Arte paleolítico





El invento del:
Arte paleolítico

Cueva de Altamira
Cueva de Altamira
Los bisontes que se pueden observar en la imagen son sólo una pequeña muestra del conjunto de pinturas prehistóricas que la cueva de Altamira alberga. Datadas en más de 15.000 años de antigüedad, sus representaciones animalísticas, ejecutadas con un hábil estilo naturalista dominador del trazo y de la utilización de los colores, motivaron que esta gruta cántabra, ubicada en el término de Santillana del Mar, recibiera el apelativo de 'Capilla Sixtina del arte paleolítico'.

Arte paleolítico, arte desarrollado entre los años 32.000 y 11.000 a.C., durante el último periodo glacial. Comprende el arte mueble (también llamado arte miniatura o arte portátil) consistente en figuras y objetos decorativos tallados en hueso, cuernos de animal o piedra o modelados toscamente en arcilla, y el arte parietal o rupestre, vinculado al interior de las cuevas en forma de pinturas, dibujos y grabados. Algunos relieves también aparecen en abrigos rocosos al aire libre. Arte paleolítico hay en todo el mundo, pero es mucho más abundante en Europa occidental, de modo que en este artículo sólo se considera el arte de esta zona.
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DESCUBRIMIENTO
Los primeros hallazgos de arte paleolítico fueron piezas de arte mueble descubiertas en las cuevas y abrigos rocosos del suroeste de Francia en la década de 1860. Los objetos eran indudablemente antiguos, probablemente herramientas y útiles paleolíticos así como huesos de animales del periodo glacial. Algunas de las especies representadas (como el mamut) se extinguieron, y otras (como el reno) abandonaron la región hace ya mucho tiempo.
Estos descubrimientos activaron el interés por la excavación en cuevas y abrigos rocosos en busca de arte prehistórico. Algunas personas se habían dado cuenta ya de la existencia de dibujos en las paredes, pero apenas dieron importancia al asunto. El primer llamamiento serio en favor de la existencia del arte rupestre paleolítico se hizo en 1880, cuando el español Marcelino de Sautuola dio a conocer sus hallazgos en la cueva de Altamira (Cantabria). Sus opiniones fueron tratadas con escepticismo por los arqueólogos de la época, hasta que el deslizamiento de una falla ocurrido en la cueva de La Mouthe (Dordoña) en 1895, sacó a la luz una galería con grabados tallados en sus paredes. Los sedimentos paleolíticos aparecidos allí confirmaron la antigüedad de las pinturas. En 1901 se encontraron otros grabados en la cueva de Les Combarelles (Dordoña) y pinturas en la cercana Font de Gaume. En 1902 los arqueólogos reconocieron oficialmente la existencia del arte rupestre. Tras esto, nuevos y numerosos hallazgos se sucedieron ya de forma continuada. Los descubrimientos todavía prosiguen; en Francia y España, incluso hoy, se descubre un promedio de un yacimiento nuevo cada año. En fechas recientes, manifestaciones de arte rupestre de similar cronología han aparecido en otras partes del mundo como Australia, América y el sur de África.
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LOCALIZACIÓN
Se han encontrado objetos de arte paleolítico dispersos por múltiples lugares desde la península Ibérica y el norte de África hasta Siberia, con una notable concentración de restos en Europa occidental, oriental y central. Se conocen miles de ejemplares: mientras en algunos lugares apenas hay unos pocos o ninguno, en otros se cuentan a centenares los artículos de arte mueble aparecidos.
Se han localizado cuevas con decoración paleolítica desde Portugal y el sur de España hasta el norte de Francia. Su distribución es desigual, con abundancia de ejemplos en zonas ricas en restos muebles. Destacan, por encima de todas, las regiones del Périgord, los Pirineos franceses y el norte de España, donde cabe reseñar las cuevas de Altamira y Puente Viesgo en Cantabria, y Tito Bustillo y Peña Candamo en Asturias. También hay concentraciones aisladas en Italia y Sicilia, así como en el suroeste de Alemania, los Balcanes, Rumania y Rusia. Algunas de estas cuevas contienen sólo unas pocas figuras o simplemente una, mientras que en otras, como las francesas Lascaux y Les Trois Frères, las tienen a centenares. En años recientes este tipo de representaciones paleolíticas ha aparecido también en rocas al aire libre, conservadas en circunstancias excepcionales. Hasta ahora, estas pinturas se han hallado en diversos lugares de España, Portugal y los Pirineos franceses.
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CRONOLOGÍA
Recientemente, el análisis de diminutas cantidades de pigmentos procedentes de los dibujos y pinturas rupestres ha demostrado que en muchos casos tales muestras contenían restos de carbón vegetal. La datación por isótopos radiactivos como el carbono 14 (véase Datación: Método del carbono 14) pone de manifiesto que la acumulación de figuras en las paredes de las cuevas fue un hecho inusual, separado a veces por largos periodos de tiempo.
Aparte de los hallazgos esporádicos de objetos decorativos de épocas precedentes, los descubrimientos más antiguos de arte paleolítico se sitúan dentro del periodo auriñaciense, hace 32.000 años. Tales objetos son, por un lado, pequeñas estatuillas antropomórficas y zoomorfas talladas en marfil y piedra, aparecidas en yacimientos del suroeste de Alemania y Austria; y por otro, sofisticadas pinturas como las recientemente descubiertas en la cueva de Chauvet en Ardeche (Francia). Las pruebas de carbono 14 realizadas sobre dos figuras de rinoceronte lanudo y una de bisonte han arrojado una antigüedad de entre 30.000 y 32.000 años, convirtiendo a estas pinturas, por el momento, en las más antiguas del mundo.
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TÉCNICAS Y MATERIALES
El arte mueble abarca una extensa variedad de formas y materiales. La más simple fue la manipulación de objetos naturales como colmillos, conchas o huesos tallados o perforados para fabricar collares y pendientes. En algunos yacimientos han aparecido cientos de plaquetas (piedras con dibujos grabados). También aparecen grabados en los diferentes objetos de hueso tallado, como arpones, anzuelos, cuchillos, punzones y bastones de mando. En diversas zonas, sobre todo en Moravia, se han encontrado pequeñas esculturas de terracota con figuras humanas y animales, pero la mayoría de las estatuillas paleolíticas estaban hechas de marfil o piedra blanda. El marfil también se usó para componer collares, pulseras y brazaletes. Particular interés ofrecen unas características figuritas femeninas de pequeño tamaño talladas en piedra, casi todas del periodo auriñaciense, denominadas genéricamente Venus. Con una clara tendencia a la esquematización y un especial interés por resaltar los atributos sexuales, de entre las más de cincuenta figuras descubiertas destacan la Venus de Willendorf y la Venus de Savignano.
El arte rupestre comprende una asombrosa variedad de técnicas. Un recurso llamativo fue la utilización de las protuberancias naturales de la roca y las estalactitas para acentuar o representar determinadas figuras. La manera más simple de transformar las paredes de la cueva fue imprimir la huella de los dedos sobre la capa de barro que recubre la roca. En algunas cuevas, estas marcas también representan figuras reconocibles. El trabajo en arcilla, limitado al área pirenaica, se extiende desde la estampación sobre las paredes de las huellas de las manos hasta los grabados en el suelo de la cueva y la realización de bajorrelieves mediante la acumulación de grandes cantidades de arcilla. Los famosos bisontes de Le Tuc d’Audoubert están modelados en altorrelieve, y el oso tridimensional de Montespan contiene cerca de 700 kilos (más de media tonelada) de arcilla.
Las figuras de barro sólo se han encontrado en las zonas más profundas y oscuras de las cuevas, mientras que las esculturas en piedra han aparecido siempre en los abrigos rocosos o en las partes iluminadas de las cuevas, es decir, en el tramo más próximo a la entrada. La escultura rupestre, tanto en alto como en bajorrelieve, se limita a la región central de Francia, zona con abundancia de piedra caliza. Casi todas estas esculturas tienen restos de pigmento rojo, lo que demuestra que en su momento estuvieron pintadas, como la mayoría del arte mueble.
El pigmento rojo usado en las paredes de las cuevas estaba compuesto por óxido de hierro (hematites u ocre) mientras que el pigmento negro suele ser manganeso o carbón vegetal, derivado de la combustión de la madera. El análisis de los pigmentos, particularmente en la cueva de Niaux, en los Pirineos, ha puesto de relieve el uso de recetas o trucos pictóricos basados en la combinación del pigmento con talco o feldespato (para dar más cuerpo a la pintura), y con aceites vegetales o animales como aglutinantes.
La manera más rudimentaria de aplicar la pintura en los muros de las cuevas fue con los dedos, aunque por regla general se utilizaron diversos tipos de útiles que no se han conservado hasta nuestros días. Las investigaciones apuntan hacia pinceles hechos con cerdas de animales o pequeñas ramas. Los trozos de pigmento encontrados en el suelo pudieron haber formado parte de lápices o tizas. Para esbozar el contorno de las manos (posándolas sobre la pared de la cueva) y algunos puntos y figuras, la pintura fue, sin duda, rociada directamente con la boca o por medio de un canutillo provisto de pintura. También se pintaron figuras en los techos de las cuevas. Algunos, como los de Altamira (España), podían alcanzarse sin dificultad, pero en otros lugares era necesario utilizar una escalera de mano o algún tipo de andamiaje. En Lascaux, los huecos de una de las paredes de la galería sugieren cómo se construyó el andamiaje.
La luz provenía de las hogueras, pero para las zonas más interiores y profundas de las cuevas fue necesario algún tipo de iluminación portátil, como por ejemplo los candiles de piedra, de los que apenas se conservan unas cuantas muestras, en cuyo seno ardían distintas grasas animales.
A diferencia de las piezas portátiles del arte mueble, limitado a pequeños objetos, el arte rupestre no restringió su tamaño, con lo que las figuras representadas en las cuevas oscilan entre las formas más diminutas y las más desmesuradas. Algunas alcanzan un tamaño superior a los 2 m, como los gigantescos toros de Lascaux que exceden de los 5 m. Las figuras, ya sean humanas o animales, se representaban aisladas o formando conjuntos, y aunque en muchas ocasiones captan el movimiento y el volumen, en ningún caso aparece el suelo o el paisaje de fondo.
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TEMÁTICA
El arte paleolítico se clasifica, normalmente, en representaciones figurativas (animales o humanas) y en composiciones abstractas (signos y símbolos). Casi todos los animales aparecen representados de perfil, la mayoría de ellos en estado adulto y fácilmente reconocibles; muchos otros, sin embargo, aparecen incompletos o se identifican difícilmente, y unos pocos, por último, son seres imaginarios, como el unicornio de Lascaux. El aspecto más llamativo de Lascaux es que la cueva está decorada de forma unitaria. En la mayoría de las cuevas las pinturas no están dispuestas de ese modo, sino que se superponen de modo casual, dificultando su identificación e impidiendo afirmar, en consecuencia, si se trata de asociaciones deliberadas, o de yuxtaposiciones carentes de relación entre sí.
Los animales más representados en el paleolítico fueron el caballo y el bisonte, aunque otras especies (como el mamut o el ciervo) predominaron en determinados lugares. Los carnívoros fueron inusuales y los peces y pájaros aparecieron mucho más en el arte mueble que en el rupestre. Los insectos y las plantas tan solo se encuentran en unos pocos ejemplos del arte portátil. No es, por tanto, el arte paleolítico una mera acumulación de observaciones de la naturaleza. Tiene significado y estructura, con diferentes especies predominantes según épocas y regiones. Mientras que las huellas de manos son relativamente frecuentes, las representaciones de seres humanos escasean en el arte rupestre. Fueron mucho más frecuentes en el arte mueble, especialmente las pequeñas figuras femeninas calificadas como Venus.
Los ideogramas (representaciones de signos y símbolos) son mucho más abundantes que las imágenes figurativas. Dentro de ellos se incluye una amplia gama de motivos, desde un sencillo punto o línea hasta complejas composiciones y extensos muros surcados por marcas lineales. Pueden aparecer totalmente aislados en el interior de las cuevas o estrechamente asociados a las representaciones figurativas. Mientras que para algunos expertos estos signos son representaciones de cosas reales (casas, trampas e incluso marcas de límites territoriales entre diferentes tribus), para otros, como Leroi-Gourhan, son iconografías de carácter sexual.

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SIGNIFICADO DEL ARTE RUPESTRE
Arte rupestre aborigen, Australia
Arte rupestre aborigen, Australia
El arte rupestre aborigen tuvo un gran desarrollo antes de la llegada de los europeos. Alguna de las pinturas que se han encontrado en Australia Meridional fueron realizadas hacia el 18.000 a.C. Se cree que las figuras, como las que se aprecian en la imagen, representaban a los espíritus de los artistas.

En un primer momento el arte rupestre paleolítico se consideró como puramente ornamental, carente de significados más complejos. Este punto de vista se apoyaba en el arte mueble conocido hasta entonces. Pero los avances en el conocimiento de esa época, así como los descubrimientos que se iban haciendo, pusieron de manifiesto que había un complejo aunque indescifrable nexo entre los objetos representados y su localización. Se pintaba un limitado número de especies; con frecuencia las pinturas, dibujos y grabados se encuentran en los lugares más inaccesibles de las cuevas; hay asociaciones y signos enigmáticos, figuras intencionadamente incompletas o ambiguas, y cuevas decoradas que aparentemente no fueron habitadas.
A comienzos del siglo pasado se aplicó al arte paleolítico la teoría funcional de la magia simpática. Según esta teoría, las pinturas servían para influir de forma mágica en sus modelos reales. Así por ejemplo, un bisonte pintado provocaría la caza de dicho animal. Se intentaron descubrir ritos y magias en cada aspecto del arte paleolítico, en los fragmentos de objetos decorados y en la representación de animales con flechas clavadas para propiciar su captura. Pero muy pocas figuras de animales paleolíticos tienen flechas clavadas, y muchas cuevas no tienen ninguna imagen de este tipo. En otros casos no hay escenas evidentes de caza y los huesos de animales encontrados en muchas cuevas no guardan relación con las especies pintadas, de modo que la motivación oculta del arte rupestre pudo distanciarse de las prácticas cotidianas que reflejan los restos descubiertos hasta ahora.
Otra teoría bastante popular fue la denominada magia de la fertilidad, según la cual la representación de animales garantizaría su reproducción y la consiguiente provisión de alimentos para el futuro. Pero en muy pocos casos se distingue el género de los animales, y los genitales se muestran casi siempre de manera discreta. En cuanto a la copulación, en toda la iconografía paleolítica solamente hay uno o dos ejemplos (bastante dudosos).
En definitiva, la mayor parte del arte paleolítico no tiene una relación clara con la caza o la reproducción. En la década de 1950 dos investigadores franceses, Annette Laming-Emperaire y André Leroi-Gourhan, llegaron a la conclusión de que las cuevas no habían sido decoradas al azar, sino de forma sistemática. Concibieron los diferentes ejemplos de arte rupestre como composiciones cuidadosamente planificadas dentro de cada cueva, considerando a los animales no como retratos sino como símbolos. Descubrieron toda una serie de asociaciones que se repetían con frecuencia: el predominio de caballos y bóvidos, agrupados en los muros centrales, se consideró una representación de la dualidad sexual. Dividieron también los signos abstractos entre masculinos (falos) y femeninos (vulvas).
Algunos investigadores intentan establecer criterios para identificar la obra de artistas individuales. Otros han creído descubrir relaciones entre las paredes más decoradas y la acústica de la cueva, sugiriendo con ello que el sonido desempeñó un importante papel en las ceremonias asociadas al arte rupestre.
De cualquier modo, ninguna interpretación es suficiente para explicar todo el arte paleolítico, un periodo que abarca las dos terceras partes de la historia del arte, 25 milenios sobre la mayor parte de la superficie terrestre.

Arte olmeca





El invento del:
Arte olmeca

Hacha ceremonial olmeca
Hacha ceremonial olmeca
Esta cabeza de un hacha ceremonial olmeca, tallada en jade, combina rasgos humanos y felinos, quizá como representación de una deidad. Data de alguna fecha entre los años 700 y 300 a.C. y se conserva en el Museo Británico de Londres.

Arteolmeca, conjunto de manifestaciones de carácter singular e innovador que sentaron los patrones estéticos para todo el posterior desarrollo del arte mesoamericano. Las principales expresiones artísticas de los olmecas fueron la escultura y la cerámica. Asimismo, también se debió a ellos el inicio de un sistema de escritura y los cómputos matemáticos.

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ESCULTURA
Cabeza olmeca
En el parque de Villahermosa, en la capital del estado de Tabasco (México), se conservan algunas de las cabezas colosales olmecas encontradas en La Venta y San Lorenzo. Estas esculturas megalíticas están labradas en piedra basáltica, y su altura oscila entre 2,4 y 3,6 metros.

Encontramos esculturas en grandes bloques de piedra de basalto y andesita, y finos trabajos de pequeñas hachas y figuritas labradas en jade y obsidiana. Es un arte oficial, propio de una sociedad muy desarrollada, donde la demanda de las elites ha fomentado la aparición de artesanos de dedicación completa sumamente especializados en distintas tareas. La escultura monumental pertenece al ámbito de los centros ceremoniales. Las famosas cabezas colosales de La Venta y Tres Zapotes alcanzan 3 metros de altura por 3 de diámetro y hasta 65 toneladas de peso. Son representaciones de hombres con nariz achatada y labios gruesos, cubiertos con una especie de casco circular. Los altares son composiciones iconográficas labradas sobre bloques paralelepípedos de piedra en uno de cuyos lados aparece un nicho del que emerge una figura antropomorfa. Las estelas son bloques alargados tallados por un lado con personajes de alto rango. Hay tallas de estilo olmeca en lugares tan remotos como Chalchuapa (El Salvador).
Además de estas enormes esculturas encontramos hachas y estatuillas de jade, jadeita o serpentina, de formas muy diversas en las que predominan las representaciones de la divinidad hombre-jaguar.
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CERÁMICA
La cerámica se caracteriza por los vasos escultóricos, cilíndricos, platos de fondo plano y ollas globulares de cuello recto, decorados con motivos incisos o raspados y por figurillas, algunas antropomorfas con cara de niño. Algunas piezas son macizas y están modeladas a mano, a la manera del periodo formativo, y otras, de arcilla blanca, están huecas y representan los rasgos faciales del llamado niño-jaguar.
Esta gran variedad de manifestaciones artísticas se encuentra en un amplio ámbito de expansión mesoamericano formando un compendio de rasgos comunes que se manifiestan en un estilo poderoso y uniforme.
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ARQUITECTURA
Con los olmecas aparecen desde el periodo preclásico medio (1200-900 a.C.) los más antiguos centros ceremoniales planificados que se conocen en Mesoamérica. Situados generalmente en islas —o en elevaciones del terreno que se transforman en islas durante la temporada de lluvia— los centros ceremoniales de esta época consisten esencialmente en plataformas y basamentos hechos de tierra compacta o, en algunos casos, de adobe o bloques de arcilla secados al sol. Pero de los templos y palacios que debieron levantarse encima de los montículos —simples chozas hechas de materiales perecederos— no quedan huellas.
4.1
San Lorenzo
San Lorenzo, uno de los primeros de estos centros ceremoniales olmecas, se eleva en una meseta levantada mediante una gigantesca labor de acarreo de tierra. Sus montículos artificiales se complementan con numerosas lagunas de diversos tamaños que proveían de agua durante la temporada seca y cuyo nivel podía regularse por medio de una ingeniosa red de canales de desagüe hechos de grandes bloques de basalto. Los montículos muestran entre sí una simetría que no es accidental, tal es el caso de los llamados grupos C y D. Y más evidente es aún la existencia, en torno a un eje norte-sur, de varios grupos de plataformas regulares que integran plazas en las que se dispone lo que parece una de las primeras canchas de juego de pelota o tlachtli. Aquí encontramos por primera vez la planificación que luego marcará las pautas para toda Mesoamérica: un eje central en torno al cual se disponían las plazas y los edificios.
4.2
La Venta
El sitio de La Venta (1100-400 a.C.) está situado aproximadamente en el centro de una isla pantanosa de unos 5 km2 de extensión. El elemento principal es una gran pirámide de arcilla, de 30 m de altura por 130 m de diámetro, que poco a poco fue rodeada por construcciones más bajas siguiendo un eje norte-sur. Aparte de los montículos semiesféricos que rodean la gran pirámide, el conjunto se cierra al norte con una pirámide escalonada, la primera en Mesoamérica, frente a la cual se levanta una amplia explanada artificial hecha en adobes. Dentro del basamento escalonado que limita el conjunto se han encontrado tres tumbas, una de ellas formada por columnas basálticas y otra que contenía el único sarcófago monolítico conocido en Mesoamérica.
La arquitectura olmeca es el primer ejemplo mesoamericano de una distribución arquitectónica planificada. Sus basamentos y plazas constituyen el primer intento de convertir las formas arquitectónicas en una visión cultural del Universo. Desgraciadamente desconocemos el sentido exacto de la cosmovisión que los olmecas intentaron plasmar, pero no tenemos dudas sobre el carácter intencionado de su incipiente urbanismo.

Arte mesopotámico





El invento del:
Arte mesopotámico

Relieve asirio
Relieve asirio
Unos soldados asirios llevan un carro a la otra orilla del río, mientras que un hombre (arriba a la izquierda) flota sobre una piel inflada. Los relieves de estas características informan sobre interesantes aspectos de la civilización asiria.

Arte mesopotámico, conjunto de obras realizadas por las civilizaciones del antiguo Oriente Próximo que habitaron la región comprendida entre los ríos Tigris y Éufrates, actual Irak, desde la prehistoria hasta el siglo VI a.C. Las tierras bajas de Mesopotamia abarcan una llanura fértil, pero sus habitantes se tuvieron que enfrentar al peligro de las invasiones, las extremas temperaturas, los periodos de sequía, las violentas tormentas y los ataques de las fieras. Su arte refleja al mismo tiempo su adaptación y su miedo a estas fuerzas naturales, así como sus conquistas militares. Establecieron núcleos urbanos en medio de las llanuras, cada uno dominado por un templo, que fue el centro del comercio y la religión hasta que fue desbancado en importancia por el palacio real. El suelo de Mesopotamia proporcionaba el barro para los adobes que fueron el material constructivo más importante de esta civilización. Los mesopotámicos también cocieron esta arcilla para obtener terracota, con la que realizaron cerámica, esculturas y tablillas para la escritura. Se conservan pocos objetos en madera. En la escultura emplearon basalto, arenisca, diorita y alabastro. También trabajaron algunos metales como el bronce, el cobre, el oro y la plata, así como nácar y piedras preciosas en las piezas más delicadas y en las labores de incrustación. En sus sellos cilíndricos usaron piedras de todas las clases, como lapislázuli, jaspe, cornalina, alabastro, hematites, serpentina y esteatita. No obstante, algunas de estas piedras escaseaban en la zona, por lo que tuvieron que importarlas.
El arte de Mesopotamia abarca una tradición de 4.000 años que en estilo e iconografía es aparentemente homogénea. De hecho, fue creada y mantenida por las sucesivas oleadas de pueblos invasores, diferentes tanto étnica como lingüísticamente. Hasta la conquista por los persas en el siglo VI a.C. cada uno de esos grupos hizo su propia contribución al arte mesopotámico. Los sumerios fueron el primer pueblo que controló la región y estableció su arte, seguidos por los acadios, babilonios y asirios. El control político mesopotámico y sus influencias artísticas se extendieron a las culturas vecinas, llegando incluso en ocasiones a zonas tan alejadas como la costa sirio-palestina, de modo que los motivos artísticos de estas áreas lejanas influyeron en los centros mesopotámicos y viceversa.
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EL PERIODO PREHISTÓRICO
Vasija mesopotámica
Vasija mesopotámica
Esta vasija mesopotámica de terracota (Museo de Irak, Bagdad) está fechada entre el 5000 y el 3000 a.C. Está decorada en un estilo animalista, donde los animales se representan de forma esquemática. Ese estilo está asociado con las tribus nómadas del periodo neolítico y se extendió en una zona que abarca desde Oriente Próximo a la Rusia meridional.

Los vestigios artísticos y arquitectónicos más antiguos conocidos hasta la fecha proceden del norte de Mesopotamia, del asentamiento proto-neolítico de Qermez Dere en las colinas de Jebel Sinjar. Niveles arqueológicos fechados en el noveno milenio a.C. han revelado que existieron cabañas de planta circular, con uno o dos pilares de piedra enlucidos en yeso. Además, cuando se abandonaron estas construcciones, se colocaron sobre el suelo calaveras humanas, hecho que indica alguna práctica ritual.
Los periodos neolítico y calcolítico del arte mesopotámico (c. 7000 a.C.-c. 3500 a.C.), anteriores a la aparición definitiva de la escritura, se designan por el nombre de sus yacimientos arqueológicos: Hassuna, en el norte, es una localidad donde se han hallado algunas viviendas y cerámica pintada; Sāmarrā, cuyos diseños cerámicos abstractos y figurativos parece que tuvieron significado religioso, y Tell Halaf, lugar en el que se realizó cerámica decorada y estatuillas de mujeres sedentes que se interpretan como diosas de la fertilidad. En el sur los primeros periodos reciben las denominaciones de El-Obeid (c. 5500-c. 4000 a.C.) y antiguo y medio Uruk (c. 4000-c. 3500 a.C.). La cultura de El Obeid se caracteriza por su cerámica brillante decorada en negro encontrada en dicha localidad, aunque existen otros ejemplos posteriores en Ur, Uruk y Eridú. Uno de los rasgos principales de la larga secuencia de niveles arqueológicos descubiertos en Eridú es la existencia de un pequeño santuario cuadrado (c. 5500 a.C.) reconstruido con una hornacina que pudo alojar la estatua de culto, delante de un altar ritual. Los templos superpuestos posteriormente son más complejos, presentando una cella central o verdadero santuario rodeado por pequeñas habitaciones con pórticos. El exterior estaba decorado con hornacinas y contrafuertes, elementos típicos de los templos mesopotámicos. En cuanto a la escultura en barro del periodo de El Obeid, se conservan la figura de un hombre de Eridú y de una mujer sujetando un niño en Ur.
En varios de los lugares mencionados anteriormente se han encontrado diferentes objetos pertenecientes al último periodo de Uruk y al Jemdet Nasr, también conocido como periodo protoliteral (c. 3500-c. 2900 a.C.). La ciudad más importante fue Uruk, la Erech de la Biblia, actual Warka en Irak. El templo de caliza fue el edificio principal del quinto nivel en Uruk (c. 3500 a.C.). Aunque su superestructura no se ha mantenido, se conservan algunos restos, en un estrato de tierra compacta, que nos permiten intuir que fue un edificio con hornacinas de tamaño monumental (76×30 m). Algunas construcciones del cuarto nivel de Uruk estaban revestidas con mosaicos a base de conos de arcilla policromada que se incrustaban en los muros formando diseños geométricos. Otra de las técnicas decorativas fue el encalado o blanqueado de los muros. Esto ha hecho que se denomine como templo Blanco a un edificio construido en el área de Uruk, dedicado al dios sumerio Anu, que tuvo en su interior un santuario encalado, estrecho y largo. Situado sobre un elevado podio, el templo medía 12 metros desde el nivel del suelo, prefigurando la típica construcción religiosa mesopotámica, el zigurat o torre escalonada, cuya función consistía en acercar un poco más a los sacerdotes o soberanos a los dioses celestiales, o servir de estrado para que la deidad pudiera descender a comunicarse con los que la adoraban.
En Uruk se han descubierto excepcionales esculturas en piedra. La más hermosa es una cabeza de mujer o diosa realizada en piedra caliza (c. 3500-c. 3000 a.C., Museo de Irak, Bagdad), que supuestamente tuvo incrustaciones decorativas en las cejas, en los grandes ojos abiertos y en la profunda raya central de su cabello. También en el Museo de Irak se conserva una vasija ritual de alabastro (3500-3000 a.C.) compartimentada en registros o bandas horizontales. La banda superior representa una procesión en la que el rey ofrece a la diosa de la fertilidad Inanna (véase Religión sumeria), o a su sacerdotisa, un cesto de frutas; sacerdotes desnudos llevan ofrendas en la central y en la franja más baja aparece una hilera de animales sobre formas vegetales. El último periodo Uruk incorporó el sello cilíndrico, seguramente en estrecha asociación con el primer uso de las tablillas de barro cocido. Su forma cilíndrica permanecerá como prototipo de sello mesopotámico en los 3.000 años siguientes. Estas pequeñas piedras grabadas se usaron como forma de identificación personal en cartas y documentos, envolviéndose en una banda de arcilla húmeda para obtener una impronta continua o escena simbólica en miniatura. Los sellos más antiguos exhiben motivos decorativos: toros, sacerdotes o reyes portando ofrendas, crías de ganado, motivos marinos o de caza, arquitecturas, leones con cabeza de serpiente y otras figuras grotescas. Los animales, reales o imaginarios, se reprodujeron con gran vitalidad, incluso cuando fueron interpretados de forma estilizada. El arte de los grabadores de sellos fue una expresión de la cultura mesopotámica tan importante como las artes monumentales.
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EL PERIODO PROTODINÁSTICO
La primera época histórica del dominio sumerio se extendió desde aproximadamente el 3000 a.C. al 2340 a.C. Al mismo tiempo que se continuaron las antiguas tradiciones constructivas se introdujo una nueva tipología arquitectónica: el templo oval, un recinto con plataforma central que sustenta un santuario. Las ciudades-estado dirigidas por gobernantes o soberanos que no eran considerados seres divinos se localizaron en Ur, Umma, Lagash (actual Tell al-Hiba), Kis y Esnunna (actual Tell Asmar). Muchos de los objetos realizados en este periodo son conmemorativos: relieves que describen escenas de banquetes, celebraciones de victorias militares o construcciones de templos. Muchas de ellas, como la estela de piedra caliza (conservada en el Museo del Louvre de París) del rey Eannatum de Lagash, se utilizaban frecuentemente como mojones. Dicha estela representa en uno de los lados al rey a la cabeza de su ejército en una batalla y por el otro lado al dios Ningirsu sosteniendo una red que contiene al enemigo derrotado. El Estandarte de Ur (c. 2700 a.C., Museo Británico de Londres) es una tabla adornada con conchas marinas, esquisto, lapislázuli y piedras rosáceas que muestra escenas religiosas o procesiones ordenadas en tres bandas.
En los sellos cilíndricos tallados, así como en la escultura en metal, los temas mitológicos son los motivos más habituales de representación. En un gran relieve en cobre del templo de El Obeid (c. 2340 a.C., Museo Británico), un águila con cabeza de león o leontocéfala, con las alas extendidas, se cierne sobre dos ciervos. Las figuras, mitad hombre, mitad toro, fueron motivos destacados, así como las figuras femeninas luchando con leones. Sin embargo, hoy día no se pueden identificar todos estos motivos mitológicos. Se han encontrado también objetos refinadamente trabajados, como coronas, puñales, vasijas y otras piezas decorativas. Leonard Wooley, entre los años 1926 y 1931, encontró muchos de estos elementos en la necrópolis real de Ur (c. 2600 a.C.). Dos de los más hermosos representan a dos cabras rampantes (Museo Universitario de Filadelfia y Museo Británico de Londres) que descansan sus patas delanteras sobre un árbol dorado que termina sus ramas en rosetas simbólicas. El árbol, las cabezas y las patas de las cabras están cubiertas de oro repujado, los vientres están hechos de plata, su piel con conchas marinas y las barbas, pelaje y cuernos están tallados en lapislázuli.
La escultura sumeria, generalmente de alabastro, exhibe una gran variedad de estilos, y sus formas geométricas pueden ser muy expresivas. Incluye figuras oferentes, sacerdotes o gobernantes, algunas de sexo femenino. En el templo de Abu en Tell Asmar se encontraron doce de ellas. Estas esculturas de piedra (c. 2740 a.C.-2600 a.C., Museo de Irak, Instituto Oriental de la Universidad de Chicago, Museo Metropolitano de Nueva York), con sus brazos dispuestos delante del pecho con las manos juntas, tienen ojos enormes, redondos y desorbitados de mirada fija, realizados con conchas marinas y caliza negra. Ligeramente más naturalista, el Museo del Louvre conserva una figura masculina sedente (c. 2400 a.C.) de alabastro procedente de Mari. La arquitectura de este periodo en Mari (actual Tell Hariri, Siria), muestra influencias del área occidental de Mesopotamia.
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EL PERIODO ACADIO
Cabeza de un rey acadio
Cabeza de un rey acadio
Esta cabeza de bronce de Nínive, fechada aproximadamente hacia el 2300 a.C., y que representa a un rey acadio, posiblemente a Naram-Sinm, mide 30 cm. Las cuencas de los ojos estuvieron en su origen rellenas con piedras preciosas. El pelo y la barba estilizados son típicos del arte mesopotámico.

Los pueblos semitas acadios alcanzaron gradualmente el dominio de la zona hacia finales del siglo XXIV a.C. Bajo Sargón I el Grande, que reinó aproximadamente entre el 2335 a.C. al 2279 a.C., extendieron su dominio sobre Sumer, unificando toda Mesopotamia. Aunque subsisten pocos vestigios de su arte, los restos conservados están dotados de una maestría técnica y una fuerte energía. En las ciudades acadias de Sippar, Assur, Esnuna, Tell Brak y en su aún no encontrada capital Acad, el palacio se convierte en el edificio más importante en sustitución del templo. Una magnífica cabeza de cobre de Nínive (Museo de Irak), que representa probablemente a Naram-Sin, el nieto de Sargón que reinó durante los años 2255 a.C. al 2218 a.C., enfatiza la nobleza de estos soberanos acadios, que asumieron el aspecto de semidioses. El propio Naram-Sin es el protagonista de una estela en piedra arenisca, hábilmente realizada (Museo del Louvre), que muestra una de sus victorias en las montañas. El rey viste la tiara con cuernos, símbolo de la divinidad y, a diferencia de la iconografía de la estela de Eannatum, el dios protector no se reconoce por su ayuda en el éxito militar. Las fuerzas celestiales están simplemente insinuadas por estrellas solares situadas en la cumbre. Perfectamente adaptado a la forma de la piedra se destaca el movimiento rítmico del ejército triunfal de Naram-Sin subiendo la montaña y haciendo caer al enemigo.
Los entalladores de sellos aplicaron las innovaciones acadias más significativas. El pequeño espacio de cada sello se rellena con escenas agitadas: dioses y héroes luchando cuerpo a cuerpo contra animales salvajes, monstruos y carros procesionales. Las escenas de presentación u ofrenda, en las que un intermediario o una deidad personificada presenta a otra figura ante un dios sedente de mayor importancia, constituyen una innovación temática acadia que evolucionó en los periodos siguientes. Algunos de los temas descritos en los sellos acadios han sido identificados con historias del Poema de Gilgamesh, aunque todavía muchas de ellas no han sido interpretadas.
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EL PERIODO NEOSUMERIO
Después de un mandato de siglo y medio, el Imperio acadio cayó bajo dominio de los gutis, pueblos nómadas que no centralizaron su poder. Esto permitió reorganizarse a las ciudades sumerias de Uruk, Ur y Lagash, iniciándose así la edad neosumeria o tercera dinastía de Ur (c. 2121-2004 a.C.). En Ur, Eridú, Nippur y Uruk se construyeron impresionantes santuarios que incorporaban zigurats realizados con ladrillos y adobe. Gudea (c. 2144-2124 a.C.), soberano de Lagash, contemporáneo de Ur-Nammu —el fundador de la tercera dinastía de Ur— se conoce por más de 20 estatuas que lo representan, realizadas en dos tipos de piedras negras y duras, la dolomita y la diorita. Sus manos están cruzadas al viejo estilo sumerio, pero su cara redonda y su ligera musculatura en brazos y hombros muestran el deseo del escultor por plasmar en este difícil soporte unas formas más naturales. La excepción aparece en las figuras antropomórficas que combinan rasgos zoomorfos, porque son más estáticas que el resto de las representaciones escultóricas. Los más realistas son unos pequeños relieves y estatuillas de terracota que representan a fieles haciendo sacrificios de animales, héroes legendarios, músicos e incluso una mujer amamantando a su hijo.
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PERIODO ARCAICO BABILONIO O PERIODO PALEOBABILÓNICO

Estela de Hammurabi
Estela de Hammurabi
El Código de Hammurabi, uno de los códigos legales más antiguos de la historia, está grabado en esta estela de basalto negro que mide 2,2 m de altura y que fue realizada hacia el 1780 a.C. La parte superior (en la imagen) muestra a Hammurabi con el dios solar, Shamash, que le está dando un bastón y un anillo que simbolizan el poder de administrar justicia.

Tras el declive de la civilización sumeria, Mesopotamia fue una vez más unificada por gobernantes semitas (c. 2000-1600 a.C.), como Hammurabi de Babilonia. La representación en relieve del soberano en su famoso código legal (c. 1780 a.C., Museo del Louvre) no es muy diferente de las estatuas de Gudea, aunque sus manos no estén cruzadas ni aparezca como intermediario ante el dios solar Shamash. De Mari procede el arte más original del periodo babilónico, incluyendo arquitectura, escultura, metalistería y pintura mural. La representación de animales, como en la mayor parte del arte mesopotámico, es más natural que la de los seres humanos. Los pequeños frisos de Mari y otras ciudades muestran escenas de la vida cotidiana con músicos, boxeadores, carpinteros y campesinos. Estas representaciones son mucho más reales que las del solemne arte religioso u oficial.
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LAS DINASTÍAS CASITA Y ELAMITA
Los casitas, pueblo de origen no mesopotámico, aparecieron en Babilonia poco después de la muerte de Hammurabi en el año 1750 a.C., sustituyendo a los gobernantes anteriores hacia el 1600 a.C. Los casitas adoptaron la cultura y el arte mesopotámicos. Los elamitas del oeste de Irán destruyeron el reino casita hacia el 1150 a.C. Su arte parece una imitación provinciana de los primeros estilos mesopotámicos. De hecho, su admiración por el arte acadio y babilonio les hizo llevarse la estela de Naram-Sin y el Código de Hammurabi a Susa, su capital iraní.
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EL IMPERIO ASIRIO
Relieve mesopotámico
Relieve mesopotámico
Los palacios de Mesopotamia se revistieron con relieves narrativos esculpidos sobre láminas de alabastro. Por lo general representaban escenas de las vidas de los reyes. Este relieve que formó parte del palacio de Dur Sharrukin, actual Jorsabad, muestra a Sargon II (721-705 a.C.) con uno de sus súbditos.

La primitiva historia del arte asirio, desde el siglo XVIII al XIV a.C., es aún en gran parte desconocida. El arte del periodo asirio medio o mesoasirio (1350 a.C. al 1000 a.C.) muestra su dependencia de las tradiciones estilísticas babilónicas. Por ello, los temas religiosos se presentan de una forma solemne, mientras que las escenas profanas se representan de una manera más naturalista. El zigurat fue la principal forma de la arquitectura religiosa asiria. El uso de ladrillos vidriados polícromos fue muy común en esta etapa mesopotámica. Con el paso del tiempo se convirtieron en la típica decoración arquitectónica neobabilónica, ya que las fachadas de los edificios se recubrieron con cerámica vidriada. El árbol de la vida y los grifos (animales mitológicos con cabeza de águila y cuerpo de león), que aparecen en los sellos cilíndricos y en las pinturas murales de los palacios, pueden proceder del arte hurrita de Mitanni, al norte de Mesopotamia. A diferencia de las antiguas, las decoraciones vegetales se volvieron estilizadas y artificiosas. Las imágenes simbólicas sustituyeron frecuentemente a las representaciones de los dioses. Tukulti-Ninurta I, rey entre los años 1244 a.C. y 1207 a.C., encargó gran parte de las obras artísticas y arquitectónicas que se realizaron en Assur, donde también construyó su propio palacio-ciudad, Kar Tukulti-Ninurta. En el arte de ambos asentamientos se acentúa la diferencia entre los dioses y los seres humanos. El friso narrativo, derivado de las escenas de estelas y sellos, será el elemento artístico más importante del arte asirio.
El arte asirio genuino va a desplegarse en el periodo neoasirio o periodo asirio tardío (1000-612 a.C.), en la época de los grandes constructores. El primero de los últimos reyes asirios importantes fue Assurnasirpal II, que reinó del 883 al 859 a.C., y convirtió la ciudad de Nimrud (antigua Calach de la Biblia) en capital militar. Dentro de los muros de Nimrud, que abarcaba un área cercana a las 360 hectáreas, se alzaban la ciudadela y las principales construcciones reales, como el palacio real del noroeste, decorado con esculturas en relieve. Sargón II, que reinó entre el 722 y el 705 a.C., llevó las riendas del imperio desde una ciudad de nueva planta, Dur Sharrukin (actual Jursabad), que abarcaba 2,6 km2 y estaba rodeada por una muralla con siete puertas, tres de ellas decoradas con relieves y ladrillos vidriados. En el interior de dicho recinto se encontraba el palacio de Sargón, que contaba con más de 200 habitaciones y patios, un gran templo, residencias y templos de menor categoría. A su muerte sólo se había terminado parte del complejo arquitectónico. Su hijo y sucesor, Senaquerib, que reinó entre los años 705 y 681 a.C., trasladó la capital a Nínive, donde construyó su propio palacio al que denominó ‘palacio sin rival’, también conocido como el palacio del suroeste. Assurbanipal, que reinó del 669 al 627 a.C., construyó al norte de Nínive otro palacio.
Los asirios adornaron sus palacios con magníficos relieves escultóricos. El alabastro verdadero, una piedra blanda que abundaba en la parte más alta del río Tigris, se podía tallar más fácilmente que las piedras duras utilizadas por los sumerios y los acadios. Para impresionar a los visitantes y realzar su poder ante los ojos de sus súbditos expusieron en letra cuneiforme, talladas en bandas horizontales por toda la superficie de los muros del palacio, crónicas que relataban su superioridad en las cacerías y en los campos de batalla. Además, el visitante que se acercara a las puertas de Nimrud o Jursabad, debía hacer frente a unas enormes esculturas, guardianes antropomórficos, leones, esfinges aladas con cabeza humana o toros con cinco patas para ofrecer un punto de vista frontal y otro lateral. A veces estos seres mitológicos se representaban iconográficamente en la figura de Gilgamesh y su cachorro de león o como oferentes que llevan animales al sacrificio. Una de las mejores muestras es el retrato idealizado de Sargón II en Jursabad, con un íbice entre sus manos (Museo del Louvre, c. 710 a.C.). Sin embargo, el tema principal de estos relieves de alabastro es puramente profano: el rey cazando leones y otros animales, el triunfo de los asirios sobre el enemigo o el rey deleitándose en su jardín. En la escena de Assurbanipal en Nínive (del siglo VII a.C., Museo Británico), el arpista y unos pájaros desde los árboles interpretan música para los soberanos, que están, reclinado él y sentada ella, bebiendo vino bajo una parra, mientras sus sirvientes los protegen de las moscas con abanicos, reconfortando así a la pareja real. La cabeza cortada del rey Elam, que cuelga de un árbol próximo, recuerda discretamente el poder asirio.
Los escultores realizaron excelentes escenas de caza. Las fieras se representaban con más esmero que los seres imaginarios antropomórficos. El león y la leona moribundos, detalles de una escena de caza del palacio de Assurbanipal en Nínive (c. 668 a.C., Museo Británico), se consideran los más hermosos estudios de animales del mundo antiguo. Otros relieves de este edificio presentan escenas militares: batallas, asedio y asalto a ciudades, vida cotidiana en los campamentos del ejército, captura de prisioneros o el trato violento que se daba a los rebeldes.

Assurbanipal
Assurbanipal
Esta escena pertenece a una serie de relieves que describen diferentes momentos de la vida del rey asirio Assurbanipal (669-627 a.C.). El monarca está sentado en lo alto de un diván en el jardín de su palacio de Nínive rodeado de palmeras, cipreses y parras. A su lado está la reina Assursarrat y, detrás de ellos, varios sirvientes les obsequian con frutos y música. Actualmente este relieve se conserva en el Museo Británico de Londres.

Los relieves arquitectónicos de los palacios de Nimrud, Jursabad y Nínive son importantes no sólo porque representan el punto culminante del arte mesopotámico, sino porque son valiosos documentos históricos. Aunque las ciudades, vistas marinas y paisajes no se representaron con el realismo y la perspectiva del arte occidental posterior, las construcciones fortificadas, los barcos, carros, trampas, sistemas de caza, armas, libaciones rituales y el vestuario se describen con tal nitidez que el observador actual puede hacerse una idea bastante exacta de su apariencia. Los diferentes pueblos que habitaban Mesopotamia, Siria y Palestina en el primer milenio a.C. están pormenorizados con gran realismo y pueden identificarse por su vestimenta, rasgos faciales y peinados.
Entre los relieves de Nimrud del siglo IX a.C. y los de Nínive del siglo VII se observan diferencias estilísticas. En las escenas más antiguas los ejércitos se representan con pocos soldados, sin tomar en consideración el tamaño diferente que existe entre los seres humanos y los edificios. Las figuras se disponen en franjas superpuestas para sugerir profundidad. En las escenas de Nínive, las figuras talladas en bajorrelieve llenan todo el espacio pictórico, y no sólo hay un mayor estudio de los detalles, sino que a veces las figuras sobresalen, dando al espectador la impresión de que los personajes y los animales ocupan un espacio tridimensional.
El arte de la glíptica o de los entalladores de sellos del último periodo asirio es una combinación de realismo y mitología. En las escenas naturalistas incluso aparecen símbolos de los dioses. En esta etapa se hicieron en Nimrud y en Jursabad fabulosas esculturas de marfil. En Nimrud se han encontrado miles de estas figurillas elefantinas, que manifiestan una gran variedad de estilos. Muchas, como los frisos de las leonas, quedaron abandonadas en los pozos del palacio del noroeste cuando la ciudad fue saqueada hacia el 612 a.C. Entre las piezas de Nimrud destacan un par de frisos que representan a leonas atacando un etíope (Museo de Irak y Museo Británico). Están realizadas en marfil, miden aproximadamente 10 cm de alto y presentan incrustaciones de lapislázuli y cornalina roja para darles brillo. Estas delicadas esculturas, que guardan un cierto parecido con los objetos sirio-fenicios encontrados en Arslan Tash, en la parte más alta del Éufrates, y en Samaria, capital del reino israelita, pudieron realizarse fuera de Asiria. Los bajorrelieves de las leonas incorporan iconografía egipcia y se asemejan a los prototipos de la artesanía fenicia. La que se conserva en el Museo Británico tiene en su base, presumiblemente como marca del artífice, la letra fenicia aleph. Quizás se importaron de Fenicia, o tal vez fueron realizadas por artesanos fenicios en tierras asirias.
El arte de los pueblos que vivieron en la periferia del Imperio asirio suele carecer del atractivo estético del realizado en la capital. En Tell Halaf el palacio de un gobernante local fue decorado con extraños relieves y esculturas, entre cuyas figuras aparece un hombre-escorpión. En Tell Ahmar, en el norte de Siria (antigua Til Barsip, la ciudad asiria de Kar Salmanasar), se descubrió un palacio decorado con pinturas murales asirias. Algunas se han datado a mediados del siglo VIII a.C. y otras en el siglo VII a.C. en la reconstrucción realizada bajo Assurbanipal. En los muros más antiguos aparecen escenas con genios alados, la derrota y ejecución despiadada de tropas enemigas, audiencias concedidas a oficiales y escribas consignando los botines de las naciones sojuzgadas. Las decoraciones pictóricas de Jursabad, más formalistas, consistían en motivos repetidos en franjas, rematadas por dos figuras rindiendo homenaje a la divinidad. Las excavaciones en Luristán, región montañosa al oeste de Irán, han sacado a la luz exquisitos bronces con criaturas fantásticas, probablemente realizadas a mediados del último periodo asirio y utilizadas como ornamento en arneses, armas y otros utensilios.
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EL ARTE SIRIO, FENICIO Y PALESTINO
Al encontrarse Siria, Fenicia y Palestina en la ruta terrestre entre Asia Menor y África, el arte antiguo de estas regiones muestra la influencia de aquellos que la conquistaron, la atravesaron o comerciaron con sus habitantes. Se han encontrado sellos cilíndricos mesopotámicos del periodo artístico Jemdet Nasr tanto en la ciudad israelí de Megiddo, como en Biblos, capital de Fenicia. Los hurritas del norte de Siria se especializaron posteriormente en la talla de estos sellos. Las estatuillas en bronce encontradas en Biblos, así como los puñales y otras armas ceremoniales de comienzos del segundo milenio a.C., son ya marcadamente fenicios. Aunque los motivos utilizados por los artistas locales proceden de más allá de su región inmediata (Creta, Egipto, el Imperio hitita y Mesopotamia), la técnica empleada en los objetos artísticos encontrados en Biblos y Ugarit, con todo su significado cultural, es específicamente fenicia. Los orfebres y plateros fenicios fueron diestros artesanos, pero la calidad de su trabajo dependió de la sensibilidad de su clientela. Quizás gracias a la competencia egipcia, el trabajo en marfil fue siempre excelente. Los fenicios vendieron sus mercancías por todo Oriente Próximo, y la expansión de su iconografía, como la de su alfabeto, puede atribuirse a que fueron grandes comerciantes de la antigüedad.
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EL PERIODO NEOBABILÓNICO
Puerta de Istar
Puerta de Istar
La Puerta de Istar en Babilonia fue, en su origen, parte del templo dedicado a Bel, construido por Nabucodonosor hacia el 575 a.C. Hoy, restaurada en su totalidad, y en el Staatliche Museen de Berlín, está revestida con ladrillos vidriados que dan forma a las figuras del toro Adad y del dragón Marduk, los cuales aparecen alternados sobre toda la superficie.

Los babilonios, en coalición con los medos y los escitas, derrotaron a los asirios en el año 612 a.C., saqueando las ciudades de Nimrud y Nínive. Ellos no establecieron un nuevo estilo o iconografía. En los mojones de piedra, por ejemplo, se representaron las antiguas escenas de los reyes acompañados por símbolos divinos. La creatividad neobabilónica se manifiesta en la arquitectura de Babilonia, la capital del reino, que alcanzó su máximo esplendor entre el 626 a.C. y el 539 a.C. Esta enorme ciudad, destruida en el 689 a.C. por Senaquerib, rey de Asiria, se reconstruyó por iniciativa del rey Nabopolasar y su hijo Nabucodonosor II. Dividida por el Éufrates, se necesitaron 88 años para construirla y protegerla con doble muralla. E-Sagila, el templo de Marduk, fue su edificio principal junto con Etemenanki, un zigurat cercano de siete pisos conocido más tarde como la torre de Babel. El zigurat alcanzaba una altura de 91 metros; en el piso más alto se alzaba un templo construido con adobes secados al sol y revestido de ladrillos cocidos. Al norte del templo de Marduk se extendía un camino procesional de paredes decoradas con figuras esmaltadas de leones. Atravesando la Puerta de Istar se llegaba a un pequeño templo, donde se celebraban las ceremonias religiosas del año nuevo. Al oeste había dos complejos palaciegos. Al este de la vía procesional se estableció, desde los tiempos de Hammurabi, una zona residencial. Se conservan pocos vestigios de la ciudad y de los famosos jardines colgantes del palacio de Nabucodonosor II, una de las siete maravillas del mundo. La Puerta de Istar (c. 575 a.C.) es una de las pocas estructuras conservadas.
El último rey babilonio, Nabonides, cuyo reinado se extiende entre los años 556 a.C. y 539 a.C., reconstruyó la antigua capital sumeria de Ur, incluyendo el zigurat de Nanna, que competía en esplendor con el zigurat de Etemenanki en Babilonia. Su estado de conservación es bueno y la fachada de ladrillo ha sido recientemente restaurada.
El año 539 a.C. el reino neobabilónico cayó bajo el dominio de Ciro II el Grande, rey Aqueménida de los persas. Mesopotamia se incorporó al Imperio persa, y en Babilonia, que se convirtió en una de sus capitales administrativas, se construyó un palacio real. Entre los vestigios babilónicos de los tiempos de Alejandro el Magno, el conquistador del Imperio persa, se conserva un teatro en la actual localidad de Humra. El esplendor de Babilonia acabó aproximadamente el 250 a.C., cuando los habitantes de dicha ciudad se trasladaron a Seleucia, ciudad construida por los sucesores de Alejandro.

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