de carácter familiar sin apenas expresión escrita, a pesar de ser uno de los idiomas con documentación más antigua, como lo testimonian las glosas en vasco de San Millán de la Cogolla. El primer texto impreso en lengua vasca pertenece al poeta Bernard Dechepare (1545). En el siglo XIX surge un movimiento de afirmación nacional conocido como Fuerismo, muy ligado a la lengua y a la literatura, las cuales experimentaron un extraordinario desarrollo.
La creación de Euskaltzaindia (Real Academia de la Lengua Vasca), en 1919, supone un paso importante en la búsqueda de una norma unificadora, que no pudo desarrollarse porque después de la Guerra Civil española la lengua vasca sufrió una dura represión. Sin embargo, a partir de 1968 Gabriel Aresti bajo la dirección de Koldo Mitxelena y otros estudiosos inician la normalización de la ortografía, el léxico, la declinación y el verbo. Con la llegada de la democracia, fue reconocida como lengua cooficial en el País Vasco, y en 1984 el congreso de Euskaltzaindia sentó las bases para la normalización de los diferentes dialectos vascos en un idioma, que es el llamado euskera batua. Esto ha dado lugar a una producción literaria y científica, a publicaciones periódicas, emisoras de radio y canales de televisión que normalizan y difunden la lengua. Su enseñanza en el ámbito del País Vasco es obligatoria en los niveles de enseñanza primaria y secundaria, lo que asegura ya definitivamente su pervivencia.


La Lengua gallega




Álvaro Cunqueiro
Álvaro Cunqueiro es un escritor español que escribió tanto en gallego como en castellano. Su prosa fresca, culta y muy imaginativa está considerada como una de las más importantes del siglo XX en España.


Lengua gallega, lengua que habla la mayoría de los habitantes del noroeste de la península Ibérica, en las provincias españolas de A Coruña, Lugo, Ourense y Pontevedra; así como también en las zonas limítrofes y aisladas de las provincias de León, Asturias y Zamora.
Durante la edad media, el gallego constituyó una misma unidad lingüística con la lengua portuguesa, el galaico-portugués. Esta lengua procedía del latín vulgar que se conformó durante la convivencia de los hispanorromanos y los germanos durante la dominación visigoda. El galaico-portugués fue una lengua que mantuvo muchos de los arcaísmos de su procedencia originaria, al contrario que el castellano que fue una lengua más rupturista e innovadora. El galaico-portugués también mantuvo y conservó un vocabulario arcaico que no se dio en otras lenguas románicas desgajadas del latín originario.
El galaico-portugués conservó las siete vocales del latín vulgar. Hay una e y una o abiertas que no diptongan cuando son tónicas como sucede en el castellano; y también hay una e y una o cerradas. Los diptongos latinos ai y au se mantienen en ei y ou, mientras que en castellano se transformaron en una monoptongación e y o. La f, j y g iniciales latinas persisten ante vocal átona de la serie anterior, consonantes desaparecidas en castellano. También queda intacto el grupo interior mb, m solamente en castellano. El galaico-portugués conservó el pluscuamperfecto de indicativo latino, sustituido por una perífrasis en castellano, y el infinitivo con desinencias personales que conservó la forma del imperfecto de subjuntivo latino. También se estableció la utilización del artículo determinado sobre el adjetivo posesivo y el uso como enclítico del pronombre personal átono acusativo o dativo, que el castellano antepuso al verbo. También se conservó la construcción latina con la preposición en rigiendo un complemento de dirección.
Fonéticamente, el galaico-portugués se distingue por la caída de la n y la l intervocálicas y la nasalización de las vocales en contacto con consonante nasal, así como la temprana resolución en el fonema palatal de los grupos iniciales cl, fl, pl, que en castellano produjeron ll.
A partir del siglo XIV, el galaico-portugués que había surgido en Galicia y que se había extendido hacia el sur por los combatientes contra el dominio musulmán, fue perdiendo su unidad y comenzó a separarse en otras dos lenguas: el gallego y el portugués. El gallego se distingue del portugués, fundamentalmente y entre otras cosas, por la desaparición de la nasalidad vocálica, por la distinción de los fonemas s y z, en la existencia del fonema palatal africado sordo ch y en la pérdida de s y j sonoras y de v labiodental. Mantiene los finales de la palabra en on, an, frente al portugués ao.
El gallego en su evolución, por motivos sociopolíticos, estuvo más salpicado por el castellano que por el portugués, fundamentalmente en la expresión coloquial y, en mucha menor medida, en la escrita. El gallego también mantuvo, a lo largo de los siglos, muchas zonas dialectales, circunscritas sobre todo a las zonas marinera y del interior de la montaña, que hoy han sido integradas prácticamente por el gallego normativo. Desde la aprobación de la Constitución española de 1978, y del Estatuto de Autonomía de Galicia de 1980, el gallego ha recobrado el carácter de lengua oficial, junto con el castellano, en Galicia. Desde entonces está teniendo un gran desarrollo.


El Judeoespañol




Judeoespañol, conjunto de variantes dialectales del español hablado por los sefardíes o judeoespañoles descendientes de los judíos expulsados de España por los Reyes Católicos en 1492, y que se asentaron posteriormente en diversos países y enclaves, sobre todo en Turquía, los Balcanes, Asia Menor, norte de África; pero también en los Países Bajos, Grecia, Bulgaria, Yugoslavia, Egipto, Líbano y Siria. Además, existen grandes comunidades en Francia, Estados Unidos e Israel. El judeoespañol, también llamado español sefardí o ladino, recibió influencias de las diferentes lenguas peninsulares habladas por los judíos antes de la expulsión. Por otra parte, tanto el hebreo como las lenguas de los países en donde se establecieron estas comunidades de judíos tras su expulsión han ejercido una permanente influencia sobre su lengua, sobre todo en el aspecto fonético y en préstamos léxicos.
Una de las principales características del judeoespañol es su tendencia arcaizante. El español sefardí ha conservado una gran cantidad de rasgos fonéticos, léxicos y morfosintácticos del castellano anterior al siglo XVI, así como de otras variantes dialectales peninsulares de la época.
La conservación y perpetuación del judeoespañol fue posible gracias a varios factores, entre los que cabe destacar su cualidad de patrimonio común o vehículo de comunicación y de transmisión de una identidad colectiva, de las tradiciones, ritos y costumbres de los sefardíes. También fue posible en parte gracias al régimen de tolerancia de algunos países de acogida. Este fue el caso del Imperio otomano, por ejemplo, que concedió amplias cotas de autonomía cultural y lingüística a sus minorías étnicas, lo cual permitió que la actividad comercial y cultural de las comunidades judías se desarrollara en su propia lengua.
Según el especialista Haïm Vidal Séphila, hay que distinguir entre el judeoespañol vernacular, con sus variantes occidentales (tetauni en Orán y haketiya o jaquetía en el norte de Marruecos) y orientales (djudezmo, djudyo, espanyol o espanyoliko), por un lado, y el judeoespañol calco o ladino, por otro. El primero se formó a partir de las diversas variantes del castellano peninsular habladas por los judíos, mientras que en el segundo caso se trata de una lengua pedagógico-litúrgica resultante de la traducción literal de los textos bíblicos y litúrgicos hebreos, y que se remonta a los siglos XII y XIII.
A partir del siglo XVIII, el judeoespañol se caracteriza por un proceso de alejamiento del español literario y por la creciente influencia de las lenguas del Mediterráneo oriental, como el turco, el griego o el propio hebreo. Por otra parte, diversas fuentes señalan la importante entrada de galicismos en el judeoespañol, sobre todo desde el siglo XIX, debido a la influencia cultural del francés como lengua internacional de cultura de la época y a la estrecha relación entre las comunidades sefardíes y francohablantes en varios países mediterráneos.
La literatura sefardí fue muy importante desde el siglo XVI, pues el predominio intelectual que había caracterizado a la cultura de los judíos de la península Ibérica en los siglos anteriores se prolongó durante un cierto tiempo. De temática casi exclusivamente religiosa al principio, alcanza un periodo de esplendor durante el siglo XVIII, momento en que se inicia en géneros y asuntos más profanos. La mayoría de las obras literarias que nos han llegado son textos escritos en caracteres hebreos. Mención aparte merece la literatura oral, el importantísimo acervo de canciones, refranes y romances sefardíes transmitido hasta nuestros días de generación en generación y que siempre gozó de una esplendorosa vitalidad.
Diversos factores políticos, económicos y culturales han provocado el estancamiento y declive del judeoespañol como vehículo de actividad cultural, de creación literaria y comunicación. Por un lado, en los países del antiguo Imperio otomano, diversos movimientos migratorios hacia Estados Unidos y otros países han ido mermando las comunidades sefardíes desde la segunda mitad del siglo XIX. Ha sido muy importante la emigración hacia Israel, donde las generaciones posteriores adoptaron el hebreo como lengua de comunicación y de cultura, y se fue perdiendo el uso del español sefardí. Por otra parte, el Holocausto nazi fue también un factor determinante, ya que diezmó las comunidades sefardíes de varios países, llegando a la casi desaparición del judeoespañol en enclaves como Salónica, donde la comunidad judía y su actividad cultural habían sido muy importantes hasta entonces. Además, a pesar de que la población sefardí en Israel se cifra en torno al 60 por ciento del país, la vida política, económica e intelectual están dominadas principalmente por la población de origen asquenazí (término con el que se denomina a los judíos oriundos del norte, centro y este de Europa) y el judeoespañol se ve relegado a lengua pasiva.
El judeoespañol corre un serio peligro de desaparición, o de quedar reducido a un conjunto de referencias folclóricas ancladas en el pasado. La esplendorosa riqueza editorial de centros como Constantinopla, Salónica, Jerusalén, Belgrado, Sofía y Esmirna inició hace tiempo su ocaso. Las publicaciones de prensa sefardíes, muy numerosas a principios del siglo XX, han ido desapareciendo paulatinamente, o adoptando la lengua del país donde se publican.
Desde la década de 1960, varias instituciones políticas y culturales llevan a cabo un intento de recuperación del español sefardí en diversas áreas de la cultura. El futuro del judeoespañol sigue siendo sin embargo incierto.


Lengua catalana




Lenguas de Europa
Este mapa muestra la distribución de las lenguas habladas en Europa y la familia o subfamilia lingüística a la que pertenece cada una de ellas.


Lengua catalana, es la lengua nativa de Cataluña (con la excepción del Valle de Arán, de habla occitana) y de territorios históricamente vinculados a la antigua Corona de Aragón: el Rosellón; una franja de tierras aragonesas limítrofes con Cataluña; Valencia (salvando algunas comarcas occidentales, que suponen algo más de un tercio de la superficie y que son de habla castellana); la comarca murciana del Carxe; las Islas Baleares, y la ciudad de Alguer, en la isla de Cerdeña. Caso especial es Andorra, cuya lengua oficial es el catalán, a pesar de que su territorio nunca estuvo adscrito a la Corona de Aragón. En cifras globales, el dominio lingüístico catalán supera los 65.000 km2 y los 11 millones de habitantes, si bien el número de catalanoparlantes oscilaría dependiendo de factores como la zona o la edad de la población. Así, según datos de 1996, el 46% de los habitantes de Alguer hablarían catalán, mientras que en Cataluña y Andorra sobrepasarían el 75% de la población total, llegando a alcanzar el 90% entre el sector de población menor de 30 años.
El catalán es una lengua románica, localizada en el subgrupo de las europeas occidentales. Su origen se sitúa entre los siglos VIII y X, en una zona pirenaica comprendida entre Andorra y el Ampurdán (Empordà), en los territorios del Imperio Carolingio que formaban los condados de la Marca Hispánica. Las conquistas de la corona catalano-aragonesa facilitaron su expansión hacia el sur y el este, durante los siglos XII y XIII, estableciéndose la frontera lingüística al final del reinado de Jaime I. La evolución de los condados catalanes, la reconquista y la posterior expansión marítima configuraron su asentamiento actual.
La lingüística distingue seis dialectos: el noroccidental o leridano, el rosellonés y el central, formados en la fase constitutiva de la lengua; el valenciano, el balear y el alguerés, consecuencia de la expansión y del sustrato lingüístico existente en cada territorio. Entre los variados fenómenos de habla que justifican las líneas divisorias del mapa dialectal (isoglosas), cabe destacar la pronunciación de las vocales a y e átonas: diferenciadas, según los mismos sonidos con que se resuelven en castellano, leridano y valenciano (dialectos occidentales); neutralizadas en un solo sonido intermedio (vocal neutra), en rosellonés, central, balear y alguerés (dialectos orientales). Es opinión generalizada entre los lingüistas que el mapa dialectal catalán presenta mayor cohesión que el de la mayoría de lenguas románicas. No obstante, coincide la aparición de las actuales isoglosas con la crisis política y cultural que se inicia entre los siglos XV y XVI (véase Literatura catalana); una creciente conciencia de diferenciación potenciará en Valencia y en las Islas Baleares el uso de los términos valenciano y balear, en el sentido o variedad dialectal que la lengua adopta en estos territorios o, erróneamente, en el sentido de lengua diferenciada del catalán. Los estudios de Friedrich Diez (1856) y A. Morel-Fatio (1888), pioneros de la filología románica, establecían definitivamente la filiación y los límites territoriales de la lengua catalana.
Ya en 1900, fue el mallorquín Antoni Maria Alcover quien emprendió la ambiciosa tarea de confeccionar un diccionario exhaustivo, que incluyera también todas las formas dialectales. Resultado final de esta larga labor de compilación, en la que participaron lingüistas de todos los ámbitos geográficos del idioma, y muy destacadamente el menorquín Francesc de B. Moll, son los diez volúmenes del Diccionari català-valencià-balear (1930-1961). Las normas ortográficas de 1913, elaboradas por Pompeu Fabra y promulgadas por el Institut d'Estudis Catalans, creado en 1907, serán finalmente aceptadas en todo el dominio lingüístico. Francesc de B. Moll escribirá una adaptación para mallorquines (1931), y Carles Salvador, otra para valencianos (1933).
Tras el periodo del régimen autoritario que se desarrolló en España entre 1939 y 1975, durante el cual el empleo del catalán estuvo perseguido, la normalización llegó con la entrada en vigor de la Constitución española de 1978, y de los estatutos de Cataluña (1979), de la Comunidad Valenciana (1983) y de las Islas Baleares (1983), a través de los cuales la lengua catalana recobró su carácter oficial, que comparte con el castellano en estas comunidades autónomas. En el principado de Andorra es la única lengua oficial, establecida como tal por su Constitución de 1993. En los restantes territorios del dominio lingüístico, el catalán se mantiene como lengua propia en sectores importantes de la sociedad, donde no faltan (como es el caso de Aragón, el Rosellón francés y Alguer, en Córcega) iniciativas para potenciar su uso y difusión.


Desarrollo y expansión de la lengua española




Desarrollo y expansión de la lengua española, evolución que ha experimentado la lengua española desde su origen romance hasta la actualidad, en todo el mundo.
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LAS LENGUAS DE LA PENÍNSULA IBÉRICA
Aunque el latín no era autóctono de la península ibérica, a partir de su llegada a Hispania, en el año 218 a.C., se impuso a las lenguas de los iberos, celtíberos, cántabros y lusitanos, y pasó a usarse con propiedad por todos estos pueblos. Sin embargo, luego del debilitamiento, fragmentación y finalmente caída del Imperio de occidente, la lengua latina siguió su propio camino, en el cual confluyeron las formas tradicionales de expresión y los nuevos hábitos lingüísticos desarrollados por estos hablantes.
Precisamente, fue en este periodo, que va desde el siglo IX hasta el XII, cuando surgieron en la península unos romances, que darían paso a lenguas románicas —galaico-portugués, leonés, castellano, navarro-aragonés, catalán y mozárabe—, nuevas formas de hablar el latín, independientes ya de su lengua madre y convertidas cada una de ellas en un sistema propio. De todas, el castellano se convertiría en la lengua de transición entre la edad media y la edad moderna y, en su evolución a través de los siglos, en una de las más habladas del mundo.
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ORÍGENES DEL ESPAÑOL
El castellano, dialecto románico surgido en Castilla y origen de la lengua española, nació en una franja montañosa, mal y tardíamente romanizada, inculta y con fuertes raíces prerromanas (Burgos, Iria Flavia, Oviedo, Amaya, Pamplona), en la cual se desarrollaron algunos de los condados y reinos medievales españoles, y en torno a esos nuevos centros fueron afirmándose las variedades dialectales. El castellano, dialecto de los montañeses y vascos encargados, en el siglo IX, de defender de los árabes (en la península desde el año 711) la frontera oriental del reino asturleonés, toma su nombre de Castilla, del latín castella, plural de castellum, que en periodo visigótico significó ‘pequeño campamento militar’ (diminutivo de castrum) y luego ‘tierra de castillos’. Con respecto a los vascos, se sostiene que su lengua (véase Lengua vasca) influyó profundamente en esta nueva lengua románica.
La modalidad idiomática navarro-aragonesa, utilizada en el lugar en donde confluían tres reinos, Castilla, Navarra y Aragón, dio origen, en el siglo X, a los primeros documentos peninsulares en una lengua romance: las Glosas emilianenses y las Glosas silenses (véase Glosa). Del año 1042, por otra parte, datan las primeras jarchas escritas en romance castellano, aunque con caracteres árabes o hebreos.
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CONSOLIDACIÓN DEL CASTELLANO
El primer texto literario escrito íntegramente en castellano fue el anónimo Cantar de Mio Cid, cuya versión original data del siglo XII (1140 aproximadamente), aunque la que hoy se conoce es la de 1207, copiada por Per Abatt. Del siglo XIII es la Grande e General Estoria de España de Alfonso X, rey de Castilla entre 1252 y 1284. Estos primeros textos escritos en castellano no se ajustaban a una única norma ortográfica, ya que ésta no existía. Sin embargo, a partir de Alfonso X el Sabio —que publicó sus obras en castellano en vez de en latín— es posible detectar una cierta uniformidad y éste es, probablemente, un testimonio escrito decisivo en la historia del idioma; además, gracias a este monarca el castellano adquirió el prestigio de lengua nacional. De hecho, se considera que en la historia lingüística del castellano se pueden distinguir dos etapas: la primera, denominada “romance”, en la que se escriben las primeras muestras de la nueva lengua, donde las variedades se van homogeneizando en torno al habla de Burgos, primer centro de nivelación del idioma, y la segunda, denominada “castellana”, que comienza a partir de la obra del mencionado Alfonso X el Sabio. Más tarde, en el siglo XIV, aparece el Libro de Buen Amor, de Juan Ruiz, también llamado Arcipreste de Hita.
Por su parte, en el ámbito histórico, Castilla se consolidó como la monarquía más poderosa del centro peninsular. Ello le permitió, gracias al dominio que ejerció desde el siglo XIII sobre los reinos vecinos, convertirse en el único reino ibérico capaz de lograr la recuperación de los territorios bajo dominio musulmán, lo que equivale a asegurar, prácticamente, la expansión del castellano. Es entonces cuando este dialecto, eminentemente innovador e integrador, se hizo lengua de cultura, pues Castilla —convertida ya en una gran nación— necesitó de una forma lingüística común.
Además, fue la lengua a la que se tradujeron grandes obras históricas, jurídicas, literarias y científicas. Gracias a este fenómeno se conoció en toda Europa la cultura de Oriente. Para tal difusión del saber tuvo importancia radical Alfonso X y su corte de intelectuales agrupados en la Escuela de traductores de Toledo, integrada, entre otros, por judíos conocedores del hebreo y el árabe.
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EL CASTELLANO COMO LENGUA UNIFICADORA
Elio Antonio de Nebrija
Esta miniatura, que se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid, representa, y lleva como título, Elio Antonio de Nebrija impartiendo su magisterio. A él se debe la primera gramática castellana, editada en 1492.

Con la unión monárquica de Castilla y Aragón se cerró el proceso de la Reconquista, que se había iniciado en el siglo VIII y que concluyó con la recuperación del reino de Granada de manos de los musulmanes en 1492. Ese mismo año se decretó la expulsión de los judíos, los cuales hablaban una variedad del castellano: el judeoespañol o sefardí.
Según los especialistas, el castellano actuó como una cuña que, clavada en el norte, rompió con la antigua unidad de ciertos caracteres románicos comunes a toda la península; llegó hasta Andalucía; produjo divisiones en la originaria uniformidad dialectal; abandonó los primitivos caracteres lingüísticos desde el Duero a Gibraltar, borrando los dialectos mozárabes; y ensanchó cada vez más su acción de norte a sur para implantar la peculiar modalidad lingüística nacida en el rincón cántabro. A la vez, el castellano se enriqueció gracias a los regionalismos peninsulares; por ejemplo, del gallego y del portugués (bosta, corpiño, chubasco), del leonés (rengo ‘cojo’) o del andaluz (barrial ‘barrizal’, pollera ‘falda de mujer’). Así, el castellano unificó rápidamente a gran parte de la península: desplazó las hablas leonesas y aragonesas; se convirtió en la lengua romance propia de Navarra, en lengua única de Castilla, de Andalucía y del reconquistado reino de Granada. Tuvo tal fuerza que no sólo se consolidó como lengua de unidad, sino que también se vio definitivamente consagrada con la aparición de la primera gramática de una lengua romance: la Gramática de la lengua castellana de Elio Antonio de Nebrija, publicada en 1492 y, veinticinco años después, en 1517, con la obra del mismo autor, las Reglas de ortografía castellana, que compendia el texto anterior en su parte ortográfica.
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EL ESPAÑOL LLEGA A AMÉRICA
En 1492, cuando Cristóbal Colón llegó a América, el castellano se encontraba consolidado en la península, pero durante los siglos XV y XVI se produjo una verdadera revolución consonántica que afectó especialmente a las llamadas sibilantes, las cuales se redujeron. Ésa fue la variedad que llegó al Nuevo Mundo, generalmente conocida como español de América, que en este continente se enriqueció con el aporte de las lenguas aborígenes de Hispanoamérica.
A partir del siglo XVI, al convertirse en lengua nacional, se impuso el término español. De hecho, en 1536, es el emperador Carlos V, en presencia del Papa, quien utiliza por primera vez la expresión lengua española, la cual —según el monarca— “era tan noble que merecía ser sabida y entendida de toda la gente cristiana, hecha para hablar con Dios”. El término castellano subsistió como nombre del actual dialecto de Castilla.
Desde 1492 hasta la fecha, el español se ha extendido por los cinco continentes. Además de ser la lengua oficial de España y de diecinueve países de América y del Caribe (México, Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Paraguay, Uruguay, Argentina, Chile, Cuba, República Dominicana y Puerto Rico, en este último, junto con el inglés), es, también, la lengua materna de gran parte de la población de determinadas zonas de Estados Unidos (Nuevo México, Arizona, Texas, California y Florida), país en el cual ocupa, con 30 millones de hablantes según los datos aportados por el censo de 1999, la segunda posición. Otro importante ámbito de actuación de la lengua española es Brasil, donde su enseñanza es ya obligatoria.
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EL ESPAÑOL EN OTROS LUGARES DEL MUNDO
Se habla también en Filipinas (cerca de un millón y medio de hablantes en 1988), junto con el inglés y el tagalo, y en Trinidad, isla situada cerca de Venezuela. Por otra parte, debido a que la isla de Pascua (cuya lengua nativa es el rapa-nui) es territorio de Chile, también se puede decir que el español se habla en la Polinesia.
Se afirma que el español es asimismo la lengua materna de cientos de miles de judíos sefardíes o sefarditas descendientes de aquellos expulsados de España en 1492, quienes viven especialmente en Turquía, los Balcanes, Asia Menor, norte de África; pero también en Holanda, Grecia, Bulgaria, Yugoslavia, Egipto, Líbano y Siria; además, existen grandes comunidades en Francia, Estados Unidos e Israel.
En África, se habla español en el norte de Marruecos, y es lengua oficial y de instrucción en Guinea Ecuatorial, donde la hablan más de 300.000 habitantes, mientras que en Oceanía cada día crece el porcentaje de hispanohablantes, pues en Australia reside un gran número de inmigrantes de origen hispano. Finalmente, se estudia en colegios y universidades de casi todo el mundo y es lengua oficial de las Naciones Unidas, la Unión Europea y otros organismos internacionales.
En consecuencia, la lengua española tiene presencia en todos los continentes, lo que la convierte en la tercera lengua más hablada en el mundo y en una de las más extendidas geográficamente. De las aproximadamente 5.000 lenguas que existen en todo el orbe, el español ocupa un lugar de privilegio con más de 400 millones de hablantes. Las previsiones demográficas indican que a mediados del siglo XXI lo hablarán unos 500 millones de personas. En los últimos tiempos, el español se ha ido consolidando como de las grandes lenguas de comunicación internacional. En este sentido, en 1991 se constituyó el Instituto Cervantes, que tiene como principal objetivo impulsar la enseñanza del español y difundir la cultura española e hispanoamericana.


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