El invento de los Alcoholes





El alcohol es una de las drogas de venta legal que se consumen con más frecuencia en nuestro entorno sociocultural. Es un depresor del sistema nervioso central y sus efectos dependen de factores como la edad, el peso, el sexo o la cantidad y velocidad con que se consume. El abuso de alcohol conduce al alcoholismo o dependencia del alcohol, enfermedad crónica producida por el consumo prolongado y en exceso de alcohol etílico. El alcoholismo es un problema muy grave en muchos países, que supone un coste personal, social y sanitario muy elevado.

Ejemplos de alcoholes

NOMBRE
ELABORACIÓN
USOS
Metanol
Por destilación destructiva de la madera. También por reacción entre el hidrógeno y el monóxido de carbono a alta presión.
Disolvente para grasas, aceites, resinas y nitrocelulosa. Fabricación de tinturas, formaldehído, líquidos anticongelantes, combustibles especiales y plásticos.
Etanol
Por fermentación de azúcares. También a partir de etileno o de acetileno. En pequeñas cantidades, a partir de la pulpa de madera.
Disolvente de productos como lacas, pinturas, barnices, colas, fármacos y explosivos. También como base para la elaboración de productos químicos de elevada masa molecular.
2-propanol
(isopropanol)
Por hidratación de propeno obtenido de gases craqueados. También subproducto de determinados procesos de fermentación.
Disolvente para aceites, gomas, alcaloides y resinas. Elaboración de acetona, jabón y soluciones antisépticas.
1-propanol
(n-propanol)
Por oxidación de mezclas de propano y butano.
Disolvente para lacas, resinas, revestimientos y ceras. También para la fabricación de líquido de frenos, ácido propiónico y plastificadores.
Butanol
(n-butanol)
Por fermentación de almidón o azúcar. También por síntesis, utilizando etanol o acetileno.
Disolvente para nitrocelulosa, etilcelulosa, lacas, plásticos de urea-formaldehído y urea-melamina. Diluyente de líquido hidráulico, agente de extracción de drogas.
Metilpropanol
Por reacción entre el hidrógeno y el monóxido de carbono a alta presión, seguida de destilación de los productos obtenidos.
Disolvente de líquidos de freno elaborados con aceite de ricino. Sustituto de n-butanol en la elaboración de resinas de urea.
2-butanol
Por hidrólisis del butano, formado por craqueo de petróleo.
En la elaboración de otros productos químicos, por ejemplo metiletilcetona. Disolvente de lacas de nitrocelulosa. Producción de líquido de frenos y grasas especiales.
Metil-2-propanol
Por hidratación de isobutileno, derivado del craqueo de petróleo.
En perfumería. Como agente humedecedor en detergentes. Disolvente de fármacos y sustancias de limpieza.
Pentanol
(alcohol amílico)
Por destilación fraccional de aceite de fusel, un producto secundario en la elaboración del etanol por fermentación.
Disolvente de numerosas resinas naturales y sintéticas. Diluyente de líquido para frenos, tintas de imprenta y lacas. En fármacos.
Etilenglicol
Por oxidación de etileno a glicol. También por hidrogenación de metilglicolato obtenido a partir del formaldehído y el metanol.
Líquido anticongelante, líquido para frenos. En la producción de explosivos. Disolvente de manchas, aceites, resinas, esmaltes, tintas y tinturas.
Dietilenglicol
Como subproducto en la fabricación de etilenglicol.
Disolvente de tinturas y resinas. En el secado de gases. Agente reblandecedor de tintas de imprenta adhesivas.
Glicerina
(1,2,3-propanotriol)
Del tratamiento de grasas en la elaboración del jabón. Sintéticamente, a partir del propeno. Por fermentación de azúcares.
En resinas alquídicas, explosivos y celofán. Humectante de tabaco.
Pentaeritritol
(pentaeritrita)
Por condensación de acetaldehído y formaldehído.
En resinas sintéticas. Como tetranitrato en explosivos. TambiÈn en el tratamiento farmacológico de enfermedades cardiacas.
Sorbitol
Por reducción de azúcar con hidrógeno.
En la elaboración de alimentos, fármacos y productos químicos. Acondicionador de papel, textiles, colas y cosméticos. Fuente de alcohol en la fabricación de resinas.
Ciclohexanol
Por hidrogenación catalítica del fenol. Por oxidación catalítica del ciclohexano.
Producto intermedio en la fabricación de sustancias químicas utilizadas en la fabricación del nailon. Estabilizador y homogeneizador de jabones y detergentes sintÈticos. Disolvente.
Fenil-2-etanol
Por reacción entre el benceno y óxido de etileno.
Principalmente en perfumería.


El invento de la Cirugía plástica




Cirugía plástica, rama de la cirugía que se ocupa de remodelar cualquier parte del cuerpo humano afectada por una lesión o deformidad. La malformación puede ser congénita, esto es, estar presente desde el nacimiento, como en el caso de los niños que nacen con fisura palatina o labio leporino u otra anomalía congénita. La desfiguración puede ser también consecuencia de una lesión o deformidad quirúrgica necesaria para el tratamiento de enfermedades como el cáncer. Los objetivos principales de la cirugía plástica son la corrección de anomalías, la restauración de funciones perdidas y la mejora del aspecto de partes desfiguradas.
La cirugía plástica es una de las prácticas quirúrgicas más antiguas. Es probable que las operaciones de reconstrucción de la nariz se realizaran en la antigua India en épocas tan tempranas como en el año 2000 a.C., cuando las amputaciones de la nariz eran un forma de castigo; con el tiempo, la casta de alfareros ideó un método para reconstruir la nariz utilizando una parte de la frente, técnica que aún se emplea hoy en día. También aparecen algunas alusiones a este tipo de cirugía en la antigua Grecia y en Roma. Sin embargo, el desarrollo más significativo de las técnicas quirúrgicas no tuvo lugar casi hasta el siglo XVI, en particular en la obra del médico italiano Gasparo Tagliacozzi. Durante el siglo XX la importancia psicoterapéutica de la cirugía plástica se demostró tras la II Guerra Mundial; las víctimas de heridas y quemaduras de guerra recuperaron la función de las partes de su cuerpo lesionadas y se pudo subsanar la desfiguración externa, que por lo general conduce a estados depresivos.
2
CIRUGÍA RECONSTRUCTIVA Y ESTÉTICA
La cirugía reconstructiva implica la restauración de la función de una parte del cuerpo lesionada y la reconstrucción del contorno físico normal cuando partes del cuerpo, como nariz, mandíbulas, orejas o dedos, se han perdido o desfigurado. El elevado número de accidentes de tráfico que se producen en la actualidad es responsable de que muchos pacientes precisen de la cirugía reconstructiva de la cara. Los pacientes con cáncer sometidos a cirugía de cara y cuello pueden necesitar también reconstrucciones faciales. La cirugía facial es uno de los aspectos más complicados de la cirugía plástica que requiere destreza técnica y artística. La cirugía de la mano también comprende técnicas quirúrgicas complejas, a causa de los injertos de tendones y de la transferencia de músculos para restaurar la utilidad de la zona incapacitada.
Hoy en día, la cirugía plástica se lleva a cabo con frecuencia por razones estéticas, para corregir imperfecciones o modificar los contornos. Entre las intervenciones más frecuentes de cirugía estética están la rinoplastia (remodelación de la nariz), oroplastia (remodelación del oído externo), blefaroplastia (eliminación del exceso de piel y tejido graso de los párpados y área de los ojos) y estiramiento (lifting) facial, para hacer desaparecer los signos del envejecimiento. Otra técnica de cirugía estética es la eliminación de cicatrices visibles; se extirpa el tejido cicatricial y se aproximan los bordes de la herida. Con la popularidad creciente de la cirugía estética desde la década de 1950, la cirugía plástica se ha identificado de forma errónea con la cirugía estética. En realidad, sólo un pequeño porcentaje de cirujanos plásticos se limitan a la práctica de intervenciones estéticas.
3
TÉCNICAS DE INJERTO
Una de las técnicas principales de la cirugía plástica es el injerto, el trasplante o implante de tejido vivo desde una parte del cuerpo a otra, o de una persona a otra, con el objetivo de que el tejido prenda y crezca para sustituir una parte perdida. Por lo general se utilizan diferentes técnicas de injertos de piel. Una es la transferencia de tejido desde una zona adyacente hasta el defecto por transporte o rotación de fragmentos de piel desprendidos. Otra técnica empleada con frecuencia, en especial en las anomalías faciales menores, es el injerto de espesor total, en la que se extraen fragmentos completos de piel, es decir, con todas las capas que la componen, y se transfieren como un trasplante libre a la zona en cuestión. Una tercera técnica, denominada injerto de espesor parcial, se utiliza en pacientes con quemaduras graves que presentan quemaduras profundas en zonas amplias del organismo. Mediante un instrumento denominado dermatomo, se puede obtener un fragmento de piel de un espesor determinado de la zona donante que contiene células dérmicas vivas suficientes para cubrir la zona quemada, dejando suficientes células en la zona donante para que la piel vuelva a crecer. A veces se puede salvar la vida de un paciente con quemaduras gracias a la cobertura temporal de las células cutáneas supervivientes en la zona quemada, con injertos de piel procedentes de donantes genéticamente incompatibles. Estos injertos no sobreviven de forma permanente y pueden ser rechazados por el sistema inmunológico.
Los casos más complicados requieren otros tipos de coberturas cutáneas, como en las pérdidas de espesor completo de la mejilla o cuando se produce la pérdida de toda la nariz. El trasplante debe estar irrigado por los vasos sanguíneos de su zona original hasta que haya prendido en su nueva localización. En estos casos, se deja un tubo o colgajo de piel con tejido subyacente, para conectar el trasplante con su aporte sanguíneo original. El procedimiento precisa una operación en dos tiempos; el segundo tiempo implica la escisión del pedículo de conexión después de que la parte trasplantada haya adquirido un nuevo aporte sanguíneo de la zona receptora.
En cirugía plástica también se emplean otros tipos de injertos. Por ejemplo, el cartílago que se obtiene de una costilla de un paciente se modela para reproducir la forma de una oreja perdida. Después, se trasplanta el cartílago a la zona de la nueva oreja. Los injertos óseos obtenidos de la pelvis o de las costillas se utilizan para reconstruir diferentes tipos de anomalías, como por ejemplo, para sustituir la mandíbula. También se utilizan injertos de nervios en el tratamiento de la parálisis facial si el nervio facial ha quedado lesionado como consecuencia de un traumatismo.


El invento de la Guerra química y biológica




Guerra química y biológica, método de guerra en el que se utilizan agentes biológicos o químicos tóxicos o incapacitantes para ampliar los objetivos de los combatientes. Hasta el siglo XX ese tipo de guerra estuvo limitada sobre todo a los incendios, los pozos de agua envenenados, la distribución de artículos infectados de viruela y el uso de humo para diezmar o confundir al enemigo.
2
AGENTES QUÍMICOS
Gases como el gas lacrimógeno, el gas cloro y fosgeno (irritantes de los pulmones) y el gas mostaza (que produce graves quemaduras) se utilizaron por primera vez en la I Guerra Mundial para romper el prolongado estancamiento de la guerra de trincheras; también se intentó utilizar el lanzallamas, pero en principio resultaron ineficaces por su corto alcance. Los adelantos técnicos y el desarrollo del napalm (compuesto de ácidos de nafta y palmíticos), una espesa gasolina que se adhiere a las superficies, condujo a un uso más amplio de armas flamígeras durante la II Guerra Mundial.
Al final de la I Guerra Mundial la mayoría de las potencias europeas habían incorporado la guerra de gases en algún departamento de sus ejércitos, y Alemania había desarrollado en el periodo de entreguerras gases nerviosos como el sarín, que puede causar muerte o parálisis aplicado en pequeñas cantidades. A pesar de su disponibilidad, sólo Japón utilizó gases —en China— al producirse la globalización de la contienda. Después de la II Guerra Mundial el conocimiento de la producción de gases se hizo extensivo.
Desde la II Guerra Mundial se han utilizado gases como el lacrimógeno en guerras limitadas, por ejemplo en la guerra de Vietnam; también es empleado por la policía para reprimir motines. El uso de agentes más mortíferos, como el gas mostaza o nervioso, ha sido condenado por la mayoría de los países, aunque semejantes armas permanecen en arsenales y se cuenta con evidencias de que fueron utilizadas por Irak durante la Guerra Irano-iraquí, en la década de 1980, así como contra los kurdos del norte de su territorio.
Varios compuestos químicos que alteran el metabolismo de las plantas y causan defoliación, como el agente naranja, se han utilizado en la guerra moderna en la jungla para reducir la cobertura del enemigo o privar a la población civil de las cosechas necesarias para su alimento. Tales agentes químicos, que se suelen lanzar desde el aire, pueden contaminar también el agua y los peces; su efecto a largo plazo sobre todo el ecosistema hace que resulten devastadores. Véase también Medio ambiente: Problemas medioambientales.
3
GUERRA BIOLÓGICA
Varios países han desarrollado trabajos de diferente categoría sobre agentes biológicos para que fueran utilizados en la guerra. Seleccionados o adaptados a partir de microbios patógenos causantes de diversas enfermedades que atacan al hombre, a los animales domésticos o a las cosechas de alimentos vitales, tales agentes comprenden bacterias, hongos y virus o diversas toxinas. Los microbios patógenos que causan el botulismo, la peste, la fiebre aftosa y el añublo del trigo se cuentan entre los muchos que pueden ser utilizados contra los ejércitos enemigos o las actividades económicas que les sirven de sustento. La ingeniería genética también ofrece la posibilidad de desarrollar nuevos virus contra los que se carece de medios para establecer una defensa previa.
La guerra biológica a larga escala se ha mantenido en un estado teórico, si bien en la década de 1980 se supo que Japón había utilizado agentes biológicos en China en las décadas de 1930 y 1940. Al comienzo de la década de 1980 surgieron controvertidas acusaciones de que la Unión Soviética en Afganistán, y Vietnam en Laos y Kampuchea (hoy Camboya) estaban usando toxinas fungicidas —en una forma llamada lluvia amarilla— como armas biológicas.
4
DISEMINACIÓN Y PROTECCIÓN
Los métodos más primitivos de diseminar agentes químicos consistieron en su simple liberación de contenedores presurizados, tal como hicieron los alemanes durante la II Guerra Mundial. Esto obligaba a que su utilización dependiera del viento, si bien éste podía cambiar su dirección con frecuencia y lanzar los agentes químicos sobre las tropas propias o aliadas. Por tanto, los ejércitos buscaron formas mejores de proyectar estas armas, como morteros, artillería, cohetes, bombas aéreas y aspersores aéreos. Los agentes biológicos también pueden diseminarse mediante insectos o animales liberados en el área enemiga.
Sean cuales sean los medios de diseminación, es imprescindible proteger las fuerzas y poblaciones amigas. La mayoría de los países están desarrollando programas para la detección de agentes letales y su descontaminación; también se trabaja en el desarrollo de armas ofensivas cuyo almacenamiento y uso sea menos peligroso.
Las armas biológicas o químicas utilizadas en la guerra convencional o nuclear pueden desempeñar también un destacado papel en las futuras guerras de guerrillas o en acciones de sabotaje. En tales situaciones se acude a materiales tóxicos inertes —polvos, por ejemplo, que se activan al entrar en contacto con superficies húmedas como los pulmones— lanzados de forma subrepticia al aire de la ciudad desde vehículos en movimiento o desde buques en alta mar. Otra posible táctica es la de introducir toxinas solubles en las redes urbanas de suministro de agua.
Los agentes químicos y biológicos pueden ser utilizados en guerras limitadas. El hecho de que la producción de agentes químicos letales no exija una infraestructura industrial muy refinada los convierte en medios bélicos asequibles a los países del Tercer Mundo. El uso de armas químicas por Irak y la capacidad de guerra química por parte de Libia en 1988, incrementan el peligro que semejantes armas pueden originar. Es también materia de alta preocupación que ese tipo de armas caiga en poder de grupos terroristas, habida cuenta de que cantidades mínimas de toxinas disueltas en agua o aire pueden dar lugar a una catástrofe de muy amplias dimensiones, como ocurrió en la década de 1990 en el metro de Tokyo.
5
CONTROL INTERNACIONAL
La Conferencia de La Haya de 1899 intentó poner fuera de la ley los proyectiles que transportaran gases venenosos; el acuerdo alcanzado duró sólo hasta la I Guerra Mundial. En 1925 la Sociedad de Naciones firmó en Ginebra un protocolo contra la guerra química y biológica; este acuerdo no fue ratificado por Estados Unidos hasta 1974. El tratado deja fuera de la ley la utilización bélica en primera instancia de semejantes armas, pero los países firmantes se reservan por lo general el derecho a utilizarlas en represalia. No es fácil conseguir acuerdos para la ilegalización de estas armas.
La Conferencia de Desarme de Ginebra planteó en 1971 un tratado contra la guerra biológica en su totalidad, que fue aprobado por la Asamblea General de Naciones Unidas. Unos 80 países firmaron la Convención sobre Armas Biológicas. Este tratado es único en la medida en que consigue que la mayor parte de los países reconozcan la ilegalidad de ciertas clases de armas. Su efectividad, sin embargo, está por aclarar en un terreno todavía más complicado por el progreso de la ingeniería genética. En la reunión celebrada entre George Bush y Mijaíl Gorbachov en junio de 1990 se firmó un tratado por el que tanto Estados Unidos como la Unión Soviética se comprometían a reducir sus arsenales de armas químicas. En mayo de 1991, 19 países industrializados se comprometieron a adoptar controles sobre la exportación de 50 agentes químicos utilizados de forma corriente en la manufactura de este tipo de armas. El Tratado de la Convención sobre Armas Químicas de 1993 prohibió la fabricación de armas químicas y restringió el comercio de las sustancias utilizadas en su producción. Todavía quedan 65 países sin ratificarlo.


El invento de la Desfibrilación




Desfibrilador
El desfibrilador es un instrumento capaz de transmitir descargas eléctricas; se puede emplear en urgencias médicas, en pacientes con parada cardiaca o fibrilación ventricular (patología que puede dar lugar a una parada cardiaca) y para regular el latido en caso de taquicardia ventricular. El instrumento está formado por un generador de corriente y dos electrodos (o palas, visibles en la imagen), que se colocan sobre el tórax. En la práctica se suele suministrar un máximo de tres descargas, después de cada una de las cuales se comprueba la presencia de latido cardiaco; si el paciente sufre parada cardiaca, se puede practicar la reanimación avanzada mediante la administración de fármacos junto a la realización del masaje cardiaco y la puesta en marcha de un nuevo ciclo de tres descargas.


Desfibrilación, uso de un estímulo eléctrico para restablecer el ritmo cardiaco normal en caso de un latido caótico. La fibrilación puede ocurrir en muchas clases de enfermedades cardiacas; el músculo cardiaco se contrae de manera irregular y el corazón deja de trabajar como una bomba eficaz. Para detener la fibrilación y restaurar el latido normal se aplican dos placas a la pared del pecho y se descargan uno o más shocks eléctricos de un determinado voltaje.
A algunos pacientes con arritmia se les puede implantar en la cavidad torácica un desfibrilador, que, en caso de detectar una fibrilación, emite impulsos eléctricos. Éstos son transmitidos por hilos conductores que pasan por las venas a la parte derecha del corazón con el fin de revertir la situación.


El invento de la Criminología




Criminología, ciencia social que estudia la naturaleza, extensión y causas del crimen; características de los criminales y de las organizaciones criminales; problemas de detención y castigo de los delincuentes; operatividad de las prisiones y de otras instituciones carcelarias; rehabilitación de los convictos, tanto dentro como fuera de prisión, y la prevención del delito. La ciencia de la Criminología tiene dos objetivos básicos: la determinación de causas, tanto personales como sociales, del comportamiento delictivo y el desarrollo de principios válidos para el control social del delito. Para la consecución de estos objetivos, la Criminología investiga a partir de los descubrimientos de otras disciplinas interrelacionadas con ella, tales como la Biología, Psicología, Psiquiatría, Sociología, y Antropología.
2
LAS CAUSAS DEL CRIMEN
No se conocen a ciencia cierta las causas del delito. La teoría más antigua a este respecto, basada en la Teología, afirmaba que los delincuentes son personas perversas, que cometen crímenes de una forma deliberada, porque están instigados por el demonio u otros espíritus malignos. Aunque estas ideas han sido descartadas por la moderna Criminología, persisten en muchas regiones del mundo y se encuentran en el fondo de las razones para imponer penas muy severas a los delincuentes.
Desde el siglo XVIII se han formulado varias teorías que han logrado avances en la explicación del delito. Uno de los primeros intentos para explicarlo desde una postura más científica que teológica fue planteado a finales del siglo XVIII por el médico y anatomista alemán Franz Joseph Gall, que intentó relacionar la estructura cerebral y las inclinaciones del criminal. Esta teoría fue popular durante el siglo XIX, pero hoy se encuentra abandonada en el descrédito. Una teoría biológica más sofisticada fue desarrollada a finales del siglo XIX por el criminólogo italiano Cesare Lombroso, que afirmaba que los delitos son cometidos por aquellos que nacen con ciertos rasgos físicos hereditarios y reconocibles. La teoría de Lombroso fue refutada a comienzos del siglo XX por el criminólogo británico Charles Goring. Este autor hizo un estudio comparativo entre delincuentes encarcelados y ciudadanos respetuosos de las leyes, llegando a la conclusión de que no existen los llamados ‘tipos criminales’ con disposición innata para el crimen. Los estudios científicos recientes han confirmado las tesis y observaciones de Goring. Sin embargo, algunos investigadores siguen manteniendo que ciertas anormalidades en el cerebro y en el sistema endocrino contribuyen a que una persona tenga inclinación hacia la actividad delictiva.
Otro intento de explicación del delito fue iniciado en Francia por el filósofo político Montesquieu, que intentó relacionar el comportamiento criminal con el entorno natural y físico. Sus sucesores han intentado reunir pruebas tendentes a demostrar que los delitos contra las personas, como el homicidio, son hasta cierto punto más frecuentes en climas cálidos, mientras que los delitos contra la propiedad, como por ejemplo el robo, son más numerosos en regiones frías. Otros estudios parecen indicar que la criminalidad desciende en directa relación con el descenso de la presión atmosférica, el incremento de la humedad y las temperaturas altas.
Numerosos e importantes criminólogos del siglo XIX, sobre todo los relacionados con movimientos socialistas, consideraron el delito como efecto derivado de las necesidades de la pobreza. Estos autores señalaron que quienes no disponen de bienes suficientes para satisfacer sus necesidades y las de sus familias por las vías legales y pacíficas se ven empujados con frecuencia al robo, el hurto, la prostitución y otros muchos delitos. La criminalidad tiende a aumentar de una forma espectacular en periodos de desempleo masivo. Los criminólogos tienen una visión más amplia y profunda del problema y culpan de la mayoría de los delitos a las condiciones de necesidad y carencia asociadas con la pobreza. Las condiciones vitales de quienes se hallan en la miseria, de forma muy especial en los barrios más marginados, se caracterizan por la superpoblación, la falta de privacidad, los espacios inadecuados para vivienda, la carencia de medios para la diversión y los problemas sanitarios. Este tipo de condiciones generan sentimientos de necesidad y desesperación que conducen al crimen como salida, y que son estimulados por el ejemplo de aquellos que por esta vía han logrado escapar de la extrema pobreza hacia lo que aparece como una vida mejor.
Otros teóricos relacionan la criminalidad con el estado general de la cultura, sobre todo por el impacto desencadenado por las crisis económicas, las guerras, las revoluciones y el sentimiento generalizado de inseguridad y desprotección derivados de tales fenómenos. Cuando una sociedad se vuelve más inestable y sus ciudadanos sufren mayor angustia y temor ante el futuro, la criminalidad tiende a aumentar. Esto es cierto en lo referente a la delincuencia juvenil, como ha evidenciado la experiencia de Estados Unidos desde la II Guerra Mundial.
El último de los grupos de teorías más importantes al respecto es el elaborado por psicólogos y psiquiatras. Estudios realizados por investigadores del siglo XX, como el criminólogo americano Bernard Glueck y el psiquiatra británico William Healy, han señalado que cerca de una cuarta parte de la población reclusa está compuesta por psicóticos, neuróticos o personas inestables en el plano emocional, y otra cuarta parte padece deficiencias mentales. Estas condiciones mentales y emocionales, de acuerdo con estas teorías, determinan que algunas personas tengan una mayor propensión a cometer delitos. Diversos estudios recientes sobre criminales y delincuentes han arrojado más luz sobre los desequilibrios psicológicos que pueden conducir a un comportamiento criminal.
Desde la mitad del siglo XX, la creencia de que el delito puede ser explicado por una teoría única ha sido abandonada. Los expertos se inclinan a asumir las teorías del factor múltiple o de la causa múltiple, es decir, que el delito surge como consecuencia de un conjunto plural de conflictivas y convergentes influencias biológicas, psicológicas, culturales, económicas y políticas. Las explicaciones basadas en la causa múltiple parecen más verosímiles que las teorías anteriores de la simple causa única. En último extremo, siguen sin estar claras las causas del delito, porque la interrelación de los factores en presencia en cada caso es difícil de determinar.
3
TRATAMIENTO DE LOS CRIMINALES
Junto a las teorías de la causa del delito, se han ido aplicando varios modelos correccionales. Así, la antigua teoría teológica y moral entendía el castigo como una retribución a la sociedad por el mal realizado. Esta actitud todavía pervive. En el siglo XIX, el jurista y filósofo británico Jeremy Bentham intentó que hubiera una relación más precisa entre castigo y delito. Bentham creía que el placer podía ser medido en contraste con el dolor en todas las áreas de la voluntad y de la conducta humana. Argumentaba este autor que los delincuentes dejarían de delinquir si conocieran el sufrimiento específico al que serían sometidos si fueran apresados. Bentham, por tanto, instaba a la fijación de penas definidas e inflexibles para cada clase de crimen, de tal forma que el dolor de la pena superara sólo un poco el placer del delito. Este pequeño exceso sería suficiente para resultar disuasivo de una forma eficaz, pero no tanto como para resultar una crueldad gratuita por parte de la sociedad. Este cálculo de placeres y dolores estaba basado en postulados psicológicos que ya no se aceptan.
La tentativa de Bentham fue hasta cierto punto superada a finales del siglo XIX y principios del XX por un movimiento conocido como escuela neoclásica. Este colectivo rechazaba las penas fijas y proponía que las sentencias variasen en relación con las circunstancias concretas del delito, como la edad, el grado intelectual y estado psicológico del delincuente, los motivos subyacentes y otros factores que pudieran haberlo incitado a su comisión, así como los antecedentes penales y anteriores intentos de rehabilitación. La influencia de la escuela neoclásica dio lugar al desarrollo de conceptos tales como grados del delito y de la pena, sentencias indeterminadas y responsabilidad limitada de los delincuentes más jóvenes o deficientes mentales.
Hacia la misma época, la llamada escuela italiana otorgaba mayor importancia a las medidas preventivas del delito que a las destinadas a reprimirlo. Los miembros de esta corriente argumentaban que los individuos se ven determinados por fuerzas que operan al margen de su control, por lo que no podían ser responsables por entero de sus crímenes. En este sentido, impulsaron el control de la natalidad, la censura de la pornografía y otras iniciativas orientadas a mitigar los factores que, a su entender, empujaban a la actividad delictiva. La escuela italiana ha dejado una perdurable influencia en el pensamiento de los criminólogos actuales.
4
NUEVAS TENDENCIAS
Los intentos modernos de tratamiento de los delincuentes deben casi todo a la Psiquiatría y a los métodos de estudio aplicados a casos concretos. Todavía queda mucho por aprender de los delincuentes que son puestos en libertad condicional y cuyo comportamiento dentro y fuera de la prisión se estudia detenidamente. La actitud de los científicos contemporáneos es que los delincuentes son individuos y que su rehabilitación sólo podrá lograrse a través de tratamientos individuales y específicos. Por otro lado, el incremento de la criminalidad juvenil desde la II Guerra Mundial ha preocupado a la opinión pública y ha estimulado el estudio sobre los desequilibrios emocionales que engendra la delincuencia. El creciente conocimiento de la delincuencia ha contribuido a la comprensión de las motivaciones de los criminales de todas las edades. En los últimos años, la delincuencia ha sido atacada desde muchos campos. Aumentar la eficacia de esta labor mediante actuaciones policiales y los procesos judiciales ha sido una de las principales preocupaciones de los criminólogos. Esta inquietud se fundamenta en la convicción ética y doctrinal de que los criminales no pueden ser tratados y rehabilitados hasta que son prendidos y procesados, y de la conciencia de que si se comete un delito se tiene grandes probabilidades de ser detenido y condenado, lo que representa el más eficaz instrumento disuasorio para reprimir la actividad delictiva. Un estudio realizado en 1942 en Estados Unidos reveló que sólo el 25% de los autores de delitos denunciados era arrestado, sólo el 5% condenado y únicamente el 3,5% encarcelado. De acuerdo con los informes del FBI, al final de la década los arrestos habían subido hasta el 29% de los delitos denunciados, y las condenas alcanzaban al 22%. Las proporciones de detenciones y condenas de delincuentes continuaron aumentando durante la década de 1950, en gran medida gracias a los avances de los métodos policiales. En las décadas de 1960 y 1970 la criminalidad, en particular los delitos violentos, aumentó con claridad, pero descendió el número de condenas. Al principio de la década de 1980 la criminalidad se estabilizó y luego comenzó a descender lentamente.
El tratamiento y rehabilitación de los delincuentes ha mejorado en muchas áreas. Los problemas emocionales de los condenados han sido estudiados: se han hecho esfuerzos para mejorar su situación. En este sentido, psicólogos y trabajadores sociales han sido formados para ayudar a adaptar y reinsertar en la sociedad a los condenados que se hallan en libertad condicional, a través de programas de reforma y rehabilitación dirigidos tanto a jóvenes como a adultos.
En numerosas comunidades se han realizado iniciativas destinadas a afrontar las condiciones que generan delincuencia. Los criminólogos reconocen que tanto los delincuentes juveniles como los adultos son el principal producto del hundimiento de las normas sociales tradicionales, a consecuencia de la industrialización, la urbanización, el incremento de la movilidad física y social y los efectos de las infravivienda, el desempleo, las crisis económicas y las guerras. La mayoría de los criminólogos cree que una prevención efectiva del delito requiere instituciones y programas que aporten guías de actuación y el control realizado, tanto en el plano teórico, como en el que atañe a la tradición, por la familia y por la fuerza de la costumbre social. La mayoría de la opinión pública entiende que para solucionar el problema de la delincuencia es importante el arresto y condena de los delincuentes y plantear la alternativa de su reinserción, aunque en los últimos años se están fortaleciendo las actitudes de los que piensan que la rehabilitación está fallando y que hacen falta, en cambio, imponer penas más largas y severas para los delincuentes.


El invento de la Catapulta




Catapulta
Durante la antigüedad y la edad media la catapulta se utilizaba para lanzar grandes piedras por encima de altos muros, almenas y otros obstáculos. Algunas catapultas se valían de la torsión de pesadas cuerdas entre dos cargadores diferentes para lanzar pares de piedras con un peso de 45 kilogramos cada una, pero tenían poca precisión.

Catapulta, uno de los diversos ingenios bélicos utilizados en la antigüedad y en la edad media para arrojar jabalinas, saetas, rocas y otros proyectiles. Los modelos más grandes estaban montados sobre fuertes plataformas de madera; el gatillo o impulsor de este tipo de ballesta se tensaba mediante cuerdas hasta quedar sujeto con un gancho. Otro tipo de catapulta aplicaba el principio de torsión para lanzar piedras u objetos pesados sobre murallas y fosos: unas cuerdas enrolladas con tornos para echar hacia atrás el mecanismo impulsor. También se utilizaban catapultas más pequeñas, que eran portátiles. Véase Fortificaciones.
En la guerra naval moderna, los aviones se catapultan desde la cubierta de un portaaviones a lo largo de una guía o carril. El aparato es impulsado hasta abandonar el carril a la velocidad de vuelo mediante una carga explosiva, un mecanismo hidráulico o vapor a presión. En balística, es el ingenio que asegura una fuente auxiliar de impulso a un misil, combinando las funciones de dirección y aceleración, de un modo similar al del cañón con el proyectil.


El invento del Código Morse internacional




Samuel Morse
Samuel Morse inventó el código que lleva su nombre, un alfabeto telegráfico en el que está basado el código Morse internacional.


Código Morse internacional, sistema de señales utilizado en todo el mundo (excepto Estados Unidos y Canadá) en radiotelegrafía y en la comunicación mediante señales luminosas de la navegación marítima. Este sistema está basado en el código Morse, un alfabeto telegráfico ideado por el artista e inventor estadounidense Samuel F. B. Morse. En 1850, una comisión de varios países introdujo una serie de innovaciones en el código Morse con el fin de simplificar algunas señales; así surgió el código Morse internacional. Estados Unidos y Canadá no suscribieron el acuerdo y continuaron utilizando el código Morse original. Tanto el código original como el código Morse internacional están compuestos por diferentes combinaciones de puntos y rayas para representar las letras del alfabeto y los números (véase figura adjunta). La duración de una raya equivale a la de tres puntos. En la actualidad, el código Morse internacional ha caído en desuso en el sector de la radiotelegrafía y ha sido sustituido por los sistemas telegráficos de impresión y por el fax. Sin embargo, el código internacional de señales sigue vigente en la navegación marítima, garantizando la seguridad de los navegantes en alta mar.

 Código Morse internacional
El código Morse internacional es un sistema de puntos y rayas que se puede utilizar para enviar mensajes mediante una linterna, un pulsador telegráfico, cualquier otro dispositivo rítmico o incluso golpeando con los dedos. A medida que el pulsador telegráfico sube y baja, cierra o abre un circuito eléctrico y transmite una señal en forma de pulsos eléctricos. En el código Morse internacional, cada letra o número está representado por una combinación de rayas y puntos: una raya tiene una duración equivalente a tres puntos. La señal del código Morse más conocida es la petición de auxilio: punto punto punto, raya raya raya, punto punto punto (SOS).


Entradas populares

Me gusta

Seguidores