Arte persa





El invento del:
Arte persa

Arte persa, conjunto de manifestaciones artísticas que se desarrollaron en la antigua Persia, territorio que a partir de 1935 pasó a conocerse como Irán. No obstante, y de acuerdo a su uso más extendido y popular, el término persa se utilizará en este artículo para referirse al periodo anterior a la llegada del islam en el siglo VII d.C. —es decir, la época del antiguo Imperio persa— así como también para los tiempos prehistóricos.
2
PERIODO ANTIGUO
Los principales trabajos artísticos de la época prehistórica fueron las piezas de cerámica y pequeñas figuras de arcilla, mientras que la arquitectura y la escultura predominaron a lo largo de los dos imperios persas, el Aqueménida y el Sasánida (siglos VI a.C.-VII d.C.). Tras la conquista árabe y la introducción del islam en el siglo VII d.C., la escultura cedió su lugar en favor de la arquitectura, que entró así en un periodo de gran esplendor. La pintura llegó a ser importante entre los siglos XIII a XVII. Ya en el siglo XX se recuperaron estas antiguas formas artísticas combinándose los modelos tradicionales con la tecnología occidental y los nuevos materiales.
2.1
Arquitectura
Entre los primeros ejemplos de arquitectura persa destacan un grupo de pequeñas viviendas construidas con mortero y ladrillos de barro no cocido y secados al sol (adobe) descubiertas en varios yacimientos neolíticos del occidente de Irán: Tepe Alí Kosh, Tepe Guran, Ganj Dareh Tepe y Hajji Firuz Tepe. Estos yacimientos demuestran el asentamiento de pequeños poblados formados por casas de una única habitación y dependencias para almacenaje a lo largo de la frontera occidental del país en torno al año 6000 a.C. Las excavaciones en Tal-i Bakun, cerca de Persépolis, y en Tal-i Iblis y Tepe Yahya, cerca de Kermān, muestran cómo hacia el 4000 a.C. se levantaron edificios con un mayor número de estancias, agrupados además en pueblos o pequeñas ciudades. Todas estas estructuras arquitectónicas indican que las técnicas tradicionales de construcción mediante mortero y ladrillos de adobe se encontraban ya en pleno desarrollo. En Shahr-i Sokhta en Sistán se ha estado excavando un interesante palacio de la edad del bronce (c. 2500 a.C.). Su estructura y tipología evidencian un acusado incremento de la complejidad en consonancia con el establecimiento de importantes centros comerciales sobre la meseta iraní.
A finales del 2000 a.C., grupos tribales arios, entre los que se encontraban los medos y los persas, se extendieron por la meseta desplazando o absorbiendo a los primitivos pobladores. La arquitectura y artesanía de este periodo conocido como edad del hierro, precedente inmediato de la fundación del Imperio persa por Ciro II el Grande, ha podido conocerse gracias a las excavaciones llevadas a cabo cerca de Kangavar (Godin Tepe y Babajan Tepe), en las proximidades de Hamadān (Nush-i Jan Tepe), y en Zendan-i Suleiman y Tepe Hasanlu al noroeste de Irán. Estos yacimientos revelaron por primera vez la utilización de largos corredores de columnas como característica principal de la nueva tipología constructiva. Las columnas eran de madera y se levantaban sobre losas de piedra, mientras que los edificios se construyeron con piedras sin tallar y ladrillos. Las escaleras y las terrazas, junto con otros elementos, constituyeron los prototipos desarrollados más tarde por la arquitectura imperial de Pasargada y Persépolis. Si, como se cree, los edificios de Nush-i Jan Tepe y Godin Tepe son ejemplos de arquitectura meda, nos hallamos ante las primeras estructuras arquitectónicas de los medos que se han excavado hasta el momento actual. Estos descubrimientos confirman las frecuentes descripciones que sobre almacenes y palacios aparecen en las fuentes literarias, especialmente en el historiador griego Herodoto.
2.1.1
Periodo Aqueménida
Relieve del palacio de Darío
Relieve del palacio de Darío
Este relieve del palacio de Darío, en Persépolis, muestra probablemente al rey Darío recibiendo regalos de sus súbditos. El palacio fue construido entre el 518 y el 460 a.C., durante el periodo aqueménida, y los relieves esculpidos en sus pilares de caliza muestran la influencia de la escultura asiria.

El primer momento de esplendor de la arquitectura persa tiene lugar durante la dinastía Aqueménida, cuyo reinado se extiende aproximadamente desde el 550 al 331 a.C. Los restos de arquitectura Aqueménida son bastante numerosos, siendo los más antiguos las ruinas de la capital fundada por Ciro II el Grande, Pasargada, declaradas Patrimonio cultural de la Humanidad en 2004. Los restos incluyen dos palacios, un recinto sagrado, una ciudadela, una torre y la tumba de Ciro. Los palacios estaban tapiados y tenían en su centro una gran galería de columnas, la más larga de las cuales medía 37 metros de longitud. La distribución y el diseño de las habitaciones principales oscilaba entre la forma cuadrada y la rectangular; todas estaban iluminadas por un sistema de claraboyas. Los muros se construyeron de ladrillos de adobe; los cimientos, pórticos, columnas y pedestales se hicieron en piedra. Las columnas se cubrieron con bloques de piedra tallada que representaban figuras de caballos o leones enfrentados espalda con espalda. Para los suelos se utilizó, probablemente, la madera. El recinto sagrado estaba formado por un patio tapiado dentro del cual se disponían dos altares y una tribuna escalonada de forma rectangular. La torre era una elevada estructura arquitectónica levantada a base de piedra caliza de color amarillento; por contra, la caliza negra se utilizó para las puertas de acceso y para las dos filas de ventanas cegadas. La tumba de Ciro era un pequeño mausoleo de piedra, en forma de cilindro, colocado sobre una plataforma escalonada. Las columnas que lo rodean se han ubicado allí en época reciente.
Darío I el Grande construyó una nueva capital en Persépolis, ciudad que sería más tarde ampliada por Jerjes I y Artajerjes I (465-425 a.C.). Sobre una zona rocosa se abrieron y nivelaron tres amplias terrazas en las que se fueron levantando edificios de ladrillo y piedra similares a los de Pasargada. Entre las edificaciones de Persépolis y Pasargada existen, no obstante, varias diferencias. Los patios de columnas eran cuadrados, en los muros se abrían ventanas y nichos de piedra simulando vanos, y dejaron de utilizarse los pedestales de piedra. Las puertas presentan una cornisa de cuarto bocel (tipo de moldura con un perfil de cuarto de círculo) decorada con motivos vegetales de probable origen egipcio. Los fustes de las columnas eran estriados en lugar de lisos, las basas y molduras de los plintos se ornamentaron con motivos decorativos de tipo floral, y el remate de las columnas (capitel) tomó formas naturalistas reproduciendo los cuartos delanteros de toros que a veces aparecían alados. Estos edificios tenían los techos de madera de cedro apoyados sobre robustas vigas y escuadras que descansaban en los capiteles de piedra de las columnas.
Otros restos de arquitectura Aqueménida podemos encontrarlos en la ciudad de Susa, donde Darío I construyó un gran palacio reconstruido posteriormente por Artajerjes II (409-358 a.C.). La arquitectura vinculada a la dinastía de los Aqueménidas abarca también tumbas excavadas en la roca, como los hipogeos egipcios, de entre las que destacan las de Naqshah Rostam, cerca de Persépolis. Apenas se conocen ejemplos de arquitectura popular o doméstica, aunque los arqueólogos creen que la vivienda típica se construía con ladrillos de adobe.
Brazalete de grifos
Brazalete de grifos
Este brazalete de oro fue realizado en Persia durante la dinastía Aqueménida (c. 550-330áa.C.) y forma parte del tesoro del Oxus, colección de objetos decorativos del Imperio persa que se encuentra en el Museo Británico, Londres. El brazalete está formado por dos grifos cuyas cabezas constituyen los extremos de la pieza.

Tras la conquista de Persia por Alejandro Magno en el 331 a.C. y la toma del poder por parte de la dinastía Seléucida, la arquitectura persa imitó las formas del mundo griego. De este estilo es el gran templo de Kengavar, que fue excavado por el Servicio Arqueológico de Irán para su eventual restauración. El templo había sido destruido en la antigüedad por un fuerte terremoto.
Más tarde, bajo la dinastía de los partos Arsácidas, entre el 250 a.C. y el 226 d.C., se construyeron en el primitivo estilo persa un pequeño número de edificios. El monumento más importante de este periodo, declarado Patrimonio cultural de la Humanidad en 1985, es el palacio de Hatra (hoy al-Hadhr, en Irak), fechado entre los siglos I y II d.C., en el que se ejemplifica perfectamente la utilización a gran escala de la bóveda de medio punto. Los abovedamientos, los robustos muros y las pequeñas dependencias de este palacio indican una continuidad de las primitivas tradiciones asiria y babilónica.
2.1.2
Periodo Sasánida
Bajo la dinastía Sasánida, que gobernó Persia desde el 226 d.C. hasta la conquista del islam en el 641, tuvo lugar un importante renacimiento arquitectónico. Las construcciones fueron totalmente diferentes de las del periodo Aqueménida. Los muros se levantaron a base de ladrillo cocido y pequeñas piedras unidas con argamasa; también se utilizó el ladrillo para las bóvedas de medio punto dispuestas sobre grandes estancias y corredores; se construyeron grandes cúpulas. Se adaptaron los diseños y principales características de los palacios de Persépolis, pero se encerraron en un único edificio las numerosas dependencias y habitaciones. De este modo, la misma obra incorporaba un lugar para las audiencias públicas, otro más pequeño para las privadas, así como numerosas salas de menor tamaño. Entre los principales restos conservados de arquitectura Sasánida están las ruinas de los palacios cupulados de Firuzabad, Girra y Sarvestan, y las amplias salas abovedadas del de Ctesifonte. El gran yacimiento de Bishapur ha sido sistemáticamente excavado a mediados del siglo XX por el Servicio Arqueológico de Irán. Se han realizado también excavaciones en otros palacios, como en Qais, Hira y Damghan. En todos estos palacios aparece ya el iwán, como pórtico con gran arco abierto a un patio, que se verá luego en el arte islámico. Además de éstos, destacan también los puentes de Dizful y Shushtar, y diversos templetes construidos en varias localidades destinados a la adoración del fuego que formaba parte del zoroastrismo.
2.2
Escultura
En el primer gran periodo del arte persa, durante el reinado de los Aqueménidas, la escultura se hizo a escala monumental. Hacia el 515 a.C. Darío I el Grande mandó esculpir un gran relieve y una inscripción grabada en la roca de los acantilados de Behistún. El relieve muestra a Darío como Ahura Mazda (divinidad suprema del zoroastrismo) venciendo a sus enemigos. Los diseños y el gusto por el detalle en el grabado tienen claro antecedente en los modelos asirios, pero el tratamiento naturalista de los ropajes superpuestos y los ojos es completamente novedoso.
En Persépolis la escultura fue un importante complemento de la arquitectura. A los capiteles con formas animales que fueron característica dominante en los interiores de los edificios, hay que añadir los frisos con decoración de leones en las paredes exteriores de los mismos. En las jambas de las puertas se tallaron relieves del Rey, y las escaleras fueron decoradas con frisos en bajorrelieve representando a la guardia real y a los portadores de tributos. La puerta principal de la ciudad estaba flanqueada por una pareja de enormes toros con cabezas humanas tallados en altorrelieve.
El palacio de Susa estaba decorado con relieves en piedra al estilo de los de Persépolis y paneles de ladrillo vidriado azul, verde, blanco y amarillo. La utilización de este material viene de tradiciones anteriores, asiria y babilónica. En estos paneles de Susa aparecen retratados soldados, toros alados, esfinges y grifos. El más conocido de todos ellos es el denominado Friso de los Arqueros (Louvre, París). Dentro de la escultura Aqueménida es importante destacar también las cuatro tumbas reales excavadas en la roca de Naqshah Rostam. Cada tumba fue tallada en la roca imitando la fachada de un palacio, con figuras sobre un estrado en el que aparece el rey adorando a los dioses.
Después de la conquista de Persia por Alejandro Magno la influencia griega, en su etapa helenística, fue predominante dentro del mundo artístico. Entre otros ejemplos pueden citarse los fragmentos de escultura en bronce hallados en Shami, y los relieves de Behistún. El segundo gran periodo del arte persa comienza con el advenimiento de la dinastía Sasánida en el 226 a.C. De este periodo sólo ha sobrevivido un único ejemplo de escultura exenta o de bulto redondo, que es la colosal figura de un rey aparecida cerca de Bishapur. Se conserva también un reducido número de estatuillas, pero los mejores ejemplos escultóricos, como sucedió también en época Aqueménida, están en los relieves grabados sobre la roca. Los más conocidos son los gigantescos relieves de Naqshah Rostam, en los que aparecen retratados los reyes persas Ardachir I y Sapor (o Sahpur) I (años 241 a 272) montados a caballo. Similar escena ecuestre ofrece el relieve de Taq-i-Bustan, representando a otro rey persa de esta dinastía, Cosroes II. Tras el periodo Sasánida la escultura dejó de ser importante dentro de las producciones artísticas de Irán.
2.3
Cerámica, metalistería y tejidos
Jarrón sasánida
Jarrón sasánida
Este jarrón de bronce y piedra, realizado probablemente durante la dinastía Sasánida, fue adquirido en el siglo XVI por un miembro de los Medici, quien grabó en él el nombre de la famosa familia italiana.

Los primeros ejemplos de artes decorativas persas datan de finales del VII milenio a.C. y consisten en diseños de animales y figuras femeninas modeladas en arcillas. Las figurillas femeninas encontradas en Tepe Sarab, cerca de Bajtaran, son complicados objetos compuestos por múltiples piezas de reducido tamaño. Las caderas y el pecho de estas figuras se representan de forma exagerada, reduciendo las cabezas a la mínima expresión. En contraste con esta estilización y abstracción de la figura humana están las múltiples figuritas de animales modeladas con gran naturalismo.
El segundo gran momento de esplendor dentro del arte prehistórico tuvo lugar durante el IV milenio, cuando aparecieron en la meseta una gran variedad de cerámicas pintadas de diferentes estilos. Por regla general, las vasijas eran rojas o ligeramente amarillentas con figuras de animales, a menudo cabras, pintadas en negro. La cerámica se encontró junto a otros pequeños objetos como sellos e instrumentos de cobre (alfileres o cinceles, entre otros). Durante el tercer milenio se fabricó cerámica gris bruñida en la zona noreste de Persia, así como también gran cantidad de objetos o piezas de cobre como hachas, broches y figurillas. La cerámica pintada continuó produciéndose en otras partes del país salvo en el norte, el Azerbaiyán, donde aparecen vasijas y utensilios barnizados en gris y negro con motivos decorativos geométricos mediante incisiones sobre la superficie del objeto posteriormente rellenadas de pasta blanca. Hacia el año 1300 a.C. este tipo de cerámica gris aparece en toda la zona norte de Persia, quizá con origen nororiental, y muy probablemente asociada con la expansión de las tribus indo-iranias. Alrededor del año 800 a.C. florece de nuevo la pintura, con representación de modelos geométricos, animales y figuras humanas.
Iniciado a finales del segundo milenio y con un desarrollo cronológico que alcanza hasta mediados del primer milenio, tuvo lugar en toda la zona montañosa al sur del Caspio y el Luristán un importante florecimiento de los trabajos en bronce fundido. Se hicieron en grandes cantidades arneses, enjaezados y bridas para los caballos, hachas y objetos votivos, reflejando todos ellos un complejo estilo creado a base de combinar fragmentos o partes animales con criaturas fantásticas de variadas y extrañas formas.
Durante el periodo Aqueménida las artes decorativas tuvieron una gran difusión dentro de los artículos de lujo, como ornamentos y vasijas de oro y plata, jarrones de piedra y joyas con decoración incisa. Una importante colección de todo este tipo de objetos, denominada Tesoro de Oxus, se conserva en el Museo Británico de Londres. La metalistería Sasánida alcanzó un gran desarrollo, siendo sus objetos más frecuentes las copas y platos de plata y los aguamaniles de bronce con profusa decoración repujada. Los temas más frecuentes fueron escenas cortesanas, cazadores, animales, pájaros y plantas. La mejor colección de este tipo de piezas se encuentra en el Museo del Ermitage, en San Petersburgo; otros ejemplos los podemos localizar en los museos de París, Londres y Nueva York.
La producción de tejidos fue una industria muy destacada dentro del periodo Sasánida. Los diseños incluían sobre todo motivos animales, vegetales y de caza dispuestos de forma simétrica, situados dentro de medallones; fueron muy imitados en todo el Oriente Próximo y también en la Europa medieval. Incluso después de la conquista árabe las sedas y la metalistería Sasánidas se continuaron fabricando, influyendo fuertemente en el arte bizantino, en China y en la zona del Turkestán.
3
PERIODO ISLÁMICO
Tras la conquista de Persia por los árabes en el año 641, el territorio pasó a formar parte del mundo islámico. Sus artistas se sometieron a los gustos y necesidades de la cultura islámica, la cual a su vez recibió influencias de la tradición persa. La arquitectura siguió siendo la principal forma artística; debido a la norma islámica que condenaba como idólatra la representación tridimensional de seres vivos y otro tipo de objetos, la escultura entró en una fase de declive. La pintura, por el contrario, no sufrió los efectos de esta prohibición de representar la figura humana, y logró así un auge importante.
3.1
Arquitectura
Patio de la mezquita de Isfahan
Patio de la mezquita de Isfahan
La Masjid-i-Shah de Isfahan, es una madrasa (escuela para estudiantes del islam) que incorpora también una mezquita. Fue construida entre 1612 y 1637. Su impresionante cúpula de azulejo es uno de los ejemplos de azulejería más delicados del mundo.

La mezquita fue la principal tipología arquitectónica durante el periodo islámico. Se mantuvo la tradición de los espacios abovedados; entre otras características destacan la importancia de la madrasa con planta cruciforme, la utilización de los arcos de herradura, de medio punto, conopiales y apuntados, así como también el uso de la cúpula sobre tambor circular. Entre los ejemplos más destacados de la primera arquitectura islámica de Irán se incluyen la mezquita de Bagdad, construida en 764; la gran mezquita de Sāmarrā, levantada el año 847, y la primera mezquita de Na'in, del siglo X. Bajo la expansión del Imperio mongol, buena parte de la arquitectura islámica se erigió en Persia, pero tras la conquista de Bagdad por los mongoles en el 1258 se reanudó un tipo de construcción más apegada a las antiguas tradiciones y se levantaron varios de los mejores edificios de toda la historia de la arquitectura del país. Cabe destacar entre ellos la gran mezquita de Veramin, edificada en el 1322; la mezquita del Imán Reza en Meshad-i-Murghab, construida en 1418, y la mezquita Azul de Tabrīz. Otras obras importantes son el mausoleo del conquistador mongol Tamerlán y su familia en Samarkand, la mezquita real de Meshad-i-Murghab, y las grandes madrasas, o escuelas coránicas, de Samarkand, todas ellas construidas en el siglo XV.
Bajo la dinastía Safawí (1502-1736) se construyeron gran número de mezquitas, palacios, tumbas y otros edificios. Los elementos característicos de las mezquitas fueron las cúpulas gallonadas sobre tambores, los pórticos abovedados y las parejas de torres minaretes. Sobre las cornisas y ménsulas se dispuso una sorprendente decoración en zigzag o en hilera. Cuando estas formas decorativas aparecen formando prismas o pequeños arcos agrupados a modo de estalactitas reciben el nombre de mocárabes. El color fue parte importante de la arquitectura en este periodo, y las fachadas de los edificios se cubrieron con resplandecientes azulejos de tonos azules, verde, amarillo y rojo. Las construcciones más notables de la época Safawí las encontramos en Isfahan, capital de dicha dinastía. La ciudad, trazada sobre anchas avenidas, jardines y canales, cuenta con importantes palacios, mezquitas, baños, bazares y caravasares (posadas).
3.2
Pintura
Laila y Majnum en la escuela
Laila y Majnum en la escuela
Bihzād, uno de los grandes miniaturistas persas de Herat (actual Afganistán), pintó Laila y Majnum en la escuela (1494). La perspectiva plana muestra la influencia del paisajismo chino. Hay que destacar la yuxtaposición de escenas de interior y exterior y la forma en que algunas partes del cuadro se salen del margen del mismo.

La pintura al fresco y los manuscritos miniados formaron parte de la tradición artística de Persia ya desde el periodo Sasánida, aunque de estos primeros ejemplos apenas se han conservado unos pocos fragmentos. En el periodo islámico la pintura fue una de las artes plásticas más importantes. Se hicieron copias del Corán en letra cúfica, forma de escritura de los primeros árabes, en los pergaminos y rollos de al-Barah y al-Kufah a finales del siglo VII. Estos manuscritos no contienen escenas pintadas, pero poseían, en su defecto, una hermosa caligrafía ornamental, que fue ampliamente practicada durante los siglos VIII y IX. Gracias a la introducción del papel en el siglo X, las formas y modelos de los libros religiosos y seculares tuvieron un gran incremento.
En el siglo XII llegó a tener una gran resonancia la escuela de pintura de Bagdad, con sus manuscritos sobre trabajos científicos, fábulas y anécdotas ilustrados con miniaturas. En el siglo XIII se hizo muy evidente la influencia de la pintura paisajística china, introducida en el país tras la toma del poder por los mogoles. Los libros de poemas y de historias del mundo se ilustraron con anécdotas, leyendas y acontecimientos históricos que a menudo ocupaban páginas enteras y también páginas dobles. Los textos fueron escritos generalmente en persa más que en árabe, como venía siendo habitual desde épocas anteriores. En el siglo XIV Bagdad y Tabrīz fueron los principales centros de pintura. Más tarde, Samarkand, Bujara y Herāt llegaron a ser también importantes centros. Por regla general la temática incluía escenas de caza, guerreros, vida en palacio y vistas de paisajes con escarpadas montañas, árboles y arroyos rodeados de flores. A comienzos del siglo XIV se solía pintar sobre fondo rojo, cambiándose después por tonos azules y, al final del siglo, dorados.
El miniaturista persa más conocido fue Bihzād, el artista más importante de finales del periodo mongol y comienzos del Safawí. Fue el director de la academia de pintura y caligrafía de Herāt hasta 1506, año en el que marcha a Tabrīz como bibliotecario real. La pintura de Bihzād se caracteriza por su rico colorido, sus figuras realistas y sus paisajes. Diferenciaba las figuras en grupos de escenas, realizando retratos de marcado individualismo. Muchos pintores estudiaron con él, incluyendo los célebres artistas Mirak y Sultan Mohammed, y su estilo fue imitado en todo Irán, Turkestán e India. Entre los pocos manuscritos existentes ilustrados por Bihzād destacan la Historia de Tamerlán (1467), hoy en la biblioteca de la Universidad de Princeton.
El retrato como género pictórico llegó a ser muy importante a lo largo de todo el siglo XVI. Uno de los principales retratistas fue Alí Reza Abbasi, que delineó sus figuras con sobrios pero expresivos toques de pincel. Muchas de sus pinturas representan figuras individuales, aunque también pintó realistas escenas de grupos de peregrinos y derviches. A finales del siglo XVI y durante el siglo XVII los dibujos monocromos a tinta con ligeros toques de rojo y dorado reemplazaron a las brillantes policromías de los primeros manuscritos. Después del siglo XVII los artistas de Irán copiaron la pintura y el grabado europeos, entrando así en declive la tradición nacional. La pintura de cajas o estuches barnizados, decorados con temas tradicionales iraníes, y la encuadernación de libros se convirtieron en el siglo XIX en una próspera industria, exportándose en grandes cantidades a los países de Europa occidental. Esta industria es todavía floreciente a finales del siglo XX. Son frecuentes también las modernas imitaciones de la miniatura del siglo XVI, aunque no se ha logrado imponer un estilo contemporáneo nacional.
3.3
Artes decorativas
Alfombra Ardabīl
Alfombra Ardabīl
Esta alfombra (actualmente en el Museo Victoria y Alberto de Londres) fue realizada para la mezquita panteón del sha Tahmasp de Ardabīl, de Irán, entre 1539 y 1540. La decoración es vegetal con un gran medallón en el centro y una elaborada orla, debido a la prohibición coránica de representar la figura humana o animal en los edificios religiosos.

Las técnicas de producción de tejidos, metalistería y cerámica desarrolladas durante el periodo Sasánida se utilizaron a lo largo de toda la historia de Persia. La elaboración de alfombras, en la que es especialmente notable, fue fomentada por los Sasánidas, y han continuado siendo importantes objetos artísticos hasta el presente. Se fabricaron en pequeños pueblos y en los talleres de la corte. El diseño de las alfombras utilizadas en las mezquitas o para el rezo consistía, por regla general, en un medallón o arco dentro de un espacio rodeado por una orla cubierta con delicadas formas florales. Las alfombras de uso seglar podían decorarse con figuras humanas y animales.
La metalistería también fue importante. En Mosul y otros centros se realizaron bellas vajillas y vasijas en bronce, latón y cobre con incrustaciones de plata y grabadas.
Durante el periodo islámico se hizo también cerámica de excelente calidad, especialmente en los siglos XI, XII y XIII. Los alfareros de Rayy y Kasan destacan por sus cerámicas y lozas tipo mina'i de reflejo metálico, con delicadas figuras polícromas, y también por otras piezas con motivos naturalistas sobre fondos claros o turquesas.

Arte paleolítico





El invento del:
Arte paleolítico

Cueva de Altamira
Cueva de Altamira
Los bisontes que se pueden observar en la imagen son sólo una pequeña muestra del conjunto de pinturas prehistóricas que la cueva de Altamira alberga. Datadas en más de 15.000 años de antigüedad, sus representaciones animalísticas, ejecutadas con un hábil estilo naturalista dominador del trazo y de la utilización de los colores, motivaron que esta gruta cántabra, ubicada en el término de Santillana del Mar, recibiera el apelativo de 'Capilla Sixtina del arte paleolítico'.

Arte paleolítico, arte desarrollado entre los años 32.000 y 11.000 a.C., durante el último periodo glacial. Comprende el arte mueble (también llamado arte miniatura o arte portátil) consistente en figuras y objetos decorativos tallados en hueso, cuernos de animal o piedra o modelados toscamente en arcilla, y el arte parietal o rupestre, vinculado al interior de las cuevas en forma de pinturas, dibujos y grabados. Algunos relieves también aparecen en abrigos rocosos al aire libre. Arte paleolítico hay en todo el mundo, pero es mucho más abundante en Europa occidental, de modo que en este artículo sólo se considera el arte de esta zona.
2
DESCUBRIMIENTO
Los primeros hallazgos de arte paleolítico fueron piezas de arte mueble descubiertas en las cuevas y abrigos rocosos del suroeste de Francia en la década de 1860. Los objetos eran indudablemente antiguos, probablemente herramientas y útiles paleolíticos así como huesos de animales del periodo glacial. Algunas de las especies representadas (como el mamut) se extinguieron, y otras (como el reno) abandonaron la región hace ya mucho tiempo.
Estos descubrimientos activaron el interés por la excavación en cuevas y abrigos rocosos en busca de arte prehistórico. Algunas personas se habían dado cuenta ya de la existencia de dibujos en las paredes, pero apenas dieron importancia al asunto. El primer llamamiento serio en favor de la existencia del arte rupestre paleolítico se hizo en 1880, cuando el español Marcelino de Sautuola dio a conocer sus hallazgos en la cueva de Altamira (Cantabria). Sus opiniones fueron tratadas con escepticismo por los arqueólogos de la época, hasta que el deslizamiento de una falla ocurrido en la cueva de La Mouthe (Dordoña) en 1895, sacó a la luz una galería con grabados tallados en sus paredes. Los sedimentos paleolíticos aparecidos allí confirmaron la antigüedad de las pinturas. En 1901 se encontraron otros grabados en la cueva de Les Combarelles (Dordoña) y pinturas en la cercana Font de Gaume. En 1902 los arqueólogos reconocieron oficialmente la existencia del arte rupestre. Tras esto, nuevos y numerosos hallazgos se sucedieron ya de forma continuada. Los descubrimientos todavía prosiguen; en Francia y España, incluso hoy, se descubre un promedio de un yacimiento nuevo cada año. En fechas recientes, manifestaciones de arte rupestre de similar cronología han aparecido en otras partes del mundo como Australia, América y el sur de África.
3
LOCALIZACIÓN
Se han encontrado objetos de arte paleolítico dispersos por múltiples lugares desde la península Ibérica y el norte de África hasta Siberia, con una notable concentración de restos en Europa occidental, oriental y central. Se conocen miles de ejemplares: mientras en algunos lugares apenas hay unos pocos o ninguno, en otros se cuentan a centenares los artículos de arte mueble aparecidos.
Se han localizado cuevas con decoración paleolítica desde Portugal y el sur de España hasta el norte de Francia. Su distribución es desigual, con abundancia de ejemplos en zonas ricas en restos muebles. Destacan, por encima de todas, las regiones del Périgord, los Pirineos franceses y el norte de España, donde cabe reseñar las cuevas de Altamira y Puente Viesgo en Cantabria, y Tito Bustillo y Peña Candamo en Asturias. También hay concentraciones aisladas en Italia y Sicilia, así como en el suroeste de Alemania, los Balcanes, Rumania y Rusia. Algunas de estas cuevas contienen sólo unas pocas figuras o simplemente una, mientras que en otras, como las francesas Lascaux y Les Trois Frères, las tienen a centenares. En años recientes este tipo de representaciones paleolíticas ha aparecido también en rocas al aire libre, conservadas en circunstancias excepcionales. Hasta ahora, estas pinturas se han hallado en diversos lugares de España, Portugal y los Pirineos franceses.
4
CRONOLOGÍA
Recientemente, el análisis de diminutas cantidades de pigmentos procedentes de los dibujos y pinturas rupestres ha demostrado que en muchos casos tales muestras contenían restos de carbón vegetal. La datación por isótopos radiactivos como el carbono 14 (véase Datación: Método del carbono 14) pone de manifiesto que la acumulación de figuras en las paredes de las cuevas fue un hecho inusual, separado a veces por largos periodos de tiempo.
Aparte de los hallazgos esporádicos de objetos decorativos de épocas precedentes, los descubrimientos más antiguos de arte paleolítico se sitúan dentro del periodo auriñaciense, hace 32.000 años. Tales objetos son, por un lado, pequeñas estatuillas antropomórficas y zoomorfas talladas en marfil y piedra, aparecidas en yacimientos del suroeste de Alemania y Austria; y por otro, sofisticadas pinturas como las recientemente descubiertas en la cueva de Chauvet en Ardeche (Francia). Las pruebas de carbono 14 realizadas sobre dos figuras de rinoceronte lanudo y una de bisonte han arrojado una antigüedad de entre 30.000 y 32.000 años, convirtiendo a estas pinturas, por el momento, en las más antiguas del mundo.
5
TÉCNICAS Y MATERIALES
El arte mueble abarca una extensa variedad de formas y materiales. La más simple fue la manipulación de objetos naturales como colmillos, conchas o huesos tallados o perforados para fabricar collares y pendientes. En algunos yacimientos han aparecido cientos de plaquetas (piedras con dibujos grabados). También aparecen grabados en los diferentes objetos de hueso tallado, como arpones, anzuelos, cuchillos, punzones y bastones de mando. En diversas zonas, sobre todo en Moravia, se han encontrado pequeñas esculturas de terracota con figuras humanas y animales, pero la mayoría de las estatuillas paleolíticas estaban hechas de marfil o piedra blanda. El marfil también se usó para componer collares, pulseras y brazaletes. Particular interés ofrecen unas características figuritas femeninas de pequeño tamaño talladas en piedra, casi todas del periodo auriñaciense, denominadas genéricamente Venus. Con una clara tendencia a la esquematización y un especial interés por resaltar los atributos sexuales, de entre las más de cincuenta figuras descubiertas destacan la Venus de Willendorf y la Venus de Savignano.
El arte rupestre comprende una asombrosa variedad de técnicas. Un recurso llamativo fue la utilización de las protuberancias naturales de la roca y las estalactitas para acentuar o representar determinadas figuras. La manera más simple de transformar las paredes de la cueva fue imprimir la huella de los dedos sobre la capa de barro que recubre la roca. En algunas cuevas, estas marcas también representan figuras reconocibles. El trabajo en arcilla, limitado al área pirenaica, se extiende desde la estampación sobre las paredes de las huellas de las manos hasta los grabados en el suelo de la cueva y la realización de bajorrelieves mediante la acumulación de grandes cantidades de arcilla. Los famosos bisontes de Le Tuc d’Audoubert están modelados en altorrelieve, y el oso tridimensional de Montespan contiene cerca de 700 kilos (más de media tonelada) de arcilla.
Las figuras de barro sólo se han encontrado en las zonas más profundas y oscuras de las cuevas, mientras que las esculturas en piedra han aparecido siempre en los abrigos rocosos o en las partes iluminadas de las cuevas, es decir, en el tramo más próximo a la entrada. La escultura rupestre, tanto en alto como en bajorrelieve, se limita a la región central de Francia, zona con abundancia de piedra caliza. Casi todas estas esculturas tienen restos de pigmento rojo, lo que demuestra que en su momento estuvieron pintadas, como la mayoría del arte mueble.
El pigmento rojo usado en las paredes de las cuevas estaba compuesto por óxido de hierro (hematites u ocre) mientras que el pigmento negro suele ser manganeso o carbón vegetal, derivado de la combustión de la madera. El análisis de los pigmentos, particularmente en la cueva de Niaux, en los Pirineos, ha puesto de relieve el uso de recetas o trucos pictóricos basados en la combinación del pigmento con talco o feldespato (para dar más cuerpo a la pintura), y con aceites vegetales o animales como aglutinantes.
La manera más rudimentaria de aplicar la pintura en los muros de las cuevas fue con los dedos, aunque por regla general se utilizaron diversos tipos de útiles que no se han conservado hasta nuestros días. Las investigaciones apuntan hacia pinceles hechos con cerdas de animales o pequeñas ramas. Los trozos de pigmento encontrados en el suelo pudieron haber formado parte de lápices o tizas. Para esbozar el contorno de las manos (posándolas sobre la pared de la cueva) y algunos puntos y figuras, la pintura fue, sin duda, rociada directamente con la boca o por medio de un canutillo provisto de pintura. También se pintaron figuras en los techos de las cuevas. Algunos, como los de Altamira (España), podían alcanzarse sin dificultad, pero en otros lugares era necesario utilizar una escalera de mano o algún tipo de andamiaje. En Lascaux, los huecos de una de las paredes de la galería sugieren cómo se construyó el andamiaje.
La luz provenía de las hogueras, pero para las zonas más interiores y profundas de las cuevas fue necesario algún tipo de iluminación portátil, como por ejemplo los candiles de piedra, de los que apenas se conservan unas cuantas muestras, en cuyo seno ardían distintas grasas animales.
A diferencia de las piezas portátiles del arte mueble, limitado a pequeños objetos, el arte rupestre no restringió su tamaño, con lo que las figuras representadas en las cuevas oscilan entre las formas más diminutas y las más desmesuradas. Algunas alcanzan un tamaño superior a los 2 m, como los gigantescos toros de Lascaux que exceden de los 5 m. Las figuras, ya sean humanas o animales, se representaban aisladas o formando conjuntos, y aunque en muchas ocasiones captan el movimiento y el volumen, en ningún caso aparece el suelo o el paisaje de fondo.
6
TEMÁTICA
El arte paleolítico se clasifica, normalmente, en representaciones figurativas (animales o humanas) y en composiciones abstractas (signos y símbolos). Casi todos los animales aparecen representados de perfil, la mayoría de ellos en estado adulto y fácilmente reconocibles; muchos otros, sin embargo, aparecen incompletos o se identifican difícilmente, y unos pocos, por último, son seres imaginarios, como el unicornio de Lascaux. El aspecto más llamativo de Lascaux es que la cueva está decorada de forma unitaria. En la mayoría de las cuevas las pinturas no están dispuestas de ese modo, sino que se superponen de modo casual, dificultando su identificación e impidiendo afirmar, en consecuencia, si se trata de asociaciones deliberadas, o de yuxtaposiciones carentes de relación entre sí.
Los animales más representados en el paleolítico fueron el caballo y el bisonte, aunque otras especies (como el mamut o el ciervo) predominaron en determinados lugares. Los carnívoros fueron inusuales y los peces y pájaros aparecieron mucho más en el arte mueble que en el rupestre. Los insectos y las plantas tan solo se encuentran en unos pocos ejemplos del arte portátil. No es, por tanto, el arte paleolítico una mera acumulación de observaciones de la naturaleza. Tiene significado y estructura, con diferentes especies predominantes según épocas y regiones. Mientras que las huellas de manos son relativamente frecuentes, las representaciones de seres humanos escasean en el arte rupestre. Fueron mucho más frecuentes en el arte mueble, especialmente las pequeñas figuras femeninas calificadas como Venus.
Los ideogramas (representaciones de signos y símbolos) son mucho más abundantes que las imágenes figurativas. Dentro de ellos se incluye una amplia gama de motivos, desde un sencillo punto o línea hasta complejas composiciones y extensos muros surcados por marcas lineales. Pueden aparecer totalmente aislados en el interior de las cuevas o estrechamente asociados a las representaciones figurativas. Mientras que para algunos expertos estos signos son representaciones de cosas reales (casas, trampas e incluso marcas de límites territoriales entre diferentes tribus), para otros, como Leroi-Gourhan, son iconografías de carácter sexual.

7
SIGNIFICADO DEL ARTE RUPESTRE
Arte rupestre aborigen, Australia
Arte rupestre aborigen, Australia
El arte rupestre aborigen tuvo un gran desarrollo antes de la llegada de los europeos. Alguna de las pinturas que se han encontrado en Australia Meridional fueron realizadas hacia el 18.000 a.C. Se cree que las figuras, como las que se aprecian en la imagen, representaban a los espíritus de los artistas.

En un primer momento el arte rupestre paleolítico se consideró como puramente ornamental, carente de significados más complejos. Este punto de vista se apoyaba en el arte mueble conocido hasta entonces. Pero los avances en el conocimiento de esa época, así como los descubrimientos que se iban haciendo, pusieron de manifiesto que había un complejo aunque indescifrable nexo entre los objetos representados y su localización. Se pintaba un limitado número de especies; con frecuencia las pinturas, dibujos y grabados se encuentran en los lugares más inaccesibles de las cuevas; hay asociaciones y signos enigmáticos, figuras intencionadamente incompletas o ambiguas, y cuevas decoradas que aparentemente no fueron habitadas.
A comienzos del siglo pasado se aplicó al arte paleolítico la teoría funcional de la magia simpática. Según esta teoría, las pinturas servían para influir de forma mágica en sus modelos reales. Así por ejemplo, un bisonte pintado provocaría la caza de dicho animal. Se intentaron descubrir ritos y magias en cada aspecto del arte paleolítico, en los fragmentos de objetos decorados y en la representación de animales con flechas clavadas para propiciar su captura. Pero muy pocas figuras de animales paleolíticos tienen flechas clavadas, y muchas cuevas no tienen ninguna imagen de este tipo. En otros casos no hay escenas evidentes de caza y los huesos de animales encontrados en muchas cuevas no guardan relación con las especies pintadas, de modo que la motivación oculta del arte rupestre pudo distanciarse de las prácticas cotidianas que reflejan los restos descubiertos hasta ahora.
Otra teoría bastante popular fue la denominada magia de la fertilidad, según la cual la representación de animales garantizaría su reproducción y la consiguiente provisión de alimentos para el futuro. Pero en muy pocos casos se distingue el género de los animales, y los genitales se muestran casi siempre de manera discreta. En cuanto a la copulación, en toda la iconografía paleolítica solamente hay uno o dos ejemplos (bastante dudosos).
En definitiva, la mayor parte del arte paleolítico no tiene una relación clara con la caza o la reproducción. En la década de 1950 dos investigadores franceses, Annette Laming-Emperaire y André Leroi-Gourhan, llegaron a la conclusión de que las cuevas no habían sido decoradas al azar, sino de forma sistemática. Concibieron los diferentes ejemplos de arte rupestre como composiciones cuidadosamente planificadas dentro de cada cueva, considerando a los animales no como retratos sino como símbolos. Descubrieron toda una serie de asociaciones que se repetían con frecuencia: el predominio de caballos y bóvidos, agrupados en los muros centrales, se consideró una representación de la dualidad sexual. Dividieron también los signos abstractos entre masculinos (falos) y femeninos (vulvas).
Algunos investigadores intentan establecer criterios para identificar la obra de artistas individuales. Otros han creído descubrir relaciones entre las paredes más decoradas y la acústica de la cueva, sugiriendo con ello que el sonido desempeñó un importante papel en las ceremonias asociadas al arte rupestre.
De cualquier modo, ninguna interpretación es suficiente para explicar todo el arte paleolítico, un periodo que abarca las dos terceras partes de la historia del arte, 25 milenios sobre la mayor parte de la superficie terrestre.

Arte olmeca





El invento del:
Arte olmeca

Hacha ceremonial olmeca
Hacha ceremonial olmeca
Esta cabeza de un hacha ceremonial olmeca, tallada en jade, combina rasgos humanos y felinos, quizá como representación de una deidad. Data de alguna fecha entre los años 700 y 300 a.C. y se conserva en el Museo Británico de Londres.

Arteolmeca, conjunto de manifestaciones de carácter singular e innovador que sentaron los patrones estéticos para todo el posterior desarrollo del arte mesoamericano. Las principales expresiones artísticas de los olmecas fueron la escultura y la cerámica. Asimismo, también se debió a ellos el inicio de un sistema de escritura y los cómputos matemáticos.

2
ESCULTURA
Cabeza olmeca
En el parque de Villahermosa, en la capital del estado de Tabasco (México), se conservan algunas de las cabezas colosales olmecas encontradas en La Venta y San Lorenzo. Estas esculturas megalíticas están labradas en piedra basáltica, y su altura oscila entre 2,4 y 3,6 metros.

Encontramos esculturas en grandes bloques de piedra de basalto y andesita, y finos trabajos de pequeñas hachas y figuritas labradas en jade y obsidiana. Es un arte oficial, propio de una sociedad muy desarrollada, donde la demanda de las elites ha fomentado la aparición de artesanos de dedicación completa sumamente especializados en distintas tareas. La escultura monumental pertenece al ámbito de los centros ceremoniales. Las famosas cabezas colosales de La Venta y Tres Zapotes alcanzan 3 metros de altura por 3 de diámetro y hasta 65 toneladas de peso. Son representaciones de hombres con nariz achatada y labios gruesos, cubiertos con una especie de casco circular. Los altares son composiciones iconográficas labradas sobre bloques paralelepípedos de piedra en uno de cuyos lados aparece un nicho del que emerge una figura antropomorfa. Las estelas son bloques alargados tallados por un lado con personajes de alto rango. Hay tallas de estilo olmeca en lugares tan remotos como Chalchuapa (El Salvador).
Además de estas enormes esculturas encontramos hachas y estatuillas de jade, jadeita o serpentina, de formas muy diversas en las que predominan las representaciones de la divinidad hombre-jaguar.
3
CERÁMICA
La cerámica se caracteriza por los vasos escultóricos, cilíndricos, platos de fondo plano y ollas globulares de cuello recto, decorados con motivos incisos o raspados y por figurillas, algunas antropomorfas con cara de niño. Algunas piezas son macizas y están modeladas a mano, a la manera del periodo formativo, y otras, de arcilla blanca, están huecas y representan los rasgos faciales del llamado niño-jaguar.
Esta gran variedad de manifestaciones artísticas se encuentra en un amplio ámbito de expansión mesoamericano formando un compendio de rasgos comunes que se manifiestan en un estilo poderoso y uniforme.
4
ARQUITECTURA
Con los olmecas aparecen desde el periodo preclásico medio (1200-900 a.C.) los más antiguos centros ceremoniales planificados que se conocen en Mesoamérica. Situados generalmente en islas —o en elevaciones del terreno que se transforman en islas durante la temporada de lluvia— los centros ceremoniales de esta época consisten esencialmente en plataformas y basamentos hechos de tierra compacta o, en algunos casos, de adobe o bloques de arcilla secados al sol. Pero de los templos y palacios que debieron levantarse encima de los montículos —simples chozas hechas de materiales perecederos— no quedan huellas.
4.1
San Lorenzo
San Lorenzo, uno de los primeros de estos centros ceremoniales olmecas, se eleva en una meseta levantada mediante una gigantesca labor de acarreo de tierra. Sus montículos artificiales se complementan con numerosas lagunas de diversos tamaños que proveían de agua durante la temporada seca y cuyo nivel podía regularse por medio de una ingeniosa red de canales de desagüe hechos de grandes bloques de basalto. Los montículos muestran entre sí una simetría que no es accidental, tal es el caso de los llamados grupos C y D. Y más evidente es aún la existencia, en torno a un eje norte-sur, de varios grupos de plataformas regulares que integran plazas en las que se dispone lo que parece una de las primeras canchas de juego de pelota o tlachtli. Aquí encontramos por primera vez la planificación que luego marcará las pautas para toda Mesoamérica: un eje central en torno al cual se disponían las plazas y los edificios.
4.2
La Venta
El sitio de La Venta (1100-400 a.C.) está situado aproximadamente en el centro de una isla pantanosa de unos 5 km2 de extensión. El elemento principal es una gran pirámide de arcilla, de 30 m de altura por 130 m de diámetro, que poco a poco fue rodeada por construcciones más bajas siguiendo un eje norte-sur. Aparte de los montículos semiesféricos que rodean la gran pirámide, el conjunto se cierra al norte con una pirámide escalonada, la primera en Mesoamérica, frente a la cual se levanta una amplia explanada artificial hecha en adobes. Dentro del basamento escalonado que limita el conjunto se han encontrado tres tumbas, una de ellas formada por columnas basálticas y otra que contenía el único sarcófago monolítico conocido en Mesoamérica.
La arquitectura olmeca es el primer ejemplo mesoamericano de una distribución arquitectónica planificada. Sus basamentos y plazas constituyen el primer intento de convertir las formas arquitectónicas en una visión cultural del Universo. Desgraciadamente desconocemos el sentido exacto de la cosmovisión que los olmecas intentaron plasmar, pero no tenemos dudas sobre el carácter intencionado de su incipiente urbanismo.

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