Poesía española de los siglos XVIII y XIX




Principales autores y obras de la literatura española de los siglos XVIII y XIX



AUTOR
OBRA
Nicolás Fernández de Moratín (1737-1780)
La Diana o el arte de la caza (1765)
Las naves de Cortés destruidas (1765)
José Cadalso (1741-1782)
Ocios de juventud (1773)
Félix María Samaniego (1745-1801)
Fábulas morales (1781)
Tomás de Iriarte (1750-1791)
Fábulas literarias (1782)
Juan Meléndez Valdés (1754-1817)
Poesías (1808)
Ángel Saavedra, duque de Rivas
(1791-1865)
Poesías (1814)
Juan Eugenio Hartzenbusch
(1806-1880)
Fábulas (1848)
José de Espronceda (1808-1842)
Poesías de Don José de Espronceda (1840)
El estudiante de Salamanca (1840)
El diablo mundo (1840)
José Zorrilla (1817-1893)
Poesías (1837)
Cantos del trovador (1840-1841)
Recuerdos y fantasías (1844)
La azucena silvestre (1845)
El cantar del romero (1886)
Gustavo Adolfo Bécquer
(1836-1870)
Rimas (1867)
Rosalía de Castro (1837-1885)
Follas novas (1880)
En las orillas del Sar (1884)

Teatro español de los siglos XVIII y XIX




Principales autores y obras de la literatura española de los siglos XVIII y XIX


AUTOR
Obra
Vicente García de la Huerta
(1734-1787)
Raquel (1775)
Nicolás Fernández de Moratín
(1737-1780)
La petimetra (1762)
Lucrecia (1763)
Hermesinda (1770)
Guzmán el Bueno (1777)
Gaspar Melchor de Jovellanos
(1744-1811)
Pelayo (1769)
El delincuente honrado (1773)
Tomás de Iriarte (1750-1791)
El señorito mimado (1787)
La señorita malcriada (1788)
Guzmán el Bueno (1791)
Leandro Fernández de Moratín
(1760-1828)
El viejo y la niña (1790)
La comedia nueva o el café (1792)
El barón (1803)
La mojigata (1804)
El sí de las niñas (1806)
Francisco Martínez de la Rosa
(1787-1862)
La viuda de Padilla (1814)
La conjuración de Venecia (1834)
Ángel Saavedra, duque de Rivas
(1791-1865)
Don Álvaro o la fuerza del sino (1835)
Juan Eugenio Hartzenbusch
(1806-1880)
Las hijas de Gracián Ramírez (1831)
Los amantes de Teruel (1837)
Doña Mencía (1838)
Los polvos de la madre Celestina (1840)
La jura de Santa Gadea (1845)
José de Espronceda (1808-1842)
Blanca de Borbón (1832 o 1833)
Ni el tío ni el sobrino (1834)
Mariano José de Larra (1809-1837)
Macías (1834)
Antonio García Gutiérrez
(1813-1884)
El trovador (1836)
El rey monje (1837)
Simón Bocanegra (1843)
Venganza catalana (1864)
Juan Lorenzo (1865)
Gertrudis Gómez de Avellaneda
(1814-1873)
Saúl (1849)
Baltasar (1858)
José Zorrilla (1817-1893)
El puñal del godo (1843)
Don Juan Tenorio (1844)
Más vale llegar a tiempo que rondar un año (1845)
El rey loco (1847)
La creación y el diluvio universal (1848)
Traidor, inconfeso y mártir (1849)

Prosa española de los siglos XVIII y XIX




Principales autores y obras de la literatura española de los siglos XVIII y XIX


AUTOR
OBRA
Benito Jerónimo Feijoo (1676-1764)
Teatro crítico universal (1726 y 1740)
Cartas eruditas y curiosas (1742-1760)
José Cadalso (1741-1782)
Cartas marruecas (1788-1789)
Noches lúgubres (1789-1790)
Gaspar Melchor de Jovellanos
(1744-1811)
Informe sobre el fomento de la marina mercante (1784)
Informe sobre el libre ejercicio de las artes (1785)
Informe sobre el expediente de la ley agraria (1794)
Francisco Martínez de la Rosa
(1787-1862)
Doña Isabel de Solís (1837)
Cecilia Böhl de Faber (1796-1877)
La gaviota (1849)
Lágrimas (1850)
Lucas García (1852)
El Alcázar de Sevilla (1862)
La corruptora (1868)
José de Espronceda (1808-1842)
Sancho Saldaña (1834)
La pata de palo (1835)
Mariano José de Larra (1809-1837)
El doncel de Don Enrique el Doliente (1834)
Artículos de costumbres
Gertrudis Gómez de Avellaneda
(1814-1873)
Sab (1841)
Guatimozín, último emperador de México (1846)
El cacique de Turmequé (1860)
Juan Valera (1824-1905)
Pepita Jiménez (1873)
Las ilusiones del doctor Faustino (1875)
Doña Luz (1879)
Juanita la larga (1895)
Pedro Antonio de Alarcón
(1833-1891)
Diario de un testigo de la guerra de África (1859)
El sombrero de tres picos (1874)
El escándalo (1875)
José María de Pereda (1833-1906)
Escenas montañesas (1864)
Don Gonzalo González de la Gonzalera (1879)
El sabor de la tierruca (1882)
Sotileza (1885)
Peñas arriba (1895)
Pachín González (1896)
Gustavo Adolfo Bécquer
(1836-1870)
Leyendas (1861 y 1863)
Benito Pérez Galdós (1843-1920)
Episodios nacionales (1873-1879 y 1898-1912)
Doña Perfecta (1876)
Gloria (1877)
La familia de León Roch (1878)
La desheredada (1881)
El amigo Manso (1883)
Tormento (1884)
Fortunata y Jacinta (1886-1887)
Miau (1888)
Torquemada en la hoguera (1889)
Tristana (1892)
Nazarín (1895)
Misericordia (1897)
Leopoldo Alas y Ureña (1852-1901)
La regenta (1884-1885)
Su único hijo (1890)
Emilia Pardo Bazán (1852-1921)
La tribuna (1883)
Los pazos de Ulloa (1886)
La madre naturaleza (1887)
Insolación (1899)
Morriña (1899)
La quimera (1905)
La sirena negra (1908)

La LITERATURA ESPAÑOLA ACTUAL, el invento de la literatura






Javier Marías
El escritor Javier Marías, considerado por la crítica como uno de los valores más sólidos de la narrativa española actual, ha obtenido el éxito también entre los lectores con obras como El hombre sentimental, Todas las almas, Corazón tan blanco o Mañana en la batalla piensa en mí.

Con la llegada de la democracia (véase Transición española), la literatura española se hace cosmopolita, se desprende de la censura, se enriquece con los escritores que regresan del exilio y se contagia del boom de la novela hispanoamericana. La pluralidad es la característica más sobresaliente en la literatura que se hace en la España de los últimos años del siglo XX y los primeros del XXI. Tendencias como el experimentalismo y la renovación de géneros clásicos se mezclan, mientras que llama la atención la presencia de numerosas escritoras, en relación con épocas anteriores, que muestran la óptica de la nueva mujer española.
6.1
Poesía
A partir de 1980 —por marcar una referencia— la poesía española se ha hecho individual, fuera de grupos y escuelas. Cada creador se afirma y busca su expresión lingüística y estética, pero sin enfrentamientos con las generaciones y tendencias anteriores; es el caso de Blanca Andreu, Luisa Castro o César Antonio Molina, cuyas obras se aproximan en ocasiones al surrealismo. Aunque dentro de esta libertad creadora individualista, también surgen los poetas que miran atrás, que intentan acercarse a los clásicos, sin olvidar las innovaciones de la poesía contemporánea, como Antonio Colinas, Luis Antonio de Villena, Andrés Trapiello o Antonio Carvajal. A pesar de este individualismo, quizá sí se pueda hablar de una corriente relativamente extendida en estos años, la poesía de la experiencia, caracterizada por la expresión de vivencias cotidianas personales, utilizando, por lo general, un lenguaje coloquial y un tono irónico. Algunos de sus principales representantes son Luis García Montero, Felipe Benítez Reyes o Fanny Rubio. Destacan, asimismo, otros nombres, como Jon Juaristi y su poética de conciencia social; Julio Llamazares, creador de una poesía de carácter épico; Ana Rossetti, que ha cultivado la poesía de carácter erótico; y entre los poetas más recientes, Vicente Gallego, Almudena Guzmán, Leopoldo Alas, Miriam Reyes, Julieta Valero, José Luis Gómez Toré, Eva Chinchilla, Álvaro Tato o Elena Medel.
6.2
Novela
Eduardo Mendoza
Desde que en 1975 publicara su primera novela, La verdad sobre el caso Savolta, Eduardo Mendoza ha ocupado un lugar prominente en la narrativa española actual.

Los temas tratados, las técnicas utilizadas y las tendencias que se desarrollan en estos años son heterogéneos, desde la orientación existencial a la evocación o la reflexión, pasando por la novela histórica, el género policiaco o el relato fantástico. El panorama narrativo español presenta, asimismo, una nómina de autores variada. Junto a nombres consagrados —Cela, Delibes, Torrente Ballester…—, desarrolla su actividad una generación de escritores nacidos alrededor de 1950, influidos por la instauración de la democracia y el mayo francés del 68 más que por la posguerra —Julio Llamazares, Manuel de Lope, Luis Landero, Rosa Montero…— además de narradores tan destacados de la literatura española del siglo XX como Francisco Umbral, Carmen Martín Gaite, Juan Benet, Álvaro Pombo o Juan Goytisolo. En estos años el cuento vive un momento de gran desarrollo, en gran parte por la influencia de autores hispanoamericanos como Jorge Luis Borges, Julio Cortázar o Augusto Monterroso, siendo algunos de los escritores españoles que cultivan este género José María Merino, Enrique Vila-Matas o, en sus inicios, Juan Manuel de Padra.
Lucía Etxebarria
La escritora vizcaína Lucía Etxebarria, colaboradora habitual en diversos medios de comunicación, ha sido galardonada con prestigiosos premios literarios, como el Premio Nadal, el Premio Primavera de Novela y el Premio Planeta.

Asimismo, entre los autores importantes de la narrativa actual, sin que ello suponga detrimento para los no nombrados, cabe citar a Mercedes Salisachs, que ha ido desarrollando su carrera literaria durante varias décadas sin perder vigencia; Eduardo Mendoza, que en sus novelas, localizadas casi todas ellas en Barcelona, combina el humor con el misterio y la descripción magistral de personajes; el escritor y periodista Juan José Millás; Juan Eslava Galán; Adelaida García Morales; Arturo Pérez-Reverte, reconocido por sus novelas de misterio con base histórica; Almudena Grandes; Antonio Muñoz Molina, uno de los grandes talentos, autor de novelas como El invierno en Lisboa o Separad; Gustavo Martín Garzo o Javier Marías, autor de una prosa rica y precisa. De los narradores más actuales cabe destacar a Luisa Castro, Suso de Toro, Clara Sánchez, Lucía Etxebarria, el autor de novelas de viajes Javier Reverte, Carlos Ruiz Zafón o la prematuramente desaparecida Dulce Chacón, que dejó un legado literario comprometido con las mujeres, los inmigrantes y los desfavorecidos. Además, el panorama narrativo español continúa incorporando cada día nuevos autores a su nómina, como son Ray Loriga, José Ángel Mañas, Benjamín Prado o Pedro Maestre.
6.3
Teatro
Antonio Gala
El escritor español Antonio Gala se dió a conocer como autor dramático, alcanzó gran notoriedad con sus novelas en la década de 1980 y en la década de 1990 ha conseguido un éxito de público inaudito en la historia de las letras españolas como poeta.

Con la llegada de la democracia, el panorama teatral español recupera obras y autores hasta entonces proscritos por la censura; se revitaliza la actividad de ciertos grupos de teatro independiente, como Comediants, La Fura dels Baus o Els Joglars, al tiempo que continúan estrenando con cierta regularidad autores como Antonio Gala. Asimismo, en estos años se desarrolla un teatro social y experimental, cuyo ejemplo más destacado es la obra de Francisco Nieva, a la vez que se representan obras en tono de comedia con gran éxito comercial, como las de Juan José Alonso Millán. Entre los dramaturgos más importantes de esta etapa, destacan, junto a Nieva, José Sanchis Sinisterra, autor de la pieza de carácter histórico ¡Ay, Carmela! (1986); José Luis Alonso de Santos, que revitalizó el género costumbrista con obras como La estanquera de Vallecas (1981), o Fermín Cabal, creador de piezas con gran carga satírica. De los dramaturgos más actuales, merecen ser nombrados, entre otros, Ernesto Caballero, Paloma Pedrero, Yolanda Pallín, Juan Mayorga o Ignacio García May.


El SIGLO XX en el invento de la literatura española




Antonio y Manuel Machado
El poeta español, nacido en Sevilla, Antonio Machado (1875-1939), es una de las figuras de la generación del 98, un grupo de escritores preocupados por España y su regeneracionismo político y cultural. Machado empezó como poeta modernista, al igual que su hermano Manuel, gran poeta de fina sensibilidad y que también aparece en la fotografía (de pie), pero poco a poco fue abandonando las formas esteticistas de este movimiento por una obra más social y comprometida. El primer fragmento del soneto 'Retrato' del libro Campos de Castilla es lo que aquí recita un actor.

El siglo XIX español se cierra con el llamado desastre del 98, la pérdida de las últimas colonias de Ultramar. La historia de España a partir de ese momento y hasta el estallido de la Guerra Civil (1936) vive un periodo de gran actividad: reinado de Alfonso XIII, dictadura de Primo de Rivera y II República española.
5.1
Literatura de preguerra
Pedro Salinas
¿Reflexiona sobre lo que va a decir o recuerda tiempos pasados? Este poeta, Pedro Salinas (1891-1951), que antes de publicar su primer libro de poemas ya era catedrático universitario, actividad docente que nunca dejó, siempre será recordado por un poemario de amor, La voz a ti debida, en el que se interpreta la experiencia amorosa como algo intelectual y universal. Su nombre está asociado a la generación del 27, un grupo de poetas españoles que llevó la poesía española a las cotas más altas, comparable sólo a la del Siglo de oro.

En estos años (1898-1936) el desarrollo de la cultura alcanza un gran esplendor. La enorme calidad y el protagonismo de los intelectuales, literatos y artistas de la época, así como la presencia de destacadas instituciones culturales como la Residencia de Estudiantes o la Institución Libre de Enseñanza, han hecho que a esta etapa se la conozca como la edad de plata de la cultura española. Los protagonistas de estos años de actividad cultural suelen ser clasificados en grupos o generaciones: modernismo, generación del 98, novecentismo o generación de 1914, vanguardias y generación del 27.
Los miembros de la generación del 98 y los de la corriente modernista comparten el afán renovador y la necesidad de mostrar su disconformidad con la realidad que los rodea. Los primeros llevarían a cabo una profunda transformación del estilo y las técnicas literarias españolas y mostrarían su disconformidad de forma analítica, a través de la crítica y la oposición directas. Los modernistas, preocupados esencialmente por la estética, tenderían a la evasión.
Jorge Guillén
El poeta y crítico literario Jorge Guillén, uno de los máximos representantes de la generación del 27, obtuvo el Premio Cervantes en 1976. El poemario Cántico es uno de sus libros más importantes.

Pese a que los miembros de la generación del 98, que incluye a figuras tan dispares como Miguel de Unamuno, Antonio Machado, José Martínez Ruiz (Azorín), Pío Baroja y Ramiro de Maeztu, poseían estilos muy diferentes, tenían en común, como consecuencia de su actitud crítica, una conciencia de la necesidad de liberalizar y modernizar España, así como una noción sentida y profunda de la idiosincrasia española. Los escritos de Unamuno, en concreto sus vigorosos ensayos y poemas, expresan una filosofía que tiene ciertas similitudes con el existencialismo. El paisaje, la historia, las gentes y el espíritu de Castilla reciben la expresión más auténtica de los últimos tiempos en los poemas de Antonio Machado, así como en los artículos y ensayos de Azorín. Pío Baroja, autor de los 20 volúmenes que componen las Memorias de un hombre de acción, es, para algunos, el mejor novelista español después de Pérez Galdós. Jacinto Benavente —autor de Los intereses creados (1907)— recibió el Premio Nobel de Literatura en 1922 y fue el dramaturgo español más distinguido de su época. Asimismo, el filólogo Ramón Menéndez Pidal, en sus trabajos críticos, comparte con los autores anteriores una misma visión de España.
En este grupo suele incluirse a Ramón del Valle-Inclán, por su perspectiva del tema de España. Sus obras, que expresan la actitud artística conocida como esteticismo, es decir, la concesión de importancia primordial a la belleza, anteponiéndola a los aspectos intelectuales, religiosos, morales o sociales, hacen que Valle-Inclán sea considerado también uno de los más brillantes representantes del modernismo español.
Federico García Lorca
Sin ninguna duda, el poeta español del siglo XX más universal es Federico García Lorca (1898-1936). A ello han contribuido circunstancias extraliterarias, como el hecho de que fuera asesinado en los primeros días de la Guerra Civil española por elementos franquistas; y literarias, en especial, el Primer romancero gitano, ejemplo genial de poesía compuesta a partir de materiales populares, y que ofrece una visión de Andalucía de carácter mítico por medio de unas metáforas deslumbrantes y símbolos, como la luna, los colores, los caballos, el toro, el agua, destinados a transmitir sensaciones de amor y muerte, es decir, pasión española.

Fue el poeta nicaragüense Rubén Darío el introductor de la corriente modernista en España. Su obra se caracterizó por la gran originalidad de sus imágenes, ritmos y rimas, aunque cada poeta modernista adoptaría una voz propia y original; así Manuel Machado y Francisco Villaespesa fueron los más próximos al modernismo hispanoamericano, mientras que Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez desarrollaron un lenguaje más personal y una temática diferenciadora. Algunas obras de otros escritores como Emilio Carrere o Rafael Cansinos Assens se incluyen también en esta corriente.
En la segunda década del siglo XX surge un grupo de autores alrededor del pensador José Ortega y Gasset que comparten la preocupación por España de la generación anterior, pero con una mentalidad más europeísta y racional. Son los novecentistas, también conocidos como generación de 1914, por la importancia que en ellos tuvo la I Guerra Mundial. Las ideas que Ortega expuso en sus obras Meditaciones del Quijote e Ideas sobre la novela influyeron directamente sobre este grupo de jóvenes escritores, al que pertenecen nombres tan importantes de la literatura española como los del novelista, poeta y crítico Ramón Pérez de Ayala; el novelista y ensayista Gabriel Miró; el novelista, dramaturgo y crítico Ramón Gómez de la Serna —creador del género de las greguerías—, que fue el máximo exponente del vanguardismo y el expresionismo literario en España; el crítico y ensayista Eugeni d’Ors; el médico y ensayista Gregorio Marañón; y el poeta Juan Ramón Jimenez, impulsor de la poesía pura, referencia de la literatura posterior y maestro de la poesía española contemporánea, quien obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1956. Otros escritores de este periodo son el ensayista Salvador de Madariaga y el político, ensayista y novelista Manuel Azaña.
José Ortega y Gasset
Este retrato de José Ortega y Gasset, obra de Ignacio Zuloaga, muestra al que está considerado uno de los más influyentes filósofos españoles del siglo XX. El profundo pensamiento expuesto en sus obras, así como su labor docente, fueron determinantes en José Gaos, Manuel García Morente o Julián Marías, por citar a algunos de sus más destacados discípulos.

Las vanguardias, íntimamente relacionadas con los novecentistas por su afán de cambio estético y ético, entran en España de la mano de Gómez de la Serna y adquieren su mayor impulso con la llegada de Vicente Huidobro en 1918. A partir de entonces se configuran en España dos movimientos principales: el ultraísmo, con Rafael Cansinos-Assens y Guillermo de Torre, y el creacionismo, representado por Huidobro, Juan Larrea y Gerardo Diego.
El contacto con corrientes vanguardistas, con lo mejor de la tradición simbolista, así como la lectura de los clásicos castellanos y la lírica tradicional, enriquecerán el lenguaje y la visión de una brillante generación de poetas, conocida como la generación del 27, que floreció a finales de la década de 1920 y durante toda la de 1930. El más conocido de estos poetas es Federico García Lorca, quien dio expresión al espíritu popular de España en sus poesías y obras teatrales con un lenguaje abiertamente simbólico y surrealista que se funde con el habla cotidiana del pueblo. La personalidad arrolladora de García Lorca, junto con la potencia y la riqueza de su inspiración, lo convirtieron en una de las máximas figuras de la literatura en España. Otros poetas destacados de esta generación son Pedro Salinas, Gerardo Diego, Dámaso Alonso, Jorge Guillén, Luis Cernuda, Rafael Alberti y Vicente Aleixandre. Asimismo, los nombres de los poetas Manuel Altolaguirre y Emilio Prados también se encuentran vinculados a este movimiento. La obra de Guillén se agrupa, bajo el título de Aire nuestro, en tres libros: Cántico, Clamor y Homenaje. Guillén tuvo que exiliarse por motivos políticos en 1939, y sus versos reflejan un pesimismo creciente. Aleixandre, que obtuvo el Premio Nobel en 1977, ejerció una considerable influencia sobre otros poetas españoles. Su obra poética, que comienza con Ámbito (1928), adapta con inmensa creatividad la experiencia renovadora del surrealismo. La influencia de esta formación generacional se reflejó en poetas del otro lado del Atlántico, como el peruano César Vallejo y los chilenos Pablo Neruda y Vicente Huidobro, entre otros.
A caballo entre la generación del 27 y una voz propia, imposible de clasificar, está el poeta alicantino Miguel Hernández, quien fue elogiado de forma unánime tras la publicación de El rayo que no cesa (1936). Su trayectoria poética y su amistad con el grupo del 27 lo sitúan entre ellos, como ‘genial epílogo del grupo’, como lo calificó Dámaso Alonso. Nacido en una familia muy humilde, su formación autodidacta no le impidió elevarse como uno de los poetas más leídos en España. Algunas de sus obras, casi siempre comprometidas políticamente con el bando republicano que luchó durante la Guerra Civil, son Viento del pueblo y Cancionero y romancero de ausencias.
Además de Benavente, representante de la comedia burguesa, en estos años destacan dramaturgos como Eduardo Marquina y su teatro poético, Carlos Arniches, Pedro Muñoz Seca y los hermanos Álvarez Quintero, autores costumbristas.
5.2
Literatura de posguerra
Camilo José Cela
El premio Nobel español, Camilo José Cela, se inició en el estilo conocido como tremendismo, de claras connotaciones taurinas, con la novela La familia de Pascual Duarte, obra de crudo realismo que supuso la incorporación de las letras españolas a la narrativa europea moderna.

La corriente literaria iniciada por la generación del 98 se trunca durante la Guerra Civil (1936-1939), cuando la mayoría de los intelectuales fueron silenciados u obligados a tomar el camino del exilio. La literatura recuperó su vigor después de la II Guerra Mundial, con una generación nueva que tomó el relevo de la desaparecida. Véase Literatura española del exilio.
En el campo poético, la Guerra Civil provocó la ruptura y el aislamiento de los poetas españoles con el resto de la intelectualidad europea. Los poetas exiliados continuaron su obra fuera de España y otros se entregaron a un exilio interior que les permitía expresar sus sentimientos con una cierta libertad y sin temor a represalias por parte del régimen. Algunos poetas, que ya habían iniciado su carrera antes de la guerra, como Leopoldo Panero, Luis Rosales, Dionisio Ridruejo, José García Nieto o Luis Felipe Vivanco, optan por una recuperación de la tradición renacentista. Otros poetas, por lo general más jóvenes, buscan temas más humanos y llegan, en algunos casos, a formar una poesía de protesta social. Es el caso de Gabriel Celaya, Blas de Otero, Carlos Bousoño o José María Valverde. La generación del 36 se caracteriza por la expresión de su fe religiosa y por su intimismo. Fueron poetas disconformes con la situación política y social creada tras la Guerra Civil española, pero que en vez de enfrentarse con el régimen establecido optaron por una poesía personal y sincera sobre la naturaleza, la fe religiosa y otros temas íntimos. En estos años destacan otros nombres como los de Eduardo Chicharro y Carlos Edmundo de Ory, fundadores del grupo vanguardista conocido como postismo, así como los de los poetas Victoriano Crémer, Rafael Morales, Vicente Gaos o Eugenio de Nora.
Antonio Buero Vallejo
El dramaturgo español Antonio Buero Vallejo supuso la renovación de la escena española tras la guerra civil. Su postura posibilista le llevó a plantear un teatro activo pero sorteando los resquicios de la censura. Su obra plantea los problemas humanos existenciales; en ella siempre hay una gran crítica social, pero dejando la puerta abierta a la esperanza.

En la década de 1950 aparece una serie de poetas que dan una gran importancia al sentido social de la poesía y a los valores de la vida cotidiana. Con estos puntos en común surge, alrededor de Carlos Barral, el llamado ‘grupo de Barcelona’, al que pertenecen José Agustín Goytisolo o Jaime Gil de Biedma. Paralelamente, se desarrolla la trayectoria de otros poetas ilustres, como Ángel González, José Ángel Valente, Claudio Rodríguez, Francisco Brines o José Manuel Caballero Bonald, conocido posteriormente también por su obra narrativa. Asimismo, hay que mencionar a José Hierro, cuyos versos representan el antiesteticismo, el compromiso social y la preocupación por España que caracterizan a otros poetas del momento. Entre los numerosos poetas surgidos a partir de la década de 1960 cabe destacar a Antonio Colinas, Jaime Siles o Luis García Montero, así como a los jóvenes poetas incluidos en la antología de José María Castellet Nueve novísimos poetas españoles (1970), conocidos, por ello, como el grupo de los novísimos: José María Álvarez, Félix de Azúa, Pere Gimferrer, Antonio Martínez Sarrión, Vicente Molina Foix, Guillermo Carnero, Ana María Moix, Leopoldo María Panero y Manuel Vázquez Montalbán, poetas que en aquella época significaban fundamentalmente modernidad e intuición estética. Aunque algo más jóvenes, en estos años comienzan a destacar también Luis Alberto de Cuenca, Andrés Sánchez Robayna y Luis Antonio de Villena, que ha desarrollado también una importante obra narrativa.
Rafael Sánchez Ferlosio
El novelista y ensayista español Rafael Sánchez Ferlosio comenzó su labor literaria publicando relatos en revistas en la década de 1940. El reconocimiento literario le llegó con la publicación de la novela El jarama, que narra las vivencias de un grupo de jóvenes durante una excursión a orillas del río Jarama, y que fue reconocida con el Premio Nadal en 1955. Sánchez Ferlosio fue galardonado en 2004 con el prestigioso Premio Cervantes.

En cuanto a la novela de esta época, en los primeros años de la posguerra encontramos a autores como Juan Antonio de Zunzunegui y otros que representan la estética falangista imperante, como Rafael Sánchez Mazas, Max Aub o Gonzalo Torrente Ballester, que se dio a conocer en este momento, aunque su obra se extiende a lo largo de los años. Su trilogía llamada Los gozos y las sombras podría considerarse uno de los primeros éxitos de ventas de la literatura española. Después con La saga/fuga de J.B. abre el camino de fantasía y realidad entremezcladas que seguiría Álvaro Cunqueiro. Una de las mejores novelas de Francisco Ayala, crítico y sociólogo además de novelista, es Muertes de perro (1958), que describe el mundo esperpéntico de una dictadura americana. Las novelas La familia de Pascual Duarte (1942), de Camilo José Cela, y Nada (1944), de Carmen Laforet, figuran entre las más destacadas de un nuevo tipo de realismo conocido como tremendismo, que se caracteriza por la presencia del antihéroe y la insistencia en los aspectos más sórdidos y desagradables de la vida. Cela, galardonado con el Premio Nobel en 1989, escribió novelas de estilos muy diferentes y es también conocido por sus libros de viajes. La colmena (1951) es, para algunos, su mejor novela. En la década de 1950 hay que mencionar también a los narradores Ignacio Aldecoa, Carmen Martín Gaite y Juan García Hortelano.
Una variante más tradicional de realismo es la que representan las obras de escritores como José María Gironella, autor de Los cipreses creen en Dios (1953), que inauguró una saga de conflictos familiares que simbolizan las disputas políticas que condujeron a la Guerra Civil española. Miguel Delibes destaca por sus libros de viajes y novelas realistas, entre las que sobresalen La sombra del ciprés es alargada (1948) y Cinco horas con Mario (1966). Ana María Matute, que ingresó en la Real Academia Española en 1996, y que suele emplear un realismo exagerado pese a sus arranques líricos, encuentra en la infancia uno de sus temas habituales y es autora de libros como Los niños tontos (1956) y Primera memoria (1959). El Jarama, de Rafael Sánchez Ferlosio, es una novela objetiva en extremo, de estilo innovador en su época que su autor no tardaría en abandonar. Las novelas de Juan Goytisolo abordan problemas existenciales y son un alegato contra el vacío histórico de la sociedad española; entre sus obras más famosas se encuentran Reivindicación del conde don Julián (1970) y Paisajes después de la batalla (1982). Entre las novelas de Ramón J. Sender, considerado por algunos como el novelista más importante de esta generación, se incluyen Mr. Witt en el cantón (1935), Crónica del alba (1942) y Réquiem por un campesino español (1960). En 1962, Luis Martín Santos con su novela Tiempo de silencio desmontó la novela tal y como se conocía hasta entonces, y Juan Marsé, con Últimas tardes con Teresa (1965) abrió un camino hacia la novela crítica y creativa. Por otro lado, merecen destacarse algunos nombres en el terreno del ensayo, como los de los filósofos Julián Marías, José Gaos o María Zambrano, discípulos de Ortega y Gasset, el del escritor y crítico literario Ricardo Gullón y el del filólogo e historiador Américo Castro.
El mismo proceso que siguió la poesía posbélica se puede observar en la narrativa de este periodo. Pero en este caso las influencias foráneas desde James Joyce a William Faulkner, John Dos Passos, Franz Kafka o André Gide supusieron innovaciones temáticas y estilistas, cuyo resultado fue una rica diversidad de obras y autores, de tal manera que se puede afirmar que de “los cinco millones de procedimientos que hay para contar una historia —según Henry James— se están empleando todos”. Así, la experimentación y la búsqueda de nuevas técnicas y formas de expresión dominan la narrativa en los primeros años de la década de 1970, para, posteriormente, ir dando paso a enfoques más intimistas e incluso líricos. Algunos de los narradores mas destacados de estos años son Manuel Vázquez Montalbán, que a pesar de darse a conocer como poeta, se convirtió en uno de los principales representantes de la novela policiaca y de intriga; Eduardo Mendoza, autor de La verdad sobre el caso Savolta (1975), considerada punto de partida de la narrativa actual española; Luis Mateo Díez, o Soledad Puértolas.
En relación al teatro, dejando a un lado las tragedias líricas y simbólicas de García Lorca, durante la posguerra se prolonga la comedia intrascendente y el drama. Algunos de sus creadores son José María Pemán o Edgar Neville. La comedia encuentra sus máximos representantes en Enrique Jardiel Poncela y más tarde en Miguel Mihura. Cabe citar también a Alejandro Casona, de cuyo simbolismo es muestra La dama del alba (1944), y a Antonio Buero Vallejo, cuya Historia de una escalera (1949) es un buen ejemplo de su teatro realista con alusiones existencialistas. La producción más comercial viene de la mano del prolífico Alfonso Paso y de sus comedias de enredo. También son dignos de mención Alfonso Sastre (Escuadra hacia la muerte, 1953), Lauro Olmo (La camisa, 1962), y Fernando Arrabal, representante del llamado teatro pánico, que revolucionó la escena española de la década de 1960. En los años posteriores desarrollaron su actividad dramática autores como Ana Diosdado, José Ruibal o José Matilla. 

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