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El invento de los Pararrayos





Pararrayos, dispositivo formado por una o más barras metálicas terminadas en punta y unidas entre sí y con la tierra, o con el agua, mediante conductores metálicos, y que se coloca sobre los edificios o los buques para preservarlos de los efectos del rayo.
El rayo se debe a un desequilibrio eléctrico entre nubes, o entre la tierra y las nubes. Si la base de la nube está cargada negativamente, atrae cargas positivas de la tierra que está debajo. La diferencia de potencial aumenta hasta que tiene lugar una repentina descarga, el rayo, que neutraliza de nuevo las cargas en la nube y la tierra.
La mayoría de los pararrayos están fundados en el efecto de las puntas, o tendencia de las cargas a escapar por las regiones de máxima curvatura; en este efecto se basó el pararrayos de Benjamin Franklin. El campo eléctrico en el extremo del pararrayos es lo suficientemente intenso para ionizar el aire y estas cargas, opuestas a las de la nube, escapan hasta neutralizar o disminuir la diferencia de potencial existente entre la tierra y la nube, que podría dar lugar a la descarga eléctrica en forma de rayo. Por otro lado, cuando el rayo descarga sobre el pararrayos, la carga se desliza hasta el suelo sin causar daño.
deZ � m r �a7 *: minoría (los poderosos), la moral de la mayoría (los débiles), es invertir los valores.
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EL ORIGEN DE LA JUSTICIA: LA MALA CONCIENCIA
El moralismo social transforma al hombre en previsible y, por lo tanto, en gobernable. La ejemplaridad de los castigos y la memorización de las sanciones permiten sojuzgar al hombre, que conserva en la memoria sus promesas negativas (“yo no haré esto” o “yo no quiero”) con el fin de beneficiarse de las ventajas compensatorias de la sumisión que le ofrece la sociedad. Más que ser amo de los demás, se trata, para Nietzsche, de hacer que el hombre sea el libre amo de sí mismo y de sus promesas (poderoso con respecto a sí mismo) y no de que la voluntad de poder se pueda ejercer de forma ciega sobre el otro.
Faltas, deudas, dolores y daños son equivalentes: hay compensación y, por lo tanto, una invitación a la crueldad entre el acreedor y el deudor a quien se le impone la “memoria” de lo que promete, “obligándole” (ataque a las ideas kantianas). Esta compensación es el resultado de una estimación y funda juicios de valor. La memoria de la promesa funda la “mala conciencia” y el sentimiento de culpabilidad. El ser humano expulsa su rebeldía y la pone contra él mismo, impidiendo que sus instintos se liberen. Los poderosos imponen así fácilmente su justicia: el origen del Estado no es nada más que un contrato. Nietzsche deseaba que el ser humano encontrara su “gran salud” en la espontaneidad de una vida en la que la agresividad natural no fuese completamente expulsada, sino exprimida de manera positiva.
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LOS IDEALES ASCÉTICOS
La contemplación estética reemplaza al instinto sexual y lo anestesia. El ascetismo es una vía hacia la independencia pero bloquea, igualmente, la expresión natural de la vida. El ideal ascético domina a los que sufren. El individuo “enfermo” está en afinidad con los demás “desheredados” a quienes él culpabiliza responsabilizándolos de su propia desgracia. Él les “prescribe” la idea de liberación como un hipnótico propio, desviando la atención de su sufrimiento, lo que puede también realizar el trabajo. El sacerdote, sin embargo, otorga a sus “enfermos” un semblante de consolación predicando el amor al prójimo. Los débiles se reagrupan entonces en “rebaños”, dándose así la apariencia de un cierto poder sostenido por su “pequeña alegría” tranquilizadora de la mutua benevolencia pero bloqueando, una vez más, la rebelión de estos mismos. Nietzsche habla de la neurosis religiosa (la fe salva fundando la ilusión).
El hombre se aferra a la creencia de la verdad, pero “nada es verdad y todo está permitido” a los espíritus libres. La búsqueda moral permanece, a pesar de todo, en una búsqueda de la verdad. Pues el hombre libre es él mismo creador de valores morales, como un artista que sabe manejar la apariencia, un simulacro y la distorsión visual. Desde el punto de vista político, Nietzsche se inclina, a fin de cuentas, hacia “una anarquía proveniente del proletariado cultivado”. Además, en este tratado, Nietzsche anuncia el psicoanálisis de Sigmund Freud, cuyos conceptos son expuestos y exhaustivamente definidos (represión, prohibición, neurosis religiosa y sublimación).

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