Océanos y oceanografía




Costa oceánica y charca de marea
La vida marina es abundante a lo largo de las costas y en las charcas de marea, donde el sol llega hasta el suelo y las mareas oscilantes provocan la circulación continua de los recursos.

Océanos y oceanografía, océano es un cuerpo extenso de agua salada que cubre unas tres cuartas partes de la superficie de la Tierra y oceanografía es el estudio científico de los procesos físicos, químicos y biológicos que mantienen su estructura y su movimiento. La ciencia marina también se interesa por el estudio del lecho marino, de los litorales, de la relación del océano con la atmósfera, así como de la flora y la fauna marinas.
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CUENCAS OCEÁNICAS
Giro antártico
Los océanos están conectados por una corriente que se mueve en el sentido de las agujas de un reloj alrededor del polo sur, llamado giro antártico. Este giro resulta de las corrientes de los océanos Atlántico, Pacífico e Índico que circulan en sentido inverso.

En el hemisferio sur hay una zona circumpolar (el océano Glacial Antártico) que conecta los extremos australes del océano Atlántico, con forma de S, del océano Pacífico, triangular y extenso, y del océano Índico, de menor dimensión. Hay algunos otros mares menores semicerrados; entre ellos son característicos el Ártico, el Báltico y el Mediterráneo, que se unen a los grandes océanos y modifican sus propiedades.
La profundidad media del océano es poco menor de 4.000 m. Cerca de tierra firme, el fondo marino se suele encontrar a poca profundidad, menos de 200 m, con pendientes suaves que pueden emerger formando bancos costeros o islas. Estas regiones poco profundas se extienden de 100 a 200 km desde la costa formando las plataformas continentales, regiones con importancia económica para la pesca, la extracción de petróleo y de gas y el desecho de basuras. Mar adentro desde la plataforma continental, en el llamado talud continental, el fondo marino desciende con rapidez unos 3.500 m hasta la explanada continental, una zona de sedimentos con pendiente decreciente que se extiende unos 600 km hasta las llanuras abisales planas del fondo oceánico profundo.

La formación de los continentes y océanos terrestres: la deriva continental

Los ejes centrales de las principales cuencas oceánicas están conectados por el sistema de dorsales, cordilleras extensas de montañas con depresiones internas cruzadas por zonas de fractura. Las dorsales oceánicas son fundamentales para la comprensión de la evolución de las cuencas de los océanos, como explica la tectónica de placas. Están asociadas con terremotos, con volcanes y con grietas hidrotermales que transfieren desde el interior de la Tierra fluidos químicamente ricos que están asociados con insólitos sistemas biológicos dependientes del sulfuro. Desde las dorsales oceánicas, se despide roca fundida y se extiende internamente, añadiendo nueva materia a las placas corticales rígidas de la Tierra. Las placas se separan unos pocos centímetros cada año. En áreas donde las placas se superponen, como en el borde del Pacífico, la corteza queda subducida y vuelve al manto, formando fosas que pueden alcanzar profundidades de 7 km (véase Fosa oceánica). La de mayor profundidad conocida es la fosa de las Marianas, con unos 11 km, situada al este de Filipinas.
Es útil distinguir entre las plataformas continentales poco profundas y el océano profundo, pero no debe olvidarse que incluso las fosas mayores son pequeñas en comparación con el diámetro de la Tierra: la razón entre la profundidad y la anchura es próxima al uno por mil. El océano, como la atmósfera, es una capa fina de fluido sostenido en la Tierra en rotación, debido a la fuerza de la gravedad.
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AGUA OCEÁNICA
El océano contiene el 97% del agua de la Tierra; en la atmósfera está el 0,001%. Los procesos que intercambian y transforman el agua en vapor, en líquido o en sólido son fundamentales para el clima y para la propia vida.
El agua es una de las sustancias más comunes, pero tiene algunas propiedades físicas y químicas inusuales. Es uno de los pocos líquidos naturales y puede encontrarse en las tres fases: vapor de agua, agua líquida y hielo sólido. Tiene un calor específico y un calor latente grandes, de modo que son necesarias grandes cantidades de energía para elevar su temperatura, para fundir hielo o para evaporar agua. Estas características controlan en gran medida la distribución de temperatura en la Tierra, siendo los climas oceánicos más uniformes que los continentales. Hay otras propiedades del agua —poder disolvente alto, constante dieléctrica grande y tensión superficial grande, entre otras— que aseguran reacciones esenciales para que la vida continúe su desarrollo. La mayoría de estas propiedades no quedan muy afectadas por la presencia de las sales disueltas que diferencian el agua salina del agua dulce, mucho menos abundante.
El agua del mar es una disolución compleja que contiene todos los elementos estables; las técnicas analíticas actuales han identificado cerca de la mitad de ellos, pero muchos están presentes en concentraciones ínfimas —menos de una parte por millón. Los constituyentes principales de un kilogramo típico de agua de mar son 965 g de agua junto a 19,353 g de cloruro, 10,760 g de sodio, 2,712 g de sulfato, 1,294 g de magnesio y cantidades menores de calcio, potasio, bicarbonato, bromuro, estroncio, boro y fluoruro. Se ha encontrado que muestras de agua de casi cualquier parte de los océanos abiertos contienen estos constituyentes en proporciones muy próximas, de tal forma que toda el agua del mar puede tratarse como una mezcla uniforme diluida con cantidades variables de agua dulce. Debido a esta constancia, casi absoluta, en la composición, la salinidad puede estimarse con precisión midiendo la conductividad eléctrica de una muestra a una temperatura conocida.
Las propiedades del agua dulce dependen de la presión y de la temperatura; las del agua de mar se ven afectadas también por la salinidad. La densidad del agua de mar, por ejemplo, depende de la temperatura, la presión y la salinidad de forma compleja: disminuye cuando la temperatura aumenta, pero crece con la salinidad y la presión. La densidad es importante porque el océano tiende a moverse de manera que el agua más densa esté en el fondo y el agua menos densa en la superficie. Otra propiedad importante del agua de mar es su gran capacidad para absorber la radiación electromagnética, en especial la del Sol. Incluso en las aguas más claras casi toda la radiación solar incidente (el 99%) es absorbida en los 100 m superiores del océano, donde puede ser utilizada en la fotosíntesis para transformar carbono inorgánico y elementos nutrientes en organismos biológicos como el plancton. A profundidades superiores el océano es oscuro y sus propiedades sólo pueden cambiar al mezclarse.
Sin embargo, las ondas sonoras pueden transmitirse a través del océano con pérdidas relativamente pequeñas: una carga de profundidad hecha estallar en Perth, en el oeste de Australia, puede detectarse en las Bermudas, en el Atlántico norte. Esto permite que tanto el hombre como los animales marinos puedan usar sonidos para comunicarse bajo el agua. Las profundidades oceánicas se miden por eco sonoro, se calculan a partir del intervalo de tiempo que tarda un pulso de sonido en llegar al fondo y volver. El sonar funciona de forma similar, pero el haz se transmite con un ángulo respecto a la vertical, para detectar y representar submarinos, bancos de peces o la forma y la textura del fondo marino.
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ESTRUCTURA OCEÁNICA
Mapa del fondo oceánico
Este mapa muestra la topografía del lecho marino situado bajo los océanos terrestres. La profundidad del océano varía entre las cuencas, las plataformas, las cordilleras, las dorsales y los volcanes que configuran el fondo oceánico. Con su variedad de rasgos geológicos, el lecho marino se parece a los paisajes continentales.

El aspecto superficial del océano se conoce hoy gracias a la observación espacial. Vivimos en el llamado “planeta azul”. Desde el espacio se ve, sobre todo, el mar azul, las nubes blancas y cantidades relativamente pequeñas de tierra. Podemos distinguir el oleaje y, con el estudio cuidadoso de los litorales, el movimiento diario y semidiario de todas las cuencas oceánicas, lo que constituye las mareas. Estas observaciones visuales quedan confinadas a la superficie; otras propiedades importantes requieren medidas realizadas desde barcos.
La distribución de la temperatura superficial del mar es la propiedad que mejor se conoce, porque puede medirse desde el espacio, así como con métodos sencillos que pueden ser realizados en los barcos mercantes. En el océano abierto decrece desde valores de 30 °C o más cerca del ecuador, hasta -2 °C cerca del hielo de las altas latitudes. La salinidad es más difícil de determinar y por tanto resulta menos conocida; es relativamente baja en latitudes altas y tiene un máximo subtropical cerca de 25° latitud N y de 25° latitud S, con un mínimo ecuatorial en medio. Esta distribución está relacionada con las diferencias entre la evaporación y la precipitación; la salinidad baja del ecuador deriva de las copiosas lluvias tropicales (responsables de las junglas y de los bosques tropicales), y las medidas máximas lo hacen de la lluvia escasa y de los anticiclones subtropicales (con zonas de desiertos). Tanto la temperatura como la salinidad están distribuidas de forma aproximadamente zonal, con contornos que van de Este a Oeste. Cerca de las costas hay anomalías asociadas con las corrientes oceánicas y con un fenómeno conocido como emergencia. Las regiones de emergencia se encuentran cerca de las fronteras orientales de los océanos, donde los vientos que soplan a lo largo de la costa pueden producir una corriente media superficial que se aleja de la tierra. Agua más profunda (desde tal vez 500 m) sube para reemplazar el déficit, haciendo descender la temperatura. Esta agua suele ser rica en sales nutritivas; por tanto, estas zonas tienen una producción geológica grande y son ricas en peces y en otras formas de comunidades marinas.
Las observaciones submarinas son mucho menos numerosas, pero los científicos conocen bien las distribuciones medias de temperatura, salinidad y oxígeno, y tienen información más incompleta sobre los otros constituyentes. De lejos, lo que mejor se conoce es la estructura de temperaturas. El rango es el mismo que el de la superficie (de -2 °C a 30 °C, justo el rango de temperaturas en las que los seres humanos podemos vivir), pero hay mucha más agua fría que caliente: la temperatura media es de 3,5 °C. Toda el agua más caliente que 5 °C está confinada a una capa poco profunda entre los 50° latitud N y los 50° latitud S.
Aparte de los cambios superficiales estacionarios o diarios, la estructura típica es la de una capa de agua casi isoterma cerca de la superficie, separada por otra capa con cambios bruscos de temperatura (la termoclina principal) de una última capa gruesa que se extiende hasta el fondo marino. Al Norte y al Sur de la latitud 50° la temperatura varía poco con la profundidad. En las latitudes medias la temperatura superficial crece y la profundidad de la termoclina principal es máxima, aproximadamente de 1 km. A latitudes bajas, la temperatura de superficie es alta y la termoclina asciende (unos 100 m) con un cambio rápido de la temperatura con la profundidad. Esta estructura es explicable parcialmente en términos de las propiedades físicas del agua de mar: en general, cuanto más fría sea el agua, ésta será más pesada; así, es de esperar que el agua más densa (fría) descenderá para llenar las cuencas más profundas del océano. En regiones polares, durante el invierno el agua más fría se encuentra en la superficie; después de que su calor se haya radiado en la larga noche polar, desciende y enfría el océano profundo, incluso bajo los trópicos y el ecuador. El cómo y el porqué exactos de estos procesos se sigue investigando. La salinidad, como la temperatura, afecta a la densidad, en especial en las bajas temperaturas polares. Las regiones principales de descenso de las aguas parecen tener una extensión limitada, confinadas al mar de Weddell, en el sector Atlántico del océano Antártico, y a los mares de Groenlandia y Noruega en el océano Atlántico. La estructura salina del océano es más compleja que la térmica. En general el agua más densa, con menor temperatura, se encuentra en el fondo. La salinidad afecta menos a la densidad y, por tanto, puede ser más variable con la profundidad. Los procesos que afectan a la salinidad (la lluvia que diluye el agua y la evaporación que la concentra) se producen en la superficie y forman masas de agua con combinaciones particulares de salinidad y de temperatura. Cuando una de estas masas abandona la superficie, su temperatura y salinidad sólo se alteran por la mezcla con otras masas. La mayoría de estos procesos de mezcla tratan al calor y a la sal de la misma manera; así, una masa de agua tiende a conservar su propia relación característica entre temperatura y salinidad (T/S).
La temperatura y la salinidad son los trazadores más importantes para indicar las regiones originales de las masas de agua. Se llaman trazadores conservativos porque no hay procesos, fuera de la superficie, que añadan o sustraigan calor o sal; así, en las capas más profundas se conservan sus valores. Un diagrama T/S, mostrando cómo varía la salinidad con la temperatura en una columna particular de agua, proporciona una especie de huella que permite el seguimiento de las masas de agua durante miles de kilómetros; sólo se modifican poco a poco por la mezcla lenta con otras masas de agua. El proceso detallado que realiza la mezcla presenta un problema central en la oceanografía física moderna.
Existen otros trazadores que, aun sin ser conservativos, son valiosos porque proporcionan indicaciones de tiempo. El agua en la superficie del mar suele estar saturada (o incluso sobresaturada) con gases atmosféricos, entre ellos el oxígeno. Cuando esta agua abandona la superficie y se desplaza, su concentración de oxígeno disminuye porque es el sostén vital de las criaturas marinas y porque participa en la descomposición de los detritos. Así, el contenido decreciente de oxígeno es una indicación del tiempo transcurrido desde que el agua abandonó la superficie. En algunas regiones donde el agua está estancada, todo el oxígeno ha sido utilizado y, en su lugar, se encuentra sulfuro de hidrógeno. El mar Negro es un ejemplo clásico: se dice que se llama así porque los sulfuros oscurecen los objetos metálicos sumergidos.
Otros trazadores, llamados trazadores transitorios, tienen distribuciones que cambian con el tiempo, a veces por la influencia humana. Es el caso del tritio, isótopo más pesado del hidrógeno; su concentración en el océano se debe casi por completo a las desintegraciones radiactivas de las pruebas para armas nucleares ocurridas desde la II Guerra Mundial. Su difusión en el océano ha esclarecido algunos ritmos de circulación oceánica y la magnitud de las mezclas. El tritio es radiactivo, se desintegra con una vida media de 1.245 años para formar un isótopo estable, el helio 3. Medidas del tritio y del helio 3 en una misma muestra proporcionan una estimación del tiempo transcurrido desde que el agua abandonó la superficie. Tanto esta medida como su interpretación son complejas, pero están produciendo bastantes pistas sobre la circulación oceánica profunda. Otros trazadores creados por el hombre, como los freones, también suministran resultados valiosos y se están haciendo estudios sobre la posibilidad de inyectar trazadores, como el hexafluoruro de azufre, para investigar el transporte y las mezclas.
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CORRIENTES OCEÁNICAS
Corrientes oceánicas
Las mayores corrientes superficiales oceánicas en el mundo están causadas por los vientos dominantes. Las corrientes pueden ser frías, como la corriente de deriva del viento del oeste, o cálidas, como la corriente del Golfo. Las corrientes circulan en trayectorias llamadas giros, moviéndose como las agujas de un reloj en el hemisferio norte y al contrario en el sur.

Las corrientes oceánicas cercanas a la superficie afectan a los barcos, y la mayoría de la información sobre ellas proviene de los informes de los marinos sobre su deriva con respecto al rumbo deseado. Pese a las diferentes formas que tienen los océanos Atlántico, Índico y Pacífico, poseen estructuras de corrientes superficiales similares, dominadas por una circulación (o giro) de amplitud oceánica, siendo las corrientes mucho más fuertes en las estrechas regiones cercanas a las fronteras occidentales. La corriente del Golfo en el Atlántico norte y la de Kuro-Shivo en el Pacífico son las más conocidas; la corriente correspondiente en el Océano Índico, la de Somalia, se complica por la variación estacional del monzón. Cerca del ecuador en todos los océanos hay dos corrientes con dirección Oeste; en los océanos Pacífico, Índico y en parte del Atlántico, están separadas por una contracorriente ecuatorial con dirección Este. En el océano Antártico no hay una barrera continental continua (aunque el estrecho pasaje de Drake puede causar un efecto parecido) y la corriente superficial principal fluye en círculo alrededor de la Tierra en la corriente Circumpolar Antártica, con dirección Este. Los mapas publicados de las corrientes oceánicas superficiales se basan en situaciones promedio: en un caso particular, la corriente puede ser muy distinta, en especial en corrientes como la del Golfo con meandros y vertientes anulares que se arremolinan de forma complicada. Las grandes corrientes superficiales varían con el viento y el tiempo atmosférico, pero pueden considerarse semipermanentes.

Corrientes de convección oceánicas
Este diagrama muestra las corrientes donde se produce el intercambio de agua caliente y fría en el océano.

Hay algunas corrientes subsuperficiales de carácter semipermanente. Quizá las más interesantes sean las corrientes inferiores ecuatoriales encontradas en los océanos Atlántico y Pacífico, y de modo esporádico en el Índico, que fluyen desde el Oeste a velocidades superiores a un metro por segundo, a una profundidad de unos 100 m, en el ecuador. Existen otras corrientes subsuperficiales semipermanentes donde se forma agua densa en cuencas con umbral poco profundo: el agua densa supera este umbral creando una corriente hacia la cuenca oceánica exterior. Son ejemplos típicos el flujo de agua pesada desde el mar Mediterráneo hacia el océano Atlántico en Gibraltar y desde el mar Rojo hacia el océano Índico en el estrecho de Bab-al-Mandeb. El agua densa también fluye hacia el océano Atlántico a través de varios umbrales en la dorsal que une Groenlandia, Islandia y Escocia.
Aparte de esto, nuestros conocimientos de las corrientes subsuperficiales son difíciles de compendiar porque resultan muy variables. El agua fría originada en el extremo norte del Atlántico o en el mar de Weddell ocupa todas las cuencas profundas del océano; por lo tanto, debe de haber una corriente profunda dirigida hacia el ecuador, pero el camino que toma no está bien establecido. Se piensa que en el Atlántico norte hay una cavidad profunda vertical-meridional con agua que fluye hacia el Sur con temperaturas bajas. No hay una fuente de agua profunda en el océano Pacífico, y la circulación relativamente lenta tiene lugar, en general, encima de los 800 m: el agua cálida fluye hacia el Norte en Kuro-Shivo y vuelve en el Pacífico central y oriental a temperaturas menores. El océano Índico tampoco tiene formaciones de agua profunda. Se ha observado algo de flujo hacia el polo en forma de corrientes subsuperficiales en las fronteras occidentales, como contracorrientes bajo la corriente del Golfo a profundidades mayores de 2.000 m. En el resto del océano las corrientes promedio quedan ocultadas por la variabilidad introducida por los remolinos oceánicos de tamaño medio. Se parecen a depresiones y anticiclones meteorológicos, pero son menores (por lo general, de unos 100 m) y tienen corrientes del orden de 10 cm por segundo. Estas circulaciones suelen durar unos 100 días y sus corrientes variables asociadas ocultan las corrientes medias más pequeñas. Aunque la velocidad media de las corrientes oceánicas profundas es pequeña, éstas transportan grandes cantidades de calor y de agua dulce; por tanto, son importantes para el mantenimiento del clima.
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INTERACCIÓN AIRE-MAR
Aparte de las mareas, todos los movimientos atmosféricos y oceánicos están impulsados por el Sol. Hay dos preguntas básicas: ¿Qué le ocurre a la radiación solar? ¿Y qué le ocurre al agua? La mayor parte de la energía solar llega a los trópicos, mientras que la radiación de onda larga saliente está distribuida más uniformemente entre las distintas latitudes. El exceso de calor en las latitudes bajas se transfiere hacia los polos por movimientos en la atmósfera y en el océano. La atmósfera puede considerarse como una máquina de calor gigante e ineficiente que absorbe calor en el cinturón ecuatorial caliente, perdiéndolo más cerca de los polos. En las latitudes bajas el aire asciende, formando cinturones ecuatoriales de lluvia, viajando en dirección polar antes de descender en los anticiclones subtropicales y volviendo al ecuador como vientos alisios. En latitudes mayores a 30° latitud N y 30° latitud S los vientos suelen dirigirse hacia el Oeste, pero se producen depresiones y anticiclones itinerantes que provocan inestabilidades meteorológicas en las latitudes medias. Tanto el nicho meridional de baja latitud como las perturbaciones de menor escala transfieren calor desde los trópicos hacia los polos. También determinan la circulación general en la atmósfera (los vientos del mundo).
Estos comportamientos de los vientos son los que inducen las corrientes superficiales medias del océano, impulsadas sobre todo por el viento. Las corrientes más profundas se originan por diferencias de densidad. Así puede producirse la circulación termoclina efectuada por el hundimiento del agua superficial fría y salina, y por tanto densa, como para llegar y llenar los cuencas profundas del océano. Los mecanismos no están claros y puede que las circulaciones impulsadas por el viento y las impulsadas por diferencias de densidad interactúen. Se están usando modelos informáticos del océano, y de la relación atmósfera-océano, para estudiar los movimientos implicados. Es muy importante llegar a una comprensión más profunda del clima para poder obtener fiabilidades mayores en las predicciones meteorológicas y en la determinación de la escala y de la intensidad de cualquier calentamiento global posible.
Un programa internacional mayor, el Experimento de Circulación Oceánica Mundial (WOCE, siglas en inglés), está en marcha y permitirá un gran incremento de los conocimientos sobre la estructura y la circulación de los océanos. También hay proyectos para el establecimiento de un Sistema de Observación del Clima Global que incluirá un Sistema de Observación Oceánica Global (GOOS, siglas en inglés). Este sistema está siendo diseñado para que suministre observaciones oceánicas recogidas de forma regular durante décadas que permitan seguir los cambios en la circulación oceánica.
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USOS DEL OCÉANO
Limpieza de vertidos de petróleo
Los trabajadores utilizan redes especiales para limpiar una playa después de que un buque cisterna haya derramado su carga. Los vertidos de barcos petroleros son un problema ecológico creciente ya que una vez que el petróleo ha sido derramado es casi imposible retirarlo o contenerlo. Debido a que el petróleo y el agua no se mezclan, cantidades incluso pequeñas se propagan sobre la superficie oceánica extendiéndose sobre las costas. Los intentos de aplicar tratamientos químicos o de sumergir el petróleo pueden afectar a la vida marina o a los ecosistemas de las playas.

Los usos económicos del océano dependen de cosas tan básicas como son su gran superficie y volumen, junto a las propiedades físicas y químicas del agua marina. Su combinación de densidad alta y viscosidad baja lo hacen apropiado para el desplazamiento de barcos; su composición química compleja sustenta un entramado alimentario complicado que empieza en la fotosíntesis e incluye a los peces que los seres humanos encuentran sabrosos y nutritivos. Su opacidad a la radiación solar lo hace oscuro, y esto, junto a su volumen enorme, alienta la ocultación en él de cualquier cosa, desde desechos hasta submarinos nucleares. Sus calores específico y latente elevados lo convierten en regulador del clima terrestre y de la existencia humana. El océano ha sido utilizado desde mucho antes de la historia registrada: sin embargo, hoy hay mucha más gente con maquinaria, herramientas y fuentes de energía más poderosas. Se requiere una comprensión mejorada del océano si no se quiere sobreexplotar su capacidad.

Equipo de perforación marino
Un equipo semisumergible de producción de petróleo contiene unas columnas, a modo de patas, llenas de aire; esto permite que la plataforma flote sobre la superficie del agua. Los pozos marinos extraen aproximadamente el 25% de la producción mundial de petróleo.

El océano ha sido utilizado tradicionalmente como sostén de los barcos, como fuente de alimento y como vertedero; y crece su reconocimiento como componente vital en la regulación del clima. Componentes químicos valiosos pueden ser extraídos del agua marina, y la recuperación de minerales del mar, como hidrocarburos, es una industria principal que extiende gradualmente sus operaciones a las aguas más profundas. Por otra parte, la actividad militar, como la lucha antisubmarina, está en declive con el fin de la Guerra fría; sus recursos de investigación y desarrollo en el océano profundo están siendo transferidos en parte hacia las aguas costeras. Los barcos de superficie están más relacionados con las olas que con las corrientes; por tanto, se está haciendo un uso creciente de predicciones de oleaje basadas en modelos informáticos que utilizan las velocidades de los vientos dadas por las predicciones meteorológicas. Los resultados se comparan con las observaciones hechas en los barcos y con las observaciones de altura de las olas realizadas desde los altímetros de los satélites, que miden también las velocidades de los vientos de superficie. Otros instrumentos, los medidores de dispersión, miden tanto la velocidad del viento como su dirección. Las predicciones de olas también son valiosas para los barcos pesqueros, así como el sistema sonar para la localización de peces. La oceanografía pesquera, sin embargo, es una disciplina muy complicada. La abundancia variable de bancos de peces es difícil de predecir. Gestionar la industria para no exceder lo que se piensa hoy que es el desarrollo sostenible, presenta problemas internacionales complejos, tanto para establecer como para cumplir los tratados necesarios. Hay pocas esperanzas de que la pesca suministre más de una pequeña fracción de las necesidades mundiales de proteínas. El océano es tan grande que incita el vertido de materia sobrante en su interior por parte de industrias y de ciudades que quieren evitar el gasto adicional de los vertidos en tierra o del procesado o reciclado de sus desechos. Todo el mundo conoce algún caso de contaminación del agua marina, pero hay pocas estimaciones fiables sobre el material vertido y sobre los lugares de vertido. Más de las tres cuartas partes de las contaminaciones marinas provienen de fuentes situadas en tierra, y un tercio de éstas tiene origen aéreo, que engloba algunos contaminantes de las emisiones de los vehículos. Sólo un 12% proviene de las embarcaciones, como resultado de descargas operativas, de accidentes o de basura (véase Contaminación por crudos).

Vida oceánica y recursos
Bajo la superficie del mar hay una variedad enorme de recursos, tanto orgánicos como inorgánicos. Aquí, una tortuga joven avanza a través de un laberinto vivo construido por coral y por otros organismos sobre el fondo rocoso del océano. Se estima que el océano es capaz de producir 200 millones de toneladas de materia orgánica cosechable y que puede contener más de 10.000 millones de toneladas de oro. La única dificultad para obtener estos recursos es la compleja relación entre la química, la geología y la física del mar; es imposible alterar una sin afectar a las demás.

Ya hace muchos años que el valor de la producción de petróleo y de gas en el mar supera el de las capturas mundiales de pesca. Se siguen encontrando reservas muy cargadas, aunque a profundidades cada vez mayores y en regiones con entornos mucho más duros para la resistencia de las estructuras de extracción y para el funcionamiento de las industrias de servicios de apoyo. La explotación de los materiales del lecho oceánico se limita principalmente a la extracción de arena y de grava desde profundidades relativamente pequeñas. Ha habido pocos progresos en la extracción propuesta de metales de los nódulos de manganeso encontrados en grandes cantidades en el fondo del océano profundo, de los sedimentos ricos en metales que se sabe que existen en huecos de la grieta del mar Rojo o de los asociados con las grietas hidrotermales de los océanos Atlántico y Pacífico. Ciertos elementos químicos, como el bromo, siguen siendo extraídos del agua del mar, y hay un interés creciente sobre los productos farmacéuticos que se obtienen de la biota marina. El agua misma representa un recurso valioso en la producción de agua dulce en muchos lugares del mundo donde la desalinización o la ósmosis inversa son rentables, pese a que el calor latente elevado del agua impone elevados costes energéticos.

Protestas contra el proyecto de perforación
Manifestantes con animales de plástico cubiertos de petróleo, protestan contra un proyecto de perforación en Cayo Largo (Florida, Estados Unidos). Se produzcan o no vertidos accidentales, el impacto sobre el delicado ecosistema marino podría ser devastador. El ruido, el calor y el movimiento son también clases de contaminación que interfieren en los ciclos normales de vida.

Cada vez se reconoce más que el océano actúa como un regulador del clima, pero, a pesar de la expansión y de los progresos de la ciencia marina en este siglo, los científicos tienen pocos conocimientos sobre las propiedades, las poblaciones y los procesos del océano. Modelos informáticos avanzados de la relación atmósfera-océano han sido desarrollados, pero requieren mejor y más completa información de los procesos oceánicos. Hasta que no alcancen un estado más avanzado no podremos esperar predicciones fiables de los cambios climáticos provocados por el incremento de dióxido de carbono, de metano o de otros gases con actividad radiactiva en la atmósfera.
Se espera que el océano y la atmósfera permanezcan más o menos en su estado actual durante cientos de millones de años. En unas pocas generaciones la población mundial excederá los diez mil millones de personas, la mayoría en los países en vías de desarrollo; entonces nuestra supervivencia dependerá de una mejor comprensión de la interacción entre nuestros limitados recursos biológicos y físicos.

Mineralogía




Minerales y mineralogía
Los minerales aparecen con una variedad amplia de colores y estructuras, incluyendo tipos tan diversos como la obsidiana negra vítrea, el jaspe joya, los diamantes claros y duros y el talco blando y blanquecino. Definidos como sustancias inorgánicas naturales, ni animales ni vegetales, los minerales son la fuente de los metales valiosos, extraídos como menas. Los mineralogistas clasifican los minerales según su composición química, clase cristalina, dureza y aspecto (color, lustre, transparencia). Aquí, una selección de minerales muestra algunas de las diferencias visibles por las que pueden ser identificados.

Mineralogía, identificación de minerales y estudio de sus propiedades, origen y clasificación. Las propiedades de los minerales se estudian bajo las correspondientes subdivisiones: mineralogía química, mineralogía física y cristalografía. Las propiedades y clasificación de los minerales individuales, su localización, sus formas de aparición y sus usos corresponden a la mineralogía descriptiva. La identificación en función de sus propiedades químicas, físicas y cristalográficas recibe el nombre de mineralogía determinativa.
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MINERALOGÍA QUÍMICA
La composición química es la propiedad más importante para identificar los minerales y para distinguirlos entre sí. El análisis de los minerales se realiza con arreglo a unos métodos normalizados de análisis químico cuantitativo y cualitativo. Los minerales se clasifican sobre la base de su composición química y la simetría de sus cristales. Sus componentes químicos pueden determinarse también por medio de análisis realizados con haces de electrones.
Aunque la clasificación química no es rígida, las diversas clases de compuestos químicos que incluyen a la mayoría de los minerales son las siguientes: 1) elementos, como el oro, el grafito, el diamante y el azufre, que se dan en estado puro o nativo, es decir, sin formar compuestos químicos; 2) sulfuros, que son minerales compuestos de diversos metales combinados con el azufre. Muchas menas minerales importantes, como la galena o la esfalerita, pertenecen a esta clase; 3) sulfosales, minerales compuestos de plomo, cobre o plata combinados con azufre y uno o más de los siguientes elementos: antimonio, arsénico y bismuto. La pirargirita, Ag3SbS3, pertenece a esta clase; 4) óxidos, minerales compuestos por un metal combinado con oxígeno, como la hematites u oligisto, Fe2O3. Los óxidos minerales que contienen también agua, como el diásporo, Al2O3·H2O, o el grupo hidroxilo (OH), como la goethita FeO(OH), pertenecen también a este grupo; 5) los haluros, compuestos de metales combinados con cloro, flúor, bromo o yodo; la halita o sal gema, NaCl, es el mineral más común de esta clase; 6) carbonatos, minerales como la calcita, CaCO3, que contienen un grupo carbonato; 7) los fosfatos, minerales como el apatito, Ca5(F,Cl)(PO4)3, que contienen un grupo fosfato; 8) sulfatos, como la barita, BaSO4, que contienen un grupo sulfato, y 9) silicatos, la clase más abundante de minerales, formada por varios elementos en combinación con silicio y oxígeno, que a menudo tienen una estructura química compleja, y minerales compuestos exclusivamente de silicio y oxígeno (sílice). Los silicatos incluyen minerales que comprenden las familias del feldespato, la mica, el piroxeno, el cuarzo, la zeolita y el anfíbol.
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MINERALOGÍA FÍSICA
Minerales de colores
Hoy, la mayoría de los pigmentos para pintura y tintes se sintetizan, pero en la antigüedad se utilizaban minerales. Se pulverizaban y se mezclaban con grasa animal para producir un espectro amplio de colores. Aquí, se muestran algunos minerales en su estado natural y en su forma molida junto a muestras de pigmentos. De izquierda a derecha, los minerales son: hematites (también llamado rojo de joyero), malaquita (compuesto verde cobre), azurita (azul real), cinabrio (rojo bermellón), lapislázuli (azul marino), rejalgar (compuesto de arsénico) y oropimente (mostrada en el centro, es un tipo de oropel u "oro de los locos").

Las propiedades físicas de los minerales constituyen una importante ayuda a la hora de identificarlos y caracterizarlos. La mayor parte de las propiedades físicas pueden reconocerse a simple vista o determinarse por medio de pruebas sencillas. Las propiedades más importantes incluyen el rayado, el color, la fractura, el clivaje, la dureza, el lustre, la densidad relativa y la fluorescencia o fosforescencia.
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CRISTALOGRAFÍA
Imagen petrográfica de una roca
Para tomar una imagen de una muestra fina de roca lunar se usa un microscopio petrográfico. Los colores representan distintas composiciones minerales.

La mayoría de los minerales adoptan formas cristalinas cuando las condiciones de formación son favorables. La cristalografía es el estudio del crecimiento, la forma y el carácter geométrico de los cristales. La disposición de los átomos en el seno de un cristal puede determinarse por medio del análisis por difracción de los rayos X. La química cristalográfica estudia la relación entre la composición química, la disposición de los átomos y las fuerzas de enlace entre éstos. Esta relación determina las propiedades físicas y químicas de los minerales. Los cristales se agrupan en seis sistemas de simetría: cúbico o isométrico, hexagonal, tetragonal, ortorrómbico, monoclínico y triclínico. Véase Cristal.
El estudio de los minerales constituye una importante ayuda para la comprensión de cómo se han formado las rocas. La síntesis en laboratorio de las variedades de minerales producidos por presiones elevadas está contribuyendo a la comprensión de los procesos ígneos que tienen lugar en las profundidades de la litosfera (véase Tierra). Dado que todos los materiales inorgánicos empleados en el comercio son minerales o sus derivados, la mineralogía tiene una aplicación económica directa. Usos importantes de los minerales y ejemplos de cada categoría son las gemas o piedras preciosas y semipreciosas (diamante, granate, ópalo, circonio); los objetos ornamentales y materiales estructurales (ágata, calcita, yeso); los refractarios (asbestos o amianto, grafito, magnesita, mica); cerámicos (feldespato, cuarzo); minerales químicos (halita, azufre, bórax); fertilizantes (fosfatos); pigmentos naturales (hematites, limonita); aparatos científicos y ópticos (cuarzo, mica, turmalina), y menas de metales (casiterita, calcopirita, cromita, cinabrio, ilmenita, molibdenita, galena y esfalerita).

Meteorología




Observación de tornados
En la imagen un meteorólogo observa la evolución de un tornado para aprender más sobre la atmósfera terrestre. Desde el siglo XIX, la predicción científica ha mejorado mucho. Los radares pueden detectar y rastrear tornados, huracanes y otras tormentas fuertes.

Meteorología, estudio científico de la atmósfera de la Tierra. Incluye el estudio de las variaciones diarias de las condiciones atmosféricas (meteorología sinóptica), el estudio de las propiedades eléctricas, ópticas y otras de la atmósfera (meteorología física); el estudio del clima, las condiciones medias y extremas durante largos periodos de tiempo (climatología), la variación de los elementos meteorológicos cerca del suelo en un área pequeña (micrometeorología) y muchos otros fenómenos. El estudio de las capas más altas de la atmósfera (superiores a los 20 km o los 25 km) suele implicar el uso de técnicas y disciplinas especiales, y recibe el nombre de aeronomía. El término aerología se aplica al estudio de las condiciones atmosféricas a cualquier altura.
2
HISTORIA
Los estudiosos de la antigua Grecia mostraban gran interés por la atmósfera. Ya en el año 400 a.C. Aristóteles escribió un tratado llamado Meteorologica, donde abordaba el “estudio de las cosas que han sido elevadas”; un tercio del tratado está dedicado a los fenómenos atmosféricos y el término meteorología deriva de su título. A lo largo de la historia, gran parte de los progresos realizados en el descubrimiento de leyes físicas y químicas se vio estimulado por la curiosidad que despertaban los fenómenos atmosféricos.
La predicción del tiempo ha desafiado al hombre desde los tiempos más remotos, y buena parte de la sabiduría acerca del mundo exhibida por los diferentes pueblos se ha identificado con la previsión del tiempo y los almanaques climatológicos. No obstante, no se avanzó gran cosa en este campo hasta el siglo XIX, cuando el desarrollo en los campos de la termodinámica y la aerodinámica suministraron una base teórica a la meteorología. Las mediciones exactas de las condiciones atmosféricas son también de la mayor importancia en el terreno de la meteorología, y los adelantos científicos se han visto potenciados por la invención de instrumentos apropiados de observación y por la organización de redes de observatorios meteorológicos para recoger datos. Los registros meteorológicos de localidades individuales se iniciaron en el siglo XIV, pero no se realizaron observaciones sistemáticas sobre áreas extensas hasta el siglo XVII. La lentitud de las comunicaciones también dificultaba el desarrollo de la predicción meteorológica, y sólo tras la invención del telégrafo a mediados del siglo XIX se hizo posible transmitir a un control central los datos correspondientes a todo un país para correlacionarlos a fin de hacer una predicción del clima.
Uno de los hitos más significativos en el desarrollo de la ciencia moderna de la meteorología se produjo en tiempos de la I Guerra Mundial, cuando un grupo de meteorólogos noruegos encabezado por Vilhelm Bjerknes realizó estudios intensivos sobre la naturaleza de los frentes y descubrió que la interacción entre masas de aire genera los ciclones, tormentas típicas del hemisferio norte. Los posteriores trabajos en el campo de la meteorología se vieron auxiliados por la invención de aparatos como el rawinsonde o radiosonda, descrito más adelante, que hizo posible la investigación de las condiciones atmosféricas a altitudes muy elevadas. Después de la I Guerra Mundial, un matemático británico, Lewis Fry Richardson, realizó el primer intento significativo de obtener soluciones numéricas a las ecuaciones matemáticas para predecir elementos meteorológicos. Aunque sus intentos no tuvieron éxito en su época, contribuyeron a un progreso explosivo en la predicción meteorológica numérica de nuestros días.
3
OBSERVACIÓN DEL CLIMA
Las nubes

La mejora en las observaciones de los vientos a gran altitud durante y después de la II Guerra Mundial suministró la base para la elaboración de nuevas teorías sobre la predicción del tiempo y reveló la necesidad de cambiar viejos conceptos generales sobre la circulación atmosférica. Durante este periodo las principales contribuciones a la ciencia meteorológica son del meteorólogo de origen sueco Carl-Gustav Rossby y sus colaboradores de Estados Unidos. Descubrieron la llamada corriente en chorro, una corriente de aire de alta velocidad que rodea el planeta a gran altitud. En 1950, gracias a las primeras computadoras, fue posible aplicar las teorías fundamentales de la termodinámica y la hidrodinámica al problema de la predicción climatológica, y en nuestros días las grandes computadoras sirven para generar previsiones en beneficio de la agricultura, la industria y los ciudadanos en general.
3.1
Observaciones desde la superficie
Pluviómetro
Las precipitaciones se miden con un pluviómetro como este, que se localiza en Tasmania (Australia) y forma parte de una estación meteorológica.

Las observaciones hechas a nivel del suelo son más numerosas que las realizadas a altitudes superiores. Incluyen la medición de la presión atmosférica, la temperatura, la humedad, la dirección y velocidad del viento, la cantidad y altura de las nubes, la visibilidad y las precipitaciones (la cantidad de lluvia o nieve que haya caído).
Para la medición de la presión atmosférica se utiliza el barómetro de mercurio. Los barómetros aneroides, aunque menos precisos, son también útiles, en especial a bordo de los barcos y cuando se usan junto con un mecanismo de registro llamado barógrafo para registrar las tendencias barométricas a lo largo de un cierto periodo de tiempo. Todas las lecturas barométricas empleadas en los trabajos meteorológicos se corrigen para compensar las variaciones debidas a la temperatura y la altitud de cada estación, con el fin de que las lecturas obtenidas en distintos lugares sean directamente comparables.
Para la observación de la temperatura se emplean muchos tipos diferentes de termómetros. En la mayor parte de los casos, un termómetro normal que abarque un rango habitual de temperaturas es más que suficiente. Es importante situarlo de modo que queden minimizados los efectos de los rayos solares durante el día y la pérdida de calor por radiación durante la noche, para obtener así valores representativos de la temperatura del aire en la zona a medir.
El instrumento que se utiliza más a menudo en los observatorios meteorológicos es el higrómetro. Un tipo especial de higrómetro, conocido como psicrómetro, consiste en dos termómetros: uno mide la temperatura con el bulbo seco y el otro con el bulbo húmedo. Un dispositivo más reciente para medir la humedad se basa en el hecho de que ciertas sustancias experimentan cambios en su resistencia eléctrica en función de los cambios de humedad. Los instrumentos que hacen uso de este principio suelen usarse en el radiosonda o rawisonde, dispositivo empleado para el sondeo atmosférico a grandes altitudes.
El instrumento más utilizado para medir la dirección del viento es la veleta común, que indica de dónde procede el viento y está conectada a un dial o a una serie de conmutadores electrónicos que encienden pequeñas bombillas (focos) en la estación de observación para indicarlo. La velocidad del viento se mide por medio de un anemómetro, un instrumento que consiste en tres o cuatro semiesferas huecas montadas sobre un eje vertical. El anemómetro gira a mayor velocidad cuanto mayor sea la velocidad del viento, y se emplea algún tipo de dispositivo para contar el número de revoluciones y calcular así su velocidad.
Las precipitaciones se miden mediante el pluviómetro o un nivómetro. El pluviómetro es un cilindro vertical abierto en su parte superior para permitir la entrada de la lluvia y calibrado en milímetros o pulgadas, de modo que se pueda medir la profundidad total de la lluvia caída. El nivómetro es también un cilindro que se hinca en la nieve para obtener una muestra. Después se funde ésta y se mide en términos de profundidad equivalente de agua, permitiendo con ello que su medición sea compatible con la de las precipitaciones. Las mediciones de la profundidad de la nieve caída se efectúan con una regla similar a las reglas comunes.
Los recientes avances producidos en el campo de la electrónica han ido acompañados de un desarrollo concomitante en el uso de instrumentos meteorológicos electrónicos. Uno de estos instrumentos es el radar meteorológico, que hace posible la detección de huracanes, tornados y otras tormentas fuertes a distancias de varios miles de kilómetros. Para tales fines, se usan las ondas de radar reflejadas por las precipitaciones asociadas con las alteraciones, que sirven para trazar su curso. Otros instrumentos meteorológicos electrónicos incluyen: el empleado para medir la altura de las nubes y el que se usa para medir el efecto total del humo, la niebla y otras limitaciones a la visibilidad. Ambos instrumentos suministran importantes mediciones para el despegue y aterrizaje de los aviones.
3.2
Observaciones en la atmósfera superior
Meteorología con satélites
La mayoría de los servicios meteorológicos utilizan información de los satélites para elaborar sus previsiones. Fotografías como ésta del huracán Gloria revelan patrones y movimientos que suministran pistas sobre la evolución de la tormenta. El clima es vigilado y fotografiado de forma continua por los satélites en todo el mundo, pero sigue siendo difícil predecir el tiempo porque hay muchas variables implicadas. Los sensores infrarrojos ayudan a los meteorólogos en la interpretación de las fotografías, ya que determinan la altura y temperatura de las nubes.

Los métodos modernos de predicción, así como las necesidades de la aviación, exigen que la medición cuantitativa del viento, la presión, la temperatura y la humedad se realicen en la atmósfera libre. Estos datos son recogidos hoy por observadores distribuidos en varios cientos de estaciones dispersas por todos los continentes (sobre todo en el hemisferio norte) y desde unos cuantos barcos dispersos por los océanos.
Para las mediciones rutinarias realizadas en las capas superiores de la atmósfera, los meteorólogos han desarrollado el rawinsonde (radio-wind-sounding device) o radiosonda, que consiste en un instrumento meteorológico ligero capaz de medir la presión, la temperatura y la humedad equipado con un pequeño transmisor de radio de alta frecuencia. El instrumento se sujeta a un globo de helio que lo lleva hasta la atmósfera superior. Las mediciones realizadas por los instrumentos meteorológicos son transmitidas automáticamente y recibidas por una estación en tierra. Un radiodetector sigue la dirección del globo mientras éste es arrastrado por los vientos de las capas superiores de la atmósfera y, midiendo la posición del mismo en momentos sucesivos, se puede calcular la velocidad y dirección del viento a diferentes altitudes.
Para obtener datos sobre la atmósfera superior se emplean también aviones, en especial cuando los huracanes o los tifones amenazan con afectar a zonas habitadas. Se sigue la pista a estas peligrosas tormentas tropicales mediante aviones de reconocimiento que se envían para localizar el centro u ojo de la tormenta y realizar mediciones meteorológicas del viento, la temperatura, la presión y la humedad tanto en el interior como en las cercanías de la tormenta.


Globo meteorológico
Al preparar un lanzamiento en la Antártida, los científicos esperan recoger información de un transmisor radiosonda unido al globo hinchable. La radiosonda medirá de forma continua la temperatura, humedad y presión así como su situación. El globo está lleno de un gas ligero, como el helio. Al ascender, el gas se expande. Llegará un punto en el que el globo explote, entonces, el instrumento meteorológico volverá a la Tierra con un paracaídas.

Los métodos convencionales de observación de la atmósfera superior empiezan a resultar cada vez más inadecuados para hacer frente a las necesidades de los nuevos métodos de predicción numérica. Las teorías modernas sobre la circulación atmosférica hacen cada vez más hincapié en la importancia de la unidad global de la atmósfera, y produce gran preocupación que existan enormes regiones oceánicas que permanecen ignotas en la práctica para los métodos convencionales. Se mantienen, con un coste muy elevado, algunos barcos meteorológicos, pero disponer de ellos en número suficiente para lograr una cobertura apropiada, aunque sólo fuera en el hemisferio norte, tendría un coste prohibitivo.
Uno de los nuevos métodos de mayor éxito para la observación general de la atmósfera ha sido el empleo de satélites artificiales. Los satélites que fotografían de forma automática la Tierra desde órbitas polares, suministran imágenes de los patrones nubosos y las tormentas, una vez al día, a cualquier estación meteorológica equipada para recibir sus transmisiones de radio. Casi todos los servicios meteorológicos importantes del mundo están equipados para recibir estas imágenes, y los países ribereños de los grandes océanos se benefician de la capacidad para mantener una vigilancia continua de las tormentas que amenazan a sus costas. Los sensores de infrarrojos permiten determinar la temperatura de la parte superior de las nubes, y de esta forma hacen posible estimar la altitud aproximada de los sistemas nubosos de la atmósfera. Otros satélites en órbita polar han demostrado que pueden obtenerse imágenes de alta resolución de los sistemas tormentosos durante la noche por medio de la luz infrarroja. Hoy se fotografían de modo continuo los patrones climáticos de más de la mitad de la Tierra desde satélites situados en órbitas geoestacionarias sobre puntos predeterminados del ecuador a una altitud de unos 35.400 kilómetros.
Por desgracia, los patrones fotográficos suministrados por los satélites tienen una utilidad limitada para los métodos modernos de predicción meteorológica, que se basan en el empleo de mediciones de la temperatura y la presión en el interior mismo de la atmósfera. Se están realizando grandes esfuerzos en la investigación de nuevos métodos para recoger datos sobre la atmósfera superior en todo el mundo. Una de las propuestas en estudio es la Técnica de Sondeo Horizontal Global (Global Horizontal Sounding Technique, GHOST), que combinaría una red general de globos de flotación libre equipados con instrumentos y los datos obtenidos por los satélites para recopilar la información necesaria.
3.3
Circulación de la atmósfera
Vientos dominantes
Entre los vientos dominantes se incluyen las calmas ecuatoriales próximas al ecuador, los vientos alisios del noreste (o sureste) sobre el ecuador, los dominantes de oeste en las latitudes medias y los polares del este, cerca de los polos. Los vientos se denominan según la dirección desde la que soplan. Por ejemplo, los vientos alisios del noreste soplan en el hemisferio norte desde el este hacia el oeste.


La causa de todos los movimientos atmosféricos es el calentamiento desigual de la superficie terrestre por el Sol. La mayor parte del calor y la luz inciden sobre las regiones ecuatoriales y sólo una pequeña parte va a parar a las zonas polares. Como consecuencia de las diferencias resultantes en la temperatura, existe una compleja circulación atmosférica que, como uno de sus efectos, produce la transferencia de calor desde las regiones más cálidas hacia los polos.
En los trópicos, la circulación atmosférica sigue un patrón meridional, llamado célula tropical de Hadley, en el que el aire desciende en cinturones situados en torno a los 30º de latitud N y los 30° de latitud S respecto del ecuador y asciende en las inmediaciones de éste. A baja altitud hay una deriva general del aire hacia el ecuador, mientras que a mayor altitud se produce una deriva compensadora hacia los polos, que completa la célula. Al converger las dos corrientes superficiales hacia el ecuador desde el Norte y el Sur en un cinturón de bajas presiones llamado de calmas ecuatoriales, éstas se ven obligadas a ascender, expandirse y enfriarse. La humedad del aire se condensa formando nubes, que tienden a producir lluvias frecuentes sobre el área. El cinturón de convergencia tiende a desplazarse unos cuantos grados al Norte y al Sur con los cambios de estación. A 30º de latitud N y a 30° de latitud S respecto del ecuador, los ramales descendentes de la célula se calientan por efecto de la compresión, y las posibles nubes presentes tienden a evaporarse. Como resultado, el tiempo es cálido y soleado, y predominan los climas desérticos. Debido a la rotación de la Tierra, las corrientes de aire ecuatoriales, llamadas vientos alisios, son desviadas hacia el Oeste y, por consiguiente, soplan del Noreste en el hemisferio norte y del Sureste en el hemisferio sur. Las corrientes de retorno, de gran altitud, tienen a convertirse en vientos del Oeste (en términos meteorológicos, los vientos se nombran en función de la dirección desde la que soplan).
A latitudes medias y altas, los rasgos más notables de la circulación atmosférica son los ciclones y anticiclones migratorios, y sólo emerge una imagen clara de la circulación global cuando se obtienen los valores medios de estos movimientos durante varios días. Esta circulación procede del Oeste en casi en todo el mundo, y su velocidad aumenta rápidamente con la altitud hasta unos 23 km, donde la velocidad media del viento puede superar los 160 km/h. La presión a nivel del mar disminuye hacia el Norte desde los 30º hasta los 60º de latitud, donde tiende a producirse un mínimo, y a los 60º de latitud N se desarrolla un anticiclón poco profundo en el que prevalecen los vientos del Este.
La circulación media al Norte de los 30º de latitud tiende a ser fuerte durante el invierno, cuando se producen las mayores diferencias en temperatura entre las latitudes altas y bajas. Los cinturones de altas y bajas presiones situados en los 30º y los 60º de latitud N se desplazan ligeramente con las estaciones, tendiendo a seguir al Sol hacia el Norte y hacia el Sur. Los continentes ejercen también una notable influencia sobre el flujo medio, y sus efectos son sobre todo llamativos en el hemisferio norte, donde el contraste entre la temperatura de las masas terrestres y la de los océanos es máxima. Durante el invierno se desarrollan sobre Norteamérica y Asia anticiclones muy fríos, mientras que en verano tienden a prevalecer las bajas presiones cálidas. Los sistemas de vientos estacionales asociados a estos patrones de presión reciben el nombre de monzones; son muy llamativos en la India y el Sureste asiático.
Un aspecto notable de la circulación del Oeste a latitudes medias y altas es la presencia de vórtices ciclónicos y anticiclónicos que derivan desde el Oeste hacia el Este y producen cambios en el clima de un día para otro. Los vórtices que giran en sentido antihorario reciben el nombre de ciclones extratropicales, y su intensidad tiende a ser máxima durante el invierno, cuando los contrastes de temperatura son mayores. Estos ciclones tienden a formarse o a regenerarse a partir de alteraciones débiles en ciertas áreas, situadas sobre todo a lo largo de las costas de Norteamérica y Asia, en el hemisferio norte, y también al este de las barreras montañosas de Norteamérica y el sur de Europa. Las tormentas se intensifican al ir desplazándose hacia el Este y el Noroeste, y tienden a alcanzar su desarrollo máximo en las regiones de Islandia y las Aleutianas. En estas tormentas pueden producirse vientos de más de 160 km/h en mar abierto, y las enormes olas que generan pueden recorrer miles de kilómetros, dificultando la navegación en otras zonas y abatiéndose sobre sus costas.
Dentro del flujo dominante hacia el Este a latitudes medias se encuentra la corriente en chorro, una banda estrecha de viento del Oeste de alta velocidad que sigue un curso ondulante de Oeste a Este. Sopla a una altitud media de 12.200 km en invierno y de 13.700 km en verano. La velocidad del viento de la corriente en chorro puede llegar a superar los 400 kilómetros por hora.
3.4
Masas de aire y frentes
Etapas de formación de un frente
Los frentes se asocian con ciclones o zonas de baja presión y se producen cuando una masa de aire frío entra en contacto con otra de aire cálido. La circulación de la atmósfera terrestre hace que el aire frío se mueva hacia el Este y hacia el ecuador, mientras que el cálido se desplaza hacia el Este y hacia los polos formando una cuña llamada sector cálido. Este movimiento hace que el frente se curve; el frente cálido se desvía hacia el Este, donde el borde delantero del sector cálido está reemplazando al aire frío, y el frente frío se desvía hacia el Oeste. Como el aire frío se mueve más deprisa que el cálido, el sector cálido se va comprimiendo y el frente se cierra y pierde fuerza.

En torno a los 30º latitud N y los 30º latitud S y sobre los continentes, suelen ser dominantes en invierno las altas presiones y los vientos débiles. En estas regiones, los vientos se dispersan con lentitud en sentido horizontal, y el aire seco desciende de las alturas para reemplazarlos. Debido al calentamiento producido por la compresión del aire descendente, los anticiclones tienden a estar asociados con el buen tiempo, excepto allá donde el contacto del aire con una superficie fría pueda producir nieblas o nubes bajas.
La mayoría de las regiones donde tienden a prevalecer los anticiclones son bastante uniformes en lo que se refiere a sus características superficiales y, con los lentos movimientos divergentes, tienden a generarse grandes masas de aire con características uniformes.
Sección transversal de un frente

Las masas de aire tropical marítimo que se forman sobre los océanos a unos 30º latitud N y S, pueden ser transportadas a miles de kilómetros de distancia, produciendo periodos de clima inusualmente cálido y húmedo y aportando abundante agua para la formación de nubes y precipitaciones en latitudes medias y altas. Otro tipo característico es el aire polar continental. Situadas sobre las extensiones nevadas de Norteamérica y Asia en invierno, estas masas de aire se vuelven muy frías, produciendo temperaturas mínimas de -68 ºC en Siberia y de -63 ºC en Norteamérica.
Las masas de aire tienden a juntarse para producir zonas de grandes contrastes térmicos. Estas regiones, que fueron objeto de gran atención por parte de los meteorólogos suecos en tiempos de la I Guerra Mundial, recibieron el nombre de frentes y fueron reconocidos como zonas de cambio climatológico estrechas y altamente activas. Los frentes más notables tienden a situarse en las inmediaciones de la costa este de Norteamérica en invierno y en las costas del Pacífico en Asia. Las masas continentales de aire polar tienden a descender y se extienden por debajo de las masas tropicales marítimas cálidas. Así pues, las masas de aire caliente son empujadas hacia arriba, sobre las de aire polar, a lo largo de las zonas frontales, y se enfrían por expansión, lo que hace que se condensen, liberando su humedad en forma de precipitaciones.
4
PREVISIONES METEOROLÓGICAS Y SUS MODIFICACIONES
Símbolos meteorológicos

Los métodos empleados en la previsión del tiempo han experimentado una serie de cambios rápidos desde la II Guerra Mundial en respuesta a los avances en la tecnología de los equipos informáticos, los satélites y las comunicaciones. Las investigaciones prosiguen con el mismo ímpetu, por lo que cabe esperar que se produzcan muchos más cambios en la próxima década.
4.1
Recogida de datos
La recogida de datos sobre el clima se logra sobre todo por medio de la transmisión vía teletipo de mensajes codificados, a través de líneas terrestres y de la radio. Los circuitos nacionales de teletipos operan como líneas multiusuario, y los datos impresos por cualquier estación aparecen al mismo tiempo en todas las demás estaciones conectadas a la misma línea. Los datos recopilados a nivel nacional se intercambian a través de circuitos globales a larga distancia de alta velocidad, con lo que, en cerca de una hora, los informes sobre la superficie y las capas superiores de la atmósfera están disponibles en los centros regionales de muchos países. El sistema global de telecomunicaciones de la Organización Mundial de Meteorología actúa como centro de recepción y transmisión de los datos que proceden de las estaciones de superficie y los satélites meteorológicos, así como de los que proceden de barcos, aviones y radiosondas.
4.2
Transmisión de datos
En el margen de dos horas desde la recogida de los datos, hay mapas climatológicos disponibles en los centros de previsión meteorológica. El uso del fax ha multiplicado la eficiencia de estos centros, ya que los mapas son trazados por analistas expertos y están al alcance de los meteorólogos de campo en mayor variedad y con mayor rapidez de lo que antes era posible, cuando se trazaban de forma local. Ciertos análisis de las condiciones en la atmósfera superior son realizados de modo automático por medio de ordenadores o computadoras que, con periféricos adicionales, pueden traducir y almacenar la información codificada de las líneas de teletipo, realizar cálculos matemáticos y presentar los resultados en forma de líneas trazadas sobre mapas. Tales análisis se transmiten vía fax a las estaciones locales y son almacenados para su empleo en previsiones climatológicas numéricas.
4.3
Modelos climatológicos
Los principios de las ecuaciones que gobiernan las condiciones físicas de la atmósfera se conocen desde hace mucho tiempo, pero sólo en fechas recientes se han desarrollado computadoras con suficiente potencia y rapidez. El mayor centro de ejecución de modelos climatológicos es el European Centre for Medium-Range Weather Forecasting (Centro europeo para la previsión meteorológica a plazo medio), situado en Bracknell, Inglaterra. La atmósfera es demasiado grande y compleja como para predecir con exactitud su comportamiento, incluso con los equipos más poderosos, pero es posible construir análogos matemáticos, o modelos, bastante realistas. En el modelo más simple sólo se predicen las condiciones a un único nivel. Es posible efectuar descripciones más realistas de la atmósfera empleando al mismo tiempo un gran número de niveles, y en el modelo más sofisticado que se emplea hoy se usan nueve niveles. Las ecuaciones son tales que pueden calcularse los cambios en las propiedades atmosféricas a cada nivel para un breve plazo de tiempo tan sólo 10 minutos después de realizadas las observaciones. Las previsiones son después sustituidas por los datos iniciales observados, y el proceso se repite para sucesivos intervalos de tiempo hasta llegar a un plazo total de 72 horas. Los resultados así obtenidos para las 12, 24, 36, 48 y 72 horas posteriores a la hora inicial son trazados de modo automático sobre mapas que reflejan las condiciones previstas en los diversos niveles, y estos son transmitidos vía facsímil a las estaciones y otros usuarios del servicio.
4.4
Interpretación de los datos
Los procedimientos descritos más arriba se realizan de modo automático, pero las previsiones resultantes requieren gran habilidad interpretativa. El clima se ve afectado en gran medida por condiciones locales que no pueden incluirse en los modelos. Además, los modelos no son representaciones perfectas de la atmósfera, y los meteorólogos experimentados prefieren en ocasiones no confiar en los resultados de los equipos, o pueden introducir en ellos modificaciones basadas en su propia experiencia.
Se han desarrollado métodos estadísticos para sacar partido a la experiencia obtenida a través de observaciones sobre el comportamiento de la atmósfera realizadas durante un largo periodo de tiempo. En algunos de estos métodos, las pautas se clasifican en muchos grupos diferentes, y la predicción se realiza haciendo referencia a la conducta antes observada en el grupo al que pertenece la situación atmosférica observada. La ventaja de este método es que hace posible determinar la probabilidad de que se produzcan varios eventos alternativos. Por ejemplo, la probabilidad de que nieve al día siguiente podría ser de un 20%, la de que llueva de un 50% y la de que haga buen tiempo de un 30%. Este tipo de previsiones son esenciales para la planificación eficiente de muchas actividades. El riesgo de pérdidas y otros desastres, por ejemplo, que se producirían en caso de una nevada copiosa en una gran ciudad, pueden justificar la adopción de medidas para la retirada de la nieve cuando la probabilidad de que se produzca ésta es superior a un 20%. Una predicción categórica de lluvia (que puede ser más probable que la nieve) sería de escasa utilidad para planificar este tipo de operaciones.
4.5
Fiabilidad de las previsiones
Huracán Elena
El 2 de septiembre de 1985, el huracán Elena fue fotografiado con una lente de 70 mm desde la lanzadera espacial Discovery. Como el huracán está en el hemisferio norte, el aire gira en sentido inverso al de las agujas de un reloj hacia el centro de baja presión, u ojo del huracán.

La precisión de las previsiones meteorológicas es relativa, y los porcentajes publicados tienen escaso significado sin una descripción detallada de los criterios empleados para juzgar la exactitud de una previsión. En los últimos años se ha vuelto habitual atribuirles una precisión de entre un 80 y un 85% en plazos de un día. Los modelos numéricos han introducido considerables mejoras en la exactitud de las previsiones meteorológicas en comparación con las predicciones anteriores, realizadas por medio de métodos subjetivos, y en especial para periodos superiores a un día. Hoy, es posible demostrar la fiabilidad de predicciones específicas para periodos de hasta cinco días, y se han logrado algunos éxitos en la previsión de variaciones anormales de la temperatura y la pluviosidad para periodos de hasta 30 días. No es posible refutar la fiabilidad de las previsiones para periodos de tiempo más largos debido a que no se han adoptado aún modelos de verificación; no obstante, los meteorólogos profesionales tienden a ponerla en duda.
4.6
Física de las nubes y modificación del clima
El estudio de los procesos atmosféricos, que incluye la condensación de la humedad, el desarrollo de pequeñas gotas en las nubes, y la aparición de precipitaciones, recibe el nombre de física de las nubes. Debido a la importancia económica de la lluvia y la nieve, esta disciplina ha tenido gran interés en años recientes.
El crecimiento de las gotas de agua de las nubes y la aparición de precipitaciones son procesos complejos que no se conocen lo bastante. Ciertos trabajos teóricos sugieren que la precipitación de las gotas de las nubes se ve favorecida por la presencia de diminutos cristales de hielo. Dado que las temperaturas en muchas nubes de baja altitud que producen precipitaciones apreciables, son siempre superiores al punto de congelación, parece razonable afirmar que existen también otros procesos importantes. Se ha propuesto el crecimiento de las gotas por colisión y coalescencia como otro mecanismo responsable del proceso.
En época reciente, los meteorólogos han investigado la posibilidad de modificar el clima rociando las nubes con diversas sustancias, como cristales de yoduro de plata. Se han realizado considerables investigaciones sobre la dispersión de la niebla de cara a aumentar la visibilidad para los aviones, pero el principal objetivo de la mayor parte de estos experimentos es la producción artificial de precipitaciones o la prevención del granizo. La evaluación científica de las diversas técnicas necesarias requiere un estudio en condiciones controladas para distinguir entre la lluvia inducida y la debida a razones naturales. Los datos disponibles sobre los experimentos realizados, tanto por parte de agencias públicas como de la iniciativa privada, indican que sembrar las nubes puede alterar el momento o la cantidad total de las precipitaciones caídas sobre áreas limitadas si las condiciones meteorológicas son favorables. En el caso de las nubes superenfriadas (con temperaturas por debajo del punto de congelación), el agente precipitador más eficaz es el hielo seco. El método de rociar estas nubes de baja temperatura con partículas de yoduro de plata, adoptado por muchas empresas comerciales, produjo resultados insatisfactorios, en especial cuando las partículas habían sido dispersadas por medio de generadores situados en tierra en vez de ser lanzadas desde aeroplanos. Es posible conseguir que los cúmulos cálidos con corrientes ascendentes liberen lluvia por medio de pulverizaciones de agua o rociándolos con partículas de sal.
Algunos experimentos recientes ofrecen claras indicaciones de que el granizo y las acumulaciones abundantes de nieve pueden impedirse rociando las nubes con grandes cantidades de yoduro de plata.


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