Circunferencia





Circunferencia
Circunferencia
Algunos de los elementos de una circunferencia son: diámetro, radio, cuerda y arco. Para experimentar con las propiedades de la circunferencia, se ata un hilo alrededor de una lata y se mide la longitud del hilo (longitud de la circunferencia). Utilizando el hilo, se divide la tapa de la lata en dos partes iguales y se mide la longitud (diámetro de la tapa). Se divide el valor medido de la circunferencia (C) por el del diámetro (D); si se repite varias veces esta operación con distintos objetos circulares, se obtiene siempre un cociente C :D alrededor de 3:1, sean los círculos grandes o pequeños. Este cociente se representa con el símbolo p.

Circunferencia, en geometría, curva plana cerrada en la que cada uno de sus puntos equidista de un punto fijo, llamado centro de la circunferencia. No se debe confundir con el círculo (superficie), aunque ambos conceptos están estrechamente relacionados. La circunferencia pertenece a la clase de curvas conocidas como cónicas, pues una circunferencia se puede definir como la intersección de una superficie cónica con un plano perpendicular a su eje.
Cualquier segmento rectilíneo que pasa por el centro y cuyos extremos están en la circunferencia se denomina diámetro. Un radio es un segmento que va desde el centro hasta la circunferencia. Una cuerda es un segmento rectilíneo cuyos extremos son dos puntos de la circunferencia. Un arco de circunferencia es la parte de ésta que está delimitada por dos puntos. Un ángulo central es un ángulo cuyo vértice es el centro y cuyos lados son dos radios.
La proporción entre la longitud de la circunferencia y su diámetro es una constante, representada por el símbolo p, o pi. Es una de las constantes matemáticas más importantes y desempeña un papel fundamental en muchos cálculos y demostraciones en matemáticas, física y otras ciencias, así como en ingeniería. Pi es aproximadamente 3,141592, aunque considerar 3,1416, o incluso 3,14, es suficiente para la mayoría de los cálculos. El matemático griego Arquímedes encontró que el valor de p estaba entre 3 + ‡ y 3 + .
El centro de la circunferencia es centro de simetría, y cualquier diámetro es eje de simetría.
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POSICIONES RELATIVAS DE UNA RECTA Y UNA CIRCUNFERENCIA
Una recta y una circunferencia pueden ser exteriores, si no se cortan (no tienen ningún punto en común), tangentes, si sólo se tocan en un punto (punto de tangencia), y secantes si tienen dos puntos comunes.
Una recta tangente a una circunferencia es perpendicular al radio que une el centro con el punto de tangencia.
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POSICIONES RELATIVAS DE DOS CIRCUNFERENCIAS
Dos circunferencias también pueden no tocarse, ser tangentes o ser secantes según tengan ninguno, uno o dos puntos comunes, respectivamente. Sin embargo, se pueden precisar más las posiciones relativas de dos circunferencias según la distancia entre sus centros, d, y las longitudes de sus radios, r1 y r2:


• Exteriores: si no tienen puntos comunes y la distancia entre sus centros es mayor que la suma de sus radios.

• Tangentes exteriores: si tienen un punto común y la distancia entre sus centros es igual a la suma de sus radios.

• Secantes: si tienen dos puntos comunes.

• Tangentes interiores: si tienen un punto común y la distancia entre sus centros es igual a la diferencia de sus radios.

• Interior una a la otra: si no tienen ningún punto común y la distancia entre sus centros es menor que la diferencia de sus radios.

• Concéntricas: si tienen el mismo centro.

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CIRCUNFERENCIAS Y POLÍGONOS
La circunferencia inscrita en un polígono regular es la que tiene su centro en el del polígono y es tangente a todos sus lados. Su radio es igual a la apotema del polígono.
La circunferencia circunscrita a un polígono regular es la que pasa por todos sus vértices.
Los triángulos, aunque no sean regulares, tienen siempre circunferencia inscrita (tangente a sus tres lados) y circunscrita (que pasa por sus tres vértices). Se llama circunferencia exinscrita a un triángulo, a la que es tangente a uno de sus lados y a las prolongaciones de los otros dos.

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ÁNGULOS EN LA CIRCUNFERENCIA
Como ya se ha dicho anteriormente, un ángulo central de una circunferencia es el que tiene su vértice en el centro de ésta. La medida de un ángulo central es igual a la del arco que abarca.
Un ángulo inscrito en una circunferencia es aquel cuyo vértice está sobre ella y cuyos lados la cortan en sendos puntos. La medida de un ángulo inscrito es la mitad de la del arco que abarca.
Un ángulo semiinscrito en una circunferencia es aquel cuyo vértice, V, está sobre ella, uno de sus lados la corta y el otro es tangente en V. La medida de un ángulo semiincrito es la mitad de la del arco que abarca.
En una circunferencia, un ángulo interior es el que tiene su vértice en el interior de la misma. Su medida es la mitad de la suma de la medida del arco que abarcan sus lados con el arco que abarcan sus prolongaciones.
Un ángulo exterior a una circunferencia es el que tiene su vértice en el exterior de la misma. Su medida es la semidiferencia de los dos arcos que abarcan sus lados sobre la circunferencia.

Triedro





Ángulo  Triedro
Triedro o Ángulo triedro, es un ángulo poliédrico de tres caras. Tiene también tres diedros.
Las caras y los diedros de un triedro cumplen las siguientes propiedades:

• Cada cara es menor que la suma de las otras dos.
• La suma de las tres caras es menor que 360º.
• La suma de los tres diedros es mayor que 180º y menor que 540º.
La intersección de un triedro con una superficie esférica con el centro en su vértice es un triángulo esférico:
Los lados del triángulo, a, b, c, son arcos de circunferencia máxima cuyas medidas coinciden con las de las respectivas caras del triedro. Los ángulos del triángulo son los correspondientes diedros del triedro.
Un triedro trirrectángulo es el que tiene los tres diedros rectos, es decir, el que está formado por tres planos perpendiculares entre sí. Sus aristas son tres semirrectas perpendiculares entre sí y, por tanto, sus caras son también ángulos rectos. El correspondiente triángulo esférico tiene los tres lados y los tres ángulos de 90º:

Diedro





Diedro
Diedro o Ángulo diedro, porción de espacio determinada por dos semiplanos con la arista común, a la cual se llama arista del diedro. Cada uno de los dos semiplanos se llama cara del diedro.
El rectilíneo de un diedro es el ángulo plano que resulta de cortar el diedro por un plano perpendicular a su arista. En la figura, el ángulo plano α es el rectilíneo del diedro:
La medida de un diedro es igual a la medida de su rectilíneo.

Ángulo poliédrico





Ángulo poliédrico
Ángulo poliédrico o Ángulo poliedro, es la porción de espacio determinada por varias (tres o más) semirrectas con origen común, dadas en un cierto orden. Las semirrectas se llaman aristas del ángulo poliédrico y el punto común es su vértice. Cada dos aristas consecutivas forman un ángulo que se llama cara. La última de las aristas forma cara con la primera.
Cada dos caras consecutivas forman un ángulo diedro. Un ángulo poliédrico formado por n aristas (n ≥ 3) tiene n caras y n diedros.
Se dice que un ángulo poliédrico es convexo cuando todo él está en el mismo semiespacio respecto a cada una de sus caras. En caso contrario se llama cóncavo.
La suma de las caras de un ángulo poliédrico es menor que 360º. Cada cara de un ángulo poliédrico es menor que la suma de todas las demás.
El ángulo poliédrico de tres caras se llama triedro.

Mapas mentales





Mapas mentales
Mapas mentales, también llamados por algunos mapas cognitivos, son la expresión gráfica de las imágenes que el cerebro elabora del medio que le rodea, es decir, de las representaciones internas del espacio y sus propiedades que cada persona guarda en su memoria. El ser humano tiene en su cerebro una imagen de cómo es el espacio geográfico que le rodea, pero esta no se corresponde con la realidad objetiva sino con la percepción que cada uno tiene de su entorno. En consecuencia, los mapas mentales muestran la percepción subjetiva del medio geográfico, y representan el conocimiento personal de la organización espacial del entorno propio, así como la información que se tiene de los atributos relacionados con cada espacio, además de las emociones que genera ese espacio en cada persona.
Según el geógrafo Roger Downs (1981) “el mapa cognitivo es una metáfora del mapa cartográfico y también es una metáfora del conocimiento espacial realmente almacenado por el individuo, ya que este conocimiento es diferente, más complejo, con más matices y discontinuidades, etc. que lo que se llega a reflejar en su externalización en forma de mapa cognitivo”. Este tipo de mapa, comparado con la cartografía científica, suele falsear y distorsionar las distancias o las superficies; sin embargo, representa la realidad que cada persona piensa que tiene alrededor. Por ejemplo, sobre una comarca de montaña, la cartografía científica trazaría un mapa de acuerdo a unas proyecciones, una escala, una orientación, unas coordenadas geográficas, unas referencias de altitud y unas proporciones matemáticas. Un mapa mental sobre esa misma comarca reflejará lo que cada uno de sus habitantes ve de acuerdo a sus percepciones individuales y a su memoria, destacará unos elementos más que otros, y en él unas distancias resultarán más largas de lo que en realidad son y otras más cortas. Posiblemente, todos los mapas mentales de esa misma comarca serán parecidos entre sí cuando sean realizados por sus habitantes, pero los realizados por visitantes ocasionales o un turista serán totalmente diferentes. La imagen mental del medio geográfico en el que se desarrolla la vida actúa como una especie de filtro de la realidad que condiciona el comportamiento espacial y las actividades de las personas.
Los mapas mentales ayudan a explicar tomas de decisiones y comportamientos en temas tan distintos como la emigración y el turismo (predisposición para desplazarse a unos lugares u otros) o la localización industrial (preferencia por una localidad u otra para instalar una empresa).
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GEOGRAFÍA DE LA PERCEPCIÓN Y DEL COMPORTAMIENTO
Los mapas mentales surgen como resultado de un enfoque geográfico nacido en la década de 1960 que ponía en relación los estudios espaciales con la Psicología y las teorías conductistas. Este enfoque, iniciado por David Lowenthal dentro de las perspectivas fenomenológicas y conocido como geografía de la percepción y el comportamiento, criticaba la pretendida objetividad de la Geografía que había existido hasta el momento. A cambio, abogaba por dar una mayor importancia a ciertos aspectos espaciales más subjetivos. De esta manera se querían identificar y analizar ciertos problemas geográficos que hasta ese momento habían permanecido ocultos para la ciencia.
Si la Geografía analiza las relaciones del ser humano y el medio, debe tener en cuenta que, en su relación con el medio, cada ser humano no utiliza siempre la perspectiva lógica y racional propia de la ciencia moderna, sino que se rige por criterios propios. Hay muchos elementos que ejercen su influencia sobre las personas y condicionan su comportamiento, por ejemplo, las emociones (impulsos y manifestaciones de excitación ante ciertos acontecimientos que nos conducen a actuar), las motivaciones (voluntad de buscar algo que se percibe como imprescindible para satisfacer una necesidad o un deseo) y las actitudes (predisposición aprendida, ya sea negativa o positiva, hacia algo; es el caso de los estereotipos o imágenes previas que tiene la mente humana y que se aceptan por inercia, sin contrastarlas y sin someterlas al análisis de la razón).
Cuando la razón no se deja llevar por las emociones, motivaciones y actitudes previas para tomar una decisión y logra actuar sin esos condicionantes, existe otro elemento que modifica los criterios de decisión. Se trata de la información recibida. El cerebro humano se encuentra entonces con otros problemas: la información siempre es incompleta dado su ingente volumen, puede estar sesgada intencionadamente (es decir, manipulada por terceros que defienden determinados intereses) y puede ser incomprensible, ya que no todas las personas son capaces de asimilar el mismo tipo de información.
En definitiva, para la Geografía de la percepción y el comportamiento la relación del ser humano con el medio está condicionada principalmente por todos estos elementos. Las decisiones no se toman respecto al medio real, sino respecto a la imagen personal del medio, a la percepción propia del espacio.
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PERCEPCIÓN DEL ESPACIO
La percepción que las personas tenemos del espacio se organiza en tres niveles o escalas diferentes, que van de lo más próximo a lo más lejano:
Espacio personal. Se trata del microespacio más íntimo de la persona. Se relaciona normalmente con el domicilio o una parte de este. Es un espacio tan pequeño y particular que las emociones juegan un importante papel en la imagen que de él se forma la mente.
Espacio de vida. Tiene dos partes. Por un lado el espacio cotidiano donde se realizan la vida diaria y los desplazamientos habituales (trabajo, compras, paseos, visitas…), en el que la experiencia personal tiene un papel fundamental a la hora de componer la imagen del medio. Por otro, el espacio próximo, conocido y quizás recorrido ocasionalmente, en el que la información de otras personas cercanas o las noticias de prensa local influyen decisivamente a la hora de componer la imagen mental. Por ejemplo, alguna localidad cercana, o algún barrio de la ciudad apenas frecuentado.
Espacio lejano o marginal. Es el espacio que está al margen de la experiencia vivida. Es un espacio lejano, quizás no en distancia, pero sí en cuanto a la relación que la persona tiene con él. En este espacio las imágenes dependen de estereotipos culturales. Los grandes medios de comunicación (Internet, televisión, radio...), con las informaciones que transmiten, contribuyen de forma decisiva a formar la imagen de los espacios marginales o periféricos que la persona desconoce.
La percepción del espacio hace que, determinados lugares, que están a una corta distancia en metros, resulten mucho más alejados que otros que se encuentran a cientos de kilómetros. Así, muchas personas no recorrerán nunca determinadas calles o barrios de su ciudad porque los perciben como peligrosos o desagradables. Igualmente, a muchas personas en Reino Unido les resulta más cercana Norteamérica y se desplazarán allí antes que al Sahara, localizado a menos kilómetros. Igualmente, muchos dominicanos y ecuatorianos se trasladarán antes a España que hasta Estados Unidos que sin embargo, está a una distancia menor.
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LOS MAPAS MENTALES EN DIVERSAS DISCIPLINAS
El término de mapa cognitivo se ha utilizado para profundizar en la construcción de las ideas espaciales en otras disciplinas y ramas de la Geografía. El urbanista Kevin Lynch (1960) constató que los individuos construimos una representación de nuestro entorno mediante procesos en gran parte comunes; por ejemplo, los ciudadanos de una misma ciudad crean una imagen pública de esta común a todos ellos. Igualmente, gracias a la geografía humanística se añadió el componente afectivo y simbólico en la comprensión e interpretación del espacio al constatar la importancia de las vivencias y el valor emocional en el sujeto a la hora de la representación espacial, convirtiendo los espacios en 'lugares' cargados de significación.
Stanley Milgram, en su estudio sobre París de 1976, aporta la 'legibilidad social' frente a la 'legibilidad visual' de Lynch. En su investigación, la ciudad adquiere en la mente de los individuos un carácter jerarquizado, más allá de la mera interpretación del mapa cognitivo.
Desde el campo de la Psicología se han realizado importantes aportaciones al mapa cognitivo. En un manual de psicología ambiental publicado en 1913 apareció el término ‘mapa imaginario’ aceptado por el geógrafo Trowbridge (Fundamental Methods of Orientation and 'Imaginary Maps'), quien estudiaba la representación cognitiva del ambiente a gran escala, suponiendo que las personas generan imágenes que les permiten fijar direcciones entre ciudades.
Sin embargo, el término mapa cognitivo se debe al psicólogo conductista Edward C. Tolman y a su artículo, escrito en 1948, Cognitive Maps in Rats and Men, en el que concluyó que las ratas parecían poseer en sus cerebros algo así como un mapa de rutas que les permitía relacionar elementos espaciales y gracias a este, en último término, se determinaba su comportamiento.
En 1966, el geógrafo estadounidense Peter Gould sorprendió al mundo entero con su libro sobre los mapas mentales (On Mental Maps, 1966). En español han sido variados los trabajos realizados: J. Estébanez (Problemas de interpretación y valoración de los mapas mentales, 1981); C. de Castro (La búsqueda de datos para mapas cognitivos, 1997); A. García Ballesteros y J. Bosque Sendra (El espacio subjetivo de Segovia, 1989); G. Ponce, J.M. Dávila y Mª R Navalón (Análisis urbano de Petrer; estructura urbana y ciudad percibida, 1994); y J. Boira (La ciudad de Valencia y su imagen pública, 1992), entre otros.
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ELABORACIÓN DE MAPAS MENTALES
La imagen mental que cada persona tiene en su cerebro puede expresarse a través de un mapa mental. Al igual que la imagen personal del medio, el mapa también es una expresión subjetiva.
Kevin Lynch, en sus trabajos realizados sobre el espacio urbano que comenzó en 1960, identificó una serie de elementos que utilizaban las personas al componer sus imágenes espaciales; estos eran los que más aparecían cada vez que se trasladaba la imagen del medio a un mapa mental. Clasificó dichos los elementos en:
Sendas o caminos. Son los canales a través de los cuales las personas realizan sus desplazamientos (calles, caminos, carreteras…).
Nodos. Son los focos o núcleos en los que las personas se detienen para actuar (domicilio, lugar de trabajo, colegio…). En muchas ocasiones son simples concentraciones o cruces de caminos.
Distritos. Son las áreas a las que las personas reconocen una individualidad. Pueden tener un tamaño muy diferente, desde una manzana, un valle, una ladera, una provincia…
Bordes. Son líneas que delimitan el espacio, en general todo aquello que no se utiliza como senda, que se percibe como un obstáculo o barrera para el tránsito, o que constituye una discontinuidad espacial (una gran autopista, una vía de tren, un río…).
Hitos. Son los referentes espaciales que las personas singularizan y gracias a los cuales pueden orientarse, aunque no estén en su camino (una estatua, una fuente, un edificio emblemático, una montaña…).
En origen, estos elementos espaciales se referían al medio urbano porque allí se hicieron los primeros estudios en ese sentido; sin embargo, hoy se aplican también para la elaboración de un mapa mental en el medio rural e, incluso, en el medio natural.

Sistema de Información Geográfica





Sistema de Información Geográfica
GPS
Receptor GPS
Un receptor GPS (Sistema de Posicionamiento Global) está conectado a una red de satélites artificiales para poder dar al usuario del receptor su localización mediante coordenadas. Algunas unidades GPS pueden cargarse con mapas georreferenciados (basados en un Sistema de Información Geográfica o SIG) con el fin de conocer mejor el lugar donde estamos o trazar rutas a seguir.


Sistema de Información Geográfica (SIG o GIS según las siglas inglesas), conjunto de herramientas informáticas que captura, almacena, transforma, analiza, gestiona y edita datos geográficos (referenciados espacialmente a la superficie de la Tierra) con el fin de obtener información territorial para resolver problemas complejos de planificación, gestión y toma de decisiones apoyándose en la cartografía. Un SIG es un sistema geográfico porque permite la creación de mapas y el análisis espacial, es decir, la modelización espacial; es un sistema de información porque orienta en la gestión, procesa datos almacenados previamente y permite eficaces consultas espaciales repetitivas y estandarizadas que permiten añadir valor a la información gestionada; y es un sistema informático con hardware y software especializados que tratan los datos obtenidos (bases de datos espaciales) y son manejados por personas expertas.
Los datos geográficos o entidades espaciales georreferenciadas aparecen almacenados de diversas formas: como puntos, líneas, polígonos, redes (combinación de puntos y líneas) o superficies (combinación de redes y altitud). La referenciación espacial o georreferenciación es el medio por el cual los datos geográficos se relacionan con una localización, con el lugar en el que están. Algunos de los sistemas más comunes son: las coordenadas geográficas (latitud y longitud en una esfera), la malla de coordenadas rectangulares (proyección sobre una superficie plana) y un sistema sin coordenadas (por ejemplo, las secciones artificiales de USA o los distritos postales). Los datos geográficos se caracterizan por su posición (proyecciones cartográficas y coordenadas), su relación espacial con otras entidades o topología (conectividad, contención, adyacencia) y sus atributos (por ejemplo, carretera de 2º orden, afluente, etc.).
Muchas bases de datos de los SIG consisten en conjuntos de datos que se agrupan en capas. Cada capa representa un determinado tipo de información geográfica. Por ejemplo, una capa puede incluir información sobre las calles de un espacio urbano, otra sobre los suelos de esa área, mientras que una tercera puede contener los datos sobre la altitud del terreno. Los SIG pueden combinar esas capas en una sola imagen, mostrando como las calles, los suelos y la altitud están relacionados entre sí; de este modo, los ingenieros pueden, por ejemplo, a partir de esa imagen, determinar si una parte concreta de una calle podría llegar a derrumbarse. Una base de datos de un SIG (la mayor parte son relacionales y en la actualidad se están incorporando las orientadas a objetos) puede incluir un gran número de capas. Además, se pueden generar imágenes de un área en dos o tres dimensiones, representando elementos naturales como colinas o ríos, junto a elementos artificiales como carreteras, tendidos eléctricos, núcleos urbanos o estaciones de metro.
Un SIG está diseñado para aceptar datos de una gran variedad de fuentes, ya sean mapas, fotografías aéreas, imágenes de satélite, datos GPS o estadísticas. Así, algunos de los programas SIG permiten escanear los datos externos: la persona que trabaja con el ordenador coloca una fotografía en el escáner; el ordenador lee la información que contiene; el SIG convierte todos los datos geográficos en un código digital que se halla dispuesto en su base de datos, y es programado para que procese la información y obtener así las imágenes o la información que se necesita.
Las aplicaciones de un SIG son amplias y continúan aumentando: sirve para la elaboración de mapas (temáticos, locacionales, en relieve...) y composiciones cartográficas al añadir gráficos y tablas enlazados con los mapas; crea mapas activos (hot-linking) con posibilidades infinitas para los multimedia (vídeo, fotos, animaciones...) y la web; posibilita la generación de escenarios y realidad virtual, dibujos en perspectiva realista, vuelos virtuales, 3D, etc. ; ofrece información para decidir una localización óptima o el mejor emplazamiento de una antena de telefonía móvil o de una presa; ayuda en la realización de estudios de mercado (geomarketing) y en el planeamiento estratégico para mejorar los servicios de las empresas; se utiliza en el trazado de rutas o routing (comerciales, de emergencia en el caso de policía y bomberos, red de alcantarillado, etc.); permite crear inventarios de recursos naturales y humanos (catastros), la investigación de los cambios producidos en el medio ambiente, la cartografía de usos del suelo y la prevención de incendios, etc.
El gobierno canadiense construyó el primer SIG (el Sistema de Información Geográfica de Canadá) en la década de 1960 para analizar los datos recogidos por el inventario territorial de Canadá. Luego otros gobiernos y laboratorios de universidades crearon sistemas parecidos. Sin embargo, los SIG no se utilizaron de forma generalizada hasta finales de la década de 1970, cuando los avances tecnológicos y los más bajos costes hicieron que los ordenadores fueran más accesibles para todos. En la década de 1980 aumentaron las ventas de SIG, ya que los gobiernos y las empresas encontraron nuevas aplicaciones para estos sistemas. Un gran número de compañías comenzó a producir nuevos programas de SIG para sistemas de programación de computadoras con el fin de aumentar sus funciones. A comienzos de la década de 1990 estaban funcionando, aproximadamente, cien mil Sistemas de Información Geográfica y hoy esta cifra se ha triplicado.

Sistema industrial





Sistema industrial
División del trabajo en la industria
La división del trabajo es un principio básico de la industrialización. En la división de trabajo, cada trabajador es asignado a un cometido diferente, o fase, en el proceso de fabricación, y como resultado, la producción total aumenta. Como muestra la ilustración, si una persona realiza las cinco fases en la fabricación de un producto puede hacer una unidad al día. Cinco trabajadores, cada uno especializado en una de las cinco fases, pueden hacer 10 unidades en el mismo tiempo.

Sistema industrial, acuerdo laboral en el que una serie de personas cooperan para producir bienes de consumo. Hoy en día, el término industria se emplea normalmente para referirse a un gran establecimiento que emplea a muchas personas para la producción en serie de bienes de consumo o industriales. Sin embargo, el sistema industrial existe desde hace mucho tiempo.
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HISTORIA
Se han descubierto alfarerías en Grecia y Roma. En varias zonas del Imperio romano las fábricas producían cristalería, artículos de bronce y otros productos similares, elaborados tanto para la exportación como para el consumo interno. En la edad media, en las ciudades de Antioquía y de Tiro existían grandes fábricas de seda; en Europa, durante la baja edad media se instalaron fábricas textiles en varios países, fundamentalmente en Italia, Flandes (la actual Bélgica), Francia e Inglaterra.
Durante el renacimiento los avances científicos, el contacto con el Nuevo Mundo y el desarrollo de nuevas rutas comerciales con el Lejano Oriente estimularon la actividad comercial y la demanda de bienes manufacturados, y de esta forma se promovió la industrialización. En Europa occidental, y concretamente en Inglaterra, durante los siglos XVI y XVII se crearon muchas fábricas para producir bienes tales como papel, armas de fuego, pólvora, hierro colado, vidrio, vestimentas, cerveza y jabón. Aunque en determinados establecimientos se utilizaban grandes máquinas, que funcionaban con sistemas hidráulicos en algunos lugares, los procesos industriales solían utilizar el trabajo como mano de obra y herramientas simples. A diferencia de las modernas fábricas mecanizadas con cadenas de montaje, las fábricas eran meramente grandes talleres en los que cada trabajador operaba independientemente. Tampoco eran las fábricas los lugares de producción habituales; aunque algunos trabajadores podían utilizar las herramientas de su patrón y trabajaban en su local, la mayor parte de la producción se llevaba a cabo siguiendo un sistema doméstico, mediante el cual los trabajadores recibían las materias primas, trabajaban en su casa, devolvían los artículos manufacturados y se les pagaba su trabajo.
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DESARROLLO DEL SISTEMA INDUSTRIAL
El sistema industrial, que en un momento dado reemplazó al sistema doméstico y se convirtió en el mecanismo típico de producción de las economías modernas, empezó a desarrollarse a finales del siglo XVIII, cuando una serie de inventos transformaron la industria textil británica marcando el inicio de la Revolución Industrial. Entre los inventos más importantes destacan la lanzadera volante patentada en 1733 por John Kay, la máquina de hilar spinning jenny de James Hargreaves, la máquina hiladora hidráulica (1769) de Richard Arkwright, la hiladora (1779) de Samuel Crompton y el telar mecánico (1785) de Edmund Cartwright. Estos inventos mecanizaron gran parte de los procesos manuales que se utilizaban para hilar y tejer y facilitaron la producción de textiles con mayor rapidez y más baratos. La mayoría de estas nuevas máquinas eran demasiado grandes y caras para que se utilizaran en los hogares, por lo que se hizo necesario el trasladar la producción a las fábricas.
Uno de los principales avances tecnológicos del principio de la Revolución Industrial fue la invención de la máquina de vapor. Cuando se mecanizaron por primera vez las fábricas textiles sólo se disponía de la energía hidráulica para hacer funcionar las máquinas y el propietario se veía obligado a situar la fábrica cerca de una fuente de agua, la cual, a veces, se encontraba en un área poco adecuada y lejos de la oferta de trabajo. Después de 1785, fecha en la que se instaló por primera vez una máquina de vapor en una fábrica de algodón, el vapor empezó a sustituir al agua como fuerza motriz. Los productores podían establecer fábricas más cercanas a la oferta de trabajo y a los mercados de bienes. El desarrollo de la locomotora y de los barcos de vapor a principios del siglo XIX permitió enviar los productos manufacturados hacia mercados lejanos más rápida y económicamente, y así se favoreció la industrialización.
El método de Arkwright para hilar fue introducido en los Estados Unidos en 1790 por Samuel Slater, quien estableció una fábrica en Pawtucket, Rhode Island. En 1814, en una fábrica de algodón de Waltham, Massachusetts, se combinaron por primera vez bajo el mismo techo todos los pasos de un proceso industrial; en esta fábrica el algodón llegaba como fibra en bruto y salía en forma de bienes manufacturados listos para su venta.
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PRODUCCIÓN EN SERIE
Los textiles, y concretamente los de algodón, fueron los principales productos manufacturados de principios del siglo XIX. En aquellos años se estaban inventando nuevas máquinas y técnicas que permitían extender el sistema fabril a otras industrias. El inventor norteamericano Eli Whitney, que promovió la producción de textiles en Estados Unidos al inventar la desmotadora en 1793, llevó a cabo otra contribución al menos igual de importante al sistema fabril al desarrollar la idea de utilizar partes recambiables para las armas. Estas partes recambiables, con las que Whitney empezó a experimentar en 1798, hicieron que en un determinado momento fuese posible utilizar la técnica de la cadena de montaje en vez de trabajar por encargos, y de reparar las armas rápidamente utilizando partes prefabricadas. La idea de los recambios se aplicó a la producción de relojes a partir de 1820. Posteriormente, en la década de 1850, en Waltham, Massachusetts, se utilizaron por primera vez máquinas automáticas para producir relojes en serie en una única fábrica. Así, a mediados del siglo XIX, las fábricas estadounidenses habían empezado a desarrollar el aspecto más destacable del sistema de producción moderno: la fabricación en serie de productos homogéneos.
La industria del vestido se revolucionó con la máquina de coser y experimentó una tremenda expansión durante la década de 1860. Espoleadas por la urgente demanda de uniformes durante la Guerra de la Independencia norteamericana, las fábricas de vestidos desarrollaron tallas en serie, un requisito indispensable para la producción en serie de vestidos. Al mismo tiempo, la demanda militar de zapatos favoreció la creación de una máquina para coser zapatos que permitía la producción en cadena de calzado.
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DESARROLLOS MODERNOS
Cuando empezó el siglo XX el sistema fabril predominaba en Estados Unidos y en gran parte de Europa occidental. Su mayor desarrollo en Europa se alcanzó en Alemania, Inglaterra, Holanda y Bélgica, que se convirtieron fundamentalmente en importadores de alimentos y materias primas y en exportadores de bienes manufacturados. En 1913 Henry Ford, el pionero fabricante de motores, realizó una enorme contribución a la difusión del sistema fabril cuando introdujo las técnicas de las cadenas de montaje en la producción de coches en la fábrica de motores Ford. Con el tiempo, el sistema fabril se extendió a Oriente, donde la mano de obra barata atraía al capital de los países industrializados de Occidente. Japón, que inició su industrialización a finales del siglo XIX, se convirtió rápidamente en una de las principales potencias industriales de Asia y en un serio competidor para los países occidentales.
El desarrollo del sistema fabril tiende, en general, hacia fábricas con mayores inversiones de capital por trabajador. Sin embargo, mediada la década de 1980 muchas fábricas occidentales empezaron a padecer serios problemas en las industrias manufactureras, especialmente en lo que concierne a la producción de textiles, aceros, coches, maquinaria y equipos electrónicos. Una de las principales preocupaciones era la proliferación de importaciones foráneas baratas. Los recortes en estas industrias han conllevado una reestructuración de los negocios y cierre de fábricas, con las consiguientes pérdidas de empleos e incluso la ruina económica de algunas regiones. Esto es el reflejo del desplazamiento del sistema fabril hacia países en desarrollo, donde los costes laborales son más baratos.
Otras tendencias importantes han sido la ascensión a posiciones de liderazgo de gestores profesionales que analizan la organización y el funcionamiento de las fábricas desde una óptica científica, y el desarrollo y utilización de equipos cada vez más sofisticados en el funcionamiento de las fábricas. Algunas máquinas, con la ayuda de ordenadores, semiconductores, robots y otras innovaciones tecnológicas de la segunda mitad del siglo XX, se autocontrolan de tal manera que se puede hacer funcionar una fábrica empleando a muy pocos trabajadores para manejar los paneles de control. Este método de producción ha implicado muchos cambios económicos, que pueden ser tan importantes como los que se derivaron de la Revolución Industrial.
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CONDICIONES LABORALES EN LAS FÁBRICAS
La introducción del sistema fabril tuvo importantes repercusiones en las relaciones sociales y en las condiciones de vida. Antaño, tanto el señor feudal como el maestro de un gremio asumían responsabilidades respecto al bienestar de los siervos, aprendices y jornaleros que trabajaban para ellos. Por el contrario, los propietarios de las fábricas consideraban que quedaban liberados de sus obligaciones hacia sus empleados con el mero pago de los salarios; así, casi todos los propietarios adoptaron una actitud impersonal hacia los trabajadores de sus fábricas. Esto se debía, en parte, a que no se requería una preparación o una fuerza especial para manejar las nuevas máquinas de las fábricas, y los propietarios de las primeras industrias, que solían estar más interesados en una mano de obra barata que en la cualificación de sus trabajadores, empleaban a mujeres y niños, que eran contratados con salarios menores que los hombres. Estos empleados mal pagados tenían que trabajar hasta dieciséis horas diarias y estaban sometidos a presiones, incluso a castigos físicos, en un intento de que acelerasen la producción. Puesto que ni las máquinas ni los métodos de trabajo estaban diseñados en aras de la seguridad, las mutilaciones y los accidentes mortales eran frecuentes. En 1802 la explotación de niños pobres provocó la primera legislación sobre la producción fabril en Inglaterra. Aquella ley, que limitaba la jornada laboral infantil a doce horas, y otras disposiciones posteriores que regulaban el trabajo infantil no fueron rigurosamente aplicadas.
Los trabajadores de las primeras ciudades obreras no estaban en condiciones de luchar por sus propios intereses contra los propietarios de las fábricas. Las primeras fábricas de algodón se establecieron en pequeños pueblos en los que todas las tiendas y todos los habitantes dependían de la fábrica para vivir. Pocos eran los que se atrevían a desafiar la voluntad de la persona que poseía la fábrica y que controlaba la vida de los trabajadores tanto dentro como fuera del trabajo. Las largas horas de trabajo y los bajos salarios evitaban que el trabajador dejara el pueblo o pudiera ser influenciado desde fuera. Después, cuando las fábricas se establecieron en poblaciones más grandes, las desventajas de las ciudades obreras dieron lugar a aberraciones tales como la explotación en las fábricas y los barrios proletarios. Además, el fenómeno de los ciclos económicos empezaba a surgir, sometiendo a los trabajadores a la amenaza periódica del desempleo.
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REFORMAS Y CAMBIOS
A principios del siglo XIX las condiciones de vida de los trabajadores en el sistema fabril habían despertado la inquietud de algunos propietarios. Uno de los que abogaban por las reformas era Robert Owen, un capitalista británico propietario de una fábrica de algodón, que se había hecho a sí mismo. Owen quiso dar ejemplo transformando un pequeño pueblo obrero de Escocia llamado New Lanark en una comunidad industrial modélica entre 1815 y 1828. En New Lanark los salarios eran más elevados y se trabajaban menos horas, los niños permanecían lejos de las fábricas e iban a la escuela, las casas de los empleados eran las mejores de la época y, aún así, la fábrica conseguía sustanciosos beneficios. En esta época se estaban empezando a desarrollar los modernos sindicatos en las islas Británicas y Owen intentó organizarlos en un único movimiento nacional. Su objetivo era mejorar las condiciones de vida de los trabajadores, así como provocar reformas sociales y económicas fundamentales. Su interés por las crecientes diferencias entre capitalistas y trabajadores era compartido por teóricos de la economía como los franceses Charles Fourier, Claude Henri de Saint-Simon y Pierre Joseph Proudhon y los alemanes Karl Marx y Friedrich Engels, cada uno de los cuales analizó los procesos de la moderna sociedad industrial y plantearon reformas industriales y sociales.
Con el tiempo, las protestas organizadas obligaron a los capitalistas a corregir algunos de los abusos más graves. Los trabajadores se manifestaban y lograron obtener el derecho al voto y crearon partidos políticos y sindicatos de trabajadores. Los sindicatos, no sin muchas luchas y contratiempos, consiguieron importantes concesiones de los empresarios y de los gobiernos, además del derecho a organizarse y representarse a sí mismos en las negociaciones, y los aspectos y problemas relacionados con el sistema fabril pasaron a formar parte prominente de las modernas formulaciones de la teoría económica y política, enmarcadas en la disciplina de las relaciones laborales. En la Unión Soviética, China y otros estados comunistas, la fábrica se convirtió en la unidad política, social y, también, industrial. No obstante, los abusos del sistema fabril siguen prevaleciendo en muchos países en desarrollo.
Una de las consecuencias importantes, a menudo olvidada, del sistema fabril es que facilitó la emancipación de la mujer. La fábrica, al proporcionar a las mujeres la ocasión de ganar un salario, les permitió ser económicamente independientes. Así, la industrialización empezó a cambiar las relaciones familiares y la situación económica de la mujer.
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LA INSPECCIÓN DE LAS FÁBRICAS
La inspección de las fábricas por parte de instituciones sociales empezó en Inglaterra a principios del siglo XIX, como respuesta a las protestas públicas por las condiciones laborales de las mujeres y los niños trabajadores. Posteriormente, en todos los lugares donde se difundió el sistema fabril los gobiernos adoptaron reglamentos contra las condiciones de insalubridad y de peligrosidad. Así, se unificó un código regulador de las fábricas en todos los países industrializados. Estos códigos establecían restricciones al trabajo infantil y limitaban las horas de trabajo, regulaban las condiciones sanitarias y la instalación de medidas de seguridad y reforzaban las reglas sobre seguridad, la vigilancia médica, la ventilación adecuada, la eliminación de la explotación en las fábricas y la puesta en práctica del salario mínimo. Una institución reguladora importante fue la Asociación Internacional para la Inspección de las Fábricas, creada en 1886 en Canadá y catorce estados de Estados Unidos. La Organización Internacional del Trabajo, en cooperación primero con la Sociedad de Naciones y después con las Naciones Unidas, unificó los reglamentos sobre las condiciones en las fábricas de todo el mundo, aunque no se ha llegado a garantizar la aplicación de estas medidas.

Sistema experto





Sistema experto
Sistema experto, tipo de programa de aplicación informática que adopta decisiones o resuelve problemas de un determinado campo, como las finanzas o la medicina, utilizando los conocimientos y las reglas analíticas definidas por los expertos en dicho campo. Los expertos solucionan los problemas utilizando una combinación de conocimientos basados en hechos y en su capacidad de razonamiento. En los sistemas expertos, estos dos elementos básicos están contenidos en dos componentes separados, aunque relacionados: una base de conocimientos y una máquina de deducción, o de inferencia. La base de conocimientos proporciona hechos objetivos y reglas sobre el tema, mientras que la máquina de deducción proporciona la capacidad de razonamiento que permite al sistema experto extraer conclusiones. Los sistemas expertos facilitan también herramientas adicionales en forma de interfaces de usuario y los mecanismos de explicación. Las interfaces de usuario, al igual que en cualquier otra aplicación, permiten al usuario formular consultas, proporcionar información e interactuar de otras formas con el sistema. Los mecanismos de explicación, la parte más fascinante de los sistemas expertos, permiten a los sistemas explicar o justificar sus conclusiones, y también posibilitan a los programadores verificar el funcionamiento de los propios sistemas. Los sistemas expertos comenzaron a aparecer en la década de 1960. Sus campos de aplicación son la química, la geología, la medicina, la banca e inversiones y los seguros. 

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