Arte prerrománico





El invento del:
Arte prerrománico

Ermita de Santa María
En la imagen podemos contemplar el exterior de la ermita de Santa María, situada en la localidad de Quintanilla de las Viñas, en Burgos. Se trata de un edificio de estilo visigodo construido durante el siglo VII en piedra. El austero volumen exterior, característico de este periodo, presenta una decoración en fajas con estrellas, animales, aves y racimos.

Arte prerrománico, conjunto de manifestaciones artísticas procedentes de distintos pueblos y culturas, que contribuyeron desde el siglo V hasta el X a la creación del románico.
En este periodo en el que se configuró lo que después sería el arte románico, se distingue una primera etapa que comenzó tras la caída del Imperio romano, en la que se desarrolló el arte de sus invasores: los pueblos germanos. El inicio de un segundo periodo puede situarse en el 800, año de la coronación de Carlomagno, creador de un Imperio en el que tuvo lugar durante casi dos siglos una fecunda y variada actividad artística y cultural, auténtico fundamento del arte románico posterior.
2
EL ARTE DE LOS PUEBLOS GERMANOS
Las grandes invasiones

Entre los pueblos germanos que invadieron Europa occidental destacan los ostrogodos y lombardos que se instalaron en Italia, los merovingios que lo hicieron en Francia, los sajones en Inglaterra y los visigodos en la península Ibérica. Todos ellos trataron de borrar en los primeros momentos el recuerdo de la civilización romana, la cual, con el paso del tiempo, terminó aflorando fundida con la cultura de cada pueblo, lo que dio lugar a un variado abanico de manifestaciones artísticas, según el grado de romanización y de desarrollo cultural existentes en los diferentes territorios (véase Pueblo godo).
2.1
Ostrogodos y lombardos
Los ostrogodos se asentaron en el norte de Italia y recibieron desde los comienzos la influencia del arte clásico en construcciones realizadas en piedra, en las que emplearon el arco de medio punto romano. Su monumento más representativo es el sepulcro de Teodorico I el Grande, levantado en Rávena a comienzos del siglo VI, que consta de dos plantas, a la manera de los martyria (restos sepulcrales de mártires) palocristianos: la inferior destinada a albergar la tumba y la superior a contener una capilla para las ceremonias religiosas.
En la segunda mitad del siglo VI llegaron a Italia los lombardos, cuyas primeras manifestaciones artísticas fueron unos relieves inspirados en la iconografía bizantina, como los frontales del altar de Cividale en Friuli (siglos VI y VIII).
2.2
Merovingios
Los merovingios desarrollaron en Francia una arquitectura de materiales pobres, como el ladrillo, en la que con frecuencia aprovecharon restos de construcciones romanas anteriores. Destacan las criptas, las basílicas y los baptisterios, como el de San Juan de Poitiers, del siglo VII, que posee una planta rectangular y una cubierta a dos aguas, con frontón clásico. También es relevante la dedicación merovingia a la orfebrería, especialmente a la realización de fíbulas y placas de cinturón decoradas con sencillos motivos mediante las técnicas del cloisonné y del repujado.
2.3
Sajones
Iglesia de San Lorenzo
La iglesia de San Lorenzo, situada en Bradford-on-Avon, fue construida probablemente entre los siglos VII y X. Los anchos muros, los estrechos arcos redondeados y los pequeños vanos son típicos de la arquitectura anglosajona. Los ángeles que aparecen sobre el arco de coro son un resto poco común de la escultura anglosajona.

Procedentes de Noruega, las tribus anglosajonas se afincaron en tierras inglesas, donde recibieron la influencia romana y la celta. Sus construcciones solían ser de madera, por lo que apenas se han conservado, aunque también edificaron alguna basílica en piedra, inspirada en los modelos paleocristianos, como la de Canterbury. Su expresión artística más característica fueron las cruces de piedra, utilizadas como hitos desde el siglo VI, como las de Ruthwell y Bewcastle. Erigidas sobre grandes basamentos, eran decoradas con formas vegetales y animales, aunque en ocasiones también presentaban sencillas escenas con temas evangélicos. Son el precedente de las cruces irlandesas, de iconografía más rica e interesante, y generalmente rematadas en la parte superior por un nimbo calado.
2.4
Visigodos
Los visigodos, originarios de Dinamarca y Suecia, se asentaron en el siglo V en la península Ibérica tras haber residido en Lombardía y luchado junto a los romanos en la frontera búlgara. En esa época aprendieron el latín y fueron cristianizados, aunque dentro de la corriente arriana, lo que influyó posteriormente en la concepción de sus templos y en los motivos decorativos de su arte. Se afincaron en España, con Toledo como centro, de manera pacífica, como un pueblo culto (véase Arte visigodo).
3
ARTE CAROLINGIO
A partir del siglo VIII, gracias al impulso de Carlomagno, se inició en Europa un florecimiento cultural basado en las tradiciones romanas y en el pasado clásico. A lo largo de este proceso, conocido con el nombre de renacimiento carolingio, aparecieron una serie de manifestaciones artísticas que deben ser denominadas prerrománicas, ya que constituyeron la auténtica base de lo que poco después sería el arte románico. Asimismo, la creación del Sacro Imperio Romano Germánico determinó la aparición de un arte oficial, de carácter cortesano, en el que se fundieron el recuerdo del mundo germano con el renovado interés por lo clásico y la influencia bizantina.
3.1
Arquitectura
Capilla Palatina de Aquisgrán
La capilla Palatina de la catedral de Aquisgrán, construida entre el año 792 y el 805, está realizada en un estilo derivado de la iglesia de San Vital de Ravena. Aunque presenta la estructura octogonal, centralizada y abovedada típica de las iglesias bizantinas que la precedieron, sus bóvedas y pilares macizos son típicos de la arquitectura medieval europea.

El arte carolingio se desarrolló fundamentalmente en Francia, centrando su actividad constructiva en la realización de iglesias y monasterios, en principio levantados en madera y después en ladrillo o en piedra, en los que por influencia clásica se utilizó el arco de medio punto y la columna. Las iglesias solían tener una planta de tres naves y tres ábsides paralelos con testero plano, aunque son raros los ejemplos que han llegado hasta nosotros sin añadidos o modificaciones en su construcción. En estos edificios fueron utilizados con cierta frecuencia algunos elementos que posteriormente serían característicos del románico: un crucero desarrollado, girola en la cabecera, como en San Martín de Tours, pilar cruciforme y torres cilíndricas flanqueando las fachadas, tipología que alcanzaría un amplio desarrollo en el románico alemán.
Uno de los elementos más originales de la arquitectura carolingia fue el triturrium o cuerpo occidental (Westwerk), situado a los pies del templo, con dos torres en los extremos más otra central, de diseño rectangular, levantada sobre una tribuna que servía al emperador y a su corte para asistir a los oficios religiosos. El monasterio suizo de Saint-Gall (820), y la desaparecida abadía de Céntula o de Saint-Riquier fueron los ejemplos más relevantes de la arquitectura carolingia, así como la iglesia de Fulda, de menores proporciones al no pertenecer a un conjunto monástico. Ésta poseía una planta basilical, según era habitual en las construcciones religiosas de la época, aunque dos importantes edificios escaparon a esta norma: la capilla Palatina de Aquisgrán y la iglesia de Germigny-des-Prés en Orleans.
La capilla del palacio de Carlomagno fue construida por el arquitecto Odón de Metz e inagurada en el 805. Inspirada en San Vital de Rávena, presenta una planta central, de diseño poligonal, con triforio y capiteles bizantinos, además de un claro impulso vertical en la concepción espacial, cualidad característica de la arquitectura medieval europea. La planta del oratorio de Germigny-des-Prés es de cruz griega, inscrita en una cuadrado con ábsides es forma de herradura. Dentro de la arquitectura civil destaca el pórtico o Torhalle de la abadía de Lorsch, probablemente concebido a modo de gran salón para recibir con honores al emperador Carlomagno.
3.2
Otras manifestaciones artísticas
La influencia bizantina y el deseo de dar magnificencia al mandato imperial impulsaron el desarrollo de las artes suntuarias y de la escultura, aunque ésta sólo en formato de escaso tamaño para facilitar su transporte a causa de la inestabilidad política imperante en la época. En el Museo del Louvre se conserva una pequeña estatuilla ecuestre en bronce que probablemente representa a Carlomagno, inspirada en el modelo romano de Marco Aurelio.
Dentro del arte carolingio tuvo una especial relevancia el trabajo en marfil, muy influido por la estética bizantina, siendo Metz el principal centro de producción, dedicado especialmente a la realización de cubiertas para evangeliarios, como el de Lorsch (c. 810).
Aunque apenas han llegado hasta nosotros restos de las pinturas y mosaicos que debieron decorar los templos carolingios, sabemos de su clara vinculación con el mundo bizantino a través de la pintura de los códices, actividad que también tuvo un gran florecimiento en la época carolingia. Durante el siglo IX, en el ámbito cortesano existieron dos focos: el palatino, al que pertenece el Códice de la Coronación, y el que se formó en torno a Ada, hermana de Carlomagno, en el que se realizaron los Evangeliarios del miniaturista Godescalco. Existió otro centro en Tours, donde se inició el empleo de las grandes iniciales por influencia de monjes británicos, y otro en Reims, algo posterior, caracterizado por un gran interés por lo narrativo, como se demuestra en el Salterio de Utrecht (siglo VIII, biblioteca de la Universidad de Utrecht, Países Bajos).
La orfebrería alcanzó un gran auge en esta etapa, siendo su principal cualidad la suntuosidad, conseguida mediante la riqueza ornamental y la utilización de piedras preciosas y esmaltes. Entre las piezas más destacadas figura el altar de San Ambrosio de Milán (835), obra del maestro Volvinus.
4
ARTE OTÓNICO
Iglesia de San Miguel
Espléndido ejemplo de arquitectura otónica, la iglesia de San Miguel en Hildesheim fue fundada en 996 y consagrada en 1033. En consonancia con los dictados del nuevo arte imperial, la planta presenta dos coros y dos transeptos, situados en los extremos opuestos de la nave. El cuerpo occidental, que introduce un cambio en la típica estructura basilical en cruz latina, se llama Westwerk. La ausencia de fachada comporta, además, que la entrada esté situada en un lateral. Los brazos del transepto están rematados por una torre de planta poligonal en la parte inferior y cilíndrica en la superior; sobre el crucero se alza el cimborrio, cubierto de un tejado piramidal.

El arte otónico se desarrolló en tierras germánicas desde mediados del siglo X, fundiéndose en el XI con el románico. Inspirado en el mundo clásico, en las formas bizantinas y en la estética carolingia, utilizó la planta basilical, el doble ábside en cabecera y pies y la cubierta plana de madera. Son ejemplos representativos de la arquitectura otónica las abadías de Reichenau, Genrode, Oberzell y San Miguel de Hildesheim, creándose en el entorno de esta última un importante foco escultórico especializado en el trabajo del bronce. La doble influencia bizantina y carolingia se manifestó también en la pintura, mosaicos y manuscritos miniados (Evangeliario de Otón III), así como en la orfebrería, en la que esmaltes y marfiles alcanzaron un extraordinario esplendor, como puede apreciarse en el altar de oro de Basilea.
5
ARTE VIKINGO
Talla de madera vikinga
En esta talla medieval, procedente de la puerta de una iglesia noruega, se manifiestan las formas sinuosas del arte vikingo, que en muchos casos representan animales y figuras humanas. Éste es un episodio de la leyenda del héroe Sigfrido en la que vemos a su enemigo, Gunter, tocando el laúd con los pies mientras yace moribundo en el foso de serpientes.

El arte vikingo tuvo lugar en Escandinavia y Dinamarca especialmente a partir del siglo VIII hasta el XI, época de mayor poder de este pueblo. Sus construcciones, tanto civiles como religiosas, se llevaron a cabo en madera, siendo frecuente entre estas últimas el diseño piramidal, como el de la iglesia noruega de Borgund (siglos XI-XII). Propio de esta cultura fue la ornamentación de los barcos utilizados como enterramientos (navío de la reina Asa, en Oseberg), así como los trabajos de orfebrería decorados con originales motivos geométricos.
6
ARTE IRLANDÉS
Los evangelios de Lindisfarne
Los evangelios de Lindisfarne (c. 698-721, Biblioteca Británica, Londres) fue realizado por monjes de Northumberland. Aquí vemos la primera página del Evangelio según San Mateo en la que la letra mayúscula está ricamente decorada. Los iluminadores anglosajones e irlandeses tomaron los diseños entretejidos y decorados con criaturas fantásticas del arte vikingo.

Los vikingos influyeron especialmente en el arte irlandés, que se caracterizó también por la presencia de la tradición celta y la ausencia del recuerdo clásico. Su principal creación fueron las cruces de piedra, de influencia anglosajona, realizadas entre los siglos VIII y X, entre las que destacan las de Moone, Castledermot, Kell, Durrow y Monasterboice. Las cruces irlandesas tuvieron siempre un nimbo circular en torno a los brazos y solían estar totalmente decoradas con formas vegetales y animales, y, en ocasiones, con rudimentarias escenas de tema bíblico que influyeron en la posterior iconografía románica.
En el campo de la orfebrería se acentuó el recuerdo celta al que se sumó el copto, como puede apreciarse en la decoración de pedrería y motivos geométricos entrelazados que presenta la campana de san Patricio, conservada en el Museo de Dublín. El empleo de la curva predominó en la miniatura, en especial en el diseño de amplias cenefas y en la ornamentación de las letras capitales, como sucede en el Libro de Durrow, Los evangelios de Lindisfarne y el Libro de Kells. Las artes plásticas irlandesas tuvieron un especial protagonismo en el desarrollo del románico alemán, gracias a las fundaciones llevadas a cabo por monjes llegados desde la isla al continente a partir del siglo X.
7
ARTE ESPAÑOL
En esta época se desarrollaron en la península Ibérica una serie de manifestaciones artísticas como resultado del nacimiento del reino asturiano y el establecimiento en zonas cristianas de mozárabes emigrados de la España islámica. El prerrománico español se divide en dos estilos: el asturiano y el mozárabe.
7.1
El arte asturiano
San Miguel de Lillo
La iglesia de San Miguel de Lillo, en las afueras de Oviedo, formaba parte del conjunto palaciego del Naranco, construido por el rey Ramiro I. En la actualidad tan sólo se conserva una parte del edificio original, debido al derrumbe, en la edad media, de la nave oriental. En la imagen se observan las proporciones verticales características de la arquitectura prerrománica asturiana.

El arte asturiano, así denominado por propagarse geográficamente en dicha área, se extiende a lo largo del siglo IX y se desarrolla en tres etapas que coinciden con el reinado de sus tres reyes. Se manifiesta principalmente en la arquitectura, síntesis de elementos visigodos con aportaciones romanas y carolingias, y en las artes aplicadas. La arquitectura prerrománica, promocionada por los reyes astures, es de carácter eclesiástico y alcanza su máxima expresión en la construcción de iglesias. La planta de éstas es basilical de tres naves, separadas por pilares, con un amplio crucero (con iconostasio generalmente) y con una cabecera que termina en tres capillas rectangulares. Casi todas poseen la llamada cámara del tesoro (situada encima de la cabecera y a la que se accede desde el exterior) y una tribuna.
El periodo prerramirense (791-842) se corresponde con el reinado de Alfonso II el Casto y está representado por ejemplos tan notables como San Julián de Prados, primer prototipo del arte asturiano, y también la cripta de Santa Leocadia, en la catedral de Oviedo, que albergó el tesoro traído desde Toledo.



El periodo ramirense, llamado así en honor al rey Ramiro I, nos deja como paradigma de arquitectura asturiana al palacio del Naranco. Edificio singular, erigido al pie del monte Naranco, representa la transformación de un palacio en iglesia, consagrada durante siglos a Santa María del Naranco. Fue originariamente el salón del trono de Ramiro I. De planta rectangular, está dividido en dos plantas de las cuales la superior está convertida en ara y cubierta por una bóveda de cañón. Inmediatamente encima se encuentra la cámara del tesoro, a la que se accedía desde el exterior. En la cámara baja se encontraban los baños. Al exterior se remarcan los contrafuertes, que acentúan la verticalidad y pesadez del edificio, decorado en uno de sus frontales por discos solares. La cercana iglesia de San Miguel de Lillo presenta como diferencia tres naves a distinta altura, lo que origina un desnivel de vertientes. Completa este periodo la iglesia de Santa Cristina de Lena.
Finalmente el periodo posramirense, que corresponde al reinado de Alfonso III el Magno, tiene en San Salvador de Valdediós su ejemplo más representativo. De mayores proporciones y con la adición de un pórtico lateral como novedad, esta iglesia anticipa las bases del románico.
En artes aplicadas, además de las jambas de San Miguel de Lillo de tosco diseño, que representa escenas de circo de clara influencia romana, merece atención la orfebrería como la Cruz de la victoria, ejecutada con la técnica heredada de los visigodos del cabujón (talla en la que la piedra queda ligeramente redondeada) más el uso de gemas, y la Caja de ágatas (ambas se encuentran en la cámara santa de la catedral de Oviedo).
7.2
El arte mozárabe
San Miguel de Escalada
La iglesia de San Miguel de Escalada está situada a pocos kilómetros de la ciudad española de León. Levantada sobre un antiguo edificio mozárabe, constituye una armoniosa combinación de elementos musulmanes y cristianos de origen asturiano, que da como resultado un conjunto de gran refinamiento estético. En el exterior se conserva un hermoso pórtico con arcos y capiteles.

El arte mozárabe es la siguiente manifestación artística del prerrománico. Es el arte que realizan los cristianos que viven bajo la dominación musulmana. Se localiza en las regiones del norte de Castilla y a lo largo del Cantábrico, y con menor repercusión en Andalucía y Aragón. Los ejemplos artísticos que perviven están fuertemente islamizados e incluso siguen vigentes aún algunos ritos como el de la misa mozárabe que se celebra en la catedral de Toledo.
Iglesia de San Baudelio de Berlanga
La iglesia de San Baudelio de Berlanga (provincia de Soria), es un edificio mozárabe que sobresale por sus pinturas murales y por el curioso pilar central sobre el que descansa el peso de la cubierta (en la imagen), del que salen ocho nervios a modo de palmera, en clara alusión al paraíso terrenal.

Cronológicamente, el arte mozárabe despunta a finales del siglo IX y alcanza su máximo esplendor en el siglo X. Su manifestación más importante es la arquitectura aunque cuenta con obras sobresalientes en miniatura y artes aplicadas. Las características más importantes que definen la iglesia mozárabe son la presencia del arco de herradura califal adovelado, los aleros muy pronunciados que descansan en modillones de rollo y las bóvedas de influencia islámica.
La arquitectura mozárabe presenta iglesias de pequeñas dimensiones y de planta variada. Castilla y León tiene el mayor número y más original de los conjuntos arquitectónicos. San Cebrián de Mazote (Valladolid) y San Miguel de Escalada acusan la influencia oriental siria por los ábsides contrapuestos. Esta última, tiene un pórtico lateral adosado, anticipo de soluciones románicas. San Baudelio de Berlanga (Soria), sumamente original por albergar en su interior una columna en forma de palmera que tiene en su parte superior una diminuta cámara del tesoro. Santa María de Lebeña (Santander) influida por la arquitectura asturiana al adoptar cabeceras de tres capillas rectangulares o la peculiar iglesia de Santiago de Peñalba que tiene solamente una nave.
Respecto a las miniaturas, el ejemplo más destacado son los comentarios del Beato de Liébana. Dicho códice medieval, realizado en pergamino, ilustra los comentarios del tratado de los diez libros del Apocalipsis que describe el monje en tono milenarista. Sus características más señaladas son su fuerte cromatismo, las figuras fantásticas y la marcada narratividad que hace expresiva la figuración de sus pinturas. Se considera a Magio como el autor de la miniatura del Beato Morgan, y del Beato de Tábara, que terminaría junto al pintor Emeterio quien, en colaboración con la monja Ende termina en el 975 el Beato de Gerona. Al calígrafo Florencio se le relaciona con la Biblia de San Isidoro de León y con los códices Albeldense y Emilianense. En las artes aplicadas, los objetos son para la liturgia cristiana pero realizados con técnicas islámicas como el cáliz de Santo Domingo de Silos (c. 1050) realizado en filigrana.

Arte pompier





El invento del:
Arte pompier

Arte pompier, denominación peyorativa utilizada para calificar el arte oficial de la segunda mitad del siglo XIX.

2
DEFINICIÓN
Como sinónimo de arte académico, la expresión surgió a partir de una burla formulada por los pintores románticos contra los pintores neoclásicos de la escuela de Jacques-Louis David, que solían representar a los guerreros tocados con cascos (pompier significa en francés ‘bombero’). Por extensión, el arte pompier terminó por referirse a toda forma de expresión artística adscrita a las reglas estéticas preconizadas por las autoridades de Bellas Artes, es decir, los miembros del Instituto de Francia, los profesores de la Academia de Bellas Artes y el jurado del Salón. Estudios recientes sobre los pintores de esta tendencia han contribuido a rehabilitarlos y a comprender mejor sus aspiraciones estéticas.

3
PRINCIPALES REPRESENTANTES
Los primeros representantes fueron Jean-León Gérôme, Jean-Louis Hamon y Charles Gabriel Gleyre, en activo durante las décadas de 1840 y 1850. Surgidos del neoclasicismo, sustituyeron la grandilocuencia del género histórico por un intimismo algo amanerado, como Jóvenes griegos en una pelea de gallos (1847, Museo de Orsay, París), de Gérôme. Las esculturas de estilo clásico de Jean-Jacques Pradier (Odalisca, 1841, Museo de Bellas Artes, Lyon) y de Auguste Clesinger (Mujer picada por una serpiente, 1847, Museo de Orsay) son más sensuales.
Simultáneamente, se realizaron obras grandiosas y magistrales, entre las que figuran Los romanos de la decadencia (1847, Museo de Orsay), de Thomas Couture. A la manera de las esculturas de Carrier-Belleuse, esta pintura atestigua el apego de las instituciones y del público a los principios estéticos de la antigüedad clásica y a la historia.

El fin de siglo vio el desarrollo de una pintura más edulcorada, como testimonian las obras de William Bouguereau (El nacimiento de Venus, 1879, Museo de Orsay) y de Alexandre Cabanel (El nacimiento de Venus, 1863, Museo de Orsay). En cambio, con Eugène Guillaume (Matrimonio romano, 1877, Museo de Bellas Artes, Dijon), Jules Dalou (Triunfo de la República, 1879-1889, plaza de la Nación, París), Frédéric-Auguste Bartholdi o Emmanuel Fremiet (Juana de Arco, 1874, París), el estilo escultórico se volvió más sobrio.

Los honores y los numerosos encargos oficiales que recibían los artistas pompiers acabaron por desacreditarlos a los ojos de los artistas de vanguardia. Lo cierto es que su arte cayó muchas veces en el oportunismo: Jean-Louis Meissonier pintó hábilmente temas históricos, Léon Bonnat retratos mundanos y Henri Gervex supo explotar los temas del momento (Rolla, 1878, Museo de Bellas Artes, Burdeos). Convencidos de la superioridad de un oficio paciente y sabio fundado en la belleza, se opusieron al impresionismo, cuya modernidad e innovación les desconcertaba.

Arte plumario





El invento del:
Arte plumario

Rey Azteca
Escudo de Ahuizotl
Escudo decorado con plumas que perteneció al soberano azteca Ahuizotl (1486-1502). Este tipo de trabajo ornamental fue muy popular entre los pueblos indígenas americanos del periodo prehispánico.

Azteca
Tocado de Moctezuma II
Se cree que éste es el penacho o tocado del emperador azteca Moctezuma II. Los penachos eran símbolos de poder y autoridad dentro del mundo indígena americano. Por lo general, se confeccionaban con plumas de colores y se adornaban con joyas, cuentas y cuero.

Arte plumario, técnica ornamental realizada con plumas de ave, empleada por la mayoría de las culturas indígenas americanas para la elaboración de tocados y todo tipo de adornos humanos.
Fray Bernardino de Sahagún describió minuciosamente el proceso de elaboración utilizado por los antiguos mexicanos y repetido tras la conquista española. Según sus palabras, los artistas colocaban sobre una hoja de maguey una capa de algodón cardado mezclado con engrudo; el lienzo resultante era cubierto por el papel de amate en el que se había realizado el dibujo, y a continuación se colocaban las plumas, reservando las más finas para la capa exterior.

A partir de la llegada de los españoles a México, los amanteca, especialistas en el trabajo de la pluma, comenzaron a decorar objetos de uso europeo con esta técnica, utilizando motivos iconográficos y estilos narrativos propios de los artistas occidentales. Las piezas más antiguas y más importantes son las relacionadas con el culto católico, como algunas sacras o un interesante conjunto de mitras que se conservan en diferentes instituciones: en el monasterio de San Lorenzo de El Escorial (España), la catedral de Toledo (España), el palacio Pitti de Florencia (Italia) o el Museo Etnográfico de Berlín (Alemania), así como pequeños cuadros dedicados a la Adoración de los Magos (Museo de América, Madrid) o La misa de san Gregorio (Museo de los Jacobinos, Auch, Francia). Todas ellas son del siglo XVI. También del siglo XVI es una Adarga, la única obra de carácter profano que existe, que se guarda en el Museo del Ejército de Madrid.

Durante el siglo XVII se mantuvo la técnica tradicional, aunque se incorporaron importantes variaciones al realizar algunos motivos de la obra con técnicas pictóricas en sustitución de la plumaria. De este periodo y del siglo XVIII sólo se conservan cuadros de temática religiosa con diferentes advocaciones marianas y de santos.

Arte persa





El invento del:
Arte persa

Arte persa, conjunto de manifestaciones artísticas que se desarrollaron en la antigua Persia, territorio que a partir de 1935 pasó a conocerse como Irán. No obstante, y de acuerdo a su uso más extendido y popular, el término persa se utilizará en este artículo para referirse al periodo anterior a la llegada del islam en el siglo VII d.C. —es decir, la época del antiguo Imperio persa— así como también para los tiempos prehistóricos.
2
PERIODO ANTIGUO
Los principales trabajos artísticos de la época prehistórica fueron las piezas de cerámica y pequeñas figuras de arcilla, mientras que la arquitectura y la escultura predominaron a lo largo de los dos imperios persas, el Aqueménida y el Sasánida (siglos VI a.C.-VII d.C.). Tras la conquista árabe y la introducción del islam en el siglo VII d.C., la escultura cedió su lugar en favor de la arquitectura, que entró así en un periodo de gran esplendor. La pintura llegó a ser importante entre los siglos XIII a XVII. Ya en el siglo XX se recuperaron estas antiguas formas artísticas combinándose los modelos tradicionales con la tecnología occidental y los nuevos materiales.
2.1
Arquitectura
Entre los primeros ejemplos de arquitectura persa destacan un grupo de pequeñas viviendas construidas con mortero y ladrillos de barro no cocido y secados al sol (adobe) descubiertas en varios yacimientos neolíticos del occidente de Irán: Tepe Alí Kosh, Tepe Guran, Ganj Dareh Tepe y Hajji Firuz Tepe. Estos yacimientos demuestran el asentamiento de pequeños poblados formados por casas de una única habitación y dependencias para almacenaje a lo largo de la frontera occidental del país en torno al año 6000 a.C. Las excavaciones en Tal-i Bakun, cerca de Persépolis, y en Tal-i Iblis y Tepe Yahya, cerca de Kermān, muestran cómo hacia el 4000 a.C. se levantaron edificios con un mayor número de estancias, agrupados además en pueblos o pequeñas ciudades. Todas estas estructuras arquitectónicas indican que las técnicas tradicionales de construcción mediante mortero y ladrillos de adobe se encontraban ya en pleno desarrollo. En Shahr-i Sokhta en Sistán se ha estado excavando un interesante palacio de la edad del bronce (c. 2500 a.C.). Su estructura y tipología evidencian un acusado incremento de la complejidad en consonancia con el establecimiento de importantes centros comerciales sobre la meseta iraní.
A finales del 2000 a.C., grupos tribales arios, entre los que se encontraban los medos y los persas, se extendieron por la meseta desplazando o absorbiendo a los primitivos pobladores. La arquitectura y artesanía de este periodo conocido como edad del hierro, precedente inmediato de la fundación del Imperio persa por Ciro II el Grande, ha podido conocerse gracias a las excavaciones llevadas a cabo cerca de Kangavar (Godin Tepe y Babajan Tepe), en las proximidades de Hamadān (Nush-i Jan Tepe), y en Zendan-i Suleiman y Tepe Hasanlu al noroeste de Irán. Estos yacimientos revelaron por primera vez la utilización de largos corredores de columnas como característica principal de la nueva tipología constructiva. Las columnas eran de madera y se levantaban sobre losas de piedra, mientras que los edificios se construyeron con piedras sin tallar y ladrillos. Las escaleras y las terrazas, junto con otros elementos, constituyeron los prototipos desarrollados más tarde por la arquitectura imperial de Pasargada y Persépolis. Si, como se cree, los edificios de Nush-i Jan Tepe y Godin Tepe son ejemplos de arquitectura meda, nos hallamos ante las primeras estructuras arquitectónicas de los medos que se han excavado hasta el momento actual. Estos descubrimientos confirman las frecuentes descripciones que sobre almacenes y palacios aparecen en las fuentes literarias, especialmente en el historiador griego Herodoto.
2.1.1
Periodo Aqueménida
Relieve del palacio de Darío
Relieve del palacio de Darío
Este relieve del palacio de Darío, en Persépolis, muestra probablemente al rey Darío recibiendo regalos de sus súbditos. El palacio fue construido entre el 518 y el 460 a.C., durante el periodo aqueménida, y los relieves esculpidos en sus pilares de caliza muestran la influencia de la escultura asiria.

El primer momento de esplendor de la arquitectura persa tiene lugar durante la dinastía Aqueménida, cuyo reinado se extiende aproximadamente desde el 550 al 331 a.C. Los restos de arquitectura Aqueménida son bastante numerosos, siendo los más antiguos las ruinas de la capital fundada por Ciro II el Grande, Pasargada, declaradas Patrimonio cultural de la Humanidad en 2004. Los restos incluyen dos palacios, un recinto sagrado, una ciudadela, una torre y la tumba de Ciro. Los palacios estaban tapiados y tenían en su centro una gran galería de columnas, la más larga de las cuales medía 37 metros de longitud. La distribución y el diseño de las habitaciones principales oscilaba entre la forma cuadrada y la rectangular; todas estaban iluminadas por un sistema de claraboyas. Los muros se construyeron de ladrillos de adobe; los cimientos, pórticos, columnas y pedestales se hicieron en piedra. Las columnas se cubrieron con bloques de piedra tallada que representaban figuras de caballos o leones enfrentados espalda con espalda. Para los suelos se utilizó, probablemente, la madera. El recinto sagrado estaba formado por un patio tapiado dentro del cual se disponían dos altares y una tribuna escalonada de forma rectangular. La torre era una elevada estructura arquitectónica levantada a base de piedra caliza de color amarillento; por contra, la caliza negra se utilizó para las puertas de acceso y para las dos filas de ventanas cegadas. La tumba de Ciro era un pequeño mausoleo de piedra, en forma de cilindro, colocado sobre una plataforma escalonada. Las columnas que lo rodean se han ubicado allí en época reciente.
Darío I el Grande construyó una nueva capital en Persépolis, ciudad que sería más tarde ampliada por Jerjes I y Artajerjes I (465-425 a.C.). Sobre una zona rocosa se abrieron y nivelaron tres amplias terrazas en las que se fueron levantando edificios de ladrillo y piedra similares a los de Pasargada. Entre las edificaciones de Persépolis y Pasargada existen, no obstante, varias diferencias. Los patios de columnas eran cuadrados, en los muros se abrían ventanas y nichos de piedra simulando vanos, y dejaron de utilizarse los pedestales de piedra. Las puertas presentan una cornisa de cuarto bocel (tipo de moldura con un perfil de cuarto de círculo) decorada con motivos vegetales de probable origen egipcio. Los fustes de las columnas eran estriados en lugar de lisos, las basas y molduras de los plintos se ornamentaron con motivos decorativos de tipo floral, y el remate de las columnas (capitel) tomó formas naturalistas reproduciendo los cuartos delanteros de toros que a veces aparecían alados. Estos edificios tenían los techos de madera de cedro apoyados sobre robustas vigas y escuadras que descansaban en los capiteles de piedra de las columnas.
Otros restos de arquitectura Aqueménida podemos encontrarlos en la ciudad de Susa, donde Darío I construyó un gran palacio reconstruido posteriormente por Artajerjes II (409-358 a.C.). La arquitectura vinculada a la dinastía de los Aqueménidas abarca también tumbas excavadas en la roca, como los hipogeos egipcios, de entre las que destacan las de Naqshah Rostam, cerca de Persépolis. Apenas se conocen ejemplos de arquitectura popular o doméstica, aunque los arqueólogos creen que la vivienda típica se construía con ladrillos de adobe.
Brazalete de grifos
Brazalete de grifos
Este brazalete de oro fue realizado en Persia durante la dinastía Aqueménida (c. 550-330áa.C.) y forma parte del tesoro del Oxus, colección de objetos decorativos del Imperio persa que se encuentra en el Museo Británico, Londres. El brazalete está formado por dos grifos cuyas cabezas constituyen los extremos de la pieza.

Tras la conquista de Persia por Alejandro Magno en el 331 a.C. y la toma del poder por parte de la dinastía Seléucida, la arquitectura persa imitó las formas del mundo griego. De este estilo es el gran templo de Kengavar, que fue excavado por el Servicio Arqueológico de Irán para su eventual restauración. El templo había sido destruido en la antigüedad por un fuerte terremoto.
Más tarde, bajo la dinastía de los partos Arsácidas, entre el 250 a.C. y el 226 d.C., se construyeron en el primitivo estilo persa un pequeño número de edificios. El monumento más importante de este periodo, declarado Patrimonio cultural de la Humanidad en 1985, es el palacio de Hatra (hoy al-Hadhr, en Irak), fechado entre los siglos I y II d.C., en el que se ejemplifica perfectamente la utilización a gran escala de la bóveda de medio punto. Los abovedamientos, los robustos muros y las pequeñas dependencias de este palacio indican una continuidad de las primitivas tradiciones asiria y babilónica.
2.1.2
Periodo Sasánida
Bajo la dinastía Sasánida, que gobernó Persia desde el 226 d.C. hasta la conquista del islam en el 641, tuvo lugar un importante renacimiento arquitectónico. Las construcciones fueron totalmente diferentes de las del periodo Aqueménida. Los muros se levantaron a base de ladrillo cocido y pequeñas piedras unidas con argamasa; también se utilizó el ladrillo para las bóvedas de medio punto dispuestas sobre grandes estancias y corredores; se construyeron grandes cúpulas. Se adaptaron los diseños y principales características de los palacios de Persépolis, pero se encerraron en un único edificio las numerosas dependencias y habitaciones. De este modo, la misma obra incorporaba un lugar para las audiencias públicas, otro más pequeño para las privadas, así como numerosas salas de menor tamaño. Entre los principales restos conservados de arquitectura Sasánida están las ruinas de los palacios cupulados de Firuzabad, Girra y Sarvestan, y las amplias salas abovedadas del de Ctesifonte. El gran yacimiento de Bishapur ha sido sistemáticamente excavado a mediados del siglo XX por el Servicio Arqueológico de Irán. Se han realizado también excavaciones en otros palacios, como en Qais, Hira y Damghan. En todos estos palacios aparece ya el iwán, como pórtico con gran arco abierto a un patio, que se verá luego en el arte islámico. Además de éstos, destacan también los puentes de Dizful y Shushtar, y diversos templetes construidos en varias localidades destinados a la adoración del fuego que formaba parte del zoroastrismo.
2.2
Escultura
En el primer gran periodo del arte persa, durante el reinado de los Aqueménidas, la escultura se hizo a escala monumental. Hacia el 515 a.C. Darío I el Grande mandó esculpir un gran relieve y una inscripción grabada en la roca de los acantilados de Behistún. El relieve muestra a Darío como Ahura Mazda (divinidad suprema del zoroastrismo) venciendo a sus enemigos. Los diseños y el gusto por el detalle en el grabado tienen claro antecedente en los modelos asirios, pero el tratamiento naturalista de los ropajes superpuestos y los ojos es completamente novedoso.
En Persépolis la escultura fue un importante complemento de la arquitectura. A los capiteles con formas animales que fueron característica dominante en los interiores de los edificios, hay que añadir los frisos con decoración de leones en las paredes exteriores de los mismos. En las jambas de las puertas se tallaron relieves del Rey, y las escaleras fueron decoradas con frisos en bajorrelieve representando a la guardia real y a los portadores de tributos. La puerta principal de la ciudad estaba flanqueada por una pareja de enormes toros con cabezas humanas tallados en altorrelieve.
El palacio de Susa estaba decorado con relieves en piedra al estilo de los de Persépolis y paneles de ladrillo vidriado azul, verde, blanco y amarillo. La utilización de este material viene de tradiciones anteriores, asiria y babilónica. En estos paneles de Susa aparecen retratados soldados, toros alados, esfinges y grifos. El más conocido de todos ellos es el denominado Friso de los Arqueros (Louvre, París). Dentro de la escultura Aqueménida es importante destacar también las cuatro tumbas reales excavadas en la roca de Naqshah Rostam. Cada tumba fue tallada en la roca imitando la fachada de un palacio, con figuras sobre un estrado en el que aparece el rey adorando a los dioses.
Después de la conquista de Persia por Alejandro Magno la influencia griega, en su etapa helenística, fue predominante dentro del mundo artístico. Entre otros ejemplos pueden citarse los fragmentos de escultura en bronce hallados en Shami, y los relieves de Behistún. El segundo gran periodo del arte persa comienza con el advenimiento de la dinastía Sasánida en el 226 a.C. De este periodo sólo ha sobrevivido un único ejemplo de escultura exenta o de bulto redondo, que es la colosal figura de un rey aparecida cerca de Bishapur. Se conserva también un reducido número de estatuillas, pero los mejores ejemplos escultóricos, como sucedió también en época Aqueménida, están en los relieves grabados sobre la roca. Los más conocidos son los gigantescos relieves de Naqshah Rostam, en los que aparecen retratados los reyes persas Ardachir I y Sapor (o Sahpur) I (años 241 a 272) montados a caballo. Similar escena ecuestre ofrece el relieve de Taq-i-Bustan, representando a otro rey persa de esta dinastía, Cosroes II. Tras el periodo Sasánida la escultura dejó de ser importante dentro de las producciones artísticas de Irán.
2.3
Cerámica, metalistería y tejidos
Jarrón sasánida
Jarrón sasánida
Este jarrón de bronce y piedra, realizado probablemente durante la dinastía Sasánida, fue adquirido en el siglo XVI por un miembro de los Medici, quien grabó en él el nombre de la famosa familia italiana.

Los primeros ejemplos de artes decorativas persas datan de finales del VII milenio a.C. y consisten en diseños de animales y figuras femeninas modeladas en arcillas. Las figurillas femeninas encontradas en Tepe Sarab, cerca de Bajtaran, son complicados objetos compuestos por múltiples piezas de reducido tamaño. Las caderas y el pecho de estas figuras se representan de forma exagerada, reduciendo las cabezas a la mínima expresión. En contraste con esta estilización y abstracción de la figura humana están las múltiples figuritas de animales modeladas con gran naturalismo.
El segundo gran momento de esplendor dentro del arte prehistórico tuvo lugar durante el IV milenio, cuando aparecieron en la meseta una gran variedad de cerámicas pintadas de diferentes estilos. Por regla general, las vasijas eran rojas o ligeramente amarillentas con figuras de animales, a menudo cabras, pintadas en negro. La cerámica se encontró junto a otros pequeños objetos como sellos e instrumentos de cobre (alfileres o cinceles, entre otros). Durante el tercer milenio se fabricó cerámica gris bruñida en la zona noreste de Persia, así como también gran cantidad de objetos o piezas de cobre como hachas, broches y figurillas. La cerámica pintada continuó produciéndose en otras partes del país salvo en el norte, el Azerbaiyán, donde aparecen vasijas y utensilios barnizados en gris y negro con motivos decorativos geométricos mediante incisiones sobre la superficie del objeto posteriormente rellenadas de pasta blanca. Hacia el año 1300 a.C. este tipo de cerámica gris aparece en toda la zona norte de Persia, quizá con origen nororiental, y muy probablemente asociada con la expansión de las tribus indo-iranias. Alrededor del año 800 a.C. florece de nuevo la pintura, con representación de modelos geométricos, animales y figuras humanas.
Iniciado a finales del segundo milenio y con un desarrollo cronológico que alcanza hasta mediados del primer milenio, tuvo lugar en toda la zona montañosa al sur del Caspio y el Luristán un importante florecimiento de los trabajos en bronce fundido. Se hicieron en grandes cantidades arneses, enjaezados y bridas para los caballos, hachas y objetos votivos, reflejando todos ellos un complejo estilo creado a base de combinar fragmentos o partes animales con criaturas fantásticas de variadas y extrañas formas.
Durante el periodo Aqueménida las artes decorativas tuvieron una gran difusión dentro de los artículos de lujo, como ornamentos y vasijas de oro y plata, jarrones de piedra y joyas con decoración incisa. Una importante colección de todo este tipo de objetos, denominada Tesoro de Oxus, se conserva en el Museo Británico de Londres. La metalistería Sasánida alcanzó un gran desarrollo, siendo sus objetos más frecuentes las copas y platos de plata y los aguamaniles de bronce con profusa decoración repujada. Los temas más frecuentes fueron escenas cortesanas, cazadores, animales, pájaros y plantas. La mejor colección de este tipo de piezas se encuentra en el Museo del Ermitage, en San Petersburgo; otros ejemplos los podemos localizar en los museos de París, Londres y Nueva York.
La producción de tejidos fue una industria muy destacada dentro del periodo Sasánida. Los diseños incluían sobre todo motivos animales, vegetales y de caza dispuestos de forma simétrica, situados dentro de medallones; fueron muy imitados en todo el Oriente Próximo y también en la Europa medieval. Incluso después de la conquista árabe las sedas y la metalistería Sasánidas se continuaron fabricando, influyendo fuertemente en el arte bizantino, en China y en la zona del Turkestán.
3
PERIODO ISLÁMICO
Tras la conquista de Persia por los árabes en el año 641, el territorio pasó a formar parte del mundo islámico. Sus artistas se sometieron a los gustos y necesidades de la cultura islámica, la cual a su vez recibió influencias de la tradición persa. La arquitectura siguió siendo la principal forma artística; debido a la norma islámica que condenaba como idólatra la representación tridimensional de seres vivos y otro tipo de objetos, la escultura entró en una fase de declive. La pintura, por el contrario, no sufrió los efectos de esta prohibición de representar la figura humana, y logró así un auge importante.
3.1
Arquitectura
Patio de la mezquita de Isfahan
Patio de la mezquita de Isfahan
La Masjid-i-Shah de Isfahan, es una madrasa (escuela para estudiantes del islam) que incorpora también una mezquita. Fue construida entre 1612 y 1637. Su impresionante cúpula de azulejo es uno de los ejemplos de azulejería más delicados del mundo.

La mezquita fue la principal tipología arquitectónica durante el periodo islámico. Se mantuvo la tradición de los espacios abovedados; entre otras características destacan la importancia de la madrasa con planta cruciforme, la utilización de los arcos de herradura, de medio punto, conopiales y apuntados, así como también el uso de la cúpula sobre tambor circular. Entre los ejemplos más destacados de la primera arquitectura islámica de Irán se incluyen la mezquita de Bagdad, construida en 764; la gran mezquita de Sāmarrā, levantada el año 847, y la primera mezquita de Na'in, del siglo X. Bajo la expansión del Imperio mongol, buena parte de la arquitectura islámica se erigió en Persia, pero tras la conquista de Bagdad por los mongoles en el 1258 se reanudó un tipo de construcción más apegada a las antiguas tradiciones y se levantaron varios de los mejores edificios de toda la historia de la arquitectura del país. Cabe destacar entre ellos la gran mezquita de Veramin, edificada en el 1322; la mezquita del Imán Reza en Meshad-i-Murghab, construida en 1418, y la mezquita Azul de Tabrīz. Otras obras importantes son el mausoleo del conquistador mongol Tamerlán y su familia en Samarkand, la mezquita real de Meshad-i-Murghab, y las grandes madrasas, o escuelas coránicas, de Samarkand, todas ellas construidas en el siglo XV.
Bajo la dinastía Safawí (1502-1736) se construyeron gran número de mezquitas, palacios, tumbas y otros edificios. Los elementos característicos de las mezquitas fueron las cúpulas gallonadas sobre tambores, los pórticos abovedados y las parejas de torres minaretes. Sobre las cornisas y ménsulas se dispuso una sorprendente decoración en zigzag o en hilera. Cuando estas formas decorativas aparecen formando prismas o pequeños arcos agrupados a modo de estalactitas reciben el nombre de mocárabes. El color fue parte importante de la arquitectura en este periodo, y las fachadas de los edificios se cubrieron con resplandecientes azulejos de tonos azules, verde, amarillo y rojo. Las construcciones más notables de la época Safawí las encontramos en Isfahan, capital de dicha dinastía. La ciudad, trazada sobre anchas avenidas, jardines y canales, cuenta con importantes palacios, mezquitas, baños, bazares y caravasares (posadas).
3.2
Pintura
Laila y Majnum en la escuela
Laila y Majnum en la escuela
Bihzād, uno de los grandes miniaturistas persas de Herat (actual Afganistán), pintó Laila y Majnum en la escuela (1494). La perspectiva plana muestra la influencia del paisajismo chino. Hay que destacar la yuxtaposición de escenas de interior y exterior y la forma en que algunas partes del cuadro se salen del margen del mismo.

La pintura al fresco y los manuscritos miniados formaron parte de la tradición artística de Persia ya desde el periodo Sasánida, aunque de estos primeros ejemplos apenas se han conservado unos pocos fragmentos. En el periodo islámico la pintura fue una de las artes plásticas más importantes. Se hicieron copias del Corán en letra cúfica, forma de escritura de los primeros árabes, en los pergaminos y rollos de al-Barah y al-Kufah a finales del siglo VII. Estos manuscritos no contienen escenas pintadas, pero poseían, en su defecto, una hermosa caligrafía ornamental, que fue ampliamente practicada durante los siglos VIII y IX. Gracias a la introducción del papel en el siglo X, las formas y modelos de los libros religiosos y seculares tuvieron un gran incremento.
En el siglo XII llegó a tener una gran resonancia la escuela de pintura de Bagdad, con sus manuscritos sobre trabajos científicos, fábulas y anécdotas ilustrados con miniaturas. En el siglo XIII se hizo muy evidente la influencia de la pintura paisajística china, introducida en el país tras la toma del poder por los mogoles. Los libros de poemas y de historias del mundo se ilustraron con anécdotas, leyendas y acontecimientos históricos que a menudo ocupaban páginas enteras y también páginas dobles. Los textos fueron escritos generalmente en persa más que en árabe, como venía siendo habitual desde épocas anteriores. En el siglo XIV Bagdad y Tabrīz fueron los principales centros de pintura. Más tarde, Samarkand, Bujara y Herāt llegaron a ser también importantes centros. Por regla general la temática incluía escenas de caza, guerreros, vida en palacio y vistas de paisajes con escarpadas montañas, árboles y arroyos rodeados de flores. A comienzos del siglo XIV se solía pintar sobre fondo rojo, cambiándose después por tonos azules y, al final del siglo, dorados.
El miniaturista persa más conocido fue Bihzād, el artista más importante de finales del periodo mongol y comienzos del Safawí. Fue el director de la academia de pintura y caligrafía de Herāt hasta 1506, año en el que marcha a Tabrīz como bibliotecario real. La pintura de Bihzād se caracteriza por su rico colorido, sus figuras realistas y sus paisajes. Diferenciaba las figuras en grupos de escenas, realizando retratos de marcado individualismo. Muchos pintores estudiaron con él, incluyendo los célebres artistas Mirak y Sultan Mohammed, y su estilo fue imitado en todo Irán, Turkestán e India. Entre los pocos manuscritos existentes ilustrados por Bihzād destacan la Historia de Tamerlán (1467), hoy en la biblioteca de la Universidad de Princeton.
El retrato como género pictórico llegó a ser muy importante a lo largo de todo el siglo XVI. Uno de los principales retratistas fue Alí Reza Abbasi, que delineó sus figuras con sobrios pero expresivos toques de pincel. Muchas de sus pinturas representan figuras individuales, aunque también pintó realistas escenas de grupos de peregrinos y derviches. A finales del siglo XVI y durante el siglo XVII los dibujos monocromos a tinta con ligeros toques de rojo y dorado reemplazaron a las brillantes policromías de los primeros manuscritos. Después del siglo XVII los artistas de Irán copiaron la pintura y el grabado europeos, entrando así en declive la tradición nacional. La pintura de cajas o estuches barnizados, decorados con temas tradicionales iraníes, y la encuadernación de libros se convirtieron en el siglo XIX en una próspera industria, exportándose en grandes cantidades a los países de Europa occidental. Esta industria es todavía floreciente a finales del siglo XX. Son frecuentes también las modernas imitaciones de la miniatura del siglo XVI, aunque no se ha logrado imponer un estilo contemporáneo nacional.
3.3
Artes decorativas
Alfombra Ardabīl
Alfombra Ardabīl
Esta alfombra (actualmente en el Museo Victoria y Alberto de Londres) fue realizada para la mezquita panteón del sha Tahmasp de Ardabīl, de Irán, entre 1539 y 1540. La decoración es vegetal con un gran medallón en el centro y una elaborada orla, debido a la prohibición coránica de representar la figura humana o animal en los edificios religiosos.

Las técnicas de producción de tejidos, metalistería y cerámica desarrolladas durante el periodo Sasánida se utilizaron a lo largo de toda la historia de Persia. La elaboración de alfombras, en la que es especialmente notable, fue fomentada por los Sasánidas, y han continuado siendo importantes objetos artísticos hasta el presente. Se fabricaron en pequeños pueblos y en los talleres de la corte. El diseño de las alfombras utilizadas en las mezquitas o para el rezo consistía, por regla general, en un medallón o arco dentro de un espacio rodeado por una orla cubierta con delicadas formas florales. Las alfombras de uso seglar podían decorarse con figuras humanas y animales.
La metalistería también fue importante. En Mosul y otros centros se realizaron bellas vajillas y vasijas en bronce, latón y cobre con incrustaciones de plata y grabadas.
Durante el periodo islámico se hizo también cerámica de excelente calidad, especialmente en los siglos XI, XII y XIII. Los alfareros de Rayy y Kasan destacan por sus cerámicas y lozas tipo mina'i de reflejo metálico, con delicadas figuras polícromas, y también por otras piezas con motivos naturalistas sobre fondos claros o turquesas.

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