El Ensayo




Ensayo, composición literaria que tiene por objeto presentar las ideas del autor sobre un tema y que se centra, por lo general, en un aspecto concreto. Con frecuencia, aunque no siempre, el ensayo es breve y presenta un estilo informal. El género se diferencia así de otras formas de exposición como la tesis, la disertación o el tratado.
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ORIGEN DEL ENSAYO
Michel de Montaigne
El escritor francés del siglo XVI Michel de Montaigne fue el creador del ensayo, el género literario más apropiado para transmitir ideas y críticas. En 1580 publicó sus dos primeros volúmenes de Ensayos y en 1588 el tercero. Mientras sus primeras obras giran alrededor de temas como la muerte y el dolor, sus últimos ensayos se centran más bien en el conocimiento y la naturaleza de la bondad.

Si bien algunas obras de escritores latinos como Cicerón, Séneca y Plutarco pueden considerarse prototipos del género, el ensayo es fundamentalmente creación del escritor francés Michel Eyquem de Montaigne. El desarrollo de esta forma literaria es resultado de la preocupación por el ser humano demostrada durante el renacimiento, que estimuló la exploración del yo interior en relación con el mundo exterior. Los Ensayos de Montaigne (como el propio autor quiso llamar a las breves y personales meditaciones en prosa que comenzó a publicar en 1580) surgieron en una época de grandes cambios intelectuales y sociales; un periodo en el que los europeos revisaron sus opiniones y valores sobre temas de muy diversa naturaleza: la muerte y la posibilidad de una vida futura, el viaje y la exploración o las relaciones sociales. Temas que todavía hoy son los principales asuntos del ensayo contemporáneo.
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ANONIMATO Y SEUDÓNIMOS
Joseph Addison
El poeta, ensayista y político inglés Joseph Addison (1672-1719) tuvo gran influencia en la literatura del siglo XVIII por sus contribuciones en el campo del ensayo y por su recuperación de la balada como género.

El declive del individualismo renacentista animó a los ensayistas a escribir bajo seudónimo o permanecer en el anonimato. No obstante, los temas que abordaban seguían estando condicionados por sus puntos de vista personales. El uso del seudónimo a menudo persuadía a los lectores de tener algo en común con el autor. Así por ejemplo, no sólo con el fin de protegerse sino también con la voluntad de establecer una relación con sus lectores, el escritor satírico irlandés Jonathan Swift firmó Las cartas del pañero (1724-1725) con el nombre de Un pañero, y fingió ser un economista en Modesta proposición para impedir que los hijos de los pobres de Irlanda sean una carga para sus padres o para el país (1729). En ambas obras ofrece comentarios sumamente provocadores sobre las condiciones de vida en Irlanda. Otros autores contemporáneos de Swift, como Joseph Addison y Richard Steele se proponían reflejar las observaciones de un ciudadano del mundo sobre cuestiones políticas y sociales. Charles Lamb, uno de los grandes maestros ingleses del género, utilizó el seudónimo de El amable Elia, nombre que tomó prestado de un clérigo. El novelista William Makepeace Thackeray firmó Los papeles de Yellowplush (1837-1838) que pretenden ser las observaciones de un ciudadano corriente sobre cuestiones sociales y literarias con el seudónimo de Michael Angelo Titmarsh.
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DIVERSOS ESTILOS DE ENSAYO
Norman Mailer
Las obras del estadounidense Norman Mailer (1923-2007) a menudo abordaban impulsos subconscientes y reflejaban la visión política liberal de su autor.

Comoquiera el ensayo se presta a la expresión de un amplio espectro de preocupaciones personales y su estilo no es ni mucho menos fijo. Ni siquiera se inscribe en los límites de la prosa, como ponen de manifiesto los poemas de Alexander Pope, Ensayo sobre la crítica (1711) y Ensayo sobre el hombre (1733). El ensayo es un género flexible que el autor desarrolla y cultiva a su antojo. Puede ser de carácter formal, como los Ensayos o consejos civiles y morales (1527-1625) del filósofo y estadista inglés Francis Bacon; o distendido y coloquial, como Sobre el placer de la caza, del crítico inglés William Hazlitt. También puede ser lírico, como Los bosques de Maine, de Henry Thoreau. En ocasiones puede adoptar la forma epistolar, como se pone de manifiesto en las obras del escritor británico Oliver Goldsmith (Ciudadano del mundo, 1762). Entre los más atrevidos experimentadores del siglo XX destaca el escritor estadounidense Norman Mailer, creador de un estilo que combina la biografía, el documental, la historia, el periodismo y la ficción en obras como Ejércitos de la noche (1968), donde reflexiona sobre las protestas que levantó la Guerra del Vietnam.
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LA TRADICIÓN EUROPEA
El ensayo se ha cultivado desde los tiempos de Montaigne en numerosas lenguas. La tradición francesa vive un extraordinario momento con las meditaciones de corte político y social de autores existencialistas como Albert Camus (Resistencia, rebelión y muerte, 1945) y Simone de Beauvoir (El segundo sexo, 1949). El novelista alemán Thomas Mann, galardonado con el Premio Nobel de Literatura, fue uno de los ensayistas más prolíficos de su país, como se pone de manifiesto en su voluminosa colección titulada Ensayos de tres décadas (1947). El escritor alemán de origen búlgaro Elias Canetti consagró veinte años de su vida a la monumental investigación Masa y poder, cuyo primer volumen vio la luz en 1960. En Italia cabe mencionar a Cesare Pavese (Diálogos con Leucò; La literatura norteamericana y otros ensayos), Italo Calvino (Punto y aparte; Colección de arena) y Leonardo Sciascia (Fiestas religiosas en Sicilia; La cuerda de los locos; Crucigrama), que realizaron importantes aportaciones al debate literario y político de la posguerra europea. El ensayo ha gozado de gran popularidad en Polonia con las obras del poeta Zbigniew Herbert y el crítico Jan Kott. Entre los más destacados ensayistas rusos destacan Ivan Turguéniev (Apuntes de un deportista, 1852) y Alexandr Solzhenitsin, que continuó la tradición un siglo más tarde ofreciendo un retrato realista de las injusticias sociales. Al igual que Mailer, Solzhenitsin combinó la ficción con el reportaje y sus ensayos alcanzaron proporciones gigantescas en obras como Archipiélago Gulag (1974-1978).
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EL ENSAYO EN LA LITERATURA ESPAÑOLA
Al margen de la figura de fray Antonio de Guevara, considerado un importante precedente del ensayismo español, los autores más destacados aparecen en el siglo XVIII, impulsados por la fuerte corriente europea. Feijoo (Cartas eruditas y curiosas, 1742-1760) realizó una importante labor divulgadora del pensamiento europeo que contribuyó a elevar el nivel cultural de la época. Las dos grandes figuras del ensayismo dieciochesco son Cadalso y Jovellanos. Cadalso analiza en sus Cartas marruecas (1789) las causas de la decadencia española, mientras que Jovellanos dedicó su vida y su obra a ofrecer soluciones prácticas para los problemas del momento. Algunas de sus obras más notables son Informe en el expediente de la ley agraria (1795) y Elogio de las Bellas Artes (1782).
Durante el siglo XIX el ensayo continúa cultivándose con vigor y se consolida en su forma actual con la generación del 98. Larra publicó numerosos artículos en periódicos y revistas de la época, posteriormente recopilados en Colección de artículos dramáticos, literarios, políticos y de costumbres (1835-1837, 5 volúmenes) y Ángel Ganivet (Idearium español) es el antecedente más inmediato de la generación del 98. Le siguen Unamuno (En torno al casticismo; La vida es sueño) y Azorín (Los pueblos; Castilla). La erudición queda representada en la obra de Menéndez Pidal, autor de reconocido prestigio en Europa. Los principales exponentes de la corriente ensayística anterior a la guerra son Ortega y Gasset (España invertebrada; La rebelión de las masas), Eugenio d’Ors (Glosario) y Gregorio Marañón (Enrique IV de Castilla; Don Juan).
En América Latina, la influencia de la ilustración y las revoluciones del siglo XVIII, propiciaron la aparición de numerosos trabajos. La Carta a los españoles americanos, del jesuita peruano exiliado Juan Pablo Viscardo, es uno de los primeros de una larga lista de autores: Francisco de Miranda, Andrés Bello, fray Servando Teresa de Mier, Manuel Palacio Fajardo y Vicente Rocafuerte, que escribieron a principios del siglo XIX. Posteriormente se pueden citar muchos ensayistas más. Los argentinos Esteban Echeverría, Juan Bautista Alberdi y Domingo Faustino Sarmiento; los chilenos Francisco Bilbao, Benjamín Vicuña y Manuel Recabarren; el uruguayo José Enrique Rodó; el cubano José Martí, y más recientemente, en México, Justo Sierra, Alfonso Reyes, José Vasconcelos, Samuel Ramos, Octavio Paz y Edmundo O’Gosman, entre otros muchos.


El Cuento




Cuento, narración breve, oral o escrita, de un suceso real o imaginario. Aparece en él un reducido número de personajes que participan en una sola acción con un solo foco temático. Su finalidad es provocar en el lector una única respuesta emocional. La novela, por el contrario, presenta un mayor número de personajes, más desarrollados a través de distintas historias interrelacionadas, y evoca múltiples reacciones emocionales.
La evolución histórica del cuento es más difícil de fijar que la de la mayoría de los géneros literarios. Originariamente, el cuento es una de las formas más antiguas de literatura popular de transmisión oral. El término se emplea a menudo para designar diversos tipos de narraciones breves, como el relato fantástico, el cuento infantil o el cuento folclórico o tradicional. Entre los autores universales de cuentos infantiles figuran Perrault, los hermanos Grimm y Andersen, creadores y refundidores de historias imperecederas desde Caperucita Roja a Pulgarcito, Blancanieves, Barba Azul o La Cenicienta.
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ANTECEDENTES
Relato mítico
El poeta romano Ovidio, nacido en el año 43 a.C., escribió Metamorfosis, una serie de relatos que recuperan la herencia mitológica griega. Constituye además un repaso de la historia del mundo, desde la creación hasta la época de Julio César.

Los cuentos más antiguos aparecen en Egipto en torno al año 2000 a.C. (véase Literatura egipcia). Más adelante cabe mencionar las fábulas del griego Esopo y las versiones de los escritores romanos Ovidio y Lucio Apuleyo, basadas en cuentos griegos y orientales con elementos fantásticos y transformaciones mágicas. Junto a la eternamente popular colección de relatos indios conocida como Panchatantra (siglo IV d.C.), la principal colección de cuentos orientales es sin duda Las mil y una noches. Cada noche, por espacio de mil y una, Scheherazade se salva de morir a manos de su marido, el sultán, contándole apasionantes cuentos recogidos de diversas culturas. La influencia de esta obra fue decisiva para el desarrollo posterior del género en Europa.
Geoffrey Chaucer
Los Cuentos de Canterbury de Chaucer es una obra en verso que narra la historia de un grupo de peregrinos que se dirigen a Canterbury. Este fragmento, recitado por una actriz, pertenece al inicio del 'Prólogo general': "Cuando ese abril con sus aguaceros sosegó / lo que la sequía de marzo ha afectado hasta la raíz, / y bañó cada vena con un licor semejante, / del que la virtud que engendró sea la flor."

Durante la edad media se escriben en Europa occidental numerosos relatos de tema y estilos diversos. Los romances de caballeros, en prosa o en verso, fueron muy populares en Francia. El poeta inglés Geoffrey Chaucer y el italiano Giovanni Boccaccio conservaron y desarrollaron lo mejor de la tradición antigua y medieval en sus variadas historias escritas en prosa y verso: fábulas, epopeyas de animales, ejemplos (cuentos de carácter didáctico-religioso), romances, fabliaux (cuentos eróticos y de aventuras) y leyendas. Los Cuentos de Canterbury de Chaucer, El conde Lucanor del infante don Juan Manuel y el Decamerón de Boccaccio, que figuran entre lo más destacado del género, están claramente inspirados en Las mil y una noches.
Decamerón
Diez jornadas, que ése es el significado del término de origen griego "decamerón", sirven de pretexto temporal a Giovanni Boccacio para el desarrollo de sus narraciones. Como en la tradición representada por Las mil y una noches o, en el siglo XVI, en El Heptamerón (siete días) de Margarita de Angulema, el cuento se mantiene unido a la noción etimológica de "cómputo".

A partir de Boccaccio, la narración breve en prosa de carácter realista conocida como novella se desarrolla en Italia como forma artística. La influencia de este autor se deja sentir en Francia en Las cien nuevas novelas (c. 1460), una serie de cuentos en prosa de autor anónimo y carácter burlesco, y el Heptamerón (c. 1549) de Margarita de Navarra. También en Francia, durante el siglo XVII, Jean de La Fontaine escribió fábulas en verso basadas en el modelo de Esopo.
El campesino y la serpiente
El campesino y la serpiente es uno de los grabados del francés Gustave Doré que sirvió para ilustrar las Fábulas de La Fontaine, en la edición del año 1867.

En obras como Las mil y una noches, el Decamerón y el Heptamerón se reafirma el significado de la palabra ‘cuento’ desde el punto de vista etimológico: computum, cómputo. Un cuento sucede a otro en un proceso acumulativo que difiere la llegada de la muerte (Las mil y una noches) o evita enfrentarse con la realidad de la peste que asola a Florencia (Decamerón). Proceso semejante, aunque distante, es el que se cumple en las ruedas de amigos contando chistes (considerado, por otra parte, otra forma del relato breve). El mundo de la ficción narrada permite separarse por un tiempo de los azares de la vida cotidiana.
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EL SIGLO XIX
El cuento tal como lo conocemos hoy alcanza su madurez a lo largo del siglo XIX en las numerosas publicaciones aparecidas en las revistas literarias, que a menudo reflejan las principales modas de la época. Durante el romanticismo destacan los relatos de Heinrich von Kleist y E.T.A. Hoffmann en Alemania; Edgar Allan Poe y Nathaniel Hawthorne en Estados Unidos, y Nikolái Gógol en Rusia. El realismo florece en Francia durante la década de 1830 y hacia finales del siglo desemboca en el naturalismo, basado en la posibilidad de predecir científicamente las acciones y reacciones humanas. Otras influencias estilísticas dignas de mención en el relato del siglo XIX son el simbolismo y el regionalismo.
3.1
Estados Unidos
Entre el cuento y la novela
Maestro del género, Henry James ahonda en la psicología de los personajes. A pesar de su extensión, una obra tan conocida como Otra vuelta de tuerca posee los rasgos propios de la estructura de un cuento: condensación; acontecimiento central entendido como eje a cuyo alrededor se organizan las demás acciones o hechos (en la novela se daría sucesión de acontecimientos); tensión en profundidad y no en extensión.

Hasta la llegada del siglo XIX el cuento tiene como elemento principal la narración de determinados acontecimientos. A partir de este momento, los escritores se interesan más por las motivaciones de los personajes que por los propios sucesos. Simultáneamente, su atención se dirige hacia una economía narrativa: estructuración elaborada de los hechos, exclusión de todo material secundario, control estricto del punto de vista y concisión. Edgar Allan Poe fue el primer escritor que definió de este modo el relato y demostró su teoría artística en algunos de sus propios cuentos, manipulando el escenario, los personajes y los diálogos para crear inexorablemente en el lector el estado de ánimo propicio para el crimen perfecto. La brevedad y la necesidad de condensación recomendadas en principio para el cuento demuestran su parentesco con la poesía. Prueba de ello es que la Filosofía de la composición de Poe parte del análisis de su poema “El cuervo”: los rasgos apuntados en el texto se convirtieron en la base teórica para la caracterización del cuento, tal como se lo entiende actualmente. Los cuentos de Hawthorne, por su parte, ponían seriamente a prueba el carácter y la importancia moral de los hechos, ofreciendo una descripción ambigua de su realidad física.
Edgar Allan Poe
Fragmento de El cuervo de Edgar Allan Poe recitado por un actor: "Una vez, en una aterradora medianoche, mientras yo reflexionaba, débil y cansado, / sobre un gran volumen de extrañas y curiosas materias de una ciencia olvidada, / mientras daba cabezadas, casi dormido, de pronto hubo unos golpecitos, / como de alguien que llamara suavemente, llamara a la puerta de mi cámara."

Henry James, uno de los principales maestros del género, cuya influencia se deja sentir en varias generaciones de narradores, destacó la importancia de una “inteligencia central” para configurar y filtrar los elementos del relato. En algunos de sus relatos James se sirve del narrador para transmitir una sensación de proximidad y realismo psicológico, mientras que en otros, como “El fajo de cartas”, experimenta con el punto de vista para presentar la historia a través de una serie de cartas escritas por seis personas que viven en una pensión francesa.
3.2
Alemania
Hoffmann y el cuento fantástico
Escritor, compositor y pintor alemán, E. T. A. Hoffmann es conocido por sus cuentos de carácter fantástico y sobrenatural.

El relato heredero de la novella italiana se desarrolló en Alemania con autores como Hoffmann, Kleist y Theodor Storm. La novella se centra en un único acontecimiento de carácter extraordinario que afecta a uno o más personajes y concluye de manera sorprendente a partir de un giro significativo en la historia.
3.3
Rusia
Antón Chéjov
El escritor ruso Antón Chéjov, uno de los más destacados de la literatura rusa de finales del siglo XIX y principios del XX, escribió relatos cortos y obras teatrales especialmente interesantes por su técnica narrativa. Su franqueza y su amor a la vida queda patente en sus relatos sobrios, eficaces y sin retórica alguna.

Durante la primera mitad del siglo XIX los cuentos rusos se ocupan de hechos fantásticos o sobrenaturales, y abundan en ellos, como en otras literaturas europeas, los relatos de fantasmas, apariciones y seres de otros mundos. Posteriormente se desarrolló una corriente realista que analizaba los pensamientos y emociones del ser humano o criticaba la sociedad de su época. Entre los principales autores del género cabe citar a Lérmontov, Turguéniev, Tolstói y Chéjov. Gógol influyó en el desarrollo posterior del género al fundir el sueño y la realidad en El abrigo, la historia de un insignificante oficinista que se derrumba psicológicamente cuando le roban su abrigo nuevo y más tarde regresa de entre los muertos convertido en fantasma con el propósito de hacer justicia. La influencia de Gógol se observa en El cocodrilo de Dostoievski, donde un funcionario es devorado por un cocodrilo y comienza a desarrollar sus teorías económicas desde el vientre del animal. Los relatos realistas de Tólstoi se inscriben en una línea diferente dentro de la ficción rusa. Así, por ejemplo, en La muerte de Ivan Illich analiza los pensamientos y emociones de un hombre a punto de morir, al tiempo que critica la frivolidad de la familia y amigos, que se niegan a afrontar la realidad de la muerte. Pero, sin duda, el maestro de la ironía fue Chéjov. Para Chéjov el personaje es más importante que la trama. En El ataque al corazón un cochero intenta transmitir a sus pasajeros el dolor que siente ante la muerte de su hijo, pero el único que le escucha es su caballo. En Vania un niño escribe a su abuelo pidiéndole que lo rescate de sus duras condiciones de vida, pero envía la carta sin la dirección correcta y sin sello.
3.4
Francia
Guy de Maupassant
El escritor francés del siglo XIX, Guy de Maupassant está considerado como uno de los mejores autores de cuentos de su época. Caracterizados por su realismo y sencillez, giran, por lo general, en torno a la crueldad humana e incorporan sus observaciones sobre la sociedad francesa. Además de sus más de 200 relatos, escribió seis novelas y numerosos apuntes de viajes.

Durante el siglo XIX Honoré de Balzac y Gustave Flaubert, más conocidos por sus novelas, escribieron también cuentos que gozaron de un amplio y merecido reconocimiento. Prosper Mérimée, por su parte, puso todo su talento al servicio del relato. Pese al estilo desafectado y fluido de sus obras maestras (Colomba o Carmen), Mérimée logra expresar la pasión en toda su fuerza. El maestro del relato naturalista en Francia fue Guy de Maupassant, autor de más de 300 cuentos en los que pone de manifiesto su talento para encontrar un perfecto equilibrio entre la economía y la estructura formal del relato. Tomados en conjunto, sus relatos ofrecen una detallada descripción de la sociedad francesa de finales del siglo XIX.
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EL SIGLO XX
A partir de 1900 se ha publicado una enorme cantidad de cuentos en casi todas las lenguas. Los experimentos temáticos y narrativos rivalizan con la maestría en el arte de narrar cuentos a la manera tradicional, como se observa en la obra del escritor inglés Somerset Maugham. Discípulo de Maupassant, Maugham figura entre los escritores de cuentos más prolíficos y populares. La mayoría de los países cuentan al menos con un gran escritor de relatos en el siglo XX. Cabe mencionar a la escritora neozelandesa Katherine Mansfield, en cuyo personal estilo se deja sentir la influencia de Chéjov. El gran talento de Mansfield para captar y reflejar las ironías de la vida ha servido de estímulo a varias generaciones de escritores.
4.1
Estados Unidos
Raymond Carver
Raymond Carver ha sido uno de los mejores escritores de relatos de Estados Unidos. Muchas de sus historias tratan la desilusión, los fracasos sentimentales o los sueños frustrados.

En ningún otro país el cuento ha cuajado tan ampliamente como en Estados Unidos. Entre los principales autores del siglo cabe citar a Mark Twain, Stephen Crane, Ernest Hemingway, William Faulkner, Isaac Asimov y Raymond Carver.
4.2
Otras tradiciones
Yukio Mishima
Las obras del novelista japonés Yukio Mishima reflejan su profundo pesar por la esterilidad espiritual de la sociedad japonesa del siglo XX. Tanto en su vida como en sus escritos, expresó su nostalgia por los valores sólidos y la poderosa unidad cultural de la sociedad japonesa tradicional. En la que sería su última protesta contra la sociedad contemporánea, se suicidó ritualmente en 1970.

A lo largo del siglo XX se han escrito cuentos en todas las lenguas europeas, así como en las lenguas de Asia, Oriente Próximo y algunas lenguas africanas. Una lista que incluyera sólo a los principales exponentes del género resultaría ya excesivamente larga. Entre los más sugerentes y cautivadores cabe citar al escritor checo Franz Kafka. En sus relatos, la realidad se funde magistralmente con la fantasía, al tiempo que aborda temas siempre vigentes como la soledad humana, la ansiedad y la relación entre el arte y la vida.
La rica tradición yidis continúa influyendo en la literatura contemporánea. Destaca en este sentido la obra de los judíos centroeuropeos, entre los que cabe mencionar al escritor de origen polaco Isaac Bashevis Singer.
Los autores del África subsahariana, ya sean negros o blancos, comparten invariablemente la fusión de fantasía, realidad y compromiso político. Son de destacar en este ámbito los Cuentos africanos de Doris Lessing o los Cuentos escogidos de Nadine Gordimer.
Los cuentos asiáticos se mueven entre la fidelidad a la tradición y el experimentalismo contemporáneo. Los autores más conocidos en Occidente son el japonés Yukio Mishima y el indio Rabindranath Tagore.
4.3
El cuento en el ámbito hispano
Jorge Luis Borges
El escritor, poeta y ensayista Jorge Luis Borges es una de las figuras literarias más importantes e innovadoras del siglo XX. En sus obras creó un mundo ficticio intenso y subjetivo a través de una simbología personal que se alejaba de la tradicional. En sus relatos cortos, recopilados en libros como Ficciones (1945), examinaba la condición humana en toda su complejidad. El autor lee un fragmento de su obra poética "Milonga de dos hermanos".

El romanticismo, que da una nueva vida al elemento maravilloso como soporte fundamental del cuento, tiene su principal exponente en España en la figura de Gustavo Adolfo Bécquer. En la primera mitad del siglo XIX el género se desliza hacia el costumbrismo y adquiere plena carta de naturaleza en la literatura de la segunda mitad del siglo. Sobresale en este periodo la figura de Fernán Caballero, seguida de importantes cuentistas como Leopoldo Alas Clarín, Juan Valera y Emilia Pardo Bazán. A finales del XIX el cuento queda plenamente liberado de su significado primigenio y se sitúa en un plano semejante al de la novela, permaneciendo vivo en la obra de una serie de escritores que identifican el relato breve con la obra de sabor popular. Tras la Guerra Civil conoce un nuevo florecimiento con autores como Ignacio Aldecoa, Ana María Matute, Álvaro Cunqueiro o Juan García Hortelano, y en los últimos años Carlos Casares, Javier Marías, Cristina Fernández Cubas o Quim Monzó.
Aunque el cuento hispanoamericano nació a finales del siglo XIX con Tradiciones peruanas de Ricardo Palma, la atención de la crítica se ha centrado principalmente en la nueva literatura latinoamericana, convertida acaso en el fenómeno literario más destacable y fecundo del siglo XX. El escritor argentino Jorge Luis Borges examina la condición humana de un modo que recuerda en cierto sentido a los mitos de Kafka, y su influencia en la literatura universal es comparable a la del escritor checo. En los cuentos de Borges, lo fantástico aparece siempre vinculado al juego mental, y sus elementos recurrentes son el tiempo, los espejos, los laberintos o los libros imaginarios. Entre sus principales libros de relatos cabe mencionar Historia universal de la infamia (1935), El jardín de los senderos que se bifurcan (1941), Ficciones (1944), El Aleph (1949) o El libro de arena (1975). El argentino Julio Cortázar, influido directamente por Poe y muy cercano al surrealismo francés, plantea en sus cuentos la existencia de dos espacios paralelos: el real y el sobrenatural. Sus principales libros de relatos son Bestiario (1951), Historias de cronopios y de famas (1962) y Octaedro (1974). Dentro de la tradición literaria argentina relacionada con la evolución del cuento, debe citarse a Horacio Quiroga, autor de un “Decálogo” en el que fija las pautas que ha de seguir un buen cuentista: brevedad, concisión, huida de lo ampuloso, ambigüedad, entre otras. En el panorama iberoamericano deben ser citados nombres como el de la brasileña Clarice Lispector, el colombiano Gabriel García Márquez, la chilena Isabel Allende, el uruguayo Juan Carlos Onetti o el mexicano Juan Rulfo. En la obra de este último lo inverosímil y mágico no es menos real que lo cotidiano y lógico. Esta nueva concepción de lo literario se ha dado en llamar realismo mágico.


La Ciencia ficción




Ciencia ficción, género literario que parte de las ideas científicas para narrar una historia sobre sociedades futuras o mundos paralelos. El género se ha cultivado tanto en la literatura como en el cine. Más exactamente, la ciencia ficción se ocupa de sucesos que aún no han tenido lugar, ofreciendo un análisis racional de sus causas y consecuencias. La ciencia ficción aborda los efectos que los cambios producen sobre las personas en particular y sobre la especie humana en general. Sus temas predilectos son el mundo del futuro, los viajes a través del espacio o el tiempo, la vida en otros planetas y las crisis generadas por la tecnología o la presencia de criaturas y entornos extraños.
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ANTECEDENTES DEL GÉNERO
Ilustración para Veinte mil leguas de viaje submarino
Ilustración de Alphonse de Neuville (1835-1885) para Veinte mil leguas de viaje submarino (1870), de Jules Verne. Nemo, capitán del Nautilus, el arponero Ned Land y sus compañeros observan un cefalópodo gigante salido de las profundidades.


El tema de la ciencia ficción en un sentido amplio ha sido abordado por la literatura fantástica desde tiempos remotos. Así por ejemplo, la epopeya babilónica de Gilgamesh habla de la búsqueda del conocimiento verdadero y la inmortalidad; mientras que el mito griego de Dédalo abre las puertas a la posibilidad de volar; y la Verdadera Historia (c. 160 d. C.) de Luciano de Samosata relata un viaje a la Luna. Los viajes imaginarios y los cuentos de seres extraños que habitan en tierras lejanas fueron comunes en las literaturas griega y romana y hallaron una nueva forma de expresión en los libros de viajes del siglo XIV escritos en francés bajo el seudónimo de John Mandeville. El tema del viaje a la Luna fue tratado por personajes tan dispares como el escritor francés Cyrano de Bergerac y el astrónomo alemán Johannes Kepler en el siglo XVII; o el filósofo novelista británico William Godwin en el siglo XIX. Otro de los temas generalmente tratados en los relatos de ciencia ficción es la estructura de sociedades o mundos mejores. En este sentido cabe considerar La República de Platón (siglo IV a. C.) como una primera muestra del género, que revivió posteriormente con la publicación de la Utopía (1516) de Tomás Moro. Las historias basadas en viajes imaginarios tenían por lo general una finalidad satírica; tal es el caso de los Viajes de Gulliver (1726), obra del escritor satírico inglés Jonathan Swift y acaso uno de los ejemplos más logrados y exquisitos del género. Pero la ciencia ficción no habría podido existir en su vertiente moderna sin el reconocimiento de los profundos cambios sociales derivados de la Revolución Industrial (c. 1750). La novela gótica del siglo XVIII tiene uno de sus más brillantes ejemplos en Frankenstein (1818) de la novelista británica Mary Shelley, una obra impregnada por la creencia en las infinitas posibilidades de la ciencia. Numerosos autores del siglo XIX escribieron relatos o novelas de ciencia ficción en uno u otro momento. Sin embargo, el gran maestro del género fue sin lugar a dudas el escritor francés Jules Verne, que aborda cuestiones como la geología y la espeleología en Viaje al centro de la tierra (1864), el viaje espacial en De la tierra a la luna (1865), y describe las maravillas de las profundidades oceánicas en Veinte mil leguas de viaje submarino (1870).
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LA MODERNA CIENCIA FICCIÓN
Aldous Huxley
Como todas las novelas buenas de ciencia ficción, Un mundo feliz de Aldous Huxley es una utopía del mundo futuro, pero que premonitoriamente cada vez se hace más realidad.


El principal autor de ciencia ficción en lengua inglesa, que comparte con Jules Verne la distinción de máximo creador del género fue H. G. Wells. Más interesado por la biología y la evolución de las especies que por las ciencias físicas, y más preocupado por las consecuencias sociales de la tecnología, Wells escribió numerosas novelas de carácter científico, aderezadas de ironía y realismo. Su fama creció rápidamente tras la publicación de La máquina del tiempo (1895), y de las novelas La isla del doctor Moreau, El hombre invisible, La guerra de los mundos y El primer hombre en la luna.
H. G. Wells
Escritor, historiador y filósofo, H. G. Wells cuestionó las posibilidades de supervivencia del orden social en un mundo en el que los avances tecnológicos sobrepasaran a los intelectuales. Recordado por sus utopías fantásticas y futuristas, describió de una manera tan realista una invasión marciana a la Tierra en La guerra de los mundos (1898), que la versión radiofónica que Orson Welles llevó a cabo cuarenta años más tarde, sembró el pánico en Estados Unidos.


Ya en el siglo XX destacan especialmente las obras de Aldous Huxley, Un mundo feliz, y George Orwell, 1984, famosísimas utopías negativas que describen una sociedad terrorífica, asfixiante y deshumanizada, sometida a la tiranía de la ciencia y la política. Ambas obras se han convertido en clásicos del género. La explosión de la bomba atómica sobre Hiroshima en 1945 y el periodo posterior a la Guerra fría introdujeron en la ciencia ficción preocupaciones de tipo político. Entre los autores más relevantes de la posguerra destacan Isaac Asimov, sabio y prolífico divulgador científico, y Ray Bradbury, más conocido como escritor de literatura fantástica.
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EL CINE
Cine de ciencia ficción
Desde los clásicos en blanco y negro hasta las espectaculares películas de hoy en día, conozca algunas de las principales obras del cine de ciencia ficción.


El género de la ciencia ficción fascinó a los cineastas desde los primeros días del cine. La mayoría de las películas de ciencia ficción son adaptaciones de novelas o cómics. A diferencia de la literatura, la ciencia ficción cinematográfica se preocupó principalmente por crear monstruos alienígenas, lo que propició el nacimiento de un género conocido como cine de terror. Las películas basadas en seres de otros planetas, criaturas mutantes o humanos carentes de alma eran por lo general melodramas estereotipados. Entre los temas más frecuentes en la ciencia ficción cinematográfica figuran la falibilidad de los científicos, la urgente necesidad de cooperar en el ámbito internacional contra posibles invasiones extraterrestres, la hostilidad de la gente hacia cualquier criatura extraña y los aspectos perversos de la tecnología.

Kubrick: 2001: una odisea del espacio
El astronauta David Bowman dialoga con la computadora HAL 9000 en la película de Stanley Kubrick, 2001: una odisea del espacio, basada en la novela homónima de Arthur Charles Clark. La película está considerada como un clásico de la ciencia ficción por su realista descripción de un viaje espacial.


La primera muestra de cine fantástico, si bien no puede considerarse ciencia ficción propiamente dicha, fue El viaje a la luna (1902), del cineasta francés Georges Méliès. El fecundo movimiento expresionista alemán produjo en el cine dos obras maestras: El gabinete del Doctor Caligari (1919), de Robert Wiene, y Metrópolis (1926) de Fritz Lang. Entre las principales muestras del género en Estados Unidos cabe mencionar Frankenstein (1931), Drácula (1931), King Kong (1933) y El hombre invisible (1933). A partir de 1960 las películas de ciencia ficción se centraron ante todo en las aventuras espaciales, cosechando un éxito sin precedentes hasta la fecha.
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RADIO Y TELEVISIÓN
En 1938 el actor y director estadounidense Orson Welles hizo cundir el pánico entre los oyentes radiofónicos con su célebre retransmisión de La guerra de los mundos, que anunciaba con absoluto realismo la noticia de una invasión marciana de la Tierra. A partir de 1950 se realizaron series de televisión enormemente populares, entre las que destaca Star Trek. El éxito de ésta se ha convertido en un fenómeno social capaz de atraer a miles de seguidores a congresos, convenciones y eventos similares de carácter internacional.
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CIENCIA FICCIÓN Y CIENCIA
Entre los principales factores que contribuyeron al reconocimiento generalizado de la ciencia ficción en el ámbito literario cabe destacar dos acontecimientos claves en la historia del siglo XX: el lanzamiento de la primera bomba atómica en 1945 y la llegada del hombre a la Luna, el 20 de julio de 1969. La energía nuclear y los vuelos espaciales figuran entre los principales temas del género desde sus comienzos, si bien han sido objeto de las críticas y la ironía de numerosos científicos. El reconocimiento de los cambios introducidos en la vida de las personas por la ciencia y la tecnología ha contribuido a crear lo que Asimov llamó un mundo de ciencia ficción. Esta conciencia creció en julio de 1976 cuando un vehículo espacial culminó con éxito su travesía hasta Marte y transmitió hasta la Tierra las primeras fotografías de otro planeta tomadas sobre el terreno. El proceso se vio asimismo estimulado en noviembre de 1980, cuando la aeronave estadounidense Voyager I partió con destino a Saturno y envió desde allí una serie de fotografías de notable calidad tomadas a más de mil millones de kilómetros de nuestro planeta. Científicos y exploradores han reconocido y avalado la obra de Verne y otros autores por la demostración posterior de los hechos relatados, así como por el estímulo que ha supuesto para muchos científicos. La exploración del espacio por parte de los científicos soviéticos está directamente influida por las novelas de Konstantin Tsiolkovsky, mientras que la carrera espacial alemana extrae en parte su inspiración de las obras de Kurd Lasswitz.
El escritor polaco Stanislaw Lem, nacido en 1921, supo enriquecer la literatura de ciencia ficción con obras, como Un valor imaginario, donde el humor y la parodia conducen a una visión menos solemne (y no por ello menos rigurosa) de las relaciones entre lo científico y lo fantástico. En uno de los relatos incluidos en este libro, donde los géneros se entrecruzan, se habla de un método para enseñar a escribir a las bacterias. La novela Solaris, de 1961, fue llevada al cine por Andréi Tarkovski. Entre sus obras más conocidas figuran los Diarios de las estrellas (1957), las Memorias encontradas en una bañera (1961) y Ciberiada (1965), esta última una nueva versión, entre erudita y burlona, del viaje a través del tiempo.


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