El invento de la Casa Rothschild




Casa Rothschild
Casa Rothschild, término utilizado para referirse a las diversas ramas de una familia de la banca internacional. Los miembros de la familia descienden del financiero alemán Mayer Amschel Rothschild (1743-1812). Durante 200 años la casa Rothschild ejerció una gran influencia en la historia económica europea. Los miembros de la familia, presentes en las principales capitales financieras de Europa, han sido coleccionistas de arte, políticos y líderes de la comunidad judía internacional.
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EL FUNDADOR
El fundador de la casa Rothschild, Mayer Amschel, nació en Frankfurt del Main. Aunque quiso ser rabino, entró de aprendiz en un banco tras la muerte de sus padres. Posteriormente creó su propio banco en el barrio judío de la ciudad, y logró una gran reputación como financiero cuando pasó a ser consejero del conde de Hesse-Kassel, William IX. Mayer Amschel también fue nombrado agente financiero del Gobierno británico durante las guerras revolucionarias francesas. Con sus cinco hijos fundó cuatro bancos más en otras tantas ciudades europeas.
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LOS DESCENDIENTES
Amschel Mayer Rothschild (1773-1855), el primogénito, permaneció con su padre en Frankfurt para supervisar el crecimiento de los intereses de su banco, convirtiéndose posteriormente en el presidente de la empresa familiar. La filial bancaria de Frankfurt se disolvió en 1901.
Su segundo hijo, Salomon Rothschild (1774-1855) permaneció en Frankfurt hasta el final de las Guerras Napoleónicas. Fue entonces cuando creó una rama de la casa Rothschild en Viena, que se hizo cargo de gran parte de la banca del gobierno de los Habsburgo. Esta rama desapareció con la invasión alemana de Austria en 1938.
Nathan Mayer Rothschild (1777-1836), el tercer hijo, fundó la rama británica de la casa Rothschild en Londres, en 1805. Desempeñó un papel primordial en la gestión y financiación de las ayudas que el gobierno británico transfería a sus aliados durante las guerras napoleónicas. El hijo mayor de Nathan Mayer, Lionel Nathan Rothschild (1808-1879), su sucesor en la rama de Londres, financió al Gobierno británico en la compra de participaciones suficientes para poder controlar el canal de Suez en 1875. Lionel Nathan se convirtió en el primer miembro judío del Parlamento británico. Su hijo, sir Nathan Mayer, primer barón de Rothschild (1840-1915), también fue miembro del parlamento y, en 1855, se convirtió en el primer par judío de Gran Bretaña. El banco Rothschild de Londres continuó bajo la dirección de Lionel de Rothschild (1882-1942) y de Anthony Gustav de Rothschild (1887-1961), ambos tataranietos de Mayer Amschel. La rama de la casa Rothschild en Londres sigue siendo un importante establecimiento bancario en los países occidentales.
Karl Rothschild (1788-1855), el cuarto hijo de Mayer Amschel, estableció en Nápoles otra rama de la casa Rothschild en la década de 1820. Esta rama italiana nunca tuvo el éxito que obtuvieron las demás, y se disolvió alrededor de 1861.
El hijo menor, James Rothschild (1792-1868), fundó en París la rama francesa de la casa Rothschild en 1817. Durante más de 50 años fue el banquero más poderoso de Francia. También fue un importante filántropo, así como un líder de la comunidad judía francesa. Alphonse Rothschild (1827-1905), el primogénito de James, fue también un importante banquero y filántropo. El benjamín, Edmond James Rothschild (1845-1934), financió el establecimiento de comunidades judías en Palestina. Desde la II Guerra Mundial, la rama francesa de los Rothschild ha estado dirigida por tres descendientes directos de James Rothschild: el barón Guy de Rothschild (1909- ), el barón Alain de Rothschild (1910-1982), y el barón Elie Robert de Rothschild (1917- ). A pesar de que el poder de los Rothschild disminuyó con la aparición de nuevos métodos de financiación para el Estado a finales del siglo XIX y con las dos guerras mundiales, la rama del banco familiar en París conservó su primacía en círculos financieros. En 1982 el gobierno francés nacionalizó el banco.


El invento de la Casa flotante




Casa flotante
Casa flotante, embarcación diseñada como vivienda para navegar en vías fluviales. En su forma básica esta embarcación presenta un calado pequeño, un casco tipo gabarra y una estructura interior de vivienda. Algunos barcos tienen propulsión propia (remos, velas o motor) y otros tienen que ser remolcados. El uso de barcos especialmente diseñados y acondicionados para vivienda permanente se remonta a la antigüedad. Los chinos y otros pueblos orientales ya utilizaban este tipo de embarcación hace siglos. Los romanos construyeron palacios y templos flotantes. A principios del siglo XIX era corriente ver en los ríos norteamericanos (Ohio, Mississippi, etc.) cabañas sobre balsas o viviendas sobre barcazas. Últimamente se está extendiendo la utilización de casas flotantes como residencia veraniega.
En el siglo XIX, con el fin de utilizar las casas flotantes como barcos de recreo, se los dotó de motores diesel o de gasolina y de cascos más sofisticados especialmente diseñados para aguas interiores. Algunas casas flotantes disponen de motores de gran potencia que les permiten desplazarse a velocidades de entre 25 y 35 nudos, así como realizar recorridos costeros con buen tiempo.
Las casas flotantes modernas (con esloras de entre 9 y 30 m) pueden disponer desde pequeños habitáculos a amplias habitaciones con un alto grado de confort. Sus cascos están construidos con fibra de vidrio, acero o madera y por su diseño pueden fondear en aguas poco profundas e incluso en playas. Algunas embarcaciones disponen de sistemas de doble cableado, uno para la batería y otro para la conexión a la toma eléctrica en tierra firme, y están equipadas con ruedas retráctiles para su transporte por carretera.
En muchos países el riesgo de contaminación del agua por parte de estas embarcaciones está dando lugar al establecimiento de una normativa cada vez más estricta para este tipo de navegación.

El invento de la Casa de Windsor




Casa de Windsor

Entierro de Jorge VI
El tercer monarca británico perteneciente a la Casa de Windsor fue Jorge VI (1895-1952), rey de Gran Bretaña e Irlanda del Norte desde 1936 hasta su fallecimiento y emperador de la India desde aquel año hasta la independencia de ésta. Murió el 6 de febrero de 1952 y la procesión fúnebre correspondiente (momento que recoge la imagen) se llevó a cabo 17 días después. Le sucedió su hija, que accedió al trono como Isabel II.





Castillo de Windsor, Inglaterra
Esta propiedad de la familia real se encuentra en la ciudad de Windsor, en Berkshire, al sur de Inglaterra. El castillo actual se compone de la Round Tower (torre circular) flanqueada por dos conjuntos en torno a patios.



Casa de Windsor, nombre de la familia real de Gran Bretaña, adoptado en 1917 por el rey Jorge V. El cambio de denominación se produjo durante la I Guerra Mundial, en la que Gran Bretaña y el II Imperio Alemán eran enemigos, con el objeto de romper con el pasado germánico de la familia real, cuyo apelativo había sido, desde que se instituyó en Gran Bretaña e Irlanda en 1714, el de Casa de Hannover. Para la adopción del nuevo nombre se recurrió al de una propiedad real próxima a la ciudad de Londres: el castillo de Windsor. Los miembros reinantes de la Casa de Windsor han sido Jorge V, Eduardo VIII, Jorge VI e Isabel II.
Desde 1901, e inmediatamente antes de la adopción del patronímico Windsor, la denominación de la dinastía real británica era la de Casa de Hannover-Sajonia-Coburgo-Gotha, que derivaba del matrimonio de la reina Victoria I, en 1840, con su primo alemán Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha. Sin embargo, según los términos de la proclamación de 1917, los descendientes británicos de la reina Victoria por línea masculina llevarían el nombre de Windsor. En 1952, dichos términos se aplicaron por decreto a los sucesores masculinos de la reina Isabel II. No obstante, en 1960 se modificó el anterior decreto. Sólo los hijos de la reina, con título de príncipes y princesas, además de los hijos de estos, llevarán el nombre de Windsor, mientras que los demás pasarán a tener el apellido Mountbatten-Windsor de su esposo, el príncipe Felipe de Grecia y de Dinamarca, duque de Edimburgo. El fracaso matrimonial del heredero, Carlos de Inglaterra, con Diana de Gales, llevó a la Casa de Windsor a una crisis institucional, acrecentada tras el fallecimiento de aquélla en 1997 y la popular respuesta de afecto hacia la princesa, que se añadió a la crítica a la actitud regia.

El invento de la Casa de Trastámara




Casa de Trastámara
Casa de Trastámara, dinastía regia que se estableció en la Corona de Castilla en 1369, con Enrique II, y en la de Aragón en 1412, con Fernando I de Antequera. Reinó en aquélla hasta 1504 y en esta última hasta 1516, año en que fue definitivamente sustituida en ambas por la Casa de Habsburgo, en la persona del rey Carlos I, quien llegaría a ser el emperador Carlos V. El nombre de la Casa tiene su origen en el condado de Trastámara, del que fue titular desde su infancia Enrique, un hijo bastardo del rey Alfonso XI de Castilla y de su amante Leonor de Guzmán.
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EL ACCESO DE LA CASA DE TRASTÁMARA A LOS DOS TRONOS
El acceso al trono castellano de los Trastámara tuvo lugar después de la guerra que enfrentó al monarca Pedro I con su hermanastro Enrique, y que concluyó con el asesinato del rey de Castilla en Montiel (1369). En el caso de la Corona de Aragón, la llegada al trono de los Trastámara se produjo cuando, vacante la dignidad regia, los compromisarios reunidos en Caspe eligieron, entre los diversos candidatos que optaban al sillón regio, al castellano Fernando de Antequera (1412). La presencia de una misma familia en los dos principales núcleos político-territoriales de la España cristiana hizo posible que, unos años después, se produjera la unión dinástica de las coronas de Castilla y Aragón, al casarse en 1469 Isabel y Fernando, los herederos de ambos tronos.
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LOS TRASTÁMARA EN LA CORONA DE CASTILLA

Enrique IV de Castilla
En esta miniatura de la Genealogía de los reyes de Castilla, de Alonso de Cartagena (Biblioteca Nacional, Madrid, España), aparece una representación del monarca castellano de la Casa de Trastámara Enrique IV, cuyo reinado (tercer cuarto del siglo XV) se desarrolló en medio de turbulentos avatares que no cesarían con su fallecimiento, en 1474.

La dinastía Trastámara se inició en Castilla con Enrique II (1369-1379), el cual hubo de premiar generosamente a la nobleza que le había ayudado a conquistar el trono con las conocidas como “mercedes enriqueñas”. Pero al mismo tiempo procuró fortalecer el poder regio, regulando de manera definitiva el funcionamiento de la audiencia, tribunal superior de justicia de sus reinos. Su sucesor, Juan I (1379-1390), casado en segundas nupcias con Beatriz de Portugal, fracasó en su intento de acceder al trono lusitano, al ser derrotado en Aljubarrota (1385). En el orden interno, fue el creador del Consejo Real (1385), órgano decisivo en la toma de decisiones políticas. Durante la minoridad de su sucesor, Enrique III (1390-1406), estalló en Sevilla la violencia antijudía (1391), rápidamente propagada por toda la península Ibérica. En su reinado, que tuvo un carácter pacífico, se inició la presencia de Castilla en las islas Canarias, al convertirse Juan de Béthencourt en vasallo de Enrique III.
La época de Juan II (1406-1454) fue testigo de un áspero enfrentamiento político entre el bando regio, capitaneado por Álvaro de Luna, favorito del monarca castellano, y diversos sectores de la nobleza, en particular los infantes de Aragón. En la batalla de Olmedo (1445), los realistas vencieron, pero Álvaro de Luna fue finalmente eliminado (1453). El conflicto continuó en tiempos de Enrique IV (1454-1474), que llegó a ser depuesto en efigie por los nobles rebeldes en la denominada “farsa de Ávila” (1465). Enrique IV logró superar las dificultades, pero por la Concordia de los Toros de Guisando (1468) reconoció como heredera a su hermana Isabel.
Nobleza y monarquía protagonizaron una dura pugna en Castilla en la época de los Trastámara. Pero al final ambas salieron fortalecidas: la nobleza, que recibió abundantes concesiones en el terreno económico y social, y la monarquía, en el plano político. En efecto, con los Trastámara se desarrollaron importantes instituciones centrales de gobierno, se robusteció la Hacienda, al surgir la Contaduría Mayor de Cuentas, y se dieron los primeros pasos para la constitución de un Ejército permanente al servicio de la monarquía. Por eso se ha dicho que los monarcas castellanos del siglo XV ejercían el “poderío real absoluto”. De todos modos, nunca dejaron de convocar a las Cortes, que alcanzaron su época de máxima expansión en las últimas décadas del siglo XIV.
En otro orden de cosas, el fundador de la dinastía, Enrique II, consiguió establecer la hegemonía de Castilla sobre los restantes núcleos políticos peninsulares. En el terreno internacional, la Castilla gobernada por la Casa de Trastámara fue una fiel aliada de Francia, lo que supuso su intervención contra los ingleses en la guerra de los Cien Años. La proximidad a los franceses explica asimismo que, cuando estalló el Gran Cisma de la Iglesia católica, Castilla apoyara al pontífice de Aviñón.
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LOS TRASTÁMARA EN LA CORONA DE ARAGÓN
En la Corona de Aragón, el primer monarca de la dinastía Trastámara fue Fernando I (1412-1416). En su breve reinado hubo de combatir al conde de Urgel, uno de los derrotados aspirantes al trono. Su sucesor, Alfonso V (1416-1458), que fue un gran entusiasta del humanismo, dedicó sus principales esfuerzos al mundo italiano. Tras diversas alternativas, conquistó Nápoles (1442). Mientras tanto, en tierras peninsulares se acentuaban las tensiones sociales en el campo (revuelta de los payeses de remensa), en la ciudad de Barcelona (lucha entre la Biga y la Busca) y en Palma de Mallorca (alzamiento foráneo). Juan II (1458-1479), que era rey de Navarra desde 1425, hubo de hacer frente a un agudo conflicto en Cataluña. Las disputas de Juan II con su hijo Carlos, príncipe de Viana, dieron pie al estallido de la revuelta catalana. El principado fue ofrecido a diversos candidatos, entre ellos al rey de Castilla Enrique IV, pero al final se logró la concordia (Capitulación de Pedralbes, en 1472). El sucesor de Juan II fue su hijo Fernando II, casado con Isabel I de Castilla. La época de los Trastámara de Aragón fue testigo del enfrentamiento entre el estilo de gobernar de sus monarcas, tendente al autoritarismo, y la tradición pactista de aquellos territorios. El punto culminante de esa pugna fue la guerra civil de Cataluña de tiempos de Juan II. El principado catalán experimentó en el siglo XV una profunda crisis, tanto política como demográfica, social y económica. En el orden internacional, los Trastámara de Aragón fortalecieron la proyección política y económica hacia el ámbito italiano, al tiempo que mantuvieron una bronca hostilidad con Francia.
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LOS HABSBURGO SUSTITUYEN A LOS TRASTÁMARA
En 1516, accedió a los dos tronos (al castellano y al aragonés) el hijo de Juana I de Castilla y de Felipe I el Hermoso: Carlos I, nieto por tanto de los Reyes Católicos (es decir, de Isabel I de Castilla y de Fernando II de Aragón), así como del emperador perteneciente a la Casa de Habsburgo Maximiliano I. La línea dinástica Trastámara fue sustituida por una nueva Casa, la de Habsburgo, cuyo origen se encontraba fuera de los territorios de la península Ibérica, que pasó a ser conocida popularmente como la Casa de Austria y habría de reinar sobre la entidad política denominada Monarquía Hispánica hasta el final del siglo XVII.

El invento de la Casa de Saboya




Casa de Saboya
Amadeo I
Hijo del futuro rey de Italia, Víctor Manuel II, y miembro por tanto de la Casa de Saboya, el duque de Aosta, Amadeo de Saboya, se vio implicado en la necesidad de los revolucionarios españoles de 1868 de conseguir un monarca que sustituyera a la derrocada Isabel II. Su candidatura fue promovida por el general progresista y presidente del gobierno, Juan Prim, y en noviembre de 1870 las Cortes Constituyentes le proclamaron rey de España. Reinó brevemente, durante una de las fases del llamado Sexenio Democrático, en medio de gobiernos efímeros, de conspiraciones de todo tipo e incluso de dos guerras. Abdicó el 11 de febrero de 1873, y de inmediato tuvo lugar la proclamación de la I República. Falleció 17 años después en la ciudad italiana de Turín, donde había nacido en 1845.


Casa de Saboya, dinastía del norte de Italia que se convirtió en la familia real de Italia. La Casa fue fundada por un noble borgoñón, Humberto I Blanca Mano (fallecido hacia 1048). El hijo de Humberto, Odón, heredó el título de conde de Saboya y, al casarse con Adelaida, heredera de Turín, en el Piamonte, extendió sus dominios. Durante los tres siglos siguientes, las posesiones de la familia aumentaron de forma evidente en Francia, Italia y Suiza. En el siglo XII se anexionó Niza, que le proporcionó una salida al mar. Amadeo VIII, conde de Saboya, creó el ducado de Saboya y se convirtió en su primer duque en 1416, por su ayuda al emperador Segismundo de Luxemburgo. En 1434, cedió la mayor parte de su autoridad a su hijo Luis, y fundó una orden religiosa. En 1440 fue elegido papa, con el nombre de Félix V, por el Concilio de Basilea, pero renunció en 1449.
Hacia 1536, los duques de Saboya habían perdido su autoridad sobre Ginebra, así como sus territorios suizos. Francisco I, rey de Francia, se apoderó de los dominios de la casa de Saboya en 1536. Sin embargo, en 1559, la mayor parte del ducado le fue devuelto a Manuel Filiberto, décimo duque de Saboya, a través del Tratado de Cateau-Cambrésis.
Víctor Amadeo II, durante algún tiempo, se vio obligado a someterse a las exigencias francesas, pero al final se unió a la Gran Alianza contra Francia. Mediante el Tratado de Turín, en 1696, la Casa de Saboya firmó la paz con Francia y se separó de la Gran Alianza. Después de que Víctor Amadeo se uniera en 1703 a Austria en la guerra de Sucesión española, los franceses invadieron y asolaron el Piamonte, pero Víctor Amadeo y su primo, el general austriaco Eugenio, príncipe de Saboya, les derrotaron en el asedio de Turín (1706). Mediante la Paz de Utrecht, Víctor Amadeo tomó, en 1713 posesión de Sicilia con el título de rey. La alianza con Austria también añadió a la Casa de Saboya el resto de Montferrat, parte de la cual ya había sido cedida al ducado (1631). En 1720 Sicilia fue entregada a Austria a cambio de Cerdeña y Víctor Amadeo se convirtió en rey de Cerdeña. En 1831 Carlos Alberto de Saboya Carignan hizo lo propio. En 1849, abdicó en favor de su hijo Víctor Manuel II, quien cedió (1860) Saboya y Niza a Francia y, más tarde, tomó el título de rey de Italia (1861). Le sucedió (1878) Humberto I, asesinado en 1900. El hijo de este último, Víctor Manuel III, abdicó en mayo de 1946 en favor del príncipe heredero, Humberto II, que gobernó hasta junio de 1946, año en que Italia se convirtió en república. Poco después, Víctor Manuel III, Humberto y Víctor Manuel, su heredero, se exiliaron en Portugal. La rama segundona de los duques de Aosta, proveniente de Víctor Manuel II, dio reyes a Croacia y a España (Amadeo I; 1870-1873).

El invento de la Casa de Osuna




Casa de Osuna
Los duques de Osuna y sus hijos
Este hermoso retrato familiar creado por el pintor español Francisco de Goya fue donado al Museo del Prado (Madrid), en 1879, por los descendientes de quienes aparecen representados en él: Pedro de Alcántara Téllez Girón, noveno duque de Osuna (de pie, vestido de uniforme), su esposa, María Josefa de la Soledad de la Portería Alfonso Pimentel (sentada) y los hijos de ambos. El niño que aparece montado sobre un bastón (Francisco de Borja), heredaría el título de duque, pasando a ser el décimo de la Casa de Osuna.

Casa de Osuna, una de las familias más importantes de la nobleza española. Presenta grandes transformaciones desde su creación en la segunda mitad del siglo XV hasta la desvinculación y disolución de los señoríos en el siglo XIX. El primer núcleo importante de lo que será la Casa de Osuna se encuentra en el testamento del maestre de Calatrava, Pedro Girón (1466), que vinculaba sus propiedades en mayorazgo para su hijo Juan Téllez Girón, segundo conde de Ureña, en 1511 y 1523. Hasta el siglo XVIII la Casa no sufrió alteraciones de consideración. Estaba integrada por tres estados: Osuna, Ureña y Peñafiel, con capitalidad cada uno de ellos en la población que daba nombre al estado y con un título nobiliario para cada uno. El primer título concedido a la Casa fue el de condes de Ureña a mediados del siglo XV. Un siglo después, Felipe II otorgó al quinto conde de Ureña la merced de duque de Osuna (1562), entrando así en la minoritaria categoría de la Grandeza española. Mediante esta concesión se estableció oficialmente la villa de Osuna (Sevilla) como centro de la Casa. Por último, en 1568, el segundo duque recibió también el título de marqués de Peñafiel, que habitualmente era utilizado por el heredero de la Casa, al igual que las rentas del Estado.
A finales del siglo XVIII la Casa de Osuna comenzó un espectacular engrandecimiento por la acumulación de títulos y la agregación de estados. En 1772 Pedro de Alcántara Téllez Girón, noveno duque de Osuna, se casó con María Josefa de la Soledad de la Portería Alfonso Pimentel, que ostentaba, entre otros títulos el de duquesa de Benavente, Béjar y Arcos, pasando sus títulos y estados por matrimonio a la Casa de Osuna. En 1841 incorporó, por extinción de colaterales sin herederos directos, todo el patrimonio del ducado del Infantado. Con esto, los Osuna concentraban algunas de las Casas y estados nobiliarios más importantes y de más rancio abolengo de la Península. Entre ellas cabe destacar las del Infantado, Arcos, Béjar, Gandía y Benavente, convirtiéndose en cuatro veces Grandes de España.
El proceso de acumulación de títulos que se produjo en la Casa de Osuna desde finales del siglo XVIII y, sobre todo, en el XIX, se hizo, bien a través de una política matrimonial adecuada, de tipo endogámico dentro de la clase nobiliaria, o del disfrute de títulos de familias colaterales que murieron sin sucesión. En definitiva, acumularon prestigio social, económico y político, pues sus miembros, además de rentas y privilegios, acapararon cargos políticos, militares y diplomáticos.

El invento de la Casa de Grimaldi




Casa de Grimaldi
Casa de Grimaldi, familia de origen genovés que reina en el principado de Mónaco desde 1342. El fundador de la Casa de Grimaldi fue un genovés, Grimaldo, cuyo padre, Otón Canella, fue cónsul en Génova en 1133. Uno de sus descendientes, Francisco Grimaldi, se puso al servicio de la Francia de Felipe IV el Hermoso, después de haber sido expulsado de Génova por los gibelinos, y conquistó en 1297 el señorío de Mónaco, que había sido cedido a los genoveses por el emperador germánico en 1191. Progresivamente, los Grimaldi establecieron un señorío familiar en Mónaco. Esta rama legítima de los Grimaldi se atribuyó el título de príncipe de Mónaco en 1612, cuando el señorío estaba bajo protectorado español, y el rey de España Felipe IV reconoció el título en 1633. El príncipe de Mónaco se puso en esa época bajo el protectorado francés, ganando así el ducado de Valentinois. El último representante de esta línea fue Antonio I Grimaldi (1667-1731), que murió sin descendencia masculina. Había casado, en 1715, a su hija Luisa Hipólita con Jaime Francisco Leonor de Goyon-Matignon, conde de Thorigny, a quien el rey francés Luis XIV reconoció el nombre y las armas de Grimaldi. En 1793, sin embargo, el principado de Mónaco fue anexionado a Francia hasta la caída de Napoleón I. En 1815, el principado cayó bajo el protectorado del reino de Cerdeña. Al recuperar su soberanía en 1860, el príncipe de Mónaco perdió, en cambio, los feudos de Menton y Roquebrune. El último representante en línea masculina de la que es conocida como segunda Casa de Grimaldi fue Luis II (1922-1949), que casó a su hija, Carlota, duquesa de Valentinois, legitimada en 1919, con Pedro de Polignac. Éste renunció a su nombre y a las armas de los Polignac por los de los Grimaldi. El hijo de Carlota y Pedro, Rainiero III, sucedió a su abuelo en 1949, iniciando así la denominada tercera Casa de Grimaldi. Tras morir Rainiero III en 2005, el titular del principado pasó a ser su hijo, Alberto II.

El invento de la Casa de Braganza




Casa de Braganza

Palacio de los Duques de Bragança
Construcción del siglo XV de influencia normanda, fue patrocinada por Alfonso, octavo conde de Barcelos y primer duque de Bragança (Braganza), hijo ilegítimo de Juan I y yerno de Nuno Álvares Pereira tras contraer matrimonio con Brites Pereira. Se cree que fue destruido durante el terremoto de 1755, quedando en pie tan sólo algunas paredes y la alta chimenea de uno de los fogones de la sala. Sus ruinas, donadas al pueblo de Barcelos en 1874 por Carlos, fueron restauradas en la primera mitad del siglo XX. Posee un museo y en la actualidad es la residencia presidencial de la región Norte.


Casa de Braganza, familia real de Portugal (1640-1910) y de Brasil (1822-1889), también Casa ducal de la que descendía dicha familia. El nombre proviene del lugar donde estaba situado el ducado, la ciudad de Bragança (Braganza). El primer duque de Braganza, a quien se concedió el título en 1442, fue Alfonso, hijo ilegítimo de Juan I, rey de Portugal. El duque Juan (1543-1583) pretendió la corona para su esposa, pero el reino fue a parar a Felipe II de España en 1580; un nieto del duque Juan se convirtió en Juan IV, rey de Portugal, cuando el país se independizó de la Monarquía Hispánica en 1640. A partir de ese año, los herederos al trono portugués recibían el título de duques de Braganza. Desde entonces, y hasta la revolución republicana de 1910, la Casa de Braganza reinó en Portugal; y en Brasil hizo lo propio desde 1822 hasta 1889. La hija de Juan IV, Catalina de Braganza, se casó con Carlos II de Inglaterra. A Juan le sucedieron en el trono sus dos hijos, Alfonso VI y Pedro II. Las generaciones sucesivas fueron los descendientes de Pedro: Juan V, José I, María I, que se casó con su tío, posteriormente conocido como Pedro III, y Juan VI. Destronado por Napoleón, Juan VI (quien actuó hasta 1816 como regente de su madre) trasladó su corte a Brasil en 1807, desde donde gobernó Portugal a partir de 1814 hasta su regreso a Lisboa en 1821. El hijo de Juan VI fue primer emperador del Estado independiente de Brasil con el nombre de Pedro I; cuando se convirtió en Pedro IV de Portugal (1826) abdicó en favor de su hija, que se convirtió en la reina María II. Posteriormente, Portugal fue gobernado por Pedro V, Luis I, Carlos I y Manuel II; este último fue destronado en 1910, finalizando así la línea de los Braganza en Portugal. Solamente una generación de la Casa gobernó en Brasil; Pedro II, hijo del primer emperador, fue destronado en 1889.

La Casa de Habsburgo




Casa de Habsburgo
Casa de Habsburgo, dinastía ligada al Sacro Imperio Romano Germánico (1438-1806) y a la Monarquía Hispánica (1516-1700), que reinó asimismo en Austria desde 1279 hasta 1918.
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ORÍGENES Y CONSOLIDACIÓN EN EL SACRO IMPERIO ROMANO GERMÁNICO
Esta familia, originaria de Suabia meridional (siglo X), se estableció posteriormente en Suiza. El nombre deriva del castillo de Habsburgo (Argovia, Suiza), construido por Werner, obispo de Estrasburgo (1001-1029). Su sobrino Werner aparece como el primer conde de Habsburgo (1064). Rodolfo I de Habsburgo aumentó el patrimonio suizo de la familia, y a su muerte (1232) dividió la herencia entre sus hijos Alberto y Rodolfo; el segundo fundó la rama colateral de los Habsburgo-Lauffenburg, que se extinguió en 1415. Rodolfo III de Habsburgo fue elegido emperador en 1273 (reinó como tal con el nombre de Rodolfo I de Habsburgo) y aumentó su patrimonio con Austria, Estiria, Carniola, Carintia y el Tirol, al mismo tiempo que abandonó sus intereses en Suiza. Consolidada su posición en Austria, en cuyo trono se mantuvieron hasta 1918, desde 1438 hasta su desaparición (1806) todos los titulares del Sacro Imperio Romano Germánico fueron miembros de esta Casa.
Con Federico III de Estiria (1440-1493) y su hijo Maximiliano I (1493-1519) la política dinástica de la Casa se orientó a extender su poder sobre el occidente europeo. El matrimonio de Maximiliano con María de Borgoña (1477), hija del último duque borgoñón, Carlos el Temerario, y los dobles enlaces de 1496 con la Casa de Trastámara —Felipe de Habsburgo (el Hermoso) con Juana de Castilla (la Loca) y Margarita de Habsburgo con Juan, heredero de los Reyes Católicos—, dieron sus frutos en la siguiente generación. Asimismo, en 1515, Maximiliano I consiguió el matrimonio de sus nietos Fernando y María, hijos de Felipe de Habsburgo y Juana de Castilla, con los hijos del rey Ladislao VI Jagellón, con el objeto de lograr la vieja aspiración familiar de unir a su patrimonio Bohemia y Hungría.
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LA OBRA DE CARLOS V, I DE ESPAÑA

Palacio de Carlos V
El soberano español Carlos I (como emperador, Carlos V) mandó construir junto a la Alhambra de Granada un edificio renacentista que sirviera de puerta al palacio Nazarí. De planta cuadrada, contiene el hermoso patio porticado circular rodeado por 32 columnas de mármol que podemos observar en esta reproducción fotográfica. El exterior del palacio mide 63 metros de lado por 17,5 metros de alto.

Felipe de Habsburgo (el Hermoso), fallecido en 1506, y su mujer Juana la Loca, por la muerte de los hermanos de ésta, accedieron al trono de Castilla en 1504. En 1517, el primogénito del matrimonio llegó a España para tomar posesión de la herencia de sus abuelos, los Reyes Católicos, con lo que inauguraba la Casa de Austria española como Carlos I (1516-1556). En 1519, falleció su abuelo Maximiliano I y, ese mismo año, fue elegido emperador del Sacro Imperio Romano Germánico como Carlos V (1519-1558), además de recibir los territorios patrimoniales habsburgueses. Con diecinueve años, y fruto de la acertada política matrimonial de sus antecesores, en Carlos recayó una inmensa herencia: la Corona de Castilla, con las Indias; la Corona de Aragón, con Sicilia, Cerdeña y Nápoles; la mayor parte del antiguo ducado de Borgoña, compuesta por los Países Bajos, el Artois y el Franco Condado; los territorios patrimoniales de los Habsburgo —Austria, Estiria, Carniola, Carintia y el Tirol—; y el título imperial, simbólicamente recibido del papa Clemente VII en Bolonia (1530).
La política de Carlos V estuvo determinada por la idea de conservar el Imperio cristiano, para lo cual tuvo que hacer frente al Imperio otomano en su momento de mayor potencia y luchar contra el protestantismo, hecho éste que significó una fractura religiosa de importantes consecuencias políticas y dividió Europa. Además, ocupó también su reinado en la larga pugna contra los Valois de Francia por el dominio de Italia y de otros territorios occidentales. En 1555, renunció a la jefatura de la Orden del Toisón de Oro y a sus títulos en los Países Bajos en favor de su hijo Felipe, duque de Milán desde 1540. En 1556, Carlos I abdicó de las coronas de Castilla y Aragón en Felipe y abandonó el título imperial en beneficio de su hermano Fernando, rey de Romanos, quien ya poseía los territorios patrimoniales de los Habsburgo, era rey de Hungría y Bohemia desde 1527 y sería elegido oficialmente emperador en 1558 como Fernando I.
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LOS HABSBURGO ESPAÑOLES

Imperio de Felipe II
En estos mapas pueden observarse los distintos espacios geográficos que estuvieron bajo la soberanía del rey Felipe II. Configuraron un auténtico imperio territorial, que marcó el momento de mayor apogeo de la Monarquía Hispánica, así como de la propia rama española de la Casa de Habsburgo.

Así pues, Felipe II (1556-1598), aunque por decisión de su padre había sido separado del título imperial y del patrimonio austriaco, se convirtió en el monarca más poderoso de su tiempo, más aún cuando, en 1580, añadió la corona de Portugal y su imperio ultramarino, al ser nieto por línea materna del rey portugués Manuel I. Su política siguió el eje trazado por el emperador Carlos V: conservación de la Monarquía Hispánica y lucha contra los enemigos del catolicismo, es decir, los protestantes y los musulmanes. Vencidas las ambiciones francesas (Paz de Cateau-Cambrésis de 1559) e instaurado por fin el equilibrio en el Mediterráneo con los turcos (Tregua de 1581), los problemas más graves vinieron de la revuelta de los Países Bajos (que desde 1566 se dio en llamar la guerra de los Países Bajos) y el conflicto contra Inglaterra (1585-1604).

Conflictos durante el reinado de Felipe II
El reinado de Felipe II (1556-1598) estuvo marcado por una serie de claves de carácter global, pero con unos referentes concretos ineludibles. Por un lado, el enfrentamiento con el Imperio otomano en el mar Mediterráneo, al cual pueden ser adscritos, de forma general, los ataques piráticos lanzados sobre las costas hispánicas desde el norte de África, así como el episodio local de la sublevación de los moriscos de Las Alpujarras (1568-1571). El punto álgido de este frente se alcanzó en 1571 con la batalla de Lepanto. Por otra parte, el enfrentamiento con Inglaterra, con el dominio del océano Atlántico como trasfondo subyacente, cuyo hito crucial se produjo en 1588 con la fracasada acción de la Armada Invencible. Con anterioridad, en 1566, había surgido otro foco que terminaría por convertirse en escenario de conflicto permanente para el Rey Prudente: los Países Bajos, rebelados contra la Corona por cuestiones políticas (búsqueda de la independencia), económicas (la zona era un eje básico del comercio de la época) y religiosas (abrazo del calvinismo frente al catolicismo que representaba la Monarquía Hispánica). Los principales enemigos de Felipe II fueron pues, musulmanes y protestantes (anglicanos ingleses y calvinistas flamencos), un reflejo, no casual, del papel de máximo defensor del catolicismo en que el soberano se erigió. En el plano teológico, este aspecto tuvo su máxima expresión en el Concilio de Trento.

Bajo Felipe III (1598-1621), la Monarquía vivió un periodo de relativa tranquilidad exterior, que se puso de manifiesto en la paz con Inglaterra (1604) y en la Tregua de los Doce Años en los Países Bajos (1609-1621). Pero la entrega del gobierno a favoritos (duques de Lerma y de Uceda) y la implicación de España en la guerra de los Treinta Años (1618-1648) al lado de los Habsburgo de Viena impidieron llevar a cabo las reformas necesarias.

Conflictos durante el reinado de Felipe IV
Durante el reinado de Felipe IV (1621-1665), la Monarquía Hispánica vivió un notable proceso de decadencia. En buena medida como consecuencia de la política de su valido, el conde-duque de Olivares, fueron múltiples las secesiones y sublevaciones de los distintos territorios que se encontraban bajo su cetro. Entre ellas, la guerra de Separación de Portugal, la rebelión de Cataluña (ambos conflictos iniciados en 1640), la conspiración de Andalucía (1641) y los distintos incidentes acaecidos en Navarra, Nápoles y Sicilia a finales de la década de 1640. A estos hechos se sumaban los distintos frentes extrapeninsulares: la guerra de los Países Bajos (reanudada en 1621 tras expirar la Tregua de los Doce Años) y la guerra de los Treinta Años. A su vez, el enfrentamiento con Francia en esta última (desde 1635) quedó conectado con el problema catalán.

La mitad del largo reinado de Felipe IV (1621-1665) estuvo dominada por la figura del conde-duque de Olivares (1621-1643), cuyo programa de reformas administrativas, fiscales y militares quedó bloqueado por las guerras exteriores —inicio de la guerra con Francia (1635), que se sumó a la guerra de los Treinta Años— y los conflictos interiores —reanudación de la guerra de los Países Bajos y levantamientos de Portugal y Cataluña (1640)—. En la década de 1640, la Monarquía se situó al borde de la desmembración, hasta que, por la Paz de Münster (1648) finalizó la guerra en los Países Bajos, en 1652 se sofocó la revuelta catalana y la Paz de los Pirineos (1659) concluyó la guerra con Francia.

Carlos II de España
Carlos II, rey de España desde 1665 hasta 1700, fue el último soberano de su país perteneciente a la Casa de Habsburgo. Este retrato suyo es obra de Juan Carreño de Miranda, pintor que trabajó en su corte.

El proceso de decadencia culminó bajo el último Habsburgo español, Carlos II (1665-1700), con el reconocimiento de la independencia de Portugal (1668) y la cesión de la hegemonía continental a Francia. Las luchas intestinas por hacerse con la voluntad del Rey y la intervención extranjera en los destinos de la dinastía ocuparon las últimas décadas del siglo XVII, mientras los territorios peninsulares empezaban a dar algunos síntomas de recuperación demográfica y económica. Ante la manifiesta incapacidad de Carlos II para engendrar un sucesor, las potencias europeas negociaron diversos repartos de la herencia de los Habsburgo españoles. Finalmente, Carlos II otorgó testamento en favor de Felipe de Anjou (futuro Felipe V), nieto de Luis XIV de Francia y de María Teresa de Austria, hija de Felipe IV, con lo que el trono de España pasó a la Casa de Borbón.
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EL FINAL DEL SACRO IMPERIO ROMANO GERMÁNICO Y DEL IMPERIO AUSTRO-HÚNGARO

Baile en el palacio de Hofburg
La Casa de Habsburgo gobernó Austria desde el siglo XIII hasta el XX, pero también el Sacro Imperio Romano Germánico entre 1438 y 1806 e incluso su rama española dirigió durante sus casi doscientos años de existencia la Monarquía Hispánica. La corte austriaca de los Habsburgo estaba emplazada en la ciudad de Viena, concretamente en el palacio de Hofburg, comenzado a construir en 1278. Esta imagen reproduce un baile celebrado en uno de sus salones, durante el reinado del emperador Francisco José I.

El último emperador del Sacro Imperio fue el hijo de Leopoldo II (1790-1792), Francisco II, quien reinó como tal desde 1792 hasta 1806, aunque dos años antes pasó a ser emperador de Austria, título éste que desempeñaron sus descendientes hasta que, en 1918, tras la derrota de los Imperios Centrales en la I Guerra Mundial, dejó de existir el que había sido Imperio Austro-Húngaro. El último miembro de la Casa de Habsburgo que reinó sobre los territorios austriacos (y húngaros) fue Carlos I, quien falleció en su exilio en la isla de Madeira, en 1922, cuatro años después de perder el trono imperial.

El invento de la Casa de Atreo




Casa de Atreo

Casa de Atreo, en la mitología griega, familia real de Micenas designada con el nombre de Atreo, quien fue elegido rey por los notables micénicos. La desafortunada casa de Atreo fue un asunto mencionado por muchos autores griegos antiguos, entre ellos Homero, Esquilo, Eurípides, Sófocles, Apolonio de Rodas y Píndaro. El motivo de las desgracias que cayeron sobre la casa fue la conducta de Tántalo, rey de Lidia, quien ofendió a los dioses y fue castigado para siempre en el Tártaro. Su hijo Pélope fue maldecido por el auriga Mirtilo, pero tuvo una vida feliz. Níobe, hija de Tántalo, fue castigada por los dioses por su arrogancia.
Atreo, hijo de Pélope, sus hijos y sus nietos sufrieron el peso de la ira divina. El hermano de Atreo, Tiestes, sedujo a su cuñada y como represalia, éste sirvió a Tiestes en un banquete la carne cocida de dos de sus hijos. El tercer hijo de Tiestes, Egisto, mató después a Atreo para vengar esta acción. De los hijos de Atreo, los más famosos fueron Agamenón y Menelao. El rapto de la mujer de Menelao, Helena de Troya, fue la causa de la guerra de Troya. Después de la guerra, Menelao y Helena se reconciliaron y, compartidas muchas aventuras, volvieron a Esparta, donde vivieron felices. Agamenón, por otra parte, fue asesinado el día de su llegada triunfante a Micenas por su mujer, Clitemnestra, y por Egisto, a quien ella había tomado como amante. La muerte de Agamenón fue vengada siete años después por sus hijos Electra y Orestes. Cuando Orestes fue absuelto por el Areópago en Atenas del delito de sangre cometido contra su madre, la maldición sobre la casa de Atreo llegó a su fin.

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