Impresionismo del arte





El invento del:
Impresionismo del arte

Vista de Pontoise
Vista de Pontoise
Camille Pissarro pintó esta Vista de Pontoise (1879), en la que el auténtico protagonista es la luz, como sucede en la mayor parte de la pintura impresionista. El estilo de este cuadro se acerca al puntillismo por el pequeño tamaño de las pinceladas.

Impresionismo (arte), movimiento pictórico francés de finales del siglo XIX que apareció como reacción contra el arte académico. El movimiento impresionista se considera el punto de partida del arte contemporáneo. Por extensión, el término también se aplicó a un determinado estilo musical de principios del siglo XX. Véase Impresionismo (música).

El impresionismo en pintura partió del desacuerdo con los temas clásicos y con las encorsetadas fórmulas artísticas preconizadas por la Academia Francesa de Bellas Artes. La Academia fijaba los modelos a seguir y patrocinaba las exposiciones oficiales del Salón parisino. Los impresionistas, en cambio, escogieron la pintura al aire libre y los temas de la vida cotidiana. Su primer objetivo fue conseguir una representación del mundo espontánea y directa, y para ello se centraron en los efectos que produce la luz natural sobre los objetos. Las figuras principales del movimiento fueron: Edgar Degas, Claude Monet, Berthe Morisot, Camille Pissarro, Auguste Renoir y Alfred Sisley.

Los impresionistas se preocuparon más por captar la incidencia de la luz sobre el objeto que por la exacta representación de sus formas, debido a que la luz tiende a difuminar los contornos y refleja los colores de los objetos circundantes en las zonas de penumbra. Los pintores académicos definían las formas mediante una gradación tonal, utilizando el negro y el marrón para las sombras. Los impresionistas eliminaron los detalles minuciosos y tan sólo sugirieron las formas, empleando para ello los colores primarios —cyan, magenta y amarillo— y los complementarios —naranja, verde y violeta—. Consiguieron ofrecer una ilusión de realidad aplicando directamente sobre el lienzo pinceladas de color cortas y yuxtapuestas, que mezcladas por la retina del observador desde una distancia óptima aumentaban la luminosidad mediante el contraste de un color primario (como el magenta) con su complementario (verde). De este modo, los impresionistas lograron una mayor brillantez en sus pinturas que la que se produce normalmente al mezclar los pigmentos antes de aplicarlos.

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HISTORIA
Jeanne Samary
Jeanne Samary
Auguste Renoir retrató en 1879 a la actriz francesa Jeanne Samary. Aunque el artista se adscribió al movimiento impresionista, su obra es más conservadora que la del resto de sus correligionarios.

Aunque los hallazgos del impresionismo francés resultaron decisivos para la pintura del siglo XX, los intentos por plasmar los efectos de la luz natural no eran nuevos. En el siglo XVII Jan Vermeer había utilizado fuertes contrastes de luces y sombras para bañar sus lienzos de luz natural. Diego Velázquez en el mismo siglo y Francisco de Goya a finales del siglo XVIII captaron la impresión lumínica mediante la eliminación de sombras secundarias y la introducción de zonas de luz en detrimento de la nitidez de los contornos. Su pincelada también preludió la de los impresionistas franceses.

La merienda campestre
La merienda campestre
Édouard Manet pintó La merienda campestre, en 1863. Cuando se expuso por primera vez provocó un escándalo por la aparición de un desnudo femenino en una simple imagen cotidiana, en lugar de una alegoría clásica o una representación simbólica. El artista arguyó que el auténtico protagonista del cuadro era la luz, una ideología que fraguó en el movimiento impresionista.

Los precursores inmediatos del impresionismo fueron los ingleses John Constable y J.M.W. Turner. Cuando Monet y Pissarro vieron por primera vez sus obras en 1871 se sintieron conmovidos por la atmósfera y los efectos difusos de luz característicos de la pintura de Turner. Los pintores de la Escuela de Barbizon fueron también antecedentes del movimiento impresionista francés. Treinta años antes de la primera exposición impresionista, Camille Corot, miembro circunstancial de la Escuela de Barbizon calificado en ocasiones como padre del impresionismo, interpretaba los fugaces cambios lumínicos en una serie de temas pintados a diferentes horas del día. Eugène Louis Boudin, un pintor preimpresionista, que fue maestro de Monet, enseñó a sus discípulos a expresar un sentimiento de espontaneidad en sus obras, mientras que el realista Gustave Courbet alentó a los impresionistas a buscar su inspiración en la vida cotidiana.

Retrato de la madre del artista
Retrato de la madre del artista
Composición en negro y gris nº 1: retrato de la madre del artista (1871, Museo de Orsay, París) es una de las primeras obras de James Whistler sobre las tonalidades, una serie de pinturas en las que la investigación sobre el color se anteponía a la representación figurativa.

Édouard Manet considerado el primer impresionista —aunque rechazaba este calificativo— mostró cómo se podían obtener sutiles representaciones de luz por la yuxtaposición de colores fuertes y contrastados. Su cuadro La merienda campestre (1863, Museo de Orsay, París), expuesto en el Salón de los Rechazados (Salon des Refusés) organizado en oposición a las exposiciones oficiales en el Salón de la Academia, señaló el comienzo de una nueva era en el arte. Los pintores impresionistas organizaron su primera exposición independiente en 1874. Los treinta participantes compartían su rechazo al academicismo imperante y su admiración por las atrevidas composiciones de Manet. El término impresionista fue usado por primera vez por el crítico Leroy en la revista Charivari para denominar irónicamente un cuadro de Claude Monet titulado Impresión, amanecer (1872, Museo Marmottan, París). El término fue adoptado oficialmente durante la tercera exposición impresionista en 1877. Los impresionistas fueron apoyados por notables miembros de la sociedad francesa, como los literatos Émile Zola y Charles Baudelaire, el pintor-coleccionista Gustave Caillebotte, y el marchante de arte Paul Durand-Ruel. Sin embargo la prensa y el público, acostumbrados al convencional estilo académico, se mostraron hostiles hacia el nuevo arte.

Los impresionistas evolucionaron hacia distintos estilos individuales y compartieron como grupo sus experimentos sobre el color. Sólo Monet fue ortodoxo en la aplicación de la teoría impresionista. Pintó varias series —la catedral de Ruán, la estación de Saint-Lazare, los álamos— en diferentes horas del día y estaciones del año. Pissarro utilizó una paleta más delicada y también se concentró en los efectos de luz sobre las formas. Sisley, aunque muy influido por Monet, conservó una sutileza propia. Degas, que no fue un impresionista ortodoxo, captó la fugacidad del movimiento en las escenas de ballet y de caballos, a menudo representadas con la técnica del pastel. Los sutiles paisajes de Morisot se destacan por la intensa pincelada más que por la precisión lumínica.

El impresionismo francés influyó en artistas de todo el mundo. Los más significativos fueron el estadounidense James Abbott McNeill Whistler, cuyos nocturnos (1877) plasman efectos de incendios o luces brillando a través de la niebla, Childe Hassam, Winslow Homer y el inglés Walter Sickert, el italiano Giovanni Segantini y el español Joaquín Sorolla.

El impresionismo ejerció una fuerte influencia durante décadas. Artistas que partieron del impresionismo idearon otras técnicas e iniciaron nuevos movimientos artísticos. Los pintores franceses Georges Seurat y Paul Signac ejecutaron lienzos a base de pequeños puntos de color, aplicando una derivación científica de la teoría impresionista conocida como puntillismo o divisionismo. Los postimpresionistas Paul Cézanne, Henri de Toulouse-Lautrec, Paul Gauguin y Vincent van Gogh estuvieron muy influidos por la vivacidad del colorido impresionista. La obra de Cézanne anticipó el cubismo, mientras que la de Gauguin y Van Gogh representaron el comienzo del expresionismo.


La escritura humanista





El invento de la:
La escritura humanista

Mientras la escritura gótica seguía siendo utilizada para los textos religiosos y las obras filosóficas y jurídicas, en el siglo XV se difundió para los textos clásicos el uso de la escritura humanística, que halló su máxima expresión en Italia. La escritura humanística imitaba en claridad y elegancia a la carolingia y, en las versiones redonda y cursiva, fue adoptada como modelo para los caracteres de imprenta. En ese mismo periodo en todo Occidente el pergamino fue sustituido por el papel, fabricado con trapos y otros materiales de desecho mediante una técnica inventada en China en el siglo II d.C. e importada a Europa por los árabes.

La difusión del pergamino





El invento de la:
La difusión del pergamino

En el siglo III d.C., gracias al perfeccionamiento de las técnicas de su fabricación, se difundió el empleo del pergamino: una hoja elaborada con pieles de animales convenientemente tratadas, plegadas y cocidas. Del rollo se pasó así al códice, es decir, a la forma que hasta hoy presenta el libro. El pergamino más fino y liso era utilizado para los códices más preciosos, que generalmente contenían los evangelios u otros textos sagrados, como Los evangelios de Lindisfarne, realizados en Inglaterra en el siglo VII y escritos con letras solemnes de tipo capital con grandes iniciales miniadas.

La escritura capital latina





El invento de la: 
La escritura capital latina

La escritura romana es conocida sobre todo a través de las inscripciones epigráficas. Las letras, esculpidas con un cincel, son de tipo mayúsculo, es decir, de igual altura e incluidas entre dos líneas paralelas (mientras se llama minúsculas a las letras de diversa altura con palos ascendentes y descendentes). Posteriormente esa escritura recibiría el nombre de capital porque fue utilizada para las iniciales de los capita, es decir, los capítulos de los libros. Entre los siglos II y III d.C. se desarrollaron a partir de la capital latina la minúscula cursiva y la elegante escritura uncial, utilizada entre los siglos IV y VII para la redacción de los códices.

La primacía del papiro






La primacía del papiro

Escritura egipcia
Oriente ha transmitido una gran variedad de soportes para la escritura: en India e Indochina se escribía sobre hojas de palmera y sobre corteza de árbol; en China, sobre seda; en Grecia y Roma, sobre pedazos de arcilla y tablillas de madera dealbatae, (recubiertas de barniz blanco), o ceratae, (impregnadas de cera). El material de escritura más difundido en el mundo antiguo fue el papiro, utilizado por los egipcios desde el III milenio a.C. y usado después en Grecia y Roma. Las hojas de papiro no soportaban los dobleces, por lo que se pegaban para que formaran una larga tira continua que después se enrollaba en torno a una varilla de madera.

La escritura más antigua del mundo





El invento de la:
La escritura más antigua del mundo

Escritura cuneiforme
La más antigua forma de escritura, desarrollada en el sur de Mesopotamia en el IV milenio a.C., es la escritura cuneiforme, así llamada porque empleaba signos en forma de cuña que eran esculpidos por un punzón sobre tablillas de arcilla después secadas al sol o cocidas en un horno. En origen, los caracteres cuneiformes eran pictogramas que representaban cada uno un objeto, un animal o una parte del cuerpo humano. Más tarde los signos pasaron a indicar una palabra, una idea o bien una sílaba, como en la escritura ideográfica de los antiguos egipcios y aún hoy en los ideogramas chinos y japoneses.

Arte del Sureste asiático





El invento del:
Arte del Sureste asiático
Casa toraja, Célebes
Viviendas tradicionales del pueblo toraja que habita la región de Rantepao, en las islas Célebes (Sulawesi, Indonesia). Estas largas casas construidas sobre pilotes, con sus originales techumbres en forma de proa de barco, representan unidades familiares y ceremoniales diferentes.

Arte del Sureste asiático, conjunto de manifestaciones artísticas desarrolladas por las naciones del Sureste asiático (tanto del continente como de las islas) desde la prehistoria hasta nuestros días. Esta amplia zona comprende Vietnam, Laos, Camboya, Tailandia, Birmania (actualmente Myanmar) y Malaysia; Sarawak, Brunei y Sabah en el extremo norte de Borneo; Kalimantan, la mayor parte de Borneo, y Sumatra, Java, Sulawesi y la provincia indonesia de Papúa (Irian Jaya). Entre las islas de Java y Nueva Guinea se encuentran muchas islas más pequeñas, como Bali, Flores, Timor y Sumba, todas ellas con una cultura característica.
Una buena parte del arte y la arquitectura del Sureste asiático está estrechamente vinculada, por un lado, con las religiones indígenas y, por otro, con el hinduismo, el budismo y el islam, que penetraron procedentes de la India. En los primeros siglos de nuestra era, algunos aspectos de la religión y del arte de la India pasaron a formar parte de la cultura esencial del Sureste asiático. En toda la región se produjeron cambios radicales. En las artes, la nueva iconografía servía para intensificar la veneración animista y ancestral. En arquitectura, la construcción de templos de ladrillo y de piedra vino a sustituir a las casas de los clanes, hechas de madera y de otros materiales perecederos. También cambió la manera de utilizar la tierra. Los planos de los asentamientos preíndicos en el Sureste asiático responden de manera individualizada a la topografía local y a los recursos naturales, especialmente el agua. La forma de cada emplazamiento está determinada por el terreno. En contraste, el diseño y trazado global de los emplazamientos se vuelve más uniforme con la construcción de los templos hindúes y budistas, en los cuales la forma viene dictada más por la doctrina religiosa que por la topografía.
En muchos casos el vocabulario artístico de la India se convirtió en parte integrante de la cultura del Sureste asiático. Por ejemplo, Birmania, Laos, Tailandia y Camboya son actualmente países totalmente budistas; se distinguen algunas prácticas religiosas localizadas, incluyendo también la influencia hindú y los vestigios que quedan de las creencias anteriores a la llegada de los dogmas procedentes de la India. En Indonesia y en Malaysia prevalece el islam, que se viene practicando desde el siglo XII y que cada país ha ido modificando a lo largo de los siglos. En cuanto a Bali, ha predominado el hinduismo durante mucho tiempo. En muchas de las otras islas, la conversión al cristianismo no se ha producido hasta el siglo XX, mezclándose con las creencias ancestrales ya existentes.
Los países del Sureste asiático, que han recibido la influencia del budismo y del hinduismo, rinden homenaje a las tradiciones indias, pero, naturalmente, la evolución localizada a lo largo de muchos siglos ha quedado reflejada en su arte y arquitectura. La adopción de la religión y el arte índicos no fue el resultado de la colonización india, sino un proceso de selección generado por las preferencias locales. Por ejemplo, la iconografía india, con sus representaciones de almas, resultaba especialmente atractiva para su aplicación a la arquitectura del Sureste asiático, donde se concedía gran importancia a la veneración del espíritu.
Las pinturas, posiblemente prehistóricas, encontradas en cuevas, desde los estados Shan de Birmania a Tailandia, y en las islas de Indonesia, constituyen un sugerente testimonio de las primeras manifestaciones artísticas del Sureste asiático. Otras muestras son la cerámica de Ban Chiang (del 3600 a.C. al 200 d.C.), al noreste de Tailandia, primero bellamente labrada y más tarde pintada, y los soberbios tambores de bronce de Dong en Vietnam (entre el 700 a.C. y el 100 d.C.). La arquitectura monumental de ladrillo, piedra y estuco ha convivido durante mucho tiempo con las casas de madera tradicionales que servían tanto de palacios como de casas particulares. De la misma manera, la escultura hindú y budista en ladrillo, metal, terracota y madera, corre pareja con las figuras ancestrales y animistas de yeso, madera, piedra y hasta de paja. Los vestigios de tejidos prehistóricos testifican la antigua tradición textil del Sureste asiático. Ésta, y otras muchas variedades de artes visuales, han desempeñado, y siguen desempeñando, un importante papel en los sistemas de intercambio, ceremonias y rituales religiosos de la zona, en la que también se encuentra una rica y variada herencia de música y literatura.
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EL HINDUISMO PAPÚA (IRIAN JAYA) Y SUMBA
El hinduismo, el budismo o el islam no han ejercido la misma influencia sobre todas las regiones del Sureste asiático. Esto es lo que ocurre concretamente en las tribus de las colinas del interior, en partes de Sumatra y Kalimantan (Borneo) y entre los habitantes de la Indonesia Oriental. Entre todos estos grupos, el espíritu y la veneración a los ancestros constituyen el tema principal, tanto en arte como en arquitectura. Los pueblos de Papúa (Irian Jaya), por ejemplo, utilizan los mangles para tallar estacas bis, que representan a las generaciones anteriores de una familia. Hasta la cristianización de estos pueblos, se erigían bis para vengar la muerte, ceremonia en la que se incluía también la caza de cabezas. Aunque se reverenciaban los espíritus de los muertos, el tallado ritual y la veneración del bis era parte importante del rito de liberación de los espíritus del pueblo hacia la tierra de los muertos. Después de la ceremonia, el bis era abandonado en la selva, donde se creía que la energía que quedaba en él ayudaría a la regeneración del ciclo de la vida. Como se suponía que el bis había perdido la mayor parte de su fuerza durante la ceremonia, a los hombres de Papúa (Irian Jaya) no les costaba demasiado decidir venderlo a algún coleccionista occidental en lugar de colocarlo en el bosque. En la actualidad se siguen tallando figuras de madera en la región de Papúa (Irian Jaya), lo que no deja de ser una ironía para los misioneros cristianos, que inducían a sus habitantes a terminar con su interminable ciclo de venganza y caza de cabezas.
En otras zonas tribales, hoy convertidas al cristianismo, donde la caza de cabezas propició antaño alguna modalidad artística, las viejas costumbres se mantienen actualmente en las ceremonias de nacimiento, matrimonio y muerte. En la isla de Sumba, Indonesia, por ejemplo, se reúnen los clanes cuando uno de sus miembros muere. Las ofrendas son esenciales, y para ello se sacrifican cerdos, pero también se ofrecen tejidos, por los que Suma es famosa. En algunos casos las faldas de las mujeres van decoradas con conchas y semillas, y representan figuras ancestrales. Los lugares prominentes del cuerpo, como los codos, las rodillas y los genitales, se acentúan. Otros tejidos típicos son los ikats de estambre urdido, en los cuales se anudan y tiñen los hilos de la urdimbre para formar el dibujo antes de tensarlos en el telar. Antiguamente, estos ikats estaban decorados con motivos ancestrales significativos, uno de los cuales era el árbol de la calavera (andung), que solía estar delante de la casa del clan. La producción de ikat continúa en Sumba, y los tejidos son adquiridos tanto por los nativos como por los forasteros. En los libros se representan los ikats extendidos para que se pueda apreciar el diseño en su totalidad.
Éstos son sólo algunos ejemplos de la incorporación de los espíritus al arte en algunas partes del Sureste asiático, donde no han hecho mella el hinduismo, el budismo o el islam. Sin embargo, los espíritus y los antepasados también van parejos, o forman parte, de la religión de origen indio.
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ESPÍRITUS: LOS NAT BIRMANOS

Pagoda Shwedagon, Yangon
La pagoda más espectacular y mejor conservada del Sureste asiático es, con toda probabilidad, la Shwedagon en Yangon (Birmania, comenzada en 1372), un edificio de 114 m de altura revestido de pan de oro.

En Birmania, los nat, o espíritus, suelen representarse generalmente como imágenes antropomórficas. En el siglo XI, el rey Anawrahta de Pagan disoció oficialmente los nat del budismo en Birmania, como parte de un proceso de purificación de la religión del Estado. El rey codificó los numerosos espíritus idolatrados por sus súbditos en una lista oficial de 37. Dicha lista iba siendo actualizada por los monarcas posteriores, siendo el último en hacerlo el rey Bodawpaya, a principios del siglo XIX.
La construcción de la pagoda de Shwe Zigon, en Nyaung-U, se inició durante el reinado de Anawrahta, y fue terminada por su sucesor Kyanzittha. Dentro del recinto hay un pequeño cobertizo que alberga las imágenes de los 37 nat. Algunos espíritus, como los nat de los árboles o los de los ríos, viven en la naturaleza y son invisibles; sin embargo, la mayoría de ellos se representan bajo forma humana, desde guardianes celestiales hasta figuras históricas o legendarias. Muchos de los nat de Shwe Zigon, pequeñas imágenes de madera, cemento o plástico pintadas con brillantes colores, son de manufactura reciente, si bien uno de ellos, de piedra, pertenece al periodo Pagan (siglos IX al XIII) y representa, a tamaño más grande del natural, al señor de los nat, Sakka, que procede de la divinidad hindú Indra.
La pagoda de Shwe Zigon es una de las más veneradas por los birmanos en la actualidad, y a ella acuden peregrinos de todo el país. Su vinculación histórica con los nat es, sin duda, la base de su popularidad, ya que otras stupas, como la de Shwe Hsan Daw, también construida durante los reinados de Anawrahta y Kyanzittha, son más visitadas hoy por los turistas que por los devotos.
El ámbito que ocupan los nat es motivo de debate para los investigadores. Para algunos, están apartados del budismo y atienden a las necesidades cotidianas que no están contempladas en el Theravada, forma de budismo que se practica en el país. Otros, entre los que hay algunos birmanos, se limitan a reconocer la coexistencia pacífica de los nat con la veneración a Buda. Ocasionalmente se encuentran figuras de nat fuera del recinto de la pagoda, si bien lo normal es que estén dentro del mismo, aunque no adornen la stupa.
En Shwe Zigon no resulta fácil ver la imagen de Sakka, ya que está colocada detrás de barrotes o cristal. Igual pasa con otros nat muy venerados, reunidos en una casita situada en un rincón del recinto del templo. Aunque se conozca la antigüedad de la imagen, su veneración no necesita una visión clara de la misma; para estimular las ofrendas basta con conocer su presencia y saber de su poder. Este aspecto de la veneración de los nat es comparable al hecho de llevar un ikat en Sumba; allí, aunque no se vean, saben que los espíritus están tejidos en la tela a la que confieren su poder.
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OFRENDAS EN BIRMANIA Y CAMBOYA

Pagoda camboyana
Esta pagoda camboyana es un ejemplo de las pagodas piramidales que se construyeron en el Sureste asiático.

Esta manifestación, más conceptual que visual, resulta crítica para entender la permanente producción y donación de arte efímero, parte vital, aunque frecuentemente olvidada, de la cultura del Sureste asiático. En Birmania se venden las ofrendas en paquetes ya preparados a lo largo del camino que conduce a la pagoda. Estos envoltorios, de papel de brillantes colores, contienen sombrillas en miniatura y una banderita con los días de la semana.
La semana birmana tiene ocho días, pues el miércoles se divide en dos. Cada día está relacionado con un animal, como la rata o el elefante. En casi todas las pagodas hay una capilla para cada día de la semana —cada una con una imagen de Buda y una estatua del animal correspondiente—, en las que se depositan muchas de las ofrendas efímeras, y para completar el rito, se suele verter agua sobre la imagen de Buda.

Wat Phra Kaeo
Los templos budistas tailandeses se conocen con el nombre de wat. El wat Phra Kaeo (el templo del Buda de esmeralda), que muestra la fotografía, está situado en la capital, Bangkok, y data del año 1785.

En los puestos ambulantes que se encuentran en los caminos de las pagodas birmanas se compran también estatuas de nat, o imágenes del bo-bo-gyi (literalmente, ‘gran padre’) o de Buda, así como parejas de búhos de cartón piedra. En algunas pagodas es posible adquirir también libros religiosos y regalos destinados a los futuros monjes.
La visita a una pagoda es, pues, una tarea activa. Algunos días hay sermones, pero el ciclo devocional es constante, por lo que la demanda permanente estimula la producción de arte religioso, en el que se introducen frecuentes innovaciones que suelen afectar sobre todo a los materiales más que a la forma de los objetos. Por ejemplo, se aprecia la producción masiva en la proliferación de imágenes de plástico, aunque la mayor parte de ellas son todavía de madera y talladas a mano. Se han introducido pinturas acrílicas de colores brillantes, muy del gusto local, que también se aplican de forma manual. En general, la forma de los objetos efímeros ha seguido siendo la misma durante muchos siglos.
Lo mismo ocurre en Camboya, donde las ofrendas constituyen la base de la devoción particular. Las revueltas que han agitado al país durante los últimos años han diezmado la población monástica y han acarreado la destrucción de muchos wat (templos). Mientras en la Tailandia budista y en Birmania, los monasterios siguen siendo los depositarios de valiosas reliquias y de imágenes de Buda, los templos de Camboya han sido saqueados. Los jemeres rojos son los responsables de la destrucción de muchos objetos, pero son incontables los que han sido vendidos a coleccionistas.

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OFRENDAS EN BALI
Pura Besakih, Bali
Pura Besakih, en las laderas del monte Agung, es uno de los templos hinduistas más grandes y sagrados de la isla de Bali. En Indonesia existieron reinos rivales hinduistas y budistas durante los siglos anteriores a la llegada del islam, que pasó a ser la religión dominante.

La continua devoción y las ofrendas efímeras han desempeñado también un importante papel en la perpetuación del arte religioso en la isla de Bali. Como en Birmania, en Bali hay literalmente miles de lugares religiosos, pero predominan los hindúes sobre los budistas. Hay templos que se veneran desde toda la isla mientras que otros están vinculados a las cooperativas de irrigación a pequeña escala. Muchos de estos templos, de los que hay por lo menos dos en cada pueblo, tienen el tejado en forma de gradas, similares a los de Birmania. El ciclo devocional en estos numerosos templos jerárquicos se rige por diferentes calendarios. Los meses son lunares y el año sólo tiene 210 días. En cada uno hay días propicios y días poco favorables, y los ritos y ofrendas varían en cada caso. En cada templo se celebra también una consagración o cumpleaños (odalan).
El acto se conmemora con una serie de ritos y celebraciones, en las que las telas desempeñan un importante papel. No solamente van vestidos con tejidos especiales los sacerdotes, devotos y danzarines, sino que también se engalana el templo. Las telas tienen la misión de iniciar el proceso de dar vida al templo para que reciba a los espíritus; las hay muy caras tejidas a mano y baratas estampadas a máquina. Al segundo grupo pertenece un tejido que se encuentra en Bali por todas partes, el poleng de cuadros blancos y negros. Antaño, también éste estaba tejido a mano y los cuadros blancos aparecían muchas veces grises al transparentarse los hilos de la urdimbre; sin embargo, los cuadros de hoy, estampados mecánicamente, con tamaños que van desde muy grande hasta muy pequeño, no han perdido nada de su fuerza.

Batik
Telas teñidas por el procedimiento de origen malayo conocido como batik. El exótico estampado de estas piezas, que combina motivos florales y geométricos, es típico de los diseños tradicionales.

El contraste de blanco y negro en los poleng simboliza la bondad contra la maldad, y su combinación recuerda la creencia balinesa de que la bondad nunca acaba con la maldad para siempre, y que, como expresa la danza del barong keket, lo ideal es armonizar las dos fuerzas. En la danza, el problema no queda resuelto de forma permanente, ya que el bondadoso Barong no acaba con la malvada bruja Rangda, aunque sí proporciona una estructura en la que la maldad es claramente reconocible y permite controlar la presencia de estas fuerzas en la sociedad.
En todo el Sureste asiático existen semejanzas en las oraciones, en la demanda de ofrendas y en la renovación del entorno ritual; sin embargo, se observan grandes diferencias en la imaginería antropomórfica. Birmania y Bali son un buen ejemplo de este contraste. En Birmania, las imágenes van desde Buda a los nat. En Bali, se decoran los templos y se hacen ofrendas, pero se deja vacío el trono, que será ocupado por la esencia de los espíritus. Esto no quiere decir que las imágenes no tengan su lugar en el arte religioso balinés, pues existen bajo numerosas formas. A la entrada de los templos están representados sus guardianes en estatuas tanto antropomórficas como zoomorfas; en alguna de las capillas puede haber figuras ancestrales, femeninas y masculinas, que son bajadas para el odalan, o ceremonia del cumpleaños. La danza es parte integrante de las ofrendas balinesas que, para que sean fructíferas, deben contar con la representación de figuras ‘vivas’. También en esto se aprecia el contraste con la Birmania budista, ya que en este país hace mucho tiempo que la danza quedó relegada a la corte y no se practica en los templos. Lo mismo ocurre en Java. Aquí, igual que en Bali, los tejidos, como el batik, constituyen una parte importante del arte de la isla, pero, al contrario que en Bali, primordialmente están destinados a un uso regio más que religioso.
También en Bali se producen artículos perecederos para los innumerables festivales de los templos. Para cada ocasión se crea una enorme gama de ofrendas artesanales, no de papel, sino de hoja de palma, de flores y de frutos, que se mantienen los pocos días que dura el festival. Los propios templos balineses requieren una constante conservación, desde sus tejados de paja, hasta las complicadas tallas realizadas en la blanda toba volcánica. Algunos templos cobijan antiguos objetos de piedra hindúes procedentes, en su mayoría, de los siglos XI al XIII; pero los restos budistas del refugio rocoso de Goa Gajah son anteriores a este periodo del arte balinés llamado hindú o monumental.
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INFLUENCIA OCCIDENTAL E IDENTIDAD REGIONAL
Desde principios del siglo XX, los europeos residentes en los países del Sureste asiático han influido en el arte de los artistas locales, especialmente en el empleo de nuevos materiales y técnicas, y en las elección de temas distintos a los habituales. En Birmania y Malaysia, los británicos formaron a grupos de pintores, y en algunos casos ayudaron a los artistas locales a viajar a Europa para completar su formación. En Tailandia, el arquitecto italiano Feroci contribuyó a la creación de un departamento de arte en la Universidad Silpakorn de Bangkok. Los artistas tailandeses eran adiestrados en las técnicas occidentales, que no tenían mucho que ver con las tradiciones de pintura mural de su país.
La pintura ya formaba parte de las artes visuales de todos estos países, pero se trataba de pintura religiosa. Algunas de las obras más antiguas que se conservan se encontraron en Pagan, Birmania: son murales de los siglos XI al XIII que aún se pueden contemplar en el interior de muchos templos. Sin embargo, la aridez de Pagan no es frecuente, y la humedad ha destruido los murales antiguos de otros centros monumentales, como en Angkor, donde sólo quedan restos de pintura roja. También había pinturas sobre lienzo, pero están muy deterioradas. En Birmania, después del terremoto de 1975, salió a la luz una rara pieza; se trataba de un lienzo, pintado en colores vivos, enrollado en el interior del brazo de una imagen de Buda.
En todos estos casos, aunque el artista era conocido en la comunidad, el cuadro que realizaba era un acto religioso y anónimo. Sin embargo, gracias a los análisis estilísticos, ha sido posible establecer la identidad de algunos pintores activos en los siglos XVIII y XIX. Durante la época colonial, los artistas del Sureste asiático empezaron a firmar sus obras al destinarlas a la venta, siendo sus principales clientes los turistas y los diplomáticos.

Arte aborigen australiano





El invento del:
Arte aborigen australiano

Aborígenes australianos
Aborígenes australianos
Como en otras civilizaciones, el arte aborigen australiano es inseparable de su función ritual y religiosa, función que abarca —entre otros rasgos— la pintura de las piedras y la del propio cuerpo.

Arte aborigen australiano, obras artísticas producidas por los aborígenes australianos desde la antigüedad hasta nuestros días. El arte aborigen tiene una historia de más de 50.000 años, como demuestran las antiguas pinturas sobre corteza de árbol localizadas en zonas del interior de Australia, que son incluso anteriores a las pinturas rupestres de Altamira y de Lascaux.

Arte rupestre aborigen, Australia
Arte rupestre aborigen, Australia
El arte rupestre aborigen tuvo un gran desarrollo antes de la llegada de los europeos. Alguna de las pinturas que se han encontrado en Australia Meridional fueron realizadas hacia el 18.000 a.C. Se cree que las figuras, como las que se aprecian en la imagen, representaban a los espíritus de los artistas.

La función y el valor original del arte aborigen son de naturaleza sacra, al igual que la visión que tenían de la vida los primeros habitantes de este continente. Si bien en la actualidad se ha perdido ese carácter sacro de las primeras pinturas rupestres para adaptarse a las exigencias de un público internacional, también la producción aborigen contemporánea bucea en las raíces de la antigua percepción mística del mundo.

Pinturas rupestres aborígenes
Pinturas rupestres aborígenes
Hace más de 20.000 años, los pueblos aborígenes de Australia realizaron pinturas y grabados en las paredes de las cuevas. Actualmente hay más de mil lugares contabilizados en los que aparecen dibujados motivos espirituales, figuras de cazadores y pescadores, y representaciones de acontecimientos históricos. Los artistas aborígenes recogieron la llegada de pueblos indonesios a finales del siglo XVIII y de los colonos europeos 100 años más tarde. Sus obras corresponden a diferentes estilos artísticos en los que se empleó el color desde fecha muy temprana.

El concepto de sueño está presente también hoy día en la cultura aborigen; no se refiere solo a los mitos de la creación, sino también al paisaje y su estrecha relación con los aborígenes. Además, según creencias totémicas, los espíritus de los antepasados continúan viviendo en los individuos actuales, definiendo su identidad social y sus responsabilidades espirituales. Los sueños representan, por tanto, un nexo de unión con el pasado, y al mismo tiempo, la fuente del saber primordial. Las pinturas que aparecen en muchos objetos simbólicos, así como en armas, representan estos mitos asumiendo un significado sagrado; las incisiones en piedra y las pinturas sobre corteza o sobre el suelo testimonian que el acto de pintar es un acto ritual.
La pintura sobre corteza de árbol es la forma artística más característica practicada por los aborígenes. Usada en la antigüedad para construir viviendas y decorada normalmente con motivos y símbolos, la corteza procede normalmente del eucalipto; se trata de un material dúctil, liso y resistente. El estilo de los diseños varía según la zona: en ocasiones nos encontramos ante tendencias figurativas, como en la parte oeste de la Tierra de Arnhem, mientras que al este, en la zona de Yirrkala, los diseños tienden a una mayor abstracción y geometrización; las pinturas sobre corteza realizadas en la isla de Groote Eylandt se distinguen, en cambio, por el fondo negro sobre el que se recortan las figuras.
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ALBERT NAMATJIRA Y LA INTEGRACIÓN
Con la llegada de los primeros colonizadores blancos (siglo XVII) se inicia una nueva era del arte aborigen, ya que esto implicó el contacto con una cultura totalmente distinta.
Los colonos imponen a los indígenas las tradiciones europeas, ejerciendo un notable influjo en el ámbito artístico: a finales del siglo XIX, Williams Barak y Tommy McCrae comenzaron a usar los materiales introducidos por los colonos (papel y lápices), llegando a ser exponentes de una tradición figurativa de inconfundible impronta occidental y creando interesantes imágenes de la vida aborigen destinadas al público inglés.
A comienzos del siglo XX la construcción de las líneas de ferrocarril hizo posible el acceso a las zonas desérticas del centro del continente, donde se fundaron numerosas misiones. En la década de 1930 el centro luterano de Hermannsburg vio emerger la figura de un artista de origen europeo, Rex Batterbee, que enseñó a la población local la pintura con acuarela. El más destacado de sus discípulos fue Albert Namatjira, quien en 1938 realizó una exposición que le dio cierta fama.
El control y el dominio de los métodos occidentales por parte de Namatjira se utilizaron para demostrar la potencial eficacia de la política de integración. Pero sus obras fueron solo reconocidas por su habilidad técnica, a pesar del éxito logrado entre el público. Recientemente la producción de Namatjira ha sido evaluada siguiendo los criterios del arte aborigen moderno, analizando cómo la elección de sus temas no se acercaba a los cánones europeos de belleza, sino a la relación personal del pintor con el paisaje.
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PAPUNYA
En la década de 1970 se consolidó como primer centro de producción del arte aborigen el asentamiento de Papunya, cercano a la ciudad de Alice Springs, en medio del vasto desierto. En 1971 llegó a la escuela de Papunya Geoffrey Bardon, un joven profesor de origen europeo, encargado de impartir las lecciones de arte a los niños. Pronto entabló amistad con numerosos aborígenes adultos, a los que enseñó a usar las pinturas acrílicas y con los que decoró los muros de la escuela, según el estilo y la iconografía de las pinturas rupestres tradicionales. De este modo los aborígenes comenzaron a pintar sobre mesas y otras superficies. Un año después esta actividad había generado una serie de interesantes obras que reproducían diseños ceremoniales en el estilo de puntos y círculos.
La producción artística de esta comunidad obtuvo en poco tiempo importantes reconocimientos. Después de que las pinturas adquirieran valor, se fundó una cooperativa que se encargó de la comercialización de las obras y que hoy, además de regentar una galería en Alice Springs, está en contacto con otras organizaciones internacionales. Ciudades como Londres, París, Frankfurt o Los Ángeles han sido sede de distintas exposiciones organizadas por los pintores de Papunya, que han creado de este modo un ejemplo para la comunidad aborigen, como la de los centros de Mount Allan y Napperby.
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OTROS CENTROS DE PRODUCCIÓN
La comunidad de Yuendumu, situada a unos 120 kilómetros al norte de Papunya, conoció un singular desarrollo artístico en la década de 1980. La mayor parte del trabajo lo llevaban a cabo mujeres que realizaban dibujos de pequeñas dimensiones sobre tela, los cuales suscitaron un gran interés por parte de los antropólogos y lingüistas europeos. También los hombres se acercaron a la pintura decorando escuelas y telas, además de mesas y otros objetos. En 1985 los artistas de Yuendumu fundaron una sociedad para la venta de sus obras de arte.
A principios de la década de 1980, en una zona todavía más remota del desierto occidental, la comunidad aborigen de Balgo Hills inició otro movimiento pictórico, que fundía los temas cristianos con la tradición aborigen y las representaciones de la antigua edad del sueño. Este arte está caracterizado por el uso de minúsculos puntos y de las tonalidades púrpura, rosa, naranja y azul.
La comunidad de Lajamanu, en el otro extremo del desierto occidental, es uno de los asentamientos más aislados de Australia. El principal obstáculo al desarrollo de un estilo pictórico local no fue, sin embargo, su situación desfavorable, sino la oposición de sus ancianos. Cuando esta resistencia disminuyó, Lajamanu se transformó en un importante centro artístico del que provienen obras de notable interés. Las pinturas más interesantes, que reproducen elaborados arabescos, fueron realizadas usando una gama cromática limitada a los colores blanco, negro y verde.
Las pinturas de color ocre de la comunidad warmun de Turkey Creek, en el Kimberley oriental, han pasado a ser famosas después de su participación en la Bienal de Venecia, con artistas como Queenie McKenzie, Freddie Timms y Rover Thomas.
Ngukurr es una pequeña comunidad aborigen situada en el límite septentrional de la Tierra de Arnhem, que se distingue de los otros centros artísticos por no seguir la tradición de la pintura sobre corteza, sino que prefiere las pinturas acrílicas sobre tela. Willie Gudjipi, que forma parte de esta comunidad, se centra en la representación de ceremonias de iniciación y de ritos fúnebres. Las imágenes muestran armas, utensilios, antepasados con forma humana o animal, así como distintos tipos de flores. Las formas sinuosas de las serpientes y el uso de pequeños puntos para definir los contornos de las figuras aparecen también en las pinturas de otras comunidades del sur.
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LA PRODUCCIÓN EN LOS CENTROS URBANOS
El florecimiento del arte local que tuvo lugar en el último cuarto del siglo XX no fue solo obra de comunidades aborígenes aisladas, sino también de las que, viviendo en centros urbanos, han descubierto su propia identidad a través del arte, imponiéndose a un contexto social que los marginaba. Las fuentes de las que obtienen la inspiración son variadas: estilísticamente, las obras reproducen elementos de la tradición europea mezclados con los de la tradición aborigen, dando vida a un lenguaje atento a los problemas sociales y políticos.
La atención del público internacional se centra sobre todo en dos fotógrafos, Brenda Croft y Michael Riley. Los retratos de los aborígenes realizados por Riley ponen luz en la belleza y en la dignidad de los individuos, en oposición a las imágenes anónimas de sabor etnográfico todavía difundidas.
La producción artística aborigen, que suscita hoy en el mundo occidental un creciente interés, ha favorecido el renacimiento de una cultura local, atrayendo la atención de la comunidad internacional hacia la cultura aborigen y sus tradiciones.


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