La Semántica




Semántica (del griego semantikos, 'lo que tiene significado'), estudio del significado de los signos lingüísticos, esto es, palabras, expresiones y oraciones. Quienes estudian la semántica tratan de responder a preguntas del tipo '¿Cuál es el significado de X (la palabra)?'. Para ello tienen que estudiar qué signos existen y cuáles son los que poseen significación —esto es, qué significan para los hablantes, cómo los designan (es decir, de qué forma se refieren a ideas y cosas), y por último, cómo los interpretan los oyentes—. La finalidad de la semántica es establecer el significado de los signos —lo que significan— dentro del proceso que asigna tales significados.
La semántica se estudia desde una perspectiva filosófica (semántica pura), lingüística (semántica teórica y descriptiva) así como desde un enfoque que se conoce por semántica general. El aspecto filosófico está asentado en el conductismo y se centra en el proceso que establece la significación. El lingüístico estudia los elementos o los rasgos del significado y cómo se relacionan dentro del sistema lingüístico. La semántica general se interesa por el significado, por cómo influye en lo que la gente hace y dice.
Cada uno de estos enfoques tiene aplicaciones específicas. En función de la semántica descriptiva, la antropología estudia lo que entiende un pueblo por importante desde el punto de vista cultural. La psicología, sustentada por la semántica teórica, estudia qué proceso mental supone la comprensión y cómo identifica la gente la adquisición de un significado (así como un fonema y una estructura sintáctica). El conductismo aplicado a la psicología animal estudia qué especies animales son capaces de emitir mensajes y cómo lo hacen. Quienes se apoyan en la semántica general examinan los distintos valores (o connotaciones) de los signos que supuestamente significan lo mismo (del tipo 'el manco de Lepanto' y 'el autor del Quijote', para referirse los dos a Cervantes). La crítica literaria, influida por los estudios que distinguen la lengua literaria de la popular, describe cómo las metáforas evocan sentimientos y actitudes, entroncándose también en la semántica general.
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LA PERSPECTIVA FILOSÓFICA
A finales del siglo XIX, el lingüista francés Jules Alfred Bréal propuso la 'ciencia de las significaciones', avanzando un paso más en los planteamientos del suizo Ferdinand de Saussure, que había investigado de qué forma se vincula el sentido a las expresiones y a los demás signos. En 1910 los filósofos británicos Alfred North Whitehead y Bertrand Russell publicaron los Principia Mathematica (Principios matemáticos), que ejercieron una gran influencia en el Círculo de Viena, un grupo de filósofos que desarrollaron un estudio filosófico de gran rigor conocido por positivismo lógico. (véase Filosofía analítica y lingüística).
2.1
Lógica simbólica
Una de las figuras más destacadas del Círculo de Viena, el filósofo alemán Rudolf Carnap, realizó su más importante contribución a la semántica filosófica cuando desarrolló la lógica simbólica: sistema formal que analiza los signos y lo que designan. El positivismo lógico entiende que el significado es la relación que existe entre las palabras y las cosas, y su estudio tiene un fundamento empírico: puesto que el lenguaje, idealmente, es un reflejo de la realidad, sus signos se vinculan con cosas y hechos. Ahora bien, la lógica simbólica usa una notación matemática para establecer lo que designan los signos, y lo hace de forma más precisa y clara que la lengua; esta notación también constituye por sí misma un lenguaje, concretamente un metalenguaje (lenguaje técnico formal) que se emplea para hablar de la lengua como si de otro objeto se tratara: la lengua es objeto de un determinado estudio semántico.
Una lengua objeto tiene un hablante (por ejemplo una francesa) que emplea expresiones (como por ejemplo la plume rouge) para designar un significado (en este caso para indicar una determinada pluma —plume— de color rojo —rouge—). La descripción completa de una lengua objeto se denomina semiótica de esa lengua. La semiótica presenta los siguientes aspectos: 1) un aspecto semántico, en el que reciben designaciones específicas los signos (palabras, expresiones y oraciones); 2) un aspecto pragmático, en el que se indican las relaciones contextuales entre los hablantes y los signos; 3) un aspecto sintáctico, en el que se indican las relaciones formales que existen entre los elementos que conforman un signo (por ejemplo, entre los sonidos que forman una oración).
Cualquier lengua interpretada según la lógica simbólica es una lengua objeto que tiene unas reglas que vinculan los signos a sus designaciones. Cada signo que se interpreta tiene una condición de verdad —una condición que hay que encontrar para que el signo sea verdadero—. El significado de un signo es lo que designa cuando se satisface su condición de verdad. Por ejemplo la expresión o signo la luna es una esfera la comprende cualquiera que sepa español; sin embargo, aunque se comprenda, puede o no ser verdad. La expresión es verdadera si la cosa a la que la expresión o signo se vincula —la luna— es de verdad una esfera. Para determinar los valores de verdad del signo cada cual tendrá que comprobarlo mirando la luna.
2.2
Semántica de los actos de habla
La lógica simbólica de la escuela positivista intenta captar el significado a través de la verificación empírica de los signos —es decir, comprobar si la verdad del signo se puede confirmar observando algo en el mundo real—. Este intento de comprender así el significado sólo ha tenido un éxito moderado. El filósofo austriaco nacionalizado británico Ludwig Wittgenstein la abandonó en favor de su filosofía del 'lenguaje corriente' donde se afirmaba que la verdad se basa en el lenguaje diario. Puntualizaba que no todos los signos designan cosas que existen en el mundo, ni todos los signos se pueden asociar a valores de verdad. En su enfoque de la semántica filosófica, las reglas del significado se revelan en el uso que se hace de la lengua.
A partir de la filosofía del lenguaje diario la teoría ha desarrollado la semántica de los actos de habla (donde habla es una realización concreta del lenguaje, según fue definida por Saussure). El filósofo británico J. L. Austin afirma que, cuando una persona dice algo, realiza un acto de habla, o hace algo, como enunciar, predecir o avisar, y su significado es lo que se hace en el acto de habla por medio de la expresión. Dando un paso más en esta teoría, el estadounidense John R. Searle se centra en la necesidad de relacionar las funciones de los signos o expresiones con su contexto social. Afirma que el habla implica al menos tres tipos de actos: 1) actos locucionarios, cuando se enuncian cosas que tienen cierto sentido o referencia (del tipo la luna es una esfera); 2) actos ilocucionarios, cuando se promete o se ordena algo de viva voz, y 3) actos perlocucionarios, cuando el hablante hace algo al interlocutor mientras habla, como enfurecerlo, consolarlo, prometerle algo o convencerlo de algo. La fuerza ilocucionaria, que reciben los signos gracias a las acciones implícitas en lo que se dice, expresa las intenciones del hablante. Para conseguirlo, los signos que se empleen tienen que ser adecuados, sinceros y consistentes con las creencias y conducta del hablante, y así mismo tienen que ser reconocibles por el oyente y tener para él significado.
La semántica filosófica estudia la distinción entre la semántica organizada sobre los valores de verdad y la semántica de los actos de habla. Las críticas a esta teoría mantienen que su verdadera función es analizar el significado de la comunicación (como opuesto al significado del lenguaje), y que por consiguiente se convierte en pragmática, es decir, en semiótica, y por tanto relaciona los signos con el conocimiento del mundo que muestran los hablantes y los oyentes, en lugar de relacionar los signos con lo que designan (aspecto semántico) o de establecer las relaciones formales que hay entre los signos (aspecto sintáctico). Quienes realizan esta crítica afirman que la semántica debe limitarse a asignar las interpretaciones que corresponden a los signos, independientemente de quién sea el hablante y el oyente.
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PERSPECTIVA LINGÜÍSTICA
Básicamente se distinguen dos escuelas: la semántica descriptiva y la teórica.
3.1
Semántica descriptiva
Desde esta perspectiva, las investigaciones se centran en examinar lo que significan los signos en una lengua concreta. Por ejemplo, investigan lo que constituye un nombre, un sintagma nominal, un verbo o un sintagma verbal. En algunas lenguas como el español, el análisis se hace a través de la relación sujeto-predicado. En otras lenguas, que no tienen claras las distinciones entre nombres, verbos y preposiciones, se puede decir lo que significan los signos cuando se analiza la estructura oracional. En este análisis, un signo es un operador que se combina con uno o más argumentos, signos también, —a menudo argumentos nominales (o sintagmas nominales)— o bien relaciona los argumentos nominales con otros elementos de la expresión (como los sintagmas preposicionales o los adverbiales). Por ejemplo, en la expresión: El árbitro señaló falta al delantero, señaló es un operador que relaciona los argumentos 'el árbitro', 'al delantero', con el operador 'falta'.
Tanto si se hace el análisis basándose en la relación sujeto-predicado, como si se realiza partiendo de la oración, la semántica descriptiva fija las clases de expresiones (o clases de unidades que se pueden sustituir dentro de un mismo signo) y las clases de unidades, que son las partes de la oración, como se llaman tradicionalmente (como nombres y verbos). Así pues, las clases que resultan se definen en términos sintácticos, que además poseen papeles semánticos; planteado de otra manera, las unidades que constituyen las clases realizan funciones gramaticales específicas, y cuando las realizan, establecen el significado por medio de la predicación, la referencia y las distinciones entre entidades, relaciones y acciones. Por ejemplo 'mojar' pertenece a una determinada clase de expresión que contiene otras unidades como 'modificar' y 'curar', y también pertenece a la parte de la oración que se conoce por verbo, donde forma parte de la subclase de operadores que necesitan dos argumentos, uno agente y otro paciente. En La lluvia moja las calles, el papel semántico de 'moja' es el de relacionar dos argumentos nominales ('lluvia' y 'calles'), por lo tanto su papel semántico es el de identificar un tipo de acción. Desgraciadamente no siempre es posible establecer una correlación exacta entre clases semánticas y papeles semánticos. Por ejemplo, 'David' tiene el mismo papel semántico —el de identificar a una persona— en las siguientes oraciones: No nos parece fácil querer a David y No parece fácil que David nos quiera. Sin embargo el papel sintáctico de 'David' es diferente en las dos oraciones: en la primera 'David' es paciente y receptor de la acción, en la segunda es agente.
La antropología, llamada etnolingüística, se sirve de la semántica lingüística para determinar cómo expresan los signos de una lengua las percepciones y creencias del pueblo que habla dicha lengua, y esto es lo que se realiza por medio del análisis semántico formal (o análisis de componentes). Se entiende por signo una palabra, con unidad propia en el vocabulario, a la que se llama lexema. El análisis de componentes demuestra la idea de que las categorías lingüísticas influyen o determinan la visión del mundo que tiene un determinado pueblo; esta hipótesis, llamada por algunos 'hipótesis de Whorf', la han formulado varios autores y ha sido muy debatida a principios del siglo XX por otros autores como Sapir, Vendryes o Menéndez Pidal. En el análisis de componentes, los lexemas que pertenecen al mismo campo de significación integran el dominio semántico. Éste se caracteriza por una serie de rasgos semánticos distintivos (componentes o constituyentes) que son las unidades mínimas de significado que distinguen a un lexema de otro. Un análisis de este tipo fija, por ejemplo, que en español el dominio semántico de asiento abarca básicamente los lexemas silla, sillón, sofá, banco, taburete y banqueta que se distinguen entre sí por tener o no respaldo, brazos, número de personas que se acomodan en el asiento, y altura de las patas. Pero todos los lexemas tienen en común un componente o rasgo de significación: algo sobre lo que sentarse.
Con el análisis de componentes, los lingüistas esperan poder identificar el conjunto universal de los rasgos semánticos que existen, a partir de los cuales cada lengua construye el suyo propio, que la hace distinta de otra. El antropólogo estructuralista francés Claude Lévi-Strauss ha aplicado la hipótesis de los rasgos semánticos universales para analizar los sistemas de mito y parentesco de varias culturas. Demostró que los pueblos organizan sus sociedades e interpretan sus jerarquías en ellas de acuerdo con ciertas reglas, a pesar de las aparentes diferencias que muestran.
3.2
Semántica teórica
Esta escuela busca una teoría general del significado dentro de la lengua. Para sus seguidores el significado forma parte del conocimiento o competencia lingüística que todo humano posee. La gramática generativa, como modelo de la competencia lingüística, tiene tres componentes: el fonológico (sistema de sonidos), el sintáctico y el semántico. Este último, dado que forma parte de la teoría generativa sobre el significado, se entiende como un sistema de reglas para decidir cómo hay que interpretar los signos susceptibles de interpretación y determina qué signos carecen de interpretación aunque sean expresiones gramaticales. Por ejemplo, la frase Los gatos impresionistas pintaron una escalera carece de significado aunque sea una oración aceptable desde el punto de vista de su corrección sintáctica —no hay reglas que puedan interpretarla porque la frase está semánticamente bloqueada—. Estas mismas reglas también tienen que decidir qué interpretación es la adecuada en algunas oraciones ambiguas como: Tropezó el burro de Sancho que puede tener al menos dos interpretaciones.
La semántica generativa surgió para explicar la capacidad que tiene el hablante para producir y entender expresiones nuevas donde falla la gramática o la sintaxis. Su finalidad es demostrar cómo y por qué una persona, por ejemplo, comprende en seguida que carece de significado la oración Los gatos impresionistas pintaron una escalera aunque está construida según las reglas de la gramática española; o cómo ese hablante decide en cuanto la oye, qué interpretación dar, dentro de las dos posibles, a Tropezó el burro de Sancho.
La semántica generativa desarrolla la hipótesis de que toda la información necesaria para interpretar semánticamente un signo (generalmente una oración) está en la estructura profunda sintáctica o gramatical de dicho signo. Esa estructura profunda incluye lexemas (que hay que entender como palabras o unidades del vocabulario que están formadas por rasgos semánticos que se han seleccionado dentro del conjunto universal de los rasgos semánticos). En una estructura superficial (esto es cuando se habla) los lexemas aparecerán como nombres, verbos, adjetivos y otras partes de la oración, es decir, como unidades del vocabulario. Cuando un hablante produce una oración, asigna a los lexemas los papeles semánticos (del tipo sujeto, objeto y predicado); el oyente escucha la oración e interpreta los rasgos semánticos que significan.
Dentro de esta escuela, se ha discutido si son distintas la estructura profunda y la interpretación semántica. La mayoría de los generativistas afirma que una gramática debe generar la serie de expresiones bien construidas que sean posibles en cada lengua, y que esa gramática debería asignar la interpretación semántica que corresponda a cada expresión.
También se ha discutido si la interpretación semántica debe entenderse que está basada en la estructura sintáctica (esto es, procede de la estructura profunda de la oración), o si debe estar basada sólo en la semántica. De acuerdo con Noam Chomsky, el fundador de esta escuela —dentro de una teoría de base sintáctica— puede que la estructura superficial y la profunda determinen conjuntamente la interpretación semántica de una expresión.
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SEMÁNTICA GENERAL
Se centra en responder a la cuestión que plantea cómo los pueblos valoran las palabras y cómo influye en su conducta esa valoración. Sus principales representantes son el lingüista estadounidense de origen polaco Alfred Korzybski y el también lingüista y político de la misma nacionalidad S. I. Hayakawa, quienes se esforzaron en alertar a la gente de los peligros que conlleva el tratar las palabras sólo en su condición de signos. Estos autores usan en sus escritos las directrices de la semántica general para invalidar las generalizaciones poco rigurosas, las actitudes rígidas, la finalidad incorrecta y la imprecisión. No obstante, algunos filósofos y lingüistas han criticado la semántica general porque carece de rigor científico, razón por la cual este enfoque ha perdido popularidad.


Sintaxis




Sintaxis, parte de la gramática que se ocupa de las reglas mediante las cuales se combinan las unidades lingüísticas para formar la oración. Las relaciones entre las unidades lingüísticas pueden ser diferentes de una lengua a otra. El enfoque y definición de sintaxis varía entre las distintas escuelas lingüísticas. La semiótica interrelaciona la relación de las palabras con su significado, es decir, con la semántica y, por lo tanto, el modelo lógico de análisis será la pragmática en la que el contexto es importante, mientras que para la gramática generativa la sintaxis es el único componente de una oración y su método de análisis fundamental.


La Morfología




Morfología, nivel de descripción de la gramática que estudia la estructura y la forma de las palabra tanto en su flexión como en los procesos de formación de nuevas palabras.
A diferencia de la sintaxis, que toma las palabras como unidades para construir oraciones agrupándolas según su función en la estructura oracional, la morfología se interesa por la estructura interna de las palabras, e intenta descubrir las reglas que gobiernan la formación de palabras a partir de unidades menores. Las unidades básicas con que trabaja la morfología son los morfemas, las unidades lingüísticas más pequeñas con significado. Los morfemas son entidades abstractas que expresan rasgos básicos de tipo gramatical o semántico (véase Morfema; Lexema). Su realización como parte de una palabra se denomina morfo. Habitualmente, morfema y morfo se encuentran en una relación uno a uno; sin embargo, en algunas ocasiones un morfema puede realizarse con diferentes morfos, extremo que se conoce como alomorfía. Así, por ejemplo, -s, -es, -Ø son alomorfos del morfema de plural en español, como puede observarse en hombre/hombres, par/pares, crisis/crisis, respectivamente.
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RAMAS DE LA MORFOLOGÍA

2.1
Morfología flexiva
La morfología flexiva estudia la variación de las formas de las palabras al combinarse un lexema con diferentes morfemas flexivos tales como el número, el tiempo, la persona, etcétera. Así, amo, amas, ama, por ejemplo, son formas flexivas del verbo amar, y a su vez esta palabra es la forma canónica que, por convención, las representa a todas. Las formas distintas de una forma canónica constituyen su paradigma. La morfología flexiva estudia la estructura semántica y la forma de los paradigmas.
2.2
Morfología léxica
La morfología léxica se ocupa de los recursos que poseen las lenguas para formar nuevas palabras a partir de las formas ya existentes. Habitualmente, los procesos de formación de palabras se dividen en derivación y composición.
2.2.1
La derivación
Se entiende por derivación el procedimiento de formación de palabras por medio de la adición de afijos o morfemas derivativos a una palabra primitiva. La palabra primitiva se considera la base de la derivación. Existen dos tipos de derivación: la apreciativa, en la que el término derivado tiene el mismo valor designativo que la base y la única diferencia entre ellos es de carácter apreciativo (perro/perrito) y la significativa, en la que base y derivación tienen denotaciones, es decir, se refieren a entidades, distintas (perro/perrera). La derivación apreciativa no constituye, sin embargo, un procedimiento de formación de palabras nuevas, si bien algunos apreciativos pueden especializarse en su significado convirtiéndose en palabras nuevas: caña/cañón, mesa/mesilla, bomba/bombilla, codo/codazo.
Los afijos utilizados por la derivación incluyen prefijos, infijos y sufijos. En español, la prefijación y la infijación no modifican nunca la categoría léxica de la base (unir/desunir; aviso/preaviso; estatal/paraestatal; picar/picotear), mientras que la sufijación significativa puede modificar esta (comparar/comparable/comparabilidad) aunque no siempre lo haga (toro/torero). La derivación apreciativa, debido a la identidad de designaciones de primitivo y derivado, no modifica nunca la categoría de la base (véase Afijos).
La derivación puede aplicarse a palabras previamente derivadas: culpa/culpar/culpable/culpabilizar/culpabilización.
Es motivo de debate entre los lingüistas la consideración de palabras como producir o inferir bien como palabras derivadas o bien como primitivas, tomadas directamente de otra lengua, en este caso del latín. Su consideración como derivados, siempre muy cuestionada, implica aceptar que formas no existentes en la lengua (*ducir, *ferir) pueden ser bases para la derivación. Asimismo, distinguir entre prefijos y lexemas no siempre es fácil, como lo prueban los siguientes ejemplos: subsecretario, endocardio, fotografía. Mientras que la primera se considera una palabra derivada, por incluir un prefijo (latino) productivo todavía en español, las dos últimas contienen sendos elementos compositivos griegos (endo-, `dentro’; foto-, `luz’) que sitúan estas palabras a mitad de camino entre la derivación y la composición.
2.2.2
La composición
Se entiende por composición el procedimiento de creación de nuevas palabras por medio de la concatenación de dos o más lexemas: limpia-cristales, roji-blanco, hoja-lata, barbi-lampiño, mala-sombra. Estos ejemplos dan cuenta de las combinaciones categoriales más productivas en español actual: verbo-nombre, adjetivo-adjetivo, nombre-nombre, nombre-adjetivo y adjetivo-nombre; lo cual no significa que no existan otras (mal-vivir, va-i-vén), especialmente en el lenguaje publicitario (abrefácil).
Junto a los compuestos morfológicos, existen en español múltiples sintagmas de significado unitario que son considerados por muchos autores también como compuestos: diente de león, ojo de buey, cabello de ángel, escalera de caracol, llave inglesa, montaña rusa. No todos estos sintagmas muestran el mismo grado de opacidad en su denotación. Así, mientras que una escalera de caracol es un tipo de escalera, un diente de león o un ojo de buey no son (en el significado en el que se quieren ver como compuestos) sino un tipo de planta y un tipo de ventana circular, respectivamente. Cuanta menor relación exista entre las denotaciones del primer sustantivo del sintagma y la del sintagma completo (es decir, cuanto mayor sea el grado de lexicalización del sintagma), mayor será el acuerdo entre lingüistas, en el sentido de considerar dicho sintagma un elemento léxico, enumerable en el diccionario, quizá con el carácter de compuesto.
2.2.3
Otros procedimientos de formación de palabras
Parasíntesis: Algunos autores consideran que la parasíntesis es una forma de derivación que incluye prefijación y sufijación a la vez (rojo/enrojecer; largo/alargar), si bien, en su sentido más estricto se trata de un procedimiento que combina derivación y composición (ropa y vieja/ropa-vej-ero).
Acronimia y siglas: Ambos procedimientos implican el uso de una o varias letras de las palabras que forman una unidad de significado para formar una nueva palabra (véase Abreviación).
Acortamiento: Consiste en formar palabras eliminando parte del material fónico de una palabra que se percibe como excesivamente larga: cine (cinematógrafo), foto (fotografía), zoo (parque zoológico). Su empleo es frecuente en el nivel coloquial: cole (colegio), bici (bicicleta).


Lexicología




Lexicología, rama de la lingüística que estudia el léxico de una lengua y las relaciones sistemáticas que se establecen entre sus unidades.
Habitualmente se considera que el léxico o vocabulario de una lengua está formado por palabras, pero el significado de “palabra” es demasiado vago y ambiguo para referirse a las unidades de estudio de la lexicología. En su lugar, se habla de unidades léxicas, entidades abstractas cuyo ámbito va más allá de lo que suele considerarse comúnmente palabras.
Por un lado, una unidad léxica incluye todas las formas diferentes que una palabra adopta por variación morfológica para expresar género, número, persona, modo, tiempo, etcétera. Así, la unidad léxica amar representa todas las formas en que este verbo se puede presentar en el uso de la lengua: amo, amas, aman (véase Categorías gramaticales). Puede entenderse, por tanto, que las unidades que estudia la lexicología son los lexemas, unidades abstractas con significado léxico que se combinan entre sí o con morfemas para formar unidades léxicas.
Por otro lado, una unidad léxica puede ser una expresión formada por lo que suelen considerarse varias palabras, que a su vez pueden presentar variación morfológica: tener en cuenta, banco de datos, hoy por hoy, a la buena de Dios.
La lexicología puede abordarse desde diferentes perspectivas. Una de ellas trata la morfología no flexiva, es decir el estudio de la formación de neologismos a partir de otras palabras existentes en la lengua mediante la derivación, la composición o la parasíntesis. Una unidad léxica se forma por derivación a partir de otra mediante la adición de sufijos o prefijos: realimentar deriva de alimentar. En el caso de la composición se unen varios lexemas: limpiaparabrisas. Véase Morfología.
Otra perspectiva tiene como objetivo el estudio de las relaciones entre diferentes unidades léxicas y su estructuración en campos semánticos (véase Campo semántico; Sinonimia; Antonimia; Hiperonimia; Meronimia. Otras perspectivas se ocupan de las relaciones entre unidades léxicas en contexto: las colocaciones (coapariciones de unidades seleccionadas por cuestiones pragmáticas y no semánticas, como prender fuego), los compuestos nominales (como abogado del diablo), etcétera.
Por último, la lexicología también puede abordarse desde el punto de vista de la variación léxica según criterios geográficos, históricos o sociales relacionándose en este caso con la sociolingüística, la lingüística histórica o la dialectología.
Otra disciplina también relacionada con el léxico es la lexicografía, que aplica los conceptos teóricos proporcionados por la lexicología, en la confección de diccionarios.


La Gramática




Gramática, rama de la lingüística que tiene por objeto el estudio de la forma y composición de las palabras, así como de su interrelación dentro de la oración o de los sintagmas.
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TIPOS DE GRAMÁTICA
La gramática normativa es el conjunto de reglas que establece el correcto funcionamiento de las estructuras lingüísticas de una determinada lengua, de las diversas partes de la oración según la norma de cada lengua. Dictamina qué palabras son compatibles entre sí y qué oraciones están bien formadas o son gramaticalmente correctas.
La gramática histórica aborda el estudio de los cambios que ha habido en la formación de las palabras y de las oraciones a lo largo de la historia; por ejemplo, cómo era una determinada palabra o una construcción en el español antiguo o en el del siglo de oro (véase Lengua española). Las gramáticas comparadas estudian las semejanzas y diferencias que existen entre las lenguas y establece de qué forma influye una lengua sobre otra y si hay relaciones de parentesco entre las mismas. La gramática funcional, por su parte, investiga el empleo de las palabras y de los distintos tipos de oraciones según el contexto social.
Desde otra perspectiva, la de la gramática descriptiva, se analiza cómo están organizadas las unidades mínimas con significado que forman las palabras (morfemas) y las que forman las oraciones (sintagmas). Su estudio abarca un estado de lengua en un momento dado. La gramática descriptiva indica qué lenguas —incluso aquéllas que nunca se han escrito ni registrado por ningún otro procedimiento— tienen una estructura parecida.
La gramática generativa fundada por el investigador estadounidense Noam Chomsky intenta establecer las reglas que permiten a los hablantes generar todas las oraciones gramaticales de una lengua.
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HISTORIA DE LA GRAMÁTICA
Quienes iniciaron el estudio de la gramática fueron los griegos, que lo hicieron desde una perspectiva filosófica y describieron la estructura de la lengua. Esta tradición pasó a los romanos, que tradujeron los términos gramaticales, tanto de las partes de la oración como de las categorías gramaticales; muchas denominaciones han llegado a nuestros días (como por ejemplo nominativo, singular, neutro). Pero ni los griegos ni los romanos supieron cómo estaban relacionadas las diversas lenguas. Esta aproximación surgió con la gramática comparativa, que fue el enfoque dominante en la lingüística del siglo XIX.
Al parecer, las primeras investigaciones gramaticales del mundo moderno han ido emparejadas con el afán por descifrar las inscripciones y textos antiguos. De ahí que la gramática estuviera ligada a las sociedades que poseían una extensa tradición de textos escritos. La primera gramática que se conoce es la Panini para el sánscrito, una lengua de la India. En ella se mostraba cómo se formaban las palabras y qué parte de las mismas era la que llevaba el significado. Los trabajos de Panini y de otros estudiosos indios sirvieron para interpretar los libros sagrados de los hindúes, que se escribieron en sánscrito. Otro pueblo que prestó gran atención a su lengua fueron los árabes, que en la edad media introdujeron en Occidente todo el saber de los filósofos griegos, olvidados hasta que ellos llegaron. Realizaron la traducción de las obras de la antigüedad a su lengua, y en función de su expansión geográfica estuvieron en contacto con otras lenguas desde la cuenca mediterránea hasta Persia en el extremo oriental. Gracias a la convivencia que tuvo lugar en la península Ibérica de las culturas árabe, hebrea y cristiana se desarrolla en Toledo la Escuela de Traductores, donde se copian y traducen importantes obras que así llegaron al conocimiento de Occidente. A lo largo del siglo X, los judíos completaron el inventario léxico del hebreo, conocido como el lexicón, término de origen griego, y asimismo llevaron a cabo lo que hoy se denominaría primer estudio filológico del Antiguo Testamento.
Al gramático griego Dionisio de Tracia se le debe el esfuerzo de elaborar su Arte de la Gramática, primera gramática de su lengua en términos modernos, difundida por los árabes y que ha servido de base a las gramáticas del griego, del latín y de otras lenguas europeas hasta bien entrado el renacimiento. Durante toda la edad media quienes en Europa se dedicaron al estudio conocían, además de sus propias lenguas y el latín, las de los pueblos vecinos con quienes estaban en contacto. Aprovechando esta circunstancia se plantearon de qué forma podía hacerse la comparación entre las lenguas. Con la llegada del renacimiento y su admiración por el mundo clásico se cae en la trampa de pensar que el ideal en los estudios gramaticales consiste en describir cualquier lengua conforme a la estructura que poseían el latín y el griego. Durante los siglos XVI y XVII, lo que se intentó fue determinar qué lengua era la más antigua, dado el conocimiento que de ellas se había adquirido durante la edad media y el renacimiento. Como tuvieron en cuenta su tradición cristiana y por tanto la Biblia, en muchos casos se llegó a la conclusión de que se trataba del hebreo. También se eligieron otras lenguas por circunstancias ajenas a lo lingüístico: ése fue el caso del holandés en el entorno centroeuropeo y muy relacionado con la reforma protestante y la expansión comercial. Durante el siglo XVIII se inician las comparaciones entre las lenguas, que culminan con la afirmación de que existe una única lengua, origen de cuantas se hablaban en Europa, Asia y Egipto —la que se llamará más tarde indoeuropeo—, hecho que afirmó el filósofo alemán Gottfried Wilhelm Leibniz.
En el siglo XIX los estudiosos desarrollaron un análisis sistemático sobre determinados aspectos de las lenguas, realizado con el modelo que supuso el sánscrito. La guía para elaborar las gramáticas de muchas lenguas europeas, la egipcia y algunas asiáticas, fue la gramática de Panini. A estos estudios ya situados en la comparación de las lenguas relacionadas utilizando la obra de Panini como guía se les denomina gramática indoeuropea, que es un método para comparar y relacionar las formas de la oración que poseen muchas lenguas.
No obstante, el enfoque renacentista que consiste en describir las lenguas bajo el modelo grecolatino tardó en desaparecer. No se inició la descripción gramatical de las lenguas dentro de sus propios modelos hasta principios del siglo XX. Bajo esta nueva perspectiva hay que colocar el Manual de las lenguas indígenas americanas (1911), obra del antropólogo Franz Boas y sus colaboradores, así como los trabajos del danés Otto Jespersen, dentro ya de la escuela estructuralista y descriptiva, que publicó Filosofía de la Gramática (1924). La obra de Boas ha sido la base en la que se han inspirado muchas gramáticas descriptivas estadounidenses. La de Jespersen ha sido la precursora de otros enfoques de la teoría lingüística, como por ejemplo la gramática generativa.
Boas desafío la metodología tradicional de la gramática al estudiar otras lenguas no indoeuropeas y que no tenían testimonios escritos, como las lenguas indias de Estados Unidos (véase Lenguas aborígenes de Estados Unidos y Canadá). Creía que la capacidad humana que es el lenguaje se organiza en la gramática de cada lengua concreta. Toda gramática descriptiva debería describir las relaciones que se establecen entre las palabras y las oraciones de una lengua, a partir del inventario del que disponen las personas en el lenguaje. Gracias al esfuerzo innovador del trabajo de Boas, la lingüística descriptiva se convirtió en la gramática dominante en Estados Unidos durante la primera mitad del siglo XX.
Jespersen, lo mismo que Boas, pensaba que las lenguas había que estudiarlas a partir de las manifestaciones orales de sus hablantes y no de los documentos escritos, porque como ha demostrado Bühler en su Filosofía del lenguaje, la lengua hablada y la escrita representan distintos niveles del lenguaje. Buscaba Jespersen los elementos comunes a todas las lenguas y los clasificó en su teoría de los tres rangos, para encontrar la estructura en la que se organizan, tanto en su forma presente (el conocido por estudio sincrónico) como en su forma a través de la historia (conocido por estudio diacrónico). El análisis descriptivo, representado en estos dos autores, desarrolla unos métodos precisos y científicos, y además consigue describir las unidades formales mínimas de cualquier lengua. Como aísla esas unidades y encuentra la estructura que las relaciona, se conoce por gramática estructuralista. Fue concebida en primer lugar por el lingüista suizo Ferdinand de Saussure, que distinguió entre la estructura general que poseen todas las lenguas, y que él denominó lengua (con el término francés langue), y las realizaciones concretas de esa estructura que hacen todas las personas cuando hablan, a lo que denominó habla, parole en palabras de Saussure. La lengua es el sistema que sostiene cualquier idioma concreto, esto es, lo que hablan y entienden los miembros de cualquier comunidad lingüística porque participan de la gramática de ese idioma. El habla es la realización concreta de la lengua, pero en sí misma no es lo que describe la gramática. La gramática estructural concibe cada lengua particular, ya sea el chino, el francés, el español, el swahili o el árabe, como un sistema que tiene varios niveles, cada uno con sus elementos propios —fonemas, morfemas, sintagmas y semantemas, esto es, los elementos mínimos de la fonética, la morfología, la sintaxis y la semántica— y que se interrelacionan en esa gran estructura. Así pues describe y estudia las relaciones que existen en todos los niveles del habla en cada lengua concreta. Y ello esté o no escrito, hablado o grabado en una cinta magnetofónica.
A mitad del siglo XX, Chomsky, que había recibido una formación estructuralista en la escuela de Bloomfield, buscaba la forma de analizar la sintaxis del inglés dentro de los principios estructurales. Su esfuerzo le condujo a concebir la gramática como la teoría de la estructura y no como la descripción de unas oraciones concretas. La entiende como un mecanismo que produce una determinada estructura, que no es sólo de una lengua determinada, sino que pertenece a la competencia, es decir la capacidad que tienen las personas para emitir y entender las oraciones que forman parte de su lengua o de cualquier otra. Su teoría, de carácter universal, está relacionada con las de los estudiosos de los siglos XVIII y XIX, quienes estaban buscando la raíz lógica de la gramática, para que fuera la clave que analizara el pensamiento. A esa escuela perteneció el filósofo británico John Stuart Mill, que ya en 1867 creía que las reglas gramaticales de una lengua eran la forma que correspondía al modo en que estaba organizado el pensamiento humano universal.


La Lingüística




Lingüística
Lingüística, ciencia que estudia el lenguaje. Puede centrar su atención en los sonidos, las palabras y la sintaxis de una lengua concreta, en las relaciones existentes entre las lenguas, o en las características comunes a todas ellas. También puede atender los aspectos psicológicos y sociológicos de la comunicación lingüística.
Las lenguas se pueden describir y estudiar desde diversas perspectivas. Se denomina estudio sincrónico a la descripción de una lengua en un determinado periodo de tiempo, por ejemplo el español de Buenos Aires en la última década del siglo XX. Si, por el contrario, lo que se pretende es estudiar su evolución a lo largo del tiempo, se trata entonces de un estudio diacrónico. Buen ejemplo de este tipo de análisis lingüístico lo representa el estudio del paso del latín vulgar hasta la aparición de las lenguas románicas. En el siglo XX la lingüística intenta hacer compatibles ambas aproximaciones, en tanto que en el siglo XIX centró el estudio del lenguaje en un enfoque diacrónico.
Además, cabe estudiar el lenguaje como fin en sí mismo, que constituye el estudio teórico, y como medio para ser aplicado a otras ramas del saber o a técnicas concretas, que es un estudio aplicado. La lingüística teórica elabora modelos que expliquen el funcionamiento del lenguaje, cuáles son sus estructuras y sus componentes. La lingüística aplicada incorpora sus descubrimientos científicos al campo de la enseñanza de idiomas, la elaboración de repertorios léxicos, sintácticos o fonéticos, y la terapia de los trastornos del lenguaje, entre otros. En los últimos años esa elaboración de repertorios ha tenido su aplicación informática en la traducción automática, iniciada por los rusos en la década de 1930, y en el reconocimiento de la voz por los ordenadores.
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PARTES Y ASPECTOS DE LA LINGÜÍSTICA
Existen varios enfoques para estudiar y describir las lenguas y los cambios habidos en ellas. De cualquier forma, cada uno suele tratar: los sonidos o fonemas de la lengua (fonética y fonología), la forma de las palabras (morfología y formación de las palabras) y las relaciones de las palabras en la oración (sintaxis). También se estudia el léxico y el significado de las palabras de una lengua (semántica).
La fonética es la rama de la lingüística que estudia los sonidos de la lengua. La fonología aborda el estudio de los sonidos como unidades mínimas de significación en una lengua, así como los demás elementos fónicos llamados suprasegmentales (entonación en el caso del español).
La morfología estudia las unidades portadoras de significación de las lenguas, que se llaman morfemas. Pueden ser raíces (como la española –duc, que da lugar a producir, introducir, reducir, deducir), desinencias como las de género, número, conjugación, tiempo verbal, etcétera (como -a, -o, -s, -er, -ré), prefijos que se añaden a la raíz para crear palabras compuestas (como pro-, intro-, con-, re-) o sufijos derivativos para formar aumentativos (como -ón, -azo), diminutivos (como -ito, -ico), adjetivos (como -tivo), adverbios (como -mente) o las alteraciones fonéticas de las formas verbales en los verbos irregulares (como poder, puedo, pude). En las lenguas flexivas, como en el caso del español o del alemán, la morfología describe las categorías gramaticales de las clases nominales y del verbo.
La sintaxis estudia las relaciones que se establecen entre los distintos elementos para formar una oración. A la sintaxis le corresponde establecer toda una tipología de las lenguas en función del orden de los elementos básicos sujeto-verbo-objeto, modelo al que pertenece el español.
La semántica es la rama de la lingüística que estudia el significado de las palabras y de las oraciones.
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LOS PRIMEROS ENFOQUES DE LA LINGÜÍSTICA
Ferdinand de Saussure
El suizo Ferdinand de Saussure fue uno de los fundadores de la lingüística moderna. Su Curso de lingüística general es la recopilación de sus clases y otros materiales que sus discípulos Charles Bally y Albert Séchehaye publicaron en 1916.

Desde la antigüedad hasta el siglo XIX ha existido un enfoque filológico de esta ciencia que se aplicaba a la lengua escrita.
En el siglo V a.C. Panini describió y aisló los sonidos y las palabras del sánscrito. Más tarde los griegos y los romanos introdujeron el concepto de categoría léxica y definieron cada una de ellas. Sin embargo, no establecieron métodos generales de comparación entre las dos lenguas. Durante la edad media, los estudios sobre las lenguas apenas sufrieron mayores cambios que el de escribir las gramáticas de acuerdo con los principios diseñados por los retóricos latinos, y el trabajo más innovador consistió en traducir los antiguos textos religiosos a las lenguas vernáculas, así como traducir del árabe las obras literarias, filosóficas e históricas de la antigüedad grecolatina. Esa labor se llevó a cabo en España en la Escuela de traductores de Toledo, donde la convivencia de las tres culturas dominantes aportó unas condiciones privilegiadas, al igual que en monasterios de otros países europeos, sobre todo de Italia y Francia, que también realizaron esa labor. Con eso se sientan las bases, si no de la comparación de las lenguas, sí de la creación de los primeros diccionarios y las primeras gramáticas, todas ellas redactadas sobre el ideal de las lenguas clásicas, consideradas superiores por sus refinados y precisos mecanismos flexivos. Pero no es hasta el renacimiento cuando tiene lugar la elaboración del primer estudio normativo de una lengua vernácula; el trabajo lo realizó Elio Antonio de Nebrija en 1492, que publicó una gramática orientada a la enseñanza de la lengua española.
Con la aparición de la imprenta y de la Reforma de Lutero, se destierra el latín, comienzan a ser divulgados los libros y se redactan numerosos estudios filosóficos para argumentar en favor y en contra de la Reforma. En España, bajo el patrocinio del cardenal Cisneros se redacta la Biblia Políglota Complutense para fijar la doctrina y llevarla en español al nuevo mundo. Además, tras las huellas de Nebrija y los erasmistas, Francisco Sánchez de las Brozas, conocido como El Brocense, escribe la Minerva. Esta obra servirá de base para la elaboración de otras gramáticas de la época, como la realizada por la escuela de Port Royal en Francia. En ella, se fijan y definen las partes de la gramática, las categorías léxicas, las reglas de funcionamiento y lo que debe entenderse como uso correcto del idioma en una época tan cambiante. Comienzan a surgir interrogantes sobre cuál fue la primera lengua y cómo tuvo lugar su ruptura. Las creencias religiosas dieron explicaciones bíblicas y algunos estudiosos señalaron el hebreo como la primera lengua, origen de todas las demás. Los filósofos nominalistas explican la lengua, como instrumento de transmisión del pensamiento, por los cauces de la lógica y se inicia el estudio del significado de las palabras. Acababa de nacer el pensamiento racionalista, empeñado en refutar la unidad de origen para la especie humana y por tanto de una sola lengua.
Hasta el siglo XVIII, momento en el que los viajeros europeos se ponen en contacto con pueblos lejanos, no se inicia la comparación de las lenguas vivas con las muertas. Alexander von Humboldt, después de sus viajes por América y el Pacífico, formula una teoría general del lenguaje. Para él, el lenguaje es energía; distingue entre materia fónica y conceptual, y forma del lenguaje, que son las palabras y su encadenamiento sintáctico. Tras esos conceptos hubo que esperar un siglo para que Ferdinand de Saussure formulara la teoría del signo lingüístico. Pero a Humboldt se le debe todavía un concepto más: según él, cada lengua tiene su propia forma interior y esa forma está en función de la visión del mundo que tengan sus hablantes. Esa herencia la recogería mucho después la moderna escuela generativista.
La propuesta de Leibniz sobre el antecedente único y común de las lenguas europeas, asiáticas y egipcia es el estímulo teórico en el que se asientan la filología y la lingüística comparada, cuyo representante español, Hervás y Panduro, está considerado, justamente, como uno de los fundadores de ese enfoque.
Hacia fines del siglo XVIII, William Jones señala la existencia de ciertas similitudes entre el sánscrito, el griego y el latín, pero no llegó a desarrollar la idea de modo científico, aunque afirmó que todas tenían un origen común. Fueron el danés Rasmus Rask y los alemanes Friedrich von Schlegel, Jacob Grimm y Franz Bopp quienes lo demostraron al decir que, cuando los sonidos de una lengua corresponden sistemáticamente a otros equivalentes en una lengua distinta, es porque siguen siempre un determinado esquema y porque existen unas correspondencias fonéticas que siempre se cumplen entre lenguas emparentadas. Por ejemplo, las consonantes iniciales pl del latín dan ll en español, se conservan en catalán y son ch en gallego-portugués: las voces latinas plorare y plenum dan llorar y lleno en castellano, plorar y pleno en catalán, chorar y chão en portugués.
Son los primeros neogramáticos, término acuñado en el siglo XIX, quienes dedicaron sus esfuerzos a demostrar las correspondencias fonéticas entre las lenguas. Afirmaron que cuando no se produce la correspondencia es porque se trata de un préstamo procedente de otra lengua. Así se explica que si la d- inicial latina corresponde a una t- en las lenguas germánicas, como por ejemplo dentalis del latín, corresponde al inglés tooth y si existe en esta lengua además dental, es porque se trata de un préstamo del latín que entró en inglés en época tardía y por la vía culta. Es el mismo caso de la voz latina cathedra (asiento) que dio la voz popular castellana cadera (lo que se pone en el asiento), cadiera (en aragonés, 'asiento') y luego entró el cultismo cátedra (asiento elevado desde donde enseña un maestro).
El método comparativo descubrió la existencia del cambio sistemático en las lenguas que sirvió para establecer las familias lingüísticas, esto es, los grupos de lenguas que mantienen una relación en función de un origen común o próximo. Empleando el método comparativo, la lingüística estableció que la familia indoeuropea estaba compuesta por varias subfamilias y ramas. Rask dedicó su atención a las lenguas nórdicas, Grimm a las lenguas germánicas, en tanto que Friedrich Diez fundó la filología románica, gracias a lo cual sabemos que el español es una lengua románica, rama que pertenece a la familia de las lenguas indoeuropeas.
Las correspondencias fonéticas sistemáticas permitieron comparar las distintas formas que tiene una misma lengua en función de las diversas regiones en que se habla y las diversas capas sociales que la emplean. Así se funda la dialectología y la sociolingüística. Se abordan no sólo los cambios fonéticos, sino también las correspondencias sistemáticas del léxico y de la sintaxis. Los estudios históricos, que sin duda funda Hermann Paul, trabajan desde un punto de vista teórico que hay que calificar de positivista. En la misma línea es preciso situar al gran filólogo español Ramón Menéndez Pidal.
El estudio del cambio lingüístico y la clasificación de las lenguas plantea un enfoque filosófico y psicológico. La mejor representación de esta escuela en el estudio del español es la del chileno Rodolfo Lenz, que publicó en 1935 su libro La oración y sus partes.
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LOS ÚLTIMOS ENFOQUES DE LA LINGÜÍSTICA
Durante el siglo XX los estudios sobre el lenguaje evolucionan en varias direcciones.
4.1
Lingüística estructuralista y descriptiva
La verdadera revolución en la lingüística teórica la produjo Ferdinand de Saussure con la publicación, que hicieron sus discípulos Bally, Frei y Sechehaye, del Curso de Lingüística General, como reacción a los neogramáticos. Expone que la facultad de hablar, el lenguaje, se estructura en un completo sistema de signos, la lengua, que se hace presente en cada una de las realizaciones de los hablantes, el habla. El sistema de signos que es la lengua debe estudiarse dentro de una ciencia general, la semiología, que abarca toda la teoría de los signos. Define el signo lingüístico como la unidad psíquica de dos caras, el significante, esto es, los sonidos y las formas de las palabras, y el significado, lo que esos sonidos y palabras significan dentro y sólo dentro del sistema que es la lengua. Con él nace la fonología, que otros desarrollarán después.
Mientras en Europa se hace el estudio teórico de la estructura y se realiza su clasificación en el sistema de signos, en Estados Unidos se analizan y aíslan los datos concretos de las lenguas indígenas y del inglés. La labor la inician Franz Boas y Edward Sapir, quienes organizan esos datos y establecen sus relaciones de jerarquía y dependencia. Gracias a la fundamentación del Círculo de Praga, que Sapir conocía bien, descubren unidades mínimas de significación, que son los fonemas y construyen el método de conmutación que las identifica. Esas técnicas estructuralistas serán la base y el fundamento del estructuralismo americano que representa Leonard Bloomfield.
4.2
El Círculo de Praga
Su fundador es Nikolái Serguéiech Trubetzkoi, príncipe ruso que vive en la ciudad de Praga, muy interesado en el estudio de los sonidos desde una perspectiva diferente. Sus integrantes trabajan en la década de 1930 y no se interesan por la materia fónica, sino por lo que los sonidos significan dentro del sistema de la lengua. Además, explican la relación que existe entre lo que se habla y el contexto en el que se produce. Señalan que el estudio del lenguaje tiene que ocuparse de los mensajes que se emiten en el código lingüístico, lo que funda el estudio de la semiología, que ya había apuntado Saussure. En el campo de la fonología descubren el concepto de rasgo distintivo, lo que supone la división del sonido en cada uno de sus componentes. Este concepto ha trascendido el ámbito de lo estrictamente fónico y ha sido reelaborado por semantistas, semiólogos y antropólogos.
En el ámbito del español ha sido una de sus escuelas derivadas, la de Copenhague, la que ha dado sustento teórico a los fonólogos Alarcos Llorach, seguidor de las teorías de Louis Trolle Hjelmslev y Viggo Bröndal, y Antonio Quilis, discípulo del danés Bertil Malmberg, que ha estudiado la situación de las lenguas americanas precolombinas, así como el estadounidense de origen hispano J. Fernández.
4.3
Gramática generativa
A mediados del siglo XX, el lingüista estadounidense Noam Chomsky afirmó que la lingüística tiene que describir la estructura de las lenguas, lo que supone explicar cómo se entienden e interpretan las oraciones de cualquier lengua. Cree que el proceso es posible gracias a la gramática universal (que es una teoría o un modelo del conocimiento lingüístico o competencia). La competencia lingüística supone el conocimiento innato, e incluso inconsciente, que posee cualquier persona y que le permite producir y comprender las oraciones de su lengua, aun en el caso de que alguna no la haya escuchado jamás. Gracias a esto es posible elaborar una gramática para cualquier lengua, que genere todas las oraciones gramaticales y elimine las agramaticales.
Según Chomsky hay unas cuantas reglas gramaticales universales y otras muchas específicas de cada lengua. Tales reglas son las que permiten que los elementos que forman una oración se puedan ordenar de varias maneras (por ejemplo, 'Almudena ha escrito esta novela' y 'Esta novela ha sido escrita por Almudena'). La gramática que disponga de las unidades semánticas subyacentes y las transforme mediante reglas en los elementos de una oración, que se pueden reconocer e interpretar, es una gramática transformacional. Se llama gramática generativa porque genera o produce todas las oraciones aceptables, y transformacional porque emplea las reglas, que se han llamado transformaciones, para transformar o cambiar las unidades subyacentes en lo que cualquier hablante entiende.
La tesis según la cual la competencia lingüística supone un conocimiento innato y el lenguaje es una capacidad prefigurada genéticamente parece verse corroborada por recientes investigaciones que demuestran que esta capacidad humana se basa en módulos cerebrales especializados innatos y por el descubrimiento de un gen cuyas mutaciones producen deficiencias específicas en la función cerebral del lenguaje y no en otras.
4.4
Lingüística comparada moderna
Esta escuela se ha ocupado durante el siglo XX de fijar las familias de lenguas en otras áreas a las que no pudo llegar la investigación del siglo XIX, como el continente americano, Nueva Guinea y África. Busca los conceptos universales. Ha renovado la clasificación, sus métodos y los criterios que la apoyan; compara las estructuras sintácticas y las categorías gramaticales (así distingue entre las lenguas que poseen o carecen de género gramatical, que poseen sujeto o poseen tema). Joseph Greenberg y su equipo de investigadores han podido demostrar que los idiomas que poseen un orden sintáctico concreto también poseen otros rasgos estructurales (como por ejemplo, las lenguas con sujeto-verbo-objeto poseen menor flexión nominal que las que presentan la ordenación sujeto-objeto-verbo, como lo demuestra el español, que pertenece al primer tipo, frente al alemán o el latín, que pertenecen al segundo). Estos estudios intentan descubrir la amplia gama de posibilidades fonéticas, morfológicas, sintácticas y semánticas que existen en todas las lenguas del mundo.
4.5
Estudios sociológicos y psicológicos
La psicolingüística es una disciplina a caballo entre la psicología y la lingüística. Estudia temas como el proceso por el que un niño adquiere una lengua, la emplea y presenta o no determinados trastornos como la disfasia; busca los mecanismos neurolingüísticos y trata de las relaciones entre el cerebro y el lenguaje.
La sociolingüística estudia el uso del lenguaje en la sociedad: cómo se emplean determinadas reglas del idioma en función de las diferentes situaciones sociales en las que se encuentre el hablante. Por ejemplo, cómo sabe el hablante qué termino emplear para dirigirse a un interlocutor: señor, señora, don X, doctor, o sencillamente y qué situación determina cada uso. Estudia cómo y por qué cambia la lengua en función de las fuerzas sociales que organicen el cambio. Por ejemplo, la aparición de los igualitarismos políticos impuso el empleo del tu como forma de tratamiento en el español peninsular; a medida que la sociedad se jerarquiza se restituye el empleo de la fórmula de respeto y se consagra la más irrespetuosa, según sea la condición del interlocutor. Eso explica la diferencia de tú, usted, o colega, como elementos de un paradigma para la segunda persona en el español de finales del siglo XX en el área peninsular, frente al o camarada de la década de 1950 o el y usted de los primeros treinta años del mismo siglo (véase Sociolingüística).


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