El invento del Siglo de las Luces en la literatura francesa




Chateaubriand
La obra del escritor y político francés François René de Chateaubriand se caracteriza por el uso de la introspección. Su novela Atala (1801) lo convierte en precursor del romanticismo. Esta pintura de Pierre Delaval pertenece a una colección privada.

El siglo XVIII, época de la Ilustración, se llamó así porque la mayor parte del esfuerzo intelectual se concentró en disipar la superstición y el oscurantismo de la Iglesia y de otras doctrinas institucionales. Estuvieron entre sus precursores François de Salignac de la Mothe Fénelon, Bernard le Bovier Fontenelle, y Pierre Bayle. En la Historia de los oráculos (1686) Fontenelle atacó la base milagrosa del cristianismo y de la Iglesia con el pretexto de exponer la credulidad de los griegos y de los romanos. El Telémaco de Fénelon (1699) abogaba por la tolerancia religiosa y la escribió como guía para su discípulo real, el duque de Bourgogne. Estos dos escritores se distinguieron por su buen estilo.
Los Pensamientos diversos sobre el cometa de 1680 de Bayle (1680; 1682) y, en particular, su Diccionario histórico y crítico (1697) fueron útiles para escritores y pensadores, que vieron en él un modelo intelectual a seguir. En toda esta enseñanza había un escepticismo sin compromiso religioso, sostenido por razones y ejemplos.
La encarnación del espíritu de la Ilustración fue Voltaire. En Cartas inglesas o filosóficas (1734) atacó los métodos de los que se valía la Iglesia, desde su punto de vista, para explotar la debilidad humana. También atacó los sistemas teístas y optimistas de filósofos, teólogos y reformistas, en particular a los del filósofo alemán Gottfried von Leibniz. En su tiempo Voltaire fue considerado, en primer lugar, como filósofo, y sus obras eclipsaron, hasta pasado el tiempo, sus sátiras clásicas, como la novela Cándido (1759).
Denis Diderot
El filósofo y escritor del siglo XVIII Denis Diderot recopiló la influyente Enciclopedia o diccionario razonado de las ciencias, las artes y los oficios, una monumental obra que reflejaba las inquietudes de los intelectuales de la época denominada "Edad de la razón". Diderot dedicó gran parte de su vida a la edición de los 35 volúmenes de esta obra, conocida brevemente como Enciclopedia. Con sus puntos de vista liberales y racionalistas, la Enciclopedia combatió la autoridad de la Iglesia y las supersticiones de su tiempo.

Los racionalistas franceses rechazaban la escolástica y exponían los nuevos conceptos mecánicos, siendo incluidos también en la Enciclopedia, una obra diseñada para abarcar y sistematizar todo el conocimiento humano. Esta vasta tarea fue dirigida por Denis Diderot. Su ingeniosa obra El sobrino de Rameau (1761) y otras de sus obras demostraron que también era un buen escritor. En la Enciclopedia tuvo la colaboración de muchos de sus coetáneos más ilustres, incluyendo naturalistas, etnólogos, filósofos, economistas y estadistas.
Un libro notorio de esta época, El espíritu de las leyes (1748-1750), de Charles de Secondat, barón de Montesquieu, sigue teniendo mucha influencia en el pensamiento político moderno.
Jean-Jacques Rousseau
El escritor y filósofo francés Jean-Jacques Rousseau opinaba que los individuos que viven en un medio natural son más morales que los que viven en las sociedades modernas. Su creencia en la inocencia natural impregnó tanto sus ideas sobre la educación y la sociedad como sus obras. Su preocupación por los conflictos entre valores sensuales y morales y su fe en la bondad natural de la persona, ejerció una gran influencia sobre los escritores políticos y literarios del romanticismo del siglo XIX.

La ficción en el siglo XVIII, cuando no es una fantasía filosófica como en las obras de Voltaire, se escribía con el espíritu de La princesa de Clèves. Al igual que en la novela Manon Lescaut (1731) de Abate Prévost, y La vida de Marianne (1731-1741) de Pierre de Marivaux, se limitaban a describir las crisis de amor de dos personajes. Más elaborada fue la escandalosa e ingeniosa novela de intriga social, Las amistades peligrosas (1782), de Pierre Choderlos de Laclos.
El naturalista Georges Leclerc de Buffon dedicó su vida a la recopilación de la monumental Historia natural (44 volúmenes, 1749-1804), que formó parte de la reclasificación de la flora y fauna, que tanto preocupó a los naturalistas del siglo XVIII.
Voltaire
El escritor y filósofo francés Voltaire está considerado como una de las figuras centrales de la ilustración del siglo XVIII, un periodo en el que se insistió sobre la fuerza de la razón humana, de la ciencia y del respeto hacia la humanidad. Voltaire opinaba que la literatura debía servir como instrumento de progreso social. Así, sus hirientes sátiras y sus escritos filosóficos mostraban su aversión hacia la intolerancia, la tiranía y la hipocresía del cristianismo, lo cual le procuró constantes conflictos con las autoridades políticas y religiosas. La expresión captada en este retrato suyo de 1718 indica inequívocamente su gran sentido del humor con el que se ganó el favor de las sociedades francesa e inglesa.

A pesar de que ahora se recuerda a Jean-Jacques Rousseau sobre todo por Confesiones (1782), tuvo un efecto revolucionario en el pensamiento político de su tiempo con El contrato social (1762), en el que la relación del individuo con la sociedad se concibe como un contrato, por el que el individuo pierde algunos derechos personales, a cambio de obtener la igualdad legal y asistencia mutua. Los dirigentes de la Revolución Francesa se consideraron sus discípulos. Ejerció también una influencia revolucionaria en materia de educación, con Emilio (1762), y en ficción inauguró el romanticismo con Julie, o la nueva Eloísa (1760).
Es digna de mención, finalmente, la obra de André Chénier, que murió en la guillotina a los 31 años de edad. Su poesía, se distingue por una belleza pura. Algunos estudiosos aseguran que Chénier es el mejor poeta francés del siglo XVIII.
En el periodo de reacción que sucedió a la Revolución Francesa, los principales escritores fueron el conde Joseph de Maistre, que trataba en sus libros, de modo nostálgico, las glorias del Antiguo Régimen, y el vizconde François René de Chateaubriand, que pregonaba una vuelta a la religión, que con su individualismo, celebración ditirámbica de la naturaleza y énfasis de los valores estéticos de la religión ayudó a introducir el movimiento romántico.

El invento del renacimiento de la literatura francesa




Joachim du Bellay
Este dibujo anónimo de mediados del siglo XVI es un retrato del poeta Joachim du Bellay. Biblioteca Nacional de Francia, París.

En el siglo XVI la literatura francesa sucumbió a la arrolladora influencia del renacimiento italiano. Los versos de Petrarca y los conceptos clásicos, en especial los de filosofía platónica, fueron aceptados con entusiasmo. Se adoptaron en la corte de Margarita, reina de Navarra, que se convirtió en el centro de la cultura francesa de la época. El más importante de los primeros poetas del renacimiento fue el escritor del siglo XVI, Maurice Scève, cuyas obras reflejan la intelectualidad del renacimiento. La expresividad emocional de Villon y de poetas de la Pléyade posteriores, desaparece en el verso de Scève y se convierte en una expresión formal de la percepción y el conocimiento. Teniendo esto en cuenta y por sus alusiones oscuras, tiene cierto parecido con corrientes poéticas del siglo XX.
El renacimiento llegó a su máximo apogeo con la nueva generación de poetas. Siete poetas formaron un grupo conocido por la Pléyade, cuyo mentor incuestionable fue Pierre de Ronsard y crearon una nueva época literaria. Sus muy imitadas odas y sonetos, en Amores de Cassandra (1552), y su poema épico inacabado, La Franciada (1572), le convirtieron en el poeta más famoso del siglo. Utilizó a los antiguos clásicos como modelo, de acuerdo con las teorías poéticas de Joachim du Bellay, segundo en importancia entre los poetas de la Pléyade. Con la perfección de sus formas poéticas, Ronsard ayudó a preparar la llegada del clasicismo.
Las nuevas ideas del renacimiento y en especial el nuevo concepto del humanismo hicieron su primera aparición en los escritos de François Rabelais. De sus cinco libros, los más famosos son Pantagruel (1532) y Gargantúa (1534), cómicas historias épicas de gigantes. Rabelais utilizó estos personajes para personificar la libertad y potencialidad del humanismo, que quería lograr el desarrollo completo del cuerpo y de la mente. Recomendaba una amplia moralidad, llamada pantagruelismo, dedicada a satisfacer todo lo que requería la naturaleza humana, como una manera de aceptar racionalmente la realidad. Rabelais proyecta un realismo, germinado en la alegoría Le Roman de la rose, que vuelve a aparecer en el siglo XVII en las comedias del dramaturgo Molière. Uno de los escritores en prosa más importantes de Francia, Rabelais destacó por su vitalidad e ingenio y su fe ilimitada en la capacidad del espíritu humano.
Michel de Montaigne fue el prototipo del humanista erudito francés. Describió en sus Ensayos (1581-1588) su filosofía personal de todos los temas que le interesaban. Recomendaba un escepticismo suave pero universal de lo que ofrecía la filosofía para escapar de la frustración y del desencanto y lograr contentarse en la vida. Su sistema pedagógico hace hincapié en un espíritu abierto a la investigación más que a la acumulación de hechos. En política y religión, Montaigne era conservador, en búsqueda de la serenidad social e individual. Los Ensayos ofrecieron el primer modelo del hombre honesto, es decir, el caballero culto del siglo XVII.
3
CLASICISMO E ILUSTRACIÓN
El siglo XVII, conocido por el gran siglo, es la época clásica de la literatura francesa. Estuvo marcado por el largo reinado de Luis XIV, con el que Francia alcanzó la cima de su poder y la hegemonía política y cultural. A esta época le siguió la Ilustración en el siglo XVIII, en el que el poder francés perdió fuerzas y la energía intelectual de la nación buscó el cambio y la reforma.
3.1
Periodo clásico
Pierre Corneille
El dramaturgo francés del siglo XVII, Pierre Corneille, se hizo conocido por sus tragedias y comedias. Entre otras obras deben destacarse El Cid y Horacio.

Una de las primeras figuras del clasicismo fue François de Malherbe, que a pesar de ser un poeta mediocre, estableció los criterios literarios del siglo: la razón pura, el sentido común y la perfección de la forma. En la consolidación de estos principios contribuyeron las influencias del salón de la marquesa de Rambouillet y de la Academia Francesa.
La marquesa de Rambouillet fue considerada la fundadora del preciosismo, una reforma del lenguaje, los modales y del ingenio. Fue satirizada más tarde por Molière en Las preciosas ridículas (1659), por su amaneramiento y exageración. Pregonaba el refinamiento en el lenguaje, los sentimientos y las relaciones sociales. La marquesa de Rambouillet reunió en su salón a la mayoría de las figuras literarias contemporáneas. La forma y el contenido eran el tema de la controversia literaria de la época. Se discutían y criticaban los dos sonetos, 'Job', de Isaac de Benserade, y 'Uranie', de Vincent Voiture. Cabe destacar otra mujer que influyó en la moda literaria de la época, la marquesa de Maintenon.
La Academia Francesa fue en su origen una sociedad privada de eruditos que se transformó en 1635 en una corporación estatal, ante la insistencia del cardenal Richelieu. Los académicos propusieron la preparación de un diccionario, una gramática y un manual de retórica. Se terminó y público sólo el diccionario. Claude Favre Vaugelas realizó la mayor parte del trabajo del léxico. Sus Remarques sur la langue française (Notas sobre la lengua francesa, 1647) lograron establecer los principios del uso de la lengua. Estuvieron entre los miembros fundadores de la Academia, Valentin Conrart, su primer secretario, y los poetas Jean Chapelain, François Maynard, el marqués de Racan y Vincent Voiture. Antoine Furetière, que se hizo miembro en 1662, fue expulsado en 1685 por recopilar un diccionario (que no fue publicado hasta 1690) cuya estructura sería considerada después más lógica que la adoptada por la Academia.
Nicolas Boileau-Despréaux fue el principal crítico y teórico literario de la época clásica; su influencia se extendió por toda Europa. Creía en la razón y en la ley natural y era partidario de las definiciones exactas; su búsqueda consistió en establecer reglas por las que la literatura se convirtiera en una disciplina tan precisa como la ciencia. Sus principales obras, escritas en verso, son Las sátiras (comenzadas en 1660), Épîtres (Epístolas, comenzadas en 1669), y L'Art poétique (1674; El Arte de la Poesía).
Ejerció también una poderosa influencia literaria Jacques Bénigne Bossuet, el predicador más célebre de la época de Luis XIV. Fue tutor del delfín y llegó a ser el principal portavoz de la iglesia en Francia. Sus sermones y oraciones fúnebres (Oraciones fúnebres, 1689) son modelo de retórica clásica.
Pierre Corneille fue el primero de los maestros franceses de la tragedia clásica. Su primer gran éxito fue El Cid (1636 ó 1637). Corneille intentaba utilizar las unidades aristotélicas de lugar, tiempo y acción, pero la tensión dramática de sus tragedias era psicológica, derivada de las aspiraciones y frustraciones de los personajes en su esfuerzo por lograr la grandeza con el ejercicio supremo de la voluntad. Jean Baptiste Racine, sucesor de Corneille, fue incluso más valorado. Menos retórico y menos formal, logró más naturalidad en sus obras; utilizó pasajes líricos, que enriquecieron sus últimas obras dramáticas con el uso de coros, emplazamientos espectaculares, alternando temas clásicos, por ejemplo, Bérénice (1670) y Fedra (1677), con temas bíblicos en Esther (1689) y Athalie (1691). En todas sus obras dramáticas las protagonistas principales eran mujeres, y las tensiones dramáticas giraban en torno a las vicisitudes del amor.
Molière, el tercer gran escritor de teatro del siglo XVII, es el maestro francés de la comedia. Su agudo sentido teatral hace que sus obras sigan siendo representadas con éxito hoy en día. Esto puede ser atribuido, al menos en parte, al hecho de haber sido actor y director. Entre sus comedias más conocidas están Las preciosas ridiculas, Tartufo (1664), El misántropo (1666), y El burgués gentilhombre (1670). Molière satirizó los puntos débiles de la época, como el amaneramiento de los salones literarios, y los fallos humanos más comunes como la hipocresía, la credulidad, la avaricia, y la hipocondría. Sus creencias filosóficas, semejantes a las de Rabelais y Montaigne, pregonaban el derecho del individuo a desarrollarse según su propia voluntad.
Cabe destacar la contribución, en esta época, de los jansenistas, un grupo católico puritano opuesto a los jesuitas. Algunos de los escritores y pensadores franceses más originales y contundentes de aquel tiempo fueron jansenistas, entre ellos los polemistas teológicos, Arnauld y Pierre Nicole aunque la figura principal es el filósofo, físico, matemático, y místico Blaise Pascal. En los Pensées (Pensamientos, 1670), Pascal llegó a la conclusión de que ciertas realidades espirituales escapaban a la razón humana.
Entre otros escritores notables de la época estaban los dos moralistas François de la Rochefoucauld y Jean de la Bruyère. La Rochefoucauld ha sido considerado uno de los epigramistas más famosos de todos los tiempos. En sus Reflexiones y máximas morales (1665), combina el interiorismo psicológico con una concisión que da a cada uno de sus epigramas brillantez y equilibrio. Su condición social de aristócrata otorgó autoridad a su opinión sobre la vida de la corte. Dado que la esencia de sus máximas es la vanidad de la pretensión humana y de la rivalidad, fue un aliado de los jansenistas.
El juicio moral que La Bruyère hizo de su tiempo fue más duro y más comprensivo que el de La Rochefoucauld. Su obra principal, Les 'caractères' de Théophraste, traduits du grec, avec les caractères ou les moeurs de ce siècle (Los caracteres de Teofrasto, traducidos del griego, con los caracteres o las costumbres de este siglo, 1688) es una colección de epigramas con retratos de estudios de personajes y personalidades satirizadas aquí y allá, que encarnaban los vicios y debilidades de su tiempo.
La mejor novelista de la época fue la Condesa Marie Madeleine Madame de La Fayette. Debido a su interiorismo psicológico, su novela La Princesa de Clèves (1678) se ha valorado como ejemplo temprano de la novela moderna. Escrita con gran talento, se distingue por su sencillez, con sólo dos personajes, los amantes cuya relación abarca toda la acción.
Jean de la Fontaine, que está a la altura de Racine como poeta y a la de los grandes moralistas, es uno de los maestros de la época. En sus Fábulas (1668-1694) utilizó las estructuras de las fábulas morales de Esopo. Aportó a cada fábula, sin embargo, la facilidad y el interés narrativo de la historia breve. El uso de animales como personajes en una época de censura, le permitió dar rienda suelta a su ingenio, fantasía, humor, y observación de la debilidad humana.

El invento de la Literatura francesa




Jean Baptiste Racine
Considerado como uno de los más grandes dramaturgos franceses, el poeta y escritor Jean Baptiste Racine llevó a cabo a lo largo de toda su obra adaptaciones de personajes heroicos y temas trágicos de la antigüedad griega y romana. Entre sus obras más conocidas se encuentra Fedra (1677), una de las siete tragedias que conforman lo mejor de su producción. En esta obra, que recrea un mundo de dioses malvados e inmorales, la protagonista se encuentra envuelta en un drama de pasión extrema que acaba en tragedia a causa de su amor incestuoso.

Literatura francesa, literatura escrita en lengua francesa desde aproximadamente finales del siglo XI hasta el presente. Antes del siglo IX, el latín era la lengua literaria de Francia.
2
LITERATURA PRECLÁSICA
A finales del siglo XI florecieron en Francia las primeras formas poéticas en francés, las canciones de gesta.
2.1
Edad media
Roman de la rose
El Roman de la rose es un poema medieval francés escrito por Guillaume de Lorris y ampliado más tarde por Jean de Meun. En esta obra alegórica, un joven poeta sueña con el amor ideal y en su sueño la dama a la que adora aparece simbolizada por un capullo de rosa. El poema influyó enormemente en la literatura europea durante varios siglos. Este cuadro titulado Roman de la rose (1864, Tate Gallery, Londres) fue obra del pintor y poeta inglés Dante Gabriel Rossetti.

Las canciones de gesta son poemas largos que relatan las proezas de los caballeros cristianos compuestas posiblemente por trovadores errantes, conocidos como juglares, para entretener a peregrinos o a las cortes feudales. Los autores de las canciones se inspiraban en tres fuentes principales, por lo que los poemas se clasifican en tres grupos: los ciclos francés, bretón y clásico.
El ciclo francés trata principalmente de héroes franceses que ponen sus armas al servicio de la religión. La figura central es Carlomagno, que se convierte en el héroe del cristianismo. El poema épico más famoso de este grupo, compuesto a finales del siglo XI y principios del XII, es la Canción de Roldán.
El ciclo bretón está basado en su mayor parte en el folclore celta. El poeta principal fue Chrétien de Troyes, que vivió a finales del siglo XII. Sus poemas versan principalmente sobre el semilengendario rey Arturo de Inglaterra y sus nobles caballeros.
El ciclo clásico es el menos original y por lo tanto, el menos importante. Utilizando material de los clásicos, los escritores cristianizaron a Agamenón, Aquiles, Ulises, y a los héroes de Tebas, Troya y Roma. La obra más conocida de este ciclo es el Roman d'Alexandre.
Al mismo tiempo existía una literatura más popular basada en historias breves en verso. Al principio estas obras trataban sólo temas religiosos, que indicaban la preponderancia de la Iglesia sobre la vida y el arte. Pero poco a poco estos textos fueron haciéndose cada vez más profanos. Los fabliaux florecieron en los siglos XII y XIII, y aparecieron en este periodo las sátiras Le Roman de Renart y Le Roman de la Rose.
Le Roman de Renart es una alegoría animal de unos 32.000 versos (después aumentaron a 100.000), en la que se critica cautelosamente a ciertas clases de la sociedad medieval francesa, incluyendo al clero y a la nobleza. Este tipo de literatura se gestó a partir de antiguas colecciones de fábulas de animales, especialmente de una traducción en verso de fábulas de Marie de France del siglo XII.
La corriente didáctica y alegórica llegó más lejos aún, en el siglo XIII, con el Roman de la Rose, una obra de unos 22.000 versos en la que la rosa simboliza el amor y la amada; el deseo del poeta es entrar en el jardín y conseguir la rosa. Los primeros 4.000 versos los compuso Guillaume de Lorris, y Jean de Meun (o Meung; entre 1240 y 1305) más tarde escribió el resto del poema. La influencia de este texto se extendió por toda Europa hasta el siglo XVII.
Influida por la poesía árabe y por los ritos precristianos, se cultivó en la corte de los condes de Toulouse y de Leonor de Aquitania una poesía trovadoresca que instauró una concepción del amor integrada en el sistema de valores feudal (véase Amor cortés). La poesía de los trovadores provenzales hizo su aparición a principios del siglo XII y tuvo en la figura de Guillermo de Aquitania su primer gran representante. Esta poesía alcanzó su plenitud expresiva en los poetas Bertran de Born, Arnaud Daniel y Guiraut de Bornelh.
Durante los siglos XIV y XV se desarrollaron nuevas formas poéticas. Guillaume de Machaut, aunque fiel a las formas poéticas del amor cortés, introdujo muchas novedades, sobre todo en el plano formal. La poesía del siglo XV francés tiene a sus más destacados representantes en Charles d’Orléans y François Villon. Este último compuso sus dos obras importantes, Le petit testament (1456) y Le grand testament (1461), a modo de escritos burlescos. Le grand testament está formado por baladas. Estas obras, que abarcan un total de no menos de 2.500 versos, toman forma de confidencias de un hombre consigo mismo con un gran afán de vivir, aunque compartido con el sentido medieval del pecado y la preocupación por la muerte. Debido a su expresividad e individualismo, los poemas de Villon han ejercido influencia sobre la poesía lírica que se ha prolongado incluso hasta el siglo XX.
La evolución de la literatura medieval francesa, de religiosa a profana, se ve más claramente en el teatro. Los dramas litúrgicos del siglo XI estaban compuestos de pasajes extraídos de la Biblia en prosa latina. Trataban siempre del nacimiento y la pasión de Cristo. Con la aparición de actores aficionados en el siglo XII, se adoptó el francés en el drama profano o secular, que empleaba aún temas bíblicos. En el siglo XIII se amplió el temario con milagros sobre los santos y la Virgen María. De este periodo datan también la primera obra pastoral y ópera cómica, El juego de Robin y de Marion. Los milagros de la Virgen María fueron el tema favorito durante el siglo XIV, y más adelante fueron adaptadas, como representaciones sueltas, las canciones en estas obras religiosas. En el siglo siguiente, el interés popular por el teatro aumentó, y las producciones teatrales se liberaron de la influencia eclesiástica.
Excepto por su interés histórico, la prosa no tuvo mucha importancia en la literatura francesa antes del siglo XVI. Los relatos de aventuras consistían meramente en versiones en prosa de las canciones.
Son dignos de mención tan sólo unos pocos historiadores, entre ellos Godofredo de Villehardouin y Jean de Joinville, cronistas de las Cruzadas; Christine de Pisan, autora de crónicas de la corte en elegantes versos; y Alain Chartier, cronista en verso de la desastrosa batalla de Agincourt. Todos ellos fueron eclipsados por Jean Froissart, cuyas crónicas describían intensamente el mundo de las órdenes de caballerías. Las Memorias (1524) de Philippe de Comines, que contenían ideas similares a las de su coetáneo italiano Maquiavelo, aportaron el primer relato francés de los sucesos políticos, desde el punto de vista de un hombre de Estado.

El invento de la POESÍA estadounidense DEL SIGLO XX




Wallace Stevens
El escritor estadounidense Wallace Stevens veía al poeta como una persona que encontraba armonía en el caos del mundo. Su primera obra publicada, Harmonium (1923), incluye algunos de sus poemas más conocidos, entre ellos “Sunday Morning” y “Trece maneras de mirar a un mirlo”.

La publicación de la revista Poetry (1912), por parte de la poeta y editora Harriet Monroe, supuso un extraordinario renacimiento poético tras un largo periodo de decadencia. La primera fase de ese renacer la representó el imaginismo, un movimiento iniciado por los poetas Amy Lowell y Ezra Pound que revolucionó el estilo convirtiéndose en uno de los pilares de la poesía del siglo XX e influyendo de modo singular en la poesía europea y latinoamericana. Sin embargo, hubo otras dos fases en el renacer poético de comienzos del siglo XX que fueron mucho más populares en Estados Unidos: la obra de un grupo de Illinois, en el que destacaron Edgar Lee Masters (Antología del Spoon River, 1915) y Carl Sandburg (Poemas de Chicago, 1915), y la obra de un grupo de Nueva Inglaterra, en el que destacó Robert Frost. La obra de Frost y Sandburg, durante sus prolongadas carreras, fue considerada como la expresión auténtica de un espíritu poético estadounidense. Alejada de estos grupos, pero también muy popular e influyente, fue Edna Saint Vincent Millay.
Anne Sexton
La poeta estadounidense Anne Sexton recibió el Premio Pulitzer de Poesía en 1967. En su obra poética se revelan zonas de la mente humana ajenas a la complacencia y a la convención social, a través de visiones que la escritora Julia Kristeva, en su obra sobre los "poderes del horror", situaría en el campo de la abyección. Se suicidó a los 45 años. Tres de sus obras fueron publicadas póstumamente.

La publicación de Tierra baldía (1922), del poeta anglo-estadounidense T.S. Eliot, supuso un cambio radical. La tendencia al esoterismo en las formas, lenguaje y simbolismo aumentó con los Cantos (publicados entre 1925 y 1960), de Ezra Pound. Tanto Eliot como Pound, por medio de su poesía y de sus escritos críticos, tuvieron una inmensa influencia en el curso de la poesía del siglo XX. Lo mismo ocurrió con la obra de William C. Williams, cuyos 40 volúmenes de prosa y poesía, entre ellos Paterson (1946-1958), influyeron en la escritura de varias generaciones de poetas.
John Robinson Jeffers
El poeta y dramaturgo estadounidense John Robinson Jeffers, que vivió en íntimo retiro en la costa californiana durante gran parte de su vida, es admirado por la intensidad de sus versos en poemarios tales como Tamar y otros poemas (1924) y por el éxito de su adaptación, en 1946, de Medea, tragedia del dramaturgo griego Eurípides.

También realizaron experimentos poéticos utilizando una imaginería compleja y a menudo difícil, Hart Crane, conocido por su poema épico El puente (1930), Wallace Stevens (El hombre con la guitarra azul, 1937) y Marianne Moore (Poemas completos, 1951). La inventiva obra de e.e. cummings, desde Es 5 (1926) a 73 poemas (1963), jugó con la forma tipográfica y la imaginación auditiva.
Marianne Moore
La poeta estadounidense Marianne Moore trabajó como editora de la revista literaria The Dial de 1925 a 1929. Inicialmente ligada al movimiento llamado imaginismo, Moore desarrolló después un estilo poético propio e innovador. Escribió sobre temas muy diversos, incluido el béisbol, deporte al que era muy aficionada.

Otros poetas que establecieron una comunicación más directa con el lector incluyen a John Robinson Jeffers, Randall Jarrell y Archibald Macleish. La poesía de protesta de la generación Beat, comunica de modo directo y con gran impacto. Muy diferente en el tono es la vena de la tradición narrativa oral negra del Sur, que se observa en la obra de Gwendolyn Brooks, Nikki Giovanni y Maya Angelou. Theodore Roethke utilizó dos estilos: una forma libre para la expresión de ideas surrealistas y una forma lírica más sencilla para la expresión de modos más racionales de pensamiento.
Marianne Moore
La poeta estadounidense Marianne Moore compuso sus primeros poemas siguiendo el estilo objetivo de los imaginistas, un grupo de poetas ingleses y estadounidenses de comienzos del siglo XX encabezados por Ezra Pound. Durante esta etapa abordó meticulosamente gran cantidad de temas que se despojaban en sus poemas todo su valor simbólico. En ‘Poetry’ (recitado aquí por una actriz), impregnó con su ironía característica una disertación poética acerca de la poesía.

Con Robert Lowell se inició, en la década de 1940, lo que se ha denominado un modo de poesía “confesional”, con referencias explícitas a las ansiedades personales. Los poemas de Sylvia Plath (Ariel, 1965) y Anne Sexton (Vive o muere, 1967) también contienen imágenes de sufrimientos personales. Un resurgir de la poesía se manifestó desde fines de la década de 1960, con proliferación de revistas y universidades que patrocinaron cursos de poesía ofrecidos por poetas. Entre los muchos poetas contemporáneos que practican una gran variedad de estilos, están May Swenson, Robert Bly y Galway Kinnellare, que destacan por el empleo de una imaginería clara y definida, generalmente basada en la observación detallada de la naturaleza. En contraste, James Merril utiliza imágenes muy personales, y John Ashbery, con su complicada sintaxis, hace que sus poemas resulten difíciles de comprender. Ashbery ganó el Premio Pulitzer en 1976 con su Autorretrato en un espejo convexo; Merrill lo ganó al año siguiente con su Divinas comedias. Mona Van Duyn, que también obtuvo el mismo galardón, destaca por el calor, el ingenio y las emociones que destilan sus poemas sobre padres e hijos, el matrimonio y el amor.
8
EL ENSAYO EN EL SIGLO XX
H. L. Mencken
El periodista y crítico estadounidense H. L. Mencken fue cofundador de la revista literaria American Mercury en 1924. Señaló los defectos de la democracia y fue un crítico acerbo de la clase media de Estados Unidos.

Una visión tradicional de la historia de Estados Unidos la ofrecieron historiadores como Charles Austin Beard y Mary Ritter Beard en la década de 1920, y Samuel Eliot Morison y Henry Steele Commager en la de 1960. Pero destaca Richard Hofstadter con sus estudios sobre los efectos del conservadurismo.
Algunos escritores dedicados a la narrativa se ocuparon de aspectos históricos. Así, Truman Capote realizó un relato estremecedor del asesinato de una familia de Kansas en A sangre fría (1966), y Norman Mailer describió con intensidad ciertos aspectos políticos radicales en Los ejércitos de la noche (1968).
A partir de los movimientos en favor de los derechos civiles, de las décadas de 1950 y 1960, surgieron escritores cuya obra revelaba las experiencias de los negros estadounidenses. Entre ellos estaba el dramaturgo y poeta Amiri Baraka (originalmente llamado LeRoi Jones) con sus ensayos sobre las relaciones entre las diferentes razas. Eldridge Cleaver publicó Alma encadenada (1967), y el líder nacionalista negro Malcolm X escribió su autobiografía en 1965 que tuvo una enorme repercusión, con ayuda de Alex Haley, el cual posteriormente se haría famoso como autor de Raíces (1976), un relato semificticio de la historia de su familia desde sus orígenes africanos hasta hoy. Maya Angelou, poeta y novelista, escribió por su parte unas intensas memorias de su infancia sureña.
Otros serios ensayos se escribieron a partir de 1960 sobre la guerra de Vietnam, la contaminación del medio ambiente y los derechos de las mujeres. Entre los primeros destacan Mi Lai 4 (1970), un relato de la matanza de civiles vietnamitas por las tropas estadounidenses en 1968, por el que su autor, Seymour M. Hersh, ganó el Premio Pulitzer. El magistral reportaje de Michael Herr, Despachos de guerra (1977), hace referencia a la vida cotidiana en Vietnam durante la guerra. Una obra pionera sobre el papel de las mujeres en la sociedad fue La mística de la feminidad (1963) de Betty Friedan, a la que siguieron otros análisis importantes.
En lo que se refiere a la crítica literaria merecen mención H. L. Mencken durante la década de 1920. Kenneth Burke y Robert Penn Warren fueron otros destacados estudiosos de la literatura de ese periodo, pero el libro sobre la literatura estadounidense más importante fue, sin duda, La imaginación liberal (1950) de Lionel Trilling. Amor y muerte en la novela norteamericana (1960) de Leslie Fiedler, es otro de los clásicos en este terreno.
Edmund Wilson fue el teórico fundamental de la literatura del siglo XX. Muy cerca de él está Harold Bloom, profesor de Yale, comprometido con el análisis radical de la literatura de todas las épocas, tanto de Estados Unidos como de otros países.


El invento de la Literatura y LA NARRATIVA estadounidense A PARTIR DE LA II GUERRA MUNDIAL






Paul Bowles
Paul Bowles en Casablanca, en septiembre de 1989.

La literatura que surgió de la II Guerra Mundial se puede dividir en dos grupos: la de los escritores realista-naturalistas y la de los que utilizan el humor negro y una fantasía basada en el absurdo para describir el horror tecnológico de la guerra. Dos de las novelas más impresionantes de la II Guerra Mundial, referidas a la adaptación del individuo a la restrictiva vida militar, fueron De aquí a la eternidad (1951) de James Jones y Los desnudos y los muertos (1948) de Norman Mailer.
Al igual que las novelas de la II Guerra Mundial parecían subrayar la individualidad, las novelas escritas en las décadas siguientes continuaron esa tendencia. Escritores decididos a afirmar su individualidad trabajaron en una gran variedad de estilos y se ocuparon de una amplia variedad de asuntos. Entre los escritores más originales se cuentan Vladimir Nabokov y Paul Bowles. Nabokov, aunque nacido en Rusia, se convirtió en uno de los grandes maestros de la prosa de lengua inglesa. Sus novelas de ambiente estadounidense, como Lolita (1955) y Pálido fuego (1962), escritas muchos años después de que se convirtiera en ciudadano estadounidense, son dos destacados ejemplos. Tanto la primera novela de Bowles, El cielo protector (1949), que se convirtió rápidamente en un éxito de ventas, como las que le siguieron, Déjala que caiga (1952) y La casa de la araña (1955), están pobladas de personajes desencantados que escapan del convencionalismo y descubren la belleza, la pasión y la crueldad en los paisajes exóticos. La novela de la juventud rebelde, El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger, es humorística y posee observaciones agudas; escrita en 1951 sigue siendo muy popular. Lo mismo pasa con Trampa 22 (1961) de Joseph Heller, una sátira sobre la mentalidad militar de la II Guerra Mundial. Un escritor que también utiliza un estilo sardónico e imaginativo en sus diatribas contra la autoridad es Kurt Vonnegut. Basa una de sus muchas innovadoras novelas, Matadero 5 (1969), en sus experiencias como prisionero en un campo de concentración alemán durante la guerra. Alternando de modo surrealista ese ambiente y un planeta ficticio, consigue una narración en muchos niveles que combina elementos de ciencia ficción, un género que se hará popular en las décadas siguientes a la II Guerra Mundial.
Sandra Cisneros
En sus libros, la escritora estadounidense Sandra Cisneros aborda temas de singular importancia para las mujeres hispanas de Estados Unidos. Es conocida sobre todo por la novela Una casa en Mango Street (1983), sobre una niña que crece en la ciudad.

Entre los escritores sureños de posguerra que continuaron la tradición de Faulkner —a veces denominada “gótico sureña”— están Carson McCullers (El corazón es un cazador solitario, 1940), Truman Capote (Otras voces, otros ámbitos, 1948), Eudora Welty (El corazón de los Ponder, 1954) y Flannery O'Connor (Los profetas, 1960). Más conocido por su novela ganadora del Premio Pulitzer, Todos los hombres del rey (1946), una poderosa caracterización de un político sureño, Robert Penn Warren fue también un notable poeta, crítico e historiador de la literatura.
Dos de los más importantes novelistas de finales del siglo XX, John Cheever y John Updike, comparten un interés similar al abordar de un modo abiertamente satírico la vida de la clase media alta de las afueras de las ciudades del noreste estadounidense. La carrera novelística de Cheever se extiende desde la relativamente bondadosa, Crónica de los Wapshot (1957), que es la historia de una familia excéntrica, hasta la desolada narración de un fratricida, Falconer (1977). Updike probablemente sea más conocido por sus libros, que se inician en 1960, sobre un joven que huye de la desilusión; dos de la serie, Conejo es rico (1981) y Conejo descansa (1990), obtuvieron el Premio Pulitzer. Otra excelente crítica y maestra de la narración, Joyce Carol Oates, sigue siendo una de las escritoras más prolíficas y destacadas de las últimas décadas. Un jardín de delicias terrestres (1967) y Ellos (1969) son dos ejemplos importantes de su narrativa de tintes góticos, un género que continuó en Bellefleur (1980).
6.1
La narrativa étnica y regional
Alice Walker
En sus cuentos, poemas y novelas, la escritora estadounidense Alice Walker retrata las experiencias de las mujeres negras. Obras tales como En busca de los jardines de nuestras madres: prosa feminista (1983) y Viviendo por la palabra (1988) la convirtieron en una de las figuras más notables del movimiento feminista. Por la novela El color púrpura (1982) obtuvo en 1983 el Premio Pulitzer de ficción.

El interés por su herencia étnica y su papel en la sociedad estadounidense ha caracterizado la obra de gran número de escritores judíos y negros.
Philip Roth
La polémica novela La queja de Portnoy, autobiografía escrita en 1969, proporcionó notoriedad pública al escritor estadounidense Philip Roth. La trama se centra en la confesión del personaje, Alexander Portnoy, desde el diván del psicoanalista. El tratamiento explícito dado por Roth a las cuestiones sexuales le originó conflictos con los sectores conservadores de la sociedad, que pretendieron sacar sus libros de circulación.

Al examinar su vida como judíos en Estados Unidos del siglo XX, unas veces con desesperación y otras con humor, varios escritores han creado un destacado corpus de narrativa introspectiva a partir del periodo de posguerra. El principal, Saul Bellow, autor de Las aventuras de Augie March (1953) y Herzog (1964), entre otras notables novelas, recibió el Premio Nobel de Literatura en 1976. Otros escritores judíos importantes son Bernard Malamud y Philip Roth.
Toni Morrison
La escritora estadounidense Toni Morrison fue galardonada con el Premio Nobel de Literatura de 1993, con lo que se convirtió en la octava mujer, y la primera de color, en recibir tal distinción. Sus obras, protagonizadas por mujeres negras de su país, alaban su vitalidad y describen sus luchas. Ganó el Premio Pulitzer de 1988 por Beloved, una novela en la que meditaba sobre los efectos de la esclavitud. Otras obras suyas son La canción de Salomón y Jazz, que presentan la rica herencia cultural de la población afroamericana.

Varias novelas que se desarrollaron en el periodo entre la Gran Depresión y la II Guerra Mundial trataron a escala personal los prejuicios raciales. La autobiográfica Chico negro (1945) de Richard Wright, escrita con un estilo realista, es una de las más intensas. Una indignación apasionada sobre la experiencia de ser negro aparece en El hombre invisible (1952) de Ralph Ellison, y en Ve y dilo en la montaña (1953) de James Baldwin. La larga tradición de la escritura regional estadounidense continuó en la última parte del siglo XX. Baltimore constituye el ambiente de las narraciones de Anne Tyler. Alice Walker, en su famosa novela El color púrpura (1982), que obtuvo el Premio Pulitzer, evoca el habla de los negros campesinos del Sur. Escribiendo desde el punto de vista de mujeres y negras, muchas novelistas de talento han recreado ambientes y vidas que conmueven a un amplio público. Una de ellas, Toni Morrison, se ocupa de la experiencia de los negros del sur en Ojos azules (1970) y La canción de Salomón (1977). Su novela Beloved (1987) obtuvo el Premio Pulitzer; en 1993 recibió el Premio Nobel de Literatura.

Entradas populares

Me gusta

Seguidores