El invento de los Partidos políticos




Partidos políticos
Partidos políticos, organizaciones que se caracterizan por su singularidad, de base personal y relevancia constitucional, creadas con el fin de contribuir de una forma democrática a la determinación de la política nacional y a la formación y orientación de la voluntad de los ciudadanos, así como a promover su participación en las instituciones representativas mediante la formulación de programas, la presentación y apoyo de candidatos en las correspondientes elecciones, y la realización de cualquier otra actividad necesaria para el cumplimiento de sus fines. Su principal tendencia es durar y consolidarse, y su finalidad última y legítima es obtener el poder mediante el apoyo popular manifestado en las urnas.
En un Estado de derecho, los partidos políticos expresan el pluralismo político, concurren a la formación y expresión de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política. Su creación y el ejercicio de su actividad serán libres, y su estructura interna y funcionamiento han de ser democráticos. Su existencia deriva del ejercicio de la libertad de asociación. No tienen naturaleza de poder público ni son órganos del Estado, por lo que el poder que ejercen se legitima sólo en virtud de la libre aceptación de sus estatutos y por tanto sólo puede ejercerse sobre quienes, en virtud de una opción personal libre, los asumen al integrarse en tales organizaciones.
Los militantes de los partidos tienen derecho a ser electores y elegibles para todos sus cargos, a estar informados sobre sus actividades y situación económica, y a concurrir para formar sus órganos directores mediante sufragio libre y en la mayoría de los casos secreto, aunque no resulta preciso que sea directo. Los partidos tienen derecho a obtener ayuda financiera del Estado, a utilizar los medios de comunicación públicos y a constituir coaliciones o agrupaciones electorales.

El invento de la Policía




Policía
Vigilancia policial
Una tanqueta del Cuerpo Nacional de Policía vigila la entrada de la Embajada de Estados Unidos en España, situada en el centro de Madrid.


Policía, cuerpos y fuerzas que utiliza el Estado para asegurar de modo coactivo el orden, la seguridad y la salubridad públicas, así como para investigar el delito y prevenir la delincuencia.
Desde una perspectiva técnica, la actividad policial de la administración pública hace referencia a todas las intervenciones limitativas de las libertades y derechos de los ciudadanos, como son la imposición de prestaciones personales (por ejemplo, el servicio militar obligatorio), la expropiación forzosa, los decomisos de bienes muebles o los múltiples casos de coacción administrativa, como son aquéllos en que una persona ha obtenido la posesión de algo cuyo legítimo poseedor es la administración (y que no requerirá recurrir al juez para ejercitar los interdictos, pues la función de policía legitima sin más a la administración para llevar a cabo estas actividades coactivas) o los de imposición de deberes a los ciudadanos (declaraciones familiares para la elaboración de censos estadísticos, deberes laborales de higiene y seguridad en el trabajo, deberes de sanidad alimentaria o farmacéutica, deberes de escolarización obligatoria de la población hasta una determinada edad, entre otros). En este sentido, que es el propio del Derecho administrativo, la actividad de policía es el conjunto de medidas de coacción y represión que puede utilizar una administración pública para que el ciudadano ajuste sus actuaciones a fines de utilidad o de orden público, aunque ello suponga limitaciones a su libertad.

El invento de Scotland Yard




Scotland Yard
Scotland Yard era el nombre de la primera comisaría central de la policía de Londres, que se estableció en 1829. El edificio se llama así porque su entrada trasera se encontraba sobre el antiguo emplazamiento de un palacio donde residía la nobleza escocesa. Aunque la comisaría central ha cambiado de situación, sigue siendo conocida como Scotland Yard.


El invento de la Policía secreta




Policía secreta

Policía secreta, fuerza de policía especial, generalmente organizada en regímenes totalitarios o autocráticos.
Se conoce ya la existencia de una policía secreta en las antiguas civilizaciones de Grecia y Roma, en los califatos musulmanes y en las monarquías premodernas, así como en las repúblicas contemporáneas. Entre los primeros precedentes de estos cuerpos se hallan el servicio secreto organizado por Joseph Fouché, al servicio de Napoleón Bonaparte, y el sistema de espionaje establecido en Austria por el canciller Metternich a partir de 1819. No obstante, eran sobre todo servicios de información. El primer modelo en verdad moderno, ya con potestad judicial y ejecutiva (detención, juicio y castigo), lo constituyó, en la Rusia zarista, la Ojranka, establecida en 1825. En el siglo XX la Ojranka contó con numerosos sucesores. El KGB soviético, la OVRA de la Italia fascista, la Gestapo de la Alemania nacionalsocialista, la Stasi de la República Democrática de Alemania y la Savak del sha Muhammad Reza Pahlavi en Irán, serían algunos de los ejemplos de estas fuerzas especiales. Los métodos utilizados por todas estas organizaciones han sido parecidos. La tortura para conseguir información y el arresto o la utilización de campos de concentración para aislar a los prisioneros constituyen algunas de las prácticas más frecuentes en la persecución de sus fines.

El invento del FBI





FBI (en inglés, Federal Bureau of Investigation), agencia del Departamento de Justicia de Estados Unidos y principal agencia federal de investigación. Las funciones del FBI, bajo su amplia responsabilidad de investigar las violaciones de las leyes federales, incluyen la lucha contra el espionaje, el sabotaje, las actividades subversivas y otras acciones relacionadas con la seguridad nacional, el crimen organizado y el tráfico de drogas, el terrorismo y el crimen profesional.
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HISTORIA
John Edgar Hoover
Con J. Edgar Hoover, el FBI estadounidense ganó prestigio por la captura de gánsteres durante la década de 1930 y por su lucha contra los agentes del Eje en la II Guerra Mundial. Después de la guerra, Hoover dedicó su atención a lo que consideraba la creciente amenaza del comunismo; para él los comunistas eran peligrosos enemigos del país. Las investigaciones realizadas por el FBI en las décadas de 1950 y 1960 sobre elementos subversivos sospechosos en Estados Unidos recibieron fuertes críticas de los ciudadanos y de otros funcionarios federales. La policía federal, en su celo por borrar la influencia comunista acabó espiando a indefensos ciudadanos que sólo habían tenido una relación pasajera, o incluso ninguna, con el Partido Comunista.

El FBI nació en 1908 como la Oficina (más tarde División) de Investigación del Departamento de Justicia. Tras una reorganización en 1924, John Edgar Hoover se convirtió en su primer director, y sus principios fueron redefinidos. El departamento adoptó su nombre actual en 1935.
En 1939 el FBI se convirtió, por una orden presidencial, en la agencia nacional estadounidense para la obtención de datos para la seguridad interna. El organismo desempeña sus obligaciones en cooperación con agencias legales locales y estatales, o bien de otros países. Las actividades de información de Estados Unidos en el extranjero, relacionadas con su seguridad nacional, están planeadas, desarrolladas y coordinadas por la Agencia Central de Información (CIA).
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JURISDICCIÓN
La jurisdicción del FBI se extiende a más de 180 materias, incluidas el robo de bancos, la extorsión, el chantaje, los secuestros, las violaciones antimonopolios y, desde 1982, actividades legales contra las drogas. En 2002 emprendió una amplísima reforma, la mayor de su historia, para reaccionar contra los fallos detectados antes del 11 de septiembre, fecha de la destrucción de las Torres Gemelas de Nueva York. La agencia decidió centrar su trabajo en la lucha contra el terrorismo, y ceder a los estados la persecución de otros crímenes y delitos que hasta entonces ocupaban buena parte de su tiempo.
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ACTIVIDADES
El FBI tiene actualmente archivados más de 173 millones de tipos de huellas dactilares, la mayor colección del mundo. Por ello, el FBI es capaz de funcionar como agencia nacional de datos de identificación criminal y elementos identificativos de personas desaparecidas, así como para otros usos civiles. A través de un servicio llamado Intercambio Internacional de Huellas Dactilares existente desde 1932, la organización intercambia datos identificativos con agencias legales de más de 80 países y con las posesiones estadounidenses fuera de sus límites continentales.
El laboratorio del FBI emplea especialistas expertos en muchas ramas de la ciencia y en métodos de descubrimiento científico del crimen. La Academia Nacional prepara instructores de policía y administradores seleccionados de las agencias legales en Estados Unidos, de sus posesiones territoriales y de algunos países extranjeros. El Boletín de Informes Criminales que publica cada año el FBI sirve como censo nacional de estadísticas del crimen. El Boletín también contiene información sobre personas detenidas. El Centro Nacional de Información Criminal, un índice informatizado de datos sobre delitos y criminales, está diseñado para complementar los sistemas electrónicos metropolitanos estatales y hace posible disponer en pocos segundos de los datos necesarios para la efectividad de la aplicación de la ley.
Una idea de la amplia jurisdicción y efectividad del FBI se obtiene del siguiente resumen de sus actividades: en función de las pruebas aportadas por el FBI, el gobierno estadounidense encarcela a varios miles de delincuentes cada año, y sus medios de identificación sirven para localizar a miles de fugitivos.


El invento del Ballet del Teatro Bolshói





Teatro Bolshói, Moscú
El teatro Bolshói es el centro de atención de la plaza Sverdlova en Moscú. Está construido en el lugar de un antiguo teatro que se incendió en 1853. El Bolshói ha conservado el grandioso pórtico de ocho columnas coronadas por el carro de Apolo, que es parte del edificio primitivo.


Ballet del Teatro Bolshói, una de las más antiguas y famosas compañías de ballet rusas. El Ballet del Bolshói tuvo su origen en las clases que se impartían en un orfanato de Moscú en 1773. La compañía comenzó a actuar en 1776, y en 1825 fue transferida al Teatro Bolshói, cuando Adam Gluszkovsky era su maestro de danza. En esa época, había adquirido gran importancia dentro del movimiento nacionalista del teatro ruso.
El coreógrafo italiano Carlo Blasis trabajó con ella desde 1861 hasta 1864, y fue la primera en representar Don Quijote (1869), con coreografía de Marius Petipa, y el desafortunado Lago de los cisnes, del austriaco Julius Reisinger (1877). En general, durante el siglo XIX la compañía moscovita gozaba de menos reconocimiento que la de San Petersburgo.
En 1878 se nombró maestro a Alexander Gorsky, quien desarrolló el estilo del Bolshói y cimentó una reputación que ha permanecido hasta nuestros días. Gorsky, junto con los bailarines Ekaterina Geltser y Vasili Tikhomirov, dirigió la compañía durante la Revolución y en la década de 1920 y 1930. Ballets como La amapola roja (1927), que celebraba los logros soviéticos, fueron representativos de su estilo. Entre las bailarinas de esta época se encontraban Marina Semenova y Olga Lepeshinskaya.
Después de la II Guerra Mundial, el Bolshói ofreció la primera representación de Cenicienta, de Serguéi Prokófiev, con coreografía de Rostislav Zakharov (1945). Galina Ulánova y Leonid Lavrovsky fueron transferidos desde el actual Ballet del Teatro Kírov, y el Bolshói se convirtió en la compañía más importante de la Unión Soviética. En la década de 1950 Maia Plisiétskaia, Raissa Struchkova, Nina Timofeyeva, Nicolai Fadeyechev y Andris Liepa eran los bailarines principales. En 1956 la compañía debutó con gran éxito en Londres y su reputación se extendió por todo el mundo. A mediados de 1960, Yuri Grigoróvitch fue nombrado director. Bajo su mandato se produjeron ballets de larga duración, entre los que destaca Spartacus (1968), con espectaculares movimientos de masas y acrobáticos pas de deux. Estos ballets, junto a versiones revisadas de los clásicos, han conformado, desde entonces, su repertorio. En 2000 el Teatro Bolshói pasó a depender del Ministerio de Cultura ruso, y Vladímir Vasíliev, el director que durante cinco años había conducido a la compañía a un estado de creciente deterioro, fue sustituido en medio de grandes polémicas por el director de orquesta Guennadi Rozhdéstvenski en el cargo de director general-director artístico.

El invento del Ballet del Teatro Kírov





Ballet del Teatro Kírov
El Ballet del Teatro Kírov, en la imagen, y el Ballet del Teatro Bolshói, han compartido durante mucho tiempo la fama de ser dos de las principales instituciones de la cultura rusa. Tras la desaparición del régimen comunista, que financiaba a las dos compañías, se han hundido en una profunda crisis que ha afectado, según algunos críticos, a su talento innovador.

Ballet del Teatro Kírov, compañía de ballet rusa conocida por sus representaciones de obras clásicas. La compañía data de 1738 cuando Jean-Baptiste Lande fundó una escuela para los niños de los sirvientes de la aristocracia rusa. Los maestros del ballet eran casi siempre de origen extranjero aunque había bailarinas rusas como Avdotia Istomina; además Charles Didelot alentó los ballets basados en temas rusos. Hacia 1840, las bailarinas rusas fueron relegadas por las grandes bailarinas románticas Maria Taglioni y Fanny Elssler. Los maestros del ballet de 1840 a 1860 fueron los franceses Jules Perrot, Arthur Saint-Léon y Marius Petipa. Petipa convirtió la compañía en un gran instrumento de la representación al ofrecer sus bien definidos y elaborados ballets para el entretenimiento de la corte. También desarrolló la técnica clásica hasta su forma más pura con la ayuda de los maestros extranjeros Christian Johansson y Enrico Cecchetti y con la de estrellas de la danza como Virginia Zucchi y Pierina Legnani. Además, creó una compañía de bailarines rusos quienes, a finales de 1890, eran comparados con los mejores bailarines extranjeros. Alrededor de 1890, Petipa, junto a Lev Ivánov, produjo los ballets de Chaikovski, La bella durmiente, El lago de los cisnes y El cascanueces.
La compañía sobrevivió a la Revolución y la década de 1920 fue un periodo de penalidades y experimentación. La década de 1930 vio producciones de ballet sobre temas rusos como Llamas de París (1932) de Vassili Vainonen, y Agrippina Vagánova desarrolló su sistema para la enseñanza de la técnica clásica. En 1935 la compañía recibió el nombre de Ballet Kirov en homenaje a Serguéi Kírov responsable del partido comunista de Leningrado. Más tarde tuvieron lugar las producciones Laurencia (1939) de Chabukiani y el Romeo y Julieta (1940) de Labrovski con Galina Ulánova.
Bajo la dirección de Konstantín Serguéiev y Natalia Dudinskaia la compañía realizó sus primeras giras por Occidente en la década de 1960. Con Natalia Makárova y Rudolf Nureyev como representantes de la nueva generación de bailarines, se llegó a apreciar por completo la pureza de la escuela de Vagánova. Las deserciones de estos bailarines trajeron repercusiones políticas en la compañía, aunque la escenificación de los clásicos continuó.

El invento de la Iluminación en el teatro





Iluminación (teatro), componente esencial del arte escénico moderno. Durante siglos, los dramaturgos evocaban la luz sólo con la palabra, pero desde el renacimiento y los tiempos de las velas y lámparas de aceite, la iluminación escénica no ha dejado de evolucionar. Desde la llegada de la luz eléctrica, hace unos 100 años, el foco y el regulador de voltaje permitieron, por primera vez, iluminar el espacio escénico de diferentes maneras.
Los objetivos de la iluminación escénica son iluminar al intérprete, revelar correctamente la forma de todo lo que está en escena, ofrecer la imagen del escenario con una composición de luz que pueda cambiar tanto la percepción del espacio como la del tiempo, inventar espacios y apoyar el desarrollo de la historia proporcionando información y creando una cierta atmósfera.
La iluminación moderna se logra con la ayuda de múltiples grupos de instrumentos (principalmente focos) orientados de modo que formen un mosaico de iluminación que rellene el espacio de forma tridimensional. Estos instrumentos están conectados a un control central de reguladores que modula el brillo. La computarización de este control permite un movimiento sofisticado de las niveles de los reguladores a través de cientos de canales. Recientemente, se ha extendido el uso del ordenador para controlar los instrumentos de enfoque de modo que se puede programar no sólo el brillo, sino también la posición, el color y el movimiento.
La creciente sofisticación, junto a las exigencias de directores y diseñadores, ha propiciado la aparición de una profesión especializada de diseñador de iluminación escénica que trabaja junto al director y la dirección escénica.

El invento del Entremés en el teatro





Entremés (teatro), pieza breve en un acto, en prosa o en verso, de tema jocoso, que hunde sus raíces en la tradición popular y posee un humor festivo y picaresco. Surgió en el siglo XVI, inicialmente para ser representada entre dos actos de una comedia. Cervantes y don Ramón de la Cruz cultivaron este género con éxito. Es difícil separar esta pieza dramática de otras formas teatrales apoyadas en el lenguaje popular y la tradición. Posiblemente, las actuales obras de formato corto continúan en la práctica teatral lo que eran los entremeses en la sociedad y el tiempo que los generaba.
Prueba de su vigencia en el teatro actual es el hecho de que numerosos grupos y compañías jóvenes aún los ponen en escena.

Teatro romano de Mérida




El invento del Teatro romano de Mérida

Teatro romano de Mérida, España
El teatro romano de Mérida es uno de los más bellos y mejor conservados de Europa. Fue construido por Agripa en el siglo I a.C. con un aforo para 5.000 espectadores. Durante los meses de julio y agosto se celebra en el teatro el Festival Internacional de Teatro Clásico.

Teatro romano de Mérida, edificio mandado construir por Agripa en la ciudad romana de Emerita Augusta, actual Mérida (España). Su conclusión puede datar del año 8 a.C., si bien la fachada de la escena se rehizo en el siglo II d.C. y se restauró en época de Constantino.
Levantado siguiendo fielmente las reglas de los tratados de Vitrubio, muestra semejanzas con los teatros de Dugga (Túnez), Orange (Francia) y Pompeya (Italia). El edificio responde a un modelo típicamente romano, ya establecido anteriormente en las construcciones de Pompeya y Roma. Está compuesto esencialmente de una cávea semicircular, una orchestra también semicircular, un proscenio rectangular y una escena monumental (frons scaenae) que cierra totalmente el hemiciclo. Sólo en un aspecto difiere de la mayoría de los teatros romanos, aunque no de otros ejemplos hispánicos (como Tarragona, Sagunto y Pollensa): la parte inferior de su graderío, siguiendo la tradición griega, está excavada y sustentada en la propia pendiente del terreno, sin soportes artificiales. Esta parte de la cávea se subdivide en cinco sectores radiales (cunei) delimitados por escaleras para la circulación y, a nivel horizontal, por un corredor (praecintio) que lo separa de las graderías superiores, sustentadas por un complejo sistema de arcos y bóvedas de cañón.
El proscenio tiene 7,5 m de anchura, 63 de longitud y 17,5 de altura total, repartidos en sus dos niveles de orden corintio. Se aprecian fuertes retranqueos en la disposición de los sillares, en concordancia con el dinamismo estructural y compositivo de la escena, articulada por una exedra cóncava central y otras dos rectangulares laterales que abren tres puertas al espacio posterior del escenario (un conjunto porticado perdido en la actualidad). A pesar de su relativa ruina consigue transmitir la profunda emoción de los espacios históricos monumentales. Véase también Arte y arquitectura de Roma.


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