El invento de la Casa de Grimaldi




Casa de Grimaldi
Casa de Grimaldi, familia de origen genovés que reina en el principado de Mónaco desde 1342. El fundador de la Casa de Grimaldi fue un genovés, Grimaldo, cuyo padre, Otón Canella, fue cónsul en Génova en 1133. Uno de sus descendientes, Francisco Grimaldi, se puso al servicio de la Francia de Felipe IV el Hermoso, después de haber sido expulsado de Génova por los gibelinos, y conquistó en 1297 el señorío de Mónaco, que había sido cedido a los genoveses por el emperador germánico en 1191. Progresivamente, los Grimaldi establecieron un señorío familiar en Mónaco. Esta rama legítima de los Grimaldi se atribuyó el título de príncipe de Mónaco en 1612, cuando el señorío estaba bajo protectorado español, y el rey de España Felipe IV reconoció el título en 1633. El príncipe de Mónaco se puso en esa época bajo el protectorado francés, ganando así el ducado de Valentinois. El último representante de esta línea fue Antonio I Grimaldi (1667-1731), que murió sin descendencia masculina. Había casado, en 1715, a su hija Luisa Hipólita con Jaime Francisco Leonor de Goyon-Matignon, conde de Thorigny, a quien el rey francés Luis XIV reconoció el nombre y las armas de Grimaldi. En 1793, sin embargo, el principado de Mónaco fue anexionado a Francia hasta la caída de Napoleón I. En 1815, el principado cayó bajo el protectorado del reino de Cerdeña. Al recuperar su soberanía en 1860, el príncipe de Mónaco perdió, en cambio, los feudos de Menton y Roquebrune. El último representante en línea masculina de la que es conocida como segunda Casa de Grimaldi fue Luis II (1922-1949), que casó a su hija, Carlota, duquesa de Valentinois, legitimada en 1919, con Pedro de Polignac. Éste renunció a su nombre y a las armas de los Polignac por los de los Grimaldi. El hijo de Carlota y Pedro, Rainiero III, sucedió a su abuelo en 1949, iniciando así la denominada tercera Casa de Grimaldi. Tras morir Rainiero III en 2005, el titular del principado pasó a ser su hijo, Alberto II.

El invento de la Casa de Braganza




Casa de Braganza

Palacio de los Duques de Bragança
Construcción del siglo XV de influencia normanda, fue patrocinada por Alfonso, octavo conde de Barcelos y primer duque de Bragança (Braganza), hijo ilegítimo de Juan I y yerno de Nuno Álvares Pereira tras contraer matrimonio con Brites Pereira. Se cree que fue destruido durante el terremoto de 1755, quedando en pie tan sólo algunas paredes y la alta chimenea de uno de los fogones de la sala. Sus ruinas, donadas al pueblo de Barcelos en 1874 por Carlos, fueron restauradas en la primera mitad del siglo XX. Posee un museo y en la actualidad es la residencia presidencial de la región Norte.


Casa de Braganza, familia real de Portugal (1640-1910) y de Brasil (1822-1889), también Casa ducal de la que descendía dicha familia. El nombre proviene del lugar donde estaba situado el ducado, la ciudad de Bragança (Braganza). El primer duque de Braganza, a quien se concedió el título en 1442, fue Alfonso, hijo ilegítimo de Juan I, rey de Portugal. El duque Juan (1543-1583) pretendió la corona para su esposa, pero el reino fue a parar a Felipe II de España en 1580; un nieto del duque Juan se convirtió en Juan IV, rey de Portugal, cuando el país se independizó de la Monarquía Hispánica en 1640. A partir de ese año, los herederos al trono portugués recibían el título de duques de Braganza. Desde entonces, y hasta la revolución republicana de 1910, la Casa de Braganza reinó en Portugal; y en Brasil hizo lo propio desde 1822 hasta 1889. La hija de Juan IV, Catalina de Braganza, se casó con Carlos II de Inglaterra. A Juan le sucedieron en el trono sus dos hijos, Alfonso VI y Pedro II. Las generaciones sucesivas fueron los descendientes de Pedro: Juan V, José I, María I, que se casó con su tío, posteriormente conocido como Pedro III, y Juan VI. Destronado por Napoleón, Juan VI (quien actuó hasta 1816 como regente de su madre) trasladó su corte a Brasil en 1807, desde donde gobernó Portugal a partir de 1814 hasta su regreso a Lisboa en 1821. El hijo de Juan VI fue primer emperador del Estado independiente de Brasil con el nombre de Pedro I; cuando se convirtió en Pedro IV de Portugal (1826) abdicó en favor de su hija, que se convirtió en la reina María II. Posteriormente, Portugal fue gobernado por Pedro V, Luis I, Carlos I y Manuel II; este último fue destronado en 1910, finalizando así la línea de los Braganza en Portugal. Solamente una generación de la Casa gobernó en Brasil; Pedro II, hijo del primer emperador, fue destronado en 1889.

La Casa de Habsburgo




Casa de Habsburgo
Casa de Habsburgo, dinastía ligada al Sacro Imperio Romano Germánico (1438-1806) y a la Monarquía Hispánica (1516-1700), que reinó asimismo en Austria desde 1279 hasta 1918.
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ORÍGENES Y CONSOLIDACIÓN EN EL SACRO IMPERIO ROMANO GERMÁNICO
Esta familia, originaria de Suabia meridional (siglo X), se estableció posteriormente en Suiza. El nombre deriva del castillo de Habsburgo (Argovia, Suiza), construido por Werner, obispo de Estrasburgo (1001-1029). Su sobrino Werner aparece como el primer conde de Habsburgo (1064). Rodolfo I de Habsburgo aumentó el patrimonio suizo de la familia, y a su muerte (1232) dividió la herencia entre sus hijos Alberto y Rodolfo; el segundo fundó la rama colateral de los Habsburgo-Lauffenburg, que se extinguió en 1415. Rodolfo III de Habsburgo fue elegido emperador en 1273 (reinó como tal con el nombre de Rodolfo I de Habsburgo) y aumentó su patrimonio con Austria, Estiria, Carniola, Carintia y el Tirol, al mismo tiempo que abandonó sus intereses en Suiza. Consolidada su posición en Austria, en cuyo trono se mantuvieron hasta 1918, desde 1438 hasta su desaparición (1806) todos los titulares del Sacro Imperio Romano Germánico fueron miembros de esta Casa.
Con Federico III de Estiria (1440-1493) y su hijo Maximiliano I (1493-1519) la política dinástica de la Casa se orientó a extender su poder sobre el occidente europeo. El matrimonio de Maximiliano con María de Borgoña (1477), hija del último duque borgoñón, Carlos el Temerario, y los dobles enlaces de 1496 con la Casa de Trastámara —Felipe de Habsburgo (el Hermoso) con Juana de Castilla (la Loca) y Margarita de Habsburgo con Juan, heredero de los Reyes Católicos—, dieron sus frutos en la siguiente generación. Asimismo, en 1515, Maximiliano I consiguió el matrimonio de sus nietos Fernando y María, hijos de Felipe de Habsburgo y Juana de Castilla, con los hijos del rey Ladislao VI Jagellón, con el objeto de lograr la vieja aspiración familiar de unir a su patrimonio Bohemia y Hungría.
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LA OBRA DE CARLOS V, I DE ESPAÑA

Palacio de Carlos V
El soberano español Carlos I (como emperador, Carlos V) mandó construir junto a la Alhambra de Granada un edificio renacentista que sirviera de puerta al palacio Nazarí. De planta cuadrada, contiene el hermoso patio porticado circular rodeado por 32 columnas de mármol que podemos observar en esta reproducción fotográfica. El exterior del palacio mide 63 metros de lado por 17,5 metros de alto.

Felipe de Habsburgo (el Hermoso), fallecido en 1506, y su mujer Juana la Loca, por la muerte de los hermanos de ésta, accedieron al trono de Castilla en 1504. En 1517, el primogénito del matrimonio llegó a España para tomar posesión de la herencia de sus abuelos, los Reyes Católicos, con lo que inauguraba la Casa de Austria española como Carlos I (1516-1556). En 1519, falleció su abuelo Maximiliano I y, ese mismo año, fue elegido emperador del Sacro Imperio Romano Germánico como Carlos V (1519-1558), además de recibir los territorios patrimoniales habsburgueses. Con diecinueve años, y fruto de la acertada política matrimonial de sus antecesores, en Carlos recayó una inmensa herencia: la Corona de Castilla, con las Indias; la Corona de Aragón, con Sicilia, Cerdeña y Nápoles; la mayor parte del antiguo ducado de Borgoña, compuesta por los Países Bajos, el Artois y el Franco Condado; los territorios patrimoniales de los Habsburgo —Austria, Estiria, Carniola, Carintia y el Tirol—; y el título imperial, simbólicamente recibido del papa Clemente VII en Bolonia (1530).
La política de Carlos V estuvo determinada por la idea de conservar el Imperio cristiano, para lo cual tuvo que hacer frente al Imperio otomano en su momento de mayor potencia y luchar contra el protestantismo, hecho éste que significó una fractura religiosa de importantes consecuencias políticas y dividió Europa. Además, ocupó también su reinado en la larga pugna contra los Valois de Francia por el dominio de Italia y de otros territorios occidentales. En 1555, renunció a la jefatura de la Orden del Toisón de Oro y a sus títulos en los Países Bajos en favor de su hijo Felipe, duque de Milán desde 1540. En 1556, Carlos I abdicó de las coronas de Castilla y Aragón en Felipe y abandonó el título imperial en beneficio de su hermano Fernando, rey de Romanos, quien ya poseía los territorios patrimoniales de los Habsburgo, era rey de Hungría y Bohemia desde 1527 y sería elegido oficialmente emperador en 1558 como Fernando I.
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LOS HABSBURGO ESPAÑOLES

Imperio de Felipe II
En estos mapas pueden observarse los distintos espacios geográficos que estuvieron bajo la soberanía del rey Felipe II. Configuraron un auténtico imperio territorial, que marcó el momento de mayor apogeo de la Monarquía Hispánica, así como de la propia rama española de la Casa de Habsburgo.

Así pues, Felipe II (1556-1598), aunque por decisión de su padre había sido separado del título imperial y del patrimonio austriaco, se convirtió en el monarca más poderoso de su tiempo, más aún cuando, en 1580, añadió la corona de Portugal y su imperio ultramarino, al ser nieto por línea materna del rey portugués Manuel I. Su política siguió el eje trazado por el emperador Carlos V: conservación de la Monarquía Hispánica y lucha contra los enemigos del catolicismo, es decir, los protestantes y los musulmanes. Vencidas las ambiciones francesas (Paz de Cateau-Cambrésis de 1559) e instaurado por fin el equilibrio en el Mediterráneo con los turcos (Tregua de 1581), los problemas más graves vinieron de la revuelta de los Países Bajos (que desde 1566 se dio en llamar la guerra de los Países Bajos) y el conflicto contra Inglaterra (1585-1604).

Conflictos durante el reinado de Felipe II
El reinado de Felipe II (1556-1598) estuvo marcado por una serie de claves de carácter global, pero con unos referentes concretos ineludibles. Por un lado, el enfrentamiento con el Imperio otomano en el mar Mediterráneo, al cual pueden ser adscritos, de forma general, los ataques piráticos lanzados sobre las costas hispánicas desde el norte de África, así como el episodio local de la sublevación de los moriscos de Las Alpujarras (1568-1571). El punto álgido de este frente se alcanzó en 1571 con la batalla de Lepanto. Por otra parte, el enfrentamiento con Inglaterra, con el dominio del océano Atlántico como trasfondo subyacente, cuyo hito crucial se produjo en 1588 con la fracasada acción de la Armada Invencible. Con anterioridad, en 1566, había surgido otro foco que terminaría por convertirse en escenario de conflicto permanente para el Rey Prudente: los Países Bajos, rebelados contra la Corona por cuestiones políticas (búsqueda de la independencia), económicas (la zona era un eje básico del comercio de la época) y religiosas (abrazo del calvinismo frente al catolicismo que representaba la Monarquía Hispánica). Los principales enemigos de Felipe II fueron pues, musulmanes y protestantes (anglicanos ingleses y calvinistas flamencos), un reflejo, no casual, del papel de máximo defensor del catolicismo en que el soberano se erigió. En el plano teológico, este aspecto tuvo su máxima expresión en el Concilio de Trento.

Bajo Felipe III (1598-1621), la Monarquía vivió un periodo de relativa tranquilidad exterior, que se puso de manifiesto en la paz con Inglaterra (1604) y en la Tregua de los Doce Años en los Países Bajos (1609-1621). Pero la entrega del gobierno a favoritos (duques de Lerma y de Uceda) y la implicación de España en la guerra de los Treinta Años (1618-1648) al lado de los Habsburgo de Viena impidieron llevar a cabo las reformas necesarias.

Conflictos durante el reinado de Felipe IV
Durante el reinado de Felipe IV (1621-1665), la Monarquía Hispánica vivió un notable proceso de decadencia. En buena medida como consecuencia de la política de su valido, el conde-duque de Olivares, fueron múltiples las secesiones y sublevaciones de los distintos territorios que se encontraban bajo su cetro. Entre ellas, la guerra de Separación de Portugal, la rebelión de Cataluña (ambos conflictos iniciados en 1640), la conspiración de Andalucía (1641) y los distintos incidentes acaecidos en Navarra, Nápoles y Sicilia a finales de la década de 1640. A estos hechos se sumaban los distintos frentes extrapeninsulares: la guerra de los Países Bajos (reanudada en 1621 tras expirar la Tregua de los Doce Años) y la guerra de los Treinta Años. A su vez, el enfrentamiento con Francia en esta última (desde 1635) quedó conectado con el problema catalán.

La mitad del largo reinado de Felipe IV (1621-1665) estuvo dominada por la figura del conde-duque de Olivares (1621-1643), cuyo programa de reformas administrativas, fiscales y militares quedó bloqueado por las guerras exteriores —inicio de la guerra con Francia (1635), que se sumó a la guerra de los Treinta Años— y los conflictos interiores —reanudación de la guerra de los Países Bajos y levantamientos de Portugal y Cataluña (1640)—. En la década de 1640, la Monarquía se situó al borde de la desmembración, hasta que, por la Paz de Münster (1648) finalizó la guerra en los Países Bajos, en 1652 se sofocó la revuelta catalana y la Paz de los Pirineos (1659) concluyó la guerra con Francia.

Carlos II de España
Carlos II, rey de España desde 1665 hasta 1700, fue el último soberano de su país perteneciente a la Casa de Habsburgo. Este retrato suyo es obra de Juan Carreño de Miranda, pintor que trabajó en su corte.

El proceso de decadencia culminó bajo el último Habsburgo español, Carlos II (1665-1700), con el reconocimiento de la independencia de Portugal (1668) y la cesión de la hegemonía continental a Francia. Las luchas intestinas por hacerse con la voluntad del Rey y la intervención extranjera en los destinos de la dinastía ocuparon las últimas décadas del siglo XVII, mientras los territorios peninsulares empezaban a dar algunos síntomas de recuperación demográfica y económica. Ante la manifiesta incapacidad de Carlos II para engendrar un sucesor, las potencias europeas negociaron diversos repartos de la herencia de los Habsburgo españoles. Finalmente, Carlos II otorgó testamento en favor de Felipe de Anjou (futuro Felipe V), nieto de Luis XIV de Francia y de María Teresa de Austria, hija de Felipe IV, con lo que el trono de España pasó a la Casa de Borbón.
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EL FINAL DEL SACRO IMPERIO ROMANO GERMÁNICO Y DEL IMPERIO AUSTRO-HÚNGARO

Baile en el palacio de Hofburg
La Casa de Habsburgo gobernó Austria desde el siglo XIII hasta el XX, pero también el Sacro Imperio Romano Germánico entre 1438 y 1806 e incluso su rama española dirigió durante sus casi doscientos años de existencia la Monarquía Hispánica. La corte austriaca de los Habsburgo estaba emplazada en la ciudad de Viena, concretamente en el palacio de Hofburg, comenzado a construir en 1278. Esta imagen reproduce un baile celebrado en uno de sus salones, durante el reinado del emperador Francisco José I.

El último emperador del Sacro Imperio fue el hijo de Leopoldo II (1790-1792), Francisco II, quien reinó como tal desde 1792 hasta 1806, aunque dos años antes pasó a ser emperador de Austria, título éste que desempeñaron sus descendientes hasta que, en 1918, tras la derrota de los Imperios Centrales en la I Guerra Mundial, dejó de existir el que había sido Imperio Austro-Húngaro. El último miembro de la Casa de Habsburgo que reinó sobre los territorios austriacos (y húngaros) fue Carlos I, quien falleció en su exilio en la isla de Madeira, en 1922, cuatro años después de perder el trono imperial.

El invento de la Casa de Atreo




Casa de Atreo

Casa de Atreo, en la mitología griega, familia real de Micenas designada con el nombre de Atreo, quien fue elegido rey por los notables micénicos. La desafortunada casa de Atreo fue un asunto mencionado por muchos autores griegos antiguos, entre ellos Homero, Esquilo, Eurípides, Sófocles, Apolonio de Rodas y Píndaro. El motivo de las desgracias que cayeron sobre la casa fue la conducta de Tántalo, rey de Lidia, quien ofendió a los dioses y fue castigado para siempre en el Tártaro. Su hijo Pélope fue maldecido por el auriga Mirtilo, pero tuvo una vida feliz. Níobe, hija de Tántalo, fue castigada por los dioses por su arrogancia.
Atreo, hijo de Pélope, sus hijos y sus nietos sufrieron el peso de la ira divina. El hermano de Atreo, Tiestes, sedujo a su cuñada y como represalia, éste sirvió a Tiestes en un banquete la carne cocida de dos de sus hijos. El tercer hijo de Tiestes, Egisto, mató después a Atreo para vengar esta acción. De los hijos de Atreo, los más famosos fueron Agamenón y Menelao. El rapto de la mujer de Menelao, Helena de Troya, fue la causa de la guerra de Troya. Después de la guerra, Menelao y Helena se reconciliaron y, compartidas muchas aventuras, volvieron a Esparta, donde vivieron felices. Agamenón, por otra parte, fue asesinado el día de su llegada triunfante a Micenas por su mujer, Clitemnestra, y por Egisto, a quien ella había tomado como amante. La muerte de Agamenón fue vengada siete años después por sus hijos Electra y Orestes. Cuando Orestes fue absuelto por el Areópago en Atenas del delito de sangre cometido contra su madre, la maldición sobre la casa de Atreo llegó a su fin.

El invento de Casa de América




Casa de América
Institución cultural y diplomática, cuyo nombre, responde al lazo indisoluble, entre España y América.

Palacio de Linares
La Casa de América, institución española fundada en 1992 con el objetivo de promover todo tipo de actividades culturales relacionadas con el entorno hispanoamericano, tiene su sede en el madrileño palacio de Linares. En esta imagen se puede contemplar una bella escalinata interior de dicho edificio.

Casa de América, institución cultural española con sede en Madrid. Nació en 1992 gracias a una decisión anterior, tomada por el Ayuntamiento de la capital, como un proyecto de gran envergadura para dotar a Madrid de un centro cultural, diplomático e institucional. Constituye un proyecto de Estado, obra del consenso institucional entre el Ministerio de Asuntos Exteriores, la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento de la capital, el verdadero motor de esta idea, que aportaron los fondos correspondientes para la adquisición, restauración y puesta en funcionamiento del palacio de Linares.
Sus actividades se hallan estructuradas en dos grandes áreas: Ateneo y Tribuna. En el Ateneo americano se dan cita las artes plásticas, y las escénicas, la música, el cine y la literatura. Su objetivo es presentar una oferta cultural lo más equilibrada y completa posible, a través de exposiciones como la del arte precolombino, de la colección Barbier-Mueller o del arte colonial de las reducciones jesuíticas del Paraguay, alternando con muestras de arte contemporáneo como la del colombiano Luis Caballero o las expresiones del arte popular chicano y de la población hispana de Los Ángeles. En lo que se refiere a espectáculos, ha ofrecido desde la obra vanguardista El hilo de Ariadna, un viaje del espectador sobre el laberinto de su propia conciencia, hasta musicales de romántica tradición caribeña, como la Vieja Trova Santiaguera.
La Tribuna americana se ocupa de temas docentes, políticos y sociales y representa un importante foro de reflexión y debate sobre la realidad cultural y política de la Comunidad Iberoamericana. En este aspecto concede prioridad a las materias tratadas en las cumbres de jefes de Estado y de Gobierno de la Comunidad Iberoamericana, pues no fue por casualidad que la Casa de América se inaugurara con ocasión de la II Cumbre. Cuenta con un programa dedicado a la investigación y la docencia, como el Aula Iberoamericana, dos estudios de posgraduados, el Magister en Estudios Superiores Iberoamericanos, con la Universidad Complutense, y el Máster en Estudios norteamericanos, con la Universidad de Alcalá de Henares.
Los servicios de Información y Documentación desempeñan su actividad a través de tres departamentos básicos: Informática, Difusión Cultural y Documentación e Información. Su interrelación permite el funcionamiento cabal de la gestión de los diversos programas, tareas y servicios permanentes de la Casa de América, así como ofrecer un nuevo servicio, el del Centro de Información y Documentación, orientado tanto al usuario individual como a las institucionales y empresas.

El invento de la Casa de Alba




Casa de Alba

Casa de Alba, familia de la nobleza española, cabeza del linaje de los Álvarez de Toledo, cuyos principales miembros han desempeñado un papel destacado en la historia de España desde la edad media, tras su vinculación original al devenir de la Corona de Castilla.
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CONSOLIDACIÓN DEL LINAJE
Los principios de la estirpe son oscuros hasta García Álvarez de Toledo, maestre de la Orden de Santiago (1359-1370). Antes de él, la familia debió de pertenecer a la nobleza urbana de la ciudad de Toledo. Como otros tantos linajes, el de los Toledo participó en la guerra civil castellana y se vio recompensado tras el triunfo de la Casa de Trastámara en 1369, que supuso el inicio del reinado de Enrique II de Castilla. A la muerte del maestre, su hermano Fernán heredó el señorío de Valdecorneja, y su hijo, también llamado Fernán, el de Oropesa, constituyendo las dos ramas que más adelante dieron lugar al ducado de Alba y al condado de Oropesa.
El verdadero engrandecimiento de la rama principal se produjo en la siguiente generación, cuando Gutierre Álvarez de Toledo, arzobispo de Sevilla y luego titular de la sede toledana, recibió de Juan II el señorío de la villa de Alba de Tormes (1429). A este eclesiástico le heredó su sobrino Fernando, cuya habilidad en las luchas mantenidas durante el reinado de Juan II fue recompensada con el condado de Alba de Tormes (1438), aunque luego fuera encarcelado hasta la muerte del monarca (1454). Su hijo García —conde de Alba desde 1464— vio cómo los dominios de la Casa se extendían desde la sierra de Gredos y el norte de Extremadura hasta la frontera con Portugal. Enrique IV, en un intento por atraerle a su causa en la crisis dinástica, le concedió el título de primer duque de Alba (1470), junto con la mayor parte de las cuantiosas rentas de la feria de Medina del Campo. Pero en junio de 1475, en medio de la guerra de Sucesión de Castilla, García de Toledo se unió a Isabel y Fernando (los futuros Reyes Católicos, soberanos de Castilla desde un año antes), con lo que se ligó el destino del linaje al de la nueva monarquía.
Su hijo y sucesor, Fadrique, segundo duque, combatió en la guerra de Granada (1481-1492) y en la anexión del reino de Navarra (1515) por parte de Castilla, acción tras la cual recibió el ducado de Huéscar, título que quedó ligado a los herederos de la Casa de Alba. Su fidelidad a la realeza se renovó con el monarca Carlos I (emperador Carlos V y primer soberano hispano de la Casa de Habsburgo), quien le nombró miembro de su Consejo de Estado en 1526. La combinación estratégica de las mercedes recibidas de los reyes —obtuvieron la grandeza en 1520— con la política matrimonial consolidó a los Toledo entre la elite nobiliaria de la época de la que se dio en llamar Monarquía Hispánica.
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PLENITUD DE LA CASA

Duque de Alba
Fernando Álvarez de Toledo, tercer duque de Alba, aparece aquí retratado por el magistral pintor veneciano Tiziano (Colección de la Casa de Alba, Madrid, España). Conocido como el Gran Duque de Alba, dirigió a los ejércitos que, encabezados por el propio emperador Carlos V (Carlos I de España), derrotaron a las tropas luteranas, en Mülhberg (a orillas del río Elba, en Alemania), el 24 de abril de 1547.

Heredó el título Fernando (1507-1582), nieto del segundo duque y conocido como el Gran Duque de Alba, uno de los militares y políticos de más prestigio del siglo XVI español, que sirvió al emperador Carlos V y a su hijo Felipe II. El cuarto duque, Fadrique (1537-1585), participó con su padre en la guerra de los Países Bajos durante la toma de Malinas (1572) y la de Haarlem (1573). Como no tuvo descendencia de sus dos matrimonios, la Casa de Alba pasó a su sobrino Diego Álvarez de Toledo y Beaumont, que aportó los títulos navarros maternos —conde de Lerín y condestable de Navarra—. En 1711, al fallecer el noveno duque sin sucesión, el título recayó en su tío Francisco Álvarez de Toledo, gran canciller de las Indias, quien casó con Catalina de Haro y Guzmán, tercera duquesa de Montoro, cuyos títulos engrosaron el ya rico patrimonio de la Casa. Su hija María Teresa, undécima duquesa, casó en 1714 con el conde de Galve, Manuel de Silva y Haro. A partir de este momento, la Casa pasó a la familia de Silva.
El duodécimo duque, Fernando de Silva y Álvarez de Toledo, respondió al modelo de su tiempo: era culto, amante de la filosofía y de las ciencias; frecuentó los círculos ilustrados parisienses y fue amigo de Jean-Jacques Rousseau cuando desempeñó el puesto de embajador de España en París. Su nieta María del Pilar Teresa Cayetana de Silva y Álvarez de Toledo, decimotercera duquesa (1762-1802), recibió una refinada educación en la residencia familiar bajo la tutela del undécimo duque. Casó con su primo José Álvarez de Toledo, marqués de Villafranca y duque de Fernandina, con la intención de que la Casa de Alba volviese a la rama masculina de los Toledo. La duquesa convirtió los salones de su palacete de la Moncloa en centro de la vida social y cultural madrileña. Fue famosa su relación con Francisco de Goya, quien la inmortalizó en algunos de sus mejores retratos —y que durante algún tiempo se especuló sirvió de modelo para La maja vestida y La maja desnuda—. Falleció Cayetana sin descendencia, con lo que sus estados y títulos fueron conferidos a su sobrino Carlos Fitz James Stuart, duque de Berwick (título inglés), de Liria y Jérica. En posteriores enlaces matrimoniales se sumaron a la Casa, entre otros, los ducados de Peñaranda, de Híjar, de Aliaga, de Sotomayor y el condado de Siruela, lo que la convirtió en la segunda casa nobiliaria española en acumulación de títulos y grandezas.

El invento de la Casa Blanca




Casa Blanca

La Casa Blanca en la ciudad de Washington
La Casa Blanca es la residencia oficial de los presidentes de Estados Unidos y sus principales estancias están abiertas al público.





Fachada sur de la Casa Blanca
Este edificio que data de finales del siglo XVIII, fue proyectado por el arquitecto estadounidense de origen irlandés James Hoban.



Casa Blanca, residencia oficial del presidente de Estados Unidos, construida entre los años 1792 y 1800, situada en el número 1600 de la Avenida de Pennsylvania, en Washington D.C. La Casa Blanca ha sido la vivienda de todos los presidentes de Estados Unidos con la excepción de George Washington, que firmó la ley para promover su construcción. Aunque ha sido reformada y ampliada en numerosas ocasiones, mantiene su simplicidad clasicista original.
Fue proyectada por el arquitecto estadounidense de origen irlandés James Hoban. El edificio principal, construido en piedra arenisca de Virginia, es una obra emblemática de color blanco inspirada en el estilo renacentista del italiano Andrea Palladio. En el piso bajo se sitúan los guardarropas, una habitación que contiene el servicio de porcelana, la cocina y la biblioteca. En el primer piso están las salas oficiales, abiertas al público. Las estancias privadas del presidente ocupan el segundo piso y en el tercero se disponen las habitaciones de invitados y del servicio.
En 1814, durante la guerra Anglo-estadounidense, los soldados británicos incendiaron el edificio, cuya reconstrucción dirigió el propio Hoban, incorporando el pórtico sur. La Casa Blanca se reformó sustancialmente entre 1948 y 1952, durante el mandato de Harry S. Truman, y una década más tarde, en el periodo de John F. Kennedy, se renovó el mobiliario. 

El invento de la Casas de Borbón




Casas de Borbón

Casas de Borbón, dinastía ligada a varios tronos europeos, principalmente al español y al francés, originaria de la localidad francesa de Bourbon-l’Archambault, donde la familia tuvo su primer solar.
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LOS BORBONES EN FRANCIA

Palacio de Versalles
Uno de los más bellos ejemplos de arquitectura francesa, el palacio de Versalles, fue construido en la década de 1600 por el rey Luis XIV. Hoy es un museo de 1.300 habitaciones.

Ligados primero por vasallaje a los condes de Bourges, en el siglo X pasaron a depender directamente de la Corona francesa. Durante los siglos siguientes, la familia extendió su dominio sobre Autunois y Niverais (Auvernia), Combraille y Berry. Al mismo tiempo, el tronco común se dividió en tres grandes ramas: Borbón-Busset, que perdió la primogenitura al no reconocer Luis XI el matrimonio de Luis de Borbón (1438-1482) con Catalina de Egmont; Borbón-Montpensier, extinguida en el siglo XVII; y Borbón-La Marche, uno de cuyas subdivisiones, la de La Marche-Vendôme, recibió en la persona de Carlos, duque de Vendôme (1489-1537), el título ducal de Borbón de manos de Francisco I.

Luis XVI
Luis XVI, nieto de Luis XV y miembro de la Casa de Borbón, fue considerado un monarca bienintencionado pero débil. La gravosa carga fiscal y las extravagancias de la corte terminaron por provocar la Revolución Francesa. Murió en la guillotina por orden del régimen revolucionario.

En 1548, el matrimonio de Antonio de Borbón con Juana de Albret permitió a la familia acceder al trono de Navarra. En las postrimerías del siglo XVI, durante las guerras de Religión que asolaron Francia, el tercer hijo de aquel matrimonio, Enrique III de Navarra (1553-1610), casado con Margarita de Valois (1572), se convirtió en Enrique IV de Francia (1589) por ser el pariente varón más cercano —como descendiente directo del séptimo hijo de Luis IX— de Enrique III de Francia, que murió sin hijos. Superado por el momento el conflicto religioso con el Edicto de Nantes (1598), a Enrique IV y sus sucesores les ocupó la tarea de consolidar la dinastía. Luis XIV (1643-1715) fortaleció la unión entre Estado y familia real y llevó a Francia a la hegemonía continental, aunque fracasó en su intento de reformar la Ley Sálica, que imponía una sucesión lineal masculina excluyente para las mujeres en todos los casos.

Familia de Luis XVIII
Este grabado de 1807 muestra al futuro rey francés Luis XVIII (sentado, el segundo, de izquierda a derecha) y a su familia, en una representación de los principales componentes del grupo de los émigrés. Junto al conde de Provenza (título de Luis antes de llegar al trono), aparece, de pie, su hermano y futuro sucesor (como Carlos X), el conde de Artois.

Un bisnieto de Luis XIV ascendió al trono francés en 1715 como Luis XV. Su reinado, que duró hasta su fallecimiento, ocurrido en 1774, marcó el inicio de la crisis de la monarquía Borbónica francesa. Crisis que se acentuó y manifestó de forma definitiva durante el reinado de su nieto, Luis XVI, quien le sucedió en ese último año. El inicio de la Revolución Francesa, en 1789, marcó el principio del fin de la monarquía francesa. El propio Luis XVI murió ejecutado por los revolucionarios en 1792, y su hijo (Luis XVII), fallecido en 1795, tan sólo fue reconocido por los monárquicos.
La restauración de la monarquía francesa tuvo lugar en 1814, cuando un hermano de Luis XVI ascendió al trono con el nombre de Luis XVIII, tras la caída de Napoleón I Bonaparte. El propio Napoleón interrumpió el reinado de Luis XVIII cuando, un año después, volvió brevemente al poder en el llamado gobierno de los Cien Días. Carlos X, hermano de Luis XVIII, sucedió a éste en 1824 y hubo de abdicar con motivo de la Revolución de julio de 1830.
Una nueva rama de la Casa francesa de Borbón volvió a reinar ese mismo año de 1830, cuando un descendiente de Felipe I (duque de Orleans y hermano de Luis XIV), fue proclamado rey por la Asamblea Nacional tras la abdicación de Carlos X: Luis Felipe I de Orleans, hijo de Luis Felipe José de Orleans (Felipe Igualdad), fue el primer y único rey francés de la rama Borbón-Orleans. Resultó derrocado durante los acontecimientos revolucionarios de 1848. Los actuales pretendientes al trono francés, encabezados por el conde de París, pertenecen al linaje Borbón-orleanista.
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LOS BORBONES EN ESPAÑA
Fernando VI
El último rey español de la Casa de Habsburgo (o de Austria), Carlos II, falleció sin descendencia, lo que permitió que el siglo XVIII se iniciara con un miembro de la Casa de Borbón en el trono: Felipe V. La imagen representa a su hijo Fernando de Borbón —que reinaría como Fernando VI de España (1746-1759)—, cuando ya había recibido el título de príncipe de Asturias y, por tanto, el derecho sucesorio. El retrato fue pintado por el artista italiano Giovanni Antonio Pellegrini (Museo Naval, Madrid).

En 1700, el testamento de Carlos II de España —sin descendencia— permitió el acceso al trono de Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV y de la infanta española María Teresa de Austria (hija del rey Felipe IV). Sin embargo, el temor a que los Borbones extendieran su dominio sobre la herencia de los Habsburgo españoles movió a Gran Bretaña, las Provincias Unidas y al Sacro Imperio a impugnar el testamento y declarar la guerra. La llamada guerra de Sucesión española finalizó con el reconocimiento general de Felipe V, a cambio de la renuncia de éste a sus derechos al trono de Francia y de la pérdida de los territorios italianos y flamencos.

Isabel II
Destronada en 1868, la reina española Isabel II abdicó dos años después en su hijo, el futuro Alfonso XII, favoreciendo el retorno al trono de la monarquía Borbónica, que se produciría en 1875. Isabel falleció, en 1904, en el exilio que le había llevado, 36 años antes, a París (Francia).

Los Borbones españoles del siglo XVIII —Felipe V (1700-1724 y 1724-1746), Luis I (1724), Fernando VI (1746-1759), Carlos III (1759-1788) y Carlos IV (1788-1808)— se dedicaron a una política de profundas reformas en todos los campos con la intención de devolver España a un lugar destacado entre las potencias europeas. Felipe V fue ayudado primero por consejeros franceses, relevados pronto por españoles pertenecientes a la primera generación de ilustrados. La política dinástica sostenida por Felipe V y su segunda esposa, Isabel de Farnesio, otorgó tronos en Italia a los hijos del matrimonio, dando origen a la rama Borbón-Sicilia. Los reinados de Fernando VI y Carlos III significaron la plenitud del reformismo, al mismo tiempo que se hicieron patentes los límites de la acción de gobierno. El desarrollo de la América española, cuyas posibilidades económicas aún estaban por explotar en su mayor parte, fue una de las tareas que recibieron más atención. El reinado de Carlos IV, que coincidió con el estallido revolucionario en Francia, se vio determinado por las tensiones interiores y la evolución de los acontecimientos exteriores. El agotamiento de los hombres y los programas ilustrados reformistas y la implicación de España en los sucesos internacionales ocasionaron una profunda crisis del Estado y de la dinastía, que llegó a su punto álgido en el enfrentamiento entre el rey Carlos IV y su hijo, el príncipe de Asturias y futuro Fernando VII. La conjura de El Escorial (1807) y el motín de Aranjuez (1808), promovidos por el círculo de don Fernando contra el favorito de los reyes, Manuel Godoy, provocaron el derrocamiento de Carlos IV y la proclamación de Fernando VII. Estas alarmantes muestras de la descomposición de la dinastía sucedían en una España ocupada por las tropas de Napoleón I Bonaparte, en cuyos planes figuraba ya el destronamiento de los Borbones y la inserción de España en la órbita imperial. El desprestigio de la familia real alcanzó su cima en las abdicaciones de Bayona, por las que Carlos IV y Fernando VII entregaron a Bonaparte sus derechos a la Corona de España, quien a su vez los transfirió a su hermano José (1808).

Alfonso XIII
El reinado de Alfonso XIII supuso una nueva etapa dentro del periodo de la historia de España que recibió el nombre de Restauración. En la grabación podemos escuchar al soberano de la Casa de Borbón, en 1921, alabando a las tropas españolas que combatían en Marruecos. La imagen reproduce un óleo de Fernando Álvarez de Sotomayor, pintado hacia 1920 y conservado en el Museo Naval de Madrid, en el que aparece el monarca vestido de almirante.

Con Felipe V se había introducido en España la Ley Sálica, establecida formalmente por Auto Acordado (10 de mayo de 1713). En una reunión de Cortes de 1789 fue derogada y se volvió al orden sucesorio tradicional de Castilla, regido por las Partidas (2,15,2). Pero como la ley no fue publicada, planteó graves problemas a Fernando VII (que verdaderamente reinó en España en 1808 y desde 1814 hasta 1833), quien sólo contaba con descendencia femenina.
Durante el siglo XIX y el XX todos los reyes y reinas de España han pertenecido a la dinastía Borbónica, excepto Amadeo I (1870-1873): Fernando VII (1808-1833), Isabel II (1833-1868), Alfonso XII (1875-1885), Alfonso XIII (1886-1931) y el nieto de éste, Juan Carlos I, que en 1975 comenzó su reinado y fue uno de los artífices de la transición española a la democracia, posterior al régimen dictatorial del general Francisco Franco.

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